Vamos a vivir

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Toda experiencia ajena a lo cotidiano, a la rutina, desmorona la mediocridad, construye y enriquece la vida, principalmente cuando es para bien de uno y de los demás. Cuando uno se atreve a vivir libre y plenamente, se da cuenta de que lo que suponia eran barrotes, simplemente formaba parte de una cerca endeble y despiadada con aspecto de mazmorra. La luz penetra a la habitación conforme se descorre el cortinaje pesado y se abren los ventanales. La oscuridad, en cambio, permanece hasta que alguien la desvanece por medio de la luz y sus colores mágicos. Incontables personas tienen miedo de renunciar a sus conveniencias aparentes y a su comodidad, se sienten más seguras como espectadores o creen que algún día llegarán hasta sus puertas las oportunidades, la fortuna y la dicha, cuando se trata de aprender y asimilar, descubrir el sentido de la vida y explorar senderos y rutas, conquistar abismos y cumbres. Tal vez, al intentar ser diferente, saltar el corral y vivir en armonía, con equilibrio, intensamente y con plenitud, quien se atreva a hacerlo, despertará el coraje y la envidia de otros, quizá hasta de las mayorías; pero tal experiencia de vida resulta inigualable y es, en verdad, una aventura grandiosa, una verdadera epopeya. La vida es breve. Es necesario crecer, evolucionar y ganar los siguientes peldaños. Vamos a vivir.

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Mujeres de siempre: Anna Waldherr, dama y escritora, abogada y defensora de los pobres

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Nuestra sociedad está enamorada de la riqueza y la fama. Idolatramos a los multimillonarios. Mientras tanto, la brecha entre ricos y pobres está creciendo. Pagaremos un alto precio por esta inequidad. El talento se desperdicia a medida que aumenta la inquietud. Los demagogos, dispuestos a explotar la división para sus propios fines, incitan a la violencia. A menudo descartamos las vidas de las llamadas personas comunes. Pero la gente común es la columna vertebral de la sociedad. Ellos pelean las guerras, apagan los incendios, dan personal a los hospitales, construyen las casas, cultivan los campos, manejan las fábricas, transportan las mercancías y mantienen todo. desde las alcantarillas hasta las torres de telefonía celular de las que depende la sociedad …” Anna Waldherr

Hay seres humanos que enfrentan, en alguna etapa de sus existencias, historias, momentos, experiencias y acontecimientos desgarradores que, más tarde, tras sus luchas para no permanecer rotos ni sucumbir tras los barrotes y las celdas de sus fantasmas, y sí, en cambio, superar las adversidades y el daño que alguna vez les causaron manos despiadadas, comparten con valentía, a otros, sus lecciones de vida y así diseñan y alumbran rutas para compartir la alegría, los valores, la dignidad, el bien, la verdad, la plenitud y la libertad.

Se trata de hombres y mujeres que sufrieron pobreza, dolor, soledad, abusos e infortunio, y que, lejos de empequeñecer y quedar atrabados detrás de los muros del miedo, desafiaron a los monstruos y las sombras que se les presentaron y repitieron a una hora, a otra y a muchas más, hasta liberarse de ataduras, recuperar la felicidad y la vida que parecían desvanecer y convertirse en seres grandiosos y ejemplares.

Anna Waldherr es, ante todo, mujer y dama, escritora y abogada, y algo más, uno de esos seres humanos extraordinarios que dan de sí y piensan en los demás, en los que sufren, en los pobres, en la gente maltratada. Irradia amor, sentimientos nobles, y aplica sus conocimientos y su experiencia en la justicia.

Reseña que nació en Manhattan y creció en Bronx, uno de los suburbios más empobrecidos de la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos de Noreamérica, en la década de los 50, en el cautivante, grandioso e inolvidable siglo XX. Recuerda que vivía con sus padres en un vecindario de clase trabajadora; pero reconoce, igualmente, que todavía en la actualidad hay zonas, en Bronx, que se encuentran sumergidas en la indigencia.

Envuelta en sus recuerdos y en sus sentimientos, rodeada de sus libros y de sus experiencias, junto a los años que se han consumido, Anna admite que ellos, sus padres, eran inmigrantes, trabajadores y refugiados que se conocieron en un campo de desplazados al concluir, en 1945, la Segunda Guerra Mundial.

