Mi padre, mi madre… mi madre, mi padre

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y una madrugada, en otra fecha, tu alma partió de este mundo, padre mío, con el hueco que dejan las ausencias de quienes uno ama tanto, quizá para emular tus principios y tu ejemplo, probablemente con el objetivo de hilvanar capítulos bellos e inolvidables en tu memoria, o sin duda porque así es la trama de la vida y fue parte de nuestro proceso evolutivo y de la historia inolvidable, bella, mágica e irrepetible que compartimos.

Otra mañana, a cierta hora, tú, mi inolvidable madre, te marchaste de este plano y aquí quedamos, tus hijos, tus descendientes, enmedio del mundo, con la desolación que seguramente también experimentaron tus flores y tus plantas, en el jardín que cultivabas mientras suspirabas y morías en silencio, como una reina que ha superado todas las pruebas y espera, finalmente, la más grandiosa de las coronaciones.

A una hora y a otra, entre la maquinaria y los engranajes del tiempo, al lado de estaciones que se van y no vuelven, ustedes, papi y mami -como siempre les llamé cariñosamente-, pasaron por la transición, rompieron las cadenas temporales y partieron, libres y plenos, a otras rutas, a la fuente infinita, a la luz inagotable, desde la que permanecen conectados a nuestras almas, a nosotros, sus sucesores.

Miro atrás, a los otros días, a los años que se consumieron. Descubro las huellas de ambos con sus biografías, con sus capítulos, con sus historias, y con nosotros -su familia-, agradecido profundamente y con el deleite de la bendición y la fortuna de tantas cosas -tangibles e intangibles- que nos unen y nos hacen entes ricos e inseparables.

Y un día, sin darnos cuenta, llegó la hora postrera-si acaso existe el tiempo en otros planos y en la fuente universal- y la caducidad de la existencia terrena y material tocó a la puerta de cada uno. Ustedes ya lo sabían. Les fue anunciado. Abandonaron sus respectivos cuerpos, como quien renuncia a sus sandalias para continuar la caminata descalzo y libre por sendas prodigiosas y sublimes.

Hay ausencias que duelen tanto y que, por lo mismo, parecen insuperables; sin embargo, nosotros, sus descendientes, somos afortunados porque, si ustedes fueron ángeles durante su estancia en el plano que habitamos temporalmente, ahora son corriente etérea y luz, gotas de cristal y esencia.

Me sumerjo en mis silencios, en mis rumores, en mis profundidades, hasta que llego a mi ser, a mi alma, donde los encuentro, grandiosos y eternos, como han sido siempre, inmersos en el amor, en la justicia, en el bien, en la verdad. Qué dicha tan grande ser su descendiente. Cuán maravilloso saberlos infinitos, etéreos, luminosos; aunque a veces, dede el lado humano, duela tanto su ausencia en el mundo.

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5 comentarios en “Mi padre, mi madre… mi madre, mi padre

  1. “Me sumerjo en mis silencios, en mis rumores, en mis profundidades, hasta que llego a mi ser, a mi alma, donde los encuentro, grandiosos y eternos, como han sido siempre, inmersos en el amor, en la justicia, en el bien, en la verdad. Qué dicha tan grande ser su descendiente. Cuán maravilloso saberlos infinitos, etéreos, luminosos; aunque a veces, desde el lado humano, duela tanto su ausencia en el mundo.”
    Celebro tu experiencia; esta es un regalo incalculable que no todo el mundo recibe. Lllevas mucho contigo y tú también dejarás mucho, estoy convencida de ello, aunque no nos conozcamos las letras y las palabras suelen ser transparentes…

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