La visita a un amigo de mi abuelo y sus recuerdos del 2 de octubre de 1968

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Fue una amistad que perduró y rompió fronteras impuestas por el tiempo, la ausencia y el espacio. Comprobé que para algunas personas, la amistad es algo más que un encuentro fortuito o un saludo casual; se trata, parece, de una historia de capítulos mutuos, instantes y años compartidos, convivencia irrepetible.

Aquella tarde, a mis 23 años de edad, llegué hasta su consultorio, instalado lujosamente en un edificio de la colonia Roma, en la Ciudad de México. Proporcioné mi nombre a la recepcionista, quien anunció al médico militar, al doctor Abelardo Zertuche Rodríguez, que yo, el nieto de su antiguo amigo Gonzalo Rojon, me encontraba en la sala de espera.

Con la alegría y emoción de identificar y recordar, en la profundidad de mi mirada, a su antiguo amigo, al compañero de sus correrías juveniles y sus proyectos en la etapa de madurez -a mi abuelo-, salió el hombre de su consultorio, quien por cierto nació el 14 de febrero de 1906. Me saludó amablemente, pasó su brazo sobre mi hombro y me invitó a platicar en su gabinete.

Me encontraba frente al amigo de mi abuelo. Por fin, tenía oportunidad de conocerlo, dialogar con él y comprobar, una vez más, que los personajes y las historias que relataba mi madre desde mi niñez, eran verídicas.

Contento y sonriente, me dedicó parte de aquella tarde, y narró anécdotas relacionadas con mi abuelo materno, sobre todo cuando le platiqué que algún día escribiría un libro referente a familias de antaño, incluida la mía. Desde la infancia he recolectado esa clase de historias y quizá, algún día, las escribiré y publicaré.

El hombre conversó con amenidad. Recordó historias que parecían extraviadas en los días de antaño, náufragas de otros momentos, y me lo agradeció al admitir que mi presencia le había alegrado la tarde, con el encanto de retornar a épocas pasadas de su existencia.

Abelardo Zertuche Rodríguez era un médico célebre. En su historial como profesionista, contaba entre sus pacientes a Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, mejor conocido en México y en el mundo, a través de sus películas, como Mario Moreno “Cantinflas”. Él le operó los ojos. El mimo fue su paciente durante muchos años.

También dialogó acerca de la Revolución Mexicana que inició el 20 de noviembre de 1910, cuando él apenas tenía cuatro años de edad, y todo lo que vivió, en su niñez, adolescencia y juventud, en un México convulsivo que buscaba encontrarse a sí mismo, a pesar de sus contrastes y de los encuentros y desencuentros de sus protagonistas.

Me marchaba del consultorio, agradecido y feliz, cuando detuvo mi marcha. Calló unos instantes, me miró reflexivo y advirtió que deseaba compartirme un tema que le parecía importante. Argumentó que al escucharme tan entusiasmado en mi proyecto de escribir libros -le entregué el que publiqué a los 20 años de edad. Oh, pecado de juventud-, pensó que tal vez me resultaría útil un dato ajeno a nuestra conversación, el cual, al paso de los años, indudablemente podría comentar públicamente.

Lo escuché. Habló pausadamente y con firmeza, y dijo que él había operado, años atrás, en 1968, al entonces presidente de la República Mexicana, Gustavo Díaz Ordaz, el cual, al registrarse la matanza de estudiantes en Tlatelolco, Ciudad de México, el 2 de octubre, permanecía en cama y en reposo, convaleciente de una operación que le practicó en los ojos, fecha en que su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, quien se convertiría en el siguiente mandatario nacional para mal del país, ordenó la embestida brutal contra los jóvenes que se manifestaban en la Plaza de las Tres Culturas.

Antes de concluir, se preguntó que quién más iba a saber las condiciones en que se encontraba el presidente Gustavo Díaz Ordaz, si él fue su médico y lo había operado en aquel período. El abuso de poder y la matanza, agregó, no fue ordenada por él, sino por el otro, quien abusó y se excedió con el pretexto de que las Olimpiadas, que se inaugurarían en el país el 12 de octubre de 1968, requerían, para su desarrollo, proyectar una imagen ordenada y pacífica de México. Gustavo Díaz Ordaz se responsabilizó a sí mismo de los acontecimientos, pero la mayoría ignora que el hombre se encontraba en proceso de recuperación tras la cirugía, completó el médico.

Añadió el galeno que tan enloquecido por el poder estaba Luis Echeverría Álvarez que, el jueves de Corpus Christi -10 de junio de 1971., ordenó otra embestida criminal contra estudiantes. Alguien tan cobarde, que no asume su responsabilidad públicamente y permite que un mandatario nacional se cumple totalmente de hechos tan reprobables, cuando en realidad estaba en cama, y posteriormente, ya con el poder absoluto en las manos, repite los asesinatos, ya como presidente de México, no merece credibilidad y sí, en cambio, el peso de las leyes y la condena histórica, recalcó.

El doctor Abelardo Zertuche Rodríguez confió en mí. Me dejó la encomienda de un día, cualquiera de mi vida, transmitir lo que él sabía acerca de la matanza de Tlatelolco, fecha que desde entonces, hasta el minuto presente, es motivo de marchas estudiantiles, cada 2 de octubre, en la Ciudad de México y en las principales urbes del territorio nacional.

Aclaro que, en lo personal, no simpatizo con la clase política mexicana que ha abusado del poder para beneficiarse en lo individual y favorecer a los grupos a los que pertenecen, siempre en perjuicio de la nación y de sus habitantes; sin embargo, hoy he escrito la información que me proporcionó el doctor Abelardo Zertuche Rodríguez, quien tenía un escenario más amplio sobre las condiciones de salud en que se encontraba al mandatario nacional, Gustavo Díaz Ordaz, en octubre de 1968.

Hoy, varios años después, cumplo la petición del amigo de mi abuelo materno, quien una tarde de mi juventud me regaló algunas horas de plática amena y me relató historias que contribuyeron a enriquecer mi anecdotario familiar.