Repasa las páginas de su historia, dispersas en los muchos días del ayer, hasta que expresa que sus padres “llegaron a este país -Estados Unidos de Norteamérica- con poco más que la ropa que llevaban puesta. Desafortunadamente, no pudiron terminar su educación debido al conflicto armado” que marcó a la humanidad y destruyó tantas cosas y trajo otras más.

No obstante, sus progenitores trabajaron arduamente y se las ingeniaron para comprar una pequeña casa y adquirir un negocio. Transmitieron a sus hijos “su ética de trabajo, lo cual impulsó mi éxito profesional, igual que el valor otorgado a la educación. Mi padre y mi abuela, en tanto, me transmitieron su fe cristiana”.

Al navegar por las rutas de su memoria, se encuentra a sí misma, con una Anna Waldherr en minúsculas, pequeña, en la primavera de su existencia. Se descubre en la infancia consumida por los días y los años, y habla de lo que para otros, menos fuertes, podría significar quebranto y tristeza, dolor y llanto, malestar e infortunio: “mi padre abusó sexualmente de mí durante toda mi infancia…”

Tras un lapso de silencio, respira profundamente y argumenta: “el abuso sexual terminó en mi adolescencia, etapa demasiado complicada para mí en diversos aspectos, conflicto al que se sumó la ausencia de mis abuelos, cuya presencia en casa, en la vida familiar, “había funcionado como amortiguador. Ya no estaban con nosotros. La ira de mi padre, definitivamente no se contuvo. Aumentó su enojo considerablemente. Nosotros, sus hijos, éramos, en ese momento, lo que se conoce como niños con llave”.

Por lo anterior, Ana Waldherr está convencida de que “los padres y las madres, preocupados y responsables, deben permanecer involucrados en las vidas de sus hijos e informarse acerca de los signos del abuso infantil, cuando desgraciadamente lo hay. Con demasiada frecuencia, los progenitores consienten que sus hijos miren televisión, películas y material en línea, sin supervisión. Los menores acceden a las redes sociales, medio que aprovechan los depredadores sexuales”.

Y agrega la escritora y abogada: “Los niños solitarios son más vulnerables que aquellos que tienen diálogo y relación abierta y permanente con sus padres. Los adolescentes, en tanto, están totalmente expuestos a imágenes sexualmente gráficas e incluso se encuentran en riesgo de intentar la emulación del comportamiento de los adultos”.

Ana Waldherr -la escritora, la mujer, la abogada, el ser humano-, ha acumulado experiencia y conocimiento, y se nota cuando declara que los padres deben elegir con cuidado y responsablemente a los adultos confiables que pueden estar al lado de sus hijos. Y en el caso de las madres solteras, es fundamental que sean más cautelosas. Es prioritario que todo padre y madre permanezcan atentos a las señales de abuso infantil, mantener abiertas las líneas de comunicación con sus hijos, fortalecer la confianza y reaccionar con madurez y sensibilidad si ocurre el acoso o la violación”.

No olvida que, en primer término, las víctimas de abuso infantil deben sentir que no fueron responsables de la violación. Reconoce que con frecuencia, las víctimas sienten culpa y vergüenza persistentes. Es indispensable, en consecuencia, que sepan que no están solos, recomienda.

Denunciante y autora de una diversidad de artículos relacionados con abuso infantil, miseria e injusticias, admite que es común que las víctimas se hayan sentido abandonadas y rechazadas; no obstante, “millones de persomas experimentamos la misma violación, y millones, también, estamos listos para extender una mano amiga. Los sobrevivientes de abuso sexual, generalmente presentan las cicatrices de lo que enfrentaron: ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático, disfunción sexual y una serie de afectaciones preocupantes”.

Con un sentido humano, esta mujer de siempre, manifiesta que “las víctimas de abuso sexual no deben sentirse contaminados ni disminuidos. Son dignos de amor y valiosos a la mirada de Dios. Sus existencias pueden resultar significativas. Uno entiende la ira que sienten por el abuso. La amargura no es una estrategia últil a largo plazo; al contrario, resulta corrosiva para todo ser humano. Esas personas merecen algo mejor”. Recuerda al poeta George Herbert, quien escribió “vivir bien es la mejor venganza”.

