El Movimiento Continuo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Era soñador e idealista. Le atraían y cautivaban el arte y la ciencia. Sabía que los seres humanos no vienen al mundo con la encomienda de actuar como parásitos, porque cada persona, hombre o mujer, tiene la misión de evolucionar, crecer, medirse y aportar lo mejor de sí para bien suyo y de los demás. Así lo entendió desde niño, y lo hizo lo mejor que pudo cada día de su vida. Y si probó, a su corta edad, la experiencia de montar un elefante y pasear por las calles, y muchos años después volar un avión de dos alas y, también, en otro tiempo, participar en el desembarco de Normandía, en la Segunda Guerra Mundial, es innegable que en alguna de las aulas de la escuela primaria “Los Pinitos”, aprendió y jugó, soñó y vivió, con la idea fija de que la humanidad necesitaba una fórmula que evitara contaminación y explotación irracional de recursos. Artista y pensador, también era, a los 10 años de edad, inventor. Si nació en 1920, significa que en 1930 ya vislumbraba la catástrofe futura del planeta, motivo por el que decidió consagrar parte de su existencia a descubrir la fórmula científica del Movimiento Continuo, reto descomunal si se considera la dificultad de que un sistema genere energía por sí mismo; sin embargo, se prometió, a pesar de los desafíos, las mofas y los obstáculos, dar algo a la gente, sin importar creencias, niveles educativos, capacidad económica y razas. Si lograba descubrir el Movimiento Continuo, lo patentaría y el mismo día lo regalaría al mundo. Sabía que en el camino de sus investigaciones, toparía con intereses brutales y despiadados, como no desconocía, igualmente, que la mayoría de las personas no lo entenderían en esa etapa de la historia. Y así dedicó muchos años a trabajar, en la desolación y el silencio de su buhardilla, pasión que mezcló, en diferentes etapas de su existencia, con el estudio, la arqueología, la enseñanza en una escuela, el aislamiento en una celda monástica de los franciscanos, la incursión juvenil en la industria del zapato, sus posteriores empleos y la convivencia familiar Contrajo matrimonio cuando estaba próximo a cumplir 40 años de edad. Escribía, dibujaba, esculpía, pintaba y sabía tocar el violín; pero siempre estaba atento a su familia, a sus responsabilidades profesionales y laborales y a sus inventos. La gente, cuando escuchaba su intención de crear el Movimiento Continuo, no entendía el significado que tendría para el mundo evitar el abuso en el consumo de hidrocarburos. Resultaba muy temprano para que la mayoría comprendiera la crisis que ensombrecería al planeta. Otros lo calificaban de soñador. Él siguió. Hacía sus apuntes y sus experimentos, unas veces con la emoción de sentirse próximo a la culminación de su invento, y otras ocasiones, en cambio, decaído y triste por las pruebas fallidas; sin embargo, jamás renunció a su proyecto ni lo rindieron las adversidades. Una madrugada, al dormir, sufrió un infarto que lo hizo pasar por la transición, y su proyecto de inventar algo extraordinario y de beneficio mundial, perdió a su impulsor. Ya se había despedido de su familia con anticipación. Le dolía que su trabajo científico e invento, quedaran inconclusos. Lamentablemente, en aquellos días, los de la década de los 80, en el siglo XX, se extraviaron sus apuntes y ahora, en 2021, cuando la humanidad requiere con urgencia transitar a fuentes de energía superiores, a pesar de los intereses mezquinos y egoístas de ciertos grupúsculos que controlan al mundo y, a la vez, pregonan que resulta perentorio emprender acciones para evitar que los trastornos climáticos dañen más al planeta, es imposible rescatar sus libretas. No ignoraba que en otros laboratorios, establecidos en distintas regiones del planeta, existían fórmulas y descubrimientos sobre el mismo tema, quizá hasta más avanzados, recluidos en archivos empolvados y resguardados por una élite ambiciosa y con exceso de poder. Él, mi padre, soñaba regalar a las naciones un beneficio, la generación de energía limpia, el Movimiento Continuo. Si hubiera vivido mayor cantidad de años, seguramente habría inventado o, al menos, aportado a la ciencia; no obstante, me pregunto si los intereses de la élite que controla a la humanidad, aprobarían alguna invención que atentara contra sus intereses. Creo que no. Hubieran aplastado a mi padre y sus aportaciones, como lo hizo, en su momento, el titular de un noticiero de televisión, entre postrimerías de la década de los 60 e inicio de la de los 70, en el siglo XX, quien, majadero y soberbio, se mofó de él y le aconsejó que mejor se dedicara a otra clase de actividades y no a rasguñar al poder. Hoy rindo homenaje a mi padre, con el amor, la gratitud, el respeto y la admiración que me inspira su figura. Fue un honor ser su hijo, y lo es, no lo niego, desde el plano donde se encuentra,

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Niños. Adolescentes. Jóvenes.

Renata Sofía, una artista, una flor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hay seres humanos extraordinarios por su esencia y por lo que son. Silenciosos, navegan en sus sueños y en sus vivencias, en sus sentimientos y en sus ideas, igual que las estrellas que uno mira arrobado cuando es tan joven. Cautiva al mirarla en su taller, entregada a su arte, a la pintura que le apasiona desde que era muy pequeña; pero también llama la atención su figura cuando es dama y, en plena adolescencia, asoma a la ventana y observa el jardín, o al cocinar espagueti y pizza que tanto le gustan y al prepararse con la intención de seguir sus lecciones de taekwondo. Es adolescente. Con la ilusión de toda joven, cumplió 15 años de edad, década y media de una existencia bella y pura, en aprendizaje continuo, con sueños maravillosos e ideales que la transportan a fronteras y mundos prodigiosos. Renata, como le llama su padre, es Sofía, cual es nombrada por su madre, porque, finalmente, se trata de una sola persona, en femenino y todavía en minúsculas, Renata Sofía, quien baila, bromea, canta, ríe, juega, estudia y planea una existencia bella e inolvidable, digna y libre, equilibrada y armónica. Recuerda, por su educación, a aquellas niñas, adolescentes y jóvenes risueñas y amables, virtuosas y dispuestas a ser mujeres, damas, seres humanos, ángeles. Es una persona real que, en la ciudad tan distante en la que vive, mantiene sus ilusiones y confía en que otro día, al amanecer de nuevo, surgirá la oportunidad de volar a horizontes grandiosos. Sabe esperar. Reconoce que la vida empieza cada instante. Se está preparando con la finalidad de acudir, puntual y de frente, a su grandiosa cita con el destino. Anhela vivir intensamente feliz y dar lo mejor de sí a los demás.. Pretende construir puentes y rutas a la cima y a la luz. Uno, al conocer biografías tan maravillosas, suspira y se repite en silencio: “qué bendición tan grande es, sin duda, tener una hija que se percibe es regalo del cielo”.

