Belleza de un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Definí la belleza de tu mirada, de tu perfil y de tus labios; no obstante, cuando descubrí que tu calzado, tu vestido y tu maquillaje son atuendos temporales de la caminata y que tienes mayor interés en las huellas que dejas, en la ruta que sigues y en el destino que anhelas, entendí que tu nombre de ángel es el que escuché desde el principio, es el que descifré en mi alma, es el que percibí en los latidos de mi corazón y en los rumores de la creación, es el del amor que me funde en ti, en la vida y en el infinito

Me encantas cuando eres niña y emocionas, entre un aparador y otro, al descubrir las zapatillas de princesa, el calzado con detalles de mujer que te pruebas aquí y allá, modelos que luces y presumes en tu andar femenino sobre la alfombra y frente al espejo, unas veces como si flotaras y otras, en cambio, muy en la tierra; pero más me cautiva saber que si te fascinan las sandalias, prefieres las huellas y el camino. Inspirado en ti, admiro el color, la profundidad y el reflejo de tus ojos, la belleza de tus pestañas y el contorno de tus cejas y labios; sin embargo, me embelesan tu forma de mirar, tu voz y el sabor de tus besos. Admiro el maquillaje discreto de tu rostro, el barniz que suavemente aplicas sobre tus labios, y más cuando el viento agita tu cabello hasta tocar y cubrir parte de tu piel; no obstante, me arroban el destello de tu mirada y el resplandor de tu ser. Noto en tus manos la delicadeza de una dama y siento la dulzura y el encanto de un amor fiel y puro; aunque es un deleite, también, reconocer su ruta dadivosa, identificarlas por su itinerario de trabajo, interpretarlas como eslabón de misión humana. Guardo en mi memoria tu alegría y tu risa cuando paseamos, juegas conmigo a la vida, al amarme y al regalarme un guiño, una caricia o un beso; mas quedo asombrado al compartir la ruta hacia el silencio interior, a tu alma y a la mía, a la morada sin final. Imaginar nuestra historia es una fantasía que disfruto una noche o una madrugada de insomnio, en mi taller de artista, mientras la tempestad y los relámpagos envuelven las horas pasajeras; aunque compartir la trama existencial, fundir tu alma y la mía hasta sentirlas tú y yo, transformarnos en pasajeros de una estación, otra y muchas más en un viaje hacia regiones insondables del ser y del infinito, es la coronación de un amor real. Es un deleite soñarte, andar juntos entre  burbujas y quimeras; sin embargo, me parece dichoso, en los lapsos de vida, sentirte real, a mi lado, en mí, contemplar las estrellas, recibir la lluvia y empaparnos, escuchar el crujido de los copos de nieve y las hojas doradas al caminar y proyectarte conmigo en una escala al infinito porque eres destino y talla de mi alma. Estar a tu lado mientras duermes, significa que sueñas y estamos juntos, pero también denota que confías en mí y que vivimos. Tu nombre me encanta cuando lo escribo o lo pronuncio, y mayor es mi asombro y dicha al traducir su significado de ángel y sentirte real. Otrora, desde mi infancia dorada, te soñé, te sentí conmigo, te definí, hasta que un día, el de nuestro reencuentro, descubrí que eres real. Me encanta cuando paseamos, bebemos café, tomamos helado, reímos, jugamos, pisamos charcos, arrojamos agua de la fuente y protagonizamos capítulos de nuestro guión con las luces y sombras de la existencia; aunque también me agrada y emociona comprobar que somos pasajeros inseparables a otros puertos y fronteras. Adoro cada momento a tu lado, al soñarte y al vivir contigo; pero me sorprende este amor tan tuyo y mío que alguien, desde el soplo de nuestras esencias y en un recinto excelso y prodigioso, decretó para los dos.

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Carta para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Si un día, al dormir, no abrí más los ojos, es porque desperté en el cielo, al lado de Dios; pero te recuerdo que te amo y siempre estaré contigo. Mi esencia permanece unida a la tuya y somos parte de la misma historia.

Y si mi ausencia física provocó tu llanto, quiero que tengas el consuelo de que sólo me adelanté por un momento de nuestro camino con la intención de preparar un sitio especial y digno para ti, cuando retornes. Sé que tú, en el mundo, contribuyes con los sentimientos y las acciones que te corresponden, y eso me enorgullece.

Cuando visitas la tumba donde reposan mis restos, siento tus caricias al colocar las rosas blancas que compras y tanto me encantaban, ¿recuerdas? Percibo tus lágrimas al rodar y caer al pasto, a la tierra, al mármol, y escucho, adicionalmente, el rumor de tus oraciones.

Si crees que te abandoné o que no te escucho, voltea a tu alrededor y descubre que alguien, antes de tu paso, limpió la grama y cultivó flores y colocó en tu camino una alfombra de pétalos de exquisita fragancia y textura.

