Coincidió el hoy con el ayer y el mañana

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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El hoy pintaba, cada día, los rincones del mundo, derramaba perfumes, esculpía formas y aplicaba sabores, cuando de improviso, al voltear atrás, descubrió la presencia sigilosa del ayer, oculto entre piedras y varas dispersas en un paraje umbrío, quien le expresó: “a diferencia tuya, querido presente, que decoras los instantes y conviertes los espacios en bellos remansos que poca gente aprecia y disfruta, en mis rincones sombríos deambulan incontables hombres y mujeres, intoxicados por el arrepentimiento, la confusión, el dolor, la amargura, los recuerdos, la tristeza y los sentimientos, las oportunidades, los pensamientos, las vivencias y los sueños desperdiciados y perdidos. Están rotos. Los percibo incompletos, totalmente irreconocibles. Lloran y se aferran a permanecer encadenados en mis celdas, tras los barrotes que ellos fabrican cotidianamente. Son esclavos de sí mismos y, no obstante, me culpan. Ofrezco estampas pasadas y es grato, algunas veces, mirarlas, revisar los detalles y recrearse, con la idea de reconocerse, abrazar a quienes estuvieron con uno y con otro, recordarlos con amor yjustificar la existencia, la caminata por el mundo; sin embargo, esta gente, en femenino y en masculino, en minúsculas y en mayúsculas, no busca los minutos y los años inolvidables, maravillosos e irrepetibles, sino el veneno de los remordimientos, la melancolía y el sufrimiento inútil. Aquí, conmigo, renuncian voluntariamente a su presente y a su futuro. No saben que la vida es un fluir incesante”. El hoy, al escuchar a su hermano -el pasado-, lamentó tanto dolor humano, y prosiguió su tarea de decorar el mundo con la idea de atraer a las personas ante la oportunidad de vivir plenamente, en armonía y con equilibrio, cada momento. Tenía la certeza de que el hoy, en el mundo, es un ensayo y un paréntesis para experimentar la vida con sus luces y sombras, y el antecedente, en otros planos, de un paraíso sin final. Inmerso en sus cavilaciones, el hoy percibió la presencia del futuro, quien, con un morral pletórico de burbujas, sueños, promesas e ilusiones, arrojaba semillas que el viento arrastrba a rumbos inciertos. Ofrecía, a los ilusos, puentes de cristal, quimeras, lechos mullidos, costales con optimismo desbordante que navegaban en embarcaciones frágiles sobre mares impetuosos y durante noches de tormenta. Los barcos y las lanchas del futuro transitaban repletas de gente qu asomaba distraída y perpleja, con ansias de huir del ayer y del hoy para entregarse, por completo, a sus anhelos, ambiciones y sueños. Eran espectadores, no protagonistas, de los instantes y los años que fluían inagotables y escapaban irremediablemente con pedazos de vida. El hoy observó el panorama completo y, a pesar de que se supo uno con el ayer y con el mañana, porque el tiempo es una realidad humana, terrena y material, y no etérea ni infinita, sonrió y repitió para sí, con la esperanza de que sus palabras llegaran hasta alguien, que si las personas comprendieran que su realidad inmediata es el presente y lo experimentaran en armonía, con equilibrio y plenamente, en su interminable juego de sí y no, con sus auroras y ocasos, innegablemente aprenderían a ser dichosas y se realizarían hasta irradiar lo que verdaderamente son y ocultan tras capas de ignorancia, ambición desmedida, prejuicios y estulticia. Continuó matizando la vida con la esperanza y la ilusión de que mayor número de hombres y mujeres aceptaran su invitación a disfrutar el hoy, el presente, con su grandioso patrimonio de alegrías y tristezas, amaneceres y anocheceres, ascensos y caídas, risa y llanto, encuentros y desencuentros. Se sabía artista incomprendida. Poca gente, en realidad, entinde que el hoy es el presente, la pauta que momentáneamente le pertenece para vivir su biografía y trascender en todo sentido. El presente es aquí y ahora, es un hoy que alguna vez fue futuro y que de pronto se convierte en ayer, en pasado.