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Laura Giselle, el encanto de una vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cumplió siete años de edad. Es una niña al natural, auténtica, sensible e inteligente, con la nobleza de quien ha descubierto, en el mundo, la fórmula de la esencia y la arcilla, para algún día transitar, libre y plena, a planos superiores. Responde a su naturaleza infantil, a los rasgos, en minúsculas, de su rostro y sus manos, y por eso juega y aprende a vivir. Desde muy pequeña, sorprendió por su léxico tan rico. Aprendió a hablar rápido y a pronunciar cada palabra correctamente, ante el asombro de su familia. Cautivó. Inquieta, original, creativa, demostró, igualmente, cariño y respeto profundo a la vida, los animales, las plantas y todos los signos de la naturaleza. Cuando asomaba a una fuente, a un charco, y descubría una abeja, una libélula o cualquier insecto ahogándose, pedía ayuda a su madre, a su padre o a su abuelo con el objetivo de emprender el rescate con una vara o una hoja seca. Así, entregada a su gesto humano, participaba, en serio, en la aventura de salvamento. Alguna vez, en la ciudad donde vive, una serpiente escapó de su refugio y llegó hasta el patio de la casa de su abuela. Su madre, Karla Paola, al descubrir que el reptil asoleaba cerca de las macetas, dominó la sensación de terror y fascinación que ejercen las víboras y, ante la mirada de asombro de la pequeña, quien tenía entonces cinco años de edad, decidió capturarla y resguardarla en una cubeta de plástico, hazaña de una mujer joven, valerosa, que dio ejemplo a su hija. Ambas dialogaron e investigaron la clase de reptil a la que pertenecía aquel animal con la intención de conocer los riesgos que enfrentaban al mantenerlo cautivo unas horas o tal vez un día. Tenía similitud con las víboras de cascabel, pero madre e hija descubrieron que se trataba de otra especie. Averiguaron el tipo de alimentos que consumía y los depositaron en la cubeta que siempre permaneció tapada y ventilada. Llamaron a los bomberos, quienes por alguna razón, aparentemente de horario o personal, argumentaron que no podrían rescatar ni trasladar al animal a un albergue seguro, y aconsejaron, apresuradamente, que lo resguardaran e investigaran, entre los vecinos, si pertenecía a alguno. Y se marcharon. La joven y la niña acordaron que al siguiente día se trasladarían hasta un paraje natural, entre barrancos y montañas, próximo a un río y una cascada, donde caminaron y liberaron a la serpiente. La niña tiene demasiada imaginación y le encanta leer. Juega, es verdad; sin embargo, algo le embelesa de los libros que se entrega a sus letras, a la información, al conocimiento. Le encantan los caracoles marinos, las flores y los rompecabezas. Karla Paola, su madre, ha hecho una pausa existencial, un paréntesis dentro de su vida, para entregarse por completo a la educación de la niña, y con mayor calidad en una etapa en la que el coronavirus y otros signos, atentan contra la humanidad. La niña y su madre viven un ciclo que vale demasiado. No tiene precio. Se trata de un proceso de convivencia y educación invaluables. Seguramente nunca lo olvidarán. Siempre quedará grabado en la memoria de las dos, en sus sentimientos, en su alma, como un regalo de Dios, y así se construye el camino a la inmortalidad. Por cierto, el nombre de la pequeña es Laura Giselle, y vive en algún rincón del mundo.

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Luis Navarro García, una marca que da confianza

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es una marca humana que da confianza. Es su cumpleaños. Es un ser humano extraordinario. un hombre bueno y honesto que ha acumulado experiencia y cuenta con una trayectoria reconocida como empresario y funcionario público municipal, estatal y federal.

Ante todo, es un ser humano, una persona, un hombre que nació en Morelia, capital de Michoacán -estado que se localiza al centro-occidente de México-, donde su nombre y sus apellidos permanecen grabados en la memoria de la gente que lo conoce y que, en algún momento de sus vidas, lo han tratado.

Se trata, obviamente, de Luis Navarro García, el hombre que, a pesar del enojo de quienes lo consideran adversario e incluso obstáculo para sus aspiraciones políticas, se encuentra presente, desde hace meses, en el transporte público y en las azoteas -en los espectaculares-, con la promoción de su iniciativa ciudadana “Morelia nos toca”, orientada a la participación social, a trabajar en proyectos integrales bajo la fórmula autoridades-población y a propiciar el desarrollo, el bien común y transformaciones sustanciales en todos los ámbitos.

Es el mismo personaje amable, sonriente y honesto con quien colaboré, profesionalmente, hace algunos años, cuando impulsó con éxito el programa ciudadano “Haz barrio”, tendiente a fomentar el consumo local, dinamizar la economía municipal y regional y fortalecer los negocios pequeños, el autoempleo, las empresas familiares.

Me consta que entonces, como titular de una dependencia municipal responsable de la economía y las inversiones en Morelia, dio lo mejor de sí, presentó resultados positivos y logró, como hoy con su propuesta, colocar “Haz barrio” en un peldaño de excelencia que propició despertar conciencias sobre la relevancia, necesidad y urgencia de apoyar el consumo local, proyecto que más tarde, en la siguiente administración, fue desdeñado.

Uno, parece, no termina de conocer a las personas. En las horas de los desafíos, los planes y los retos, es cuando, generalmente, hombres y mujeres se prueban realmente y demuestran de qué clase de arcilla están hechos.

Hace algunos años, tras concluir su más reciente cargo público -secretario de Fomento Económico en la capital de Michoacán-, Luis Navarro García resultó electo presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia, una de las agrupaciones empresariales de mayor antigüedad y tradición en México -fundada en 1895 por el ferretero alemán Luis Andresen y protocolizada en 1896 por el hombre de negocios y hacendado Ramón Ramírez Núñez- con el reto principal fue rescatar la estabilidad financiera de la misma y asegurar su autonomía económica. Y lo logró.