Tuvimos, en el mundo, la bendición y la dicha de compartir un destino, un sendero, unos días, una historia dentro de la fugacidad de la vida. Aquí y allá, en el mundo y otros planos, siempre nos identificará algo que palpita en nosotros, en nuestro interior, y eso es una riqueza enorme, sí, vale más que cualquier tesoro material.

No es condición, para escucharte y permanecer contigo, que visites mi tumba -lápida que evoca mi nombre, estimula remembranzas y sin duda causa llanto-, porque mi esencia, como la tuya, es etérea, inmaterial, y siempre que lo desees y necesites, me encontrarás en ti, en tu alma, cuando cierres los ojos y entres en el silencio interior.

Podrás visitar mi sepulcro cuantas veces quieras y lo necesites; pero recuerda que el cuerpo carece de porvenir y el alma, en tanto, es perenne; en consecuencia, no te sientas culpable ni mal si un día no te es posible hacerlo. Ahora no hay fronteras para mi alma y siempre te acompañaré. Siénteme, pero no olvides vivir cada instante de tu existencia, construir tus sueños, ser intensamente feliz, amar y destilar la luminosidad de los seres elegidos para derramar el bien sobre los demás.

Construye puentes y nunca dejes trampas ni señales hacia abismos y caminos erróneos y peligrosos. Brilla. Sé tú con tu código de valores. No importa que la humanidad te condene. Nunca te sumes a la tendencia malsana de destruir lo bello, el amor, el bien, la verdad, los detalles y los valores.

Observa a tu alrededor y analiza los ciclos de la vida. Hay un momento para nacer y otro para transitar a un estado superior. Uno elige entre la luz y la sombra. Las hojas de los árboles tornan sus otrora tonalidades verdes a amarillo, naranja y rojizo cuando extienden su alfombra en la campiña otoñal, antes de ser cubiertas por la blancura de la nieve; más tarde, un amanecer inesperado, el sol aparece en el horizonte y el lienzo de la naturaleza se cubre de colores y fragancias. Tal es la vida.

La vida no concluye con la caducidad del cuerpo y el organismo. Sólo es un paso, una escala, no un destino ni una condena. Es maravilloso y subyugante, cuando experimentas la verdadera aventura de la vida sin final, el destino de las almas.

Sigue adelante. Estoy contigo. No desmayes. Cada instante, a través de tus sentimientos, palabras, pensamientos y acciones, construirás la escalera que te conducirá al hogar, a la mansión de las almas, a tu casa, donde te esperaré.

Si un día, al dormir, no abrí más los ojos, es porque desperté en el cielo, al lado de Dios. Sólo me adelanté para reservar el espacio y la historia que seguiremos compartiendo. Estoy seguro de que durante tu jornada terrena, sabrás reconocer las señales para un día, como yo, llegar a casa. Prometo que al mirarnos de frente y reconocernos en la morada, te abrazaré con el amor y el consentimiento que sentiste cuando te cargué al nacer y durante los años de infancia.

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El jardinero

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Para ti, con un amor inscrito en el cielo con polvo de estrellas