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Colores y fragancias de la noche, matices y perfumes de la mañana y de la tarde, murmullos y sigilos de la vida…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Colores y fragancias de la noche, matices y perfumes de la mañana y de la tarde, murmullos y sigilos de la vida, auroras y ocasos… Los minutos, las horas y los instantes repetidos durante la mañana, el mediodía y la tarde, llegan a la otra estación, a cierta orilla -la de la noche-, desde la que apagan la luz del sol que ya no asoma y, quizá, desearía trasnochar con las estrellas y la luna en sus juegos y en sus romances inagotables. Los colores, en la oscuridad nocturna, pierden brillo, ganan opacidad, hasta que uno pregunta si son genuinos, si en verdad existen, si se trata de espejismos o de realidades, solo porque no se les ve. Olvidamos disfrutar las tonalidades de la naturaleza y del universo, a través de los sentidos, y perdimos la capacidad de mirar desde el interior. La vida contesta, entre sus acostumbrados rumores y silencios, y no duerme porque su tarea, en el mundo, es crear, restaurar, dar y renacer. La noche, mágica y benevolente, desdibuja las formas y los maquillajes del mundo y de la vida con el objetivo de que la gente, en femenino y en masculino, en minúsculas y en mayúsculas, admire los luceros que decoran el infinito techo celeste y se entregue, en consecuencia, a los sueños, mientras sus almas se funden en un concierto sin final, en la armonía y en el equilibrio de una corriente etérea que no cesa. Los perfumes de la mañana, del mediodía y de la tarde, adormcidos, ceden espacio a las fragancias de la noche y de la madrugada, con sus encantos, en un deleite que, al natural, no huye del engranaje que le da vueltas ni evita los ciclos de la existencia. La mañana, al retornar de nuevo y derramar sus aromas, sus matices, sus formas y sus sabores, desmiente a los incrédulos, a aquellos que pregonan que las oportunidades de ser felices, dar lo mejor de sí, sonreír, hacer el bien y realizarse plenamente, quedan atrás, en las sombras. El día enseña que las sombras son pasajeras y que, por lo mismo, uno selecciona los materiales y las obras que engrandecerán o empequeñecerán su desenvolvimiento espiritual, mental, físico y material, mientras la noche, en tanto, demuestra que hay un momento para vivir y que, si alguien prefiere despilfarrar los instantes que le parecen insignificantes, al llegar las sombras y contemplar su rostro en el espejo, descubrirá que ha transcurrido una fecha más, un período existencial que no regresará nunca. Y así, entre las dunas de una existencia carente de sentido, tan insignificante como su petulancia y lo que ha acumulado sin derramar el bien, tanta gente, pávida y triste, escuchará cotidianamente que el amanecer y la noche tocarán a su puerta como una oportunidad perdida y con el reclamo callado de que mientras dispone de oportunidades y tiempo, otros, los que están desprovistos de todo y sufren tanto, anhelarían, al menos, algunos granos de la arena acuumulada en un desierto carente de sentimientos, ideales, pensamientos y aegría. La aurora y el ocaso derraman sus colores, sus sigilos, sus perfumes, sus murmullos y sus sabores, cada uno con el sentido de su naturaleza y su significado.

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Sueño de amor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Lo escribí para usted, tras despertar de un sueño de amor

Los sueños de amor son colección de los enamorados. Se entiende que significan citas nocturnas y encuentros tan anhelados, huellas indelebles que quedan cual constancia del paso de dos locos y ocurrentes que desafían el cortinaj de las horas, miradas silenciosas y palabras pronunciadas en algún puente de cristal. Los sueños de amor son exclusivos de quienes se saben uno con el otro, libres y plenos, con identidad propia y con las llaves de paraísos infinitos. Como que tienen el permiso de Dios. Pertenecen a los enamorados que pasean en una estación y en otra, en primavera y en invierno, en verano y en otoño, cuando uno vive y duerme en el mundo y en las estrellas, en el cielo y en las piedras que cubren los riachuelos, en el paraíso y en las nubes. Son, a veces, las olas impetuosas que besan la arena y los riscos con frenesí, tras sus jornadas marítimas, y, en ocasiones, el viento suave que canta, toca y arrulla las flores y las hojas. Se trata, parece, de pedazos de historias que llegan a la orilla con un tanto de uno y mucho de otro, ecos de capítulos que dos comparten a cierta hora, una mañana o una tarde, o quizá una noche, sí, trozos de un idilio consumido en algún instante del ayer, fragmentos de un romance que ambos reservan para el futuro, una mañana, al amanecer, o, tal vez, una tarde lluviosa o una noche estrellada y silenciosa. Un sueño de amor es un encuentro, casual o planeado, entre usted y yo, un alma y otra que se reconocen en un solo palpitar; es un poema sin final, la letra, el color y la música que expresan sentimientos que brotan del interior y que no pueden explicarse de otra manera. Un sueño de amor es la cita diaria, en las noches prodigiosas -tan nuestras-, entre usted y yo, con el encanto de mirarnos con la alegría y la emoción de la primera vez, ante el resplandor de los luceros que cuelgan de la bóveda celeste para alumbrar la banca que elegimos y el camino que seguimos. Un sueño de amor, seguido uno de otro, es el encuentro entre usted y yo, con la invitación a vivir una historia inolvidable y maravillosa, ahora y mañana, durante nuestra estancia en el mundo, y posteriormente, en la travesía y la estancia en un jardín infinito y sin fronteras. Un sueño de amor somos usted y yo, inseparables, dichosos, con la ilusión de vivir el mejor guión de una historia inagotable.

