Me refiero a los niños y a los adolescentes

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Me refiero a los niños y a los adolescentes de la hora contemporánea. Con enojo y preocupación, noto que, aquí y allá, alguien con poder, y otros más, están acostumbrando a los infantes y a los adolescentes del momento actual, a la escasez, a la inflación, al desempleo, al odio, a la fractura entre opuestos, a la violencia, a la enfermedad, a la muerte, a la estulticia, a la superficialidad, a la enajenación, a la falta de valores y al control absoluto. En un entorno sistematizado, donde la mayoría siente, piensa, habla y actúa de acuerdo con patrones similares, las generaciones del minuto presente están perdiendo sus capacidades y a pocos les enseñan a enfrentar los desafíos y a solucionar problemas. Entre la confusión de un mundo virtual que hechiza, atrae y parece el edén, y la realidad cada vez más compleja y peligrosa, los niños y los adolescentes reciben dosis cotidianas que intoxican sus sentimientos, vacían su memoria, desbaratan sus pensamientos, ensombrecen sus sueños e ideales y los encaminan hacia un ambiente robotizado. Los están haciendo personas inútiles, dependientes e incapaces. Están formando una generación perdida, mediocre e inhumana. Les están normalizando las violaciones, los asesinatos, el odio racial, la violencia, las guerras, el antagonismo entre opuestos, la estupidez y los vicios. Me mortifica que muchos de los progenitores de esos niños y adolescentes, también sigan en el juego y en la trampa mortal que una élite poderosa, económica y políticamente, les ha preparado con cierta intencionalidad perversa. Sé, como lo he comprobado una y otra vez, que hay quienes aborrecen que trate esta clase de temas porque la idea es ejercer control totalitario sobre la humanidad; sin embargo, mientras pueda expresarme, seguiré tocando a la puerta de la conciencia. Me preocupan mucho los niños y los adolescentes del minuto presente.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estas guerras

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estas guerras descomponen. No son de ideales. Ninguna guerra es sana. Siempre hay una intención perversa en unos o en otros, si no es que en ambos. Se justifican las intervenciones armadas y se espanta a la gente con el terror de la propaganda y de las noticias distorsionadas, al servicio del poder económico, militar y político. Las amenazas y los conflictos bélicos que hoy se registran, entre unos y otros, no solo destruyen a la gente, sus familias, sus casas, sus ambientes, sus proyectos y sus cosas, lo que es tan suyo y forma parte de su ayer y de su hoy; también presentan una intención escondida para la mayoría de los seres humanos, basada, precisamente, en desmantelar las economías locales y la global, desestabilizar los mercados, provocar escasez de alimentos y de productos, encarecer todo, propiciar quebranto financiero en las empresas, agotar y destruir los esquemas actuales, y, así, en medio del caos mundial, transformar la geografía e implantar un modelo acorde a los intereses, a la ambición y a los planes de una élite que pretende someter a la humanidad a sus caprichos. En esto, no hay sentimientos nobles. Se trata de gente ambiciosa y cruel. Son los mismos que respaldaron la creación, en laboratorios, del Coronavirus, y quienes apoyaron su propagación estratégica, y los que, igualmente, tienen interés de destruir o, al menos, dividir y fracturar a la gente de Europa, porque saben que, al eliminar toda su esencia, les resultará más fácil apoderarse del mundo. Desde hace tiempo, vivimos una guerra mundial, con otros rostros y con diferentes armas; sin embargo, estamos tan distraídos y creemos en el encanto de lo que hoy descubrimos en las tiendas, en un ámbito irracional que llamamos virtual, que hemos perdido capacidad de discernir entre lo positivo y lo negativo. Somos, casi, lo que ellos, los dueños del poder, desean. Hoy, transformados en marionetas desgarradas, en títeres de emociones, apetitos e irracionalidad, millones de seres humanos permanecen enajenados y manipulados, totalmente engañados, tras los barrotes que una minoría les ha fabricado. Uno de los objetivos es ejercer control absoluto sobre millones de hombres y mujeres, en el planeta, y someterlos despiadadamente. Ellos, los miembros de la poderosa élite, definirán la alimentación, los hábitos, las tareas y el período de vida de cada persona, a la que tratarán con crueldad e indiferencia. ¿Eso deseamos? Estamos en un mundo roto, totalmente mutilado por pasividad e irresponsabilidad nuestra y por la ambición y la brutalidad de una minoría poderosa. ¿Acaso son elucubraciones mías? ¿Será, quizá, que, como artista y escritor, imagino escenarios fantásticos, o se trata, en realidad, de una amenaza que ensombrece el presente y el futuro de la humanidad? Estas guerras ocasionan tanto delirio.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

