No tienen precio

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La originalidad, el talento, la inspiración y la creatividad, en el arte, no tienen precio. Las obras genuinas no son creadas en serie para exhibirlas en anaqueles de mercados y tiendas. No se trata de alimentos envueltos en bolsas y empaques de celofán para satisfacer ansiedades, deseos y apetitos de individuos golosos. No se dedica a personas insensibles y burdas. La ciencia, en tanto, cuando es pura, sirve a la humanidad, le ayuda a escalar dentro de su proceso de evolución, a pesar de ser ambivalente y servir, indistintamente, al bien y al mal. No pertenecen, ambos, a ninguna élite ni son propiedad de páginas de internet, redes sociales, grupos o personajes, a menos que los artistas y científicos lo aprueben y permitan, sean mercenarios, cedan los derechos y las patentes o les arrebaten sus creaciones y fórmulas. La sensibilidad y la inteligencia no las compra ninguna fortuna. El artista y el científico tienen que obtener recursos que les permitan vivir dignamente, motivo por el que es válido que comercialicen, justamente, sus obras, descubrimientos e invenciones. Cada artista registra legalmente sus creaciones, como patentan, en su caso, los científicos, sus descubrimientos, fórmulas e inventos. Los artistas y científicos dedican los días de sus existencias a su misión, a ese delirio que les acompaña día y noche, aunque equivalga a no comer ni dormir, quizá por acercar a hombres y mujeres la luz que alumbra el sendero y la ruta a destinos sublimes y grandiosos. Como artista y escritor, registro legalmente todas mis obras, pequeñas y grandes, y solo yo decidiré a quienes heredaré los derechos de las mismas. Las difundo y comparto al público que hace favor de leerlas, pero los derechos legales me pertenecen. Ninguna página ni red social pueden apropiarse de mis obras. Y lo mismo pienso de los demás artistas y también de los científicos. Siempre defenderé el derecho que tenemos de ser autores, hombres y mujeres dedicados libremente a la creación, a la sensibilidad, a la observación. Es un deleite crear letras, palabras, historias, textos, y compartirlos con el público. Las páginas de internet y las redes sociales son eso, medios e instrumentos de gran valor para difundir nuestras obras, como otros usuarios publican sus mensajes y fotografías. Resulta ilógica y ridícula la pretensión de algunas páginas de internet y redes sociales de apoderarse de los derechos de los autores, cuando es evidente que ninguna persona o empresa tiene facultades sobre la dignidad humana y las leyes. Es importante el respaldo tecnológico que ofrecen para llegar a tantas personas, lo cual valora uno, y es muy diferente reconocer sus magníficas funciones que ceder derechos. Al cabo de los años, las obras artísticas y los descubrimientos y las fórmulas científicas son del dominio global y se vuelven patrimonio de la humanidad. Es un orgullo y un privilegio aportar al arte.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

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