Se va 2020

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Se va 2020. Es su día. Es su tarde. Es su noche. Sí. Hay que entenderlo, es su noche postrera. Nos mira, a los humanos, desde su ocaso, en el horizonte, alegre y nostálgico -no lo sabemos-, o indiferente a nosotros, a lo que sentimos, quizá delirante, o tal vez silencioso y tranquilo. Saluda desde su ancianidad, si es que envejecen los hijos del tiempo. Se sabe célebre e inolvidable, pero no le conmueven la fama, las emotividades y las cosas del mundo. Hay a quienes urge que se marche lejos, mientras otros, en tanto, desean tenderle una trampa, capturarlo y triturar cada uno de sus instantes, todos sus días, sí, quieren castigarlo y, al final, exhibir su rostro adolorido en la horca; pero es inocente, libre de culpa e indigno de condena por no ser autor ni ejecutor de las fechorías que se le imputan. Se cruzan, en la estación, 2020 y 2021. Algunos piensan que se trata del sepulcro frente al cunero, probablemente por la incapacidad de saber que los días, marcados por estaciones, son una prolongación, un acontecimiento ininterrumpido. Apenas se abrazan y saludan, cada uno con su nombre y su apellido, con las luces y las sombras que, sin sospecharlo, les matizan los seres humanos. Se marcha 2020, sin prisas ni remordimientos, aunque lo crean prófugo, con sus estaciones de primavera, verano, otoño e invierno, y sus amaneceres y anocheceres, incluidos los mediodías, las tardes y las madrugadas. Se desvanece 2020. Carga sus maletas sin faltantes, con el confeti y la serpentina de las fiestas y las lágrimas y las flores marchitas de los dolores. Unos piensan que 2020 se lleva mucho de nosotros -a nuestra gente, selvas, animales, oxígeno, planes, alegrías, ilusiones, salud, vida, familias, valores-, y otros aseguran que enseñó demasiado. Muchos lo culpan. Varios lo exoneran. Otros más lloran por los días que vienen. Y no fue el año culpable de los males. Ninguna fecha planea el mal. 2020 llegó viajero y se hospedó en un mundo que ya tenía historia. Y así se va, ligero. Nosotros -hombres y mujeres-, permanecemos aquí, en el mundo, con las listas de ausencias y los huecos que dejaron quienes verdaderamente se marcharon del escenario terreno. Aquí estamos, en medio de la vida y la historia, con la posibilidad de enfrentar, con la razón, los desafíos, las pruebas y los retos que se presentan, o amilanarnos y caer, igual que lo hemos consentido desde hace décadas, en la indiferencia, el egoísmo y la pasividad. Esta noche -puntualmente a las 12-, 2020 se habrá marchado y se encontrará con nosotros 2021, igual que el otro, su antecesor, y de cada persona y sociedad dependerá, como siempre, fabricar su dicha o construir su desgracia. Somos nosotros, no las fechas, quienes generamos lo bueno y lo malo de la vida. Si deseamos vivir en un mundo de paraísos, cultivemos flores, dibujemos sonrisas, pintemos colores, amemos, hagamos el bien y demos lo mejor de nosotros a los demás. Merecemos realizarnos plenamente, volar libres, vivir en armonía y con equilibrio, condiciones que no dependerán de los calendarios, sino de cada hombre y mujer. Hoy, abrazo a cada uno, en minúsculas y en mayúsculas, en femenino y en masculino, en todos los idiomas y en las diferentes razas y creencias, con la idea de abrir mi alma y transmitirles mis sentimientos más nobles y el anhelo de que se encuentren a sí mismos, abracen a sus familias, valoren la salud y la vida. 2021 y los siguientes años, esculpirán, a su paso, los signos del tiempo en cada persona. Dependerá de nosotros, empezar desde ahora a dibujarnos sonrientes, dichosos, saludables, enteros, resplandecientes de la luz del bien y la verdad. No permitamos que otros, con intenciones perversas, nos desdibujen y abandonen en la arena desértica del mal y la desmemoria. Rescatemos nuestra esencia. Es la luz. Los números de un año o cierta fecha no marcarán nuestro destino feliz o infausto. Somos nosotros -tú, yo, ustedes, ellos, todos- quienes tenemos la decisión y el poder de liberarnos de las ataduras que otros han colocado en nuestros sentimientos, ideales, planes y pensamientos. 2021 y los años que vienen, indiferentes como su silencio, deben quedar inscritos en la historia como el despertar de la humanidad. Gracias a cada uno de ustedes por estar presente y ser quien es. A todos les deseo lo mejor de la vida.