Parecía descomunal su reto, pero él, acostumbrado a enfrentar desafíos, fue tenaz y dedicó semanas y meses -oh, el tiempo es vida- a subsanar las finanzas y, por añadidura, entregar, al final de su gestión, una administración sustentable. Lo que parecía imposible, lo hizo realidad por medio de entrega, trabajo, disciplina, esfuerzo y honestidad.

En aquellos días, los de postrimerías de 2017, tuvo la amabilidad de invitarme, como artista y escritor, periodista e investigador, a crear una obra, un libro acerca de la historia de la institución empresarial, anticipándome que antes de publicarlo, tendría que devolverle su capacidad económica a la asociación de comerciantes, lo que, evidentemente, significaba que yo correría el riesgo de que mi manuscrito quedara en espera de otra oportunidad. Saldar deudas millonarias y rescatar a la Cámara de Comercio de Morelia, era su prioridad.

Comprendí que los datos, la información y la historia de la Cámara de Comercio de Morelia estaban dispersos, rotos y extraviados. No resultaría sencillo investigar y escribir un libro con las características deseadas. No obstante, el nombre de Luis Navarro García vale mucho e inspira confianza y respeto, credibilidad absoluta, motivo por el que acepté la invitación con la certeza de que publicaríamos la obra. Creí en él porque es una garantía, una marca humana confiable, y el prestigio y los valores no se encuentran en las vitrinas ni en los anaqueles de las tiendas, y menos tras cristales que exhiben maniquíes alumbrados por reflectores, como es el estilo de vida de tantos políticos aferrados al poder, quienes se adueñan de partidos y votantes.

El tema del libro pertenece a otra historia. Únicamente explicaré, por hoy, que a pesar de las dificultades, las críticas, los obstáculos y los problemas, Luis nunca claudicó y sí, al contrario, luchó arduamente con la idea de cumplir sus promesas y dar algo más, una constancia para la historia dedicada a los empresarios de Morelia.

No pocas veces, Luis Navarro García se ha referido a la obra 123 años de historia, Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia, como “nuestro libro”, y tiene razón, a ambos pertenece la dicha y el privilegio de ser autor y presidente, respectivamente. Creyó en el proyecto y lo defendió. Hasta consiguió el respaldo de los empresarios. Me acompañó y se involucró conmigo en aquellas jornadas inolvidables de revisión y diseño. Comprobé, una vez más, que Luis Navarro García no es un figurín improvisado que vista a la moda de los partidos políticos; es un personaje, un ser humano que no defrauda ni traiciona. Si se involucra en un proyecto, en alguna promesa, entrega lo mejor de sí, ofrece resultados y cumple.

Hoy celebra su cumpleaños dignamente. Y aunque sus adversarios lo critiquen y otros lo vigilen, insisto en que Morelia necesita políticos como él, hombres y mujeres con marca registrada, porque es garantía del compromiso y la responsabilidad que requieren los mexicanos para deshacerse de la basura y transitar a verdaderos estados de bien y desarrollo social. Feliz cumpleaños y mucho éxito en tu vida, Luis. Gracias por tu amistad, por ser quien eres y por dar ejemplo de calidad humana.

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Niños, Adolescentes, Jóvenes: Renata Sofía, la artista*

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es artista. Trae consigo la esencia de la creación, el estilo y la inspiración, la sensibilidad, el amor y la pasión por el arte. Dibuja, pinta y da forma y vida a los materiales yertos.

Escucha la música que tanto le gusta; aunque, en ocasiones, flota en su estudio ese ambiente de rumores y silencios que se percibe en los talleres de los artistas, y hasta a ella se le nota reflexiva, inmersa en sí, entregada a su creación.

Traza figuras y líneas sobre las hojas de papel o en el lienzo, y lo disfruta tanto, que traslada sus esbozos a otras fronteras, a sus sueños, mientras duerme, y a sus mañanas, tardes y noches, entre una hora y otra, porque el artista lleva sus obras en su ser. No renuncia a su arte.

Una vez concluido el dibujo, lo escudriña minuciosamente, lo revisa, lo observa desde diferentes ángulos, y lo perfecciona, si es necesario, hasta que desliza los pinceles, aquí y allá, con la destreza y seguridad de quien se fusiona en su obra, a la que entrega parte de su vida, un trozo de su ser, un semblante de sí, la magia del proceso creativo que emula a Dios y a la naturaleza.

Ella, Renata Sofía, quien a sus 14 de edad ya posee su firma artística que plasma en cada dibujo, pintura y objeto plástico, conserva a su lado, entre libros y papeles de su escuela -la secundaria-, el caballete que su padre mandó fabricar, hace años, a un carpintero, y le regaló un sábado con la idea de estimular su creatividad y talento.

Un día, entre un juego y otro, alguna película y una más, su padre la invitó a pasear y la llevó cargada hasta la carpintería, donde, emocionada, descubrió, a sus tres años de edad, el caballete tan anhelado, el cual, desde entonces, forma parte de sus cosas tan queridas, en su habitación pletórica de muñecas, recuerdos, pinceles, fotografías y libros.

Y los siguientes años de su infancia, supo mezclar los juegos, las tareas, las diversiones, los paseos y el estudio con su pasión innata al arte. Dibujar y pintar son, para ella, prioridad, un gusto, una necesidad, un delirio, la llave que abre la puerta a un cielo infinito.

A los 11 años de edad, por actividades inherentes a la escuela, ya había participado en los teatros de su ciudad natal, a través de las artes escénicas; sin embargo, el dibujo, la pintura y la escultura fluyen en sus arterias, en su linaje, en su alma, en sus sentimientos, en su vida, en sus sueños, en sus ideales y en sus pensamientos.

Su madre y su padre le compran y regalan cuadernos de dibujo, lienzos, pinceles, espátulas, pinturas y materiales con la idea de que prosiga con su trabajo creativo, con sus obras de arte de adolescente.

Renata Sofía, realiza estudios secundarios y aprende Tae Kwon Do, en su país de origen, donde sueña y vive como adolescente, con el anhelo, cada día, de dedicar unas horas al arte, al dibujo, a la pintura, a la plástica.

Sabe que la grandeza consiste en la suma y multiplicación de detalles. Busca soluciones y respuestas favorables a los desafíos, los problemas y las adversidades, y aprovecha la corriente a su favor para crecer y evolucionar. No desconoce que los abismos, barrotes, fantasmas, muros y sombras existen en quienes no se atreven a ser ellos mismos ni a escalar la cumbre para trascender.

