Y un día, entendí…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Y un día, a cierta hora, cuando regresaba a casa, me di cuenta de que la vida es breve y no tiene caso desperdiciarla en tristezas ni en desamores, y menos en causar daño a otros. Y un día, mientras recapitulaba los días de mi existencia, comprendí, finalmente, que los apetitos desmesurados, las estupideces, las apariencias, las superficialidades y la ausencia de sentimientos nobles, son barnices corrientes y baratos que caen fácilmente y descubren a la gente enferma e incompleta. Y un dia, en determinada fecha, aprendí que nadie se llevará, al partir y finalizar su jornada terrena, su riqueza material, el poder y la fama, porque lo que da balance y sentido al ser es el bien que se hace a los demás, la expresión de sentimientos e ideas sublimes y la realización de actos buenos y superiores. Y un día, al transitar entre las cimas y los abismos, me percaté de lo importante que es dejar huellas indelebles para que otros, los que vienen atrás, las sigan y no se extravíen. Y un día, en medio de un destino incierto, aprendí amor, la verdad, el bien, la justicia y la libertad salvan de la esclavitud y de la muerte. Y un día, me enteré de que al otro lado, tras el umbral, hay un mundo de ensueño para aquellos que entienden el significado de la vida.

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De algún paraíso

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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De algún paraíso viene usted, de un edén, quizá, que visité una noche, mientras dormía y soñaba, del que traje pedazos, trozos en los que había flores y olía al perfume que tanto le encanta, fragancia impregnada, parece, con las esencias celestes de la inmortalidad. De algún rincón de mi alma procede usted, creo yo, porque de otra manera no me explicaría cómo es que la siento en mí. De alguna ruta llegó usted, por aquí o por allá, o tal vez ya la traía en mí, o, en todo caso, siempre caminó a mi lado. De algún vergel es usted, probablemente donde habitan las musas, cada una ya con el rostro, el perfil y el nombre del artista al que ha de acompañar. He escuchado que las musas son ángeles a los que Dios da forma de damas -sí, muy en femenino-, con la idea de que uno se inspire profundamente y lo emule, en minúsculas, en el interminable proceso creativo; sin embargo, confieso que desde hace tiempo me siento enamorado de usted. Me atrevo a declararle mis sentimientos para que transite del plano de mi musa de la inspiración de mi arte y mis letras, a la dama de mi vida, al ángel de mi alma. De algún paraíso viene usted.

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Y una mañana, al despertar…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Y una mañana, al despertar, la vida saluda con sus formas, sus colores, sus fragancias y sus sabores, y una tarde o una noche, a cualquier hora, envía a la tempestad y al viento, desafiantes, que tocan a la puerta y los cristales de las ventanas, simplemente con el objetivo de recordar que los instantes son breves y que las estaciones no perduran. Y una mañana o al mediodía, uno admira, en el espejo, la belleza y la juventud de su semblante y la fortaleza de sus músculos; pero una tarde o una noche, las imágenes son otras, con manchas y ranuras, totalmente envejecidas. Y un día, al amanecer, después de tanto vivir -intesamente o algo tan insulso-, uno empieza a sospechar que, tal vez, no se presente el anochecer o no haya más auroras. Y un día, uno abre un paréntesis y reflexiona, probablemente con la idea de que aún no ha cumplido su encomienda y, en consecuencia, faltan detalles de amor, proezas de bien, o, al contrario, con la necedad de que no importan la nobleza del ser ni la luminosidad de la esencia, y concluye la estancia y el paseo por el mundo. Y una mañana o una noche, cualquiera que sea, no importa la edad, uno voltea atrás y descubre rastros de su biografía -buena o mala- y llora y lamenta los minutos y los años perdidos en mentiras, simulaciones y estulticia, con la convicción, acaso tardía, de que apenas alcanza la vida para reír o llorar, gozar o sufrir, trascender o morir.

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Me pregunto

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me pregunto demasiado cuando la miro callada, inmersa en sus cavilaciones, acaso porque me encantaría adivinar que pertenezco a su mundo de ideas y sentimientos, a sus rutas internas, a sus notas musicales, y que soy, en consecuencia, quien la distrae, es decir, su huésped, el yo al que su tú esperó siempre. Me interrogo tanto cuando percibo su alegría y su sonrisa, que hasta creo que sus juegos y sus ocurrencias son por mi causa. Imagino, por lo mismo, que me contempla en el espejo al mirarse, peinar su cabello y maquillar la belleza de su rostro. Me planteo, a cierta hora de la mañana, al despertar, si me descubrió en sus sueños, en sus quimeras, o si, al menos, encontró, en su almohada, el tulipán fragante que le envié en la noche, al pensar en usted y abrazar su alma. Me respondo, entonces, que quizá leyó el poema que escribí mientras usted dormía o tal vez escuchó el soneto que le compuse el otro día. Y vuelvo a inquirir si habrá coincidido, en algún instante del día, con los pinceles, el lienzo, las pinturas y el caballete que preparé con el objetivo de que ambos pintemos nuestra historia, la alegoría de un amor convertido en locura, en ministerio, en colores. Y reflexiono mucho porque hoy, simplemente, deseo saber si usted está dispuesta a seguir el mismo destino conmigo, y, por añadidura, quisiera preguntarle si ya le confesé que la amo.