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Televisoras mexicanas, ¿nodrizas de millones de hogares?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sí, me refiero a México

En la medida que una sociedad se masifica, es más cómodo y sencillo manipularla, aplicar la estrategia del engaño, dividirla o unirla con algún objetivo, jugar con sus intereses nacionales, acecharla, hostigarla, ejercer el poder aplastante y gobernar con corrupción, terror e injusticia.

Obviamente, para desnudar a los habitantes de un país, es preciso diseñar un plan maestro e implementar estrategias y la ley de la gradualidad, con la que los dueños del poder y las “oportunidades históricas”, un día, otro y muchos más desmantelan instituciones, estructuras sociales, costumbres, tradiciones, educación, riqueza y soberanía nacional.

En esa partida tramposa, no importan las consecuencias. Si hay que sacrificar niños, mujeres, ancianos, jóvenes, hombres, simplemente se deben considerar víctimas, número, estadística. Qué importa, entonces, que mueran o sufran tantas personas si es a cambio del bienestar de la clase política mexicana y sus cómplices los empresarios que hacen negocios sucios.

En este juego perverso, la clase política, respaldada por un grupo reducido de familias que en conjunto poseen fortunas superiores a las reservas del país, establece alianza con las televisoras nacionales -nodrizas de incontables generaciones-, las cuales “normalizan” las situaciones negativas e insanas, ridiculizan a la familia y a las instituciones -véanse los bufones, los cortes comerciales y las telenovelas, verbigracia-, promueven superficialidades y promiscuidad, disfrazan la realidad mexicana con maniquíes de aparador, establecen e imponen conceptos y modelos de vida artificiales y estúpidos, aplastan los valores y hasta fomentan la discordia, la vulgaridad, la estulticia, la confusión y la violencia.

Quien se altere y se sienta ofendido, solamente debe sacrificar algunas horas de su existencia, como diariamente lo hacen millones de mexicanos, para comprobar que la televisión, con el internet mal empleado, contribuyen al atraso y desmantelamiento de México.

La gente, multiplicada por millones, está fascinada con tales modelos de vida que llenan su terrible vacío e insignificancia existencial a través de la idea de que vale si posee un automóvil, una residencia con piscina, vacaciones constantes, perfumes y ropa de marcas prestigiosas, calzado que provoca envidia y no deja huellas y consumismo irracional. Todo se paga a crédito, se empeña la vida o se obtiene una posición socioeconómica aparente. Todos ambicionan la corona y desean la tajada de pastel, y en eso trabajan las camarillas de sinvergüenzas que han saqueado al país y pisoteado leyes, reglas, dignidad humana y vidas.

Es legítimo formar un patrimonio y hasta poseer riqueza; sin embargo, es reprobable construirla a partir de los beneficios tramposos del poder, la corrupción, el engaño y el abuso.

La tragedia de innumerables mexicanos de la hora contemporánea es que se encuentran inmersos en el miedo, la hipocresía, el conformismo, la traición y la pepena de vidas ajenas. Millones de ellos, atrapados en las mazmorras de la pobreza material, y otros tantos ya con formación académica y ciertos niveles de bienestar económico, sienten, piensan, actúan y hablan igual. Sólo cambian los estilos, pero en el fondo son los mismos.

Ni las instituciones universitarias, con sus maestros y doctores, han asumido su responsabilidad histórica y social. Están aletargados. Resulta más cómodo refugiarse en las aulas para criticar frente a los alumnos o en las tertulias de café los crecientes y alarmantes niveles de corrupción, impunidad, subdesarrollo e inseguridad que cotidianamente derrumban los pilares de México. Algunas instituciones se salvan, pero no todas. Igual acontece con los académicos, sobre todo con aquellos que emulan a los grandes corruptos de la política y los negocios turbios, al hostigar a los alumnos por medio de los exámenes “difíciles de aprobar”, los trabajos casi para intelectuales que ni ellos elaborarían a la altura de sus exigencias  y las calificaciones reprobatorias porque “el 10 es para el maestro y conmigo es muy difícil pasar, a menos que…”

En México, amplio porcentaje de familias están distraídas en marcadores deportivos, bromas en doble sentido por parte de los bufones consentidos de las televisoras, memes, telenovelas fuera de la realidad, chismes y boberías.

Una sociedad que en la última década del siglo XX creyó en el “chupacabras” y que hoy, en 2018, padece las consecuencias brutales de un voto hormonal e irracional por una supuesta belleza física y la fascinación de un matrimonio de telenovela, casi imperial, que únicamente dejó entrever la miseria humana de las multitudes, no despertará mientras no reaccione y siga concediendo su amor y confianza a la madrastra que la amamanta -la televisión- y a su padrastro ambivalente, lascivo y bipolar -internet-, pareja que se filtró con astucia a los hogares mexicanos.

Resulta preocupante que no existan puntos de referencia y que quienes sienten, piensan, hablan, escriben y actúan distinto, enfrenten el riesgo de ser asesinados brutalmente, sometidos por el poder y hasta juzgados por la propia sociedad a la que defienden.

Afortunadamente, el otro rostro de México es que también coexisten hombres y mujeres interesados en rescatar los valores de la nación. molestos con la irracionalidad de las mayorías que solapan gobernantes sucios, televisoras corruptas y perversas, desórdenes, injusticias, burocracia, crímenes, desempleo, miseria, enfermedades, subdesarrollo, inseguridad y falta de oportunidades.

Esas minorías, desde niños, adolescentes y jóvenes, hasta personas de edad madura y ancianos, sienten mortificación, vergüenza, coraje, asco e impotencia ante lo que la clase política mexicana, en complicidad con televisoras mercenarias, grupos de empresarios deshonestos y toda clase de delincuentes, están haciendo en contra y perjuicio de México; no obstante, en la balanza nacional, un grupo mayúsculo que habla diferentes lenguajes dentro de un mismo idioma, se encuentra entretenido en la trama interminable de las telenovelas, en el doble sentido de los bufones, en la falsedad de los noticieros, en los rostros y cuerpos de aparador que exhiben los programas televisivos, en las estupideces y vulgaridades de locutores y conductores, en expectativas y marcadores deportivos, en memes y claro, en la realidad impuesta por los poderosos -asaltos, crímenes, abusos, injusticias, inflación, desempleo, burocracia, injusticias y caos, entre otros-, para distraerlos, perturbar la tranquilidad social y desmantelar la riqueza y soberanía nacional. Con todo esto, ¿seguiremos consintiendo que la televisión siga amamantando los hogares mexicanos?

