Perfume de artista

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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El arte estaba impregnado en su esencia y en su forma, y lo percibía en sí y en las imágenes de los espejos y de los charcos, al asomar y al preguntar por su identidad, al despertar una mañana y al dormir una noche, al crear sus obras y al andar por el mundo, al vivir y al soñar, al escribir su nombre y al pronunciarlo y al callarlo, al reír y al llorar, al caminar y al remar. Le encantaba experimentar los minutos, los días y los años de su existencia, aquí y allá, en las aventuras y en los capítulos que protagonizaba; pero el arte, fiel a su alma, ya era él, y no se traicionaba al escribir sus letras, sus palabras, decoradas con sentimientos y perfumadas con ideas. Era ser humano, y artista; persona, y creador; caminante, y escritor. Amaba, y escribía; tenía familia y amigos, y se dedicaba al arte; vivía y soñaba, y no olvidaba las letras y las palabras que de alguna manera pulsaban en él, palpitaban en su interior. Una tarde, mientras lloviznaba, alguien le confesó su admiración y su respeto, y hasta el amor que sentía por él. El artista sonrió, agradeció y siguió su camino. La mujer lo alcanzó y manifestó que él, el autor, resultaba cautivante y hechizaba al escribir; aunque lamentó, y así lo dijo, que fuera más arte que ser humano. Explicó que una persona, al enamorarse de otra, necesita exclusividad, y el arte, convertido en letras, en música, en colores, en formas y en cualquier expresión, no duerme ni se ausenta del alma del creador, a quien interrumpe una noche o una madrugada, en la soledad y durante una convivencia, con el objetivo de dictarle sus secretos, transmitirle los rumores y los silencios de la creación que ha de anotar en el cuaderno, en la libreta, en las hojas, en algún papel. El hombre admitió que el arte es celoso e irrenunciable; pero consiente a quienes lo aman fielmente y no rivaliza porque conoce sus estaciones, sus ciclos, sus períodos impetuosos y sus momentos tranquilos. Es tormenta y es calma. No tiene vacaciones ni tregua. El arte no tiene inconveniente en los amores y en tantas aficiones; sin embargo, a cierta hora, quizá la menos esperada, recluta la atención y exige concentración, esfuerzo, trabajo e inspiración. El artista horada, escala y se sumerge en profundidades infinitas con la finalidad de regresar con pedazos de cielo, de mundos y de infiernos que convierte en obras. Traduce lo inexplicable y lo vuelve lógico y natural. Solo el artista conoce las amarguras, las dulzuras y las historias de sus travesías. Cruza tierras inhóspitas y paraísos, hasta que retorna con fórmulas prodigiosas que embelesan e inmortalizan. La mujer no estaba dispuesta a compartir el amor del artista con el arte y las musas etéreas de la creación. Renunció a él. Lo miró alejarse, entre las luces y las sombras de la vida, en medio de vivencias y de sueños, con una carretilla pletórica de flores y sonrisas que regalaba, mientras quedaba, a su paso, la fragancia de su perfume, su perfume de artista.

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Preocupan las generaciones de la hora contemporánea

