Sueño de amor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Lo escribí para usted, tras despertar de un sueño de amor

Los sueños de amor son colección de los enamorados. Se entiende que significan citas nocturnas y encuentros tan anhelados, huellas indelebles que quedan cual constancia del paso de dos locos y ocurrentes que desafían el cortinaj de las horas, miradas silenciosas y palabras pronunciadas en algún puente de cristal. Los sueños de amor son exclusivos de quienes se saben uno con el otro, libres y plenos, con identidad propia y con las llaves de paraísos infinitos. Como que tienen el permiso de Dios. Pertenecen a los enamorados que pasean en una estación y en otra, en primavera y en invierno, en verano y en otoño, cuando uno vive y duerme en el mundo y en las estrellas, en el cielo y en las piedras que cubren los riachuelos, en el paraíso y en las nubes. Son, a veces, las olas impetuosas que besan la arena y los riscos con frenesí, tras sus jornadas marítimas, y, en ocasiones, el viento suave que canta, toca y arrulla las flores y las hojas. Se trata, parece, de pedazos de historias que llegan a la orilla con un tanto de uno y mucho de otro, ecos de capítulos que dos comparten a cierta hora, una mañana o una tarde, o quizá una noche, sí, trozos de un idilio consumido en algún instante del ayer, fragmentos de un romance que ambos reservan para el futuro, una mañana, al amanecer, o, tal vez, una tarde lluviosa o una noche estrellada y silenciosa. Un sueño de amor es un encuentro, casual o planeado, entre usted y yo, un alma y otra que se reconocen en un solo palpitar; es un poema sin final, la letra, el color y la música que expresan sentimientos que brotan del interior y que no pueden explicarse de otra manera. Un sueño de amor es la cita diaria, en las noches prodigiosas -tan nuestras-, entre usted y yo, con el encanto de mirarnos con la alegría y la emoción de la primera vez, ante el resplandor de los luceros que cuelgan de la bóveda celeste para alumbrar la banca que elegimos y el camino que seguimos. Un sueño de amor, seguido uno de otro, es el encuentro entre usted y yo, con la invitación a vivir una historia inolvidable y maravillosa, ahora y mañana, durante nuestra estancia en el mundo, y posteriormente, en la travesía y la estancia en un jardín infinito y sin fronteras. Un sueño de amor somos usted y yo, inseparables, dichosos, con la ilusión de vivir el mejor guión de una historia inagotable.

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Cuando aparecen las estridencias…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Cuando aparecen las estridencias y las voces repetidas en un ambiente enfermo, tóxico y sin sentido, las pausas y los silencios del interior hablan y aconsejan a quienes saben escucharlos y descifrar sus mensajes.

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Asome en mí

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Asome en mí para que navegue entre mis murmullos y mis silencios, en mis sentimientos y en mis pensamientos. en mis cavilaciones y en mis suspiros, cuando es de día y es de noche. Asome en mí, insisto, con la idea de emprender el viaje juntos, inseparables, y bajar a las orillas, en un paraíso y en otro, y sumergirnos, a veces, en las profundidades del amor y de la vida. Asome en mí, por favor, porque la necesito a mi lado, junto al timón de mi existencia y al itinerario de mi destino. Asome en mí, y perdone mi obstinación, para que impregne mis letras con su perfume y, así, al escribir en cada página, me sea posible entregarle un poema con mucho de usted y tanto de mí. Asome en mí e intérnese en mis rutas, en mi lenguaje, en mis pausas, con el objetivo de admirar las estrellas, tocarlas y colocarlas en los faroles de nuestros rumbos, en las calles que frecuentamos, en los jardines y en los columpios donde jugamos, para liberarlas, muy agradecidos, en la madrugada, y que se retiren a dormir y vayan al encuentro de bellos sueños. Asome en mí, en sus sueños y en sus realidades, en mis quimeras y en mis vivencias, para que descubra, al amanecer, al despertar, una flor en su almohada, y, al dormir, en la noche, una hoja con el más bello y sublime de los poemas. Asome en mí con la intención de percibir mis perfumes y reconocerse en cada fragancia. Asome en mí, y disculpe que lo repita tanto, acaso por el delirio que significa guardar incontables motivos y detalles, probablemente por creer que algo falta a mi nombre si no lo escribo junto al de usted, quizá por ser el amor una historia con uno y con otro, tal vez por más de lo que puedo expresarle a través de mi lenguaje de poeta. Asome en mí, como quien, después de la caminata, llega a un remanso y descubre una represa cautivante que refleja la profundidad azul del cielo y las rubes rizadas y de forma caprichosa que incendia el crepúsculo una mañana o una tarde de verano. Asome en mí, simplemente, mientras soñamos que vivimos en un paseo temporal, aquí, en el mundo, y un destino infinito con todo lo que somos y más. Asome en mí, a mis jardines, con el propósito de jugar y reír, hablar y callar, escribir su historia y la mía. Asome en mí para hacer de mis arenas y desiertos, parajes y vergeles, y de mis cascadas y ríos caudalosos, corrientes navegables. Asome en mí, a mis anhelos e iusiones, a mi vida entera, con la finalidad deque se quede conmigo siempre, como yo, al mirarla a usted, definí el rumbo de mi destino.

