¿Qué puede uno decir?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al darme cuenta del amor tan grande que me inspira, convertí mi taller de artista en fragua para fundir el abecedario y entregarle el más bello de los poemarios, versos dulces y el libro de nuestra historia

¿Qué puede uno decir cuando parece que las letras del abecedario se agotaron y las palabras del diccionario resultan insuficientes para expresar sentimientos? ¿Qué escribe uno al creer los demás que el lenguaje, en cualquier idioma, es ancestral y pobre para describir un gran amor? ¿Cómo defender y conservar los textos que brotan de la inspiración, cuando te vistes de musa, si ahora mucha gente pretende talar letras, quemar acentos y borrar puntuaciones? ¿Dónde plasmar las ideas si cualquier espacio se reduce a las limitantes de su superficie, la caminata del tiempo y el precio que se le fija? ¿Qué puede uno escribir cuando otros, en el pasado, ya hicieron del amor un verso, una novela, un concierto, una canción, un cuadro, una escultura? ¿Cómo transmitir el amor que me inspiras si antes de venir tú y yo al mundo, ya había poetas que fundían las letras para formar palabras que delataban la locura de su enamoramiento? ¿De qué manera quebranto los barrotes de las celdas y libero todos los dialectos e idiomas del mundo y los rumores del universo para componerte el poema más bello y subyugante? ¿Con qué sustituyo las estrellas si las tomo para fundirlas durante mis noches de inspiración y colocarlas en tu almohada mientras duermes? ¿Cómo diseñar y escribir una carta de amor y pretender que la humanidad cimbre, si los sobres escasean y ya no provocan encanto ni las letras causan ilusión? Si la mayoría es proclive al brillo de la superficialidad, a los apetitos pasajeros y a la levedad de la existencia y las cosas, ¿cómo uno puede introducirse a las profundidades del océano para armar una declaración de amor? Si en una confusión de ideas y atrapados entre las pasiones y los sentimientos, los compositores ofrecen canciones baladíes y los productores filman películas redituables económicamente, ¿cómo escribir, entonces, la historia más bella, excelsa, rica e inolvidable de amor? ¿Qué puedo decir cuando parece que todo se ha pronunciado? ¿Cómo susurrar a tu oído la cadencia de mis composiciones si muchos prefieren la discordancia de los gritos? Nadie sabe, aunque algunos lo sospechen, que la aleación de mis palabras, al escribir para ti, proviene de los talleres del cielo y de mi alma, donde todos los días horado con la intención de descubrir los tesoros más resplandecientes que un artista puede entregar a su musa, a una dama, al ente femenino que ama y en el que se reconoce eternamente. Esa es, parece, la razón por la que el material de mis escritos es inagotable. No podría rasgar trozos de tela para entregarte remiendos que cubran y resalten tu brillantez; es preciso, por ser quien eres, cortar con delicadeza el lienzo que merece alguien que late en el corazón y mora, por lo mismo, en el interior de uno y en los salones de un destino sin final.

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Un poema para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… en cuanto tracé las primeras letras en la libreta de apuntes, descubrí tu presencia y comprendí que una musa y su amante de la pluma fueron creados por Dios con una arcilla especial, sin duda para regalar al mundo el brillo de las estrellas y el resplandor del cielo. Al percibirte en mí e inspirarme en ti, supe que un escritor entrega su amor fiel a su musa 

Quiero construir poemas no con las letras de la cotidianidad, sino con las palabras de mis sentimientos, porque la dedicatoria tendrá tu nombre. Deseo escribir a tu lado para que las páginas en blanco ofrezcan capítulos mutuos, una historia maravillosa e inolvidable, nuestros sueños y realidades. Pretendo arrancar el susurro del oleaje, los rumores del aire, los murmullos de la vida, el lenguaje del universo, las voces del silencio y los cantos del cielo para embellecer mi vocabulario y cuando te hable al oído y cada día te declare mi amor, me reconozcas e identifiques en las profundidades de tu alma. Anhelo que cada momento seas mi musa para así tomar tu mano y juntos redactar el guión de un romance de ensueño, plasmar las palabras de un enamoramiento sin caducidad, trazar la locura de un amor. Confieso que al escribirte, busco en el abecedario las letras más bellas y consigo en el diccionario palabras elegantes y suaves, dignas de ti, precisamente para que sepas que soy yo, tu escritor, quien las funde en un crisol especial. Inspirado en ti, escribo el poema más dulce, hermoso y subyugante, quizá para dejar constancia de que la relación entre una musa y su amante de la pluma es mágica porque Dios, al crearlos, les concedió la promesa y el regalo de palpitar en una sola alma, y quien no lo crea, que guarde silencio para que escuche nuestras voces en el lenguaje de la vida, el universo y la creación.

