Las despedidas no se anuncian…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las despedidas no se anuncian cuando uno, encantado con las auroras y los ocasos de la vida, abre las ventanas y contempla, asombrado, las fragancias y los colores del paraíso dispersos en las flores, en las cortezas musgosas, en la tierra mojada por la llovizna y en el ambiente nebuloso y frío o soleado y maquillado prodigiosamente con los matices del arcoíris. Las ausencias no se planean al ser uno tan dichoso y hacer de los minutos de la vida instantes bellos e inolvidables, momentos sublimes y mágicos consigo, en la soledad, entre los rumores y silencios del interior, o acompañado de quienes son tan amados y ya se encuentran, por lo mismo, inscritos en el alma, en otros sueños y aventuras infinitos, en una historia magistral e interminable. De naturaleza inquieta y quizá hasta rebelde, pero envuelto por la esencia del amor, uno no se marcha de improviso ni es pasajero de estaciones y furgones desolados y tristes. Uno, al vivir y morir todos los días, ha hecho pactos de unión infinita con quienes tanto ama y al llevarlos en la esencia, en el interior, en el alma, siempre permanecerán en una hermandad inquebrantable. Sucede que de pronto, entre las meditaciones del aislamiento, las observaciones y los análisis del paisaje humano y las reflexiones sobre la realidad de la hora contemporánea, uno mira aquí y allá, a una hora y a otra, los asientos y los espacios que apenas ayer -oh, cuán rápido se convierte el hoy en antaño- estaban ocupados por minúsculas y mayúsculas, con nombres y apellidos, e inesperadamente han quedado ausentes, vacíos, como la silla de madera que un día infausto, en cierto minuto, el artista abandonó en el jardín cubierto de maleza. Ya la lista está incompleta. Muchos rostros no volverán a presentarse más ante nuestras miradas ni escucharemos sus voces, como antes, porque de improviso partieron a otras rutas. Ni siquiera tuvieron oportunidad de despedirse. Hace algunas semanas vivían y soñaban, reían y lloraban, resbalaban y se incorporaban, y estaban en medio de la trama de la vida, acaso sin sospechar que pronto, ante una realidad tan compleja e injusta, se convertirían en pasajeros de un tren desolador y triste. Su historia fue interrumpida. Soy caminante y aquí me encuentro, en medio de mi historia, entre páginas escritas y hojas vacías que anhelan y esperan otros capítulos, y no pienso retirarme porque me parece que aún quedan muchos días para iluminarlos con los matices del amor, la alegría, los sentimientos nobles, el bien y la verdad; sin embargo, también pienso que ante las trampas mortales que han colocado quienes pretenden adueñarse del planeta y de las voluntades humanas, es conveniente luchar e impedir mayores daños y crueldades, y, a la vez, entrar en comunión consigo, con la esencia, con la vida. A quienes amo tanto, deseo expresarles mi agradecimiento y mis sentimientos puros, y más porque son mi tesoro, mi motivo, mi otra parte, mi bendición. Estoy en paz conmigo, con la humanidad, con la vida, con la creación. Me he preparado, estos días, para ser más auténtico, libre y pleno, y darles a todos lo mejor de mí. Y no es una despedida. El adiós no se anuncia cuando uno ama tanto y es tan dichoso. Todos los días abriré las ventanas de mi alma, de mis sentidos, de mi vida, de mi casa, con la idea de recibir las caricias del sol y el saludo de las estrellas, los perfumes de las flores silvestres, los susurros del viento, las risas de los niños y los relatos de los ancianos, el lenguaje de la humanidad y de los seres que viven. Cuando uno ama tanto a la gente que forma parte de su alma y su historia, a su familia -oh, mi bendición y mi tesoro-, a la otra parte de sí -un tú y un yo inseparables-, a sus amigos, definitivamente no aparece en los planes la separación anticipada. Simplemente, lo que hago es ponerme en armonía y en paz conmigo, con la gente, con la vida, con la esperanza e idea de seguir, como hasta hoy, con mi caminata por las páginas de la historia que protagonizo con ustedes, contigo, con ellos, con todos, y la sensación de que siempre me acompaña un aliento etéreo tan parecido al perfume de Dios. La vida es, sencillamente, hermosa, y no es mi intención partir inesperadamente. Hay mucho que aportar a mi historia, la mejor novela, por cierto, que he escrito. Y aquí estoy, como siempre, con la puerta y los ventanales abiertos, preparado para recibirlos sonriente y con el amor que me inspiran.

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19 comentarios en “Las despedidas no se anuncian…

  1. Precioso relato, Santiago. Me parece especialmente sublime este fragmento “Uno, al vivir y morir todos los días, ha hecho pactos de unión infinita con quienes tanto ama y al llevarlos en la esencia, en el interior, en el alma, siempre permanecerán en una hermandad inquebrantable”.

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