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Entristece y preocupa que las generaciones de la hora contemporánea -niños, adolescentes y jóvenes, específicamente- coexistan en un ambiente intoxicado, con exceso de maldad y de violencia, ausente de bien y de sentimientos nobles, entre la irracionalidad, el miedo, la intolerancia, la superficialidad, las enfermedades y la mediocridad, con listas de ausencias por las muertes que interrumpen vidas, proyectos, alegrías. Mortifica que se acostumbren al mal y no al bien, a la enfermedad y no a la salud, a los barrotes y a las cadenas y no a las alas y a los aires de la libertad, a la agresividad y al odio y no al amor, al antagonismo entre opuestos y no a la armonía y al respeto, a las tristezas y no a la felicidad, a la guerra y no a la paz, a las carencias y no a la prosperidad, a la ignorancia y no al conocimiento, a la cáscara y no a la esencia, a la muerte y no a la vida. ¿Dónde encontrarán lo noble, la luz, lo sublime, si hoy el ambiente ofrece ejemplos nocivos, consumo e inmediatez sin sentido, incapacidad de amar y perdonar? ¿Dónde la dicha que merecen, el conocimiento que los hará libres, los sentimientos y los valores para trascender? Alguien que desde la niñez, la adolescencia y la juventud se acostumbra a coexistir en medios tan tóxicos, y carece de puntos de referencia hacia rutas plenas, se acostumbra a lo malo y, más tarde, al multiplicarse, al convertirse en padre, en madre, entrregará a sus hijos la herencia de un infierno. Nos estamos yendo. No es necesario llegar a los 90 o 100 años de edad para preparar las maletas; actualmente, a cualquier edad, el tropel de la muerte, casi dirigida, interrumpe jornadas existenciales. Dejamos cosas y proyectos inconclusos. Estamos rotos. Lucimos irreconocibles, hundidos en el barro pegajoso y revuelto, incompletos. ¿Estamos haciendo algo trascendente por nuestros hijos, por la familia que tenemos, por los niños, los adolescentes y los jóvenes del minuto presente? Me parece que no todos estamos cumpliendo. Hay, en las generaciones de menor edad, personas excepcionales, gente maravillosa y amable, minúsculas, en femenino y en masculino, con sentimientos nobles, dignidad, ideales, sueños, entusiasmo y proyectos bellos; pero el mal aplasta, deforma y mata, y es preciso salir a las calles, a cualquier hora, en todos los rumbos, para descubrir la realidad tan lamentable y preocupante. ¿Hasta cuándo reaccionaremos? La solución al panorama sombrío que hoy presenciamos y que pronto aniquilará a la humanidad, o al menos a un porcentaje considerable, es a través de inculcar sentimientos nobles, motivar a hacer el bien, invitar al conocimiento, enseñar a amar, explorar rutas superiores, desterrar el mal. Comencemos hoy. Mañana, al amanecer, será demasiado tarde.