La maestría existencial tiene un precio. A veces hay que pagar el costo de la experiencia y del conocimiento, las lecciones por las que uno pasa, y así es ella, Anna Waldherr, una dama, una mujer, un ser humano firme y sensible, dedicada al bien, preocupada por los que sufren, dispuesta a ayudar.

Opina que los otros, “los abusadores, anteponen sus propios deseos egoístas, sus apetitos, a los derechos y a las necesidades de los niños. Y no es de extrañar que amplio porcentaje de tales personas, también hayan sido violadas en algún momento de sus existencias. Evidentemente, esto no significa que los sobrevivientes de abuso sexual estén destinados a convertirse en violadores. De hecho, la mayoría de quienes han sufrido abusos, nunca los cometen”.

Lamenta que los seres humanos tiendan a repetir patrones familiares. “La ausencia de buenos modelos a seguir, exacerba el problema”, asegura la especialista, quien invita a los adultos, una y otra vez, a permanecer en comunicación con sus hijos, establecer canales de diálogo, y ofrecerles toda la confianza.

Y agrega, preocupada y reflexiva: “la motivación de la gente que comete atrocidades e injusticias contra los demás, varía de acuerdo con la clase de maltrato infantil, que lo hay por negligencia, sexual, fisico, emocional. Muchos de quienes enfrentan maltrato físico o emocional, desahogan sus frustraciones y sentimientos de impotencia, lo cual, por cierto, no justifica el abuso. De hecho, existen formas y mecanismos más saludables y apropiados para que los adultos se estabilicen y sanen, en la medida de lo posible, sin que descarguen su ira contra los niños indefensos”.

Autora de dos libros y fundadora de un par de blogs, Anna habla con mortificación de aquellos seres humanos que padecen y opina que “la negligencia puede resultar de narcisismo, depresión severa y/o consumo de drogas. El abuso sexual es otro tema. Algunos abusadores de niños se engañan a sí mismos al manifestar que, simplemente, están instruyendo a un pequeño en el sexo y que la violación a un menor es en realidad un acto amoroso. Nada más lejano de la realidad. Otros más son sádicos sexuales, cuyo placer se centra en destruir la inocencia de un niño”. Todo es aberrante en esa clase de depravados.

Considera que “los depredadores son más que culpables y, en consecuencia, no escaparán a la justicia de Dios, en este mundo o al morir. Esto puede sonar duro, pero creo y respaldo la castración química de los depredadores. La Psiquiatría no ha demostrado una eficacia absoluta en muchos casos. El impacto del abuso sexual en los niños, suele ser devastador y puede durar toda la vida, motivo por el que es fundamental tomar medidas estrictas para evitar que los depredadores sexuales interactúen con los infantes”.

De hecho, la escritora, abogada y defensora recomienda que “a los depredadores sexuales se les impida el empleo con los niños o cerca de ellos, y menos se les debe autorizar vivir próximos a escuelas, centros de cuidado infantil u otros espacios donde se reúnan menores de edad”.

Anna Waldher, mujer con autoridad en los temas que expone, piensa que, “como sociedad, debemos presionar con el objetivo de lograr regulaciones y sanciones más severas contra los abusadores y traficantes. Debemos destinar fondos suficientes a la aplicación de la ley y a los servicios sociales. Es preciso enjuiciar a los abusadores sin diferencia a la riqueza o posición”.

Y dice: “ciertamente, se pueden implementar salvaguardas. Los controles de empleo se deben ejecutar en posibles contrataciones; las puertas de la escuela se pueden mantener cerradas. Los niños pueden recibir instrucción sobre la seguridad corporal y la denuncia de abusos, entre otros temas que refuercen su integridad. El mal, sin embargo, comienza en el alma. Solo si los corazones se vuelven nuevamente hacia Dios, podemos esperar que disminuya el abuso infantil. La resiliencia puede, hasta cierto punto, ser innata. También implica una elección la determinación de seguir adelante, a pesar de los obstáculos. En mi caso, admito que, efectivamente, el amor -especialmente de mi madre, mis abuelos y mi hermana- fue un elemento clave para mí. También recibí esperanza y aliento de los libros”.

