2020, ¿la despedida o al patíbulo?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hay fechas que resultan inolvidables y marcan a la gente, a la humanidad, por lo que representan; sin embargo, ningún instante, minuto, hora, día o año -tiempo, al fin- es responsable de las alegrías y las tristezas, el éxito y los fracasos, la vida y la muerte. Los momentos son tan fugaces e indiferentes a la felicidad o a la desdicha humana, que pasan y no vuelven más. Nunca voltean atrás ni a los lados, ni siquiera si alguien atraviesa en su camino y suplica que hagan una tregua. Sencillamente, continúan su macha. El tiempo es una medida que los seres humanos calcularon y establecieron con la intención de organizar sus días existenciales y sus actividades, incluso en términos científicos, y ni siquiera las estrellas, en el universo, están al tanto de los sentimentalismos de las personas que casi todo lo miden en fechas, valor monetario y apariencias. El tiempo, en este planeta, es algo más. Es indiferente a la dicha o al sufrimiento de la gente. pero su uso no debería de ser ajeno a los intereses humanos. Esto no significa que en lo sucesivo tomemos los almanaques y los arrojemos al cesto de la basura con la intención de vivir desordenadamente. La medida del tiempo es útil en nuestros años existenciales, pero no es responsable de la felicidad o del desconsuelo, de la juventud o del envejecimiento, de la salud o de la enfermedad, de la vida o de la muerte, porque cada renglón es consecuencia de diferentes conceptos. Si desconectáramos los relojes y olvidáramos los calendarios, los seres humanos seguirían coexistiendo en el mundo y no se atraerían la fortuna ni se evitaría el sufrimiento. Simplemente, aunque en desorden, la gente seguiría en el mundo con el sí y el no de la vida. No es verdad que 2020 trajo enfermedad, contagios, pobreza, sufrimiento y muerte al planeta, y que partiendo, con el odio que lógicamente se le tiene, aparecerá una nueva etapa y todo quedará en el recuerdo. No seamos infantiles ni sentimentalistas, por favor, porque esas debilidades e ignorancia las están aprovechando los dueños del poder económico y político, en el mundo, para atormentar, provocar miedo, desestabilizar y controlar absolutamente a los sobrevivientes de una enfermedad que ellos mismos, con el apoyo de científicos mercenarios, ordenaron crear y dispersar en el planeta. Es irracional la pretensión de desear la muerte de 2020 por considerarlo responsable y causante del coronavirus y todas las calamidades que le acompañan, cuando le correspondió, a su paso, ser el marco de tanto crimen masivo. Todo el escenario fue preparado por seres humanos perversos que desean apoderarse de las voluntades humanas y de las riquezas del planeta. Este año que agoniza -2020- se marchará sin despedidas amorosas, y nunca más volverá. Igual que sus antepasados, se refugiará en las páginas de la historia, con la diferencia de que claramente demostrará en lo que nos hemos convertido millones de hombres y mujeres a nivel global. Es momento de despertar y reaccionar del letargo para liberarnos de las cadenas y los barrotes que una élite malvada ha colocado a todos. Incontables gobiernos, medios de comunicación masiva, líderes religiosos y sociales, instituciones públicas y privadas, artistas, intelectuales y parte de las comunidades científica, médica y académica, en el planeta, están a disposición de tal grupúsculo que crece en la medida que la humanidad se debilita. Despidamos el año 2020, con todos sus desencuentros y terrores, sin olvidar sus enseñanzas y vivir cada uno de sus minutos en armonía, con equilibrio y plenamente, porque cada instante es vida que escapa, y no perdamos de vista los signos no de la época, sino de aquellos que anhelan manipular y controlar a la gente. No culpemos a 2020 ni lo convirtamos en rehén que altere nuestra tranquilidad. Dejemos que se vaya. Tengamos cuidado con los días que vienen. Los planes de ese grupo, son perversos e insanos. Eso es lo que importa saber y enfrentar con la razón y la unidad, no lo que se registró durante 2020, a pesar de nuestros dolores y nostalgias. En cada uno, y no en las fechas, se encuentra la decisión del cambio y propiciar, en conjunto, el retorno a la verdadera normalidad.

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