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Asome en mí

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Asome en mí para que navegue entre mis murmullos y mis silencios, en mis sentimientos y en mis pensamientos. en mis cavilaciones y en mis suspiros, cuando es de día y es de noche. Asome en mí, insisto, con la idea de emprender el viaje juntos, inseparables, y bajar a las orillas, en un paraíso y en otro, y sumergirnos, a veces, en las profundidades del amor y de la vida. Asome en mí, por favor, porque la necesito a mi lado, junto al timón de mi existencia y al itinerario de mi destino. Asome en mí, y perdone mi obstinación, para que impregne mis letras con su perfume y, así, al escribir en cada página, me sea posible entregarle un poema con mucho de usted y tanto de mí. Asome en mí e intérnese en mis rutas, en mi lenguaje, en mis pausas, con el objetivo de admirar las estrellas, tocarlas y colocarlas en los faroles de nuestros rumbos, en las calles que frecuentamos, en los jardines y en los columpios donde jugamos, para liberarlas, muy agradecidos, en la madrugada, y que se retiren a dormir y vayan al encuentro de bellos sueños. Asome en mí, en sus sueños y en sus realidades, en mis quimeras y en mis vivencias, para que descubra, al amanecer, al despertar, una flor en su almohada, y, al dormir, en la noche, una hoja con el más bello y sublime de los poemas. Asome en mí con la intención de percibir mis perfumes y reconocerse en cada fragancia. Asome en mí, y disculpe que lo repita tanto, acaso por el delirio que significa guardar incontables motivos y detalles, probablemente por creer que algo falta a mi nombre si no lo escribo junto al de usted, quizá por ser el amor una historia con uno y con otro, tal vez por más de lo que puedo expresarle a través de mi lenguaje de poeta. Asome en mí, como quien, después de la caminata, llega a un remanso y descubre una represa cautivante que refleja la profundidad azul del cielo y las rubes rizadas y de forma caprichosa que incendia el crepúsculo una mañana o una tarde de verano. Asome en mí, simplemente, mientras soñamos que vivimos en un paseo temporal, aquí, en el mundo, y un destino infinito con todo lo que somos y más. Asome en mí, a mis jardines, con el propósito de jugar y reír, hablar y callar, escribir su historia y la mía. Asome en mí para hacer de mis arenas y desiertos, parajes y vergeles, y de mis cascadas y ríos caudalosos, corrientes navegables. Asome en mí, a mis anhelos e iusiones, a mi vida entera, con la finalidad deque se quede conmigo siempre, como yo, al mirarla a usted, definí el rumbo de mi destino.

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Por usted

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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¿Es que, por usted, he perdido la razón? ¿Es que, por usted, alguna vez decidí modificar mi ruta y mi destino, hasta seguir, juntos, el mismo sendero? ¿Es que, por usted, mis letras aceptaron compartir las novelas y los cuentos -oh, mi arte tan amado- con palabras románticas, con textos poéticos, con alfabetos que se convierten en flores y en gotas de lluvia y de cristal al dedicárselos? ¿Es que, por usted, renuncié a mi soledad natural y ahora la sé mi musa y la siento conmigo? ¿Es que, por usted, asomé y abrí la puerta y las ventanas, y recibí los abrazos de las ilusiones, las caricias del amor y las miradas de un idilio inolvidable? ¿Es que, por usted, cuando escribo algún poema, le entrego un soneto, una canción, un concierto? ¿Es que, por usted, al escribirle tanto, mis signos se convierten en trazos, en dibujos, en pinturas que la descubren en paraísos irrepetibles y hermosos? ¿Es que, por usted, al pintarla en el lienzo, le obsequio, finalmente, una página con letras, signos y palabras que expresan, sinfónicamente, el enamoramiento y el amor durante nuestra jornada terrena y la promesa de un cielo infinito? ¿Es que, por usted, al percibirla tan dama, me sé caballero? ¿Es que, por usted, al saberla mujer, confundo las fragancias de las orquídeas y de los tulipanes con los perfumes que le encantan, y me siento en el paraíso? ¿Es que, por usted, ya no temo, como otros, a la temporalidad, poque ahora, a su lado, reconozco que ya vivo en el infinito?