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¿Quién será capaz?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me pregunto, en este México que cada día parece desmoronarse ante la apatía y mediocridad de millones de habitantes que se han acostumbrado a ser espectadores de acontecimientos negativos y el ejercicio de corrupción descarada que practica la clase gobernante, cargada de intolerancia e injusticias, con un proyecto perverso de gradualidad para desmantelar a la nación y apoderarse de su riqueza y de todas las oportunidades, ¿quién será capaz de construir puentes, derribar muros y fronteras, devolver la confianza y dignidad a la sociedad, restaurar las instituciones y los valores, modificar el rostro de la historia y definir las rutas de la armonía, el desarrollo y la paz?

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Los mismos nombres y rostros en la política mexicana

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En la política mexicana, quienes se han aferrado a los intereses del poder y causado tanto daño al país, ostentan los mismos nombres, apellidos, linaje y rostros. Cínicamente saltan de un partido a otro, se definen independientes o maquillan sus expresiones y sonrisas, como si la falsedad, la apariencia y la simulación fueran factor de cambio. Tratan de confundir a las masas y que éstas, aturdidas, crean en sus engaños, en su proyecto de desmantelar a la nación y empeñarla. Quien causa daño una vez, no merece una segunda oportunidad. El asunto es que millones de mexicanos, con grados académicos o sin formación escolar, con riqueza o desprovistos de todo, deambulan entre una distracción y otra, y hasta parecen más interesados en los resultados de un marcador, en la belleza física de un cantante o de un actor, en las tramas de las telenovelas y en las ocurrencias de los bufones de la televisión. Una sociedad que tiene a la televisión como nodriza, está perdida y cree, aunque experimente lo contrario, que la realidad es una telenovela, el escenario de un bufón que habla estupideces y promueve modas o el estudio que marca las cámaras y los reflectores a la pepena de vidas ajenas. Un pueblo con tales rasgos, no está preparado para defender a su nación y exigir gobernantes honestos.

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Tentación

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En México, parece que los hombres y las mujeres del poder económico y político, aplican la ley de la gradualidad con el objetivo de fragmentar, dividir y desmantelar al país, y así propiciar condiciones adversas y negativas para las masas y “oportunidades históricas” para ellos, ejercer el control absoluto y apropiarse de la riqueza nacional. En complicidad con los medios de comunicación y otros sectores mercenarios, parece que pretenden que la sociedad coexista angustiada y temerosa, hasta provocar situaciones críticas, preocupantes y riesgosas, y justificar, entonces, la intervención aplastante de las fuerzas armadas, pisotear los derechos humanos, imponer reglas castrenses severas y apoderarse del país. Mientras, amplio porcentaje de mexicanos, más allá de su formación académica y de sus niveles socioeconómicos -claro, incluidos médicos y otros grupos soberbios que se sienten élite-, se encuentran enajenados, distraídos en asuntos y cosas baladíes, en el espectáculo que otros, una minoría, les han preparado con cierta intencionalidad.

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Otros rasgos de la era Trump

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Todo tiene una explicación y un significado. Si Donald Trump, presidente de Estados Unidos de Norteamérica, atrapado en su ausencia de valores, estupidez, fantasías y mediocridad, cree que la diplomacia y la política se practican por medio del twitter, evidentemente está equivocado, con el riesgo de que con similar demencia sería capaz de oprimir, si se lo permitieran, un botón para provocar una catástrofe mundial.

Eso sucede, evidentemente, porque es el novio que amenaza, grita, manosea y ultraja, y nadie se atreve, por conveniencia, intereses, complicidad o temor, a colocarlo en el sitio que corresponde a todo barbaján ambicioso y enloquecido con el poder. Es un riesgo latente para la humanidad, a pesar de que ahora esté perdiendo niveles de popularidad entre la ciudadanía que lo eligió.

Más allá de explorar en este espacio el perfil y los síntomas patéticos de Trump, los intereses perversos de los grupos de poder que lo respaldan y las rutas que podría tomar un racista que se siente policía, juez y rector del vecindario humano, prevalecen algunos rasgos que llaman la atención y merecen, por lo mismo, destacarse para análisis personal.

En primer término, todo parece indicar que dentro de la sociedad estadounidense, tan vacía y carente de valores, las mujeres no se tienen el mínimo respeto, acaso porque nacieron en una época en la que se les trata como maniquíes y así actúan. No tienen otros parámetros. ¿Qué las motivo a votar por un misógino? Un hombre que se expresa vulgarmente de las mujeres, que les tiene aversión y las utiliza sexualmente, ¿es digno de recibir el voto femenino? Tan poco se valoran las gringas -sí, las que impresionan a los latinoamericanos con sus ojos azules o verdes y sus cabelleras rubias-, que favorecieron a Donald Trump.

Otro aspecto digno de resaltar es que los propios latinoamericanos, y muy particularmente los mexicanos, regalaron el voto a quien se ha dedicado a amenazar y ofender a los pueblos de ese origen, incluso con calificativos denigrantes. ¿Cuál fue la razón por la que amplio porcenaje de mexicanos y latinoamericanos votaron por este hombre grotesco que representa una amenaza para sus naciones? Se notan falta de raciocinio y solidaridad en esta raza, y ejemplos sobran de cómo, en vez de unirse, unos a otros se atraviesan los pies para provocar tropiezos.

Paralelamente, el odio y racismo de Donald Trump ha despertado esos sentimientos adormecidos en los gringos, en quienes se sienten de raza superior por el hecho de tener la piel clara, el cabello rubio y los ojos azules o verdes, entre otros prejuicios estúpidos que les dio la genética.

Esta parte, por cierto, la del odio racial, es muy preocupante. Significa que están despertando fuerzas hasta hace poco aletargadas o reprimidas, con un odio tal que aumenta cada día y se extiende por todo el territorio estadounidense y por el mundo, cuyas consecuencias serán negativas en caso de consentirlas.