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Somos mujeres

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Estas letras las escribí a todas las mujeres del mundo y, en especial, a las damas de cada nación y a las que, para dicha y fortuna mía, forman parte de mi historia

Somos mujeres: niñas que jugamos, reímos y cantamos al natural; adolescentes que bailamos, soñamos y asomamos a los espejos que tanto nos atraen por las imágenes que regalan a nuestras miradas de asombro; jóvenes ilusionadas, felices y enamoradas de la vida y sus deleites, capaces de diseñar y protagonizar una epopeya, un idilio, una vida; solteras por gusto y señoras de corazón; ancianas contentas, con historia y mucho que contar.

Somos mujeres plenas y libres, en minúsculas y mayúsculas, en el agua y en el fuego, en la tierra y en el viento, porque estamos hechas de esencia y barro. Y así somos, un rato alma y otro, en cambio, rostro y manos, fieles a nuestra naturaleza.

Somos mujeres, en blanco y negro y de todos los colores, con fragancias y razones, con sentimientos y delicadeza, y si unas veces lloramos, otras reímos y algunas más aconsejamos o callamos. Nos encantan los rumores y los silencios.

Somos mujeres de cielo y tierra. Estamos hechas de polvo de estrellas y miradas de ángeles, de barro y piel. Poseemos alas y pies, y así volamos y caminamos, libres y plenas, cuando somos pájaros, flores, lluvia, relámpagos y piedras.

Somos mujeres, al natural y maquilladas, con faldas y pantalones, en el estudio, el trabajo, las fiestas y los paseos. Nada impide nuestra realización. Nacemos, vivimos y morimos con la naturaleza y los rasgos femeninos. Es algo que llevamos con orgullo. y valor.

Somos mujeres hechas de pétalos, tersas y suaves, fragantes y policromadas. Si alguien intenta cortarnos o mancillar nuestra esencia y belleza, aparecemos pronto, solidarias y fuertes, y, aquí y allá, nos multiplicamos, leales a nosotras, a lo que somos. Si los matices de nuestro cutis aparentan competir, nuestras raíces se abrazan desde la intimidad de la tierra, y no nos soltamos.

Somos mujeres de ayer, hoy y mañana. Los calendarios, los engranajes y los péndulos de los relojes -todos con apellidos del tiempo-, resultan frágiles e insuficientes ante nuestra fortaleza, y las canas y las arrugas que supuestamente pintan y esculpen los años, no nos doblegan ni apagan nuestra alegría e ilusiones, porque sabemos que son signos no de las décadas, sino de la vida que experimentamos en femenino.

Somos mujeres, damas, abuelas, madres, hermanas, hijas, nietas, amigas y confidentes. Nunca nos cataloguen dentro de las ecuaciones aritméticas, porque no somos más ni menos que los hombres, ni tampoco cifra de posada de una noche ni estadística de colección. Tenemos vida y merecemos ser intensamente dichosas, realizarnos en femenino y como seres humanos íntegros, desde el alma y la mente, hasta las siluetas y el corazón.

Somos mujeres: alma y cuerpo, sentimientos y razón, primavera y verano, otoño e invierno, arcoíris y sol, lluvia y relámpago, viento y hoja dorada, copo que matiza de blanco el paisaje. Y si en nuestros sueños e ilusiones, patinamos sobre la nieve y reventamos burbujas de sueños e ilusiones para transformarlos en realidades, somos capaces de dar lo mejor de nosotras para cumplir nuestros anhelos.

Somos mujeres de paz y guerra, inquietas, originales, creativas, ocurrentes e innovadoras. Hilvanamos historias, tejemos sueños, diseñamos ilusiones, tendemos puentes, construimos escalinatas, dibujamos escenarios, trazamos rutas y esculpimos realidades. Así somos.

Somos mujeres, a veces libros inexpugnables, en ocasiones páginas leídas una y otra vez, y en ciertos períodos, en cambio, volúmenes que invitan a internarse en sus hojas, en su tinta, en sus letras, para compartir una historia bella, cautivante, magistral e inolvidable.

Somos mujeres nobles, amorosas con los compañeros de nuestras existencias, con los hijos que decoran y dan sentido a los días y a los años que vivimos, con la gente del hogar y con las personas de enfrente, atrás y a los lados, porque sabemos que el mayor bien es dar lo mejor de sí a los demás e irradiar luz desde el interior.

Somos mujeres. Si algunos acusan que maquillamos y escondemos nuestra belleza natural con rubores y matices artificiales, no es por arrogancia ni por superficialidad; es, precisamente, con la idea de aplicar un toque lindo y contribuir con Dios a pintar su obra.

