Encomienda

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las flores, en el jardín, nacen y mueren. La gente, en las casas, en los sitios de encuentro, en las calles, inicia sus propias historias y también las concluye en algún momento. Los segundos y las horas, los días y los años, se mezclan con las auroras y los ocasos. Nada es permanente en este plano. Muchas veces, al asomar desde la ventana, he descubierto a la vida y a la muerte, cada una en un sentido, o juntas, tocando a las puertas, a las biografías, mezcladas entre personas que van y vienen. En ocasiones, cuando las miro pasar cerca, voltean y me observan momentáneamente, y continúan entregadas a su tarea, a su misión, a su encomienda. Es inevitable coincidir con alguna, principalmente cuando la gente desafía al tiempo o ya carga tanta historia. Al no anunciar sus visitas, he pensado que cualquier día, a cierta hora, podrían llegar a mi taller de artista. Es el motivo por el que me pregunto si realmente me agrada quién soy y lo que he hecho desde que nací hasta el minuto presente. Me reviso constantemente con la idea de dar respuesta a mis interrogantes. ¿Me gusta quién soy? ¿Me cautiva mi biografía? ¿Me enorgullece mi trayectoria existencial? Oh, tengo que salir a los hogares, a las calles, a todos rincones del mundo, con el objetivo de saludar a la gente, sonreír, expresar mi amor, dar lo mejor de mí a los demás, escuchar, pedir disculpen mis errores, aconsejar. Aún no he escrito mi obra más excelsa, pero tampoco he derramado tanto bien y conocimiento a los otros, a quienes me rodean, a los hombres y a las mujeres, en minúsculas y mayúsculas, que necesitan palabras de aliento, instantes de atención, medicina, sonrisas, alimentos, una mano y otra más que los sostenga y rescate de su fatal caída, detalles que les devuelvan la fe y la esperanza. Interrumpo mis cavilaciones porque, al observar a la vida y a la muerte tan próximas y entregadas a sus labores, entiendo que mi biografía no está completa ni soy el hombre cautivante, ejemplar e inolvidable que supuse. Estoy incompleto en una época en que aumentan las listas de ausencias y faltan, por lo mismo, entrañables presencias. Tengo, ante mí, el desafío de moldearme como lo soñé.

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5 comentarios en “Encomienda

  1. Yes, beginnings and endings are intertwined. Few of us become all we once hoped we might be. We are not, however, the best judge of our own lives. Only God can see them in their true perspective.

    Shakespeare said, “The evil that men do lives after them; the good is oft interred with their bones.” I do not believe that. We often fail to recognize the influence for good we have had on others.

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