Las flores que más valen

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Algunos, quizá sin darse cuenta, esperan que otros enfermen gravemente o mueran para preguntar por ellos y llevarles flores a los hospitales o a los sepulcros, sin recordar que los detalles coridianos, las sonrisas auténticas, los buenos motivos, las palabras de aliento y los saludos genuinos son, en cierta medida, las orquídeas, los tulipanes y las rosas de mayor belleza porque surgen de los jardines del alma, con los sentimientos y las razones más nobles. Es bello y emocionante regalar una flor, un bouquet o un ramo -¿a quién no cautiva o no le hace suspirar?; pero, en ocasiones, y con bastante frecuencia, hay que recordarlo, no es necesario comprar los jardines del mundo para hacer dichoso a alguien, sino ofrecer los paraísos que surgen del interior. Esas son, en realidad, las flores de mayor belleza, encanto y valor, y más cuando se entregan oportunamente a la gente que uno ama y a aquellos con los que se coincide durante la caminata y la jornada por el mundo. Son las flores que más valen. Cuando el bien, las atenciones y los detalles, con todos los valores, se manifiestan en un ser humano, cada motivo se transforma en la flor más hermosa y se produce un milagro. Se trata, insisto, de las flores que más valen.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Tristeza y alegría

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Oh, tristeza mía, que asfixias mi ser y decoloras mi alegría, ¿en qué momento creciste tanto, en el jardín de mi existencia, cuando pensaba que las flores siempre crecerían ufanas y me alegrarían? Oh, tristeza, que te empeñas en carcomer mis sentidos, ¿hasta cuándo te desterraré de mis sentimientos, de mis ideas, de mis movimientos? Oh, tristeza, que te hospedas en mí y atrofias mis sueños, mis esperanzas, mis ilusiones, mis alegrías, ¿con qué armas podré vencerte? Oh, tristeza, que me tomas preso al amanecer y al anochecer, al mediodía y en la tarde, con la amenaza de conducirme a la horca o a la guillotin, ¿por qué insistes en encerrarme en una mazmorra oscura, lejos de mí y de los demás? Oh, tristeza tan gris, por qué escapas de mis poemas y te aferras en destrozar mis actos y mis planes? Oh, tristeza, ¿cómo germinaste en mí y por qué no te mutilé antes? Oh, tristeza, culpable de tantos dolores, penurias y enfermedades, ¿cuáles son tus trucos y tus ambiciones? Oh, tristeza, ¿por qué de ser fotastera, simple visitante, te transformas en huésped permanente de hombres y mujeres? Oh, tristeza, yo que creí, en la infancia, que solamente morabas en los cementerios, en los epitafios, en las tumbas, en los hospitales, ¿por qué eres tan tramposa y engañas para apropiarte de lo que las personas sienten y piensan? Oh, tristeza, ¿cómo derramo, de tu paleta de colores, los tintes luctuosos, los tonos grisáceos y ennegrecidos, los matices inciertos? Oh, tristeza, sé qué eres la contraparte de la alegría, en una dualidad inquebrantable, y que, sin ti, resultaría difícil abrazar, comprender y valorar la felicdad. Oh, tristeza, eres, parece, un velo que cubre el rostro, la mirada; pero no necesito que seas mi compañera permanente. Oh, tristeza, te aprovechas de las debilidades, del dolor humano, de las enfermedades, de la muerte y de otros asuntos para volverte inquilina perdurable, y tus cuotas resultan muy onerosas cuando alguien intenta desalojarte. Oh, tristeza, si uno aprendiera a convertir el lodazal pútrido en manantial diáfano, te aseguro que no te mofarías ni abusarías de quienes, confiados o necesitados, te abren las puertas y las ventanas con la idea de que solo los acompañes un rato. Oh, tristeza, no pretendo volverte enemiga porque evito la discordia, el odio, la guerra, el resentimiento y las venganzas, y además me agrada más construir que destruir; sin embargo, ahora soy yo quien te despide con la seguridad de que volveremos a coincidir porque la vida es una historia de dualidades, de alegría y de melancolía, de bien y de mal, de auroras y de ocasos. Oh, tristeza, eres inevitable ante el dolor, las enfermedades, los fracasos y la muerte; pero solo debes formar parte de tales capítulos sin que te apoderes de la historia completa. Y así, al recluirte tras los barrotes de la celda -sé que a veces te necesitamos-, invito a la alegría y la incluyo en mi prosa, en mis textos, en mi poemario. Oh, alegría, que pintas los días y las noches de mi vida, te quiero conmigo, siempre, estable, en armonía, equilibrada, plena. Oh, alegría, te pido que cinceles tus facciones en mi rostro. Oh, alegría, no quiero que seas, en un descuido, júbilo desbordante e incontrolable; te deseo, simplemente, al natural, como eres, genuina, Oh, alegría, me encantará que siempre surjas de mi interior para que así seas duradera, no ficticia ni provocada por apariencias ni por superficialidades. Oh, alegría, te anhelo, te necesito, como brotas del aliento de Dios, de los perfumes de las orquídeas y de los tulipanes, de las texturas de las rosas, de los encantos y los motivos de la creación. Oh, alegría mía, llena mi ser sin que lo intoxiques, disipa las tristezas y alumbra mi ruta existencial y mi destino infinito. Oh, alegría, tras experimentar la hiel de la tristeza, ahora disfruto tu esencia y tu sabor.