Somos mujeres, y aquí estamos siempre, dispuestas a entregar lo más noble de nosotras para que todos, juntos, escalemos al cielo. No roben el encanto de nuestra inocencia cuando somos niñas y adolescentes, no mancillen la juventud y las ilusiones que brotan de nosotras, no amarguen los años que poseemos en la madurez, no desprecien ni maltraten la debilidad, las pausas, la amnesia y la torpeza de la vejez que algún día se apodera de cualquiera. Ayúdenos con su respeto, amor y comprensión.

Somos mujeres. Aborrecemos las cadenas, los barrotes de las celdas, la desconfianza, las notas infieles, los gritos y los tratos bruscos. No somos cosas ni muñecas de aparador. Sentimos, pensamos, hablamos y actuamos por cuenta propia, porque así es nuestra esencia. Tenemos interrogantes y respuestas, sueños y vida.

Somos mujeres con dirección y sentido, tan impredecibles como certeras y auténticas. Simplemente mujeres, con rostros de ángeles y seres humanos, mucho de unos y tanto de otros, con la maravilla de la vida que abre sus ventanales cada mañana y hasta en las tardes y al anochecer y en las madrugadas. Siempre lo somos.

Somos mujeres de aquí y de allá, en todos los idiomas, razas y creencias. Somos mujeres con orgullo. Lo somos por naturaleza y convicción. Tú, yo, ellas, ustedes, nosotras, todas somos mujeres, identidades de una esencia que palpita en el universo, en la creación, en el mundo, con diferentes rostros. Somos mujeres.

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La música que te dedico — Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Vivo para el Rock

Santiago Galicia Rojon Serrallonga La música que te dedico es la que componen los poetas al escribir sus versos y leen, una noche de luceros, especial e inolvidable, a sus musas. Las notas que te entrego en el pentagrama, conservan rumores y silencios del paraíso, y están impregnadas con las voces de las cascadas y […]

La música que te dedico — Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Ya no están aquí

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Ya no están aquí, cerca de nosotros, para acariciarlos y expresarles nuestro más profundo amor y la gratitud que sentimos por ellos. Se ausentaron. Ya no están aquí, familiares y amigos, compañeros y vecinos, para conversar con ellos, compartirles una sonrisa y comentarles que, felizmente, son parte de nuestras historias. Dejaron suspiros y hondos vacíos. Ya no están aquí, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que provocaban risa o coraje en nosotros, y, después de todo, siempre se mantuvieron presentes, muy fieles, en las mañanas soleadas, los mediodías de lluvia, las tardes de viento otoñal y las noches invernales. Abandonaron sus nombres, apellidos y todo lo que eran. Ya no están aquí los de nuestra generación, los de ayer y los de hoy. Sus asientos permanecen vacíos. Ya no están aquí los que estiraron sus manos para recibirnos durante nuestros primeros pasos, aquellos que entregaron lo mejor de sí para hacernos muy felices y enseñarnos las lecciones y los secretos de la vida. Abordaron el furgón en alguna estación abandonada y vieja. Ya no están aquí, minúsculas y mayúsculas, en femenino y en masculino, con sus sonrisas y sus enojos, sus sueños y sus ilusiones, sus luchas y sus desencuentros, sus triunfos y sus fracasos. Se fueron y quedamos solos. Ya no están aquí, ellos, quienes nos enseñaron que el mundo solo es un paseo que conviene disfrutar con el sí y el no de la vida, en armonía, con equilibrio, plenamente y con dignidad, y que el sendero hacia el infinito, a los cielos sin final, principia en el alma y está más próximo cuando uno es otro, más esencia que arcilla, y los sentimientos, palabras, acciones y pensamientos son nobles y resplandecen con la luz interior. Viajaron, sin duda, a los paraísos que tanto anunciaron. Ya no están aquí, con nosotros, aquellos que nos acompañaron durante nuestras jornadas terrenas. Algo sucedió con ellos. Ya no están aquí, en el mundo, los que nos amaron tanto y los que sintieron envidia y odio contra nosotros. Ni a unos les expresaremos nuestro amor ni a otros los perdonaremos de manera personal. Ya no están aquí los que igual que tú, yo, ellos, nosotros y ustedes, protagonizaron minutos y años existenciales. Algo los deshilvanó. Ya no están aquí, entre nosotros, seres humanos con identidad, para amarlos, solicitar su perdón o disculparlos. Partieron de improviso, cuando las noches parecían tan silenciosas y alguien tocó a sus puertas. Ya no están aquí los que crecieron a nuestro lado. Oh, presagio de que nos estamos yendo y de que el árbol se deshoja sin que nos demos cuenta. Ya no están aquí los que se mantuvieron presentes en nuestras vidas. Todavía, a pesar de los dolores de las ausencias, hay gente a la que podemos expresar nuestro amor, pedirle olvide y perdone nuestros errores y ofensas, abrazar y sentirla desde la profundidad y el silencio de nuestras almas. Ya no están aquí los de antes y los de ahora. Nos vamos quedando solos, o, tal vez, ya lo estábamos desde que preferimos las apariencias y no la esencia, a partir del momento, quizá, en que elegimos lo inmediato, lo desechable, y no lo perenne. Ya no están aquí los que apenas hace rato o ayer nos regalaron una sonrisa, algunas palabras o la calidez de un abrazo. Solo quedan los recuerdos que alguna vez, a cierta hora, se volverán olvido y el viento dispersará como las hojas que desprende del árbol. Ya no están aquí.