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Éramos tan felices

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Éramos tan felices, y transcurrieron los años, y pasaron las estaciones, y unos se fueron y otros llegaron, y cuando reaccionamos, algo había pasado y ya no nos reconocíamos. Éramos tan libres, jugábamos y reíamos, dialogábamos y paseábamos, y transcurrió el tiempo, y una mañana, distraídos y sin sospecharlo, despetramos amordazados y con cadenas, simplemente porque a alguien no le agradó nuestra felicidad y decidió, con otros, hacernos enemigos entre sí y rompernos con todo lo que significaban el mundo y la vida para nosotros. Éramos familia, amigos, compañeros, vecinos, colegas, habitantes, y si a veces reñíamos y teníamos diferencias, ganaban el amor, el perdón y el respeto, y volvíamos a reír y a abrazarnos, hasta que alguien, con otros más, nos enajenó, distrajo, enfrentó y dividió para borrar nuestros recuerdos, historias, sueños, ilusiones, creatividad y parentescos. Éramos, y así lo sentíamos, trozos de cielo, suspiros de Dios, y hasta anhelábamos, una fecha incierta, retornar a paraísos encantadores y prometidos; pero alguien, con otros, repitió que somos basura, que nuestro destino es caótico y que somos peores que las bestias, y así andamos ahora, insensibles, materialistas, interesados en saciar apetitos y en arrebatar. Éramos gente con auroras y ocasos, con el sí y el no de la vida, y planeábamos entregar a niños, adolescentes y jóvenes un mundo feliz y mejor que como lo encontramos; mas alguien, y muchos más, enseñaron que el sentido de la existencia es consumir hasta saciarse, acumular, competir insanamente, ser rival y entregarse a lo baladí y a la estulticia, y así caímos en trampas horribles. Éramos moradores de un planeta matizado de vergel, y hasta fuimos engañados al sentirnos deidades y superiores a las criaturas que nos acompañaban, y de esa manera asumimos que animales y plantas, carentes de sentimientos y raciocinio, simplemente eran parte de la naturaleza, y caímos en la equivocación, en la crueldad, en la soberbia, y alguien, con otros, al envenenarnos y mantenernos cautivos para quebrarnos, debilitarnos y enfermarnos más, montó espectáculos que mostraban, de un día a otro, la invasión de las especies que maltratamos, a las calles, a los parques, a los jardines. Éramos tan fuertes, que durante miles de años y centurias enfrentamos adversidades, problemas y retos, y triunfamoss; no obstante, alguien, con otros más, acordó el momento de aplicar cambios graduales y monstruosos con el propósito de exterminar a millones de hombres y mujeres, borrar sentimientos y valores, automatizar a la gente, explotar a los pueblos y apoderarse de las riquezas naturales y minerales de la Tierra. Éramos tan infantiles, que discutíamos por ser los primeros, ganar los juegos, obtener las mejores calificaciones y recibir los aplausos, las miradas de orgullo y la admiración, y todo pasaba y volvíamos a abrazarnos y compartir, y ahora rivalizamos y somos capaces de alegar, reñir y matarnos, simplemente por una “a” o una “o” que definen el género, muestra total de ignorancia, contradicción, rivalidad, odio e intolerancia. Éramos tan diversos y gozábamos tanto, que ni siquiera notamos que algo había cambiado y que parecíamos criaturas de asfalto, plástico y petróleo, antítesis de la naturaleza, negación del sentido humano. Éramos un milagro y ahora, por decisión de alguien, y otros más, parecemos seres condenados al sufrimiento. Éramos tan irresponsables, y lo somos aún, que permitimos que alguien, y muchos más, actuara y decidiera por nosotros, y no para bien común, sino de una élite perversa. Éramos tan vanidosos, casi dueños del universo, que ahora somos incapaces de reaccionar e impedir que una mafia se apodere de nosotros y de nuestro mundo. Éramos tan falsos y superficiales, que ahora descubrimos quiénes son, en realidad, a nivel de control global, los científicos, los gobiernos y sus políticos, los líderes religiosos y sociales, los dueños de las fortunas inmensas, las personas disfrazadas de artistas e intelectuales, todos ellos mercenarios y despiadados, de tal manera que busco entre la niñez, la adolescencia y a la juventud a quienes han de enfrentar a la mafia internacional con armas inteligentes -amor, bien, conocimiento, libertad, valores, respeto, dignidad, proyectos integrales, unidad, armonía-; pero con tristeza noto que muchos ya forman parte de una generación perdida, y me duele porque cada instante, entre un suspiro y otro, perdemos algo de nosotros y de mundo. Éramos tan felices, y no nos dábamos cuenta.

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Renuncia al arte

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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En mi novela El pájaro Lizzorni y la niña de cartón, el artista -Augusto Lizzorni, convertido en el impostor Federico Genovés Villorio-, compartió la música con los renglones burdos de la vida, hasta que las hojas del pentagrama y las partituras cayeron al suelo, y el violín, su Antonius Stradivarius, permaneció abandonado en un sillón, con las cuerdas que reventaron, gradualmente, en un acto de distanciamiento, enojo, abandono y celos. El violinista ya no componía. Sintió, de improviso, que la inspiración había saltado por la ventana y huido a otras rutas, a algún sentido opuesto al de su caminata. Se alejaron uno de otro. Augusto Lizzorni ya no era el músico. Había perdido sus alas. Tenía otro rostro, el de Federico Genovés Villorio, el morador enigmático del edificio que deleitaba a sus veinos con sus conciertos nocturnos y que, más tarde, renunció al arte, a la inspiración, por una serie de motivos, circunstancias, y sentidos. Le resultaba complicado interpretar sus propias composiciones, El hombre fue infiel a su violín, a su inspiración, hasta que un día reaccionó y se percató de que algo había perdido, dentro de su esencia, y no se concibió sin su arte. Federico Genovés Villorio, el farsante, el mentiroso, ya ausente de sentido, enfrentó la lucha, mientras se desvanecía, de buscar a Augusto Lizzorni, al pájaro Lizzorni, con el objetivo de restaurarlo y volar alto, hasta entregarse, como antes, al arte, a la música de cuerdas, a su violín. Idéntico a mi personaje, alguna vez salté la cerca y abandoné las letras, el arte, las palabras, la inspiración, al abordar, en una de las estaciones de mi vida, el furgón a rumbos inciertos, hasta que sufrí lo indecible al sentirme tan solo, a pesar de los matices, los murmullos, los silencios, las fragancias y los sabores de mi historia. Tanto encuentro y desencuentro, en los instantes de mi existencia, provocaron en mí antagonismos y hondos vacíos, ausencias y presencias desbordantes, la locura y la nostalgia de mi esencia. Me di cuenta de que no era yo sin mi arte de las letras. Como que forman parte de mi esencia y de mi forma, de mi luz y de mi arcilla. Sin olvidar el deleite de la aventura de la vida, no me concebí lejano al arte, distante a las palabras escritas, ajeno a mis letras tan amadas, y retorné al hogar, a la familia. Se trata de pruebas que, en ocasiones, el autor enfrenta, y le enseñan, si es auténtico, que no debe ni puede renunciar a la creación, al arte, porque se trata de un ministerio que forma parte de uno, de la esencia, del alma. El arte genuino es irrenunciable. Si uno al distanciarse del arte como simple ensayo, se siente incompleto, ausente de esencia y motivos, debe retornar y no abandonarlo. Cuando el arte tiene parentesco con uno y, por lo mismo, es parte de la esencia, es imposible traicionar la encomienda de la creación. Abandona el arte significa, en todo caso, renunciar a uno.