El artista es un ser cautivante, prodigioso y especial que conoce la entrada al paraíso y su retorno al mundo, al cual alumbra y guía con su arte que viene de su interior y del cielo sin final. Es un enviado de Dios, una estrella, que anticipa la belleza y los tesoros del infinito. Y Renata Sofía, como artista, promete algo grandioso.

* Niños, Adolescentes, Jóvenes, es una sección de este blog, basada en personajes e historias reales. Es un reconocimiento a las minúsculas que un día serán mayúsculas, a la infancia, a la adolescencia y a la juventud de todo el mundo. Por tratarse de menores de edad, en el texto se omiten apellidos y pueblos, ciudades y naciones de origen.

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De nombre y apellidos. Luis Navarro García: Morelia nos toca

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es algo más que un eslogan, una llave política, una máscara, un truco, una ocurrencia o una moda; se trata, en realidad, de un estilo de vida, un anhelo, una y muchas acciones más por objetivos comunes, un compromiso, una realidad. Morelia nos toca, es un deseo legítimo de transformar el entorno, agregarle lo mejor de sí y multiplicarlo para bien de los habitantes de la capital de Michoacán* y las poblaciones aledañas.

Creador de esta iniciativa ciudadana, Luis Navarro García, empresario en el ramo mueblero, explica que Morelia nos toca presenta dos ángulos, el de su clima, sus paisajes naturales, su inigualable arquitectura colonial, su historia y sus tradiciones, que cautivan y enamoran a quienes tienen la fortuna de conocer ese rostro y sentirse envueltos en un ambiente privilegiado que a veces se siente, por lo que es, pedazo de terruño, rincón del mundo irrepetible, hermoso e inolvidable.

Morelia, agrega el empresario, abraza y envuelve con sus atributos, con lo que es en esencia y forma, siempre con algo bueno para quienes moran en su geografía y, desde luego, para aquellos que la visitan y recorren fascinados por sus atractivos.

En ese sentido, Morelia es vida y naturaleza, musa e inspiración, abrigo y diversión, estudio y trabajo, hogar y paseo, ambiente familiar y social, hogar y poema, escenario de múltiples expresiones que cada instante escriben la historia de hombres y mujeres que la habitan o la conocen y exploran. Morelia es cuna, principio y fin, punto de encuentro, y toca a todos con su encanto.

La otra vertiente de Morelia nos toca, argumenta el exfuncionario público y expresidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la capital de Michoacán, consiste en lo que a cada morador, hombre o mujer, corresponde entregar lo mejor de sí a favor de la ciudad y las poblaciones rurales que forman parte del municipio.

Existe una multiplicidad de alternativas para hacer algo positivo e importante por Morelia, sin olvidar que al llevarlo a cabo, el efecto resultará grandioso y favorecerá a la generación de la hora contemporánea, desde niños hasta personas de mayor edad, y a quienes se sumen después a las familias, a las comunidades, a la sociedad, argumenta Luis..

Dentro de su proyecto ciudadano, diariamente suma y multiplica el número de personas que se sienten atraídas por su propuesta, ya que la perciben como es, ausente de rufianes políticos, abierta a iniciativas orientadas al bien, al progreso integral y sostenido.

Evidentemente, este hombre -empresario, expresidente de la agrupación de comerciantes más antigua y de mayor tradición en Michoacán y exfuncionario municipal, estatal y federal en materia económica-, quien nació en una familia tradicional y ha radicado en Morelia por el amor que le tiene a su cuna, a lo que es tan de uno cuando se nace con el orgullo de un lugar, es concertador y respetuoso, dispuesto a escuchar, diseñar estrategias, desafiar obstáculos, enfrentar problemas y presentar resultados positivos.

Resulta entendible que la gente, en México, se sienta defraudada de la clase política, con una carga impositiva voraz e irracional que embiste y desnuda y no corresponde a la capacidad y a las respuestas gubernamentales, y el peso de una burocracia lenta e ineficiente, en un entorno de caos general, salpicado de desempleo, devaluación, carencia de inversiones productivas, inseguridad, desmantelamiento de la educación y la salud versus los mercenarios que están aprovechando esa crisis, desigualdad social, inflación, atropellos, injusticias y deshonestidad.

Ante tal escenario, amplio porcentaje de hombres y mujeres, en la geografía nacional, siente repugnancia por los mismos rostros cínicos que cambian de partido político de acuerdo con su conveniencia e intereses, como si mudarse de institución y abanderar otros colores influyera en la rectitud de las personas.

Aclaro, por surgen críticas o dudas, que Luis no es oportunista ni alguien que pretenda resurgir de sus cenizas, como existen algunos casos muy evidentes en la Morelia que toca a sus moradores. Me consta que es hombre independientemente, libre de grupos políticos, amigo y conocido de todos, cuyo interés se basa, exclusivamente, en contribuir al progreso y la tranquilidad de la ciudad donde nació.

No acostumbro, en mis artículos, adular a la gente. Jamás lo he hecho, y cuando me lo solicitaron en los medios de comunicación, me molestó demasiado recibir instrucciones para actuar como farsante y mercenario. No recibo dinero ni favores a cambio de publicarle a alguien un texto elaborado entre los maquillajes de un tocador cargado fotografías, teclas y letras encantadoras, motivo por el que tal vez me encuentro desterrado de grupos que se apropian de las oportunidades laborales y profesionales; sin embargo, ese rasgo da la certeza, también, de que si, como escritor y periodista, hablo de una persona, es con autenticidad, y hoy, al mencionar el nombre de Luis Navarro García, lo hago en reconocimiento a la labor ciudadana que realiza con la idea de aportar algo positivo a Morelia Y claro, lo escribí correctamente, tocador. En eso se convierten los escritorios cuando alguien maquilla y publica historias y perfiles lejanas de la realidad.

Evitaré relatar las historias que él y yo, como amigos, hemos compartido, unas veces en la oficina con alguna responsabilidad y otras, por ejemplo la oportunidad que me dio de escribir y publicar el libro 123 años de historia, Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia, cuando fue presidente de esa agrupación, y me concretaré a exponer que tiempo atrás, al tener la responsabilidad de desempeñar el cargo de secretario municipal de Fomento Económico, respaldó otra iniciativa, en conjunto con empresarios y consumidores, denominada Haz Barrio, la cual, por cierto, ausente de banderas políticas, contó con el respaldo de incontables ciudadanos interesados en favorecer el consumo local y fortalecer los negocios familiares y pequeños.

