Miro los retratos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Miro las fotografías impresas en papel -unas en sepia y algunas en blanco y negro y a color-, como piezas de colección de anticuarios, museos y archivos, constancia de otros días y recuerdo de rostros con nombres y apellidos que gradualmente se ausentan. Examino los retratos de mis antepasados, las imágenes de mi niñez, las fotografías de la gente que ha estado presente en mi historia. Se trata del resumen humano, del recuerdo de ciertas generaciones, del eco cada vez más distante de hombres y mujeres que caminaron por el mundo hacia múltiples destinos. Descubro en cada fotografía un motivo, un detalle, un pedazo de mi vida y de las existencias de otros. Las imágenes revelan secretos, la alegría y la sencillez de la gente que amaba a sus abuelos, a los ancianos, a sus padres y hermanos. Veo, al introducirme a los muchos ayeres consumidos, sentimientos, ideas, sueños, alegrías, tristezas, ilusiones, vivencias. Comidas familiares, días de campo, encuentros inesperados, paseos, fiestas, viajes, convivencias, todo aparece en los retratos, cada uno tomado con los equipos de diferentes épocas. Existían la inquietud, la expectativa, la sorpresa y la espera de lo que reservaba cada rollo fotográfico tras llevarlo al laboratorio y solicitar su revelado e impresión. Había que esperar. Se trataba de un sí y un no, con la alternativa de obtener fotografías o, simplemente, perderlas. Era una aventura maravillosa reunirse en familia, con los amigos o con los compañeros, para mirar, una por una, las fotografías que raptaban instantes consumidos, momentos fugaces. Y uno, emocionado, solicitaba copias de aquellas imágenes. Algunos, coleccionaban los retratos entre las páginas de los libros, en ciertas libretas, en baúles, en cajas de madera o de cartón, o los acomodaban pacientemente en álbumes muy queridos. Había quienes tenían la amabilidad de dedicarlos al reverso. Otras personas colgaban enmarcaban las fotografías que colgaban en las paredes de sus hogares. Era como decir al mundo, a la humanidad, a la creación: “aquí estoy. Un día y muchos más viví en este plano. Quiero que sepan que existí, que tuve una identidad y una historia”. Pertenezco a la generación que emocionaba con aquellas fotografías y que, paralelamente, guardaba con celo y orgullo los retratos de los antepasados y de la familia como algo muy amado, con la oportunidad de conocer y manejar la tecnología de la hora presente, en la que tomar imágenes es algo cotidiano, muchas veces sin aquel encanto, asombro y emoción que sentíamos y daba un sentido a nuestras existencias. Cada generación vive sus procesos y escribe su historia. Hoy, simplemente, miro las fotografías que conservo, al lado de negativos, rollos que por alguna causa no mandé revelar e invitaciones a diversas celebraciones. Aquí estoy, con incontables retratos que significan, sin duda, pedazos de mi historia y de mi vida.

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4 comentarios en “Miro los retratos

    • Laa ciencia y la tecnología son positivas para el desarrollo del mundo, pero lamentablemente hemos permitido que atrapen nuestros detalles, ideas y sentimientos y los pulvericen, hasta convertirnos en autómatas, en seres indiferentes y empobrecidos. Saludos y un abrazo. Gracias por aportaar con tu valioso comentario.

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