El materialismo de los gringos, las mujeres a las que no interesó la misoginia del otrora candidato y hoy mandatario, los latinoamericanos totalmente desunidos y el odio racial, marcan, con Donald Trump, el inicio de una etapa oscurantista que sumada a grupos que pretenden desarticular el actual orden mundial para imponer sus intereses ambiciosos, crueles y desmedidos, necesitan mayor atención y reacción de la sociedad que los distractores que abundan y fascinan a las masas.

Más que criticar a Donald Trump por su estulticia y su obra de teatro grotesca, habría que analizar lo que representa, lo que trae consigo, lo que identifica a los gringos con ese proyecto tan malsano que podría convertirse en pesadilla para el mundo entero.

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COPARMEX, pobre COPARMEX..

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Con amistad para los empresarios que respetan la dignidad humana

“Para ustedes, los periodistas, está disponible la tarima. Es el espacio que les asignaron”, expresó una de las empleadas del Centro Empresarial de Michoacán, filial de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), a los reporteros invitados a cubrir la disertación de otro comunicólogo que ahora pretende ser presidente de México, Pedro Ferriz de Con.

La cita, de acuerdo con la invitación enviada a los medios de comunicación, fue a las ocho de la mañana, en uno de los salones del Hotel Holliday Inn, en la zona comercial y financiera de Morelia, capital del estado mexicano de Michoacán, donde empleados de la agrupación empresarial registraban y cobraban el ingreso de los hombres de negocios interesados en asistir al desayuno y a la conferencia.

Cuando miré, atrás, casi escondida, la tarima gris de madera, reaccioné de inmediato y manifesté a la empleada mi descontento con el argumento de que como ser humano merezco respeto y de ninguna manera me sentaría en ese lugar que marcaba una diferencia repugnante de clases sociales.

Le recordé que COPARMEX es una agrupación empresarial fundada en 1929, con doctrinas como la defensa de la dignidad humana y los valores trascendentales, de modo que al tratarnos con discriminación, con un sello de diferencia que suele caracterizar a los seres humanos adocenados que apenas tienen cierta posición económica actúan como amos despiadados de quienes les rodean, demostraban incongruencia.

Auxiliada por algunas compañeras y un joven de gafas, atrapado en un traje oscuro, la asistente anunció que ordenaría a los empleados de la empresa hotelera la colocación de sillas sobre la tarima, ofrecimiento al que evidentemente me opuse por tratarse de un espacio que podrían utilizar camarógrafos y fotógrafos para colocar los tripiés de sus cámaras, y porque me pareció falta de respeto servirse de nosotros para la promoción de sus actividades y tratarnos como personas de quinta categoría, claro, muy ad hoc a las costumbres mexicanas de simulación que en una mano presentan un ramo de flores y en otra un látigo.

Ante la sorpresa de mis colegas, advertí al personal operativo de COPARMEX que lo que menos me interesaba era desayunar. De ninguna manera iba a sentarme en el escenario del desprecio y la mediocridad, ni sería un mal necesario ni objeto de compasión por parte de quienes nos invitaban y demostraban su falta de educación al no ofrecernos un espacio digno.

En consecuencia, anticipé que en todo caso permanecería cerca del acceso del recinto porque mi vocación nunca ha sido causar lástima ni ser denigrado porque parto del principio de que todos los seres humanos, independientemente de su condición económica y racial, merecen respeto.

El joven de las gafas de aumento se aproximó a una mesa próxima al acceso, donde dos mujeres le aconsejaron ignorar mis peticiones porque nosotros, los periodistas, somos insoportables, o sea que se sirven de los medios de comunicación para satisfacer sus intereses y ansiedades ególatras, y al mismo tiempo los escupen. Vaya porquería.

Tan falsas como su tinte y su maquillaje, ambas mujeres demostraron lo que valen en realidad, nada. Su filiación a COPARMEX excluye los principios sobre el respeto a la dignidad humana y la práctica de los valores trascendentales.

Esa es, parece, la clase de empresarios mediocres e improvisados que tienen Michoacán y México. Obviamente, son los que hablan de empresas con responsabilidad social y condenan, como el adúltero que se espanta de la suripanta, la corrupción de funcionarios públicos y políticos que han saqueado al país.

Tras mi malestar, finalmente influí para que nos proporcionaran una mesa, admito que con el servicio completo del banquete, no tan delicioso como el que suelo preparar con alguien cada fin de semana. Por cierto, espero no me envíen la factura de la mesa.

Confieso que mi intención no fue tramitar un desayuno con fruta, jugo, café, bizcochos y un pan con pollo en salsa verde, parecida al pipián. No, no fue eso. Tampoco busqué una silla para estirar las piernas y convertirme en espectador dedicado a aplaudir a un señor comunicólogo arrogante. Fue cuestión de defender un principio fundamental: la dignidad humana.

Igual que todos los seres humanos, ricos y pobres, inteligentes y tontos, bellos y feos, merezco respeto. Como escritor y periodista, también exijo que el trato hacia mí sea digno. Tales empresarios, con todo el dinero que aparentan poseer en este país de simulaciones, jamás podrán comprar talento ni calidad humana.

Fue, igualmente, por defender la dignidad humana, el respeto y los derechos humanos del ser humano, de los reporteros que un día y otro de mañana se sumarán a las tareas periodísticas. Se trata, en parte, de hacer talacha para que las futuras generaciones no enfrenten el desprecio y el trato despótico de personas a las que si se les desnudara, es decir si se les quitaran dinero y títulos académicos, enseñarían lo que en realidad son, seres carentes de calidad humana, criaturas vacías.

De la experiencia anterior, protagonizada el martes 6 de diciembre de 2016 -a veces ayuda memorizar las fechas-, obtengo dos conclusiones tristes que lamentablemente me confirman los niveles tan ínfimos que envuelven a amplio porcentaje de seres humanos.