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2020, ¿la despedida o al patíbulo?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hay fechas que resultan inolvidables y marcan a la gente, a la humanidad, por lo que representan; sin embargo, ningún instante, minuto, hora, día o año -tiempo, al fin- es responsable de las alegrías y las tristezas, el éxito y los fracasos, la vida y la muerte. Los momentos son tan fugaces e indiferentes a la felicidad o a la desdicha humana, que pasan y no vuelven más. Nunca voltean atrás ni a los lados, ni siquiera si alguien atraviesa en su camino y suplica que hagan una tregua. Sencillamente, continúan su macha. El tiempo es una medida que los seres humanos calcularon y establecieron con la intención de organizar sus días existenciales y sus actividades, incluso en términos científicos, y ni siquiera las estrellas, en el universo, están al tanto de los sentimentalismos de las personas que casi todo lo miden en fechas, valor monetario y apariencias. El tiempo, en este planeta, es algo más. Es indiferente a la dicha o al sufrimiento de la gente. pero su uso no debería de ser ajeno a los intereses humanos. Esto no significa que en lo sucesivo tomemos los almanaques y los arrojemos al cesto de la basura con la intención de vivir desordenadamente. La medida del tiempo es útil en nuestros años existenciales, pero no es responsable de la felicidad o del desconsuelo, de la juventud o del envejecimiento, de la salud o de la enfermedad, de la vida o de la muerte, porque cada renglón es consecuencia de diferentes conceptos. Si desconectáramos los relojes y olvidáramos los calendarios, los seres humanos seguirían coexistiendo en el mundo y no se atraerían la fortuna ni se evitaría el sufrimiento. Simplemente, aunque en desorden, la gente seguiría en el mundo con el sí y el no de la vida. No es verdad que 2020 trajo enfermedad, contagios, pobreza, sufrimiento y muerte al planeta, y que partiendo, con el odio que lógicamente se le tiene, aparecerá una nueva etapa y todo quedará en el recuerdo. No seamos infantiles ni sentimentalistas, por favor, porque esas debilidades e ignorancia las están aprovechando los dueños del poder económico y político, en el mundo, para atormentar, provocar miedo, desestabilizar y controlar absolutamente a los sobrevivientes de una enfermedad que ellos mismos, con el apoyo de científicos mercenarios, ordenaron crear y dispersar en el planeta. Es irracional la pretensión de desear la muerte de 2020 por considerarlo responsable y causante del coronavirus y todas las calamidades que le acompañan, cuando le correspondió, a su paso, ser el marco de tanto crimen masivo. Todo el escenario fue preparado por seres humanos perversos que desean apoderarse de las voluntades humanas y de las riquezas del planeta. Este año que agoniza -2020- se marchará sin despedidas amorosas, y nunca más volverá. Igual que sus antepasados, se refugiará en las páginas de la historia, con la diferencia de que claramente demostrará en lo que nos hemos convertido millones de hombres y mujeres a nivel global. Es momento de despertar y reaccionar del letargo para liberarnos de las cadenas y los barrotes que una élite malvada ha colocado a todos. Incontables gobiernos, medios de comunicación masiva, líderes religiosos y sociales, instituciones públicas y privadas, artistas, intelectuales y parte de las comunidades científica, médica y académica, en el planeta, están a disposición de tal grupúsculo que crece en la medida que la humanidad se debilita. Despidamos el año 2020, con todos sus desencuentros y terrores, sin olvidar sus enseñanzas y vivir cada uno de sus minutos en armonía, con equilibrio y plenamente, porque cada instante es vida que escapa, y no perdamos de vista los signos no de la época, sino de aquellos que anhelan manipular y controlar a la gente. No culpemos a 2020 ni lo convirtamos en rehén que altere nuestra tranquilidad. Dejemos que se vaya. Tengamos cuidado con los días que vienen. Los planes de ese grupo, son perversos e insanos. Eso es lo que importa saber y enfrentar con la razón y la unidad, no lo que se registró durante 2020, a pesar de nuestros dolores y nostalgias. En cada uno, y no en las fechas, se encuentra la decisión del cambio y propiciar, en conjunto, el retorno a la verdadera normalidad.

