Fuimos los niños y los jóvenes de entonces

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Fuimos los niños de entonces, a los que ellos, nuestros padres, aconsejaban con amor, enseñaban por medio del ejemplo, reprendían con seriedad y energía, premiaban con detalles y sonrisas y reprendían y castigaban severamente. Y así aprendimos a ser personas justas, buenas y honestas. Fuimos los adolescentes y jóvenes de antaño, a los que otros, los adultos, criticaban por el cabello largo, la ropa a la moda y llegar a las 10 u 11 de la noche -máximo a las 12, no más-, con deseos de permanecer mayor cantidad de horas en las fiestas y en las reuniones con luces que apagaban y encendían, con música estridente y bocadillos que preparábamos sin depender de mensajeros; pero convivíamos y nos divertíamos sanamente. Y recordábamos, tiempo después, los detalles de la convivencia. Reíamos sanamente. Fuimos la generación joven de los otros días, criticada por su rebeldía, por sus ideales, por sus modas; no obstante, respetábamos a nuestras familias, a toda la gente, a las personas mayores. Comprendíamos el dolor y ayudábamos, en lo que podíamos, a quienes sufrían. Cedíamos el asiento a los enfermos, a las mujeres embarazadas, a los ancianos. Fuimos los muchachos que, quizá, alguna vez, discutimos y reñimos por un juego, por un romance, por una calificación, sin resentimientos ni venganzas posteriores. Fuimos, acaso sin darnos cuenta, enlace de la gente que sentía, pensaba, vivía y soñaba distinto, y que ya no está a nuestro lado. Fuimos, por dicha y fortuna, la última generación ingenua, soñadora y con los valores que se heredaban y aplicaban con orgullo y dignidad toda la vida. Fuimos hijos, hermanos, nietos y sobrinos que, más tarde, anhelamos formar hogares bellos y ejemplares, porque así era nuestro mundo y estábamos felices. Fuimos, los de entonces, la generación feliz, libre y rebelde que defendió sus convicciones, sus derechos y sus motivos, y que, en la hora presente, quienes ocupan los espacios que dejamos ausentes, nos creen anticuados y caducos. Fuimos los de antaño, los de los otros días, entre la televisión en blanco y negro y la de color, con el tránsito de los bulbos a los transistores, y más tarde a la cibernética, con nuestra carga enorme de sentimientos nobles, pensamientos libres e historias plenas, libres de peso y de arrepentimientos. Fuimos los jóvenes del pasado, que rápido mudamos a otros ciclos existenciales, con mucha dignidad y sin arrepentimientos. Fuimos la generación afortunada y dichosa, inocente y plena, que creyó en Dios y que disfrutábamos los cuentos de hadas y de príncipes, sin necesidad de morbosidades ni de violencia, con bastante dignidad y sin sentimientos malos. Fuimos la generación dichosa, inocente y plena, a pesar de que otros no lo crean y piensen que, simplemente, éramos ilusos. Fuimos, y somos, una generación irrepetible, maravillosa e inolvidable.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

8 comentarios en “Fuimos los niños y los jóvenes de entonces

Deja un comentario