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Por usted

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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¿Es que, por usted, he perdido la razón? ¿Es que, por usted, alguna vez decidí modificar mi ruta y mi destino, hasta seguir, juntos, el mismo sendero? ¿Es que, por usted, mis letras aceptaron compartir las novelas y los cuentos -oh, mi arte tan amado- con palabras románticas, con textos poéticos, con alfabetos que se convierten en flores y en gotas de lluvia y de cristal al dedicárselos? ¿Es que, por usted, renuncié a mi soledad natural y ahora la sé mi musa y la siento conmigo? ¿Es que, por usted, asomé y abrí la puerta y las ventanas, y recibí los abrazos de las ilusiones, las caricias del amor y las miradas de un idilio inolvidable? ¿Es que, por usted, cuando escribo algún poema, le entrego un soneto, una canción, un concierto? ¿Es que, por usted, al escribirle tanto, mis signos se convierten en trazos, en dibujos, en pinturas que la descubren en paraísos irrepetibles y hermosos? ¿Es que, por usted, al pintarla en el lienzo, le obsequio, finalmente, una página con letras, signos y palabras que expresan, sinfónicamente, el enamoramiento y el amor durante nuestra jornada terrena y la promesa de un cielo infinito? ¿Es que, por usted, al percibirla tan dama, me sé caballero? ¿Es que, por usted, al saberla mujer, confundo las fragancias de las orquídeas y de los tulipanes con los perfumes que le encantan, y me siento en el paraíso? ¿Es que, por usted, ya no temo, como otros, a la temporalidad, poque ahora, a su lado, reconozco que ya vivo en el infinito?

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Usted es tan real

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Usted es tan real, aunque a veces suela callar y su nombre permanezca guardado en el botón de algún tulipán, envuelto en una gota de cristal, escondido en el romance de un poema. Usted, con su mirada de espejo, es tangible, y yo, para comprobar si existe y si su amor no es imaginación ni locura mía, la busco en cada línea impresa en las páginas de los libros, en las planas de los diarios, en las hojas escritas por mí cada mañana y tarde. Entro a las obras literarias, a los cuentos, a las novelas, a los poemas, con la idea de comprobar que usted no es mi imaginación, que es real, que no aparece como musa de otros artistas, que es quien inspira mis delirios, mis letras, mis motivos. Usted es tan genuina, que no necesité diseñarla como lo hago con mis personajes, en cada historia que imagino y escribo, y hasta escapa,, traviesa e inquieta, de mi arte, de mis obras, cuando me ama y me detesta, si ríe o llora, al abrazarme y al enojar, durante los instantes nebulosos y fríos y en las tempestades Usted es tan real que, ahora, al no estar aquí, conmigo, esta tarde de lluvia, asomo por la ventana con la esperanza de descubrirla en cada gota que revienta. Abro la puerta con la idea de recibirla y que ocupe el sitio que le corresponde porque, si recuerda bien, sabrá que no espero a alguien más. Usted existe, es auténtica, es irrepetible, y no es imaginación mía. Incontables momentos, me pregunto, inquieto, por qué, si es tan real y es mi musa, resulta imposible romper tantas cosas para impregarme de usted y regalarle una flor cada mañana, al despertar, como es su anhelo y su sueño, y es mi deseo y mi proyecto. Usted es tan real que, a veces, supongo que viene de un sueño, de algún sitio de mi alma o de cierto remanso apacible, donde las musas son gotas de cristal y estrellas que cuelgan en la bóveda celeste. Tiene tanto de mí y yo de usted, que sé, por lo mismo, que no se trata de una casualidad ni de un encuentro temporal, porque somos reales y, a la vez, destellos de sueños y vidas, ecos de cielos y mundos, trozos de hojas y flores, personajes de un idilio sin final. Usted es tan real.