Anna Waldherr ama la vida, protege a los débiles y a los que sufren, deja huellas de bien, y así, acaso sin darse cuenta, se transforma en una mujer de siempre, en un ser humano extraordinario, inolvidable y valioso. Sabe que “cada niño es único. El trabajo escolar de la mayoría de los niños sufrirá en la medida que enfrenten abuso o descuido. Algunos, sobresalen en la escuela, a pesar de los abusos”.

Es verdad, asegura la especialista, que “incontables niños abusados, encuentran consuelo en la fantasía, la música, el arte, la naturaleza o los deportes. Algunos son más capaces que otros al compartimentar el abuso y continuar con sus vidas. Infortunadamente, los efectos del abuso, finalmente surgen. En mi expereiencia personal, el asesoramiento fue importante para enfrentar los efectos de una situación tan negativa. Lo recomiendo mucho. Me fue útil lo que llaman desensibilización y reprocesamiento del movimiento ocular. Evidentemente, los antidepresivos son otra opción, pero estos medicamentos tan potentes suelen provocar efectos secundarios negativos. Deben tomarse con precaución y bajo supervición médica”.

Habla. Responde preguntas. Reflexiona. De memoria ágil, explica pausadamente que “escribir es tanto un medio para aclarar mis sentimientos como para expresar mis pensamientos. Siempre me han gustado los libros, por lo que escribir fue algo natural en mí desde una edad temprana. Cuando era niña, disfrutaba escribiendo asignaciones; posteriormente lo hacía en un diario. Como adulto, escribir fue una parte integral de mi trabajo como abogada”.

Agrega: “publiqué dos libros: The Rose Garden – A Daughter’s Story, sobre el abuso que sufrí y mi recuperación, y un evangélico de izquierda sobre la política de la religión y el lugar de la fe en la vida pública. Desafortunadamente, mi editor enfrentó un quebranto y los libros ya no se imprimen. Quería compartir las lecciones de mi abuso con otros sobrevivientes”.

También deseaba expresar mis preocupaciones sobre la pobreza y los asuntos de conciencia. Por esa razón, tengo dos blogs: A Voice Reclaimed -https://avoicereclaimed.com, que trata acerca del abuso, y A Lawyer’s Prayers -https://alawyersprayers.com-, que aborda la religión, la política y los problemas de justicia social. Bloguear me ha dado la oportunidad de conocer a sobrevivientes de abuso en todo el mundo. Son un grupo notable: hombres y mujeres que triunfaron sobre un sufrimiento insoportable cuando eran niños, y que estaban traumatizados en un nivel profundo, pero prevalecieron. Los supervivientes de abusos han tenido éxito en todos los campos de la actividad humana. Un número sorprendente, encuentra una salida a su dolor en la creatividad. Su fuerza y ​​coraje son una inspiración”.

Busca en las profundidades de su memoria, en su historia, en la biografía que le corresponde, en los confines de su alma: “practiqué la abogacía durante 25 años, hasta que mi salud falló. Inicialmente, me convertí en socio de una empresa privada, en un corporativo; luego, gestioné oficinas legales y supervisé litigios en toda la geografía de Estados Unidos de Norteamérica. No obstante, me siento muy orgullosa de haber cofundado una clínica legal gratuita para los pobres. La injusticia me preocupó desde que era niña. Desafortunadamente, encontré que el trabajo, en nombre de los niños maltratados, me volvía a traumatizar, y no pude seguir adelante. En cambio, mi práctica se centró en lesiones personales, incluida la negligencia médica, la responsabilidad por productos y los litigios por agravios tóxicos”.

Es humana, es dama, es mujer. Reconoce que “cada uno de nosotros recibe dones únicos de Dios. Si bien la cultura no siempre ve a hombres y mujeres como iguales, Dios sí. Eso debería animarnos a encontrar oportunidades para usar nuestros dones. Me estoy acercando a los 70 años de edad. En estos días, paso tiempo con familiares y amigos, sirvo a mi iglesia y apoyo un centro local de defensa de los niños. Más que cualquier otra cosa, la felicidad y el bienestar de los seres queridos me hacen dichosa; pero me siento profundamente agradecida cuando algo que he escrito toca o ayuda a un lector”.