En primer término, los principios relacionados con dignidad humana, respeto, derechos fundamentales y valores trascendentales, promovidos por los ideólogos de COPARMEX, son, en casos como el expuesto y materializado específicamente en las dos mujeres citadas, tan parecidos a las expresiones melosas “te quiero” y “te amo” de quienes se creen enamorados, y se comportan ausentes a la hora de las pruebas y los hechos. “Te quiero” en la medida que no me involucras en tus necesidades y problemas. Te amo, pero siempre que disfrutemos las horas de placer, no tus lágrimas y sufrimiento”.

Afortunadamente no todos los empresarios de COPARMEX Michoacán actúan igual. Ignoran que durante muchos años cubrí la fuente económica en diversos medios de comunicación y que conozco sus historias con todos sus claroscuros. Habría que relatar, verbigracia, las barbaridades que uno de sus dirigentes cometió recientemente.

Por otra parte, me entristece y preocupa el hecho de que muchos de ellos, mis colegas, se resignen a que nos traten con tanto desprecio, como si fuéramos un mal necesario del que los hombres del poder se sirven para satisfacer su egolatría, caprichos e intereses. Algunos son amigos míos y otros únicamente compañeros y colegas; pero lamentablemente no existe iniciativa por parte del gremio para unirse, formar un frente no de ataque, sino profesional, y exigir respeto a nuestra dignidad como personas y profesionales.

Tales actitudes de conformismo y pasividad, característico en millones de mexicanos, han conducido al país a su funeral. Si todos tuviéramos el valor de actuar y reclamar lo justo, sin duda sumaríamos y multiplicaríamos a favor de la nación en vez de restar y dividir en perjuicio de todos.

Ahora recuerdo que hace poco más de dos años, en una asamblea de COPARMEX Michoacán que se celebró en los jardines y el área de banquetes y reuniones de Altozano, en la ciudad de Morelia, citaron a los periodistas a determinada hora y los mantuvieron en un pabellón, mientras los otros, empresarios  y funcionarios, eran conducidos a mesas donde les servirían platillos aparentemente deliciosos. Era, curiosamente, la hora de la comida.

Corresponsales, reporteros locales, camarógrafos y fotógrafos permanecieron más de una hora en el pabellón. Recuerdo que cuando llegué, enfrenté a quien entonces dirigía a la agrupación. Le reclamé el acto de desprecio a mis colegas y resalté que solamente los utilizaban, que no era humanitario mantenerlos en un pabellón con alta temperatura, aislado del área de mesas, sin ofrecerles agua o algunas bebidas.

Tramité una entrevista con el líder nacional de COPARMEX. El personal operativo y algunos empresarios michoacanos se opusieron a mi petición, pero insistí y finalmente logré que dicho personaje concediera unos minutos a la prensa, con la condición de que si escuchábamos el helicóptero en el que llegaría el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, suspenderíamos la sesión de preguntas y respuestas. Obtuvimos la entrevista y como es de imaginar, permanecimos de pie durante el acto mientras veíamos comer a los invitados.

He de admitir que dentro de COPARMEX Michoacán tengo amigos y conozco gente muy valiosa que da ejemplo de lo que es ser empresario. Son excepcionales y merecen todo mi reconocimiento; sin embargo, ha presentado descalabros y retrocedido, hasta tener similitud con agrupaciones y cámaras oficialistas que aplauden a los mandatarios, gobernadores, funcionarios públicos y políticos en turno, cuando debería de reconocer el trabajo oficial que se realiza bien, criticar lo negativo y proponer respuestas y soluciones a los problemas, conflictos y planteamientos de la hora contemporánea.

Dentro de Coparmex Michocán hay integrantes muy valiosos, con experiencia y trayectoria reconocida en diversas disciplinas, quienes deberían asumir el liderazgo o, al menos, aportar a quienes han permitido que se tambalee la agrupación patronal. Tengo la fortuna de haber cubierto perdiodísticamente desde su fundación, con su primer presidente, y sé, por lo mismo, que tiene gente muy valiosa.

Por ese tiempo, la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles (AMDA) celebró una asamblea con empresarios de ese ramo en el estado de Michoacán. Asistieron el presidente nacional de la agrupación, el gerente general de la misma y otros directivos. La comida fue en el club Campestre de Altozano, también en la ciudad de Morelia.

Citaron a los periodistas con más de una hora de anticipación. Traté de que el líder nacional de AMDA concediera una conferencia de prensa, pues el gobernador michoacano llegaría con retraso. Insistí a varios de los empresarios que conozco hasta que finalmente hice la petición al gerente general de la agrupación, quien negó mi solicitud y manifestó “para eso los trajimos, para que cubran el saludo del señor gobernador y nuestro presidente nacional”. “¿Nos trajeron?”, reclamé molesto y advertí: “al menos a mí nadie me trajo. Vine por mi cuenta a cumplir una tarea profesional. Para su conocimiento, ni a mí ni a mis compañeros nos interesa el saludo del gobernador y el presidente nacional de AMDA porque eso carece de interés noticioso, es superficial; en cambio, lo que deseamos es obtener información, números, el crecimiento del sector, las inversiones, la generación de empleos, los planes de expansión. Si desean fotos y textos con flashes, saludos, poses y sonrisas, paguen publicidad en los medios de comunicación”.

Las mesas estaban dispuestas conforme a las normas más rigurosas de etiqueta, con la distribución de vajillas, copas y cubiertos que muy pocos entienden, como si hasta para comer, piensan, se requirieran ecuaciones. Igual que en COPARMEX, AMDA tampoco había dispuesto espacios para los representantes de los medios de comunicación. Unos y otros se sirven de los reporteros, pero los consideran basura. Se necesita tener dignidad y valor para defender el respeto y así poder mirar de frente a los demás, a los que uno ama, a los que se aconseja, a la gente que lee lo que transmitimos.

Con sus excepciones respetables, esos empresarios resultan de estatura muy corta ante personajes extraordinarios e inolvidables como doña Loraine Greves, la viuda de don Oliver Grace. Con más de 90 años de edad, esa mujer maravillosa, billonaria en dólares, quien pasó por la transición en 2015, en Estados Unidos de Norteamérica, fue tan humana y sencilla, de espíritu verdaderamente humilde, que jamás hubiera maltratado a una persona. Hubiera condenado las actitudes y los comentarios de las dos mujeres de COPARMEX Michoacán y de otros de sus integrantes.