Coordinó el proyecto con agrupaciones productivas de Morelia -Comerciantes y Vecinos del Centro Histórico, Chapultered y Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados de Michoacán, por citar algunas-, y tal esfuerzo conjunto llevó a que incontables familias tuvieran mayor conciencia de destinar parte de sus compras en tiendas locales con la consecuente reinversión y circulación del dinero, acción que coadyuvó a fortalecer los negocios familiares y pequeños y conservar el autoempleo y diversas fuentes laborales. Fue un programa exitoso que, lamentablemente, en la administración municipal que le sucedió no recibió el apoyo ni la importancia que merecía por sus resultados favorables, actitud caprichosa y necia que no es de extrañar en un gobierno que derrochó recursos en construir un andador con pista, juegos y mesas y bancas de concreto a la orilla de un canal de desagüe y en clausurar vialidades en el centro histórico, como quien gasta su presupuesto en comprar adornos antes de restaurar y ordenar su casa.

Tras el breve paréntesis, es prioritario informar que la propuesta que Luis Navarro García diseñó y promueve, está abierta, según explicó, a la aportación de iniciativas ciudadanas, aplicables y realistas, que sumen y multipliquen progreso, igualdad, respeto, justicia y cambios estructurales y de beneficio colectivo en temas relacionados con empresas, inversiones productivas, compra local, generación de empleos, educación, seguridad, mejoría de los servicios públicos y salud, entre otros.

Recientemente, tras varios meses de ausencia, coincidí con Luis Navarro García, a quien acompañé a una entrevista con otro amigo mutuo, mi colega Víctor Armando López Landeros, director general de La Página Noticias. La entrevista, transmitida en vivo a través de la web del portal de noticioso, consistió, básicamente, en la iniciativa Morelia nos toca.

Al escuchar los planteamientos de Luis, quien ahora tiene 42 años de edad, me pareció mirar al hombre emprendedor, inagotable y entusiasta, tiempo atrás, en su etapa de secretario municipal de Fomento Económico, con quien un fin de semana, otro y muchos más salíamos a las avenidas y calles de Morelia a promover la iniciativa Haz Barrio. Con el equipo de trabajo que tenía en aquellos días, aprovechábamos los semáforos en rojo con el propósito de convencer a los automovilistas del programa ciudadano Haz Barrio y pegar calcomanías en los cristales; pero también recorrimos mercados y calles, siempre motivados por el liderazgo, la energía y el optimismo que le caracterizan.

He mirado su imagen en múltiples espectaculares instalados estratégicamente en la capital de Michoacán, indicativo de que cada día mayor cantidad de personas se adhieren a la iniciativa ciudadana Morelia nos toca, indudablemente porque es más la gente que desea aportar y construir que arrebatar y destruir.

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*Morelia es capital de Michoacán, estado que se localiza al centro-occidente de México. Morelia fue fundada el 18 de mayo de 1541

Mensaje del empresario Luis Navarro García sobre su iniciativa Morelia nos toca
Entrevista a Luis Navarro García, en La Página Noticias

De nombre y apellidos: José Guadalupe Muñoz Márquez, el hombre de Radio Ranchito

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La vida escapa, huye, se consume entre un suspiro y otro. Nada es permanente. Todo queda en la memoria, en las huellas que dejamos, en lo que un día y otro hacemos por nosotros y por los demás, en la historia, buena o mala, que escribimos…

Lo conocí en 1989, hace 31 años, cuando en mis días juveniles iniciaba mi carrera periodística y laboraba en un diario, El Sol de Morelia*, con la responsabilidad de cubrir la fuente económica y empresarial. Una vez al mes, él y sus compañeros se reunían, en aquella época, en uno de los salones adyacentes al Centro de Convenciones de la capital de Michoacán*, con la idea de convivir, escuchar a algún conferencista y cenar.

José Guadalupe Muñoz Márquez era, entonces, gerente de Radio Ranchito, radiodifusora perteneciente al grupo de la familia Zorrilla. Formaba parte de la asociación Ejecutivos de Ventas y Mercadotecnia de Morelia y asistía puntualmente a las reuniones. Se sentaba, generalmente, al lado de Raymundo Rodríguez Macías, gerente de Grupo Acir, un grupo de radiodifusoras en la misma ciudad de Morelia, a quien sus amigos llamaban “Topo Gigio”, seguramente por el parecido que tenía, según algunos, con aquel personaje creado por la italiana María Perego y que Raúl Astor acompañó en diferentes series de televisión.

Las bromas de ambos gerentes de radiodifusoras eran fuertes y yo, que era muy joven y siempre portaba algún manuscrito y un libro al lado de mi libreta de reportero, prefería saludarlos con alegría y respeto. Evidentemente, asistían otros empresarios conocidos en Morelia, entre los que destacaban Julio Pacheco Aguilar, uno de los mejores sastres de México; Manuel Garrido Mejía, distribuidor automotriz; Juan Jaubert Jauffred, entonces propietario del almacén centenario El Puerto de Liverpool, en la ciudad, y cónsul honorario de Francia en la capital michoacana; Jaime Rafael Rodríguez Chávez, distribuidor de Pinturas Comex, fábrica que pertenecía a la familia Achar; Rubén Molina Almonte, dedicado al ramo zapatero.

Algunas veces, al evocar las horas y los días de antaño, José Guadalupe Muñoz Márquez explicaba que su familia había llegado a Morelia al escapar del movimiento cristero que afectó a México, principalmente, entre 1926 y 1929, ciudad donde más tarde, en sus años juveniles, se dedicó al negocio de la ropa e incluso, agregaba, a la venta de colchas y cobijas que vendía a crédito, como los antiguos aboneros.

Dos años antes, mi hermano Francisco Javier, locutor, había ingresado, demasiado joven, a Radio Ranchito, coyuntura que me permitió conocer, por referencia, a ese hombre de carácter bromista con sus amigos y enérgico en los negocios y en el ambiente laboral, aunque con grandes sentimientos y dispuesto a escuchar y aconsejar.