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Hoy visité mi tumba

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Hoy visité mi tumba, y allí estoy, en arcilla y en polvo, no sé desde qué fecha, yerto, irreconocible, silencioso, con esa quietud que tienen los muertos al encontrarse tan ausentes y rotos. Esta tarde, al llover, fui hasta mi sepulcro, donde leí mi nombre y mis apellidos, y no miré, como esperaba, el día y el mes de mi hora postrera y de mi partida a otras fronteras, únicamente con la sospecha de que allí quedé, abandonado, sin flores ni suspiros renovados, Tras el dolor, las lágrimas y el sufrimiento, la gente se acostumbra a las ausencias y luego olvida. Este día caminé por calzadas desoladas y melancólicas, cubiertas, aquí y allá, de charcos que reflejan nubes plomadas, árboles con follaje agachado y monumentos pétreos y marmóreos. Observé los perfiles y los rostros sepulcrales, asomados al lado de árboles corpulentos que sueltan hojas y tristezas, entre los rumores y los sigilos de la vida y la muerte, no sé a cuál hora ni en qué fecha transformado en ambiente y en morada de mi cuerpo de barro y ceniza. Busqué un dato, una fecha, el año de mi despedida terrena, algún epitafio y un trozo de mi biografía, con la idea, al menos, de reconocerme y saber cómo terminé mi ciclo. Regresé con el calzado sucio, cubierto de lodo, y el aroma a otros días, a existencias consumidas, a flores depositadas y después marchitas, a historias interrumpidas. Lloré inconsolable y me sentí tan solo, en medio de un hondo vacío, que me pregunté si en realidad estaba vivo o si todo, al contrario, era sueño y ya no estaba aquí. La lluvia y el viento asomaron a la ventana que olvidé cerrar y los sentí al acariciar mi rostro, al besar mi piel, casi al mismo tiempo que expresaron: “despierta. Estás vivo. No seas espectador en las gradas del teatro de tu existencia; transfórmate en protagonista de tu biografía, en autor y en personaje de tu historia. No regreses al cementerio en busca de tus cenizas y de posibles epitafios. No recojas tristes despojos. Quienes lo hacen, ya están muertos, aunque crean que viven. No esperes flores de dolor, tristeza y remordimiento. Cultívalas y siempre regalarán sus matices y perfumes, incluso después de que te hayas ido. No sufras más- Ama y sonríe con la vida”. Me sentí vivo. Supe que no era polvo, que estaba vivo y que la oportunidad de hacer el bien, retirar la piedra del camino, amar, reír, ser feliz, jugar y trascender es hoy, el momento presente de mi existncia, y no la soberbia de descubrir un epitafio que mienta sobre lo que no fui. Estoy vivo.