Integrante de una familia que ocupa más de la mitad del Empire State, en Nueva York, con una multiplicidad de negocios internacionales que cotizan en los mercados accionarios del mundo, doña Loraine fue una mujer que cada día de su existencia cultivó detalles.

Billonaria en dólares, con acceso a la Casa Blanca y a los ámbitos económicos, sociales y políticos más exclusivos del mundo, ella, doña Loraine Greves, la señora Grace, solía ordenar a su chofer que frenara cuando miraba, desde su lujoso vehículo, alguna persona empobrecida en la calle. Nunca volteó al otro extremo cuando se topó con la miseria; al contrario, siempre dio anónimamente, y aun después de su muerte, surgen historias de personas que la recuerdan por lo que hizo a su favor cuando se sintieron más desgraciadas.

Doña Loraine pintaba. También era artista y de su interior surgía una gran sensibilidad. La mansión y el departamento que habitaba no se comparan con las “residencias” de estos ricos mexicanos que con menos recursos económicos, desprecian a quienes consideran inferiores por su aspecto o por su condición de trabajadores.

¿Qué hubiera expresado doña Loraine al escuchar a las dos mujeres de COPARMEX Michoacán o ante el desprecio, hipocresía, petulancia de aspirantes a multimillonarios? Entre los seres humanos acaudalados hay diferencias y niveles, y no solamente por las fortunas billonarias que acumulan, como fue el caso de doña Loraine, sino por la riqueza que surge de su interior y derraman hacia el mundo. Qué pena, en verdad, con estos empresarios mediocres que se sienten divinidades y ejes del universo.

Pedrito, el mentiroso

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Pedrito, el pastorcillo, disfrutaba mucho cuando engañaba a los aldeanos con la supuesta presencia de un lobo que pretendía devorar su rebaño. Cómo reía cuando los hombres acudían a su auxilio y lo descubrían burlón. Volvía a gritar y los vecinos del pueblo, convencidos de que verdaderamente se encontraba la fiera ante el muchacho, regresaban en su búsqueda para salvarlo y nuevamente lo descubrían mofándose de ellos.

Tras repetir sus mentiras, a la siguiente mañana apareció el lobo ante Pedro, quien gritó despavorido sin lograr la ayuda de los aldeanos, que coincidieron en que se trataba de una nueva mentira. El animal devoró varias de las ovejas y hurtó otras para la cena, según el relato infantil. El pastor aprendió que la mentira trae, al final, consecuencias negativas.

Cuando los niños escuchan la narración, aprenden que las mentiras son negativas y que igual que aconteció con Pedro y su rebaño, pueden representar problemas muy serios en la vida; sin embargo, en México parece que a algunas personas, cuando eran menores, sus padres les leyeron “El príncipe”, de Nicolás Maquiavelo, “El arte de la guerra”, de Sun Tzu, las lecciones del poder y otras obras que enseñan a ejercer control y dominio sobre los demás sin importar los medios.

Lamentablemente, esos niños crecen con la ambición de conquistar el poder para manipular a la sociedad y enriquecerse a niveles escandalosos, sin que les importe que millones de familias carezcan de alimentos y medios para subsistir o enfrentar enfermedades.

El síndrome de Pedrito es común en muchos funcionarios públicos y políticos mexicanos, quienes mienten a la sociedad con cinismo y descaro, como ya es costumbre, verbigracia, con la promesa de no incrementar las tarifas eléctricas y los precios del gas, diesel y gasolina, y al poco tiempo realizar ajustes que definitivamente lesionan la economía nacional.

La corrupción, el desinterés y la incapacidad de autoridades y políticos han provocado desorden en las variables económicas que tanto lastiman y denigran a los más de 120 millones de mexicanos que coexisten en un país resquebrajado por innumerables problemas.

En medio de inseguridad, burocracia, corrupción, impunidad, rezagos, miseria, injusticias e ilegalidad, las autoridades siguen con su táctica de mentir a los mexicanos. Sólo hay que lanzar el anzuelo al océano gubernamental para extraer algunas piezas que bien pueden examinarse, como es el caso de la llamada reforma energética, de la cual, al defenderla el mandatario nacional y sus colaboradores, prometieron que beneficiaría a los mexicanos, que las acciones redundarían en ahorros significativos, que incrementarían la productividad, que habría ahorro significativo, versus la dolorosa realidad que periódicamente entrega a la población un paquete con el aumento doloroso y perverso en los precios de los combustibles y el gas o en las tarifas eléctricas.

¿Por qué mentir a los mexicanos y prometer desarrollo, cuando las políticas gubernamentales tienden a destruir a las empresas generadoras de empleos y riqueza, a las familias y al país? ¿Cuál es el afán de declarar a favor de la población y en los hechos actuar en su contra?

Resulta que poco antes del cambio de horario -esquema, por cierto, que definitivamente no contribuye al ahorro de energía-, y  después de sus celebraciones tradicionales de noche de muertos, los mexicanos regresan al mundo de los vivos, al país de los que padecen las consecuencias de la sumisión ante un gobierno ambicioso, autoritario e insensible, y en lo sucesivo, aunque les hayan prometido lo contrario, tendrán que ser más austeros porque la Comisión Federal de Electricidad aumentó sus tarifas, medida que afectará a hogares con niveles de alto consumo y comercios e industrias, es decir a quienes invierten sus capitales, generan empleos y contribuyen, a traves de sus impuestos, al engrandecimiento de la nación, y claro, también a acrecentar las fortunas de aquellos que pellizcan recursos al presupuesto público.

De acuerdo con el comunicado de la Comisión Federal de Electricidad, con relación a octubre pasado, este mes de noviembre las tarifas para el sector industrial presentarán aumentos del 5.6 al 7.2 por ciento.

En el caso del sector comercial, las tarifas registran aumentos del 3.3 al 5 por ciento de octubre pasado al actual mes de noviembre. En tanto, la tarifa de uso doméstico de alto consumo, presenta un ajuste al alza de 3.3 por ciento, también de octubre a noviembre de 2016.