Indica que “como cristiana que soy, creo en la Regla de Oro, que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran. Si todos viviéramos de acuerdo con ese estándar, éste sería un mundo mejor. Sin embargo, solo cuando Cristo regrese, dejará de ser una utopía. Los seres humanos, por supuesto, ocupan las necesidades básicas de la vida: comida, ropa, refugio. Más allá de eso, las cosas materiales no pueden proporcionar una felicidad duradera. Para ser verdaderamente dichosos, los seres humanos necesitan dar sentido a sus vidas. El psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, Viktor Frankl, escribió en Man’s Search for Meaning, que el amor, el trabajo y el sufrimiento pueden dar sentido a la vida. Agregaría fe a esa lista. Hay un vacío con nosotros que solo Dios puede llenar”

“Nuestra sociedad está enamorada de la riqueza y la fama. Idolatramos a los multimillonarios. Mientras tanto, la brecha entre ricos y pobres está creciendo. Pagaremos un alto precio por esta inequidad. El talento se desperdicia a medida que aumenta la inquietud. Los demagogos, dispuestos a explotar la división para sus propios fines, incitan a la violencia. A menudo descartamos las vidas de las llamadas personas comunes. Pero la gente común es la columna vertebral de la sociedad. Ellos pelean las guerras, apagan los incendios, dan personal a los hospitales, construyen las casas, cultivan los campos, manejan las fábricas, transportan las mercancías y mantienen todo, desde las alcantarillas hasta las torres de telefonía celular de las que depende la sociedad. Se necesita una enorme devoción para realizar un trabajo ingrato, año tras año, para alimentar y vestir a una familia. Hay pocos aplausos para ese tipo de sacrificio. Pero Dios reconoce su valor. La Biblia nos dice: así que los postreros serán primeros, y los primeros postreros (Mateo 20:16). Al final, la balanza de la justicia se equilibrará. Hasta entonces, debemos luchar por la justicia y la igualdad en un mundo imperfecto”, concluye la plática.

Anna Waldherr cierra, por el momento, el libro que contiene las páginas de sus reflexiones, su vida entera, con la historia que le ha tocado protagonizar, con lo que ha aprendido y experimentado, y con lo que comparte, principalmente, a favor de los que menos tienen y más sufren. Y eso, sencillamente, es ser grandioso y, por lo mismo, una mujer de siempre.

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  • Agradezco a Anna Waldherr la confianza que ha tenido en mí al autorizarme una entrevista sobre su vida. Es una dama honesta y valerosa que comparte sus experiencias infantiles y aporta consejos, experiencia y conocimientos a favor de quienes han sufrido abuso infantil. Gracias, Anna, por ser quien eres. La humanidad necesita personas como tú, siempre dispuestas a ayudar a los pobres y a los que más sufren. Tienes mi amistad, gratitud, admiración y afecto. Gracias por sr quien eres, una mujer de siempre.

Y un día, entendí…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Y un día, a cierta hora, cuando regresaba a casa, me di cuenta de que la vida es breve y no tiene caso desperdiciarla en tristezas ni en desamores, y menos en causar daño a otros. Y un día, mientras recapitulaba los días de mi existencia, comprendí, finalmente, que los apetitos desmesurados, las estupideces, las apariencias, las superficialidades y la ausencia de sentimientos nobles, son barnices corrientes y baratos que caen fácilmente y descubren a la gente enferma e incompleta. Y un dia, en determinada fecha, aprendí que nadie se llevará, al partir y finalizar su jornada terrena, su riqueza material, el poder y la fama, porque lo que da balance y sentido al ser es el bien que se hace a los demás, la expresión de sentimientos e ideas sublimes y la realización de actos buenos y superiores. Y un día, al transitar entre las cimas y los abismos, me percaté de lo importante que es dejar huellas indelebles para que otros, los que vienen atrás, las sigan y no se extravíen. Y un día, en medio de un destino incierto, aprendí amor, la verdad, el bien, la justicia y la libertad salvan de la esclavitud y de la muerte. Y un día, me enteré de que al otro lado, tras el umbral, hay un mundo de ensueño para aquellos que entienden el significado de la vida.