El vals de las letras y los números

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Los números aparecen en el escenario, elegantes o humildes, con ropaje de científicos, rostro de operaciones aritméticas, mirada de estadísticas y maquillaje de finanzas y negocios. Andan por el mundo y, a veces, suelen sumar, multiplicar, y, en ocasiones, se atreven a restar, a dividir. Son complejos, parece, con doble carácter -ambivalentes-, y así, con aciertos y errores de sus seguidores, se dedican a danzar en la pista de la vida. Asombran por su exactitud y por intervenir en los cálculos del mundo y del universo. Visten y bailan solemnes, adustos, con la frialdad de quien no perdona errores y es exacto y puntual Unos bailan el vals con los números y los presentan a los demás, inmersos en su complejidad, para bien o mal. Y mientras los números se entretienen en la ciencia, en la tecnología, en los negocios, en las finanzas, en la arquitectura, en las estadísticas y en los cálculos matemáticos, aparecen, en la pista, las letras, abrazadas entre sí, con la encomienda de formar palabras, transmitir sentimientos e ideas, convertirse en poemas y en cuentos, en novelas y en relatos, en historias y en textos. Números y letras se mezclan en el paisaje de la vida y bailan, incesantes, el vals, con sus notas profundas y ligeras, con sus realidades y sus sueños, con sus fantasías y sus solemnidades. Muchos seres humanos, a pesar de coexistir en un ambiente roto, sienten admiración y emocionan al mirar números, letras, operaciones matemáticas, palabras, ecuaciones, textos, que abrazan y besan, entre un suspiro y otro; algunas personas más, pasan despreciativas e indiferentes, ajenas a la convivencia, al banquete, y, si acaso se interesan en ese mundo, es para seducirlos y utilizar sus sentidos de acuerdo con sus intereses y caprichos que, hoy y desde hace tantos ciclos, observamos en el ejercicio del engaño, del control, de la explotación y del poder. Y baila uno, casi sin darse cuenta, toda la vida, con los números y las letras, con las operaciones aritméticas y con las palabras. Las notas suenan magistrales y excelsas cuando, al seguir su ritmo inagotable, uno construye el bien en todas sus expresiones y traza puentes al infinito; pero los sonidos se vuelven discordantes al someter los números y las letras a apetitos, superficialidades, caprichos y mal. En el vals de las letras y los números, cada ser humano elige las melodías y arma las ecuaciones y los textos de acuerdo con sus sentimientos, sus ideales, sus anhelos, sus delirios, sus motivos y sus pensamientos. Las letras y los números siempre estarán esperando que alguien, hombre o mujer, los invite a bailar el vals de la vida, más allá de las intenciones nobles o despiadadas del solicitante. Cada biografía humana sigue el ritmo de su interior y de su exterior con las letras y los números que selecciona. Oh, cuánto asombro siento ante tan maravilloso espectáculo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

