Si el ayer se volviera hoy

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

A veces, mientras camino reflexivo por las calzadas alfombradas de hojarasca, pienso en los muchos ayeres de mi existencia que desearía convertir en hoy, en ahora, con la intención de volver a vivir los capítulos que se desvanecieron, repetir los momentos dichosos y reparar las oportunidades desperdiciadas para hacer el bien, corregir los errores, restaurar el amor y la paz con la gente que forma parte de mi historia, aprovechar los instantes perdidos y enmendar las páginas de mi biografía. En ocasiones, al sentarme, muy temprano, en la banca de hierro y sentir las rachas de viento helado que desprenden las hojas doradas y quebradizas de los árboles, recuerdo las páginas impresas del almanaque, las de antaño, con el deseo de regresar a cada fecha, a toda hora, y así solicitar la comprensión y el perdón de quienes, sin darme cuenta, ofendí o lastimé; pero también con el objetivo de sonreír más, tener mayor cantidad de detalles y convertirme en alguien grandioso e inolvidable. Si existiera una fórmula para regresar a los otros días, a los del pretérito, medito al contemplar la arboleda que cambia de piel, no desperdiciaría ni un momento en asuntos baladíes, ni tampoco en superficialidades, y menos en arrogancias y en maldad. Si pudiera volver a los otros años, me preocuparía más por la autenticidad y la pureza de mis sentimientos, por la sinceridad y la nobleza de mis pensamientos, por la intención buena y razonable de mis palabras, por el sentido de mis actos. Me angustiaría y me mortificaría menos por las apariencias, los compromisos innecesarios, la competencia insana con otros y los apetitos sin razón. Viviría en armonía conmigo, con la creación, con todos los seres humanos y con las criaturas en sus diferentes expresiones; tendría mayor equilibrio y trataría de no resbalar a los abismos, a los extremos radicales, para no comportarme como marioneta ni propiciar espectáculos de bufón; buscaría la plenitud en todo lo bello, en el bien y en la verdad. Sería justo y libre. Veo, ante mis pies, las calzadas y los jardines tapizados de hojas amarillas, doradas, naranjas, rosadas, moradas y rojizas que crujen al pisarlas, y me pregunto, en los minutos de mis cavilaciones, por qué somos tan complejos los seres humanos, e incapaces de atrevernos a protagonizar una odisea, actos de amor y de bien. Ni siquiera, ya adultos, somos capaces de asimilar experiencias o de jugar, divertirnos y reír como niños. Si el ayer se volviera hoy, correría hacia mi familia, abrazaría a todos y les expresaría mi amor y mi gratitud, palabras que también manifestaría a mis amigos, a mis compañeros, a la gente que estuvo cerca y lejos de mí. No desperdiciaría el tiempo en pegar y unir trozos de porcelana; lo dedicaría a tender puentes con la idea de acercar a las almas, a la gente, a la arcilla, en una verdadera hermandad. Y así viviría cada día, feliz, libre, pleno, genuino, con proyectos, rico en sentimientos y en pensamientos, con ilusiones y suspiros, con realidades y sueños, indiferente al mal y a las superficialidades. Si fuera posible volver a la otra época, desmantelaría muchas cosas y mejoraría todo, y sin duda tendría mayor evolución y trascendencia, y más salud, razón y abundancia. Estaría rodeado de la gente tan amada y la vida, con su sí y su no, con sus luces y sus sombras, resultaría más armónica, equilibrada y plena. No me arrepiento de mi historia, con las decisiones y los rumbos que tomé, con los sentimientos que derramé, con el raciocinio que destilé; pero si de alguna manera los días y los años de entonces volvieran, los experimentaría por completo, como un niño feliz disfruta su juguete preferido desde que despierta, en la mañana, hasta que duerme, al anochecer. Reflexiono profundamente mientras recibo las caricias del viento, hasta que, asombrado y presuroso, me incorporo de la banca de hierro, decidido a encontrarme con el hoy, con la vida que aún fluye en mí, en este ciclo. Atrás dejo las hojas secas, preámbulos de algunos fríos, y me dirijo a otras primaveras, pletóricas de matices alegres y de perfumes deliciosos, y a lluvias con gotas de cristal, encantadoras y prodigiosas, y no me importará asolearme, enlodar mi ropa, sentir el agua en mi textura y en mi calzado. Seré quien maneje el timón de mi vida hacia un destino maravilloso, y disfrutaré la travesía, con sus mañanas soleadas y sus tempestades nocturnas. La vida está presente. Hay que abrazarla, sentirla, experimentarla, porque cada instante es irrepetible y no retorna más.

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15 comentarios en “Si el ayer se volviera hoy

  1. Como no tenemos la oportunidad de empezar de nuevo y hacer muchas cosas de manera diferente, mejor, al menos podemos intentar hoy aprovechar al máximo el tiempo que nos queda y solo rodearnos de personas y cosas queridas.

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  2. Precioso relato, Santiago. Creo que todos hemos reflexionado en algún momento de nuestras vidas sobre esta posibilidad de volver atrás y como actuariíamos en caso de tener una segunda oportunidad. Y precisamente esa reflexión es la que nos enseña a vivir nuestro presente de una forma más plena, rectificando los errores cometidos y mejorando nuestros actos.

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