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Sabores de la cocina: Kukulkán, antojitos yucatecos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hay aromas, sabores y texturas que naufragan en la desmemoria y, por lo mismo, son irrecuperables; otros, en cambio, permanecen en un sueño profundo, en las páginas amarillentas y quebradizas de recetarios y libretas que antaño pertenecieron a las abuelas, a las antepasadas, quienes elaboraban platillos que resultaban un deleite a los sentidos, al paladar, cuando las familias convivían alegremente alrededor de las mesas, en los comedores; algunos más, y eso es una fortuna, fueron rescatados y hoy, para gusto nuestro, podemos disfrutar y saborear.

Las fórmulas gastronómicas no son para todos. Poseen un código, un secreto, un itinerario, un destino. La cocina no abre sus puertas y sus ventanas a profanos. No todos descubren, aplican y dominan los secretos de la comida. En la cocina, cada ingrediente se mezcla y funde con maestría, igual que las palabras del más bello y cautivante de los poemas o las notas de una sinfonía magistral.

Hoy, mientras repasaba mi historia, recordé un rincón mexicano, fundado, en el Valle de Guayangareo, el 18 de mayo de 1541, con el nombre Ciudad de Mechuacan, que en 1545 se denominó Valladolid y, posteriormente, en 1828, Morelia (1), en honor de un héroe de la Independencia de ese país, José María Teclo Morelos Pavón y Pérez -Siervo de la Nación-, y acudió a mi memoria que, al poniente de su centro histórico, se encuentra una joya gastronómica -Kukulkán (2), especializada en antojitos yucatecos (3), verdadero arte y encanto en cada platillo.

Una noche distante de mi vida, tras asistir a un concierto sinfónico y recorrer las callejuelas y plazas de Morelia, donde se erigen fincas centenarias con balcones, arcadas y portones, que contrastan con ex conventos y templos de origen colonial, la luna asomaba, somnolienta, entre nubes plomadas que anunciaban el regreso de la lluvia. Era julio de 1989.

Entré, por primera vez, a Kukulkán, negocio especializado en cochinita pibil, relleno negro, panuchos, pollo pibil, tamales y plátanos rellenos, con venta de refrescos de chocolate -Soldados-, cervezas León y Montejo, y agua de horchata, ambiente que trajo a mi memoria aquellos días de mi vida en Yucatán, al sureste de México.

El fundador del negocio, entonces hombre de edad madura, quien heredó de su madre y de sus antepasadas las recetas de la cochinita pibil, el relleno negro, los panuchos y otros platillos yucatecos, me saludó amablemente y mientras conversamos amenamente, no tardó en colocar sobre la mesa un recipiente con cebolla morada, perfectamente rebanada en trozos pequeños y cuadrados, preparados con tanto gusto, maestría y esmero, que se antojaban por sí solos.

Casi de inmediato, acomodó en la mesa otro recipiente con salsa elaborada a base del tradicional chile habanero, originario de la Península de Yucatán. Una salsa que prometía un sabor delicioso, a pesar de tratarse de picante. Olía exquisito.

Mis sentidos de la vista y del olfato se sintieron cautivados por las formas, los colores y los aromas culinarios. Solo faltaba enamorar mi sentido del gusto. La combinación de la cebolla morada y la salsa de chile habanero, ya anticipaban el banquete que disfrutaría, al recibir, bien preparados, los tacos de cochinita pibil.

El hijo de aquel hombre, joven silencioso y entregado fielmente a la preparación de los tacos de cochinita pibil, como si se tratara de un poema gastronómico, operaba los alimentos y los utensilios con destreza. Me sentí embelesado ante tanto orden y limpieza. Era como estar en casa, probablemente en algún rincón yucateco, quizá en cierta cocina del sureste mexicano, tal vez en los sitios donde escribí mi historia y dejé algunos de mis días.

Me felicité por haber descubierto, en Morelia, un negocio en antojitos yucatecos, y más por su cochinita pibil que siempre me ha encantado. Al fin recibí los tan anhelados tacos. Las tortillas de maíz, contenían la carne preparada, a la que agregué salsa de chile habanero, picante y espesa -con calidad de quien se esmera en hacer de la gastronomía un deleite-, y la cebolla morada, bien elaborada, combinación perfecta para consentir el paladar. Una verdadera ecuación culinaria.

Ya antes, en Yucatán, había probado los tacos de cochinita pibil en los mejores sitios; sin embargo, admito que los de Kukulkán, en la ciudad michoacana de Morelia, me parecieron insuperables por su sabor, calidad y presentación. Me encantaron. Pedí más.

Históricamente, Kukulkán fue pionero, en Morelia, en el ramo de la cochinita pibil y los antojitos yucatecos, y nadie ha igualado sus productos. He probado los alimentos de los competidores posteriores, y en verdad no se igualan. Kukulkán es irrepetible, exquisito e insuperable.