La tendencia de formar pueblos ciegos y mutilados

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

El proyecto y la estrategia son, parece, generar una ruptura en las sociedades, desgarrar y enfrentar a la gente, resaltar sus diferencias y hacer de unos y de otros enemigos mortales. Y las divisiones, el resentimiento y las fracturas, lo saben bien, germinan e inician en los hogares, en las familias, y se multiplican en las escuelas, en los centros laborales, en las calles y en las plazas públicas, en todas partes. Enseñan a la gente a competir irracionalmente por estupideces y superficialidades, a rivalizar con los que están atrás, a los lados y al frente, abajo y arriba, y les inculcan, adicionalmente, usar a los demás como objetos de consumo. Entre más odio, diferencias, resentimientos, desigualdades, violencia y divisiones existan en los pueblos, mayores serán las posibilidades de agotarlos, enajenar e intoxicar sus conciencias, romperlos y propiciar que se enfrenten. Así, con una sociedad ciega y mutilada, resulta sencillo que el ejercicio del poder sea autoritario, intolerante y despiadado.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Cuando sean mayores y recuerden

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Cuando sean mayores y evoquen los años del ayer, la historia y las rutas de sus existencias, especialmente su niñez, adolescencia y juventud, y descubran el juego perverso que les prepararon quienes controlan el poder económico, militar y político, en el mundo, con la complicidad de medios de comunicación, instituciones, artistas, intelectuales y científicos mercenarios, para arruinarlos y, por añadidura, convertirlos en parte de la generación perdida y rota, ¿qué reacción tendrán? Independientemente de la brecha generacional, muchos de sus padres se encuentran distraídos y ocupados en labores cotidianas, en múltiples asuntos, aunque a un gran número se les vea en actividades y costumbres baladíes, y las relaciones estén desgajadas, coyuntura que aprovechan las mentes ruines con la intención de hacer nodrizas, madrastras y padrastros de la televisión, la radio y las redes sociales mal enfocados y con cierta intencionalidad. Cuando la niñez, la adolescencia y la juventud de hoy se den cuenta, años más tarde, de que los adultos participaron, directa o indirectamente, en enlodar su destino y en intoxicar sus vidas, ¿estarán preparados para unirse y derrocar a aquellos que seguramente dominarán y manejarán los escenarios? El titiritero obtiene ganancias, ríe burlonamente y manipula, explota y humilla a los títeres mientras es propietario de la carpa, los hilos estén reforzados, el público se comporte irracionalmente y los otros, los muñecos, permanezcan confundidos, insensibles a sentimientos e ideas, débiles y sumisos. Tras la rebelión, títeres y marionetas, mutilados e irreconocibles, agotados y envejecidos, ahorcan o queman a sus verdugos; sin embargo, al pisar las cenizas, descubren que se hizo de noche y que les robaron lo mejor de la vida. ¿Queremos eso, y lo otro, lo que no se dice, para los niños, los adolescentes y los jóvenes del momento presente, a quienes miramos, tristemente, aprisionados durante un par de años por una enfermedad creada en laboratorios y dispersada estratégicamente en distintas naciones, y, actualmente, ante las crisis y las atrocidades de la guerra? ¿A dónde vamos? ¿Deseamos que las generaciones actuales sean individuos mediocres e incompletos, atados e incapaces de sentir y razonar, esclavizados a caprichos e intereses de grupos ambiciosos y perversos? ¿Haremos algo pacíficamente o definitivamente seguiremos pasivos como hasta este momento? ¿Quieren que sus hijos, nietos y descendientes sean la generación perdida y rota? ¿Qué sucederá, pregunto, cuando los menores del minuto contemporáneo revisen sus existencias y la historia, y descubran, finalmente, la trampa que se les ha preparado?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

