Los mercados

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me encanta visitar los mercados, en todos los pueblos y ciudades, en cada rincón del mundo, porque disfruto los colores, las formas, los sabores y las fragancias de las frutas y las verduras.

Cada fruto y vegetal trae consigo la frescura y el sabor de la lluvia, el lenguaje del viento, los signos de las estaciones, el perfume de la tierra, las miradas del sol alegre y de las nubes blancas y rizadas o plomadas, y hasta el encanto de las estrellas distantes y de la luna cuando asoma en el cielo de la noche con su cutis y su sonrisa de columpio.

Disfruto caminar por el boulevard, fundirme en el follaje de pinos y eucaliptos, escuchar el concierto de los pájaros, entre calzadas y senderos con flores, hasta llegar al mercado, donde el murmullo de la gente -oh, la comedia humana tan bella e inolvidable- llega a cada rincón y es incesante.

Me fascinan los mercados, un día normal o durante un paseo o un viaje a tierras cercanas o distantes, porque entre sus murmullos y silencios, conozco el ambiente, las costumbres, las delicias y los rostros de las personas -mujeres y hombres-, con sus historias y sus rasgos, sus alegrías y sus tristezas, sus esperanzas y sus ilusiones, sus sueños y sus realidades.

Aprendo de cada pueblo y raza en los mercados, de la señora que compra y del comerciante que vende, de la gente modesta y de las personas engreídas, de los pordioaeros y de los cargadores. Así me vuelvo más persona y hermano, igual que la fruta y la verdura al combinarse en una ecuación prodigiosa, en un mosaico de matices que parecen suspiros y trozos del paraíso.

Los mercados son un libro abierto, un cuaderno de apuntes, una lista de asuntos y compras pendientes, un paseo aquí y allá, con pedazos de mundo y cielo, cubiertos y rellenos de sabores, tonos y aromas.

En los mercados distingo las legumbres de las frutas que cargan el recuerdo de la campiña, la granja y la huerta, y pienso, al mirarlas partir, en su destino final, porque seguramente llegan a hogares con niños, a casas con hombres y mujeres, a restaurantes, a hospitales y a todas partes.

Me gustan los mercados porque me enseñan a despojarme de antifaces y maquillajes, y a ser más pulpa y esencia que cáscara de porvenir tan breve e incierto.

Reconozco, en los mercados, la esencia y el palpitar de cada pueblo y raza, de tal manera que me integro a los sabores, a las fragancias y a los matices, hasta descubrir que el secreto de la vida consiste en crecer y madurar con dulzura y sencillez, en un regalo cautivante y hermoso para sí y los demás.

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9 comentarios en “Los mercados

  1. Qué bonito! A mí también me encanta visitar los mercados de cada rincón del mundo. Me gustan los diferentes colores y olores, es un placer para mí charlar con los vendedores sobre sus productos, sus familias, sus problemas y sus gustos y probar lo que me ofrecen. El mercado es lo más típico de cada región, es el corazón.

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