Como siempre tengo curiosidad e inquietud de aprender más, generalmente con asombro, el fundador de Kukulkán, hombre que sabía tratar a sus clientes con amabilidad y respeto, relató que inició el negocio, al lado de su familia, en el período comprendido del 28 de octubre al 12 de diciembre de 1996, lapso en que la gente, en México, reza la serie de rosarios que dedican a la Virgen de Guadalupe.

Tradicionalmente, a partir de noviembre y hasta el 12 de diciembre de cada año, se colocaban innumerables puestos con venta de comida típica mexicana, fruta picada, cañas, pan, golosinas, rosarios, oraciones, gorras, lentes y una multiplicidad de productos. Era el tiempo de los casetes reproductores de música.

La gente transitaba contenta, en familia, con amigos o en parejas, y se divertían en los juegos mecánicos y en los puestos. Transitaban por la Calzada Fray Antonio de San Miguel, construida en los días del siglo XVIII. De tan pintoresco sitio, al oriente del centro histórico de Morelia, uno podría mencionar que la Calzada Fray Antonio de San Miguel es hermosa, irrepetible y típica. Su origen data del siglo XVII, cuando era un camino rudimentario que comunicaba a la ciudad de Valladolid con una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe, posteriormente derrumbada y sustituida por el templo que popularmente se conoce como San Diego. Se trata del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, que data de la época virreinal.

Narra la tradición que ya en el siglo XVIII, fue construida por el obispo Juan José Escalona y Calatayud. Realizó los trabajos durante los ya distantes días de 1732, precisamente para mejorar el acceso de los fieles al Santuario de Guadalupe. No obstante, fue el obispo Antonio de San Miguel, benefactor de Valladolid, quien emprendió las labores de reconstrucción, cambiando el empedrado por baldosas y colocando pasamanos de cantera con doce bancas largas, también de bloques de piedra, que dan al lugar un aspecto señorial, romántico, peculiar y majestuoso.

Posteriormente, Juan Antonio de Riaño y Bárcenas, primer intendente de Valladolid, ordenó la plantación de fresnos, en 1791, haciendo lo mismo el Ayuntamiento en 1821. A lo largo de la Calzada Fray Antonio de San Miguel, uno admira algunas construcciones palaciegas que naufragan desde días añejos, lo que contribuye a convertir el sitio en un rincón típico e inigualable.

Fue allí, precisamente, donde los paseantes y feligreses descubrían el puesto con venta, en su primer año -1986-, de cochinita pibil y agua de horchata. El segundo año, la familia incorporó pollo pibil. El tercer año, en tanto, añadieron panuchos y tamales envueltos en hojas de platanal.

Si bien es cierto que los propietarios del negocio comercializaron, en ese sitio, sus alimentos típicos yucatecos hasta 1999, es importante destacar que en 1987 tuvieron oportunidad de iniciar la apertura de un establecimiento al poniente del centro histórico de Morelia, en la calle Vicente Rivapalacio, con la elaboración y venta de cochinita y pollo pibil, relleno negro, panuchos, tamales, cazón, plátanos rellenos, agua de horchata, el inolvidable refresco Soldado de chocolate y cervezas León y Montejo.

Ya con la preferencia de los consumidores morelianos, los propietarios de Kukulkán iniciaron la comercialización de sus alimentos y bebidas en uno de los espacios gastronómicos del Centro Comercial Camelinas, conocido como Servis o Servicentro Camelinas, en la zona moderna de la ciudad, frente al Centro de Convenciones, el Teatro Morelos, el Orquidario y el Planetario de Morelia.

El negocio de Camelinas, fundado el 12 de septiembre de 1998, se distingue, desde entonces, por la venta de tacos y tortas de cochinita pibil, relleno negro, panuchos, pollo pibil, manitas de pibil, sopa de lima, Xtabentun -galletas Sol, charritos y boxito de chocolate- y Cristal, en sus sabores cebada y negra. El Soldado de chocolate se vendió hasta el cierre de la fábrica. Atienden sábados y domingos, en horario de 10 de la mañana a alrededor de las cinco de la tarde. En diciembre abren todos los días.

Kukulkán, antojitos yucatecos, es una tradición de tres familias. Su sazón es lo que lo distingue. En el medio gastronómico de Morelia, hay quienes saben y comentan que Kukulkán siempre ha sido imitado, pero jamás igualado.

Creo que pronto, cuando visite Morelia, regresaré a Kukulkán, antojitos yucatecos, que en Camelinas atiende sábados y domingos, y entre semana, en la calle Vicente Rivapalacio 131-B, al poniente del centro histórico de Morelia. En ambos locales, los aromas, los sabores y la textura atrapan los sentidos. Es un deleite, un regalo a los sentidos.