En estos días de guerra

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estos días de guerra, escucho las conversaciones y leo las críticas y las opiniones de incontables personas, en el país donde radico y a nivel mundial, y comparto la preocupación humana ante el panorama desolador y sombrío que se proyecta y, además, atenta contra la estabilidad del planeta y la vida en todas sus expresiones. Duelen las guerras. Sus heridas lastiman, mutilan, enferman y asesinan, a pesar de que, a veces, parezcan tan lejanas. Esta guerra no respeta fronteras ni razas. Si se extiende a nivel mundial, las consecuencias serán fatales. No obstante, me asombra y mortifica que, inmersos todos en un verdadero problema de destrucción masiva, haya tanta gente, aquí y allá, en un lugar y en otros más, que no comprende ni perdona a los demás, que odia tanto y es agresiva e intolerante, ajena a las necesidades y a los dolores de la humanidad, incapaz de dar de sí y dispuesta a arrebatar, explotar, mentir y abusar de los más débiles. Con desencanto, tristeza y preocupación, descubro en los hogares, en las escuelas, en los centros laborales, en las calles y en los espacios públicos, rivalidades y diferencias estúpidas, envidias y mentiras, discusiones e incomprensión, desamor y pleitos, abusos y desencuentros, deshonestidad y trampas. No seamos incongruentes ni falsos. Si exigimos que la guerra cese y que prevalezcan la armonía, el equilibrio, la paz, el respeto, la justicia y la libertad, comencemos con nosotros, en nuestros hogares, en las instituciones educativas, en los centros laborales, en cualquier sitio donde estemos. ¿Somos comprensivos, tolerantes, respetuosos, o todo lo contrario? ¿Merecemos la paz o la guerra? ¿Cómo vivimos? Por favor, si sentimos repulsión por la guerra y la rechazamos, empecemos con nuestras propias vidas y demos ejemplo. La paz está en nuestras manos, en estos días de guerra.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

En tiempos de guerra

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Con esperanza y por la paz mundial

En tiempos de guerra, deseo cultivar flores perfumadas y de hermosos colores para que la gente no olvide la magia del amor, los detalles, el bien y la dulzura. En tiempos de guerra, quiero salir a las calles con el objetivo de abrazar a la gente y pedir a los adultos que no preparen, en sus hogares, más soldados que solo reciben órdenes de matar y sepultan sus sentimientos, dignidad, pensamientos y libertad en la sangre que escurre por el dolor y en la inocencia robada. En tiempos de guerra, deseo colocar mis manos en los rostros atemorizados, en la gente que se siente enferma, en las personas que tienen hambre, para consolarlos y darles una esperanza. En tiempos de guerra, no apoyo a unos ni a otros porque los conflictos bélicos, lejos de dejar triunfadores, solo ofrecen un deplorable y triste espectáculo de perdedores, un paisaje de gente rota, mutilada e incompleta. En tiempos de guerra, anhelo plantear a hombres y mujeres, en el mundo, que hagan un paréntesis, una tregua, con la finalidad de que se desnuden, que hagan a un lado la tonalidad de sus pieles y sus rasgos, que destierren sus intereses personales y de grupo, y que se encuentren a sí mismos, en la morada del alma, hasta que se sientan a sí mismos y perciban que todos -nosotros y muchos más- palpitamos al ritmo de una mente infinita que nos convierte en hermanos. En tiempos de guerra, veo a mi alrededor que el odio y la violencia se extienden e intoxican los hogares, las escuelas, los centros laborales, las calles, todas partes, como si se tratara de una competencia irracional o de una moda carente de razón y sentido. En tiempos de guerra, deseo promover el amor, la paz, la dignidad humana, el bien, los sentimientos nobles, la libertad, los ideales, la justicia, los pensamientos equilibrados, la armonía y el respeto. En tiempos de guerra, me atrevo a decir que es hora de despertar y probarnos, exigir pacíficamente que cesen las hostilidades entre unos y otros. En tiempos de guerra, les digo que es irracional que un grupúsculo decida, por sus apetitos e intereses, destruir el planeta, a la humanidad y todo signo de vida. En tiempos de guerra, insisto, debemos cultivar más flores y plantas bellas que espinas, con la intención de contrarrestar el mal y demostrar que el bien, fortalecido con la unidad, es superior a cualquier arma. En tiempos de guerra, quisiera dormir profundamente y despertar a la siguiente mañana con una sensación de armonía y paz en mi interior y afuera, en el mundo; sin embargo, no podría descansar tranquilo, en la comodidad de una habitación, mientras otros, aquí y allá, sufren y mueren injustamente. En tiempos de guerra.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y mientras unos se ocupan de la guerra, la vida regala colores, formas y sabores