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Coincidió el hoy con el ayer y el mañana

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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El hoy pintaba, cada día, los rincones del mundo, derramaba perfumes, esculpía formas y aplicaba sabores, cuando de improviso, al voltear atrás, descubrió la presencia sigilosa del ayer, oculto entre piedras y varas dispersas en un paraje umbrío, quien le expresó: “a diferencia tuya, querido presente, que decoras los instantes y conviertes los espacios en bellos remansos que poca gente aprecia y disfruta, en mis rincones sombríos deambulan incontables hombres y mujeres, intoxicados por el arrepentimiento, la confusión, el dolor, la amargura, los recuerdos, la tristeza y los sentimientos, las oportunidades, los pensamientos, las vivencias y los sueños desperdiciados y perdidos. Están rotos. Los percibo incompletos, totalmente irreconocibles. Lloran y se aferran a permanecer encadenados en mis celdas, tras los barrotes que ellos fabrican cotidianamente. Son esclavos de sí mismos y, no obstante, me culpan. Ofrezco estampas pasadas y es grato, algunas veces, mirarlas, revisar los detalles y recrearse, con la idea de reconocerse, abrazar a quienes estuvieron con uno y con otro, recordarlos con amor yjustificar la existencia, la caminata por el mundo; sin embargo, esta gente, en femenino y en masculino, en minúsculas y en mayúsculas, no busca los minutos y los años inolvidables, maravillosos e irrepetibles, sino el veneno de los remordimientos, la melancolía y el sufrimiento inútil. Aquí, conmigo, renuncian voluntariamente a su presente y a su futuro. No saben que la vida es un fluir incesante”. El hoy, al escuchar a su hermano -el pasado-, lamentó tanto dolor humano, y prosiguió su tarea de decorar el mundo con la idea de atraer a las personas ante la oportunidad de vivir plenamente, en armonía y con equilibrio, cada momento. Tenía la certeza de que el hoy, en el mundo, es un ensayo y un paréntesis para experimentar la vida con sus luces y sombras, y el antecedente, en otros planos, de un paraíso sin final. Inmerso en sus cavilaciones, el hoy percibió la presencia del futuro, quien, con un morral pletórico de burbujas, sueños, promesas e ilusiones, arrojaba semillas que el viento arrastrba a rumbos inciertos. Ofrecía, a los ilusos, puentes de cristal, quimeras, lechos mullidos, costales con optimismo desbordante que navegaban en embarcaciones frágiles sobre mares impetuosos y durante noches de tormenta. Los barcos y las lanchas del futuro transitaban repletas de gente qu asomaba distraída y perpleja, con ansias de huir del ayer y del hoy para entregarse, por completo, a sus anhelos, ambiciones y sueños. Eran espectadores, no protagonistas, de los instantes y los años que fluían inagotables y escapaban irremediablemente con pedazos de vida. El hoy observó el panorama completo y, a pesar de que se supo uno con el ayer y con el mañana, porque el tiempo es una realidad humana, terrena y material, y no etérea ni infinita, sonrió y repitió para sí, con la esperanza de que sus palabras llegaran hasta alguien, que si las personas comprendieran que su realidad inmediata es el presente y lo experimentaran en armonía, con equilibrio y plenamente, en su interminable juego de sí y no, con sus auroras y ocasos, innegablemente aprenderían a ser dichosas y se realizarían hasta irradiar lo que verdaderamente son y ocultan tras capas de ignorancia, ambición desmedida, prejuicios y estulticia. Continuó matizando la vida con la esperanza y la ilusión de que mayor número de hombres y mujeres aceptaran su invitación a disfrutar el hoy, el presente, con su grandioso patrimonio de alegrías y tristezas, amaneceres y anocheceres, ascensos y caídas, risa y llanto, encuentros y desencuentros. Se sabía artista incomprendida. Poca gente, en realidad, entinde que el hoy es el presente, la pauta que momentáneamente le pertenece para vivir su biografía y trascender en todo sentido. El presente es aquí y ahora, es un hoy que alguna vez fue futuro y que de pronto se convierte en ayer, en pasado.