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Mientras permanecen distraídos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Me preocupa que tanta gente, en masculino y en femenino, en minúsculas y en mayúsculas, permanezca distraída y enajenada en un mundo que no es natural, en una realidad virtual, en un rebaño de consumismo y desecho, en un entorno de máscaras, violencia y superficialidades, mientras los otros, los señores del poder y los dueños de fortunas incalculables, preparan el escenario para manipular a las multitudes, arrebatarles su dignidad y sus libertades, confinarlas y apropiarse de los recursos del planeta. Cada día me doy cuenta de que las sociedades, en el mundo, ceden espacio y oportunidades a los más crueles, a aquellos que tienen proyectos adversos al bien común. Muchas personas viven engañadas y se encuentran atrapadas en la fascinación de comodidades aparentes, en apetitos insaciables que les han despertado, en una competencia feroz, en ambición desmedida y en violencia creciente, acaso sin percibir que los han convertido en pájaros enloquecidos y prófugos de jaulas, al grado de que se creen y se sienten libres y plenos por lo que consiguen y acumulan, cerca de trampas insalvables que arrestarán a todos. Incontables seres humanos prefieren callar, no escuchar ni mirar, y disfrutar la mediocridad de un destino aparentemente grandioso que les han construido sin bases ni cimientos. Hay un peligro terrible.

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Una mujer, una dama, una madre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Una mujer es un encanto; una dama, un estilo, una flor, un deleite; una madre, el paraíso en el mundo, el cielo infinito, el regazo amoroso. Una mujer es belleza, talento e inteligencia; una dama, en tanto, lo posee todo, y es esencia y arcilla; una madre, por añadidura, consagra su existencia a sus hijos y los enseña a volar libres y plenos, en un espacio dedicado al bien y a la verdad. Una mujer es la flor que exhala su perfume y regala sus colores y texturas para alegrar a la gente, a las criaturas del mundo; una dama es la orquidea y el tulipán que evocan el vergel infinito; una madre es la rosa con sus pétalos mágicos, y también el tallo con espinas que a veces desgarra y la raíz que busca nutrientes con el objetivo de compartirlos a sus descendientes. Una mujer es bella y maravillosa; una dama, música y poema; una madre, simplemente, el calor y la sonrisa de Dios. Una mujer es un ser humano grandioso en femenino, lo mismo si se le descubre en minúscula que en mayúscula; una dama es un ángel inolvidable; una madre es eso, una criatura a la que Dios encomienda el prodigio de la vida. Todas -mujeres, damas y madres- son admirables y merecen amor y respeto. Hoy, sencillamente, mis letras pronuncian el concepto de madre, acaso por tratarse de una fecha de celebración, probablemente por recordar a la mía y a todas las de mi familia y a las que he encontrado durante mi caminata, quizá por el significado tan especial y sublime que tienen, seguramente por ser las criaturas amadas y consentidas de Dios, tal vez por eso y más.

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https://seniorenumdiewelt.wordpress.com/2021/05/10/una-mujer-una-dama-una-madre/

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De algún paraíso

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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De algún paraíso viene usted, de un edén, quizá, que visité una noche, mientras dormía y soñaba, del que traje pedazos, trozos en los que había flores y olía al perfume que tanto le encanta, fragancia impregnada, parece, con las esencias celestes de la inmortalidad. De algún rincón de mi alma procede usted, creo yo, porque de otra manera no me explicaría cómo es que la siento en mí. De alguna ruta llegó usted, por aquí o por allá, o tal vez ya la traía en mí, o, en todo caso, siempre caminó a mi lado. De algún vergel es usted, probablemente donde habitan las musas, cada una ya con el rostro, el perfil y el nombre del artista al que ha de acompañar. He escuchado que las musas son ángeles a los que Dios da forma de damas -sí, muy en femenino-, con la idea de que uno se inspire profundamente y lo emule, en minúsculas, en el interminable proceso creativo; sin embargo, confieso que desde hace tiempo me siento enamorado de usted. Me atrevo a declararle mis sentimientos para que transite del plano de mi musa de la inspiración de mi arte y mis letras, a la dama de mi vida, al ángel de mi alma. De algún paraíso viene usted.