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

La humanidad está rota. Mutila la naturaleza y trata de enmendar los guiones de la vida. A pesar de todo, la mirada del sol, desde el amanecer hasta antes del ocaso, alumbra las flores que regalan sus matices y sus perfumes a quienes se deleitan con sus formas y sus texturas. La gente se odia. Pelea y se mata cruelmente; pero la lluvia y los ríos apagan la sed, palpitan al ritmo de la creación infinita y limpian la escoria que queda sobre el planeta y que cubre los poros y asfixia la intimidad de la naturaleza. Tantas personas se aglomeran, consumen y no aportan ni compensan el bienestar que disfrutan, en contraste con la vida que abre sus puertas y ventanas a buenos y malos. Hombres y mujeres contaminan la tierra, la envenenan y la intoxican, y sigue obsequiando frutos con sabores deliciosos y nutrientes invaluables. El ser humano atentó, recientemente, contra sí mismo al incendiar una selva, asesinar innumerables animales y crear, en laboratorios, una enfermedad que dispersó estratégicamente, una y otra vez, en distintas regiones del mundo, con la idea de eliminar ancianos, enfermos y mucha gente, y ahora, aún sin reponerse, se encuentra inmerso en una guerra; no obstante, hay quienes escriben y leen poesía y novelas, pintan y admiran lienzos con paisajes bellos, interpretan y escuchan melodías verdaderamente magistrales, aman, hacen el bien, defienden la paz, practican virtudes, promueven la libertad y luchan por la dignidad, la justicia y la igualdad, en alianza con la vida incesante que palpita en todas las expresiones. La humanidad está en guerra, pero el mundo y la naturaleza siguen en armonía y en equilibrio con la vida, a pesar de tantas alteraciones y mutilaciones, con una sonrisa y un abrazo infinito a quienes decidan asomar y descubrir su reflejo en los espejos más bellos y sublimes.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

En estos días

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estamos rotos. Somos, parece, seres humanos mutilados e incompletos, ambiciosos e intoxicados de estulticia, odio y violencia, incapaces de amarnos, plantar árboles, cultivar flores y coexistir, en armonía y en equilibrio, entre nosotros y con la naturaleza; pero sí, en cambio, con la terrible capacidad de destruirnos y arrasar con la vida en cualquiera de sus expresiones.

Hoy miro, con tristeza e impotencia, el escenario humano. Amplios porcentajes de personas, a nivel global, permanecen distraídas y enajenadas con los mundos virtuales que les ofrecen los aparatos digitales, al mismo tiempo que rivalizan unos con otros, compiten estúpidamente en una carrera sin proyecto ni sentido, se odian por sus diferencias o por lo que algunos poseen, participan en el terrible juego de los opuestos y se destruyen a sí mismos.

Y mientras la gente permanece atenta a sus memes, a sus medios virtuales, la otra parte de la vida, la que verdaderamente es real, se consume irremediablemente y se complica. Al despertar, las generaciones de la hora contemporánea -niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos-, descubrirán tardíamente que desperdiciaron los mejores años de sus existencias en las migajas que otros, los más poderosos, quienes realmente tienen planes, arrojaron despiadadamente al vecindario con el objetivo de que pelearan, no pensaran y se acabaran entre ellos.