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Y si le escribo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y si le escribo, es para que conozca con acentuación, exactitud y puntuación los sentimientos que me inspira y con el objetivo de que algún día, cuando ya no me encuentre con usted, en el mundo, suspire y recuerde que fue amada con delirio por un artista que se sentía cautivado al mirarla y que, por lo mismo, la esperará en cierto remanso del infinito. Si construyo palabras -textos y poemas-, es para que descubra en mis letras su nombre y el mío, nuestra historia y el encanto de un amor. Y si me empeño en dibujar sentimientos e ideas en el cuaderno, es para que conserve la fragancia de mi arte en cada página y sonría al recordar la locura de este amor. Y si le entrego mis textos, es para que no olvide que fue niña y adolescente, joven y mujer madura, y que, cualquier otra fecha, ya en la ancianidad, abrirá el cofre de sus añoranzas y descubrirá, entre flores marchitas de fugaz perfume y belleza, las cartas que le escribí, los pedazos de nuestro romance y de la vida que compartimos, las confesiones de amor irrenunciable que le presenté con ilusión y con esperanza de recibir una sonrisa, alguna mirada, una expresión de delirio, arcoíris y globos, al fin, de colores, que dan sentido a la existencia. Y si le escribo, es para que sepa que siempre la amaré en pretérito -por nuestro ayer-, en presente -por el hoy que compartimos- y en futuro -por los muchos ciclos que viviremos-, y que una historia como la que usted y yo protagonizamos, no tiene caducidad. Y si me atrevo a delinear acentos, letras y signos que se atraen entre sí y forman palabras, sentimientos e ideas, definitivamente es con el objetivo de explicarle que un amor como el que usted y yo inventamos, ayuda durante la caminata y salva del destierro porque, simplemente, conduce a paraísos sin final.

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Somos algo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Somos gotas del manantial y de la tempestad que se funden en el océano, letras y palabras que surgen del abecedario y regresan al cuaderno y al libro, amaneceres y ocasos que coinciden en el horizonte, minutos y horas que aspiran ser infinitas. Somos coincidencia y diseño, encuentro y desencuentro, realidad y sueño. Somos cristales y rocas, nubes y estrellas, dulzura y amargura. Somos lo que imaginamos y lo que hacemos, lo que sentimos y lo que pensamos, lo que sabemos y lo que ignoramos, lo que apagamos y lo que creamos. Somos arcilla, barro, arena, y, principalmente, esencia, luz inextinguible, energía sin final. Somos hombre y mujer, bien y mal, paraíso e infierno, ángeles y demonios, todo y nada, y cada uno tenemos libertad de elegir. Somos, parece, más de lo que suponemos; pero no lo entendemos ni lo intentamos, aunque una voz interna, el viento, las estrellas, los ríos y los árboles lo repitan constantemente.

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Excursión interior

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Basta sumergirse en las profundidades del ser. entre sus compañías y sus soledades, sus murmullos y sus silencios, para descubrir la maravilla incesante de la vida y sentir la corriente etérea que proviene de una inteligencia suprema, de una fuente infinita, conectada al alma, vinculada a todo. Uno, tras su búsqueda, coincide con el bien el y el mal, donde no existen ayer, hoy y mañana por ser un siempre incomprensible y la luz inextinguible que da todo al caminante sincero. Cada uno es responsable de su frecuencia vibratoria. Existe libertad de elegir el bien, la luz, o el mal, la oscuridad, con las consecuencias implícitas en cada una, Uno, después de todo, diseña y fabrica su cielo o su infierno. Al sentir las caricias del viento que balancea las ramas de los árboles y mece las hojas, al percibir el encanto de los colores de la naturaleza y al percibir la belleza y los perfumes del cielo y las estrellas, uno agradece tanto bien y abre las puertas del ser. Con asombro y totalmente cautivado, admiro desde lo más minúsculo hasta lo de mayor dimensión, y agradezco a la inteligencia suprema e infinita ser parte de su amor eterno. ¿Existe mejor oración que sumergirse en las profundidades del alma, fundirse con el pulso de la creación y descubrir a Dios para admirarlo en su plenitud y agradecer tanta bendición, y regresar al mundo a derramar el bien?

