Quien una mañana escribe “te amo”, en la arena de la playa

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… la miré aquella vez y supe que la amaría eternamente. Cuando un susurro interno me anticipó “es ella, es ella”, comprendí que dentro de mí escuché su voz que advirtió “soy yo, soy yo”. Entendí el secreto de ser uno y otro en el amor

Quien una mañana se anticipa al oleaje y traza en la arena de la playa la expresión “te amo”, conoce los secretos del alma y ha pronunciado en silencio el código para abrir las puertas del cielo. Quien se preocupa por uno y tiene la atención de recomendar una alimentación sana, un buen abrigo en temporada de frío, un paraguas o un impermeable durante la lluvia y un sueño dulce y tranquilo, es una bendición porque hace de cada momento un detalle, un paraíso, un destello. Quien es mujer y dama, también es suspiro y ángel, poema y música, luna y estrella, y merece a su lado un hombre y caballero, un ser humano capaz de serle fiel y tratarla con enamoramiento e ilusión. Quien abraza y provoca que uno perciba su esencia y escuche el lenguaje que brota desde el silencio y la profundidad de su alma, es la mujer a quien se ama fielmente, la dama a la que se le admira y respeta, la compañera de una aventura llamada vida y de un sueño que se entrega al arrullo de la eternidad. Quien es mujer, posee el encanto de una niña; pero si por añadidura es dama, resplandece y guarda los tesoros celestes. Quien una noche se anticipa a los luceros y a la luna con sonrisa de columpio y prende velas entre los sabores de una cena, es compañera de una historia sin final, doncella de un cuento real, amor que no se olvida y que se lleva siempre por ser tan bello y sublime. Es a quien se entrega un bouquet de rosas. Quien me ama, eres tú, la dama de quien hoy hablo y a la que defino en los rumores del mar y el viento, en las notas del violín, en los minutos temporales y en los círculos de la eternidad, en los latidos de mi corazón y en un lenguaje que proviene de ti y de mí. Quien una mañana nebulosa o una noche de llovizna escribe “te amo” en la arena de la playa o en alguno de los cristales de la ventana, eres tú.

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No hay final

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Contigo inicia mi mañana y mi noche, mi sueño y mi vida, mi mundo y mi cielo, mi tú y mi yo…

No hay final. Un día o alguna noche, a cierta hora, inicia la historia, y uno ya es tú y yo, tu nombre y el mío, nosotros, nuestra esencia en un rostro y en otro que es el mismo en el espejo de la existencia. No hay frontera porque cada palabra es viento y poema, y un beso, una mirada y un abrazo insinúan el sabor, los colores y el perfume del cielo. En una historia de amor fiel y prodigioso, como la nuestra, no hay hora postrera porque la vida empieza cada instante. El final no existe porque entre tú y yo hay una eternidad.

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Con las letras del abecedario

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Si no existieran las letras del abecedario para escribir y dedicarte el más dulce de los poemas, sustraería el barro y la textura de las flores y las plantas con la intención de pintarte conmigo en un paraíso de ensueño

Con las letras del abecedario construyo el poema que te dedico cada mañana, cuando abres el ventanal de tu mirada a los colores de la vida y escuchas alegre y enamorada la sinfonía de la naturaleza y la voz canora del universo.

Una y otra vez, atraídos por el embeleso de sus formas y sus sonidos, los signos componen palabras bellas que asiento en la historia prodigiosa que compartimos, en los días que andamos juntos, en las horas que transcurren aquí y allá, al abrazarnos en la profundidad y el silencio de nuestras almas, al besarnos con la dulzura y el encanto de un amor, al soñar y vivir, al reír y llorar, al sentirte yo y saberme tú.

Ahora sé que venimos al mundo a amarnos, a ser felices, a aprender del sí y el no de la vida. Reconozco, por lo mismo, que la historia existencial y el amor se arman con hechos igual que el poemario más subyugante se compone de palabras hermosas.