Si se relacionan los incrementos de noviembre de 2016 con las que se encontraban vigentes en el mismo mes de 2015, se notará que se trata de porcentajes del 25 al 30 por ciento para el sector industrial, del 17 al 23 por ciento en el caso de los comercios y del 17 por ciento para el uso doméstico de alto consumo.

La Comisión Federal de Electricidad justificó los incrementos al argumentar que los insumos que utiliza en la generación de energía han presentado aumentos sustanciales en sus precios, ante lo cual habría que preguntar cuáles son los beneficios que la clase política mexicana ofreció a la sociedad.

Con bastante orgullo y presunción, la paraestatal asegura que no se registrarán cambios en las tarifas domésticas de bajo consumo, pues “cerca del 99 por ciento de los hogares en México se encuentran” en ese rango, lo que equivale a 35.5 millones de clientes.

En realidad, si alguien se atreve a afirmar que millones de hogares mexicanos estarán exentos de tan lastimoso aumento, hablará con ambigüedad y cierta perversidad porque si bien es cierto que no se encuentran incluidos en las nuevas tarifas, es innegable que tendrán que pagar mayor cantidad de dinero al comprar alimentos y toda clase de mercancía debudi a que industriales y comerciantes aumentarán los precios de sus productos si no desean perder utilidades y quebrar.

Pedrito volvió a mentir a un pueblo distraído, totalmente enajenado con el teatro que les ofrecen la televisión y las redes sociales, sólo que el peligro que se proyecta sobre la nación mexicana será peor que las travesuras del pastorcillo o la devastación que provocó el lobo que devoró las ovejas.

Donald Trump y la desmemoria de los pueblos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Lo que menos necesita la humanidad es un monstruo que ensombrezca su presente y futuro. Ya hay exceso de dolor, hambre y miseria en el mundo como para obsequiarle un demonio que agreda con sus fauces a quienes más sufren. No, los seres humanos no requieren una bestia que extienda sus tentáculos para destruir y causar dolor y luto.

Xenófobo enloquecido, machista, lujurioso, desleal, mentiroso, fraudulento, engreído, traidor, majadero, violento y con pretensiones que conducirían a su nación y al mundo a la destrucción, Donald Trump pertenece al linaje de seres humanos despreciables y monstruosos, como Adolfo Hitler, con capacidad de convencer a las multitudes con sus discursos engañosos e incendiarios para conducirlas, finalmente, al matadero.

Ofensivo con mujeres, inmigrantes, latinoamericanos, musulmanes y veteranos de guerra, entre otros grupos, Trump, el empresario mañoso que ha jugado perversamente desde sus negocios de bienes raíces con supuestos quebrantos y que ha hecho creer que es billonario, no es otra cosa más que la escoria de un mundo embrutecido por la ambición desmedida y la pérdida de valores.

Si dueño del micrófono y del escenario público es capaz de desafiar a sus adversarios, a quienes desde su lastimosa posición de ídolo dorado considera inferiores, ¿hasta dónde llegaría en caso de convertirse en presidente de Estados Unidos de Norteamérica, en la deidad que aspira ser? Claro, aplastaría a la humanidad para colocarse en su cetro de policía del mundo.

Independientemente de la raza a la que pertenezcan, las ciudadanas estadounidenses probarán sus niveles de dignidad al rechazar, a través del voto, a quien considera al sexo femenino inferior y como objeto de placer, o favorecer con el sufragio a un verraco que vino al mundo a dejar escoria.

Lamentablemente, los pueblos suelen padecer amnesia. La desmemoria colectiva, junto con su estupidez, provoca que las lecciones históricas no se asimilen, ni recuerden e interpreten, de manera que los pueblos caen y repiten sus errores.

En las páginas amarillentas y quebradizas de la historia, uno encuentra lecciones repetidas en las que solamente cambian los rostros, las identidades y los escenarios; pero los errores son los mismos, como si la ausencia de memoria e inteligencia tomaran de la mano al padrastro que las mancilló.

Si uno revisa la historia de Estados Unidos de Norteamérica, nación odiada en muchas regiones del mundo, comprobará sus políticas expansionistas, intimidatorias y hostiles, con la diferencia de que la humanidad de la hora contemporánea también es endurecida, ambiciosa y proclive a responder con agresividad, lo que da idea del escenario internacional en caso de que Donald Trump ocupara la presidencia.

Estados Unidos de Norteamérica necesita un líder auténtico, no un muñeco inmundo que le contagie sus infecciones y lo deteriore. La humanidad no merece tener una amenaza que en cualquier momento, por enfurecimiento, soberbia e intereses, la moleste con sus insultos y agresiones.

Las elecciones presidenciales de los estadounidenses se celebrarán el 8 de noviembre del presente año, fecha en que los ciudadanos de esa nación votarán a favor de Hillary Clinton o de Donald Trump. Evidentemente, se trata de un asunto interno de Estados Unidos de Norteamérica; sin embargo, la falta de respeto, las amenazas y la intromisión de Donald Trump, el “güerejo” caricaturesco, a otras naciones, como México, obligan y estimulan a contener sus ataques.

Innegablemente, el pueblo estadounidense se probará a sí mismo al demostrar si tiene o no conciencia sobre el riesgo que enfrentará en caso de que resulte electo Donald Trump, quien sólo espera acariciar el poder para colocarse el antifaz de segador. Si tal fuera el caso, seguramente las páginas de la historia que hoy permanecen en blanco por no llegar aún a su cita con el destino y el tiempo, se cubrirán de miseria, destrucción, aniquilamiento y luto.

Este asunto no solamente corresponde reflexionarlo a mexicanos y latinoamericanos; incumbe también a los ciudadanos de todos los orígenes. Donald Trump es una bacteria que cavará agujeros y túneles para dañar a Estados Unidos de Norteamérica y a la humanidad.

Un hombre degenerado, intolerante, loco, extremista, agresivo, irrespetuoso, soberbio, racista, lujurioso y cínico no es digno de ostentar la presidencia de Estados Unidos de Norteamérica, no, al menos que la ciudadanía haya perdido el sentido común y crea las mentiras de un farsante que colocará a la humanidad en las casillas del tablero para jugar una partida peligrosa.