Años después, tuve oportunidad de tratarlo y convivir con él, y soy testigo, en verdad, de su carácter enérgico cuando se requería y de su amabilidad, sonrisa y bromas en otros momentos informales, con los amigos, o su rasgo de hombre caritativo.

Todos los días, al caminar, entonces, por los portales típicos de Morelia, construidos durante el Virreinato, donde se establecen diversas cafeterías y restaurantes, desde los que se contemplan la catedral barroca y algunos palacios centenarios de cantera, miraba al hombre con sus amigos, quien hacía un paréntesis dentro de sus actividades para disfrutar un rato de plática y convivencia.

Acontece que los días transcurren implacables, hasta formar años, tiempo que a veces da pautas con la intención de que uno conozca a la gente, y me parece que él, el señor Muñoz, combinó, en Radio Ranchito, la fórmula perfecta, igual que una ecuación precisa, al ofrecer música apropiada al perfil de la estación y del público numeroso que la escuchaba, radionovelas de personajes populares -Kalimán, el hombre increíble; Porfirio Cadena, “el ojo de vidrio”; La Tremenda Corte, con Tres Patines; y Pedro Infante, por citar tres ejemplos, y anuncios innovadores, casi diseñados y grabados a la medida y las necesidades de la gente, en las comunidades y en las colonias proletarias, antes de la llegada de los teléfonos celulares, desde vacas y animales mostrencos, perdidos o recuperados por los jefes de Tenencia, hasta mensajes sobre fallecimientos, horario de velación y sepultura, cancelación de alguna cita o reunión, los cuales, por cierto, resultaban muy sui géneris y propios de una época y diferentes generaciones.

Ese hombre de cabello encanecido, totalmente blanco, quien alguna ocasión fue presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión en Michoacán y que solía concluir muchas de sus pláticas con la expresión “Radio Ranchito me gusta más, tan tan”, ayudaba generosamente a otras personas con necesidades económicas, enfermas o con hambre. Buscaba su cartera, de la que sustraía uno o varios billetes, acto que demostró siempre, el de su caridad, que si bien es cierto que con su carácter enérgico y su disciplina fortalecía su autoridad, era un ser humano con sentimientos nobles, dispuesto a aliviar el dolor de la gente menos favorecida.

Muchas veces lo miré en las calles del centro histórico de Morelia, ciudad fundada el 18 de mayo de 1541, con un pequeño portafolio con documentos de cobranza. Fue gerente de la empresa, pero también gran vendedor de anuncios comerciales y cobrador. Respetaba y valoraba la empresa denominada Radio Ranchito, e igual al público, y la prueba está en que no le agradaba mezclar problemas en la programación. Aseguraba que la gente tenía mortificaciones y problemas como para sumar más conflictos en los programas de la estación.

El señor Muñoz, don José Guadalupe Muñoz Márquez, manifestaba, cuando alguna plática o determinado asunto le parecían baladíes e ilógicos, “estas son mafufadas”. En México, mafufo es una persona que fuma marihuana o que es loca y disparatada.

Murió el jueves 3 de septiembre de 2020, quizá con la memoria de su historia, acaso con los ecos de la música ranchera, los anuncios peculiares y las radionovelas de Radio Ranchito, probablemente con el recuerdo de los cafés al aire libre en los portales típicos de Morelia, tal vez con todo lo que significó su vida productiva. Supongo que las generaciones que en determinados instantes de sus vidas escucharon Radio Ranchito, lo han de recordar con cariño en aquella ciudad y sus alrededores.

Comparto algo de lo que escribió mi hermano, Francisco Javier Galicia Rojon, sobre el otrora gerente de Radio Ranchito, un gran personaje dentro de la radio comercial de Morelia y México, hombre él que se formó a base de disciplina, trabajo, honestidad y respeto. Perteneció a la generación de personas que se forjaron en la práctica e hicieron de la radio una pasión, un deleite, una profesión hermosa:

“Con profundo dolor comparto la triste noticia del fallecimiento de mi exjefe, el señor José Guadalupe Muñoz Márquez. Para su familia, mi más sentido pésame. El señor Muñoz fue el hombre, en la gerencia, que mantuvo, durante décadas, en los primeros lugares a Radio Ranchito de Morelia, en el 1240 de A.M. Salía todos los días a vender publicidad; monitoreaba a su competencia, hacía sus propias mediciones con radio en mano, creaba conceptos aparentemente sencillos que tenían éxito, sabía dirigir a su personal; era el hombre que nos daba consejos de vida y que nos enseñaba sobre radio. Creó un sistema de trabajo y una línea a seguir que resultó en el gusto del oyente. Supo cómo llegarle a la gente de los ranchos, los pueblos y la ciudad; Radio Ranchito era la estación querida, potente y que más se escuchaba”.

En su relato menciona lo siguiente: “entrabas a un mercado, al transporte, a los comercios, a la central de autobuses, e ibas a algún puesto de periódicos, a bolear los zapatos, y en todos lados estaba prendido un radio en el 1240. El señor de las canas era de carácter fuerte, pero de buen corazón, bromista en algunas reuniones, conocedor del medio. Fue conocido por muchas personas de la audiencia por ser quien, junto con sus secretarias, atendía en la oficina a los cientos o miles de personas que llegaron durante todos esos años para poner un anuncio, de aquellos que le llamábamos “comunico”, característicos de la estación y que se usaban mucho en un tiempo en el que no todos disponían de teléfono para informar algo importante”.

Y expone: “creó un personaje conocido como el gangosito que atendía a algunas personas que salían al aire para ganarse un premio o simplemente a aquellos que llamaban de Estados Unidos de Norteamérica y querían saludar a sus familiares; él los atendía al aire. Muchas anécdotas y mucho conocimiento de la radio con el famoso “güero”, como le decían sus amigos”.

“En la estación que dirigió, formó a varios locutores que fueron a trabajar a otras empresas. Fue un centro de enseñanza porque, además, llegaron de otros lugares del país y del extranjero a aprender radio con él. Querían saber su exitosa fórmula. Hacía anuncios, a veces sencillos, que resultaban atractivos y exitosos por alguna frase que se le ocurría, como aquel que quedó en la memoria colectiva de Morelia: Con Muebles del Centro, el pueblo está contento”. Francisco Javier Galicia Rojon.