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Rutas de un viajero. Capítulo XV. El Sagrario, rincón pintoresco e irrepetible de Pátzcuaro

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Parece un dibujo de ensueño, un trazo distante, una pintura plasmada en el lienzo añejo que reposa en el sótano de las añoranzas y los recuerdos, en algún rincón del mundo, en un espacio cautivante y mágico, donde cada detalle se transforma en arte, partitura, boceto, poesía, porque para los otros, los de entonces, los moradores del Pátzcuaro de las horas coloniales, su pueblo representó la casa, el refugio, la morada, la página en la que diseñaron y protagonizaron los capítulos y las horas de sus existencias.

Desde la hoja que se desprende del follaje y mece el viento suavemente, hasta el cielo que hospeda nubes rizadas que cambian sus formas, transitan fugazmente y reflejan su coquetería en el lago legendario, donde las islas, el tule y las garzas coexisten, el escenario se presenta magistral y extraordinario para enmarcar el caserío de Pátzcuaro, cuyo origen colonial se remonta al siglo XVI, precisamente a los minutos de 1540, cuando el humanista Vasco de Quiroga, primer obispo de la provincia de Michoacán, lo eligió como sede tras haberse establecido con anterioridad en Tzintzuntzan, comarca en la que existió y se desarrolló el antiguo y poderoso reino purépecha antes de la conquista española.

Dentro del caserío de adobe con tejados agónicos y bermejos, entre callejuelas empedradas, cuecas e inclinadas y plazas y jardines pintorescos, en los que se erigen fincas virreinales con portales típicos, se localiza El Sagrario, uno de los complejos arquitectónicos más bellos de tan irrepetible población lacustre.

Es allí, en El Sagrario, donde uno suspira al contemplar la arquitectura caprichosa y romántica. Y es que cuando la piedra burda e informe se convirtió en arquería, en fachada, en muro, en torre, durante las horas cada vez más distantes de la Colonia, se hizo, acaso sin sospecharlo, pintura, música, poema, que todavía, en nuestros días, cautivan los sentidos.

El Sagrario.

En aquellos días añejos, contemporáneos a conquistadores insaciables y a misioneros que predicaban la piedad y las virtudes, con sus luces y sombras, con sus látigos a un lado y sus santos en el otro, la mano indígena, hábil en tallado de piedra, abundaba para participar en construcción de casonas, templos y conventos.

Ya separados de sus dioses y cantando y hablando en su lengua, ellos, los nativos, sumaron un día, otro y muchos más la piedra y el bloque de adobe, la madera, hasta concluir casas palaciegas e iglesias y monasterios que hoy causan admiración, e interés. Formaron un caserío de adobe, madera, herraje, piedra y teja, y protagonizaron una historia.

Desafiante al aire, a la lluvia, al sol, al tiempo, el majestuoso templo de Las Monjas o El Sagrario, que albergó durante ciento noventa y un años la imagen de Nuestra Señora de la Salud, se erige en uno de los rumbos más bellos y románticos de Pátzcuaro.

Los arcos chuecos que componen la barda principal del conjunto sacro, se prolongan por la calle típica, desde donde se contempla el templo con aspecto de fortaleza abandonada. Es uno de los rincones arquitectónicos más significativos del pueblo, elegido, por lo mismo, por artistas que lo plasman en sus lienzos.

Detalle arquitectónio en El Sagrario. Pátzcuaro, Michoacán.

Igual que un gran viejo que conoce anécdotas y secretos del pasado y de otra gente, parece increíble que sobreviva ante la vorágine de la cotidanidad y la modernidad. Semeja un monumento extaído de un álbum mágico y sublime.