Derechos rerservados conforme a la ley/ Copyright

Silencios

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Hay silencios en el amor y en el desamor, en las risas y en e llanto, en los negocios y en los asuntos cotidianos, en las profundidades y en las superficialidades, que dicen tanto, que alivian o lastiman, que liberan o atrapan. Exhiben u ocultan todo o nada. Lo que callan las palabras, el silencio lo expresa, lo delata, lo revela. Sí. El silencio es un lenguaje enigmático que no todos saben interpretar cuando musita. Es preciso saber escucharlo, entender sus sentidos y sus motivos, comprender sus significados. Callar significa, a veces, desamor, incomprensón, desinterés, y, en ocasiones, aceptación, tolerancia, resignación. No pronunciar palabras, es, quizá, síntoma de orgullo, soberbia, resentimiento, egoísmo, venganza, desprecio o miedo, o, probablemente, equivale a la prudencia, a la reflexión, al asombro, al espacio que se necesita dentro del bien y del mal. Ciertos silencios necesitan intermediarios, algún traductor, mientras otros, en cambio, son tan claros y directos o conducen a las soledades y a sigilos que parecen distantes. Unos silencios los provocan las ausencias, con sus dolores y sus misterios, y otros, en tanto, las presencias, con todo lo que son. Existen silencios buenos y malos, pacíficos y agresivos, consoladores y también confinados al desconsuelo. Tras un acto humano, amoroso o heroico, un acontecimiento o la narración de un episodio, surge una pausa, un sigilo, como también aparece después de un crimen, una muerte o una noticia terrible. El mal, el pavor, la tristeza, el odio y la cólera paralizan la voz, le arrebatan sus notas, las palabras que arden en el fuego o se congelan en el hielo yerto. Abundan silencios que asfixian, confunden o enredan. Los hay, igualmente, que consuelan y enseñan. El silencio es, adicionalmente, idioma y suspiro de Dios, de las estrellas, del universo, del alma, de la creación y del infinito, en su dualidad del bien y del mal, y cada uno, desde el peldaño de su evolución, vibra con lo que anhela para sí. En la naturaleza y en las estaciones se distinguen pausas y silencios. Estamos rodeados de silencios, nos encontramos inmersos en sigilos, unos que dan vida, otros que matan. El silencio rompe ataduras y celdas o encarcela y tortura. Me gusta el silencio interior, el de los místicos, el de los buscadores de la luz y la verdad, no el sigilo que es cómplice de fechorías y de lo baladí. Los silencios entre un movimiento y otro, en los conciertos, en las sinfonías, en las obras literarias, me emocionan y los siento en mí. Me agrada el silencio de los artistas legítimos y naturales, cuando se inspiran y crean, seguramente porque emulan a Dios. También me fascina el silencio de los que se aman en cuaquiera de sus expresiones. La vida y la muerte poseen sus silencios. Los silencios callan y dicen tanto. Somos criaturas hechas con pedazos de silencios, fragmentos de sigilos, y trozos de lenguajes y susurros.

Deerechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Somos, quizá, hojas frágiles de la vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Somos, quizá, hojas frágiles de la vida, o, probablemente, trozos de realidades y sueños. Somos, tal vez, hojas que, en las mañanas de primavera y en los mediodías del verano, el aire y la lluvia tocan con frenesí, mientras pintan los colores de la vida y despiertan los perfumes de la naturaleza, o acaso de las que arranca el viento otoñal y dispersa en alfombras y tapices amarillos, dorados, naranjas, rosados, sepias y rojizos, para que el invierno, en sus nevadas visitas, las sepulte y nadie las recuerde. Somos, parece, hojas lozanas y viejas, verdes y doradas, que escribimos historias en nuestras texturas lisas y venosas, seguramente como fiel recuerdo de los días y las noches que contamos cuando aún permanecemos en los árboles. En nosotros se almacena, seguramente, la memoria del sol y de los arcoíris, de las gotas de lluvia y de las caricias y los rasguños de cada estación. Somos, creo, hojas que nacen y mueren, parte de un follaje que da belleza y sentido al paisaje. Cada hoja posee una identidad y aparece con un tono que le es propio, con una forma tan digna y especial. Una hoja, otra y muchas más pertenecen al follaje, cuando nacen, mientras son jóvenes, al alcanzar la madurez y al envejecer, y siguen su encomienda, plasman su historia, dan sentido a su vida y eligen su destino. Al desprenderlas el viento otoñal y deslizar sobre sus texturas quebradizas los pinceles con matices amarillos, dorados, naranjas, rosados, sepia y rojizos, el tapete nostálgico y prodigioso invita a admirarlo y a reflexionar antes de que las caricias, los ósculos y las bofetadas del viento las desintegren y las transformen en remembranzas y en posteriores olvidos. Me pregunto, entonces, si acaso nos conformaremos con ser una multitud de hojas silenciosas, resignadas a morir, a transformarnos en alfombras crujientes y quebradizas, o tendremos capacidad de superar lo que, en apariencia, es un infausto final, para volar suavemente y llegar a otras rutas, a planos grandiosos, y transitar de un bosque paradisíaco, en un mundo temporal, a otro superior e infinito.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y un día, a cierta hora, al voltear atrás

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y un día, a cierta hora de la tarde, al voltear atrás y a los lados, me di cuenta de que los de antes ya no estaban conmigo. Apenas era el verano de mi existencia y ya sentía el dolor de las ausencias. Terribles han de ser, en todo caso, las noches otoñales y las madrugadas de invierno, en las soledades y en las miserias, ya sin el ambiente canoro que seguramente, en tales circunstancias, se han de añorar y requerir con urgencia, entre dolores y suspiros. Estos días tan extraños, en los que la gente muere cualquier fecha, en un conflicto global, los faltantes resultan más constantes y los dolores se vuelven cotidianos. Faltan unos y muchos, en mayúsculas y en minúsculas, en femenino y en masculino, porque alguien, y otros más, planea apoderarse del mundo, de sus riquezas y de las voluntades humanas. El agua, el oxígeno, los alimentos y el espacio, parecen insuficienes, escasos e inaccesibles para las multitudes que hoy disfrutan el poder endeble del crédito para construir apariencias, como se sienten, igual de prohibidos, los valores, la justicia, la dignidad humana, la libertad, el bien, los sueños, las ilusiones, la familia, los proyectos, la salud, el conocimiento y la vida. Todo -personas, creencias, valores, costumbres, familia, ideales, sentimientos, ideas, cosas- es confinado en las mazmorras del olvido, en los sótanos de la desmemoria, para formar, principalmente con las generaciones jóvenes, un mundo en serie, insano, vacío e inhumano. Los privilegios materiales pertenecen, según parece, a quienes ostentan el poder económico y político, respaldado por mercenarios de la ciencia, los medios de la comunicación, la fuerza armada, las redes sociales y los llamados intelectuales. Y una tarde, al pasar la mañana de colores y fragancias y el mediodía, muy próxima al anochecer -los minutos y las horas parecen insignificantes cuando pasa la vida ante uno y los demás con su acostumbrada prisa-, comprobé que la gente, la de entonces, la de antaño, se estaba yendo a otras rutas, a destinos y espacios distantes. Corrí, alarmado, a un domicilio y a otro, en busca de nombres, apellidos y rostros familiares, con la esperanza de que, al tocar a las puertas, al asomar por las ventanas, aparecieran caras con identidades conocidades, de esas que uno guarda en las profundidades del alma y de laa memoria, por lo que significan en la vida, por los recuerdos de otras épocas, por las alegrías y las tristezas compartidas y por tanto que derrama cada ser humano. Desconocemos, la mayoróa. el último minuto, la fecha postrera de nuestras existencias, motivo por el que me apura reencontrarme, por cualquier medio, con quienes me han acompañado durante mi jornada, reconocerlos por formar parte de mi biografía, abrazarlos y expresarles mis afectos, mi gratitud y mi confianza de que habrá otros días felices en este mundo y en otros planos, hasta alcanzar la fórmula de la inmortalidad. Y un día, tal vez hoy o ayer, a cierta hora de la tarde, al voltear atrás y a los lados, me percaté de que no somos tantos los que seguimos en la caminata, en la excursión terrena, a pesar de que haya mucha gente, y que, como generación veraniega u otoñal, llevamos con nosotros una historia, la experiencia de aquellos años, como un regalo que recibimos de la fuente infinita. Y un día, al voltear a trás y mirar a los lados…