Tras recordar que con el paso de los años, algunos amigos comentaban a José Guadalupe Muñoz Márquez su parecido físico con el Papa Juan Pablo II, lo cual aparentemente no le molestaba, mi hermano y yo, junto con quienes tuvieron el privilegio de conocerlo, damos la vuelta a la página y llevamos su recuerdo en la memoria porque afuera, en la calle, entre los rumores de las ciudades, los pueblos y el campo, los días de la vida continúan, y quizá, en aquella ciudad de Morelia, Radio Ranchito continúa en la preferencia de ciertos sectores de la sociedad.

  • Morelia es la capital de Michoacán, estado que se localiza al centro-occidente de México. Morelia fue fundada el 18 de mayo de 1541

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Fotografía tomada del archivo familiar, en Facebook, del señor José Guadalupe Muñoz Márquez

De nombre y apellidos: Gasparini Fabiano, el niño que se enamoró de la cocina

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Del menú que le ofreció la vida, eligió el de la gastronomía. Desde temprana edad, supo que los colores, las formas y los sabores, cuando se mezclan con alegría, creatividad, pasión y originalidad, se convierten en platillos deliciosos, en ensaladas exquisitas, en postres magistrales.

Le fascina la cocina, acaso por el encanto que le provoca la mezcla de condimentos y sabores, probablemente por recordar sazones familiares, quizá por tratarse de su arte y su vida, tal vez por todo. Como que ya lo traía en su memoria, en su forma de ser. La gastronomía lo ha acompañado día y noche, la mayor parte de su vida, y es parte de su historia.

Gasparini Fabiano es originario de un pueblo enclavado en la provincia italiana de Treviso, llamado Sala D´Istrana. Nació en las horas postreras de 1978, precisamente el 13 de diciembre -día de Santa Lucía-, en un hogar humilde, donde ellos, sus padres -Gasparini Emiliano y Baldan Lucilla-, tuvieron cinco hijos, “dos chicos y dos chicas, en el lapso de nueve años. Fui el tercer hijo y el segundo niño de la casa”.

Sabe, por experiencia, que cada alimento natural trae consigo el aroma y el sabor del  huerto, de la campiña, de la hortaliza, y es, en consecuencia, la suma de los canales de riego, de la lluvia, del sol, del viento y de todos los nutrientes de la tierra, igual que un poema se compone de las letras y los signos del abecedario sin que algo le falte o le sobre.

Y entre la magia de las bebidas y la comida, aparecen las fórmulas, los platos, las recetas, los sabores y las fragancias que llegan hasta los comensales, desde gente anónima hasta personajes célebres, y todos, en un idioma global, se deleitan en una mesa y en otra, a cierta hora, como si se tratara de un paréntesis agradable y tranquilo, un lapso de la vida para convivir y disfrutar.

Gasparini es un hombre amable, conversador y sincero, alejado de apariencias. Es él quien habla de frente al abrir los baúles de sus recuerdos, la historia de su vida: “sinceramente, no me agradaba asistir a la escuela ni estudiar, y así, a los 11 años de edad, de pronto sentí inclinación por la cocina al ayudar a mi madre a preparar una salsa de tomate casera. Corté las verduras y me enamoré de la cocina”.

Reconoce que algo especial y prodigioso aconteció aquel día de su vida, al cortar verduras y participar en la elaboración de la salsa de tomate  Rescata del naufragio aquel capítulo infantil y recalca que a la edad de 13 años, decidió cursar en una escuela de gastronomía, de manera que su primer platillo, que no se elaboraba ni comía en casa, consistió en Macarrones Amatriciana.

Sonriente y emocionado, como quien repasa los momentos inolvidables de su existencia y se sabe vencedor y exitoso, Gasparini relata: “mi padre, mi madre y mis hermanos, sentados a la mesa, probaron con alegría y sorpresa los Macarrones Amatriciana que preparé en el colegio, y les encantaron tanto que, motivado, seguí elaborando otras recetas. Obtuve la aprobación familiar y eso es importante para caminar con mayor seguridad por las rutas de la vida”.

Un minuto se enlazó al siguiente y el otro formó una y muchas más, hasta transformarse en días, “y yo, entre las prácticas escolares y el hogar, estudié y también aprendí de mis padres algo más que cocina”, revela el hombre, quien se siente orgulloso de una profesión que es su estilo de vida.

Nostálgico, confiesa que su infancia fue regular, “no bien, no mal. Al ser el tercer hijo y el segundo niño de la casa, vestía la ropa que utilizaba mi hermano mayor. Recuerdo que durante la temporada de fiestas, como Navidad y Reyes, mis padres obsequiaban un solo regalo para todos porque resultaba preciso ahorrar dinero”.

Uno imagina al pequeño Gasparini, en la aldea italiana, con la ropa de su hermano mayor y compartiendo los juguetes y las cosas en casa. Ante la falta de recursos económicos, todo se volvió de uso común entre él y sus hermanos.

Ya en la adolescencia, salía con su hermano, mayor que él 21 meses. Eso significa que Gasparini era el más pequeño del grupo de amigos y, en consecuencia, ingresaba a discotecas donde estaba prohibido el acceso  a menores de 18 edad. “Recién cumplidos 13 años de edad, bebí cerveza por primera vez. A los 15 años de edad, fumé mi primer cigarrillo…”

Entre aquellas carencias, sus estudios y sus correrías juveniles, Gasparini deseaba materializar su sueño de fundar un restaurante antes de cumplir 30 años de edad, “y como todos los chicos de aquella época, reunir dinero para comprar lo que tanto deseaba”.

Y agrega: “no tenía un plan concreto. Y si tuvo aciertos en la cocina, también hubo momentos complicados, como aquella ocasión, cuando en la escuela participó en la preparación de un flan, al cual le correspondió añadirle la gelatina. Tiré la gelatina y mi reacción fue agregarle el agua que permaneció en el recipiente. Pensé que el agua conservaría la esencia de la gelatina e intenté salvar la dificultad. El resultado desencadenó la risa de mis compañeros y el regaño del profesor”.

Como Gasparini creyó fielmente en su sueño y fue constante en el trabajo, finalmente, al cumplir el período 1992-1997, se graduó en la escuela de gastronomía; aunque reconoce que al no ser buen estudiante, su calificación resultó con un promedio de los más bajos, con 66/100, en Treviso”.