Manchado por la humedad, por la llovizna, por los siglos implacables que dejan huellas indelebles, rasguños en lo que tocan, el edificio inició su construcción durante postrimeríias del siglo XVII, precisamente en 1691, porque ya resultaba insuficiente el recinto que albergaba a la Virgen de la Salud, imagen de pasta de caña tan venerada por los moradores de Pátzcuaro y la región lacustre, en el Hospital de Santa Martha y La Asunción.

Exquisito, irrepetible, solemne, el templo fue proyectado para resguardar a la Virgen de la Salud, elaborada en el discurrir de la decimosexta centuria a base de pasta de caña y, a la vez, con la intención de recibir a incontables devotos y peregrinos de Pátzcuaro y de otras regiones que veneraban la imagen. Fue Vasco de Quiroga, primer obispo de la provincia de Michoacán, quien encargó la elaboración de la escultura a indígenas que dominaban la técnica ancestral de la pasta de caña.

Discurrían, apacibles y lentamente, las horas virreinales. salpicadas de leyendas y tradiciones, cuando el cura Juan Meléndez Carreño inició la obra, en 1691, solicitando la licencia correspondiente a las autoridades; entonces pidió cooperaciones y lmosnas. Envió al lego Andrés de Burdos a que llevara a cabo la colecta por todo el territorio michoacano.

Tras dos años de peregrinaje, portando una imagen diminuta de la Virgen de la Salud, el enviado regresó a Pátzcuaro con la cantidad de cuatro mil pesos que, evidentemente, resultaban insuficientes para emprender la construcción del templo.

En consecuencia, el hermano Francisco de Lerín, sevillano acaudalado de no pocas virtudes, emprendió una segunda colecta. Viajó por gran parte de la Nueva España. Retornó a Pátzcuaro en 1696.

Juan Meléndez Carreño, cura iniciador del proyecto arquitectónico, murió diez años antes de su conclusión, en la época en que era canónigo penitenciario de la catedral de Valladolid -hoy Morelia-; pero El Sagrario permane, desde entonces, con sus posteriores añadiduras de acuerdo con cada etapa, como una obra que encanta por su antigüedad y suntuosidad en el legendario, pintoresco y lacustre Pátzcuaro.

La caminata de los años continuó imparable. El templo registró algunas modificaciones, como la efectuada en 1874, cuando se retiró la reja que separaba el coro bajo, antiguamente reservado a las monjas catarinas, o las que se realizaron en 1890, siendo arzobispo Ignacio Árciga, quien ordenó derribar el altar mayor, que era de madera, para sustituirlo por uno de cantera.

Concluidas las transformaciones arquitectónicas y decorativas,, el 8 de diciembre de 1893, reabrió el templo al culto, registrándose, en consecuencia, diversas celebraciones religiosas y fiestas profanas en Pátzcuaro durante el lapso de ocho días.

Finalmente, el 8 de diciembre de 1899, el arzobispo Ignacio Árciga coronó solemnemente, con autorización pontificia, la imagen de la Virgen de la Salud, ante el regocijo popular. La multitud sentía emoción desbortante por aquel hecho insólito.

Imagen colonial de Nuestra Señora de la Salud, elaborada en el siglo XVI bajo la técnica de pasta de caña.
Fotografía: Hotel Mansión Iturbe (https://mansioniturbe.blogspot.com/)

Ante la ferviente multitud, el religioso subió al trono, en estado agónico, y colocó la corona a la Virgen de la Salud. Dirigió un mensaje conmovedor. Días más tarde, falleció en la entonces ciudad de Morelia, capital de Michoacán.

La imagen de Nuestra Señora de la Salud, todavía venerada en la hora contemporánea, permaneció en El Sagrario de 1717 a 1908, fecha en la que fue trasladada al Santuario que actualmente ocupa.

En el otrora templo de Las Monjas, hoy conocido como El Sagrario, reposan algunas reliquiias invaluables y es escenario, en su parte exterior, que no pocos artistas han elegido con la finalidad de plasmar en sus lienzos.

No es raro encontrar artistas en la calle chueca y empedrada. Observan la peculiar arquitectura de El Sagrario, la dibujan, hacen trazos y la plasman en sus lienzos, para después llevarlos a Europa, Asia, Australia, Canadá, Estados Unidos de Norteamérica, Argentina, Uruguay, Chile y otros rincones del mundo.

La neblina de la tarde envuelve El Sagrario y las callejuelas del pintoresco e irrepetible Pátzcuaro, como si al cubrirlos con su flotante manto, los acariciara y arrullara en el sueño de las centurias y los conservara imperturbables para continuar embelesando los sentidos y ocupando un espacio en la memoria y en la historia.

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Usted es tan real

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Usted es tan real, aunque a veces suela callar y su nombre permanezca guardado en el botón de algún tulipán, envuelto en una gota de cristal, escondido en el romance de un poema. Usted, con su mirada de espejo, es tangible, y yo, para comprobar si existe y si su amor no es imaginación ni locura mía, la busco en cada línea impresa en las páginas de los libros, en las planas de los diarios, en las hojas escritas por mí cada mañana y tarde. Entro a las obras literarias, a los cuentos, a las novelas, a los poemas, con la idea de comprobar que usted no es mi imaginación, que es real, que no aparece como musa de otros artistas, que es quien inspira mis delirios, mis letras, mis motivos. Usted es tan genuina, que no necesité diseñarla como lo hago con mis personajes, en cada historia que imagino y escribo, y hasta escapa,, traviesa e inquieta, de mi arte, de mis obras, cuando me ama y me detesta, si ríe o llora, al abrazarme y al enojar, durante los instantes nebulosos y fríos y en las tempestades Usted es tan real que, ahora, al no estar aquí, conmigo, esta tarde de lluvia, asomo por la ventana con la esperanza de descubrirla en cada gota que revienta. Abro la puerta con la idea de recibirla y que ocupe el sitio que le corresponde porque, si recuerda bien, sabrá que no espero a alguien más. Usted existe, es auténtica, es irrepetible, y no es imaginación mía. Incontables momentos, me pregunto, inquieto, por qué, si es tan real y es mi musa, resulta imposible romper tantas cosas para impregarme de usted y regalarle una flor cada mañana, al despertar, como es su anhelo y su sueño, y es mi deseo y mi proyecto. Usted es tan real que, a veces, supongo que viene de un sueño, de algún sitio de mi alma o de cierto remanso apacible, donde las musas son gotas de cristal y estrellas que cuelgan en la bóveda celeste. Tiene tanto de mí y yo de usted, que sé, por lo mismo, que no se trata de una casualidad ni de un encuentro temporal, porque somos reales y, a la vez, destellos de sueños y vidas, ecos de cielos y mundos, trozos de hojas y flores, personajes de un idilio sin final. Usted es tan real.

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Las sandalias

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Un día antes, en el monasterio, el monje habló a sus discípulos acerca de las apariencias, las superficialidades y la petulancia que condenan a millones de hombres y mujeres, en todo el mundo, principalmente en occidente. Citó las prisiones que la gente fabrica, los anfiteatros y las trampas que los seres humanos construyen al rivalizar racialmente, por su aspecto, por sus grados académicos, por sus creencias y por el dinero, el poder y las cosas materiales que obtienen y, erróneamente, no utilizan para trascender. Mostró a sus alumnos, sorprendidos, carteles con fotogafías de calzado moderno. Se asombraron al detectar la incomodidad de la mayor parte de los modelos, unos que oprimían las puntas de los pies y otros, en tanto, que exigían mantener equilibrio, impedían caminar libremente, presionaban la corriente sanguínea, bloqueaban las terminales nerviosas y agotaban. El maestro explicó que en las grandes urbes, donde las personas se han transformado en criaturas de asfalto y plástico, como negación de la naturaleza, a la que asfixian cotidianamente sin entender que condenan su presente y su futuro inmediato, hasta los zapatos son más sintéticos. La gente no dispone de tiempo, en las ciudades, para despojarse, por algunos momentos del día, del ropaje que presume, del calzado que amuralla sus pies y obstaculiza su contacto con la tierra que exhala vibraciones, energía, propiedades magnéticas que armonizan y equilibran el organismo, las facultades y la salud. Son tan ignorantes, ambiciosos, superficiales y presuntuosos, que dedican sus existencias tan breves a satisfacer apetitos primarios, acumular cosas y fortunas, esconder tras apariencias lo que verdaderamente son, y, al final de sus días, con dolor y tristeza, descubrir, tardíamente, que si los placeres y la riqueza material son válidos, existen otros tesoros de mayor permanencia y valor, como la familia, el bien, el amor, las virtudes, la alegría, el conocimiento, la salud, el equilibrio, la armonía, la paz. Eso conduce a niveles superiores, expresó el místico, quien argumentó que los seres humanos diseñan sus propias historias, sus paraísos, sus sueños y sus pesadillas. La vida es algo más, desde luego sin olvidar satisfacer las necesidades naturales en todo ser humano. Toda persona, dijo, merece, si actúa correctamente, realizarse plenamente y ser intensamente feliz. Unos son artistas, científicos o, como nosotros, místicos, buscadores de la verdad y la iluminación; pero otros dedican los días de sus existencias a la industria, al comercio, a la medicina, a la filosofía, a la enseñanza, a la gastronomía y a diferentes disciplinas del conocimiento. No importa que sean de alguna raza en especial ni su condición social, como tampoco sus creencias, aspiraciones, estudios, jornadas laborales, sueños y vivencias, mientras no cometan atrocidades en contra de otros. Es patético que millones de personas se refugien en sus vestuarios no para lucir atractivas, lo cual es genuino y hermoso, sino con la intención de esconder lo que son en realidad y presumir y aplastar a los demás. Busquemos lo auténtico, la plenitud, el bien, la verdad. Aconsejó meditar. Al retirarse a sus celdas, en la noche, el monje solicitó a los jóvenes que reflexionaran, en medi0 de la noche y desde el silencio, la profundad y los susurros de su interior, acerca de la lección que les impartió sobre las apariencias, las superficialidades, la petulancia y las debilidades humanas, y el valor que significa mantener contacto permanente con la naturaleza, con los elementos, con la vida, con la creación; también les comunicó que, al amanecer, saldrían del monasterio con el objetivo de caminar durante todo el día por parajes insospechados. Y así fue. Temprano, el monje y sus alumnos salieron de la fortaleza monástica y caminaron, en silencio, Las cumbres, envueltas en neblina flotante y cubiertas de nieve, permanecían imperturbables, más cerca del cielo y sin perder, por su grandeza, los detalles, las partes minúsculas, sus bases en el suelo, en la tierra. Caminaron el maestro y sus alumnos por parajes abruptos y desolados que invitaban a fundirse con todo. En aquel ambiente, descubrieron un remanso próximo a un río que acariciaba las peñas dispersas en el cauce y salpicaba incontablels gotas cristalinas y heladas a la tierra, a la orilla, a los árboles, a la vegetación, en un concierto magistral que regalaba pedazos de vida. Tras el silencio de la caminata, el monje habló a los jóvenes, a quienes explicó que dispondrían del mediodía y de la tarde para ellos, lo que significaba, en consecuencia, que podrían reír, platicar, dormir, jugar, apartarse, meditar, correr, ensimismarse, soñar, refrescarse en la corriente que descendía de las montañas, estudiar, divertirse y consumir los instantes en la contemplación. Era un ensayo de la libertad. A partir de ese momento y hasta que él lo indicara, serían libres y responsables de sus sentimientos, actos y pensamientos. Mientras los discípulos corrían libres y plenos, el monje decidió permanecer sentado a unos centímetros de un árbol frondoso con la idea de recorrer y explorar su ruta interior, reencontrarse consgo y trascender desde el alma. Al contemplar el escenario y ver a sus alumnos que, en grupos, dialogaban en los peñascos, jugaban en la llanura y reían, descubrió a uno de ellos, apartado, desprovisto ya de sandalias, con los pies hundidos en la tierra, en el barro, mientras abrazaba un árbol y miraba la corriente del rio, hasta sentir el pulso de la naturaleza, el palpitar de la vida, el lenguaje de la creación, la voz de su interior. El joven, quien era conversador, alegre, inquieto y ocurrente, había aprendido la lección sobre la libertad y la decisión de elegir, y, por lo mismo, colocó sus sandalias a un lado, mientras se fundía con los elementos del paisaje, experimentaba los latidos del universo y percibía el ritmo de su alma, del infinito y de la creación. Sonriente, en armonía y en paz, el místico entendió que cada ser, en masculino y en femenino, en minúscula y en mayúscula, decide y elige el sendero, la ruta y el destino que anhela de acuerdo con el sentido de su naturaleza y el despertar de su esencia, y, después de todo, dedicar la existencia al bien, al desenvolvimiento del ser, al aprendizaje, a la acumulacion de una fortuna material, a la satisfacción de necesidades e impulsos, o a cualquier otra expresión humana, forma parte del inacabable proceso de evolución. Sintió, entonces, la energía magnética de los poros de la naturaleza que armonizaban con su ser interno, hasta experimentarse como esencia y arcilla. Voló libre de ataduras. Probó la libertad de elegir responsablemente de acuerdo con su naturaleza, como lo hacían, en la tierra, ls frores minúsculas que recibían las caricias del viento helado.

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Por favor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Por favor, cuando mi cuerpo permanezca yerto, ausente de alma, ya sin esencia, faltante de mí, no desperdicies un día completo en mirarme inmóvil ni en cavar en los años, en el tiempo, para llegar a alguna orilla del ayer, casi olvidada, buscar mis pedazos y recordarme. Las flores se marchitan y quedan abandonadas en los sepulcros, mientras las lágrimas de arrepentimiento, dolor y tristeza, en tanto, secan al amanecer y son olvidadas, cuando el sol pinta los jardines y el paisaje con matices de alegría, y los asuntos de la vida asoman cotidianamente con su sí y su no. La gente que se va y los recuerdos, quedan atrás, al expresarse el siguiente día. Parten de estaciones desoladas a rutas insospechadas. Prefiero que la mañana y la noche, la madrugada y la tarde, que indudablemente me dedicarás alguna vez, en una fecha desconocida y a cierta hora, las diluyas en instantes, en momentos con detalles, para que en verdad convivamos y, al final de nuestras existencias, resplandezcamos con ese tesoro grandioso y tan nuestro, y, ya sin llanto ni remordimientos, prevalezcan la alegría, las evocaciones felices, igual que cuando uno, contento y pleno, lee todo el libro y da vuelta a la página postrera. Prometo que haré lo mismo contigo y con la gente que amo y con la que aún no conozco. Repartiré detalles, motivos, instantes. No importa si es un mensaje instantáneo, si es una carta, si es una llamada o si es una visita. Lo importante es no sabernos ni considerarnos solos, compartir nuestras alegrías y tristezas, los triunfos y los fracasos que tenemos, la sonrisa y el llanto, porque de tales encuentros y desencuentros, sin duda, surgirán historias inolvidables, bellas e irrepetibles. Y si a los minutos que repartimos, agregamos el bien que podamos hacer a los demás, fundirnos en una cadena hacia determinados propósitos nobles, y enseñar a los que no saben, construir puentes y caminos que salven de caer a los abismos, seguramente, al despedirnos, no será en salas velatorias ni en hornos crematorios, ni tampoco en sepulcros. Nos recordaremos de manera idéntica a la de las personas que se aman, cuando se despiden tras una visita feliz y armónica, con la promesa de volver a encontrarse. Y así es. La jornada existencial solo es un paseo, una acumulación de años, para más tarde, si acaso existe el tiempo en otros planos, entregarse a la conquista, por méritos propios, del infinito. Por favor, evita, como lo haré yo, la pena, el dolor y la tristeza de mirar mi cuerpo ausente de mí, ya sin esencia, porque más que cavar una tumba que exhale hondos suspiros y cargar un ataúd en su despedida final, en el cementerio, me gustaría, contigo y con los demás, utilizar la pala para cerrar heridas y construir momentos grandiosos, vivencias inolvidables, oportunidades para hacer el bien y aliviar el dolor de otros. Más que cargar pesos innecesarios, abracemos a quienes están a nuestro lado, a aquellos que necesitan, por sus condiciones, una mano que dé, oídos que escuchen, miradas que vean con benevolencia, palabras de aliento que aconsejen y enseñen. No cavemos ni despediciemos los minutos y los días de la existencia en soportar tanto peso. Perdonemos el mal que nos causamos, si así ha sido, y repongamos la vida perdida -los segundos y los años componen los períodos de la existencia, en este mundo- con sentimientos, palabras, pensamientos y acciones nobles. Por favor, cuando sepas que mi cuerpo permanece con un faltante -yo, mi alma, mi esencia-, lleva alegría, buenos recuerdos, y continúa por la senda que diseñamos como seres humanos dichosos e íntegros. Dejemos las flores no para cubrir ni rodear ataúdes y sepulcros, decoración marchita de los cementerios, sino con la idea de cultivarlas, embellecer el mundo, alegrar a la humanidad y dispersar sus pétalos en los caminos, en las rutas a donde el paraíso, simplemente, inicia y parte de nosotros, de nuestro interior, de cada alma que palpita aquí y allá, en la arcilla y en la luz.

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