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El encanto del abecedario

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me encanta el abecedario porque con sus letras armo promesas, regalos, ideas y sentimientos para ti. Transmiten la locura de este amor. Forman nuestros nombres, participan en nuestra historia y susurran a tus oídos palabras del cielo y el código de un romance irrepetible 

Todos los días camino por la playa, donde hundo los pies en la arena y las olas de la inspiración me trasladan a rutas insospechadas, hasta que me sumerjo con mi red en las profundidades del abecedario, entre arrecifes coralinos y rocosos, con la intención de sustraer letras, vocales y consonantes que enlazo en mi taller de artista para componer los poemas que te dedico a una hora de la mañana y otra de la noche.

Entre los pliegues jade, turquesa y zafiro del océano, descubro los acentos, la gramática y los trazos de las letras que fundo en la forja de mi buhardilla de escritor e inserto en las páginas del más bello de los poemarios, en la constelación y en el pentagrama del aire y la lluvia.

Armo palabras cortas y extensas, líneas, párrafos, textos. Son para ti. Deslizo los pinceles, igual que el pintor, con el objetivo de que los matices de la paleta alegren su significado; golpeo el cincel con el martillo para darles forma, detalle y sentido, como lo hace el escultor al formar su obra magistral; les agrego música con la finalidad de que los rumores del amor y la creación te acompañen siempre.

Más tarde, contemplo mi obra. Inserto mi nombre para que al llegar a ti, sepas que soy su autor y que cada texto contiene sentimientos, ideas, detalles, promesas, momentos y confesiones de un gran amor.

Obtengo las letras más hermosas. Las limpio y les entrego la encomienda de sujetarse unas con otras para que su lectura, ante tu mirada, sea la cartografía de estrellas que te conduzca al cielo que prometí buscaremos los dos durante nuestras horas de amor y silencio.

Ahora sabes que al zambullirme en el mar del abecedario, no solamente busco letras y palabras, acentos y gramática; buceo en las profundidades, entre las grietas donde surge el agua del océano y parece como si existieran filamentos sutiles que conectan al universo, al pulso de la creación, a ti y a mí, a la naturaleza, para entregarte mi más fiel amor.

No son letras ni palabras, las mías, trazadas en los fragmentos de un cuaderno, en las ruinas de una esperanza o en el naufragio de un recuerdo. Se trata de signos que expresan el lenguaje de nuestras almas, los sentimientos que forman la historia que nos une, el palpitar de un gran romance. Son palabras respaldadas por sentimientos e ideas, cimentadas por capítulos reales, sostenidas por vivencias, recargadas en ti y en mí, en nuestros sueños, encuentros, promesas, juegos, risa e ilusiones.

Gozo al entregarte cada texto. Encerrado en el silencio y la soledad de mi taller, entre libros y papeles, escribo durante horas, igual que el artífice que pretende crear el collar más cautivante de perlas y diamantes, quizá porque nuestra labor, en el arte, consiste en transformar la lluvia en gotas de cristal.

Intento escribir con maestría cada día para llegar a ti, a tus sentimientos, a tu alegría, a tu amor. Navego con mis letras e ilusiones, con mi epopeya y mi historia, para que los latidos de tu corazón y el mío siempre repitan el encanto y la magia que nos une.

Es hora de sumergirme en las profundidades, entre letras e inspiración. Quiero tejer palabras con hilos muy finos de oro y plata, precisamente con la intención de recordarte que mis textos te pertenecen porque eres tú quien me los inspira. No somos de aquellos que suelen propiciar encuentros en la esquina porque el amor, lo sabemos, es algo más que un deseo o una estación fugaz; es un proyecto, una realidad y un sueño en el mundo y la eternidad, y mis letras te lo repiten cada instante. Si un día, también con letras, aseguré que al mirarte la primera vez entendí que no esperaría a nadie más en la morada de mi vida y mis sentimientos, hoy sé que ambos, al fundirnos en el encanto de una historia irrepetible, hemos encontrado los colores del amor como anticipo, sin duda, de las tonalidades de un cielo sin final, donde cada palabra, al escribirla para ti, resplandecerá y se convertirá en gotas de alegría y vida. En eso consisten las palabras del amor, en hacer feliz realidad lo que uno inscribe al sentirse inspirado.

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