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Insensatez

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estas mañanas y tardes de mi existencia, mientras percibo y admiro, maravillado, las expresiones de la creación que fluyen en el ambiente, en cada rincón del mundo, me pregunto cuál es el interés de las naciones poderosas en descubrir signos de vida en otros planetas, si aquí, en la Tierra, son capaces de aniquilar a sus enemigos y destruir la flora y la fauna, si así conviene a su ambición desmedida, a sus caprichos y a sus intereses egoístas. El ser humano, quien ha sido incapaz de coexistir con las criaturas de la naturaleza, ahora busca vida en otros mundos. Contaminante del oxígeno y depredador que ha agotado los mantos acuíferos, ensuciado y secado cascadas, ríos, lagos y esteros, y hasta exterminado innumerables especies de flora y faunaa, con la destrucción de bosques y selvas, la humanidad se contradice al tratar de descubrir vida en otros mundos. Si no respeta la vida y parece su negación, ¿cuál es su pretensión de buscarla en el universo? ¿Someterla a sus pruebas de laboratorio, invadirla, alterar sus estructuras, obtener el control y el poder absolutos, convertirse en amos del cosmos, sabotear el origen de todo lo que existe, transformarse en los dioses modernos? Hombres y mujeres, dueños de poder económico y político, asesinan pueblos, se apoderan de sus riquezas, asfixian la intimidad de la tierra con cemento, plástico y concreto, exhiben y presumen los trofeos de sus cacerías brutales, provocan epidemias con el respaldo de mercenarios de la ciencia, enferman a las multitudes, matan a aquellos que consideran basura y estorbo, abusan de los débiles y juegan con el destino de millones de personas empobrecidas, al mismo tiempo que invierten fortunas en la búsqueda de vida fuera del mundo. ¿Cuál es el objetivo? ¿Tiene sentido despreciar y aniquilar la vida y, paralelamente, buscarla en otros planetas?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Rumbo al puerto

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

No son las estaciones que han transcurrido, con sus calores y sus fríos, sus lluvias y sus aires, la causa de mi reflexión y mis inquietudes, a esta hora del día; es, parece, lo que he vivido, lo que he dejado en el camino, lo que cargo, lo que llevo conmigo. No son los recuerdos de mis años pasados, que traigo en mi alma y en mi memoria como quien guarda el más bello y preciado de los tesoros, lo que a veces me duele tanto; se trata, pienso, de la gente y de las cosas rotas que quedaron atrás, ante mi mirada, mis oídos, mi boca y mis manos que de pronto distrajeron, quizá por mis andanzas en el encanto pasajero de las apariencias, tal vez durante mis cavilaciones recurrentes o en mis excursiones por la vida. No es angustia, no es miedo, de voltear atrás y descubrir la otra orilla empequeñecida, casi imperceptible, y saberme tan cercano a un puerto incierto, porque soy un navegante acostumbrado a principios y a finales; simplemente, es que temo desembarcar con el peso de la livianidad y darme cuenta de que mi travesía resultó estéril. Estas mañanas y tardes de mi existencia navego hacia el puerto, envuelto, a veces, por noches nebulosas y de tormenta, y, en ocasiones, por la pinacoteca celeste decorada con luceros que guían mi camino. Manejo el timón y consulto la brujula en la inmensidad azul del océano, en la trama de la vida, entre auroras y ocasos, con la posibilidad de rescatar a los que naufragan, a los que parecen hundirse inevitablemente, o dedicarme a la afición de pirata, a la guerra por la simple diferencia entre unos y otros. Ciertas noches, mientras navego en la quietud marítima, me he preguntado si acaso llegaré a mi destino con la alegría que experimenta quien regresa del destierro o con la pena de un viaje aburrido e insulso. Sé, y pienso que aún dispongo de tiempo, que debo aprender a distinguir, en las mañanas y en las tardes, el azul del mar con el del cielo, a pesar de que ambos sean tan inmensos y parezcan dos enamorados que se funden y vuelven uno, ante la vista fija en el horizonte, con sus tonos amarillos, dorados, naranjas, rojizos y morados de las tardes, o sus oscuridades nocturnas, con el objetivo de no confundir mi ruta y mi encomienda.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Las horas de mi vida y las hojas que caen