Nunca olvidará, quizá, que mientras asistió a la escuela, laboró durante temporadas de verano en tres hoteles diferentes de playa, como ayudante de cocinero, donde tuvo un despertar como ser humano y adquirió, paralelamente, agilidad en sus actividades y sensatez en sus asuntos. “Conocí gente amable que me enseñó y ayudo en el empleo. A los 15 años de edad, cobré mi primer cheque por la cantidad de 850 euros, equivalente a aproximadamente un millón 600 mil liras italianas”.

Estudió y participó en el servicio militar, hasta que incursionó en su profesión: ayudante de cocina, cocinero, chef y dueño de dos restaurantes. “En mi carrera gastronómica, he intentado variar mi experiencia y he participado en diferentes ramos, como spaghettería, restaurante de pescado, chiringuito, catering, hoteles, comida italiana con máquina para elaborar pasta fresca, pizzería, trattoria. Fui responsable de un negocio”.

Él, Gasparini, soñó y pensó que algún día podría disponer de tiempo suficiente para escribir y publicar un libro de recetas; sin embargo, al descubrir la cantidad de personas que lo hacen y las promueven en youtube, a través de videos que cotizan, y notando lo fácil que es buscarlas en google, pensó que no valdría la pena. Se requieren bastante tiempo y demasiado trabajo. “Es impresionante la cantidad de personas que graban y publican recetas. Abundan en internet”.

Así es Gasparini, original, inquieto, creativo, innovador. Habla acerca de su estilo de vida, de lo que lo motiva a cocinar, de sus detalles. “Soy inquieto. Me gusta experimentar platillos con ingredientes variados. Unas veces, al crearlos, resultan deliciosos y otras, en cambio, en eso quedan, en pruebas. Siempre lo intento hasta obtener una comida exquisita. También incluyo, en ocasiones, ingredientes raros como pasta fresca al cacao con salsa de langostino, por ejemplo”.

Refiere que al principio, cuando los clientes escuchaban sus explicaciones y recomendaciones gastronómicas, quedaban perplejos; pero al probar los platillos, se sentían asombrados y les encantaban. No desconoce que uno de los secretos de la gastronomía consiste en la mezcla perfecta de los ingredientes, como si todos se tomaran de las manos para cumplir su misión en cuanto a sabor, aroma y presentación; sin embargo, tiene presente que la entrega, el amor, la pasión, el entusiasmo, la creatividad y la alegría, en el momento de cocinar, son, en verdad, la combinación que da un toque especial a cada receta, igual que el creador de arte deja las huellas de su estilo en cada obra que produce. A la cocina hay que llegar contento e inspirado, siempre con la idea de dar gusto a los sentidos de los comensales.

Sonríe nuevamente. Rescata de las evocaciones su primer año de estancia en España. Sabe que el aprendizaje tiene un costo, y en verdad protagonizó una experiencia complicada y graciosa, al mismo tiempo, cuando debía elaborar un pedido de comida y solicitó al proveedor de lácteos le surtiera burro, expresión que dejó perplejo al hombre. Gasparini insistía: “necesito burro. Me urge”. El agente, incrédulo y fuera de sí, escuchaba al cocinero italiano y no comprendía lo que en verdad deseaba, al grado que le parecía una locura utilizar un burro en la elaboración de las recetas de cocina. ¿En qué se relacionaba un animal de carga con la preparación y condimentación de alimentos? Definitivamente, no entendía al cocinero, hasta que se acercó el dueño del restaurante y aclaró la confusión. Explicó al proveedor de lácteos que mantequilla en italiano se define burro, y Gasparini, por su lado, aprendió la lección; aunque confiesa que todos sus compañeros, en la cocina, rieron por el incidente”.

Gasparini Fabiano hace un paréntesis, respira profundamente y expresa: “por el momento me siento demasiado feliz y satisfecho con mi vida. Poseo todo lo que una persona común puede anhelar: una familia, una casa propia, dos automóviles. Si no fuera por mi estado de salud, mi vida sería perfecta; pero no me quejo, soy y tengo mucho más de lo que esperaba”.

“Sé que todo se arreglará. Mi hija, mi huerto urbano, mi blog y mi afición por las redes sociales, me mantienen ocupado todo el día. Así permanezco entretenido, transcurre el tiempo y no pienso en asuntos negativos. En estos tiempos tan raros, es fundamental estar cerca de la gente que queremos e intentar vivir felices y plenos, como si cada día fuera una oportunidad nueva para realizarnos y se encontrara lleno de esperanza, sin mirar atrás”, plantea el gastrónomo italiano que radica en España.

Admite que tiene el proyecto de retornar a sus actividades una vez que sea operado de la espalda. Se encuentra en casa. Es un hombre activo y sabe, por lo mismo, que la cocina lo espera con el deleite de siempre.

Hace algunos años, fundó el blog Cocinaitaly, un espacio que ha resultado exitoso y referencia de la gastronomía italiana. Es un hombre que comparte su experiencia y conocimiento en materia culinaria. Tiene miles de seguidores y la página recibe innumerables visitas y comentarios positivos. Cada publicación refleja su amor y pasión por la cocina.

Habla Gasparini: “a la gente que tiene bien definido un proyecto, una ilusión, un sueño, y se siente segura de sí, le aconsejo que se atreva a realizarlo. La vida es una y si las personas no se atreven a protagonizar su historia, a cumplir sus sueños, tal vez mañana resulte demasiado tarde y se arrepienta. Si uno considera que no le va bien, habrá que buscar una solución, otras alternativas y rutas, pero al menos lo intentó. Nunca hay que darse por vencidos. Con buenos deseos y con voluntad, existen posibilidades de triunfar, evidentemente siempre que el entorno se encuentre integrado de gente positiva y honesta”.

Reflexiona y aconseja con el conocimiento y la experiencia que le han concedido los años de análisis: “pienso que el trabajo es importante, pero no es todo. Hay que experimentar la vida con equilibrio y de la mejor forma. Mira, he trabajado desde hace 25 años -un cuarto de siglo-, un promedio de 10 horas diarias, y sentirme enfermo a los 41 años de edad y sin poder realizar las actividades que me gustan, como el deporte, cocinar, la jardinería, pasear, convivir con mi esposa y jugar con mi hija sin padecer dolores, no es grato. Es necesario alcanzar el equilibrio, disfrutar cada día, descubrir lo bello en lo sencillo y ser feliz con lo que uno ama…”

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Blog Cocinaitaly, fundado por Gasparini Fabiano: cocinaitaly.wordpress.com

Fotografía de la colección de Gasparini Fabiano