Recuerdos: Almanaque nacional 1938. Teléfonos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hace días, leí el Almanaque nacional, que en 1938 escribió Armando Vargas de la Maza, entonces miembro de la Sociedad de Geografía y Estadística, presidente de la Unión Mexicana de Autores e integrante del Sindicato Nacional de Redactores, en México, quien en la página 210 del libro citado abordó el tema relacionado con los teléfonos, texto que me pareció interesante reseñar por los datos e información que contiene el documento publicado por Editora Nacional.

Acompañado de un anuncio pequeño que informa que “el imán de su hogar es una magnífica mesa de billar Brunswick”, el artículo evoca que “la primera línea telefónica en la República Mexicana se construyó en el año de 1878, entre el Palacio Nacional y el Castillo de Chapultepec, residencia del Poder Ejecutivo de la Federación”, en la Ciudad de México.

Quienes conocen la Ciudad de México, que es la capital del país, imaginan, sin duda, la majestuosidad del Palacio Nacional, finca construida en la juventud del siglo XVI en el espacio donde se encontraba el Palacio de Moctezuma Xocoyotzin, emperador azteca, como segunda residencia del conquistador español Hernán Cortés.

La imponente construcción, fue vendida posteriormente, en 1562, por el hijo del conquistador que el 13 de agosto de 1521 sometió a los aztecas, Martín Cortés, a la Corona de España, la cual, por cierto, destinó el recinto para los virreyes de la Nueva España.

Conocido en el siglo XIX como Paseo de la Emperatriz y llamado por otros Paseo del Emperador, por ser el camino que transitaban Maximiliano de Habsburgo y Carlota Amalia de su residencia, en el Castillo de Chapultepec, al Palacio Nacional, el hoy Paseo de la Reforma arranca suspiros, a pesar de la depredación contra sus árboles, jardines y arquitectura afrancesada, y evoca a la pareja imperial que llegó engañada a México en 1864.

El autor del Almanaque nacional mencionaba, en 1938, que “en 1882, se organizó la Compañía Telefónica Nacional, empresa particular que inauguró su central en la Ciudad de México con 300 abonados aproximadamente y que debido a su rápido progreso, el 17 de diciembre de 1903 obtuvo la renovación de su contrato, ampliándolo para la explotación del servicio telefónico en todo el Distrito Federal”, es decir en la capital del país.

Dos años más tarde, “en 1905, la Compañía de Teléfonos Ericsson, S.A. comenzó sus instalaciones en el Distrito Federal, inaugurando su central de la Ciudad de México el día 7 de mayo de 1907”, cita la obra referida.

Y el autor va más allá al expresar que “las comunicaciones telefónicas han alcanzado, en la República Mexicana, una gran importancia. Existen a la fecha en todas las entidades de la Federación”.

Y explica, “como datos complementarios, agregaremos el número de teléfonos que existen actualmente en los principales países del mundo por cada 100 habitantes”.

Informa, en consecuencia, que “la República Mexicana tiene aproximadamente un teléfono por cada 150 habitantes. En todo el mundo hay dos teléfonos por cada 100 personas. Se calcula que actualmente se encuentran en servicio 35 millones de aparatos”, a nivel mundial.

Y proporciona otro dato interesante: “por lo que se refiere a ciudades como San Francisco, California, es la que tiene mayor número de teléfonos con relación al número de sus habitantes”. Sin citar fuente de información, el autor especificaba que esa ciudad tenía 40 teléfonos por cada 100 habitantes. La Ciudad de México, en tanto, poseía “cinco teléfonos por cada 100 habitantes”.

Posteriormente, el libro muestra las tarifas vigentes por tres minutos, dentro de la República Mexicana, y también presenta las que se cobraban, por el mismo tiempo, en diversos países del mundo.

Entre las tarifas nacionales y las mundiales, aparece, en una página, un anuncio publicitario de la Compañía Telefónica y Telegráfica Mexicana, con la fotografía de un hombre de traje que saluda de mano a una mujer que asoma y se encuentra junto a la puerta de su casa, bajo el título “Pero no tengo teléfono”.

