Rincones de añoranzas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Hay rincones, en las aldeas, en los pueblos, en las ciudades, que uno no olvida, acaso porque fueron paisaje de la niñez, de la adolescencia o de la juventud, o probablemente por ser la antigua ruta a la escuela y a lejanos destinos, o quizá por tratarse de espacios y callejuelas que recorrimos con nuestros familiares y amigos en otras estaciones de la existencia, o tal vez por quedar, tras la caminata de las manecillas, con el perfume de un romance añejo que provocó alegría e ilusiones. Existen sitios en los que caímos, seguramente desgarrados, y otros, en cambio, en los que obtuvimos alegrías y triunfos, donde aprendimos a andar por el mundo y a ganarnos el abismo o la cumbre. En ciertos lugares, permanecen los árboles y los jardines, las casas y los portones, las calles y los escalones, como antaño, intactos, como si las caricias del viento, de la lluvia, del sol y del tiempo los respetaran y solo depositaran, como testimonio de su paso, hojas secas, polvo, manchas de humedad y charcos. Otras personas transitan ajenas a lo que, en fechas distantes, ocurrió en esos rincones de tanta añoranza, mientras uno, al retornar, siente nostalgia al evocar las imágenes difusas del pasado, sombras que recuerdan la infancia y distintos ciclos en compañía del padre, de la madre, de los hermanos, de los hijos o de los nietos, o seguramente al lado de amigos, en la soledad o en compañía de alguien especial que nos causó sobresaltos en los latidos del corazón y a quien dimos un beso a hutadillas y entregamos una flor. Sigilosos, los parques, las calles, los escalones, las construcciones, guardan la memoria de acontecimientos pasados y de secretos inconfesables. Hay rincones que enseñan, dicen y evocan tanto, a pesar de que los instantes se deshojen, que uno, al recorrerlos de nuevo, se recrea y comprende, finalmente, si su existencia ha sido una serie de notas discordantes o, al contrario, una obra bella y de constante aprendizaje, de bien y de verdad, ejemplar e inolvidable. Si todavía hay tiempo de enmendar la historia y cultivar los ingredientes de una vida de virtud modelo, es preciso transformar los cardos en flores y hacer de cada espacio, callejuela, parque y rincón un panorama de vivencias hermosas. Aún es posible.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

13 comentarios en “Rincones de añoranzas

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s