Por cierto, Kukulkán, cuyo eslogan es “la sazón nos distingue”, es atendido por los integrantes de una familia íntegra, con principios y valores, lo que influye en su atención amable, su calidad, su limpieza y su excelente servicio.

1.- Morelia es capital de Michoacán, estado que se localiza al centro-occidente de la República Mexicana.

2.- Kukulkán. Desde tiempos inmemorables, la civilización maya se caracterizó por considerar a las serpientes símbolos asociados a lo sagrado, vinculadas, evidentemente, a deidades y gobernantes. Tanto frescos como esculturas, contribuyeron a que Quetzalcóatl fuera adoptado por los mayas con el nombre de Kukulkán. No es de extrañar, en consecuencia, que en templos de Chichén Itzá, Uxmal y Mayapán, principalmente, que corresponden al período Posclásico Temprano, entre 1.000 y 1.250 años d.C., se presenten vestigios del cuerpo ondulante de Kukulkán. Fue Kukulkán, deidad que tuvo mayor presencia en Chichén Itzá y Mayapán. Fue tal su trascendencia e influencia, que los mayas dejaron testimonio de tan grandioso personaje, mismo que los conquistadores españoles citaron en sus crónicas y relatos. Es fundamental tomar en consideración que Quetzalcóatl fue conceptuado como una deidad creadora del ser humano, al que proporcionó maíz y pulque, entre otras cosas. Fue regente de Venus y señor de la aurora. La serpiente emplumada predominó en culturas mesoamericanas como Teotihuacan, Chichén Itzá y Tula, por citar algunas.

3.- Yucatán se localiza al sureste, en la península que lleva el mismo nombre, entre las entidades de Campeche y Quintana Roo, en la República Mexicana. En esa zona, se desarrolló una de las culturas más ricas y enigmáticas del mundo precolombino, como fue la maya, con la fuerte influencia de Kukulkán.

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Último domingo de 2020

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es último domingo de 2020. No lo abandonemos por el simple hecho de pertenecer a un almanaque que representa tantos dolores, ausencias y desaciertos. Disfruten este y los días que siguen, lo mismo si son soleados que nublados. Recuerden que las horas que se pintan de colores, regalan amor, paz, alegría, libertad, bien, armonía y vida, mientras los instantes sombríos, entintados por la falta de arcoíris, reclaman nuestra presencia y nos fortalecen durante sus vientos y tempestades. Vivan. Hagan de este domingo postrero, un día de alegría, un momento de reencuentro con el alma y sus infinitos tesoros, una oportunidad para expresar a otros lo tanto que los aman. Que no se vaya este domingo, ni los días que siguen, al embarcadero desolado y triste, donde lo espera un bote de remos con la idea de partir y no regresar jamás. Démosle las gracias y disfrutemos sus horas, con sus luces y sombras, porque la vida y el tiempo parecen insensibles a las historias humanas, y así transitan inexorables; pero no son indiferentes a lo que uno sienta, piense, actúe y hable, porque multiplican el bien que se irradia y el mal que se propaga. Finaliza el año y se acorta nuestra existencia. Es el domingo postrero del año 2020. Vivámoslo. Es nuestro, a pesar de su fugacidad.

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Más calzado que senderos y caminantes