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Colores y fragancias de la noche, matices y perfumes de la mañana y de la tarde, murmullos y sigilos de la vida…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Colores y fragancias de la noche, matices y perfumes de la mañana y de la tarde, murmullos y sigilos de la vida, auroras y ocasos… Los minutos, las horas y los instantes repetidos durante la mañana, el mediodía y la tarde, llegan a la otra estación, a cierta orilla -la de la noche-, desde la que apagan la luz del sol que ya no asoma y, quizá, desearía trasnochar con las estrellas y la luna en sus juegos y en sus romances inagotables. Los colores, en la oscuridad nocturna, pierden brillo, ganan opacidad, hasta que uno pregunta si son genuinos, si en verdad existen, si se trata de espejismos o de realidades, solo porque no se les ve. Olvidamos disfrutar las tonalidades de la naturaleza y del universo, a través de los sentidos, y perdimos la capacidad de mirar desde el interior. La vida contesta, entre sus acostumbrados rumores y silencios, y no duerme porque su tarea, en el mundo, es crear, restaurar, dar y renacer. La noche, mágica y benevolente, desdibuja las formas y los maquillajes del mundo y de la vida con el objetivo de que la gente, en femenino y en masculino, en minúsculas y en mayúsculas, admire los luceros que decoran el infinito techo celeste y se entregue, en consecuencia, a los sueños, mientras sus almas se funden en un concierto sin final, en la armonía y en el equilibrio de una corriente etérea que no cesa. Los perfumes de la mañana, del mediodía y de la tarde, adormcidos, ceden espacio a las fragancias de la noche y de la madrugada, con sus encantos, en un deleite que, al natural, no huye del engranaje que le da vueltas ni evita los ciclos de la existencia. La mañana, al retornar de nuevo y derramar sus aromas, sus matices, sus formas y sus sabores, desmiente a los incrédulos, a aquellos que pregonan que las oportunidades de ser felices, dar lo mejor de sí, sonreír, hacer el bien y realizarse plenamente, quedan atrás, en las sombras. El día enseña que las sombras son pasajeras y que, por lo mismo, uno selecciona los materiales y las obras que engrandecerán o empequeñecerán su desenvolvimiento espiritual, mental, físico y material, mientras la noche, en tanto, demuestra que hay un momento para vivir y que, si alguien prefiere despilfarrar los instantes que le parecen insignificantes, al llegar las sombras y contemplar su rostro en el espejo, descubrirá que ha transcurrido una fecha más, un período existencial que no regresará nunca. Y así, entre las dunas de una existencia carente de sentido, tan insignificante como su petulancia y lo que ha acumulado sin derramar el bien, tanta gente, pávida y triste, escuchará cotidianamente que el amanecer y la noche tocarán a su puerta como una oportunidad perdida y con el reclamo callado de que mientras dispone de oportunidades y tiempo, otros, los que están desprovistos de todo y sufren tanto, anhelarían, al menos, algunos granos de la arena acuumulada en un desierto carente de sentimientos, ideales, pensamientos y aegría. La aurora y el ocaso derraman sus colores, sus sigilos, sus perfumes, sus murmullos y sus sabores, cada uno con el sentido de su naturaleza y su significado.

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Sueño de amor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Lo escribí para usted, tras despertar de un sueño de amor