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Las horas de mi vida se marchan irremediablente, como se ausenta la lluvia una mañana veraniega o caen las hojas, en pedazos, una tarde otoñal, mientras uno mira, nostálgico, el parque de su infancia y de su juventud, el columpio de sus añoranzas, la banca de sus romances y los senderos de sus andanzas, también convertidos en trozos que suspiran, gritan y callan. Los minutos de mi existencia se desvanecen, se retiran silenciosos, acaso con el deseo reprimido de alertarme para que no despilfarre los que siguen en tonterías y desequilibrios. Me consta que los instantes no mantienen afectos, quizá porque son forasteros, visitantes fugaces, como los sueños que alguna noche los interrumpe un relámpago y no vuelven más. Los segundos y los minutos se saben granos de arena que forman columnas, recintos y fachadas majesttuosas e imponentes con la acumulalcion de las horas, los días y los años que se desmoronan. Igual que las gotas de lluvia que se reúnen en charcos que reflejan el perfil de los árboles, las formas caprichosas de las nubes peregrinas y los rasgos del azul profundo del cielo y hasta el vuelo de las aves, para más tarde evaporarse sin llevar consigo alguna carga, el tiempo -en instantes y en décadas- coincide y se marcha de inmediato, y la vida continúa, con la ausencia de unos y la presencia de otros. Este otoño, al desprender el viento las hojas secas que forman alfombras y tapices de tonos nostálgicos que crujen al pisarlas, que se quejan al caminar y seguir mi ruta, suelo preguntarme, a cierta hora, ¿cuántas estaciones más viviré? ¿Una, algunas, muchas? Una voz del interior, casi imperceptible, responde: «¿importa, acaso, la contabilidad de los días y de los años que vivirás, o el temor que sientes al pensar que tu estancia, en el mundo, durará la actual temporada? ¿Qué sentido tiene llorar y sufrir por lo que aún no llega, si a cambio dejasa que se marche lo que tienes contigo? Cuentas los días y los años que vives, mientras descuidas los segundos y los minutos que te parecen insignificantes, simplemente porque no te dan lo que ambicionas, y que, no obstante, al coincidir una y otra vez, construyen décadas. ¿Tu biografía es digna de relatarse? ¿Posee capítulos bellos e inolvidables, motivos y sentidos, consagración al bien y a la verdad? ¿Quieres pedazos de vida para asomar el espejo y comprobar que aún eres joven y posees belleza, para acumular una fortuna incapaz de dar y hacer el bien, para rendir culto a las apariencias? ¿Cuál es la razón de tu existencia? ¿Crees que se justifica tu permanencia en el mundo? Aprovecha el minuto que pasa, la hora que se marcha, el día que se ausenta, porque cada uno, con el sí y el no de la vida, significan una oportunidad que se va y no vuelve, un lapso para consagrarte al bien y a la verdad, a protagonizar una historia ejemplar, irrepetible y extraordinaria. Vive. Tu destino, parece, es más grandioso que una hoja rota y seca. Trasciende. No llores por los días y los años perdidos, si acaso así te parecen. Reconstruye tu existencia y hazla plena y magistral».

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Tanto de arte tiene la vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

La vida tiene sus propios encantos, sus expresiones y sus motivos, y yo, desde la pequeñez de mi condición humana, intento agregarle mis letras y mis palabras, mi arte, con sus acentos, puntuaciones y signos, como el jardinero que, una mañana y otra, añade y cultiva flores -orquídeas, tulipanes y rosas- en el paraíso, simplemente por la afición y por el gusto de dejar algo de sí, sus huellas y sus recuerdos. La vida posee colores que se derrama a sí misma, y yo, desde mi taller humilde de artista, mezclo tonos y doy pinceladas con la idea de que el paisaje terreno cuente con algo de esencia y de humano. La vida dispersa sus lapsos de rumores y sus pautas de silencios, en un canto mágico e interminable, en una sinfonía con movimientos y pausas, y yo, con mis textos, le ofrezco mis notas. La vida tiene sus sentidos, sus formas y sus razones, y yo, jornalero del arte, introduzco mis manos de escritor para moldear la mezcla de la arcilla y la luz. La vida amanece y anochece, en una estación y en otra, con los pedazos de arte que le regala Dios o que, entre sus suspiros, trae de uno de los tantos paraísos que visita, y yo, artista, solo trato de impregnarle mis letras, mis matices, mis sonidos y mis formas. La vida tiene mucho de sublime, tanto de arte, que yo, un aprendiz, pienso, cuando la siento, que me dicta mucho de lo que escribo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