No se trata de trapear con agua sucia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La fascinación que ejercen los rostros ocultos tras los antifaces, en una fiesta, o el cambio de jugadores en una cancha de fútbol cuando no presentan resultados satisfactorios ni cumplen las expectativas del club al que pertenecen y de los aficionados encolerizados en el estadio, definitivamente son asuntos intrascendentes que no afectan a un país, a menos que acontezca algo extraordinario; pero sustituir nombres y apellidos dentro de los cargos importantes de la función pública sin rectificar el rumbo nacional, sólo será eso, relevo de rostros y amigos, trapear la casa con el agua sucia de la cubeta, mientras no exista la decisión firme de corregir los errores, enfrentar los problemas y adversidades y asumir el ejercicio de gobierno con compromiso, responsabilidad y patriotismo.

Nadie desconoce que hace un par de semanas, el presidente Enrique Peña Nieto aceptó la renuncia de los titulares de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y del Servicio de Administración Tributaria, hecho con el que el principal amigo y consejero del mandatario nacional, Luis Videgaray Caso, no solamente perdió su cargo público, sino la oportunidad de convertirse en aspirante del partido oficial a la Presidencia de la República Mexicana, evidentemente con una carga de desprecios, ridiculez  e irritación social.

De nada sirvió al ex secretario de Hacienda la capacidad que le atribuyen, evidencia de que la verdadera inteligencia se demuestra y prueba en la práctica, ante las circunstancias que se presentan durante la vida, porque sólo se caracterizó por su afán deshumanizado de arrancar más impuestos a un pueblo empobrecido que no palpa el desarrollo, tomar decisiones contrarias a los intereses nacionales y asumir el síndrome del adivino al ajustar continuamente los pronósticos de crecimiento económico, generalmente a la baja, y con interés obsesivo y perverso de recaudar sin beneficio real para los mexicanos.

Sus políticas, aceptadas sumisamente por quien le sucedió, caminaron muy cerca de las decisiones del gobernador del Banco de México, Agustín Guillermo Carstens Carstens, quien siempre responsabiliza a los factores externos de los problemas financieros del país, cuando se derivan, en gran parte, de los errores internos, y que por cierto alguna vez aseguró que “el alumno supera al maestros”, como crítica al Premio Nobel de Economía, Joseph Eugene Stiglitz, hombre culto y sencillo que en una conferencia habló acerca de la situación de la nación.

Por cierto, resultaría interesante dedicar un análisis sobre la conducta y reacciones de la colectividad, cuyos millones de integrantes, ante la impotencia de no poder castigar severamente a quien adquirió una residencia con un proveedor favorecido por la administración de Enrique Peña Nieto sin ser investigado, cuando la sociedad es sospechosa hasta de lavado de dinero si compra una casa, un terreno o joyas de cierto valor, e ideaba fórmulas para arrebatar dinero extra a los mexicanos por medio de incrementos a los precios de las gasolinas y otras medidas inflacionarias, celebró su renuncia.

Inmersos en una nación empobrecida y saqueada, con niveles escandalosos de impunidad, corrupción e injusticias, los mexicanos, sí, los mismos que justificaron el acto deshonesto de Enrique Peña Nieto, hace un cuarto de siglo, al plagiar al menos una decena de obras de diferentes autores para introducirlos a su tesis profesional, sólo fueron testigos de los nuevos nombramientos dentro del gabinete, sin promesas de cambio ni mejoría, equivalentes a pintar la fachada carente de cimientos e invadida de salitre, o lo que es lo mismo, barrer la estancia y esconder el muladar bajo los sillones.

Más allá de que los niveles de credibilidad hacia el presidente Enrique Peña Nieto son ínfimos, no solamente debe dar confianza, sino actuar y presentar resultados tangibles en beneficio de la sociedad mexicana.

A dos años de la conclusión de su mandato constitucional, Enrique Peña Nieto debe olvidar a los amigos, a quienes por cierto ha favorecido en exceso, e involucrar en las decisiones y funciones de su gobierno a la gente que posee conocimiento, experiencia, honestidad y deseos de influir en las transformaciones estructurales que necesita México, no a las que tanto defiende la élite del poder.

La actual política gubernamental, junto con las fallidas reformas educativa y energética, por citar dos, ha encogido, carece de calidad, es de talla menor a las necesidades de los mexicanos, quienes coexisten en un país de subdesarrollo, con rezagos en educación, salud, empleo y vivienda, y problemas acentuados de corrupción, impunidad, delincuencia e injusticias.

Más que barnizar las vigas apolilladas del techo, pintar los muros debilitados por ausencia de cimientos, comprar adornos antes de poseer la casa o calzar zapatos de menor talla, urge renunciar a las simulaciones y actuar por el bien de México.

Si el presidente Enrique Peña Nieto desea hacer algo por México y sus más de 120 millones de habitantes, debe renunciar a favorecer a sus amigos con las caricias del poder, dejar de lamentar sus errores en perjuicio de la nación, aceptar sus fallas, tener apertura para el diálogo y la rectificación de políticas, no justificar sus actos como muchacho rebelde ante lo que cree incomprensión de la sociedad, castigar la ilegalidad y restaurar la nación resquebrajada.

Y no se trata de ser recordado por la historia como paladín o traidor o inepto, como esas figuras de bronce o piedra que permanecen de espalda a los templos religiosos en los jardines públicos, símbolo de la lucha entre dos poderes, sino mirar de frente a los mexicanos de la hora contemporánea y cumplir con las responsabilidades y los compromisos que asumió desde el momento de recibir la investidura de mandatario nacional.

Necesita dar paso a la democracia, estabilizar la economía, erradicar la corrupción e impunidad, aplicar verdaderas reformas estructurales, devolverle al país la dignidad que merece, garantizar le justicia y la legalidad, abatir la desigualdad social, combatir todos los elementos negativos y dar paso al progreso.

Más que pintar la fachada de la casa en ruinas, es perentorio limpiarla y depositar en el carretón de la basura el estiércol que ya apesta en todos los rincones en perjuicio de sus moradores. Con la mudanza debe llegar el cambio.