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Las sandalias

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Un día antes, en el monasterio, el monje habló a sus discípulos acerca de las apariencias, las superficialidades y la petulancia que condenan a millones de hombres y mujeres, en todo el mundo, principalmente en occidente. Citó las prisiones que la gente fabrica, los anfiteatros y las trampas que los seres humanos construyen al rivalizar racialmente, por su aspecto, por sus grados académicos, por sus creencias y por el dinero, el poder y las cosas materiales que obtienen y, erróneamente, no utilizan para trascender. Mostró a sus alumnos, sorprendidos, carteles con fotogafías de calzado moderno. Se asombraron al detectar la incomodidad de la mayor parte de los modelos, unos que oprimían las puntas de los pies y otros, en tanto, que exigían mantener equilibrio, impedían caminar libremente, presionaban la corriente sanguínea, bloqueaban las terminales nerviosas y agotaban. El maestro explicó que en las grandes urbes, donde las personas se han transformado en criaturas de asfalto y plástico, como negación de la naturaleza, a la que asfixian cotidianamente sin entender que condenan su presente y su futuro inmediato, hasta los zapatos son más sintéticos. La gente no dispone de tiempo, en las ciudades, para despojarse, por algunos momentos del día, del ropaje que presume, del calzado que amuralla sus pies y obstaculiza su contacto con la tierra que exhala vibraciones, energía, propiedades magnéticas que armonizan y equilibran el organismo, las facultades y la salud. Son tan ignorantes, ambiciosos, superficiales y presuntuosos, que dedican sus existencias tan breves a satisfacer apetitos primarios, acumular cosas y fortunas, esconder tras apariencias lo que verdaderamente son, y, al final de sus días, con dolor y tristeza, descubrir, tardíamente, que si los placeres y la riqueza material son válidos, existen otros tesoros de mayor permanencia y valor, como la familia, el bien, el amor, las virtudes, la alegría, el conocimiento, la salud, el equilibrio, la armonía, la paz. Eso conduce a niveles superiores, expresó el místico, quien argumentó que los seres humanos diseñan sus propias historias, sus paraísos, sus sueños y sus pesadillas. La vida es algo más, desde luego sin olvidar satisfacer las necesidades naturales en todo ser humano. Toda persona, dijo, merece, si actúa correctamente, realizarse plenamente y ser intensamente feliz. Unos son artistas, científicos o, como nosotros, místicos, buscadores de la verdad y la iluminación; pero otros dedican los días de sus existencias a la industria, al comercio, a la medicina, a la filosofía, a la enseñanza, a la gastronomía y a diferentes disciplinas del conocimiento. No importa que sean de alguna raza en especial ni su condición social, como tampoco sus creencias, aspiraciones, estudios, jornadas laborales, sueños y vivencias, mientras no cometan atrocidades en contra de otros. Es patético que millones de personas se refugien en sus vestuarios no para lucir atractivas, lo cual es genuino y hermoso, sino con la intención de esconder lo que son en realidad y presumir y aplastar a los demás. Busquemos lo auténtico, la plenitud, el bien, la verdad. Aconsejó meditar. Al retirarse a sus celdas, en la noche, el monje solicitó a los jóvenes que reflexionaran, en medi0 de la noche y desde el silencio, la profundad y los susurros de su interior, acerca de la lección que les impartió sobre las apariencias, las superficialidades, la petulancia y las debilidades humanas, y el valor que significa mantener contacto permanente con la naturaleza, con los elementos, con la vida, con la creación; también les comunicó que, al amanecer, saldrían del monasterio con el objetivo de caminar durante todo el día por parajes insospechados. Y así fue. Temprano, el monje y sus alumnos salieron de la fortaleza monástica y caminaron, en silencio, Las cumbres, envueltas en neblina flotante y cubiertas de nieve, permanecían imperturbables, más cerca del cielo y sin perder, por su grandeza, los detalles, las partes minúsculas, sus bases en el suelo, en la tierra. Caminaron el maestro y sus alumnos por parajes abruptos y desolados que invitaban a fundirse con todo. En aquel ambiente, descubrieron un remanso próximo a un río que acariciaba las peñas dispersas en el cauce y salpicaba incontablels gotas cristalinas y heladas a la tierra, a la orilla, a los árboles, a la vegetación, en un concierto magistral que regalaba pedazos de vida. Tras el silencio de la caminata, el monje habló a los jóvenes, a quienes explicó que dispondrían del mediodía y de la tarde para ellos, lo que significaba, en consecuencia, que podrían reír, platicar, dormir, jugar, apartarse, meditar, correr, ensimismarse, soñar, refrescarse en la corriente que descendía de las montañas, estudiar, divertirse y consumir los instantes en la contemplación. Era un ensayo de la libertad. A partir de ese momento y hasta que él lo indicara, serían libres y responsables de sus sentimientos, actos y pensamientos. Mientras los discípulos corrían libres y plenos, el monje decidió permanecer sentado a unos centímetros de un árbol frondoso con la idea de recorrer y explorar su ruta interior, reencontrarse consgo y trascender desde el alma. Al contemplar el escenario y ver a sus alumnos que, en grupos, dialogaban en los peñascos, jugaban en la llanura y reían, descubrió a uno de ellos, apartado, desprovisto ya de sandalias, con los pies hundidos en la tierra, en el barro, mientras abrazaba un árbol y miraba la corriente del rio, hasta sentir el pulso de la naturaleza, el palpitar de la vida, el lenguaje de la creación, la voz de su interior. El joven, quien era conversador, alegre, inquieto y ocurrente, había aprendido la lección sobre la libertad y la decisión de elegir, y, por lo mismo, colocó sus sandalias a un lado, mientras se fundía con los elementos del paisaje, experimentaba los latidos del universo y percibía el ritmo de su alma, del infinito y de la creación. Sonriente, en armonía y en paz, el místico entendió que cada ser, en masculino y en femenino, en minúscula y en mayúscula, decide y elige el sendero, la ruta y el destino que anhela de acuerdo con el sentido de su naturaleza y el despertar de su esencia, y, después de todo, dedicar la existencia al bien, al desenvolvimiento del ser, al aprendizaje, a la acumulacion de una fortuna material, a la satisfacción de necesidades e impulsos, o a cualquier otra expresión humana, forma parte del inacabable proceso de evolución. Sintió, entonces, la energía magnética de los poros de la naturaleza que armonizaban con su ser interno, hasta experimentarse como esencia y arcilla. Voló libre de ataduras. Probó la libertad de elegir responsablemente de acuerdo con su naturaleza, como lo hacían, en la tierra, ls frores minúsculas que recibían las caricias del viento helado.