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Soy caminante. Siempre lo he sido. Me gusta andar aquí y allá, en un lugar y en otro. Disfruto la belleza y la majestuosidad de los paisajes; aunque también escudriño los detalles que descubro a mi paso. Exploro otros destinos. Estos días de mi vida, he mirado gran cantidad de calzado y pocos caminantes hacia la cumbre. Hay exceso de zapatos, en minúsculas y mayúsculas, y tantas huellas que apenas es posible adivinar que se trata de multitudes que transitan ciegas e insensibles, transformadas en números y estadísticas, hacia rutas comunes, diseñadas para los rebaños humanos que dedican los años de sus existencias a consumir, acumular, encerrarse en burbujas de estulticia y superficialidades, y gozar sin amor ni sentido. Veo gran cantidad de zapatos, en femenino y masculino, por rumbos que parecen seguros y, paradójicamente, son inciertos. Pocos son los viajeros que se atreven a dar pasos por iniciativa propia y buscan otros senderos, itinerarios que los conduzcan a cimas que acaricien el cielo. Son quienes tienden puentes y retiran las enramadas, los abrojos y las piedras del camino, y dejan huellas indelebles para que otros, los que vienen atrás, las sigan. Toman el timón con firmeza y seguridad, a pesar de las tempestades de la noche y de los mares impetuosos que invitan al naufragio. Observo innumerables zapatos, en fino y en popular, revueltos, como ha acontecido con aquellos que cubrieron su esencia con paladas de lodo y piedras que engañan y aparentan ser diamantes y minerales preciados. En la senda común, descubro el teatro de la vida, con exceso de asientos para los espectadores que rehúsan protagonizar una historia, una epopeya, y un escenario dividido en tres, uno para los actores que se presentan dignos, libres, justos, dadivosos, honestos y con el resplandor de su belleza interna; otro dedicado a las marionetas que ellos, los titiriteros, manipulan desde un espacio cómodo y hacen creer al público que son criaturas genuinas; y el que está reservado a los poderosos, a aquellos que se dedican a arrebatar, causar daño y acumular poder y riquezas materiales. En los pasillos y en el vestíbulo, también encuentro innumerables pares de calzado, en académico y analfabeto, acaso porque quienes los portan olvidaron trazar sus propios itinerarios, quizá por formar parte del inacabable proceso de masificación que condenará y exterminará a la raza humana, tal vez por eso y por más. Soy caminante. Contemplo más zapatos que hombres y mujeres dispuestos a escalar, construir escalinatas, desafiar abismos, tender puentes, conquistarse a sí mismos y dedicar sus vidas al bien, la verdad, el amor, la justicia, la dignidad, el respeto, la armonía y la libertad. Veo más calzado que rutas y caminantes.

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Me parece que apenas fue ayer

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es para ti

Apenas fue ayer cuando me cautivó tu mirada y me encantaron tus manos. Apenas fue ayer cuando te supe un yo para un tú. Apenas fue ayer -oh, que son los días, los meses, los años, el tiempo- cuando me di cuenta de que eres dama para un caballero. Apenas fue ayer, en la soledad y entre los silencios y las palabras de mi alma, cuando diseñé mi plan, mi estrategia, y te declaré mi amor. Apenas fue ayer, en medio de las estrellas y sus polvos mágicos, cuando prometí hacerte feliz y hacer de tu vida un paseo inolvidable y hermoso. Apenas fue ayer cuando transformé los tallos con espinas en pétalos fragantes y de suave color y textura. Apenas fue ayer cuando me propuse ser especial en tu vida y dejar una huella indeleble en tus sentimientos y en tu memoria. Apenas fue ayer cuando me enamoré de ti y percibí que ya vivía la locura de un amor irrepetible. Apenas fue ayer cuando te encontré en mi itinerario y supe que no te abandonaría más. Apenas fue ayer, si acaso existe el tiempo, cuando jugábamos al amor y a la vida en el infinito, y hoy, en el mundo, replicamos aquel recuerdo épico, sublime e idílico. Apenas fue ayer, insisto, cuando me di cuenta de que te amaré toda la vida.

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Búsqueda

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Busco en las vías del tren, en los furgones, en las viejas estaciones, las palabras que un día, apenas ayer, escribimos y pronunciamos con alegría e ilusión. Rastreo en las calles, en los espacios públicos, en las plazas comerciales, entre aparadores, maniquíes y luces que encienden y apagan, en guiños superfluos y engañosos, pedazos de felicidad, sueños rotos, esperanzas que ya naufragan en un sitio indefinido, o quizá en nada. Recojo trozos de rostros sonrientes, manos dadivosas y gestos amables, que quedaron olvidados en las páginas de algún diario incompleto, tras días repetidos de egoísmo, ambición desmedida y cosas baladíes. Recolecto, entre muecas amargas, palabras endurecidas y sentimientos e ideales deshilvanados, totalmente desdibujados, lo que alguna vez fuimos, los colores y los actos que perdimos. Excavo, horado, mino, en las ruinas que hicimos de nosotros, en los escombros que abandonamos cada día. Junto las piezas incompletas, vacías e irreconocibles que un día y muchos más desechamos con sus rutas y sentidos, por preferir lo ligero y el vacío. Hurgo en la alacena, en el ropero, en el desván, con la idea de encontrar los nombres y apellidos de mi generación y de las otras, los rostros y las voces que la desmemoria y el tiempo sepultan. Retiro el polvo, el salitre, la polilla, el herrumbre, hasta mirar epitafios incompletos. Descubro fragmentos de calzado en los senderos, pero detecto un número escaso de huellas firmes y seguras. Cierto, hay más zapatos que caminantes. Y así busco, aquí y allá, en un rincón y en otro, los despojos de lo que éramos, con la certeza de que los vestigios, confundidos entre basura, simplemente son reflejo de las riquezas interiores que desdeñamos y, alguna vez y muchas, cambiamos por apariencias, brillos y reflectores que solo fueron atuendos y sensaciones que hoy, ante el escenario desolado, parecen estorbar y pesar demasiado.

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