El otro riesgo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Desde hace varios años, amplio porcentaje de seres humanos han perdido, gradualmente y con cierta intencionalidad, el derecho y la capacidad de asombro, al grado de que casi ningún acontecimiento les sorprende. La mayoría de la gente, envuelta en bolsas artificiales de desecho, casi sin letras y de preferencia con dibujos y signos, se ha acostumbrado tanto a los sucesos, a la violencia, a las invenciones científicas y tecnológicas, al consumismo y a la dinámica revuelta de la hora contemporánea, que parece nada le conmueve ni maravilla. La capacidad de asombro y el respeto fueron sepultados, hace años, en una cripta gélida y ausente de nombre y epitafio, quizá con la intención de que nadie los recuerde. Alguien los arrojó a la fosa común. Ahora, millones de seres humanos, en todo el mundo, enfrentan otro peligro: la costumbre a la muerte de los seres queridos, el fallecimiento cotidiano de los miembros de una familia, una escuela, un centro laboral, un grupo de amigos, un sector de la población. La muerte es un proceso natural en todo ser vivo, nadie lo duda; no obstante, la repetición de un hecho, por doloroso que resulte, tiende a ser costumbre, y el riesgo es ya no poseer sentimientos. Quienes mayor peligro corren ante la insensibilidad de la muerte de los seres queridos y la gente que les rodea, son los niños, los adolescentes y los jóvenes. Probablemente, dentro de algunos años, acostumbrados al fallecimiento sorpresivo e inesperado de parientes, amigos, colegas, vecinos y compañeros, la niñez, la adolescencia y la juventud de hoy, reaccionarán con frialdad e indiferencia. De ser así, sus hijos, los de la siguiente generación, serán personas carentes de sentimientos, incapaces de asombrarse, programadas en serie e imposibilitadas para expresar amor y rasgos nobles. Nos estamos acostumbrando a la muerte inesperada, a la violencia, a la carencia de sentimientos. Y eso, hay que admitirlo, es habituarse a estar muertos.

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10 comentarios en “El otro riesgo

  1. Santiago es miy cierto. Lo que nos queda es relatar la verdad para nuestros niños y educarlos en el respeto y los valores que nos educaron a nosotros aun podemos enderesar en lo que podamos este mundo que le heredamos a nuestros niños.

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  2. Que razón tienes Santiago, esperemos que generaciones futuras no se acostumbren a dejar de sentir y dejar de asombrarse, eso sería aterrador. Debo decirte que a mi todavía me asombran muchas cosas de la vida, entre ellas tu capacidad de detectar realidades que se nos escapan a la mayoría y tu ojo crítico hacia muchos comportamientos equivocados de la sociedad actual.

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    • Blanca, no sabes cuánto valoro tus palabras y el concepto que tienes de mí, lo cual me estimula y compromete a dar lo mejor. Ten la certeza de que te admiro y aprecio tus publicaciones. Siempre aprende uno muchas cosas. Eso es útil y muy valioso en la vida. En cuanto al tema que comentas, resulta preocupante que la humanidad esté perdiendo su capacidad de asombro. Es maravilloso sentir cada día la sorpresa de un amanecer, el milagro de la vida, el aliento de la salud. Vamos a seguir adelante y a sumar y multiplicar cosas buenas. Te saludo con mucho afecto y con el deseo de que tú y tu querida familia se encuentren bien.

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      • Si, Santiago, es cierto. Veo en mi hijo de ocho años su capacidad de asombro tan a flor de piel y eso para mi es un ejemplo y me enseña a que no debemos perder esa capacidad conforme pasan los años, sino todo lo contrario, cultivarla, porque nos permite apreciar la grandeza de la vida. Muchas gracias por tus deseos, mi familia afortunadamente está bien, espero que tanto tu como tus familiares también os encontréis bien.

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  3. No soy tan pesimista, Santiago, creo que todavía hay muchas personas de cada edad – no solamente niños – que se han conservado la capacidad de asombro. Naturalmente se nota más a las personas ruidosas. Espero que te encuentres bien.

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