Resulta interesante destacar que el texto publicitario relata lo siguiente: “Él: ¿has estado contenta? Ella: ¡Mucho! Él: ¿Me permites telefonearte mañana? Ella: Pero no tengo teléfono. Él: Entonces ya nos veremos uno de estos días”. Y concluye el diálogo con una posibilidad, la de coincidir alguno de los siguientes días, lo que simplemente equivaldría a un sí o un no.

Y concluye el anuncio con un segundo párrafo: “uno de estos días puede significar nunca, y es una lástima que una amistad tan encantadora termine tan pronto… Todo por la falta de teléfonos, que son tan indispensables en la vida social… Para conservar las amistades, como para otros mil usos del teléfono, Mexicana es indispensable”.

Era el año de 1938. Como almanaque, seguramente fue escrito en postrimerías de 1937. Ya se respiraba, entonces, la turbulencia mundial que poco tiempo después, el 1° de septiembre de 1939, desencadenó en la Segunda Guerra Mundial. El rostro del mundo cambió.

En contraste con la información proporcionada por Armando Vargas de la Maza en su Almanaque nacional de 1938, en cuanto a que en esa época había un teléfono por cada 150 habitantes de la República Mexicana, pienso en las 120 millones 700 mil líneas móviles que se reportaron en funciones dentro del territorio nacional durante el primer trimestre de 2019, según información de la consultora Competitive Intelligence Unit que publicó El Economista, junto con 20 millones 69 mil 260 números fijos que al concluir difundió El Financiero. Basado en información oficial, Expansión informó, en su momento, que ya en 2020 México tenía 124 millones 738 mil habitantes.

Hoy, al voltear a un lado y a otro, aquí y allá, a toda hora, distingo hombres y mujeres de todas las edades y distintas clases sociales, inmersas en los aparatos móviles. Los equipos celulares se han convertido en los acompañantes de bolsillo de millones de mexicanos, desde niños, adolescentes y jóvenes hasta personas de edad madura y ancianos.

Pienso en lo mucho que las sociedades hemos cambiado las necesidades y costumbres. La vida es dinámica. Nada es estático. Todo es incesante. La ciencia y la tecnología aportan y se presentan ante los millones de consumidores con nombres y apellidos -los de sus marcas-, y su uso es ambivalente, lo que significa que su uso puede ser para fines positivos o negativos.

Miro, en 2020, una sociedad egoísta y superficial, distraída más en los maquillajes artificiales que ha fabricado para su condena, que en los colores y fragancias naturales de la vida. El asunto no es la presencia de la ciencia y la tecnología, sino el uso inteligente o irracional que la gente hace de las mismas.

Por lo pronto, hace días me sumergí en la lectura del artículo sobre los aparatos telefónicos que en 1938 existían en México y en el mundo. Otros días, me repito en silencio y continúo mi ruta sonriente.

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7 comentarios en “Recuerdos: Almanaque nacional 1938. Teléfonos

    • Muchas gracias, Rosemarie. Así me pareció cuando lo leí. Estaba leyendo que en 1938, una conferencia telefónica de México a Alemania, por tres minutos, costaba 149,10 pesos mexicanos. De acuerdo con una página que proporciona conversiones monetarias, en 1938 el dólar norteamericano se cotizaba en 4,52 pesos. Quien haga cuentas, tendrá idea de lo que costaba realizar una llamada por tres minutos de México a Alemania, Saludos con el afecto, la amistad y el respeto que te tengo.

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  1. Tienes mucha razon. El cambio es constante, aunque el ritmo parece haberse acelerado en los últimos años. La forma en que usamos la tecnología determina si tiene un impacto positivo o negativo en la sociedad. Por cierto, tuve la oportunidad de visitar la Ciudad de México hace muchos años y todavía tengo dulces recuerdos.

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