Tardes

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estas tardes de mi vida transcurren como un regalo, un obsequio que llega de repente y se queda a mi lado para hacer amenas mis soledades. Tardes silenciosas, quizá, por sus minutos cargados de remembranzas, que transitan del cielo azul, con horizontes amarillos, naranjas y rojizos, al celaje melancólico y plomado que antecede las noches de luceros que alumbran mi camino o de tormenta que me empapa con el propósito de que nunca olvide que en realidad he vivido. Tardes de susurros, tal vez, porque el viento suele entregar mensajes, la lluvia tiene su lenguaje y la nieve habla durante ciertas temporadas, cuando uno es joven o ya es viejo. Tardes livianas y pesadas, despues de mañanas frescas e intensas y de mediodías brillantes. Tardes que no son día ni noche. Tardes para el balance y la reflexión, antes de que caiga el telón de la noche. Tardes que, acaso, prometen retornar al siguiente día, unas veces soleadas y otras, en cambio, oscuras y friolentas, con ráfagas de aire y tempestades. Tardes de mi existencia, irrepetibles, necesarias para inspirarme y escribir, caminar por las calzadas arboladas que me encantan, convivir con quienes tanto amo, pasear, deleitarme con cada minuto que pasa y agradecer por mi historia, por la gente que siento en mi alma y por la esperanza de un infinito maravilloso. Estas tardes de mi existencia insisten en quedarse, en llegar con anticipación, previas al mediodía, y retirarse al transcurrir casi toda la noche, cerca de la madrugada,, demasiado trasnochadas, probablemente con la idea de enseñarme a vivir, seguramente con el objetivo de que haga de cada instante un prodigio. Estas tardes me enseñan el milagro de la vida. Son mis tardes.

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