No dudo, musa mía, que con la letra a, la primera del abecedario, escribo amor, alma, ángel, alegría, arte, asombro y amanecer. La trazo en mi cuaderno de notas cuando te expreso mi amor y me invita, aunque sea el símbolo de un sonido, a vivir con los conceptos que puedo armar de acuerdo con la frecuencia de mi ser.

También aparece la b para recordar que se inserta en la bondad, el bien y la belleza, y que si a continuación asoma la c es para anotar cualidad, cielo, creación y cautivante, como la d, al reflejarse, señala a Dios, a la dama que eres, los detalles, la dicha y la magia de dar.

Otras ocasiones llega la e cual encanto, eternidad, enamoramiento, epopeya y embeleso, antecediendo siempre a la f que muestra la felicidad, la fe, la familia -oh, excelso tesoro-, la fragancia y la fidelidad, mientras la g, en el mismo sendero, ilumina el cuaderno de la vida con gratitud.

Elijo la letra h cuando pretendo expresar tu hermosura y el concepto de la honestidad, y la i, en tanto, al destacar la inteligencia y el infinito, hundirnos en las profundidades de la imaginación y envolver y reventar ilusiones en burbujas de cristal.

Tengo, en ocasiones, la letra j, que libero al invitarte a jugar al amor y a la vida. El juego inicia con esa letra, como sucede con la jovialidad. ¿Te das cuenta, amada mía, del tesoro que tenemos? Sólo es cuestión de seleccionar lo que anhelamos y soñamos.

Opto por la k cuando me refiero a la palabra keter, que significa corona, precisamente con la idea de colocar en un sitio supremo el valor de los sentimientos que compartimos, sin olvidar, verbigracia, a la l que me permite experimentar y escribir luz, libro y locura de un amor.

Mientras reviso las formas y los caminos del abecedario, coincido con la m que si bien evoca a nuestras madres -algo de los más sublime, regalo de Dios-, describe las maravillas, a la mujer, a ti, mi musa con tu mirada.

Anhelo sentir la textura de la n porque simboliza la niñez, la naturaleza, la nieve, la noche y las nubes. La ñ, por ser escasa y pequeña, opta por tomar las manos de otras letras y aparecer en la niñez y los sueños.

Escribo la letra o, tan dulce y tierna como el ósculo que tú y yo nos regalamos una noche de otoño, o igual que la p que evoca a nuestros padres -otros tesoros que Dios nos concedió-, y también la proeza, el poemario, el puente y el paraíso.

Integro a la lista la letra q porque me sugiere los sentimientos que me inspiras cuando te digo que te quiero; sin embargo, inserto la r al suspirar por la idea de nuestro romance y ver tu rostro y disfrutar tu risa. Es la s la letra y el sonido con el que inician los conceptos silencio, soledad, sueños, suspiros, susurros, sabiduría.

Giro a otro sentido para abrir la puerta del abecedario y trazar la letra t, con la que principian tú, tuyo y ternura, similar a la u que se introduce entre la palabra sueños o la v que delinea la verdad, las virtudes y la vida.

No niego que si la w y la x no inician las palabras del amor, son respetuosas y no interfieren en nuestra alegría ni en la ruta que seguimos; mas con la y sabes que escribo yo y con la z, que coloco al final, te informo que me siento feliz por este amor tan nuestro.

Ahora, color de mi destino, ambos sabemos que en el arcón del abecedario se encuentran las letras que tú yo podemos armar para escribir y vivir una historia de ensueño en el mundo y proyectarla al infinito. Sólo es cuestión de saber elegir.

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En mí…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Supe desde el principio que si era la niña de mi vida y la dama de mis sueños, también sería más tarde el ángel de mi cielo

Pensar en ti es sentirte en mí, en mí como motivo de dulzura, en mí en los momentos de alegría y tristeza, en mí al pronunciar tu nombre, en mí cuando llevo tu sabor y tu perfume para impregnarlos en mi ambiente y en las páginas de nuestra historia, en mí al amarte. Sentirte en mí es vivir acompañado de día y de noche, es hilar la tela de la existencia, es dormir y despertar contigo, es diseñar un bouquet de flores. Percibirte en mí equivale a saltar por la reja del cielo o trepar a uno de sus balcones, significa escuchar los coros del universo, es abrazarte en silencio y susurrar a tus oídos los secretos de un amor que gradualmente se convierte en locura y en rumbo nuestro. Reconocerte en mí es mirarme al espejo y descubrirme en tu rostro, es sentirme tú con mi identidad, es componer el poema más sutil, es empaparse una tarde de lluvia. Experimentarte en mí es reconocer la presencia de Dios y el encanto de una existencia maravillosa e inolvidable, es flotar en la temporalidad y en el infinito, es soñar y vivir. Pensar en ti y sentirte en mí tiene una dirección, un significado, un destino. Saberte en mí, es conocer por fin el amor que soñé durante mi infancia dorada, es fundir mi alma con la tuya, es ser tú y yo, los de siempre, una estrella titilante en el día y la noche de la eternidad.

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Quienes se enamoran

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me enamoré de ti

Quienes se enamoran, descubren colores en su interior, los sustraen del mundo y el paraíso, de las flores y los ríos etéreos, de las gotas de lluvia y los sueños. Quienes se enamoran, inventan matices que colocan en las paletas de sus existencias para aplicarlos en sus sentimientos, en la alegría de sus rostros, en sus sonrisas, en la locura de sus vidas. Quienes se enamoran, escuchan los rumores que vienen del silencio, las notas que surgen de la temporalidad y los días inmortales, la música del universo y la creación que late en sus corazones. Quienes se enamoran, no esperan la llegada de algún día mágico y especial porque reconocen que disponen del momento presente para amar y cumplir sus sueños, ya que el ayer, con sus aciertos y desventuras, es suspiro, es parte de sus experiencias y riquezas, fragmento y eco de sus caminatas, mientras el mañana es proyecto, ilusiones aún no cumplidas. Quienes se enamoran, hacen un paréntesis, sin importar la hora o la estación, para escribir un par de palabras y expresar un amor que abre portones e invita a volar con libertad y plenitud entre el mundo y el cielo, en senderos subyugantes y en la ruta interior. Quienes se enamoran, cuentan los minutos que pasan y recorren una estación y muchas más con la idea de reunirse con aquellos que aman o simplemente enviar un mensaje, por cualquier medio, a su otro tú, a su otro yo, para recordarle lo tanto que lo sienten y recuerdan. Quienes se enamoran, no contabilizan el tiempo que dedican al hombre o a la mujer que aman; de lo contrario, su desdén anticiparía su rechazo a compartir los susurros del silencio y los juegos de la inmortalidad. Quienes se enamoran, saben que sus abrazos son para amar, consentir, apoyar, proteger y consolar, y que con un beso y otro más entregan una fragancia y un sabor que se recuerdan siempre. Quienes se enamoran, son fieles y no esperan a alguien más en su morada. Quienes se enamoran, renuncian a opiniones, prejuicios e intereses tras comprender que Dios les concedió un amor que es sueño, ilusión y realidad, poema y música. Quienes se enamoran, sacrifican su existencia, si es preciso, porque aman y saben que seguirán vivos en su otro yo, en su otro tú. Quienes se enamoran, no dudan, confían, se atreven y rompen grilletes. Quienes se enamoran, son felices, plenos y libres. Quienes se enamoran, experimentan un día, una tarde o una noche la locura de un amor que traspasa las barreras del tiempo y el espacio, de tal manera que de pronto se descubren en otras fronteras. Quienes se enamoran, se saben protagonistas de un guión precioso e irrepetible, de una comedia prodigiosa y de ensueño, de una historia inolvidable, suprema e interminable. Quienes se enamoran, no necesitan más pruebas porque entre sus manos y las del ser que aman, sienten las de Dios que los une.

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