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Por favor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Por favor, cuando mi cuerpo permanezca yerto, ausente de alma, ya sin esencia, faltante de mí, no desperdicies un día completo en mirarme inmóvil ni en cavar en los años, en el tiempo, para llegar a alguna orilla del ayer, casi olvidada, buscar mis pedazos y recordarme. Las flores se marchitan y quedan abandonadas en los sepulcros, mientras las lágrimas de arrepentimiento, dolor y tristeza, en tanto, secan al amanecer y son olvidadas, cuando el sol pinta los jardines y el paisaje con matices de alegría, y los asuntos de la vida asoman cotidianamente con su sí y su no. La gente que se va y los recuerdos, quedan atrás, al expresarse el siguiente día. Parten de estaciones desoladas a rutas insospechadas. Prefiero que la mañana y la noche, la madrugada y la tarde, que indudablemente me dedicarás alguna vez, en una fecha desconocida y a cierta hora, las diluyas en instantes, en momentos con detalles, para que en verdad convivamos y, al final de nuestras existencias, resplandezcamos con ese tesoro grandioso y tan nuestro, y, ya sin llanto ni remordimientos, prevalezcan la alegría, las evocaciones felices, igual que cuando uno, contento y pleno, lee todo el libro y da vuelta a la página postrera. Prometo que haré lo mismo contigo y con la gente que amo y con la que aún no conozco. Repartiré detalles, motivos, instantes. No importa si es un mensaje instantáneo, si es una carta, si es una llamada o si es una visita. Lo importante es no sabernos ni considerarnos solos, compartir nuestras alegrías y tristezas, los triunfos y los fracasos que tenemos, la sonrisa y el llanto, porque de tales encuentros y desencuentros, sin duda, surgirán historias inolvidables, bellas e irrepetibles. Y si a los minutos que repartimos, agregamos el bien que podamos hacer a los demás, fundirnos en una cadena hacia determinados propósitos nobles, y enseñar a los que no saben, construir puentes y caminos que salven de caer a los abismos, seguramente, al despedirnos, no será en salas velatorias ni en hornos crematorios, ni tampoco en sepulcros. Nos recordaremos de manera idéntica a la de las personas que se aman, cuando se despiden tras una visita feliz y armónica, con la promesa de volver a encontrarse. Y así es. La jornada existencial solo es un paseo, una acumulación de años, para más tarde, si acaso existe el tiempo en otros planos, entregarse a la conquista, por méritos propios, del infinito. Por favor, evita, como lo haré yo, la pena, el dolor y la tristeza de mirar mi cuerpo ausente de mí, ya sin esencia, porque más que cavar una tumba que exhale hondos suspiros y cargar un ataúd en su despedida final, en el cementerio, me gustaría, contigo y con los demás, utilizar la pala para cerrar heridas y construir momentos grandiosos, vivencias inolvidables, oportunidades para hacer el bien y aliviar el dolor de otros. Más que cargar pesos innecesarios, abracemos a quienes están a nuestro lado, a aquellos que necesitan, por sus condiciones, una mano que dé, oídos que escuchen, miradas que vean con benevolencia, palabras de aliento que aconsejen y enseñen. No cavemos ni despediciemos los minutos y los días de la existencia en soportar tanto peso. Perdonemos el mal que nos causamos, si así ha sido, y repongamos la vida perdida -los segundos y los años componen los períodos de la existencia, en este mundo- con sentimientos, palabras, pensamientos y acciones nobles. Por favor, cuando sepas que mi cuerpo permanece con un faltante -yo, mi alma, mi esencia-, lleva alegría, buenos recuerdos, y continúa por la senda que diseñamos como seres humanos dichosos e íntegros. Dejemos las flores no para cubrir ni rodear ataúdes y sepulcros, decoración marchita de los cementerios, sino con la idea de cultivarlas, embellecer el mundo, alegrar a la humanidad y dispersar sus pétalos en los caminos, en las rutas a donde el paraíso, simplemente, inicia y parte de nosotros, de nuestro interior, de cada alma que palpita aquí y allá, en la arcilla y en la luz.

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De usted

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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De usted, identifico su nombre, sus apellidos y su rostro… oh, y también su alegría, sus palabras, sus silencios y sus ocurrencias. De usted, no olvido que es mi musa cuando la descubro en las rutas del arte, en mis expediciones en busca de inspiración, en las horas y en los días de encuentro conmigo y con las letras. De usted sé, por lo que defino en la lectura de sus rasgos, que su belleza y su encanto no son improvisados, que provienen de su interior y que tienen mucha similitud con la orquídea, el tulipán y la estrella. De usted, no desconozco que ha dado mucho de sí a la gente que ama y que, a veces, por lo mismo, carece de espacio y tiempo para sus aficiones. De usted, no ignoro que cada mañana, al despertar, su amabilidad y su sonrisa brotan y se manifiestan como las gotas de los manantiales, diáfanas y amigables, con un no sé qué que invita a tomar sus manos y cantar, girar dichosos e incansables, sin importar que sea en el césped bañado por la lluvia o sobre una alfombra de hojas amarillas, doradas, naranjas y rojizas que el viento de la tarde barre y dispersa con nostalgia por tener que desbaratarlas. De usted, sospecho que, desde la infancia, ya era dama, y tan próximo estoy de comprobarlo, al observarla, al descubrirme en su mirada, al sentirla en mi ayer, en mi presente y en mi mañana, mezclada con mi nombre, que confieso, entre mi asombo y mi locura, que me siento caballero y príncipe cuando actúa con naturalidad y es tan princesa de mi historia. De usted, defino la inspiración de mi arte, de mis letras, y la sé mi musa. De usted, rescato las letras del abecedario, enamoradas entre sí, y escribo un texto poético, una obra en la que percibo su fragancia y me percato de su presencia. De usted, simplemente, acepto y confieso que tengo el alma con sus pedazos, fragmentos suyos que palpo en mí, en mis sentimientos y en mi razón, en la locura que significa amarla. De usted, admiiro que Dios, al decorar el mundo, le haya dedicado las pinceladas que pasó sobre el mar jade y turquesa, en los copos blanquecinos, en la lluvia de gotas de cristal y en los arcoíris que juegan en el paisaje. De usted, es la tinta con que escribo en mis libretas, el perfume de las hojas de los libros y el deleite que siento al amar, al vivir, al saberme temporal e infinito. De usted, sencillamente, está hecha cada una de mis letras, los trazos de mis palabras escritas, la esencia de mis obras. De usted.

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Definición de artista

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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¿Definición de artista? Es el segador que retira abrojos de las páginas y de los cuadernos en los que ha de escribir sus historias interminables, sus novelas magistrales y sus poemas emotivos; es el jornalero que, previo a su encuentro con las musas, con los dictados de cielos insospechados, corta espinas y mala hierba con la idea de pintar los rostros, los jardines y las cosas del mundo y del paraíso, de la realidad y de los sueños; es el caminante original e inagotable, creativo y ocurrente, que perfuma los pentagramas en los ha de anotar los signos y las melodías más sublines que cautivarán a las almas y los sentidos; es el peón de Dios que prepara los materiales yertos que ha de esculpir. Es el diseñador, el artífice, el decorador de los senderos y las rutas para llegar al destino, a lo sublime, a lo que pulsa en la esencia y en el barro. Es el jardinero que cultiva flores, plantas, árboles y frutos, en la tierra nativa, durante el viaje, y quien una mañana o una tarde mágica, o quizá hasta una noche prodigiosa -de esas que no se olvidan por su significado tan especial-, anticipa, en fragmentos, el edén infinito, con el objetivo de que hombres y mujeres comprendan y sientan que no son marionetas, sino algo más, tan majestuoso e inmortal como lo es el infinito. Es el creador, el que aporta, el que fabrica y decora estrellas que alguien, el maestro de los artistas, coloca en la oscuridad de la noche para alumbrar el universo y recordar que somos luz.

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Al saberla mi musa

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Al saberla mujer, al percibir su encanto de dama y al sentirla mi musa, recuperé mi esencia y mi armadura de caballero y construí un puente de herraje y piedra con la idea de acudir a su encuentro, puntual y de frente, con un poema escrito en la página de un cuaderno y con la promesa cumplida de un puñado de pétalos fragantes y tersos para alfombrar su camino. Al descubrirme en su mirada, completo y feliz, comprendí que estaba dentro de usted, y que si yo la sentía en mí, significaba que ambos, desde el principio, cuando Dios pintó la primera flor y colgó estrellas en su pinacoteca celeste, ya éramos uno y otro, un escritor y una musa, una dama y un caballero, un hombre y una mujer -los de entonces, los de siempre-, con un destino grandioso, aquí, en el mundo, y allá, en un paraíso interminable. Entendí, al reencontarla en mi sendero, que estaba frente a usted y que, al tratarse de una mujer, la definiría, una y otra vez, en mi historia cotidiana, en mi existencia pasajera, en mi amor irrenunciable, en mi arcilla, en mis sentidos; al ser dama -la más bella-. siempre la conservaría en mí, en mi interior, como una luz inextinguible que es amada y protegida por un caballero; y al concebirla mi musa, jugaríamos a la vida y al amor, entre remansos y escondrijos, en sueños y en realidades, y, así, intensamente emocionado y con gran inspiración, escribiría las letras más cautivantes, románticas y sublimes. Al contemplarla tan dama, me supe el artista más caballero.

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