Ya no están aquí

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Ya no están aquí, cerca de nosotros, para acariciarlos y expresarles nuestro más profundo amor y la gratitud que sentimos por ellos. Se ausentaron. Ya no están aquí, familiares y amigos, compañeros y vecinos, para conversar con ellos, compartirles una sonrisa y comentarles que, felizmente, son parte de nuestras historias. Dejaron suspiros y hondos vacíos. Ya no están aquí, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que provocaban risa o coraje en nosotros, y, después de todo, siempre se mantuvieron presentes, muy fieles, en las mañanas soleadas, los mediodías de lluvia, las tardes de viento otoñal y las noches invernales. Abandonaron sus nombres, apellidos y todo lo que eran. Ya no están aquí los de nuestra generación, los de ayer y los de hoy. Sus asientos permanecen vacíos. Ya no están aquí los que estiraron sus manos para recibirnos durante nuestros primeros pasos, aquellos que entregaron lo mejor de sí para hacernos muy felices y enseñarnos las lecciones y los secretos de la vida. Abordaron el furgón en alguna estación abandonada y vieja. Ya no están aquí, minúsculas y mayúsculas, en femenino y en masculino, con sus sonrisas y sus enojos, sus sueños y sus ilusiones, sus luchas y sus desencuentros, sus triunfos y sus fracasos. Se fueron y quedamos solos. Ya no están aquí, ellos, quienes nos enseñaron que el mundo solo es un paseo que conviene disfrutar con el sí y el no de la vida, en armonía, con equilibrio, plenamente y con dignidad, y que el sendero hacia el infinito, a los cielos sin final, principia en el alma y está más próximo cuando uno es otro, más esencia que arcilla, y los sentimientos, palabras, acciones y pensamientos son nobles y resplandecen con la luz interior. Viajaron, sin duda, a los paraísos que tanto anunciaron. Ya no están aquí, con nosotros, aquellos que nos acompañaron durante nuestras jornadas terrenas. Algo sucedió con ellos. Ya no están aquí, en el mundo, los que nos amaron tanto y los que sintieron envidia y odio contra nosotros. Ni a unos les expresaremos nuestro amor ni a otros los perdonaremos de manera personal. Ya no están aquí los que igual que tú, yo, ellos, nosotros y ustedes, protagonizaron minutos y años existenciales. Algo los deshilvanó. Ya no están aquí, entre nosotros, seres humanos con identidad, para amarlos, solicitar su perdón o disculparlos. Partieron de improviso, cuando las noches parecían tan silenciosas y alguien tocó a sus puertas. Ya no están aquí los que crecieron a nuestro lado. Oh, presagio de que nos estamos yendo y de que el árbol se deshoja sin que nos demos cuenta. Ya no están aquí los que se mantuvieron presentes en nuestras vidas. Todavía, a pesar de los dolores de las ausencias, hay gente a la que podemos expresar nuestro amor, pedirle olvide y perdone nuestros errores y ofensas, abrazar y sentirla desde la profundidad y el silencio de nuestras almas. Ya no están aquí los de antes y los de ahora. Nos vamos quedando solos, o, tal vez, ya lo estábamos desde que preferimos las apariencias y no la esencia, a partir del momento, quizá, en que elegimos lo inmediato, lo desechable, y no lo perenne. Ya no están aquí los que apenas hace rato o ayer nos regalaron una sonrisa, algunas palabras o la calidez de un abrazo. Solo quedan los recuerdos que alguna vez, a cierta hora, se volverán olvido y el viento dispersará como las hojas que desprende del árbol. Ya no están aquí.

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Entre las palabras y los hechos

“Ay de aquel que sus palabras sean mejores que sus hechos”. Buda

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Con amor a quien me inspira

Toqué un día a la puerta de tu corazón, a la morada de tu ser, quizá sin imaginar que contigo, al cabo de los días, experimentaría un estilo diferente y sublime de amar.

Acostumbrado al encanto de las letras, a la magia y sutileza de las palabras, me recordaste que en el amor valen más los actos y detalles que las frases elaboradas y pronunciadas por compromiso o ausentes de la razón y los sentimientos.

Muchas veces, las palabras se expresan como requisito para satisfacer a los seres celosos, engreídos, posesivos e inseguros; mas se diluyen si no las respaldan los sentimientos y las acciones cuando se presentan las horas de prueba.

Alguien puede jurar amor eterno una noche romántica y cargada de estrellas, y hablar o escribir tan bello como quien ejecuta un concierto magistral; pero las flores se vuelven expresiones frías y pierden su fragancia y hechizo cuando no las mece el amor.

En el amor, las palabras escritas en una servilleta o pronunciadas al oído resultan bellas y encantadoras; no obstante, del ensueño a la realidad sólo hay un paso y los hechos y resultados marcan cuán tan grandes son los sentimientos y juramentos que alguna vez se hicieron.

Me enseñaste que una noche, al despedirte, podrías estar agotada y tal vez omitir la expresión “te amo”; sin embargo, contigo aprendí que el cansancio y el sueño nunca serán motivos para abandonarme o no escuchar, cuando te necesite, mi llamado.

Insinué, acaso por ser escritor, que me encantaría el mayor número de palabras en la relación, cuando siempre he tenido ante mí tus detalles cotidianos, tus atenciones, el tiempo que me dedicas, tus bromas para distraerme, tu sonrisa y el amor tan extraordinario que me demuestras. Me percaté, entonces, de que tu estilo de vivir y demostrarme tu amor es un lenguaje superior al que uno, al escribir, forma con las letras y palabras.

No sabe la gente, en sus relaciones sentimentales, que el amor se adormece con la repetición de palabras rutinarias y carentes de alegría; en cambio, los actos son dinámicos, fortalecen y demuestran lo que uno es capaz de hacer por el ser del cual uno está enamorado. Las palabras son adornos y los hechos, en tanto, demostración de lo que es uno en realidad.

Observé que la humanidad, en amplio porcentaje, entabla relaciones sentimentales que posteriormente, ante la caminata de los días, de los meses y de los años, desgasta su alegría e ilusiones, hasta marcar signos de desilusión, enfado y rutina que conllevan, en ocasiones, al desamor, la rutina y la traición.

Gracias a ti, comprendí que si las palabras escritas o pronunciadas son expresiones que se convierten en aretes y collares de los sentimientos, los verdaderos tesoros yacen en el ser y las mejores expresiones de amor se demuestran con atenciones y detalles cada día de la existencia.

Imposible renunciar a escribir un poema o un texto inspirado en la unión de nuestros corazones, en ti y en la relación  que nos identifica; pero lo más grandioso de todo es que en los momentos de las pruebas, cuando se han presentado como a todo viajero que sortea desfiladeros durante su jornada a las tierras donde irradia la luz, ambos hemos demostrado que somos capaces de tomarnos las manos, abrazarnos y cuidar de nosotros, porque es cierto, si sólo hubieran sido palabras sin fundamento, las borrascas habrían restregado los papeles arrugados y rotos en nuestras caras.

Es justo reconocer, finalmente, que contigo aprendí que las expresiones de amor plasman la belleza del sentimiento más excelso, pero sólo serían adornos sin valor si los actos se colocaran en el peldaño de abajo. Al final, en la vida, lo que vale no es lo que se dice, sino lo que se hace, y tú, mi musa, lo demuestras cada instante de tu vida al entregarme amor, atenciones, detalles y tiempo. Bello lenguaje el tuyo porque es el de los hechos, el que deja huellas en el mundo y en mi corazón, sin duda para transitar hacia moradas superiores.