¿Y si me convierto en el jardinero que cultive detalles y felicidad durante los años de tu existencia? ¿Y si transformo tus sonrisas en pétalos fragantes y tersos? ¿Y si una noche, otra y muchas más te conduzco a la terraza, frente al mar, para contemplar juntos los luceros que decoran el firmamento? ¿Y si de los murmullos del océano, de los rumores del viento y de los susurros de la lluvia sustraigo notas musicales para que alegren tu corazón? ¿Y si me vuelvo florista para regalarte cada día, al amanecer, un ramo de rosas aromáticas y de intensa policromía? ¿Y si tomados de las manos, fundimos nuestras miradas, hasta sentir que tu corazón y el mío palpitan al ritmo de las cascadas, de los ríos y de las nevadas? ¿Y si inscribimos nuestro amor en el cielo con polvo de estrellas? ¿Y si compartimos la historia más bella y sublime? ¿Y si tu mano y la mía, guiadas por el pulso del amor, escriben capítulos en las páginas de la vida? ¿Y si soplamos los filamentos de los dientes de león para que los disperse el viento, mientras tú y yo volvemos a sentir la dicha de ser niños? ¿Y si hacemos mil locuras, hasta descalzarnos y hundir los pies en el barro, en el agua, para experimentar las contracciones del planeta? ¿Y si todos los días, a cierta hora, te declaro mi amor y confieso que me encantas, que me siento cautivado ante tu resplandor de ángel? ¿Y si regresamos a la infancia dorada, a los momentos irrepetibles, para traer con nosotros mayor dosis de felicidad? ¿Y si organizamos un banquete con los rostros del ayer, de hoy y de mañana para compartirles la dicha de un amor como el nuestro? ¿Y si saltamos por la ventana y empapamos nuestra piel durante una tarde de lluvia para posteriormente correr tras los colores mágicos de los arcoíris? ¿Y si escribimos nuestros nombres en la arena de la playa con la intención de que la espuma y el oleaje los rapten y presuman entre sus pliegues jade y turquesa a quienes vuelan muy alto, cerca del cielo? ¿Y si tomamos maquillaje de los crepúsculos, de las auroras y los ocasos, para aplicarlos en nuestras facciones y exhibir alegrías y no tristezas? ¿Y si confeccionamos alas de mariposa o de hada para volar? ¿Y si tomo tu mano y recorremos unidos la senda hacia las alturas? ¿Y si hacemos de nuestras vidas y del amor que compartimos, el puente hacia la inmortalidad? ¿Y si al asomarnos a nuestros ojos una mañana soleada, una tarde de lluvia o una noche de frío, descubrimos la mirada de Dios? ¿Y si al entregarte un arreglo floral confieso que mi amor te pertenece y deseo ya no separar mi alma de la tuya? ¿Y si te digo que tú y yo somos uno con diferente rostro? ¿Y si al beber jugos o vino tinto y comer ensalada, queso y pan, derrocho tinta en una servilleta de papel con el objetivo de plasmar mis sentimientos hacia ti? ¿Y si una vez que exprese “me cautivas” y “te amo” en la servilleta, anotamos la fecha y jugamos a esconderlo en uno de los libros de nuestra biblioteca para que alguien, una mañana o una noche tal vez distante, la descubra amarillenta y se pregunte sobre los autores de sentimientos escritos en un fragmento de papel como constancia de una historia de romance? ¿Y si al caminar, inseparables, dejamos huellas indelebles para que la gente descubra que el amor existe? ¿Y si bailamos, cantamos, reímos, jugamos, dialogamos y caminamos? ¿Y si al dormir, beso tu frente con ternura y te abrazo para entregarnos a la ensoñación y percibir el aliento de la vida, el hálito del universo, la presencia de Dios? ¿Y si dedicamos cada día de nuestras existencias a amarnos, a ser felices, a experimentar los claroscuros de la vida y a subir la escalera hacia la morada eterna? ¿Y si hoy, mañana y siempre, como ayer, confieso que te amo y me encantas? ¿Y si aprendemos a ser dichosos durante el sí de la vida y permanecer unidos y fuertes ante el no de la existencia? ¿Y si junto a cada flor que te entregue y sembremos en nuestro jardín, brotan innumerables botones de colores mágicos y nunca antes vistos, hasta multiplicarse y formar una alfombra conectada a las rutas celestes? ¿Y si hacemos de cada día, durante nuestra estancia en el mundo, la oportunidad de amarnos, crecer, compartir una historia maravillosa y transitar por la senda que trazamos? ¿Y si al final de la jornada, en el mundo, descubrimos atrás de nosotros un tapiz floreado con una historia compartida, y al frente el portón del cielo? ¿Y si tocamos la campana de la puerta celeste y alguien muy especial abre y declara que somos invitados especiales? ¿Y si una vez dentro de la inmortalidad, descubrimos que tu alma y la mía siempre pulsaron al ritmo del universo y sentimos la compañía de los ángeles, de quienes estuvieron con nosotros cual regalo y de Dios? ¿Y si descubrimos, entonces, que Dios siempre permaneció en nuestro interior y que es quien depositó las riquezas en tu ser y en el mío? ¿Y si esta mañana soy el jardinero que cultive tu jardín y el florista que te entregue el más hermoso de los arreglos con una nota que transmita los sentimientos que me inspiras? ¿Y si te invito a algún lugar y musito a tu oído: “nunca te había dicho aquí, a esta hora, te amo”? ¿Y si Dios, en su paraíso, pide que lo sigamos para presenciar la hora en que por primera vez, por amor, surgieron los manantiales, aparecieron las estrellas, brotaron los bosques, se manifestó la vida y tú y yo nos reencontramos? ¿Y si al entregarnos en la más dulce de las miradas, descubres tu presencia en mis ojos y yo la mía en los tuyos? ¿Y si escuchamos las voces que surgen del interior y del universo para anticiparnos: “el amor, cuando es auténtico, hay que experimentarlo porque proviene de las alturas”, y nos percatamos, entonces, por los signos de nuestras existencias, que por algo compartimos una historia inolvidable, bella, subyugante, plena e irrepetible? ¿Y si entre los detalles cotidianos, dejo tarjetas con mi confesión “te amo”? ¿Y si asomamos a la fuente de piedra, en algún callejón romántico o una plaza con árboles y bancas, para contemplar nuestro reflejo y recordar que los días de la vida, en el mundo, son fugaces y, por lo mismo, merecen experimentarse con amor, alegría y riquezas internas, si en verdad deseamos trascender a la luminosidad sin final? ¿Y si hoy te invito a la contemplación y al silencio interior, y susurro “me cautivas y te admiro. Estoy enamorado de ti. Te amo”?