Todavía no superamos los desastres causados por una enfermedad contagiosa y mortal, preparada en laboratorios y dispersa estratégicamente en el mundo, que fracturó nuestras vidas, lo que parecía tan nuestro, los esquemas individuales y colectivos que formaban parte de la cotidianidad, y ya tenemos presentes acontecimientos que motivan a preocuparse por lo que, inevitablemente, podría traducirse en una guerra de lamentables consecuencias para la humanidad.

Me resulta complicado manifestarme a favor de unos o de otros, por diversos motivos: acaso porque, en materia de linaje, estoy hecho de pedazos de aquí y de allá, y no podría traicionar a mis raíces ni a mí; probablemente por conocer personas de tantas naciones y considerar que, fraternalmente, somos hermanos y amigos; quizá por saber que son la esencia y el sentido positivo de los sentimientos, la razón, las palabras y los actos, y no los rasgos, la riqueza, el poder, las apariencias, las superficialidades, los antagonismos y las diferencias, lo que salva de la temporalidad y conduce a planos infinitos; seguramente por respetar a mis lectores y a la gente de todo el planeta; tal vez por todo y por nada. por más de lo que creo e imagino y que, no obstante, percibo que palpita en mi interior y en lo que me rodea.

En consecuencia, ante las posibilidades de la guerra que viene, solamente dejaré que sea mi ser interno quien se exprese libremente. No declaro la guerra ni fomento el odio y la violencia; al contrario, como escritor y artista, promuevo un mundo de amor, comprensión, tolerancia, respeto y paz. Sé que atrás de una guerra existen una multiplicidad de encuentros y desencuentros, motivos y sinrazones. Evitemos la guerra. ¿Cómo? Educando a la infancia, a los adolescentes, a la juventud. La educación inicia en casa y se extiende a la escuela. Nunca es tarde para hacerlo. Es perentorio llevarlo a cabo. No queda tiempo. No hay tregua.

No hagamos generaciones perdidas de los niños, los adolescentes y los jóvenes. Si inician la guerra, los ataques, el odio y la violencia, es hora de empezar, nosotros, con ejemplos, educación y consejos dignos y positivos. Seamos protagonistas de pequeños detalles y de cambios grandiosos que verdaderamente muevan al mundo; renunciemos a la contemplación irresponsable, a la pasividad que agota y favorece la muerte.

Como individuos y sociedad, merecemos respeto. No hay razón para que nosotros -tú, yo, ellos, ustedes- seamos víctimas de las decisiones agresivas y erróneas de los gobernantes. Ellos toman decisiones muchas veces ajenas a la voluntad del pueblo, establecen alianzas y comprometen el presente y el futuro de la gente a la que se deben y que los sostiene con sus impuestos.

Bastaría con que, en todo el mundo, bien organizados y sin violencia, protestáramos contra los causantes de la pandemia dirigida con cierta intencionalidad por una élite y nos opusiéramos a políticas, acciones y guerras que atentan contra la humanidad, la vida y la estabilidad en el planeta, para que tales grupúsculos se dieran cuenta de que todos nos oponemos a la locura que hoy vivimos.

Sé que no es factible que una persona o una sociedad aislada, carente de apoyo, exija y luche contra una élite intocable, refugiada en fortunas incalculables, en el poder militar o político; pero al sumarse, aquí y allá, a nivel global, las protestas dignas, inteligentes y pacíficas contra las atrocidades que se cometen en perjuicio de la gente y de la vida, los líderes y los gobiernos se tambalearían y, por lo mismo, tendrían que reprimir sus proyectos e impulsos devastadores.

Este día, entre tantos silencios y escándalos que huelen a odio, guerra, enfermedad, hambre, miseria, crisis, antagonismo, violencia, manipulación, miedo y control absoluto, reflexiono profundamente y me pregunto, una vez más, si reaccionaremos y saldremos de nuestro letargo y si tendremos capacidad para exigir dignidad, respeto, paz, libertad y progreso. Es por bien de todos. Por ti, por mí, por ustedes, por ellos, por nosotros y por nuestros descendientes.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright