Mujeres de siempre: Olivia Kroth, la escritora

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El lector de libros es un aventurero infatigable que navega a una ruta y a otra del arte y el conocimiento. Es un caminante inquieto, un pasajero que se sumerge en las profundidades insospechadas de las páginas, en la tinta, en el papel, en las letras, y explora sentimientos e ideas que alimentan su alma, su cerebro, su ser.

Entra, el lector, a sueños grandiosos e inesperados, abre las puertas de la sabiduría, derrama sobre sí el arte. Descubre, al leer, senderos inimaginables que creía, por lo mismo, inexistentes, y dan sentido real a sus días, a su búsqueda, a su evolución, a su vida. Se recrea con cada libro que repasa y así, al cabo de las mañanas, las tardes y las noches, ya vivió mil existencias en una sola y justifica su paso por el mundo.

Quien escribe libros, es eso y más. Es el autor, es el artista, es el personaje, es el intelectual, y eso lo vuelve irrepetible. Es el hombre y la mujer, la mujer y el hombre, alguien que ha trascendido y desliza el bolígrafo sobre las hojas de papel u oprime las teclas de la computadora con la intención de plasmar ideas, reflexiones, sentimientos, experiencia, sueños y realidades.

El escritor, hombre o mujer, posee el encanto y la magia de crear historias, regalar burbujas de sentimientos, ofrecer sueños e ilusiones, acercar otros cielos y mundos a la comprensión humana. Como que el autor posee las llaves de paraísos e infiernos y es, al mismo tiempo, explorador de la vida y la muerte, de lo tangible y lo intangible, de la esencia y de la arcilla.

De linaje alemán y ruso, con residencia actual en Moscú, la escritora Olivia Kroth es autora de cuatro libros, y es ella quien relata la historia de sus obras y su entrega a las letras, al arte y al conocimiento.

Elegante, culta, distinguida, como la han definido los lectores de las dos entrevistas previas a la actual -https://santiagogaliciarojonserrallonga.wordpress.com/2020/06/15/mujeres-de-siempre-olivia-kroth-escritora-y-periodista/ y https://santiagogaliciarojonserrallonga.wordpress.com/2020/07/16/mujeres-de-siempre-entrevista-a-olivia-kroth-recuerdos-de-los-juegos-olimpicos-de-verano-de-1972-en-munich-alemania/)-, Olivia Kroth es una mujer con apertura al diálogo. Es respetuosa. Actúa de manera natural, auténtica, con la sencillez de aquellos seres humanos que han alcanzado la grandeza y la maestría en la vida, y saben, por añadidura, que cada instante es una oportunidad para aprender, dar lo mejor de sí, evolucionar y dejar huellas indelebles. Responde con precisión a las preguntas formuladas:

Autora de cuatro libros publicados, se refiere específicamente a sus tres primeras obras y anticipa que “se orientaron a un tipo de audiencia específica, a los lectores de las montañas Taunus y del área de Rhein-Main, región hermosa que se localiza alrededor de Frankfurt am Main, donde se encuentra, precisamente, la editorial Societäts-Verlag, empresa dedicada a la publicación de títulos locales”.

Esa editorial, agrega, obtiene su principal ingreso económico a través de la impresión de periódicos. “Producen grandes volúmenes de impresiones, principalmente del Frankfurter Allgemeine, un conocido medio de comunicación de tipo conservador que es leído en toda Alemania”.

Y prosigue: “miré el catálogo de libros publicados por la editorial y establecí contacto con sus directivos. Me atreví a hacerlo porque era mi deseo y mi sueño escribir y publicar. Aceptaron mi planteamiento inicial para la edición del primer libro, respuesta que evidentemente me motivó a escribir la obra y publicarla en 2001. Su título es Castillos de hadas y residencias de poetas en las montañas Taunus.

“Mi siguiente libro, Viajes en el tiempo en las montañas Taunus, fue publicado un año más tarde, en 2002. Posteriormente, en 2004, fue editada mi tercer obra bajo el título En la corriente temporal del río principal“, explica la autora.

Reflexiva, abre el cajón de los recuerdos, y expresa, al citar su cuarto libro publicado –Tote tanzen nicht/ Los muertos no bailan-, que en realidad “no hubo ningún acontecimiento especial que me motivara a incursionar en la novela, solo el deseo de escribir y probar algo diferente. Después de haber escrito tres libros de no ficción, me incliné por la novela, acaso por ser una ávida lectora de thrillers, es decir de obras de suspenso e intriga. Pensé que podría escribir una novela. Para mí, representó un nuevo tipo de escritura, desde luego con una historia de ficción situada en las montañas Taunus y en Frankfurt am Main, situación favorable para que Societäts-Verlag lo publicara por tratarse de literatura regional”.

En aquella época, cuando escribía la novela, rememora Olivia, “vivía en un pueblo llamado Köppern. Hay una clínica psiquiátrica, oculta en el bosque, cerca de la estación del trenKöpperner Tal. Cuando viajaba a Frankfurt, abordaba ese tren; además, todas las mañanas solía caminar por el Valle de Köppern para llegar hasta la escuela donde impartía clases de literatura inglesa y alemana”.

Con qué emoción y sencillez recuerda Olivia aquellos años y el valle que le encantaba y era apacible y hermoso a toda hora, en cualquier estación, en primavera, verano, otoño e invierno. Arrobada por el paisaje mágico y ensimismada en sus cavilaciones, diseñó una historia situada en el valle, en torno a la clínica psiquiátrica de Köppern.

Informa que su novela inicia a principio de otoño y concluye en postrimerías de invierno, de manera que “escribí múltiples escenas de ambas estaciones en el bosque. El trágico final ocurre en Fastnacht, precisamente en febrero, época del carnaval en Alemania”.

Cita la autora que “hacia atrás, Köppern tiene una historia oscura y trágica. Los lugareños guardan silencio al respecto, probablemente porque están avergonzados. Esta clínica solía ser de exterminio durante la época nazi. Los pacientes con enfermedades mentales murieron. Les aplicaban inyecciones de veneno letal. Cada vez que pasaba por esta clínica, tenía una sensación tan extraña, como si los muertos no estuvieran realmente muertos, como si me susurraran. Así fue como se me ocurrió la idea de elegir a una enferma mental de la clínica como heroína principal de mi libro”.

No obstante, “la novela está ambientada en el siglo XXI. Es una novela moderna. No me atreví a mencionar ningún hecho histórico sobre la clínica, porque vivía en el pueblo de Köppern y no quería convertir a los aldeanos en mis enemigos. Además, mi editor me advirtió que no mencionara en absoluto la época nazi. Por supuesto que no lo hice. Quería ver mi libro publicado. Esto era importante para mí”.

Considera que su obra “es un thriller, una novela familiar y un retrato de la sociedad. El personaje principal es Olga, una paciente de día en la clínica psiquiátrica de Köppern. Vive en la ciudad vecina de Bad Homburg y viaja tres veces a la semana en tren a la clínica psiquiátrica de Köppern para recibir terapia. Es una mujer pobre que vive en muy malas circunstancias. Los últimos 100 metros, desde la estación de tren hasta la clínica, tiene que caminar por el Valle de Köppern”.

De camino a la clínica, “pasa por la villa de una pareja rica, Peter e Ingrid Gessmann. Olga siente envidia por la buena vida y el lujo de la pareja. Peter es un consultor empresarial próspero y rico. Su segunda esposa, Ingrid, es joven, atractiva y le encanta llevar una buena vida. Ella engaña a su marido, mientras él está en el trabajo. El hombre no sabe nada de su doble vida. Ella cree que la única decepción de él es Harald, el hijo de su primer matrimonio. Harald es un estudiante perpetuo en la Universidad de Frankfurt am Main. En lugar de estudiar economía para hacerse cargo del negocio de consultoría de su padre, Harald prefiere pasar sus noches en un círculo celta, donde baila y canta canciones con un druida celta. La cuarta persona que vive en la hermosa villa, además de Peter, Ingrid y Harald, es la anciana y silenciosa ama de llaves, Hermine, quien guarda su propio secreto oscuro”.

Al referirse a Hermine, el ama de llaves, Olivia menciona la declaración de la mujer tras asesinar a su padre enfermo, quien se encontraba en un lecho: “incluso en la muerte sigues pareciendo estúpido. No me mires así”. Lo asfixió con una almohada. Y aclara la escritora que “lo odiaba porque había abusado de ella sexualmente, cuando era una niña”.

Y así, “la envidiosa y loca paciente mental, Olga, encuentra la manera de entrar a la villa, haciéndose amiga del ama de llaves. Roba una llave de repuesto y joyas a espaldas. de la mujer. Cuando Hermine se entera de la falta de la llave y las joyas, ya no deja que Olga vaya a visitarla a la villa. Olga está furiosa”, relata Olivia, quien destaca que la demente diseña un plan diabólico para asesinar a todos, “a esos bastardos que viven en la villa”, y pretende llevar a cabo su proyecto “durante la noche de Fastnacht, que es de carnaval”.

De improviso, Olivia hace un paréntesis en su narración y declara que debe detenerse en ese punto porque resulta preferible no revelar más detalles acerca del final de la obra. Piensa que la curiosidad y la tensión que genera la historia debe continuar, hasta motivar al público a comprar el libro y leerlo.

Reconoce que para su gran sorpresa, “las reacciones de los críticos fueron excelentes. De hecho, muchos periódicos de la zona publicaron reportajes positivos sobre mi thriller”. En el Frankfurt Live, por ejemplo, leyó lo siguiente: “su felicidad parece perfecta cuando Peter e Ingrid Gessmann se mudan a una villa solitaria en Taunus. El anciano consultor de gestión quiere disfrutar el lujo que tanto le costó ganar con su joven esposa en el idílico pueblo de Köppern. Ya está planeando su jubilación. Se pueden encontrar soluciones para todos los problemas, piensa. Pero el idilio es frágil. Se verá arrastrado a un vórtice de mentiras”.

En tanto, el crítico de Main-Post, escribió: “Olivia Kroth despierta curiosidad por su primera novela. Escribe sobre deseos ocultos y tendencias criminales con consecuencias fatales para las víctimas y los perpetradores. La autora presenta figuras y escenas de forma visual. Las ubicaciones del thriller regional son auténticas: Köppern y Bad Homburg en las montañas Taunus y la metrópolis de Frankfurt Rhein-Main. La novela se basa en una investigación exhaustiva en varios lugares. La escritora, incluso, habló con profesionales de la salud y un asesor fiscal local”.

Höchster Kreisblatt, publicó esto: “el lector es un invitado a lugares donde a la gente demsiado rica y chic le gusta pasar el tiempo. Los eventos, registrados en un hermoso lenguaje, tienen lugar en el Valle de Köppern, el Taunus Spa de Bad Homburg, el Palm Garden, el Covered Market y otros lugares conocidos de Frankfurt am Main”.

El crítico de Bad Vilbel New Press, comentó que “los personajes principales están meticulosamente elaborados. Cada uno de ellos es complejo. Crees que los conoces a todos: el anciano y exitoso hombre de negocios con una segunda esposa demasiado joven, el hijo inepto de su primer matrimonio y la engañosa pareja menor, el ama de llaves silenciosa con su oscuro secreto, el druida autoproclamado, un gurú bienvenido en una época en gran parte sin sentido”.

Al crítico de Wetterauer Zeitung, “también le gustó mi caracterización de las personas”, y hasta mencionó que “la autora traza el destino y los caminos de la vida de los personajes de la novela de una manera muy sensible y con mucho amor por la psicología. La acción de este emocionante thriller psicológico está incrustada en la región entre Rhein y Main”.

Wiesbadener Kurier, elogió la caracterización realista: “la autora Olivia Kroth convence con sus finas habilidades de observación. Ella representa las figuras completamente contrarias de una manera extremadamente realista. Estos estudios ingeniosamente entrelazados sobre la atmósfera y el medio ambiente son tan interesantes que el lector apenas notará que se acerca el desastre final. Solo notará la catástrofe en el último segundo, al igual que todas las figuras involucradas”.

Frankfurt New Press, por su parte, enfatizó la psicología de la novela al indicar que con Tote tanzen nicht, ella, Olivia Kroth, “pinta el cuadro psicológico de una familia que vive en su propio cosmos. Incrustados en la atmósfera rural de los Taunus, sus esperanzas y sueños terminan en una red mortal de amor, lujuria y ambición. Todos buscan la felicidad a su manera, pero la danza, en la que quedan atrapados, termina fatalmente”.

Frankfurter Rundschau, destacó el estilo narrativo: “Olivia Kroth sabe cómo hilar ingeniosamente los hilos de su telaraña. Es particularmente fascinante cómo los aprieta cada vez más, hasta que los protagonistas quedan atrapados en él. Al final, ya no pueden bailar, a menos que sea una danza de muerte”.

En Vilbeler Anzeiger, Olivia leyó este artículo: “¡no temas a la muerte! Tantos ya están muertos, usted también puede morir. Todo el mundo ha podido morir hasta ahora, incluso un idiota como tú, como yo, puede morir si tiene que hacerlo”. Y explica que Olivia Kroth colocó esta cita de la novela Codicia, de la ganadora del Premio Nobel, la escritora austríaca Elfriede Jelinek (2004), como lema en la primera página de su thriller: Tote tanzen nicht. “Con más pasajes humorísticos, la autora le da a su obra una nota trágico-cómica”, señala el medio.

El crítico de Babenhäuser Zeitungm, señaló: “la autora Olivia Kroth ha convertido su ciudad natal en las montañas Taunus en una escena de crimen. Así sigue el rastro de su famosa colega Donna Leon, que vive y escribe en Venecia”.

Tras citar algunas de las reseñas que hicieron los críticos acerca de su novela, la autora da a conocer que presentó sus obras, cada año, en la Feria del Libro de Frankfurt, “en el stand de Societäts-Verlag, entre 2001 y 2007. Fue una experiencia extraordinaria. Me encanta el ambiente de las ferias del libro. Es muy emocionante conocer a vendedores y compradores de libros, lectores y agentes. Me senté en el puesto, bebiendo té con mi editor o deambulando entre los puestos de otras editoriales. Había muchos libros nuevos por descubrir y gente interesante por conocer”.

Completa la idea al decir que también “presenté mis libros en las lecturas. Tuvieron lugar en muchos lugares diferentes de la región de Rhein-Main: en librerías, cafés, bibliotecas, escuelas y ayuntamientos. Los lugares más exóticos eran un antiguo molino reconvertido en restaurante y una estación vetusta de tren, que se había convertido en centro cultural. Algunos de los organizadores fueron muy amables. Ofrecieron bebidas y bocadillos gratis al público y, por supuesto, a mí, durante el intervalo o después de la lectura”.

“Normalmente leo 50 minutos; luego respondo las preguntas de los lectores y firmo libros. Mi tarifa, en ese momento, era de 200 euros por lectura. El número de audiencia varió. El mínimo era de seis personas, el máximo de 120. El promedio habitual se situaba entre 40 y 60 asistentes. Me encantaron estas presentaciones de libros. Hablar con los lectores siempre es interesante. Aprendí mucho de ellos, escuché lo que les gustaba y lo que no les gustaba de mis libros. Era motivo de reflexión”, responde Olivia.

Evoca que un anciano dijo “¡na, endlich passiert ja mal estaba en dem Buch!”, lo que significa “¡así que finalmente algo está sucediendo en este libro!”. Ese hombre “era un fanático de la acción rápida y no apreciaba mis descripciones de la naturaleza o los lugares. Los encontró largos y tediosos. Sin embargo, al finalizar la lectura, compró un libro y me pidió que lo firmara. Encontré esto asombroso. Siempre recordaré su exclamación e intentaré propulsar la acción a un ritmo más rápido en mi próximo thriller”.

Opina la autora: “definitivamente quiero llegar a un mayor número de lectores, e incluso al público internacional, en el futuro. Sin embargo, no creo que se reimpriman los tres primeros libros. Estas guías culturales solo son leídas por lectores locales. Con la novela es diferente. Los personajes, sus problemas y sus vidas son de interés general, ya que forman parte de la humanidad. Todos encontramos el éxito y el fracaso, el amor y el engaño, la felicidad y la tristeza, en el curso de nuestras vidas. Como señaló mi gran colega de Austria”, ganadora del Premio Nobel de Literatura, Elfriede Jelinek, “todos moriremos. Algunos mueren antes, otros más tarde, según su estilo de vida y las circunstancias que encuentren. Pero la muerte es algo seguro que nos espera”. Y esto “es tan evidente, que decidí colocar su famoso bonmot al comienzo de mi novela”.

Añade la escritora: “siempre comencé las presentaciones de libros con esta cita. Hizo reír a mi público, aunque la novela Tote tanzen nicht no es tan divertida, tiene un final triste y trágico. Sin embargo, las partes pueden entenderse como una especie de baile macabro, y puedes reír o llorar, como desees. Probablemente tengo un temperamento satírico. Quizás debería incorporar la sátira nuevamente en mis trabajos futuros. Me queda bien, ya que siempre trato de ver el lado cómico de la vida, no solo las tragedias, pequeñas o grandes, que todos encontramos. Dado que estoy en proceso de mudarme a Rusia de forma permanente, quiero reimprimir mi novela Tote tanzen nicht en ruso. Con la ayuda de un agente literario internacional, me gustaría vender el libro en diferentes idiomas y ediciones extranjeras. Este es un proyecto nuevo y emocionante para mí. Estoy trabajando en eso”.

Como artista e intelectual, confiesa: “sigo escribiendo. Soy escritora, no puedo vivir sin escribir a diario. Desde 2014, he estado escribiendo artículos periodísticos sobre Rusia para varios medios de internet. Quiero publicarlos en un libro, en 2024, con el título Rusia espléndida bajo el presidente Vladimir Putin”, y con el subtítulo Una crónica de la década 2014-2024. “Esta será una colección de mi trabajo periodístico, no ficción”.

Adelanta que tiene planes de escribir y publicar más obras de ficción. “Quiero escribir cuentos y otra novela en Rusia. Se colocarán en un entorno ruso. Ya tengo algunas ideas, pero sería demasiado prematuro hablar ahora de tales proyectos. Prefiero presentar los libros cuando se publican, no hablar de su contenido con anticipación. Además, las ideas cambian a menudo en el transcurso de la escritura. Suceden cosas imprevistas con bastante frecuencia”.

Auténtica y clara, la escritora asegura: “valoro mucho los libros impresos. No me gusta leer ediciones digitales. Es cuestión de gusto personal. Creo que los libros impresos y las ediciones digitales se adaptan a una diversidad de gustos, a diferentes lectores, y ambos seguirán existiendo. Seguramente escribiré el texto tipográfico en mi computadora, ya que ahorra tiempo y es mejor para leer. Mi letra es bastante jeroglífica. Además, puedo cambiar pasajes fácilmente en la computadora, mover capítulos hacia adelante o hacia atrás, según sea necesario. Todo este trabajo es mucho más difícil en manuscritos. Sin embargo, me encanta tener un libro publicado en mi mano, mirar la foto de la portada. A menudo, las ediciones impresas son bastante artísticas. Amo las portadas de mis cuatro libros. Creo que Societäts-Verlag hizo un muy buen trabajo profesional. Además, deseo ver las filas de mis libros en los estantes de libros, en mi propio estante de libros en casa, así como en los estantes de libros de bibliotecas y librerías. Me da este sentimiento muy especial… ¡Ah, lo has logrado, estás ahí!”

Reflexiona en el sentido de que “los libros pueden enriquecer las vidas de las personas de muchas formas. Son entretenidos, pasamos el rato en buena compañía con la obra de un autor que nos gusta. Los libros también pueden ser educativos, podemos aprender con los libros. Estoy usando libros en ruso para estudiar ruso. También me gusta leer cuentos, thrillers, novelas históricas y autobiografías en mi tiempo libre. Los libros son mi medio favorito. Otras personas prefieren el cine o el teatro. Yo no. Me gusta quedarme en casa y relajarme en el sofá con un buen libro, o me siento en mi escritorio y estudio el vocabulario y la gramática rusa con un manual. Además, leer un buen libro aporta un cierto beneficio para la salud. La lectura ejercita el cerebro. Tiene un efecto positivo a largo plazo y ayuda a prevenir la enfermedad de Alzheimer. También amplía nuestro vocabulario y el uso de estructuras de oraciones complejas. Me gusta leer a autores que escriben oraciones largas: Heinrich von Kleist, Thomas Mann, Lev Tolstoi y otros. Me enseñan a estructurar frases elegantes y largas, sin perderme en el laberinto del lenguaje. Esto es de especial interés para mí como escritora”.

Destaca que para ella, “el secreto para escribir una novela es llegar hasta el final. Esto no es tan fácil como parece. Algunos escritores se quedan atrapados en algún punto intermedio y se rinden. O descubren que lo que han escrito es un completo desastre. Algunos escritores dicen que escriben sin un plan, prefieren seguir la corriente. ¡Yo no! Soy una persona muy ordenada y estructurada. Necesito una trama y un plan ordenados y estructurados. Mientras escribo, puede ocurrir que me desvíe aquí y allá. Al principio, sin embargo, la estructura es de suma importancia para mí”.

De esta manera, “cuando escribo un thriller, pienso primero en el último capítulo. Decido cómo terminará esta novela. ¿Quién morirá, quién sobrevivirá? ¿Cómo y por qué? Esta es la parte más importante de la trama. El segundo aspecto más importante es cómo llegar desde el principio hasta el final sin que los lectores sepan lo que les espera en la última página. Debería ser una completa sorpresa. Te guardas el secreto para ti. Juegas tus cartas cerca del pecho. Nunca divulgues demasiada información en el capítulo que estás escribiendo. Lo mínimo es lo mejor, lo suficiente para impulsar la trama hacia el siguiente capítulo. Otro aspecto importante es la caracterización. El héroe o la heroína debe ser un ser humano, ni un superhombre ni una supermujer. Me parece más convincente si tienen virtudes, además de defectos. Los otros personajes deben agruparse en torno al protagonista, ya sea que estén de su lado o en su contra. Intento no introducir demasiados personajes al principio. En mi opinión, es mejor insertarlos lentamente, uno tras otro, con intervalos entre ellos. En mi thriller Tote tanzen nicht, todos los personajes no son ángeles ni villanos. Olga está enferma y frustrada, pero no es realmente una mala persona, aunque al final se convierte en una asesina. Peter Gessmann tiene éxito en su negocio, pero es bastante ingenuo en asuntos privados, especialmente en el amor. Su joven esposa Ingrid es una persona superficial y voluble. Sin embargo, esquía bien y se ve bien, si quieres contar esto como ventaja. Harald es un estudiante perpetuo porque no es un intelectual, sino un místico. Su padre realmente no lo comprende. Hermine, el ama de llaves, asesinó a su padre, pero tenía una buena razón para hacerlo. Al menos, lo hace con discreción, y él no sufre por mucho tiempo”.

Convida parte de su fórmula al exponer que “para cada personaje de mi novela, tengo una hoja informativa. En el lado izquierdo escribo las buenas cualidades, en el lado derecho los defectos. Intento equilibrar ambos lados. Esto es realista, ninguna persona es solo buena o solo mala. Las buenas cualidades pueden, incluso, estar enterradas en los corazones de los asesinos, lo crea o no. Así que no representé a Hermine y Olga como villanos. Son mujeres con problemas: mala salud, falta de dinero, frustración, enfado, envidia, porque se sienten maltratadas y no pueden vivir del lado soleado de la vida. No apruebo el asesinato. Lo hago plausible por la forma en que escribo. Hay más aspectos a tener en cuenta al escribir una novela: atmósfera y entorno, escenario, tiempo y ritmo, lenguaje y estilo. Algunos escritores famosos dan talleres online en los que explican el arte del oficio. Vale la pena mirar estos videos. Debo admitir que me encantan los escritores originales con ideas y temas inusuales, lenguaje y tratamiento de personajes inusuales. No quiero seguir el camino trillado yo misma. Mis próximos libros traerán cambios. Ciertamente, nunca escribiré fantasía o ciencia ficción. Lo que sí quiero probar son historias y una novela histórica sobre una gran personalidad rusa. No les diré a quién me refiero. Seguirá siendo un secreto por ahora”, y completa al decir que aparte de eso, cree en el lema de Voltaire (1694-1778): “se permite todo tipo de escritura, excepto la aburrida”.

Sonríe contenta, sencilla, profunda, como se muestra alguien que ha hecho de la vida algo extraordinario y valioso. Tiene planes literarios. Nadie duda de su éxito porque ha trabajado para lograrlo. Es una mujer que no se ha distraído en asuntos baladíes ni en cosas superficiales. Sabe que la vida apenas alcanza para trascender o perderse, y ella, la inolvidable Olivia Kroth, ha elegido la ruta hacia la cumbre. Sin duda es una mujer de siempre y uno puede aprender mucho de ella.

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Olivia Kroth, periodista y autora de cuatro libros, vive en Rusia. Su blog: https://olivia2010kroth.wordpress.com

Mujeres de siempre: Rosemarie Schade, de “niña de guerra” a dama de viajes y de bien a la gente

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El mensaje que pretendo dar a las mujeres es que se atrevan a ser auténticas, a desarrollarse plenamente y a convertir en realidad todos sus sueños. Es importante que se fijen metas y luchen, a pesar de las adversidades y obstáculos, para conseguirlas. En mi paso por el mundo he conocido mujeres con posibilidades de ser grandiosas, singulares, extraordinarias; pero no se atrevieron a luchar y así transcurrieron sus años, entre aspiraciones incumplidas y suspiros tristes, hasta que se les hizo tarde ante la brevedad de la existencia… Otro mensaje que me gustaría transmitirles es que no se subordinen a personas que no son positivas para su desarrollo. No sean pasivas. Nunca sepulten sus anhelos y sueños. Les aconsejo luchar incansablemente por sus metas y, si es necesario, solicitar ayuda a personas e instituciones buenas y confiables. Recuerden que la grandeza se compone de la suma y multiplicación de pequeños detalles cotidianos. No desmayen. En mi opinión, también ayuda mucho a una vida feliz y plena, preocuparse siempre por personas que coexisten en condiciones difíciles… Rosemarie Schade

El mapa del mundo estaba cuadriculado y roto. Tenía círculos, anotaciones, fechas, signos. Olía a miedo, bombardeos, destrucción, muerte, desolación. El presente era un hoy fragmentado y resultaba aterrador, aplastante, digno de un paisaje surrealista, mientras el futuro, el amanecer del siguiente día y las auroras y los ocasos que le sucederían implacables e indiferentes, parecían inciertos. Cada instante llevaba consigo la repetición del miedo, la réplica de la incertidumbre que provocaba la guerra. La crueldad, el odio y la rivalidad entre personas y naciones, desconocen fronteras, inocencia, sonrisas, sentimientos nobles e ilusiones, y destruyen ciegamente muros y puentes, rompen las cadenas de la coexistencia armónica, aniquilan vidas. Todo queda fracturado en una guerra.

Uno, en una guerra, se siente muerto y solo. El hambre, el miedo, el ruido incesante de la artillería, la sangre, los gritos desgarradores y sus silencios repentinos, ahogan, y más al contar las ausencias en la lista de familiares y seres amados, al notar las faltas de nombres y apellidos en la vida desmaquillada, al contemplar las escuelas derruidas, al descubrir los hospitales improvisados en incesante lucha por rescatar el aliento de los moribundos, al probar el cáliz de la amargura, el pánico y la incertidumbre.

Los pedazos de muñecas y juguetes -eco de una infancia mancillada e interrumpida-, las puertas y los muros perforados por las balas, los cristales rotos, el humo que escapa de las casas derruidas, las cosas y los papeles dispersos en las calles pletóricas de escombros, las fotografías incompletas, los hogares ultrajados, la ropa manchada de sangre y mugre, los residuos humanos y sociales, todo se vuelve ruina, recuerdo, locura, amnesia. Las pesadillas escapan de los sueños y aparecen, cual fantasmas, en la realidad. La noche se vuelve día. El día se hace noche.

Aquella generación de adultos, con sus llamados “niños de guerra”, vivió lo indecible. Unos eran náufragos de acontecimientos como la Primera Guerra Mundial, registrada entre 1914 y 1918; otros venían de orillas cada vez más distantes, las de las últimas décadas del siglo XIX, y algunos más eran demasiado jóvenes. Vivieron una de las pesadillas de la vigésima centuria. Un día, al amanecer, despertaron y el panorama mundial era diferente al que conocían, amenazante y mortal, y cayeron unos y se levantaron otros, hasta que hubo un final con la posibilidad de un inicio.

Incontables hombres y mujeres intentaban disimular ante sus hijos los rostros de la Segunda Guerra Mundial y les presentaban, en la medida de lo posible, lecturas, juegos e historias, distracciones que parecían máscaras endebles que pronto caían al aparecer, de improviso, escenas inevitables, sangrientas y aterradoras, mientras otros, en tanto, les hablaban directamente sobre la realidad de aquel período. ¿De qué sirve, entonces, saberse parte de la historia global, si la vida se siente amenazada y cada instante se desmorona ante el riesgo de la muerte?

Quizá, una noche silenciosa, tras una mañana y una tarde de bombardeos, invite a evocar los días de un ayer reciente, a repasar los nombres y rostros familiares y amados, a recordar historias y vivencias, y a reflexionar acerca del sentido de la existencia humana y sus cosas. Llora la gente por lo perdido, por la interrupción abrupta de su historia y sus planes. Y todos preguntan, sin duda, por qué los seres humanos, si somos hermanos, nos odiamos tanto y causamos daño.

En diciembre de 1944, la niña Rosemarie, quien nació en Königsberg -hoy Kaliningrad, Rusia-, capital de Prusia Oriental a partir de la denominada Baja Edad Media, hasta 1945, al ser tomada la ciudad por los soviéticos, cerca del río Pregolia que se fundía en la laguna del Vistula y próxima a las hermosas playas del Mar Báltico, desconocía que el mundo se deformaba por el odio de la humanidad transformado en guerra.

Rosemarie era, hasta entonces, una niña muy feliz, educada en un ambiente familiar de cariño, atenciones y consentimiento. Su madre y su niñera le dedicaban la mayor parte de su tiempo y se esmeraban en que su infancia fuera dichosa e inolvidable.

Su padre, Alfred Heine, era profesor de Matemáticas, Física y Química. Impartía clases en una escuela secundaria, en Wuppertal, Rheinland, a aproximadamente 50 kilómetros de Colonia. En ese lugar, sus padres tenían una fábrica de cartón que fue destruida, años más tarde, por los bombardeos.

No obstante, en 1936, el profesor Alfred Heine fue obligado por los nazis a abandonar su ciudad materna con la idea de trabajar a unos mil kilómetros de distancia, en Prusia, con la intención de sumarse a la enseñanza y fortalecer la educación ante la escasez de maestros.

Fue allá, en Prusia, donde el maestro conoció a Gerda Bisler, la mujer de la que se enamoró y con quien tuvo tres hijos: Lore, Bernd y Rosemarie. Evidentemente, Rosemarie era la más pequeña. Su madre era maestra de párvulos, motivo por el que la pareja contrató una niñera.

Los días infantiles de Rosemarie discurrían felices y parecían, por lo mismo, inagotables, hasta que aquel invierno, en diciembre de 1944, la familia acudió puntual a su cita con el destino y se miró de frente ante los desfiladeros de la historia y la realidad. El ambiente enrareció en casa y en el entorno. La pequeña miraba a su madre callada y nerviosa. Preparaba equipaje con apresuración. Una vez con las maletas, la mujer se trasladó con sus tres hijos a la estación del tren, rumbo a Praga, sin proporcionarles explicaciones.

Silenciosos, en un ambiente de apresuramiento y temor, la maestra de párvulos y sus tres hijos fueron acompañados por el profesor, a quien resultó imposible ir con ellos en el furgón porque debía retornar a la compañía militar, donde entonces se desempeñaba como telegrafista, función que le ayudó a obtener información acerca de la proximidad del Ejército Rojo que pronto llegaría a Prusia.

El viaje en ferrocarril parecía lento. Las ruedas de hierro pasaban una y otra vez sobre los rieles, como midiendo y calculando sus vueltas, al mismo tiempo que el vapor escapaba de la locomotora y se perdía al recibir las caricias del viento, mientras ellos, los pasajeros, miraban los escenarios desde las ventanillas con la esperanza y la urgencia de llegar pronto y a salvo a sus destinos.

Gerda intentaba mantenerse serena con la intención de no transmitir miedo y nerviosismo a sus hijos; pero cada parada, retroceso, cambio de velocidad o recorrido del supervisor de la línea ferroviaria, la inquietaba. Sentimientos tan inexplicables y poderosos se hospedaban en ella y, por lo mismo, le resultaba complicado hablar y sonreír. Estaba distraída en sus pensamientos, en ese estado extraño al que resbalan quienes viven situaciones inimaginables.

Una vez en Praga, la familia del profesor Alfred Heine abordó otro tren. La mujer y sus hijos viajaron hasta Austria, donde se instalaron en la habitación modesta de una villa antigua, la cual fue bombardeada y destruida por artillería norteamericana.

Aterrorizada por los bombardeos y las ráfagas de balas, entre gritos de personas, estallido de cristales y derrumbe de construcciones, Rosemarie, la pequeña Rosemarie, escondió debajo de las escaleras, donde permaneció refugiada durante varias horas, hasta que Gerda y sus hijos la encontraron.

Ella misma lo describe en alemán: “desafortunadamente, no hay paraíso en la tierra, pero tal vez sea algo bueno. De esta manera, apreciamos aún más lo positivo que tenemos. En realidad, permanecí enterrada horas después del colapso en la villa vieja de Austria. Mi hermana, que es mayor, me lo relató hace algunos años. Esa es, probablemente, la razón por la que tengo miedo a las habitaciones cerradas e incluso a las tormentas eléctricas fuertes. He aprendido a vivir con eso… Mi madre, en sus últimos años, se arrastraba debajo de la cama cuando había tormentas. Pienso en las muchas personas en zonas de guerra a las que nadie ayuda”.

La casa y la villa estaban desfiguradas. Aquí y allá, en un espacio y en otro, el rostro y la historia de una aldea antigua fueron alterados por las bombas, el fuego, las balas y la muerte. Fue, sin duda, el primer encuentro de Rosemarie con la guerra. Allí aprendió, sin duda, que la vida no significaba jugar con muñecas y soñar en un mundo de fantasía; la realidad parecía algo más serio y grave, tan ácido como el odio con que disparaban los militares.

El chalet donde vivía la familia Heine fue destruido por una bomba norteamericana. La misma Rosemarie aparece en una fotografía, montada en un burro, días antes de que la bomba destruyera la construcción. Atrás de ella se distingue la edificación antigua. Era muy pequeña. Ella misma cita: “solamente fueron unas pocas semanas felices en el bello chalet viejo situado a orillas del Zeller See, en Austria. Poco después, una bomba de los norteamericanos destruyó completamente el chalet y mi madre tuvo que buscar otra vez una habitación para nosotros”.

Gerda se probó a si misma. Era responsable de proteger a sus tres hijos. Consiguió una habitación en la alta montaña, cuyo dueño, paisano de la familia, tuvo compasión. La otrora maestra de párvulos tricotaba y laboraba en el campo y en el establo.

Hay momentos, en la vida, en que los seres humanos enfrentan los desafíos y los obstáculos del destino y tienen oportunidad de medirse y crecer o caer, y ella, Gerda, demostró de qué material estaba hecha al asumir los riesgos de un conflicto armado a nivel mundial, trabajar arduamente en la campiña y en el establo y atender, cuidar y educar a sus hijos Lore, Bernd y Rosemarie.

Tras el fin de la guerra, todos los alemanes, como ellos, salieron inmediatamente de Austria. Gerda y sus hijos se hospedaron en una habitación en Bavaria, mientras Alfred Heine, quien abandonó la base militar, no encontró empleo como profesor, situación que lo motivó a conseguirlo en Leverkusen, Rheinland, su región materna.

El profesor Alfred Heine no encontró en Leverkusen un departamento para alojar a su familia, la cual permaneció en Bavaria. Se sufre después de los conflictos bélicos. Quienes no mueren por la artillería, se encuentran de pronto frente a sí, desprovistos de presente y con un porvenir incierto, con un destino y un paisaje desfigurados que retan a luchar y armar los pedazos dispersos e incompletos.

Alfred Heine visitaba a su esposa y a sus tres hijos durante los períodos vacacionales. Para Gerda y sus hijos resultaba un período tranquilo, feliz y extraordinario la ausencia del profesor, quien solía gritar y pegar sin motivo en determinadas ocasiones. De pronto, se volvía un hombre severo.

La familia de Rosemarie era pobre, pero a cambio se desarrollaba en un ambiente apacible e inmersa en un paisaje hermoso, con un lago donde la pequeña aprendió a nadar. Su madre la inscribió en una escuela local y pronto consiguió una amiga con quien diluyó las horas infantiles y compartió juegos, pláticas, recuerdos, momentos.

Gerda experimentaba dolor y tristeza. Había perdido todo, a sus padres y amigos, los lugares en los que se desarrollaron su niñez y adolescencia, su empleo como profesora de párvulos y el dinero ahorrado e invertido. Añoraba con nostalgia los otros años, los del ayer, cuando vivía en Prusia, en excelentes condiciones económicas. Al parecer, su padre murió durante la guerra. Una e incontables veces se preguntaba por el destino de su progenitor. No tenía a su madre a su lado, y menos a su hermana con seis hijos, quien moraba cerca de Stuttgart. Desde la profundidad de su ser, la mujer deseaba que nunca más volviera a registrarse otra guerra.

En la hora actual de su existencia, Rosemarie abre las páginas de su memoria y suavemente da vuelta a las hojas, hasta que evoca el episodio en que durante el bombardeo, perdió su pequeña liebre de tela, extravío que le causó mucho dolor y tristeza.

Días más tarde, la pequeña Rosemarie notó la presencia de una mujer que subió hasta la habitación familiar, en la alta montaña, quien le entregó gentilmente su querida liebre, compañera de tantos juegos, imaginación e historias infantiles durante las horas más cruentas de su existencia. Se sintió agradecida e intensamente feliz, y descubrió que hasta en los momentos menos afortunados, existe la posibilidad de encontrar un destello.

Rosemarie estudió en Colonia. Se formó profesionalmente en Ciencias Económicas y en Español; mas no consiguió empleo adecuado porque en 1967 había gran cantidad de suspensiones en las actividades productivas de Alemania. Solamente una empresa que fabricaba armas y municiones, con contactos de negocios en Sudamérica, le dio oportunidad de desarrollarse laboralmente como traductora del alemán al español. Definitivamente, el proyecto existencial de la ya entonces joven Rosemarie era superior a permanecer siempre en una fábrica de armas. Nuevamente ingresó a la escuela con la idea de estudiar y convertirse, a través de los años, en profesora de Matemáticas y Español.

Retorna a su período infantil en Bavaria y asegura que se sentía inmensamente dichosa cuando su padre no se encontraba en casa. Todos, en el ambiente apacible del hogar, tenían libertad de jugar con objetos que encontraban en el suelo e ir a los alrededores y nadar en el lago.

Y así, entre una hora y otra, la infancia se diluía con sus luces y sombras, con el sí y el no de la vida. Como toda mujer que ha sufrido los estragos y la persecución de la guerra, soñaba y le ilusionaba la idea de no padecer más hambre y tener mayor espacio en su casa. Por cierto, “cuando recibíamos la visita de mi padre, éramos cinco personas las que ocupábamos la habitación, más un ganso y tres conejos que planeábamos comer un día”, evoca con la nostalgia y la sabiduría de quien ha vivido intensamente.

Y reconoce: “mi juventud no fue muy feliz. Mis padres y mis profesores eran demasiado autoritarios. En la escuela a la que asistía, había muchas chicas de familias ricas, mientras yo no podía comprar los libros y las cosas necesarias. Tenía que trabajar para ganar dinero y así estudiar. No vivía libre de las amonestaciones por parte de mi padre y de los profesores, y, a la vez, soñaba con ser independiente y poder marcharme a cualquier sitio con mi madre y mis hermanos. Leía mucho y deseaba irme a los países citados en los libros”.

Hace un paréntesis con la finalidad de relatar: “tenía una pasión que de cierta manera daba sentido a mi vida, y era tocar el piano con excelencia, virtud que me acercó a una banda de Jazz, cuyos integrantes éramos cinco muchachos y yo, la única mujer. Tocábamos en discotecas y en diversos espacios”.

La pasión por los viajes, agrega Rosemarie, “surgió por la lectura de obras que describían otras naciones y paisajes. Como no existían la televisión ni los videos sobre viajes, leía muchos libros, por ejemplo, del escritor Karl May, autor de “A orillas del río de la Plata”, y de exploradores como Alexander Von Humboldt. Imaginaba que algún día, por mí misma, podría visitar esos países”.

Y continúa: “tomé la decisión de independizarme de mi familia cuando trabajaba en Bayer Leverkusen AG. Miré un pequeño libro con todas las direcciones de las representaciones de Bayer Leverkusen en el mundo. En ese momento, tuve la idea de escribir a la representación de México y de Argentina. La oficina de Buenos Aires me contestó inmediatamente, mientras la de México lo hizo meses después. Era demasiado tarde. Viajé en barco a Sudamérica”.

Retrocede a otras páginas de su existencia y menciona que debía trabajar durante su período estudiantil para ganarse la vida. Fue entonces cuando “un día leí un cartel en la universidad, el cual invitaba a alumnos interesados en ser guías de viajes de estudiantes. Cursé un seminario con duración de una semana y presenté un examen. Como mujer, no fue fácil abrirme paso en ese medio; pero hablaba cuatro idiomas extranjeros y tenía experiencias en viajes. Fui aceptada como guía de estudiantes”.

Rosemarie conoció a su marido, Werner Schade, durante un viaje que realizó a Mallorca, en las Islas Baleares, cuando era guía para estudiantes. Su esposo era miembro del grupo estudiantil. En aquella época no tenían interés uno del otro, pero transcurrió casi un año para descubrir que entre ellos había algo más que simpatía”.

A partir de entonces, ha viajado a diversos países de los cinco continentes. Algunos los ha recorrido varias ocasiones. Tiene amigos entrañables en determinadas naciones. Participa, además, en un proyecto de ayuda a orfanatos. Tales acciones las lleva a cabo en Myanmar.

Reconoce que lo que más le agrada de los viajes son las obras de arte, la naturaleza con su flora y fauna y, principalmente, la gente. Le interesa mucho el estilo de vida de las personas sencillas y cómo influyen en ellas la religión, las tradiciones y el sistema político. Igualmente, le atraen temas relacionados con las condiciones en que viven las personas y las alternativas que existen para ayudarles a superar su crisis.

Dueña de sí misma, Rosemarie explica: “yo sé que mi vida no siempre resultó fácil. Ahora tengo mucha suerte porque puedo vivir sin padecer hambre y asisto al médico cuando estoy enferma. Los viajes me han dejado la enseñanza de que muchas personas viven en malas condiciones y que yo tengo la posibilidad de ayudarlas por lo menos un poco. De hecho, pertenezco a Myanmar Kinderhilfe, que apoya orfanatos, y también a Talita Kumi de Ecuador, que ayuda a chicas que viven en malas condiciones. Respaldo, paralelamente, un hospital para niños en Kambodscha, e integro diversas organizaciones”.

Rosemarie es creadora de la página “Personas mayores alrededor del mundo”, donde publica artículos referentes a sus experiencias de viaje. Aclara: “mi página sólo tiene ese nombre porque mi idea es expresar que su autora no es joven. Su contenido se dirige a hombres y mujeres de todas las edades. La persona más joven que lee mis artículos, tiene 15 años de edad y vive en Inglaterra”.

“Los viajes significan mucho en mi vida. Me encanta admirar las bellezas naturales, arquitectónicas y artísticas que existen en el mundo; pero también me interesa conocer los problemas que hay en cada región del planeta y no concretarme exclusivamente a lo que presentan y ofrecen los diarios y la televisión. Es muy importante para mí hablar con la gente, conocer lo que sienten”, revela Rosemarie con el encanto de quien siente la pasión de vivir, dar de sí y tratar de mejorar el mundo y las condiciones de las personas que menos oportunidades de desarrollo tienen.

Confiesa que no pretende escribir un libro acerca de sus viajes porque cada uno es diferente; pero planea redactar artículos sobre ciertos países y temas. “He empezado a escribir un libro acerca de mi vida”, anuncia con la sencillez de quien verdaderamente es auténtico, libre, pleno y magistral, y confirma que la obra tratará de manera especial el tema de lo que fue durante su infancia, “una niña de guerra”, porque los jóvenes de la hora presente “no pueden imaginar cómo eran los días en esa época”.

El tiempo es una embarcación que, finalmente, llega a un puerto y a otro, donde la tripulación se queda con sus vivencias y recuerdos, con sus soles, lunas y estrellas, con su esencia, con lo que fue y con lo que es, cada uno con una historia, con pasos que dejaron huellas y rutas con diferentes significados, y ella, Rosemarie Schade, es un ser extraordinario, dedicada a lo que le encanta -los viajes-, y también al conocimiento y al bien. Como mujer de siempre, deja trozos de sí a los demás, fragmentos que germinan en los corazones y se reproducen para multiplicar el bien y dibujar alegría y esperanza en otros rostros.

Habla pausadamente: “el mensaje que pretendo dar a las mujeres es que se atrevan a ser auténticas, a desarrollarse plenamente y a convertir en realidad todos sus sueños. Es importante que se fijen metas y luchen, a pesar de las adversidades y obstáculos, para conseguirlas. En mi paso por el mundo he conocido mujeres con posibilidades de ser grandiosas, singulares, extraordinarias; pero no se atrevieron a luchar y así transcurrieron sus años, entre aspiraciones incumplidas y suspiros tristes, hasta que se les hizo tarde ante la brevedad de la existencia… Otro mensaje que me gustaría transmitirles es que no se subordinen a personas que no son positivas para su desarrollo. No sean pasivas. Nunca sepulten sus anhelos y sueños. Les aconsejo luchar incansablemente por sus metas y, si es necesario, solicitar ayuda a personas e instituciones buenas y confiables. Recuerden que la grandeza se compone de la suma y multiplicación de pequeños detalles cotidianos. No desmayen. En mi opinión, también ayuda mucho a una vida feliz y plena, preocuparse siempre por personas que coexisten en condiciones difíciles…”

Se despide como es, grandiosa, sencilla, extraordinaria, con sus recuerdos y vivencias. Tiene proyecto existencial. Valora cada instante de su vida. Es la otrora “niña de guerra” que superó las adversidades, la pobreza, el hambre, y se preparó, trabajó y cumplió sus aspiraciones. Es y será mujer de siempre.

Derechos reservados conforme a la ley

 

Enlace de la página “Personas mayores alrededor del mundo”, de Rosemarie Schade:

Mujeres de siempre. Entrevista a Olivia Kroth: Recuerdos de los Juegos Olímpicos de Verano de 1972, en Munich, Alemania

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Bello es abrir un paréntesis a una hora de la vida, detener la caminata por unos instantes, y recordar los capítulos del ayer, atesorados en la memoria y envueltos en los más hermosos sentimientos, sin importar si la historia y los detalles resultaron pequeños o grandes porque, finalmente, lo que más valor tiene e interesa, en realidad, es qué tan auténtico fue uno y si de algo sirvieron las experiencias para crecer, evolucionar, derramar el bien y ser feliz.

Olivia Kroth, escritora y autora de cuatro libros publicados -«Märchenschlösser und Dichterresidenzen im Taunus»/ «Castillos de hadas y residencias de poetas en las montañas de Taunus», «Zeitreisen im Taunus»/«Viajes en el tiempo en las montañas Taunus», «Im Zeitstrom des Mains»/ »En la corriente del tiempo del río Main» y  «Tote tanzen nicht»/ «Los muertos no bailan»-, quien nació en Alemania y radica en Rusia, ambas naciones con antecedentes familiares para ella, tuvo la fortuna de participar como edecán en los Juegos Olímpicos que se desarrollaron en Munich, Alemania, durante el verano de 1972, en el intenso e inolvidable siglo XX.

Abre las puertas de su memoria, recorre los muchos días del ayer, hasta llegar a la época en que tenía 23 años de edad, y explicar: “había concluido mis estudios profesionales en la Universidad de Heidelberg y aprobado mi primer examen estatal con éxito, con la intención de convertirme en profesora de Lengua y Literatura Alemana e Inglesa en el Gymnasium, proyecto que me ilusionaba; sin embargo, en aquellas horas juveniles de mi existencia, sentí que aún no era momento de volver a la escuela tan pronto. Simplemente, tenía 23 años de edad y anhelaba emprender y vivir otras experiencias”.

Intelectual, mujer de su tiempo, Olivia Kroth evoca ahora el día en que encontrándose en la universidad, leyó un cartel patrocinado por el Comité Organizador Olímpico, con la invitación a estudiantes de idiomas extranjeros interesados en incorporarse al equipo para formar parte de las edecanes y anfitrionas en las competencias deportivas que se celebrarían del 26 de agosto al 11 de septiembre de 1972. Refiere con firmeza: “pensé que era lo correcto para mí. Presenté mi solicitud y fui aceptada”, y así deja el primer mensaje en el sentido de que si uno cuenta con las bases para vivir una experiencia, hay que analizar los escenarios y atreverse a hacerlo.

Ya en otra orilla -la del tiempo-, esta mujer que en la actualidad pretende dar a conocer al mundo occidental la historia de Rusia y la trayectoria de su presidente Vladimir Putin (https://santiagogaliciarojonserrallonga.wordpress.com/2020/06/15/mujeres-de-siempre-olivia-kroth-escritora-y-periodista/), expresa: “en realidad, en aquel capítulo de mi vida conocí dos mujeres que de alguna manera influyeron en mí. Tuve oportunidad de tratarlas en Munich. Ambas eran miembros del Comité Organizador Olímpico y fueron responsables de la primera entrevista conmigo. Volví a tratarlas en diferentes entrenamientos como azafatas. En total, éramos 1,600 edecanes quienes participamos y recibimos capacitación intensiva con la idea de dar lo mejor de nosotras durante las competencias olímpicas”.

Pronuncia suavemente el nombre de Schwabe, de Innsbruck, Austria, quien fungía como jefa del Servicio de Anfitrionas. La asistente de esta mujer era Silvia Simmerlat, quien tenía seis años más que Olvia. La coincidencia es que Silvia y Olivia nacieron en Heidelberg. En el caso de Silvia, sus raíces sanguíneas eran alemanas y brasileñas, mientras las de Olivia, lo sabemos, procedían de Alemania y Rusia.

Olivia hace un paréntesis, reflexiona y manifiesta que probablemente por la herencia mixta de Silvia y ella, ambas tenían apertura a nuevas experiencias, conocer personas extranjeras, hablar otros idiomas. Por cierto, “Silvia había estudiado para intérprete y, por lo mismo, hablaba seis idiomas con fluidez”.

Durante los XX Juegos Olímpicos de Munich, “Silvia conoció al príncipe heredero Carl Gustaf de Suecia. Su relación se mantuvo en secreto. Tras la muerte de su padre, el rey sueco Gustav VI Adolf, el 15 de septiembre de 1973, Carl XVI Gustaf lo sucedió en el trono, y así, en 1976, contrajo matrimonio con Silvia Sommerlarth, quien se convirtió en reina de Suecia. Posteriormente, fue la madre de la heredera aparente al trono, la princesa Victoria. En 2011, Silvia se convirtió en reina de Suecia con más años de servicio, récord que anteriormente tenía Sophia  de Nassau”.

Las Olimpiadas de Munich, en 1972, resultaron una fuente de aprendizaje para Olivia, quien buscaba modelos femeninos para aplicarlos en su vida. Era una joven con apertura al aprendizaje, quien se daba a respetar. Dos de los ejemplos de vida que encontró fueron la doctora Emmy Schwabe, mujer estricta y con muchos conocimientos y experiencia, “y la encantadora y competente Silvia Sommerlath, quien se elevó en la sociedad para convertirse en reina”.

Y agrega: “ser estricta, competente, enérgica, encantadora y ambiciosa, caracterizan mis rasgos. Probablemente se encuentran en mis genes. No dudo haber nacido con tales aspectos; además, reconozco que entrené conscientemente tal estilo de vida, y los modelos a seguir me ayudaron bastante”.

“La tercera persona que recuerdo muy bien era una joven alemana que había ido a trabajar a Munich desde Estados Unidos de Norteamérica. Ella trabajaba como jefa de azafatas para Panamerican Airways, que tenía su sede en Nueva York. No recuerdo su apellido. Su primer nombre era Christa. Me vio entre la multitud y se acercó a mí con la intención de mostrarme fotografías de su trabajo. Me preguntó si me gustaría unirme a Panamerican Airways, y yo respondí: ¿por qué no? Era mi sueño viajar alrededor del mundo. Se presentó la oportunidad de cumplirlo”.

Christa y algunos gerentes de la aerolínea sostuvieron entrevistas en el lobby de un hotel de Munich. Hablaron con solicitantes interesadas, durante los Juegos Olímpicos de Verano de 1972. Olivia completó los formularios de solicitud que Christa le entregó y acudió puntual y de frente a la entrevista, decidida a conseguir el puesto laboral que requería para cumplir sus anhelos. Una semana después, Crhista le informó que la habían aceptado y que pronto recibiría un permiso especial de trabajo para Estados Unidos de Norteamérica, lo que implicaba, por supuesto, que tendría que prepararse para volar a Miami, donde se encuentra la sede panamericana para la capacitación de azafatas.

Evidentemente, participaría en un curso de capacitación de seis semanas, “noticia que me pareció excelente. Salté de alegría”, admite Olivia, quien explica que se trató de un gran paso hacia lo que tanto deseaba.

Mientras llegaba el capítulo tan esperado como azafata, se sometió a un curso intensivo de entrenamiento en Munich con el objetivo de prepararse y dar lo mejor de sí como edecán durante las Olimpiadas. Aprendió detalles sobre la ciudad de Munich y conoció, paralelamente, las sedes olímpicas. También le enseñaron acerca de los deportes y la historia de los Juegos Olímpicos en general.

Reseña que trabajó en la oficina de información para visitantes. Respondía sus dudas y preguntas y los orientaba correctamente, tarea que, por cierto, no resultaba sencilla porque el parque olímpico era enorme. Le parece mirarse con el dirndl en turquesa y blanco. La doctora Emmy Schwabe “quería que todas luciéramos como típicas chicas bávaras. Reconozco que la mayoría de nosotras no éramos bávaras. Hubo edecanes de todos los continentes, incluso jóvenes chinas y africanas. Aclaro que el dirndl es un traje  folklórico, un vestido tradicional para mujeres y niñas en los Alpes bávaros y austriacos. Tiene un corpiño ajustado con escote rectangular. Es una falda ancha de talle alto y un delantal. Usábamos una chaqueta en la parte superior, medias blancas hasta las rodillas y zapatos blancos”.

Los recuerdos son, quizá, un columpio que devuelve el paseo a los otros días, a los momentos que se vivieron, a lo que uno, en determinada época de su existencia, sintió, pensó, soñó y llevó a cabo. Olivia manifiesta: “los Juegos Olímpicos me ayudaron a adquirir un gusto especial por la arquitectura. Para mí, la belleza de la arquitectura moderna, en el Parque Olímpico, fue abrumadora. Incontables visitantes me dijeron que se sentían muy impresionados. Lo más brillante en el Parque Olímpico fue el gran techo de la tienda de 75.000 metros cuadrados y su incrustación en el paisaje”.

También se refiere al Estadio Olímpico, al Salón Olímpico y a la Piscina Olímpica que se localizaban bajo ese techo transparente, cubierto con plexiglás translúcido. El techo de la carpa ofrecía un aspecto muy ligero, con una sensación óptima y estática.

Originalmente, añade Olivia, “la construcción se desmantelaría después de los Juegos Olímpicos. No obstante, la presión de la prensa internacional, que vio el carácter de los juegos de luces mejor reflejados en el techo, evitó su desmantelamiento. El célebre techo de la tienda fue completamente renovada a fines de la década de los 90, antes de que concluyera el siglo XX, precisamente con la finalidad de restaurar su impresión translúcida”.

“Disfruté mucho viviendo y trabajando en Munich. Estar en medio de este importante evento, fue muy emocionante. Todas las azafatas vivíamos en una cuadra del parque deportivo, así que vimos a los deportistas ir y venir todos los días. En mi tiempo libre, fui al centro de la ciudad que no conocía bien en ese momento. Caminé por parques y centros comerciales. Me senté en cafés y vi pasar a la multitud. Mi parque favorito, en Munich, es el del Palacio de Nymphenburg.”, que fomentó mi pasión por la arquitectura de jardines, especialmente los formados a gran escala”

Hablar con Olivia resulta un deleite e implica, adicionalmente, el reto de encontrarse lo suficientemente preparado porque es una mujer culta, amable y estricta. Ella ilustra, igual que un libro, y no se distrae para mencionar que “este exquisito Palace Park se considera una obra maestra del diseño de jardines. Comprende dos tipos de jardines: un jardín francés formal y un jardín paisajista inglés. Los diseños del jardín barroco formal, en Nymphenburg, se inspiraron en el jardín francés de Versalles. El trabajo, en el espacioso parque paisajístico, basado en el modelo inglés, comenzó en 1804. Me encanta la síntesis de estos dos tipos de jardines fundamentalmente diferentes. El ordenado jardín barroco francés mantiene la idea de mejorar la naturaleza mediante el arte y el orden. El parque paisajístico inglés destaca el juego libre de la naturaleza”.

Y pasamos, durante la conversación, a otro tema relacionado con los Juegos Olímpicos: “también asistí a los entrenamientos y las competencias de regata, en Oberschleißheim, cerca de München, para presenciar algunos de los eventos de remo. Este lugar fue construido para las competencias de remo y canotaje de los Juegos Olímpicos de Verano de 1972. El curso tiene dos kilómetros de largo. Tiene capacidad para 9.500 espectadores. Me encantaba ver remar desde mis tiempos como estudiante, en Heidelberg, en el río Neckar. Los estudiantes de la universidad remaban cotidianamente en el río Neckar. Solía ​​sentarme en un banco en la orilla y observar los botes ligeros que se deslizaban. Todo parecía tan fácil y, sin embargo, remar es un deporte complejo. Los hombros y los brazos desarrollan músculos muy fuertes. Nunca he remado, pero me gusta mucho este deporte acuático”.

Serena, atenta, segura de sí, Olivia declara: “como tengo raíces rusas, estaba muy feliz de que a mis compatriotas les fuera tan bien en Munich. Las competencias de remo y piragüismo tuvieron lugar en el espacio de regata en Oberschleißheim. No podía verlos a todos porque estaba ocupada trabajando en mi puesto de información. Cuando escuché que los deportistas soviéticos habían ganado ocho medallas de oro en remo y piragüismo, me alegré mucho”.

“No tuve oportunidad de conocer a ninguno de estos campeones de oro soviéticos en persona. Mirando hacia atrás, a los eventos, estoy muy orgullosa de que a los soviéticos les haya ido tan bien. Yury Malyshev ganó medalla de oro en scull individual para hombres. Gennadi Korshikov y Alexander Timoshinin ganaron medalla de oro en dobles scull para hombres”, confiesa con alegría.

Y completa: “los soviéticos también tuvieron éxito en piragüismo. Alexander Shaparenko ganó oro en individuales de kayak para hombres (1000 m). Yulia Ryabchynskaya ganó oro en singles de kayak femenino (500 m). Nikolai Gorbachev y Victor Kratasyuk ganaron oro en parejas de kayak para hombres (1000 m). Yekaterina Kuryshko y Lyudmila Pinayeva-Khedosyuk ganaron oro en parejas de kayak para mujeres (500 m). Vladas Cesiunas y Yury Lobanov ganaron oro en parejas de hombres (1000 m). Yury Stetsenko, Valery Didenko, Yury Filatov y Vladimir Morozov ganaron oro en cuarteto de kayak para hombres”.

Olivia Kroth se siente orgullosa de su sangre, de la gente del país donde tiene antecedentes familiares. Es alemana y es rusa. Su padre fue alemán y su madre y sus antepasados eran rusos. Amar a la familia, al pueblo de donde uno viene, el origen, es un privilegio y, tal vez, secreto para engrandecer una raza y una nación.

Ante la pregunta ¿qué lecciones hay para aprender?, ella, Olivia, destaca: “en primer lugar, los deportes olímpicos requieren dedicación. Los atletas soviéticos dedicaron todo su tiempo al entrenamiento. En segundo lugar, se sabe que los campos de entrenamiento soviéticos fueron excelentes y extremadamente duros. Ciertamente se requería buena salud y un estilo de vida muy equilibrado y vigoroso para sobrevivir. Incluso, sin ser atleta, un estilo de vida saludable también me ha servido bien”.

En tercer lugar, “he aprendido que, incluso, los mejores atletas pueden morir jóvenes, igual que la ganadora de la medalla de oro en kayak, Yulia Ryabchynskaya. Sólo cuatro meses después de su victoria en Munich, murió cuando cayó al agua helada durante una sesión de entrenamiento en la Unión Soviética. Supongo que todos tenemos nuestro destino. Hay un dicho alemán, Der Mensch denkt, Gott lenkt, que significa: los seres humanos piensan y planean, pero Dios decide qué será de nosotros”.

En cuanto a la masacre cometida en contra de la delegación de Israel, Olivia lo lamenta: “sí, recuerdo el acontecimiento, pero no los detalles en absoluto. Es como si una densa niebla hubiera envuelto mi memoria de tan condenables y tristes hechos. Estaba tan sorprendida que no podía pensar con claridad en absoluto. Di la vuelta como un zombi. Sólo fragmentos del trágico tiroteo nos llegaron a las azafatas inmediatamente después de que sucedió. Al siguiente día, por supuesto, pudimos leer en la prensa sobre la masacre a atletas israelíes en Munich por terroristas de Palestina”.

En las noticias, “se nos informó que en la madrugada del 5 de septiembre, un grupo de terroristas palestinos había asaltado el apartamento de atletas israelíes en la Villa Olímpica, matando a dos y tomando como rehenes a otros nueve. Los terroristas formaban parte de un grupo conocido como Black September. A cambio de las vidas de los rehenes, exigieron que Israel liberara a más de 230 prisioneros árabes, detenidos en cárceles israelíes, y a dos terroristas alemanes. En un tiroteo posterior en el aeropuerto de Munich, los nueve rehenes israelíes fueron asesinados, junto con cinco terroristas y un policía alemán”

Entristecida por el hecho que condena, explica que “posteriormente, las competencias olímpicas fueron suspendidas por 24 horas, para celebrar servicios conmemorativos en honor y memoria de los atletas asesinados. Recuerdo que el Comité Organizador discutió si se deberían detener todos los juegos. Sin embargo, la mayoría votó por continuar. No querían que los terroristas tuvieran la última palabra. Entonces los juegos continuaron”. Y sí, los juegos, la historia, el tiempo y la vida prosiguieron.

La ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Verano en Munich, “que había comenzado con una nota tan ligera y agradable, debió haber sido sombría y triste. No recuerdo haber ido allí. Creo que no asistí. Me fui de Múnich uno o dos días antes. Regresé a casa para empacar mis maletas y volé a Miami, donde Panamerican Airways inició el entrenamiento para azafatas, en otoño. Me aceptaron y comencé la siguiente fase de mi joven vida”.

Las manecillas del reloj, atrapadas en una carátula con 12 números, caminan incansables, sometidas a las reglas del tiempo, y Olivia, culta e inagotable, resume que los Juegos Olímpicos, celebrados en Munich, Alemania, durante el verano de 1972, “influyeron en mi vida definitivamente. Me mostraron que es muy importante trabajar duro para alcanzar los objetivos que uno se ha fijado. Los deportistas famosos que ganaron medallas de oro, tuvieron que entrenar muy duro y durante mucho tiempo. El talento no es suficiente. La resistencia, el ejercicio continuo y una fuerte voluntad de éxito son igualmente importantes”.

Y da la fórmula, el secreto, la receta del éxito: “además, necesitas mantenerte enfocado en tu proyecto. No se permiten distracciones. Los deportistas en Munich que ganaron medallas de oro, no salieron. No fueron vistos bailando en clubes nocturnos. Se mantuvieron enfocados en prepararse para los principales eventos deportivos de sus vidas”.

Advierte: “también aprendí que es importante reconocer tu propio talento y desarrollarlo. Nadie es multitalentoso. Igual que los ganadores olímpicos tienen un deporte, en el que destacan, todos poseemos un rasgo, una habilidad, una faceta de nuestro carácter que necesita ser reconocido y entrenado. Para mí, esto fue y sigue siendo algo escrito. Sigo escribiendo y publicando artículos y libros. Cuanto más escribo, más me encanta. Se ha convertido en mi primera prioridad en la vida”.

“He aprendido que la vida puede resultar muy corta, si estás en el lugar equivocado, en el momento erróneo. ¿Qué pasaría si hubiera estado en el departamento israelí y hubiera sido asesinada a tiros por terroristas? No era una pensadora política, a la edad de 23 años. Era una niña feliz que amaba la vida. Todavía amo la vida hoy, a la edad de 72 años.”, reflexiona, y tiene razón en lo que siente, piensa y habla.

Recalca que “las ideas de mortalidad se deslizan a menudo en mis pensamientos cuando escribo mis artículos sobre política. Entonces me pregunto, ¿por qué la masacre de 1972 en los Juegos Olímpicos de Munich todavía no ha llevado a algún tipo de conocimiento? En 2020, casi 50 años después, leemos diariamente las noticias de algunos disparos entre Palestina e Israel. Ha pasado medio siglo, pero los israelíes y los palestinos siguen luchando por los derechos territoriales. Creo que después de medio siglo, la gente podría haber adquirido sabiduría para calmarse y vivir en armonía y pacíficamente”.

“Por último, pero no menos importante, he aprendido de mi experiencia en los Juegos Olímpicos de Verano de 1972, que las actividades terroristas nunca conducirán a la paz. Lamento inmensamente que hasta el día de hoy, israelíes y palestinos aún no hayan hecho las paces entre ellos. Creo que con buena voluntad de ambos lados, se podría lograr algún tipo de compromiso para detener el derramamiento de sangre, el dolor y la tristeza interminables”, concluye Olivia Kroth, la otrora joven de 23 años que soñó, forjó proyectos de vida y los materializó. Es Olivia Kroth, la periodista y autora de cuatro libros que vive en Rusia.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Su blog: https://olivia2010kroth.wordpress.com

Fotografía: Olivia Kroth

 

Mujeres de siempre: Olivia Kroth, escritora y periodista

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

“Yo diría a las mujeres: sé tú misma. No te dejes definir por otros. No aceptes juicios negativos sobre tu personalidad; de todos modos son prejuicios injustificados. Si los hombres te humillan, están tratando de ser autoritarios y superiores. Si las mujeres te menosprecian, sucederá principalmente por envidia. Tienes algo que ellos no tienen…” Olivia Kroth

“Aconsejaría a las niñas y mujeres jóvenes: obtengan la mejor educación posible. Les ayudará a encontrar un buen trabajo, tener una carrera y ganar su propio dinero. Establezcan sus propios objetivos en la vida y marchen hacia ellos, paso a paso. Nunca se rindan. Sigan adelante…” Olivia Kroth

Una palabra amable, alguna reflexión inteligente, una sonrisa, un acto humanitario, una biografía o un capítulo ajeno a lo cotidiano, una huella indeleble o una aportación al conocimiento, al arte o a la ciencia, quedan en la memoria, en los recuerdos, en los instantes suspendidos en las añoranzas, y hacen de las personas -mujeres y hombres- seres irrepetibles, extraordinarios e inolvidables.

Hay quienes trascienden su condición humana al atreverse a vivir diferente, al quebrantar barrotes y fronteras para sentir el aire de la libertad, al dar lo mejor de sí a los demás, al desafiar abismos y escalar cumbres, al escribir su propia historia y no admitir cadenas ni rutinas, al ser genuinos y dejar a su paso detalles y trozos de grandeza.

En un ambiente mundial intoxicado por el consumismo, la estulticia, los antagonismos, el odio, las superficialidades, el materialismo, la ausencia de valores y el escándalo, las personas que se dedican al bien y a la verdad y exploran, por lo mismo, la ciencia, el arte, el conocimiento, parecen sustraídas de otros mundos, personajes que caminan con una lámpara y dejan huellas imborrables con el propósito de que otros, los que vienen atrás, las sigan y no pierdan la ruta.

Las multitudes, distraídas en asuntos cotidianos, en cosas que les han entregado como valiosas, no entienden cómo es posible que existan personas diferentes, con capacidad de lectura, estudio o construcción de un proyecto grandioso en los ámbitos del arte, la ciencia o alguna disciplina del conocimiento, cuando los días de la existencia transcurren inciertos y fugaces. El tiempo del genio es el mismo que el del tonto. Uno, el primero, lo aprovecha, hasta trascender, mientras el otro, el segundo, lo derrocha en asuntos baladíes.

Hoy, al iniciar la sección Mujeres de siempre, es un honor y un privilegio reseñar la vida de Olivia Kroth, escritora y periodista de origen alemán y ruso, quien ha protagonizado una historia intensa, bella e interesante. Ella misma se define al asegurar que es “una típica mujer libro”, inmersa en obras y documentos…

Cuatro años antes de su nacimiento, el 15 de agosto de 1945, concluyó la Segunda Guerra Mundial y Alemania, como otras naciones europeas, despertaban con la noticia de su nueva realidad, devastadas y entre las ruinas materiales, las sombras de un ayer inmediato de bombardeos y terror, los escombros de las diferencias y el odio y las interrogantes sin respuestas dentro de un período y un escenario que imponían el reto de enfrentarse a sí mismas, reencontrarse, desafiar los abismos de la historia y del destino y reconstruirse.

El mundo era otro. Su rostro había cambiado sustancialmente. La geografía de naciones como Alemania, dividida en bloques, reflejaba el hecho de que no solamente era posible desdibujar y reconfigurar territorios, sino dividir y clasificar a los seres humanos. La civilización previa al conflicto mundial, sucumbía y daba paso a otro ciclo local, continental y global. La gente estaba rota. Había ausencias y sobrantes, fracturas y añadiduras.

Y Europa, a pesar de las contradicciones humanas y los fantasmas y las sombras que dejan las guerras, con toda su carga histórica, social y económica, se conquistó a sí misma y una vez más, como en sus horas épicas de antaño, demostró al mundo su capacidad, talento y grandeza, con sus claroscuros y su estilo tan sui géneris.

Hay vidas que coinciden y se vuelven historia y destino. Tras finalizar la guerra, tres mujeres, la hija, la madre y la abuela -Aino, Alide y Emilia-, dijeron adiós a Riga, Letonia, su terruño inolvidable y querido, rincón del mundo donde consumieron tantos capítulos y quedaban sus recuerdos, linaje e historia, y así, entre los sentimientos de nostalgia que se refugian en aquellos que se quedan y las esperanzas, los sueños, las ilusiones y las expectativas de quienes parten, viajaron hasta Heidelberg, Alemania, ciudad bella, cautivante y de rasgos universitarios.

Aino, que era joven, ingresó a la universidad, donde inició sus estudios de Medicina. Entregada a los libros, al estudio científico, tuvo oportunidad de conocer, entre los muchachos de su época, a Günther, industrial alemán, con quien contrajo matrimonio durante los días de 1948.

Günther era dueño de la fábrica que su abuelo, también alemán, fundó en las horas postreras del siglo XIX, precisamente en 1886. La compañía, establecida en el campo, se dedicaba a la fabricación de zapatos. Los obreros provenían de los pueblos aledaños. La casa de Günther y Aino se localizaba a un costado de la fábrica.

Y así, el 27 de abril de 1949, nació Olivia, Olivia Kroth, quien creció en dos lugares, inmersa en una infancia feliz. Entre semana, vivía con su abuela y su bisabuela, Alide y Emilia, porque asistía a la escuela en Heidelberg. Aino, su madre, era una mujer que deseaba un futuro promisorio para su hija; en consecuencia, la inscribió en «Humanistisches Gymnasium», donde aprendió griego, latín antiguo y otros idiomas.

A la institución de prestigio asistían muchos hijos de los profesores universitarios de Heidelberg. En las aulas, los pasillos y los corredores se respiraba un ambiente intelectual, donde los temas del arte y el conocimiento se mezclaban y eran fórmula en el desarrollo de los estudiantes. Olivia disfrutaba esa atmósfera. Dedicaba horas al estudio, pero en su tiempo libre le encantaba leer y practicar ballet y deportes: atletismo, natación y tenis.

La otra parte de su vida estaba en la casa solariega, en el campo, al lado de la fábrica, con sus padres. donde permanecía contenta y plena durante los fines de semana y las vacaciones escolares. El jardín era enorme y poseía árboles frutales y una piscina, parajes en los que se diluyeron incontables horas y días de su infancia y su juventud.

Olivia se deleitaba en la piscina. Nadaba. Se sumergía en el agua y la sentía deliciosa, como lo eran, igualmente, el paisaje campirano, las frondas de los árboles acariciadas por el viento, las nubes y los colores y las fragancias de las flores que se extendían cual alfombras de exquisita textura. El panorama natural era un poema, un concierto, una paleta de matices prodigiosos. Todo ofrecía un sentido, un camino, un significado.

También le fascinaba respirar el aire puro y recoger bayas. Las mañanas y las tardes otoñales, exploraba el bosque, donde los sonidos de la naturaleza y el lenguaje del silencio le enseñaron a amar la vida. Y fue en esa estación cuando disfrutó la recolección de hongos.

Tenía un caballo. Lo montaba y paseaba libre, plena y feliz. Era, como se autodefine, “una mujer al aire libre”. Así se diluían sus años juveniles. Era, parece, una vida de ensueño, una historia que no se olvida, una existencia lejana de naufragios.

Su madre, al reconocer su capacidad y talento, insistió en que estudiara francés, lo que implicó su registro en un internado. Vivió un año en Francia. Aprendió el idioma. Durante los períodos veraniegos, retornaba a aquella nación, donde asistía a cursos para perfeccionar su aprendizaje. Y como bien admite, “crecí bilingüe, con francés y alemán”.

Curiosamene, a pesar de su linaje familiar, no aprendió a hablar ruso. Por supuesto, su abuela Alide lo hablaba y pronunciaba correctamente, con bastante fluidez. Olivia lamenta no haber dedicado tiempo al aprendizaje y la práctica del idioma. Ahora lo hace por medio de libros, videos y profesores en Moscú, donde vive y tiene raíces sanguíneas.

Olivia hojea y revisa las páginas del ayer, resguardadas en su memoria. Reseña que su abuela Alide nació en 1899, en el ocaso de la decimonovena centuria, y asistió a un internado para niñas en San Petesburgo, cuando Letonia pertenecía a la Rusia imperial. La mujer acudió puntual y de frente a su cita con el destino y la historia, y sus días estudiantiles formaron parte de los últimos años de vida del zar. Cuando estalló la revolución, el zar Nicolás II y la familia real, los Romanov -la zarina Alexandra, Olga, María, Tatiana, Anastasia y el zaréchiv Alexei-, fueron asesinados por los bolcheviques que lideraba Lenin, la noche del 17 de junio de 1918.

Alide tenía dos hermanos menores, Hugo y Karlis. El primero, Hugo, combatió en el frente alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Alguna vez, Olivia descubrió una fotografía de él y su esposa entre las pertenencias de su abuela. El hombre aparece con uniforme nazi. El hermano menor, Karlis, se unió a los partisanos comunistas y más tarde, al integrarse al Ejército Rojo, luchó contra los invasores nazis. Posteriormente, en Moscú, se integró al Comité para la Seguridad del Estado, KGB por sus siglas en ruso.

Aquellas tres mujeres que emigraron de Riga, Letonia, al finalizar la Segunda Guerra Mundial -Emilia, Alide y Aino-, siempre creyeron que Karlis había muerto. La propia Emilia narraba a su bisnieta Olivia Kroth, los episodios de combate en los que participó su amado hijo menor y su supuesta muerte en las trincheras.

El retrato de Karlis permanecía en la mesita de noche. La fotografía, borrosa y pequeña, presentaba a un hombre joven de cara redonda, apenas identificable. Así, la bisabuela Emilia evocaba a su hijo menor, siempre con amor y dulce y nostálgico sentimiento. Años más tarde, Olivia se enteró de que el tío Karlis fue un hombre destacado en la KGB, en Moscú, donde alcanzó un nivel jerárquico de relevancia.

Günther, el padre de Olivia, se mantenía ocupado en la dirección y administración de la fábrica y en sus múltiples pasatiempos, coyuntura que favoreció a Aino, la madre, quien era disciplinada y fuerte. Ella era quien supervisaba el desarrollo y la educación de su hija y quien argumentó a su marido: “Olivia debe aprender francés. Enviémosla a un buen internado francés”. El industrial, como refiere Olivia, “estuvo de acuerdo y pagó por ello”.

Tiempo después, la mujer comentó al hombre: “Olivia necesita ir a la universidad. Ella es una niña muy inteligente. Sería una pena dejar que eso se desperdicie”. Emulando nuevamente a Olivia, su padre “estuvo de acuerdo y pagó por ello”. Él, Günther, estaba de acuerdo en todo lo que ella, Aino, deseaba, y de esa forma pagaba las cuentas, como lo hizo, en su momento, con el alquiler del departamento, en Heidelberg, que habitaban la abuela y la bisabuela maternas, Alide y Emilia, donde Olivia se hospedaba entre semana, cuando asistía a la escuela.

Aino siempre inculcó a su hija Olivia que “una buena educación es lo más importante en la vida. Uno puede sobrevivir en todas partes, siempre y cuando esté educado y se incorpore a un empleo bien remunerado”.

Inicialmente, Olivia acudió a la universidad en Heidelberg y luego en Frankfurt am Main, la ciudad donde nació el célebre escritor Johann Wolfgang von Goethe. En el intermedio de sus cursos, obtuvo una beca para estudiar en el Southern College, en Florida, Estados Unidos de Norteamérica, en el período 1968-1969. Sus asignaturas, en esa época, eran alemán, inglés y literatura.

A su retorno a Alemania, aprobó el primer y el segundo exámenes estatales para convertirse en profesora a nivel profesional. Durante 32 años, impartió clases en una escuela secundaria alemana -Gymnasium-, cuyos alumnos eran niños, adolescentes y jóvenes. Tenían de 10 a 18 años de edad.

Olivia hizo un paréntesis tras concluir sus estudios universitarios. No se dedicó a la enseñanza de inmediato. Realmente tenía cita con otras expresiones de la vida. En el verano de 1972, año en que aprobó su primer examen estatal con bastante éxito, solicitó empleo como anfitriona en los Juegos Olímpicos de Munich, escenario que le abrió las puertas a otros ámbitos, acumuló experiencia, enriqueció su vida y conoció buen número de personas interesantes de todo el mundo, hecho que definió, finalmente, su decisión de viajar antes de impartir clases.

No naufragó en las rutas de su existencia. Siempre trazó líneas, objetivos, direcciones.  Se atrevió a vivir y cumplir sus sueños. Trabajó algunos años como azafata. Inicialmente fue contratada en Pan American Airways. Vivió un año en Londres y otro en Berlín, hasta que la empresa se declaró en quiebra y se mudó a Frankfurt am Main, ciudad en la que fue aceptada por la aerolínea alemana Lufthansa.

Viajó por el mundo. Voló y conoció otros rostros y nombres en distintas nacionalidades. Esos años de su juventud le resultaron maravillosos e inolvidables. Disfrutó cada día que acumuló en su historia, en su caminata, en su biografía. En 1978, presentó su segundo examen estatal y se convirtió en profesora de idiomas.

Desde su más tierna infancia, le encantaron los libros. Siempre han ejercido un sentimiento especial en su ser y un embeleso indescriptible. En la casa solariega, la familia poseía una biblioteca con gran cantidad de estantes pletóricos de obras que le parecían maravillosas. Por lo mismo, alternó sus juegos, sus paseos a caballo y su recolección de bayas con la lectura por horas en la biblioteca. Minutos y horas que se convirtieron en días. Días que se volvieron semanas, meses y años. Años que se transformaron en décadas. Tiempo que se convirtió en estilo de vida.

Leyó, entre otras obras, las novelas de Dostoyevsky, Tolstoi y Turgenev, todas en traducción alemana. La familia Kroth poseía libros de escritores alemanes, franceses e ingleses; no obstante, ella, Olivia, amaba a los autores rusos. Esa pasión por los libros era resultado de la herencia e influencia rusa de su madre. Es el motivo por el que asegura: “crecí para ser una típica mujer libro. Ahora vivo en mis libros. No importa dónde esté, siempre vivo con libros”.

No solamente ha sido lectora. Comenzó a escribir sus propios libros en el año 2000, en la aurora del siglo XXI y el tercer milenio de nuestra era, cuando todavía daba clases en la escuela. Enseñó en la institución, enclavada en un pequeño y, a la vez, elegante y famoso pueblo de las montañas Taunus, llamado Bad Homburg.

Digno de resaltar es el hecho de que al sitio acudían innumerables aristócratas. Iban al “spa”. No pocos escritores y artistas célebres visitaron el pueblo, entre los que destacaron, verbigracia, Fyodor Dostoyevsky. Indudablemente, allí se inspiro el reconocido novelista ruso, al admirar la belleza y majestuosidad de las montañas de los alrededores.

Se trata de una región en la que existen innumerables tesoros arquitectónicos y culturales. Las montañas esconden tales atractivos. Allí, Olivia se sintió profundamente inspirada y escribió una guía cultural de las montañas Taunus. Fue su primer libro, publicado en 2001. Su título es «Märchenschlösser und Dichterresidenzen im Taunus»/ «Castillos de hadas y residencias de poetas en las montañas de Taunus».

Los siguientes dos libros, publicados en 2002 y 2004, respectivamente, abordaron diversos aspectos culturales de la región de Rhein-Main, donde radicaba en esa época. Los títulos de las obras son «Zeitreisen im Taunus»/«Viajes en el tiempo en las montañas Taunus» y «Im Zeitstrom des Mains»/ »En la corriente del tiempo del río Main».

El cuarto libro, editado en 2006, es una novela que se titula «Tote tanzen nicht»/ «Los muertos no bailan». La misma Olivia Kroth admite que “es una novela criminal, con las montañas Taunus como telón de fondo. El editor de todos mis libros fue Societäts-Verlag, en Frankfurt am Main. El número de copias impresas fue de 2.500 para cada libro”.

Reconocida por su creatividad, talento y originalidad, Olivia fue invitada a gran cantidad de lecturas de autores, en el período comprendido de 2001 a 2007. Reconoce que dicha etapa, dentro de su vida como escritora, resultó satisfactoria y la disfrutó bastante. Leyó sus libros ante el público interesado en sus obras.

Y es Olivia Kroth quien define la misión del artista, el quehacer del autor de obras literarias: “escribir es una ocupación solitaria, cuando te sientas en un escritorio durante muchas horas cada día. Salir a reuniones y ferias de libros es una actividad agradable. Me fascina reunirme con vendedores y compradores de libros, editores, críticos. Me gusta mucho eso”.

Agrega la escritora: “visité regularmente la Feria del Libro de Frankfurt, cuando vivía en la zona. Me sentí orgullosa de ver mis obras expuestas en el estante de libros de Societäts-Verlag. Mi editor estaba allí, las chicas de la oficina estaban allí. Pasé muchas horas en el puesto de libros con ellos, bebiendo té y charlando. También conocí a otros autores, periodistas, críticos de libros y vendedores. Por supuesto, conocí a mis lectores y firmé libros. Me encanta el ambiente de las ferias de libros”.

Escritora, intelectual, pensadora, mujer de su tiempo, Olivia Kroth anuncia que en 2014 comenzó un importante proyecto literario, realista y no de ficción, que concluirá en 2024. “De hecho, estoy trabajando en una crónica de Rusia, la década de 2014 a 2024, bajo la presidencia de Vladimir Putin. Este libro será una colección de todos mis artículos periodísticos sobre Rusia. Se agruparán en temas, por ejemplo, «Defensa de Rusia», «Economía de Rusia», «Deportes rusos», «Vida salvaje en Rusia», «Artesanía rusa», «Música rusa», «Escritores rusos», «Recuerdos de los Gran Guerra Patriótica», y así sucesivamente. Los artículos que ya he publicado en inglés y alemán, se pueden encontrar en mi blog, en The Duran y en Saker Italia (traducción al italiano)”.

Respecto a su actividad periodística, aclara que no fue una decisión consciente; sin embargo, sucedió naturalmente, ya que su estilo de vida estaba cambiando. En 2009, tomó la determinación de retirarse de la enseñanza en la escuela. Salió de Alemania y se mudó al sur de Francia, a un pueblo pequeño, no lejos de la costa mediterránea.

Instalada en Francia, comenzó a leer los medios de comunicación rusos, «La voz de Rusia», en inglés, y «Die Stimme Russlands». en alemán. Reconoce que “no sólo presentaban la política, la economía y la defensa rusas, como la mayoría de los medios de comunicación; también ofrecían textos interesantes sobre cultura, tradiciones y regiones. Eso me fascinó. Sobre eso había escrito exactamente cuando vivía en las montañas Taunus. Cultura, tradiciones y regiones son absolutamente lo mío. Entonces escribí algunos textos y los envié a Rusia. Oh, maravilla, los aceptaron y pidieron más. De esta manera, me convertí en periodista de «La Voz de Rusia» y «Die Stimme Russlands». Me encantó”.

Desafortunadamente, prosigue la escritora, “ese excelente medio ruso cerró a fines de 2014. Lamento mucho que el cierre de “La Voz de Rusia” y “Die Stimme Russlands” me dejara sin hogar para mis esfuerzos periodísticos. Me sentí como niña abandonada”.

Posteriormente, coincidió con The Duran, en internet, medio en el que sigue colaborando. Le agrada bastante la política de los editores, Alexander Mercouris, en Londres, y Alex Christoforou, en Nicosia, Chipre, quienes le han dado libertad de escribir sobre cualquier tema. Evidentemente, es respetuosa y trata de coincidir con la línea editorial. Incluso, cuando escribe artículos culturales o acerca de deportes, siempre inicia con algunos hechos reales de política, economía, sanciones y guerras, entre otros asuntos, para proseguir con el tema a tratar.

Olivia Kroth es escritora auténtica, artista real. Es escritora y mujer, dama y pensadora. Su sencillez, a pesar de su amplia cultura y experiencia acumulada durante los años de su existencia, la vuelven una persona agradable. Es posible dialogar con ella.

Manifiesta que se siente muy impresionada por la habilidad e inteligencia de sus dos editores anglo-griegos, quienes respaldan un medio de noticias alternativo que permanece vigente a pesar de la serie de dificultades, desafíos y presiones de la hora actual.

Adicionalmente, los editores cuentan con un interesante canal de YouTube, a través del cual discuten temas reales en video. En ocasiones, ambos conversan y tratan asuntos relevantes; otras veces, en tanto, invitan a Peter Lavelle, presentador de la entrevista de «Crosstalk», en Russia Today (RT). Ante esto, Olivia exclama “¡bien hecho, caballeros!”

Mujer de su época, declara: “no hago entrevistas en absoluto. Soy periodista analítica. Me gusta escribir análisis, comentarios, opiniones y dar muchos antecedentes históricos en mis publicaciones. A menudo, los lectores occidentales no saben mucho sobre Rusia. La historia rusa es un libro cerrado para ellos. Así que trato de abrir este libro y mostrar, página por página, lo que sucedió en los más de mil años que Rusia ha existido, desde sus inicios hasta ahora. Por ejemplo, cuando escribo acerca de los nuevos submarinos atómicos rusos, les cuento a mis lectores sobre las cifras históricas detrás de los nombres de esos buques. También trato de señalar la continuidad de la historia rusa. No se debe borrar ninguna parte, no se debe omitir nada”.

Tras revisar el libro de las evocaciones, Olivia suspira y acepta que el suceso histórico más impresionante para ella es la Segunda Guerra Mundial que en Rusia se denomina la “Gran Guerra Patria”. Argumenta que “esto es de importancia personal para mí. Mi padre alemán luchó en el lado alemán. Fue comandante en la Caballería de la Wehrmacht. Mi tío abuelo ruso, Karlis, luchó en el Ejército Rojo. Mi familia está destrozada y vive a ambos lados de la trinchera. Hay una rama occidental y una rama oriental. Quiero llegar a ambos. Creo que ha llegado el momento de la reconciliación”.

Sonríe. Cambia el tema. Dice lo siguiente: “Santiago, reí entre dientes cuando pensé en cómo responder una de tus preguntas. Después de haber vivido durante 71 años, hay muchas anécdotas que podría contar. De hecho, podría llenar un libro completo. Tal vez algún día lo haga. El primer recuerdo que me vino a la mente fue una extraña conversación en una fiesta, en Berlín, Alemania. Sucedió cuando trabajaba como azafata de Pan American Airways. Tenía alrededor de 25 años de edad cuando un joven, en la fiesta, me preguntó: «¿qué tal tun sie sonst noch, ausser schön zu sein?», es decir “¿y qué más estás haciendo, además de ser hermosa?”

Continúa: “estaba estupefacta. Podría haberle contado sobre todos mis logros intelectuales. Sin embargo, no había tantos como ahora. Simplemente me di la vuelta con disgusto. Pensando en este tipo extraño hoy, me pregunto si fue su forma incómoda de coquetear conmigo. Ciertamente, no era un caballero suave y pulido. Este episodio satírico me lleva a la siguiente pregunta… Yo diría a las mujeres: sé tú misma. No te dejes definir por otros. No aceptes juicios negativos sobre tu personalidad; de todos modos son prejuicios injustificados. Si los hombres te humillan, están tratando de ser autoritarios y superiores. Si las mujeres te menosprecian, sucederá principalmente por envidia. Tienes algo que ellos no tienen”.

Adicionalmente, agrega Olivia, “aconsejaría a las niñas y mujeres jóvenes: obtengan la mejor educación posible. Les ayudará a encontrar un buen trabajo, tener una carrera y ganar su propio dinero. Establezcan sus propios objetivos en la vida y marchen hacia ellos, paso a paso. Nunca se rindan. Sigan adelante”.

Completa: “el lema de mi vida es un dicho ruso: Только вперëд, ни шагу назад!”, que significa “¡sólo hacia adelante, sin retroceder! Lo que fue útil para los soldados soviéticos para ganar la Gran Guerra Patriótica (1941-1944), todavía me es útil hoy”.

Y así concluye sus respuestas esta escritora, intelectual y mujer de su tiempo, un ser humano extraordinario y sensible que ya ha dejado huellas gratas e indelebles. Ella es mujer de siempre, Olivia Kroth, quien vive en un hermoso rincón del mundo llamado Moscú.

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A continuación ofrezco el enlace de la escritora y periodista Olivia Kroth, a quien agradezco el detalle de publicar la entrevista que le hice y que me encantó por la grandeza de ser humano que es. Gracias por tu amistad, tu confianza y tu disposición de compartir algo de lo mucho que eres, estimada Olivia.

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