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Y que no transcurra un día con más cargas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Fúndanse con la vida. Sean uno con la lluvia, con los arcoíris, con las cascadas, con el oleaje, con las flores, con los helechos, con el follaje. No desperdicien los días de la existencia en el mal. Recuerden, cada día, dar de sí, hacer el bien, difundir la verdad y luchar por la justicia y la libertad. No duerman sin antes asegurarse de que todos, a su alrededor, comieron y poseen una cobija. Jamás sean sordos ante quienes necesitan que alguien los escuche, ni nieguen sus consejos a aquellos que requieren palabras de aliento. Nunca, por ningún motivo, carguen con el peso de la culpa. Ayuden, den de si, hagan el bien. El amor, los sentimientos, la inteligencia, las palabras, los actos, la riqueza material y las cosas no solamente pertenecen a uno, porque son para el bien que se pueda hacer a los demás. principalmente a los que más sufren, a quienes se encuentran atrapados tras los barrotes del infortunio, a los desposeídos, a los enfermos. Que no transcurra un día con más cargas negativas que positivas. La luz disipa las sombras.

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¿Qué me falta, qué me sobra?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Quiero, al final de mi vida, compartir la alegría, los colores y las notas de una historia grandiosa e inolvidable, el encanto de un paseo por el mundo, el deleite de explorar todas las rutas y la emoción de volar libre y pleno. Deseo, al término de mi jornada terrena, saberme aliado del bien y de la verdad, ausente de cargas innecesarias, lejos de futilezas y cercano al amor infinito. Anhelo, al escribir la página postrera, que mis letras y mis obras justifiquen mi estancia en algún rincón terreno. Pretendo, al concluir mis realidades y mis sueños, despertar en otro sitio, mirar y abrazar a quienes tanto extraño y esperar a los que amo demasiado. Me pregunto, a veces, cuando despierto temprano o antes de dormir, ¿qué me falta y qué me sobra para sentirme contento y satisfecho con mi biografía? No me gustaría partir con la idea de que fracasé y tuve miedo, y menos sentirme atado por enojos, superficialidades, estulticia, ambición desmedida, apetitos descontrolados, rencores, odio y perversidad que desdibujan la alegría de vivir, los sentimientos nobles, la inteligencia y los detalles. Necesito seguir el camino, la ruta que he trazado, y recolectar los materiales que ocuparé al caer la noche. Las fechas son inciertas. Desconozco el día y la hora de mi cita en la última estación. Aún poseo el encanto de desconocer el instante de mi último suspiro. Quiero, al despedirme, voltear atrás y descubrir que unos y otros me recuerdan por el amor que les di, por las huellas que marqué, por el bien que hice,, por el conocimiento que dispersé y por las piedras, los abrojos y las enramadas que retiré del camino. Todavía debo enmendar guión. Deseo encontrar un paraje, un sitio especial, un refugio infinito, para reunir a todos los personajes de mi historia, a la gente que he amado, y ser uno con ellos., sentirlos conmigo y navegar por las aguas etéreas de la inmortalidad.

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Mientras caminan los instantes