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Y asomé…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y asomé a mi vida, en la noche, al oscurecer, cuando pensaba que ya no estabas conmigo, y descubrí, inesperadamente, tus huellas en el jardín con olor a tierra mojada, tus pisadas sobre la hojarasca y el aroma de tu perfume. Y miré desde la ventana de mi existencia, hacia dentro y afuera. y te vi, a veces silenciosa, en ocasiones con tu voz, interesada en mí, en el amor que nos convierte en tú y yo, en lo que es tan nuestro. Y abrí la puerta al creer que estarías afuera, acaso con una sonrisa, tal vez con una flor; pero recordé -vaya descuido el mío- que siempre estás adentro, conmigo, y que no espero, por lo mismo a alguien más. Y llegué al balcón de la casa, abrí el ventanal corredizo y observé, maravillado, la pinacoteca celeste con incontables mundos y luceros mágicos que colgaban plateados, y escuché el murmullo de los grillos, el lenguaje del viento al acariciar las frondas de los árboles, los susurros de la vida y de la creación, y, entonces, al voltear a mi lado, te miré y te sentí conmigo. Y así, profundamente emocionado, asomé al infinito, a nuestras almas, y te vi conmigo, inseparable, mecidos ambos en un columpio de orquídeas y tulipanes, elaborado con mucho de ti y de mí.

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Y así…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y así, la tristeza habitual se convierte en huésped permanente que desmantela alegrías y sonrisas cautivas en las profundidades del ser y dibujadas en cada rostro. Y así, la ira, el resentimiento, la intolerancia, los celos y la violencia destruyen la armonía, el equilibrio, la paz, igual que los volcanes que deforman los paisajes y dejan, tras sus convulsiones, desolación y vacíos. Y así, conforme la ambición desmedida y los apetitos incontrolables se apoderan de la voluntad humana, la sensibilidad, la inteligencia y la vida plena quedan sepultadas bajo una cripta de mármol, fría, endurecida y, a la vez, quebradiza. Y así, el amor naufraga y sus colores se diluyen en el desencanto, mientras la vida se corroe, cuando ya no hay detalles ni motivos, al perderse la ruta y el sentido. Y así, el miedo estremece las facciones y deshilvana la seguridad y el valor. Y así, la mentira esculpe máscaras y disfraces de fantasía que se rasgan en cuanto aparece el destello de la verdad. Y así, las formas olvidan que son complemento y temporalidad, ornamento y policromía, y la esencia se vuelve rehén en mazmorras lóbregas y viejas. Y así, al transformarse la esencia y la arcilla en plástico, en simple envoltura utilitaria, la salud desmorona sus cimientos y pilares, hasta que todo se derrumba irremediablemente. Y así, al preferir el mal y desdeñar el bien, aparecen las máscaras que algún día, a cierta hora, esperarán al caminante en alguna de sus rutas para acosarlo siempre. Y así, cuando la vida ya no es encanto, el peso contrario inclina la balanza y entra la muerte. Y así, con omisiones cotidianas, intenciones para algún propósito, los pétalos mudan a espinas. Y así, la ignorancia ofrece comodidades y desplaza al conocimiento. Y así, el bien y la verdad parecen modas anticuadas, Y así, hay quienes al renunciar a la fuente, a la vida infinita, a la corriente etérea, se condenan a repetir su temporalidad en un mundo de barro y lodo.

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Hay algo mágico

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hay algo mágico en los perfumes de las plantas y las flores, un deleite incomprensible en las cortezas y en las hojas de los árboles, un éter indescriptible en los ríos que fluyen incesantes, un ambiente que cautiva en las auroras y en los ocasos. En cada expresión -un tronco, una piedra,, un helecho, granos de arena, copos de nieve, gotas de lluvia, nubes, relámpagos, tierra- descubro y percibo el sentido de la vida, el pulso de la creación, el bien que surge de alguna fuente infinita y lo dispersa en formas, perfumes, policromía, sabores. Existe algo sustancial que pulsa en uno, en los demás, en cada manifestación, en todo. Uno, al despertar en el mundo, se distrae con la belleza de la superficie, con las apariencias, y olvida, en consecuencia, su origen, el paraíso de donde viene, con sus encantos perdurables y ese sentido prodigioso que late en el alma y en cada ser. La maravilla de la vida está presente en uno y en todo lo que le rodea. Solo hay que encontrarla. Todavía existen rutas y tesoros ocultos en el interior y afuera, aquí y allá. El portento de la vida inicia cada amanecer y no concluye al anochecer porque es permanente, magistral e imperturbable. Siento asombro, en verdad, por la esencia y por la arcilla, por la vida que se expresa en todo y conecta a rutas y sentidos infinitos.

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