Los sueños de amor son colección de los enamorados. Se entiende que significan citas nocturnas y encuentros tan anhelados, huellas indelebles que quedan cual constancia del paso de dos locos y ocurrentes que desafían el cortinaj de las horas, miradas silenciosas y palabras pronunciadas en algún puente de cristal. Los sueños de amor son exclusivos de quienes se saben uno con el otro, libres y plenos, con identidad propia y con las llaves de paraísos infinitos. Como que tienen el permiso de Dios. Pertenecen a los enamorados que pasean en una estación y en otra, en primavera y en invierno, en verano y en otoño, cuando uno vive y duerme en el mundo y en las estrellas, en el cielo y en las piedras que cubren los riachuelos, en el paraíso y en las nubes. Son, a veces, las olas impetuosas que besan la arena y los riscos con frenesí, tras sus jornadas marítimas, y, en ocasiones, el viento suave que canta, toca y arrulla las flores y las hojas. Se trata, parece, de pedazos de historias que llegan a la orilla con un tanto de uno y mucho de otro, ecos de capítulos que dos comparten a cierta hora, una mañana o una tarde, o quizá una noche, sí, trozos de un idilio consumido en algún instante del ayer, fragmentos de un romance que ambos reservan para el futuro, una mañana, al amanecer, o, tal vez, una tarde lluviosa o una noche estrellada y silenciosa. Un sueño de amor es un encuentro, casual o planeado, entre usted y yo, un alma y otra que se reconocen en un solo palpitar; es un poema sin final, la letra, el color y la música que expresan sentimientos que brotan del interior y que no pueden explicarse de otra manera. Un sueño de amor es la cita diaria, en las noches prodigiosas -tan nuestras-, entre usted y yo, con el encanto de mirarnos con la alegría y la emoción de la primera vez, ante el resplandor de los luceros que cuelgan de la bóveda celeste para alumbrar la banca que elegimos y el camino que seguimos. Un sueño de amor, seguido uno de otro, es el encuentro entre usted y yo, con la invitación a vivir una historia inolvidable y maravillosa, ahora y mañana, durante nuestra estancia en el mundo, y posteriormente, en la travesía y la estancia en un jardín infinito y sin fronteras. Un sueño de amor somos usted y yo, inseparables, dichosos, con la ilusión de vivir el mejor guión de una historia inagotable.

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Asome en mí

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Asome en mí para que navegue entre mis murmullos y mis silencios, en mis sentimientos y en mis pensamientos. en mis cavilaciones y en mis suspiros, cuando es de día y es de noche. Asome en mí, insisto, con la idea de emprender el viaje juntos, inseparables, y bajar a las orillas, en un paraíso y en otro, y sumergirnos, a veces, en las profundidades del amor y de la vida. Asome en mí, por favor, porque la necesito a mi lado, junto al timón de mi existencia y al itinerario de mi destino. Asome en mí, y perdone mi obstinación, para que impregne mis letras con su perfume y, así, al escribir en cada página, me sea posible entregarle un poema con mucho de usted y tanto de mí. Asome en mí e intérnese en mis rutas, en mi lenguaje, en mis pausas, con el objetivo de admirar las estrellas, tocarlas y colocarlas en los faroles de nuestros rumbos, en las calles que frecuentamos, en los jardines y en los columpios donde jugamos, para liberarlas, muy agradecidos, en la madrugada, y que se retiren a dormir y vayan al encuentro de bellos sueños. Asome en mí, en sus sueños y en sus realidades, en mis quimeras y en mis vivencias, para que descubra, al amanecer, al despertar, una flor en su almohada, y, al dormir, en la noche, una hoja con el más bello y sublime de los poemas. Asome en mí con la intención de percibir mis perfumes y reconocerse en cada fragancia. Asome en mí, y disculpe que lo repita tanto, acaso por el delirio que significa guardar incontables motivos y detalles, probablemente por creer que algo falta a mi nombre si no lo escribo junto al de usted, quizá por ser el amor una historia con uno y con otro, tal vez por más de lo que puedo expresarle a través de mi lenguaje de poeta. Asome en mí, como quien, después de la caminata, llega a un remanso y descubre una represa cautivante que refleja la profundidad azul del cielo y las rubes rizadas y de forma caprichosa que incendia el crepúsculo una mañana o una tarde de verano. Asome en mí, simplemente, mientras soñamos que vivimos en un paseo temporal, aquí, en el mundo, y un destino infinito con todo lo que somos y más. Asome en mí, a mis jardines, con el propósito de jugar y reír, hablar y callar, escribir su historia y la mía. Asome en mí para hacer de mis arenas y desiertos, parajes y vergeles, y de mis cascadas y ríos caudalosos, corrientes navegables. Asome en mí, a mis anhelos e iusiones, a mi vida entera, con la finalidad deque se quede conmigo siempre, como yo, al mirarla a usted, definí el rumbo de mi destino.

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