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Esta tarde, como otras tantas de mi existencia, miro los instantes que caminan puntuales e indiferentes, repetidos e incansables, entre manecillas y engranajes, sin darse oportunidad al descanso ni ancariñarse con los minutos y las horas que les siguen y se transforman en días y en años. Caminan los momentos, desolados y silenciosos, como todos los días, a una hora y a otra, entre la vida y la muerte, sin que la gente comprenda su significado. Incontables hombres y mujeres quisieran capturar al tiempo, detener el apresuramiento de sus manecillas, otorgarle algún lapso de descanso, perderlo en algún sendero confuso y repleto de bifurcaciones o despedirlo para que no vuelva más, y, quizá, hasta juzgarlo y llevarlo al patíbulo, simplemente porque lo responsabilizan de esperas prolongadas o breves y de envejecimiento y finales indeseados. Transitan los pedazos de un tiempo que parece real e imaginario, maravilloso y aterrador, bueno y malo, al que se culpa de derrotas y fracasos, de arrugas y de vejez, de dolor y de finitud. Tiempo desaprovechado. Y por eso la gente suspira, piensa y sueña en la eternidad, en el infinito, en la inmortalidad. Millones de seres humanos anhelan un paraíso infinito; no obstante, si son incapaces de vivir plenos y felices, con el bien y la verdad, en el plano de la temporalidad, si egoistamente ambicionan poder y riquezas dentro de la brevedad de sus existencias terrenas y si se agotan, causan daño, se aburren y prefieren satisfacer apetitos como prioridad y estilo, ¿cuál es, entonces, el interés y la prisa de ansiar una vida eterna? ¿Por qué lloran tanto, igual que el niño que despreciaba su paleta de dulce y más tarde, al perderla, sufre inconsolable porque ya no la tiene? Si uno desea, en verdad, una existencia infinitita, primero hay que superar las pruebas de la temporalidad… Y aquí me encuentro, igual que otras tardes, en mis cavilaciones, mientras los instantes caminan frente a mí.

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Enfrentan a los opuestos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Los gobernantes con tendencias absolutistas y dictatoriales, suelen recurrir a la tentación y a la práctica de debilitar, fracturar y enfrentar a la sociedad. Saben que la gente y los pueblos débiles, enfermos, ignorantes y empobrecidos, carentes de identidad y de proyecto común e integral, son proclives a la enajenación y a la manipulación, y resultan más violentos y reactivos. Con el apoyo de medios de comunicación mercenarios, tales gobernantes y políticos optan por aprovechar y explotar la carga negativa de la sociedad y aplicar, entre otras estrategias, la lucha radical, agresiva e irracional entre los opuestos, es decir, fomentan adversidades, enfrentamientos y contradicciones en hogares, escuelas, centros laborales, espacios públicos e instituciones. Convierten en enemigos a los opuestos: ancianos-jóvenes, padres-hijos, hombres-mujeres, académicos-analfabetos, patrones-trabajadores, magnates-pobres, religiosos-ateos, morenos-blancos. Una sociedad que se odia y agrede por diferencias religiosas, culturales, económicas, raciales y políticas, definitivamente está rota y, lejos de coincidir en armonía, respeto y libertad, permanecerá condenada al resentimiento, a la miseria, a la destrucción y al sometimiento. Los gobernantes y los políticos de la hora contemporánea, aquí y allá, en diversas regiones del mundo, están fomentando resquebrajamiento en las estructuras sociales, falta de credibilidad en las instituciones, vacío existencial, ausencia de valores, exceso de burocracia, entornos de desequilibrio y temor, desconfianza, superficialidad, consumismo irresponsable, temor y enajenación, condiciones propicias para desbaratar a los individuos, a las familias, a las comunidades, a los pueblos. Una vez que prevalezcan el desorden colectivo, la ilegalidad, la confusión, el antagonismo acrecentado, los propios gobernantes justificarán la intervención de la fuerza pública con la intención de apoderarse de las garantías, los derechos y las libertades, y así ejercer el control absoluto, el dominio de los rebaños humanos que hoy se creen dueños de oportunidades históricas y no se percatan de la etapa próxima del nuevo oscurantismo. La fórmula más eficaz para evitar el desastre social que hoy presenciamos, es por medio de los valores y la educación en las familias, en las instituciones educativas y en los espacios donde todavía coexisten hombres y mujeres interesados en el bien, en la verdad y en rescatar la esencia humana. Se trata de sectores que estorban a los poderosos, a quienes ambicionan el control absoluto de las sociedades. La disyuntiva es permanecer indiferentes y pasivos a las pretensiones de aquellos que ostentan el poder, hasta resbalar y quedar atrapados en sus trampas despiadadas e infaustas, o reaccionar oportunamente, recuperar la dignidad y los valores perdidos, exigir respeto y legalidad, sumar y multiplicar en vez de restar y dividir.

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