En estos días y los que siguen

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Los días pasados y los actuales, han alterado las notas de la vida, y no es por el destino ni por el tiempo. La guerra continúa con su rostro deforme e irreconocible, casi sin que lo note la gente que está tan distraída y desconoce que, junto con otros miles de millones de seres humanos, se ha convertido en prueba de laboratorio, en ensayo perverso, en producción en serie, en estadística. El agua, el oxígeno, la tierra y los alimentos, en el mundo, se agotan, al mismo tiempo que manos ambiciosas, crueles y egoístas -las mismas que crearon los desórdenes y propician el caos, el odio, las enfermedades, los enfrentamientos, la destrucción, los antagonismos y la muerte- acaparan los recursos naturales y minerales y acumulan fortunas y poder inmensos que contrastan con el hambre, las carencias económicas y las enfermedades. Mucha de la gente que se dedica a la ciencia, al arte, al conocimiento, ya lo comprobamos una y otra vez, es soberbia, ausente de sentimientos, y tiene precio. Vende el arte y la ciencia igual que se comerrcializa cualquier baratija. Son mercenarios que se han aliado al mal y a los que no les interesa prostituir el bien, la verdad, la justicia y la libertad. La élite ha saqueado al planeta, con la cacería de animales, el botín que obtienen de las entrañas de la tierra y los paraísos de cristal y mármol que construyen sobre esteros, bosques y selvas, siempre culpando a las multitudes que formó a través de la televisión y los medios de internet. Y la guerra se acentuará. Ahora, tras el experimento del Coronavirus, poseen el mapa completo, la geografía humana, y saben cómo reaccionan cada pueblo y raza. Intentan, y lo están logrando, apoderarse de la voluntad humana, destruir a los que les estorban y significan cargas onerosas, a quienes sienten y piensan diferente. La búsqueda de condiciones favorables a la vida en el espacio, en otros planetas, no es con el objetivo de beneficiar a la humanidad, sino a un segmento privilegiado materialmente, y no solo con la idea de colonizar el universo, sino para obtener y ganar la supremacía militar y el control absoluto. Y claro, también saquearán las riquezas de otros planetas, aunque la inversión supere las cantidades que se requieren para alimentar y sanar a las multitudes. Seguramente habrá nuevos minerales y piedras que sustituyan al oro y a los diamantes. Todo será distinto. De hecho, ya lo es. Si el denominado Covid-19 fue diseñado, creado y disperso en sitios estratégicos para su propagación inmediata, se trata del principio de la destrucción masiva, y pronto, sin duda, surgirán otras expresiones que asustarán, desestabilizarán y aniquilarán a amplio porcentaaje de hombres y mujeres a nivel global. Si innumerables artistas y científicos se han escondido, por conveniencia, miedo o interés, otros, lo sabemos, son mercenarios que trabajan a favor de quienes les pagan. Dentro de esa basura humana que ha tenido oportunidad de dominar las manifestaciones artísticas y el conocimiento, también existen hombres y mujeres auténticos y extraordinarios, capaces de desafiar a los dueños de las fortunas y del poder, con el objtivo de defender la verdad, el derecho a la vida, las libertades y la dgnidad humana. Quienes aún poseemos la fortuna y el privilegio de contar con valores y practicarlos para bien propio y de los demás, en la incabable tarea de construir un mundo hermoso y pleno, tenemos la obligación, el compromiso y la responsabilidad histórica de crear e investigar con ética y respeto, siempre para beneficio de la humanidad. El arte y la ciencia, si son auténticos, tienen el compromiso irrestricto de invitar al bien, a la verdad, al desarrollo equilibrado e integral de la humanidad y de toda expresión con vida e inanimada, a la evolución. Y el arte y la ciencia, en manos de gente honesta y con valores, no están a la venta, y menos para causar sufrimiento en los demás. Al menos, yo no utilizaría mis letras y mis palabras, en la destrucción y en el engaño, y sobre todo cuando pienso que el arte es lenguaje de Dios, destello de la fuente de bien y luz.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright