Septiembre de 2021

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Apenas ayer -hace cierto número de días-, el año 2021 era tan infantil y joven, que uno miraba, entonces, el encanto y los matices de las flores que exhalaban perfumes deliciosos, mientras los amaneceres, los atardeceres y los anocheceres, en sus respectivas estaciones, giraban inagotables, y se fugaban como escapa la vida casi sin darnos cuenta. No hace tantos días, admirábamos la infancia de 2021, en enero y febrero, con un trozo de su pasado diciembre y parte de marzo, en su cunero invernal -en el hemisferio norte- y en su caluroso verano -en el hemisferio sur-, con esperanzas y proyectos, con planes e ilusiones, como es costumbre en los seres humanos, al iniciar cada año, aunque luego, ante lo cotidiano y la rutina, que pesan tanto, se diluyan en el olvido, naufraguen en la desmemoria y queden atrapados en las agendas y en las libretas de los compromisos y las intenciones. En su adolescencia y juventud -marzo, abril, mayo y un trozo de junio-, con su primavera en el hemisferio norte y su otoño en el hemisferio sur, 2021 caminaba indiferente, como cada año y estación, ante la vida humana y el ritmo de la naturaleza en el planeta. Reíamos y llorábamos, caíamos y nos levantábamos, enfermábamos y sanábamos, amábamos y odiábamos, nacíamos y moríamos, mientras la existencia se acortaba imperceptiblemente. En su madurez -julio, agosto y septiembre, con una parte de junio-, presenciamos, en el hemiferio norte, el verano insaciable y tempestuoso, como lo es, en el hemisferio sur, su invierno, con la noticia y la sorpresa de que se aproxima el ciclo de ancianidad de 2021. Y así, en los días postreros de 2021 -octubre, noviembre y diciembre, con su fragmento de septiembre-, cuando en el hemisferio norte aparezca el otoño y en el hemisferio sur se exprese la primavera -oh, contrastes de la vida-, el año esperará hasta el último día para cargar su equipaje y marcharse. Quizá, 2021 cruzará, silncioso, con 2022, en el camino -oh, 2022-, cada uno con la indiferencia del tiempo dentro de la temporalidad y con el registro que la humanidad apunta cotidianamente con la idea de agregar a su historia, a pesar de sus descuidos y sus olvidos. Septiembre se rompe, como nosotros, conforme las manecillas del reloj giran y las hojas del calendario se desprenden igual que aquellas que arranca el viento de los árboles y dispersa en alfombras amarillas, doradas, marrón, naranja y rojizas. Renunciará a nosotros, como lo hicieron sus antecesores y lo llevarán a cabo sus sucesores, e irreconocible o no, en muletas o andando, partirá completo. No faltará un día. Octubre llegará con la certeza de que el espacio es suyo por 31 días consecutivos. El de hoy es septiembre de 2021. No sabemos si mañana, inmersos en una realidad irreconocible, la gente lo añorará o lo despreciará; sin embargo, se encuentra entre nosotros y se irá con nuestros trozos de vida. Septiembre de 2021 está aquí, completo, para experimentarlo y vivir sus instantes, sus detalles, sus momentos.

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Tras la ausencia de junio y con la presencia de julio

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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¿Qué hicimos? ¿Dónde estuvimos? ¿A dónde vamos? Llegó julio, julio de 2021, con su equipaje, y se instaló en el mundo, en nuestras habitaciones, en cada rincón, como inicio del siguiente medio año; pero lo más sorprendente es que, casi sin percatarnos, se fue junio. Sí. Se marchó junio con el primer medio año de 2021, con lo ue logramos y con lo que perdimos, con lo que vivimos y con lo que morimos. Se fue como llegó, sin anuncios, indiferente a la risa y al llanto. Se llevó una parte de nosotros y de nuestras vidas, si acaso somos tan ingenuos y tontos para creer que raptó algu de lo que nos pertenecía, cuando fue indifrente, como los otros meses que se desvanecieron, acaso como invención nuestra para organizar las actividades y los ciclos de la vida, quizá en el afán y la locura de sentirnos los únicos del universo, tal vez por asuntos que irgnoramos. En todo caso, fue compañero y testigo de nuestros encuentros y desencantos con la vida y la muerte, y de lo que sentimos y pensamos. Medio año se fue, el primero de 2021. La constancia de su paso queda en los documentos, en los matasellos de las cartas cada vez más escasas, en los almanaques, en nuestras pieles y en lo que somos., y hasta en lo que vivimos, en lo que omitimos, en lo que recordamos y en lo que olvidamos. Se fue junio, ausente de nosotros, indiferente, y aquí estamos, en un planeta roto que alguna vez fue paraíso, entre realidades y sueños, con nuestras pequeñeces y grandezas. Julio está presente. Nos acompañará durante 31 días, cada uno con 24 horas, igual que sus hermanos y ancestros, ajeno a lo bueno a lo malo que hagamos, a las alegrías y a las tristezas que experimentamos, a las risas o al llanto que derramemos, a los puentes que crucemos o que cortemos, al ascenso a la cumbre o a la fatal caída a los desfiladeros. Y se irá, igual, callado, sin faltantes. Y así, bien o mal, los días de nuestras existencias se consumirán, hasta que la arcilla de la que tanto presumimos al mirar nuestros reflejos,, se agote y vuelva a la tierra, y trascienda la luz que resplandecerá con mayor intensidad o que, como las gotas del manantial, volverá a surgir para probarse en nuevas rutas y en otras experiencias. Ante la ausencia de junio y la presencia de julio, los hermanos de siempre, los de la generacíón de 2021, camino reflexivo, me sumerjo en mis cavilaciones diarias, y pregunto, asombrado, ¿qué haremos con nosotros? ¿Esperamos, quizá, una fecha incierta para amar, hacer el bien, disfrutar cada instante de la vida pasajera y evolucionar y trascender? ¿Qué esperamos para vivir en armonía, con equilibrio y plenamente, con libertad, justicia y dignidad? Estamos rotos, y no fueron los relojes ni los calendarios los que arrancaron instantes y años; somos nosotros quienes despilfarramos la enorme riqueza que por alguna razón desdeñamos? ¿Hasta cuándo asimilaremos las lecciones y empezaremos a vivir? Inició julio, julio de 2021, que se marchará, finalmente, sin importarle la humanidad y sus cosas y sueños. Es el inicio de la segunda mitad del año que se fugará y se volverá ayer, recuerdo, olvido. ¿Qué haremos? ¿Mirarnos nuevamente al espejo, lamentar la temporalidad y sufrir por lo que es tan natural? ¿Seguiremos la ruta o renunciaremos? ¿Contrinuaremos desdibujados, rotos, deshilvanados, como autores de tanta mediocridad y protagonistas de un guión horrible, o seremos los artistas de una obra magistral en nosotros mismos?

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Y se fue marzo, en su versión 2021… De pronto, llegó abril

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Se fue marzo, en su versión 2021, y se va la vida, como escapan los suspiros y los instantes o se despiden, en la vieja estación, los enamorados. Se acabaron los días del tercer mes del año, irrepetibles, como se presentaron, alguna vez, con sus lapsos de vida y de sueño, con sus alegrías y sus tristezas, con sus anhelos y sus esperanzas. No regresará más, al menos no en su exégesis de este año. Se fue con sus pinceles y sus fragancias, con sus colores y sus perfumes, y también con sus poemas, sus murmullos y sus silencios. Ya no está aquí, como tampoco se encuentran los pedazos de vida, los lapsos que parecían tan nuestros y se consumieron, mientras el sol, en las mañanas, aparecía sonriente, y la luna y las estrellas, en las noches, colgaban y asomaban a los lagos y a los charcos, a lo grandioso y a lo pequeño. Olvidamos que todo, aquí, es pasajero. Y no nos dimos cuenta de que la vida se iba, al menos en trozos irrecuperables, en fragmentos inalcanzables. De pronto, al abrir los ojos, al despertar, abril, completo, ya se encontraba con nosotros, impregnado en nuestras almohadas, en el ambiente, aquí y allá, como el cuarto hijo de 2021. Transcurrió la cuarta parte de este año. Me pregunto, reflexivo, si los primeros tres meses, con sus nombres -enero, febrero, marzo- los viví en armonía, con equilibrio y plenamente, con el privilegio de dar de mí a los demás, a la humanidad, al mundo, o simplemente como la planta venenosa que aniquila y espanta a quienes pretenden acercarse. Y así se irán los momentos, los días, los meses, los años, la existencia. Ahora que lo medito y añoro los espacios que quedaron vacíos, las ausencias y los lienzos sin pintar, pregunto, ¿seré capaz de experimentar intensamente los próximos instantes, los minutos o los años que tendré de vida? ¿Haré de mí, en esencia y forma, el modelo de mis sueños e ideales, la imagen de la evolución y el resplandor?¿Seré el árbol que da frutos deliciosos y llama a todos a su sombra, a escalarlo, a respirar sus perfumes y a columpiarse desde alguna de sus ramas, o simplemente me convertiré en un matorral envenenado y cubierto de espinas y polvo? Se fue marzo y se va la vida; llegó abril y escapan los instantes, la existencia y las historias. Se fue marzo. Se va la vida.

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Sin prisa, febrero se marcha

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sin prisa -he comprobado que la vida tiene un orden y un sentido cuando se le entiende y se le respeta-, goza su estancia en la temporada 2021. No volverá más durante este año, motivo por el que ha experimentado plenamente, desde que llegó, cada minuto. Sabe que los momentos, dulces o amargos, alegres o tristes, buenos o malos, son irrepetibles. Es febrero, el más pequeño de la familia, a pesar de ser el segundo hermano desde que inicia el año. No tiene maletas. En realidad, no tendría sentido cargar objetos que pertenecen al mundo y que, en consecuencia, no le servirán durante el viaje. Tampoco se apresura ni se siente melancólico ni nervioso. Conoce su encomienda y su destino. Llegarán la hora y el día en que mire de frente, en la estación, a marzo, su otro hermano, como alguna vez, al nacer, cruzó con enero, el primogénito de la familia. Son asuntos de ellos, los meses, quienes conocen sus deberes y sus locuras. Febrero no pretenderá vivir más de lo que le corresponde, ni peleará con marzo, y menos se atreverá a ofender a enero. No ambicionaré el espacio que ya ocupó. Permanece en su campamento. Hay que saludarlo y disfrutar su compañía, vivirlo en armonía y con equilibrio, antes de que se marche y se convierta en ayer, en historia, en recuerdo, y nosotros, en tanto, en cosas rotas y desprovistas de sentido.

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A mis lectores, a mis compañeros blogueros y a mis seguidores

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A todos mis amigos lectores, compañeros blogueros y seguidores:

Hoy, al finalizar 2020 e iniciar 2021, quiero agradecerles sus atenciones, sus comentarios, sus detalles y su respeto hacia mis textos y publicaciones, los cuales escribo y comparto con mucho gusto. Gracias por estar presentes.

Aprovecho la oportunidad para reiterarles mi amistad y mi compromiso de dar lo mejor de mí para ofrecerles calidad. A todos les doy las gracias por estar conmigo. Tienen mi amistad y respeto.

Más allá de creencias, ideologías y fronteras, reciban bendiciones. Les deseo lo mejor de la vida. Y anhelo, en verdad, que sumemos y multipliquemos cosas buenas con el objetivo de cambiar la dirección del mundo hacia algo más bello y pleno..

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Se va 2020

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Se va 2020. Es su día. Es su tarde. Es su noche. Sí. Hay que entenderlo, es su noche postrera. Nos mira, a los humanos, desde su ocaso, en el horizonte, alegre y nostálgico -no lo sabemos-, o indiferente a nosotros, a lo que sentimos, quizá delirante, o tal vez silencioso y tranquilo. Saluda desde su ancianidad, si es que envejecen los hijos del tiempo. Se sabe célebre e inolvidable, pero no le conmueven la fama, las emotividades y las cosas del mundo. Hay a quienes urge que se marche lejos, mientras otros, en tanto, desean tenderle una trampa, capturarlo y triturar cada uno de sus instantes, todos sus días, sí, quieren castigarlo y, al final, exhibir su rostro adolorido en la horca; pero es inocente, libre de culpa e indigno de condena por no ser autor ni ejecutor de las fechorías que se le imputan. Se cruzan, en la estación, 2020 y 2021. Algunos piensan que se trata del sepulcro frente al cunero, probablemente por la incapacidad de saber que los días, marcados por estaciones, son una prolongación, un acontecimiento ininterrumpido. Apenas se abrazan y saludan, cada uno con su nombre y su apellido, con las luces y las sombras que, sin sospecharlo, les matizan los seres humanos. Se marcha 2020, sin prisas ni remordimientos, aunque lo crean prófugo, con sus estaciones de primavera, verano, otoño e invierno, y sus amaneceres y anocheceres, incluidos los mediodías, las tardes y las madrugadas. Se desvanece 2020. Carga sus maletas sin faltantes, con el confeti y la serpentina de las fiestas y las lágrimas y las flores marchitas de los dolores. Unos piensan que 2020 se lleva mucho de nosotros -a nuestra gente, selvas, animales, oxígeno, planes, alegrías, ilusiones, salud, vida, familias, valores-, y otros aseguran que enseñó demasiado. Muchos lo culpan. Varios lo exoneran. Otros más lloran por los días que vienen. Y no fue el año culpable de los males. Ninguna fecha planea el mal. 2020 llegó viajero y se hospedó en un mundo que ya tenía historia. Y así se va, ligero. Nosotros -hombres y mujeres-, permanecemos aquí, en el mundo, con las listas de ausencias y los huecos que dejaron quienes verdaderamente se marcharon del escenario terreno. Aquí estamos, en medio de la vida y la historia, con la posibilidad de enfrentar, con la razón, los desafíos, las pruebas y los retos que se presentan, o amilanarnos y caer, igual que lo hemos consentido desde hace décadas, en la indiferencia, el egoísmo y la pasividad. Esta noche -puntualmente a las 12-, 2020 se habrá marchado y se encontrará con nosotros 2021, igual que el otro, su antecesor, y de cada persona y sociedad dependerá, como siempre, fabricar su dicha o construir su desgracia. Somos nosotros, no las fechas, quienes generamos lo bueno y lo malo de la vida. Si deseamos vivir en un mundo de paraísos, cultivemos flores, dibujemos sonrisas, pintemos colores, amemos, hagamos el bien y demos lo mejor de nosotros a los demás. Merecemos realizarnos plenamente, volar libres, vivir en armonía y con equilibrio, condiciones que no dependerán de los calendarios, sino de cada hombre y mujer. Hoy, abrazo a cada uno, en minúsculas y en mayúsculas, en femenino y en masculino, en todos los idiomas y en las diferentes razas y creencias, con la idea de abrir mi alma y transmitirles mis sentimientos más nobles y el anhelo de que se encuentren a sí mismos, abracen a sus familias, valoren la salud y la vida. 2021 y los siguientes años, esculpirán, a su paso, los signos del tiempo en cada persona. Dependerá de nosotros, empezar desde ahora a dibujarnos sonrientes, dichosos, saludables, enteros, resplandecientes de la luz del bien y la verdad. No permitamos que otros, con intenciones perversas, nos desdibujen y abandonen en la arena desértica del mal y la desmemoria. Rescatemos nuestra esencia. Es la luz. Los números de un año o cierta fecha no marcarán nuestro destino feliz o infausto. Somos nosotros -tú, yo, ustedes, ellos, todos- quienes tenemos la decisión y el poder de liberarnos de las ataduras que otros han colocado en nuestros sentimientos, ideales, planes y pensamientos. 2021 y los años que vienen, indiferentes como su silencio, deben quedar inscritos en la historia como el despertar de la humanidad. Gracias a cada uno de ustedes por estar presente y ser quien es. A todos les deseo lo mejor de la vida.

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