Mis citas con las letras

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Acudo, puntual, a mi cita, a mi encuentro cotidiano con las letras, en la esquina del cuaderno de notas, al centro de la pantalla, en cualquier parte, sin importar el minuto, la hora y la fecha, porque, en un idilio, como el mío con el abecedario, sus puntuaciones y sus signos, es preciso entregarse por completo. Así, entre soledades y compañías, rumores y silencios, tareas y descansos, ausencias y presencias, cargas y liviandades, me fundo en las letras, armo palabras, compongo obras, textos que son pedazos de mí, expresiones de mi inspiración, fragmentos de lo que siento y pienso. No quisiera marcharme, una noche o una mañana, una tarde o una madrugada, con impuntualidades en mis encuentros con el arte, porque, entonces, sería un escritor infiel, un caminante que no deja huellas a su paso. En el arte, las citas suelen presentarse inesperadamente, sin agendar ni programar, quizá porque es libre y toca a los sueños, acompaña día y noche, en la vida y en la muerte, en la temporalidad y en el infinito. Me despierta la inspiración, me llaman las letras y las palabras, me acompaña el arte. Desde el amanecer, entre una inspiración y otra, en medio de mis tareas, alrededor y dentro de cualquier actividad, me presento entero ante las letras, el papel y la tinta, en un acto de amor puro que concibe textos y obras. Acudo, puntual, a mis citas irrenunciables con el arte, a mis momentos de amor las letras.

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La tinta del bolígrafo

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La tinta de mi bolígrafo se agota, como se va mi vida, igual que el cauce de un río que, tras mucho andar, una mañana o una tarde, en alguna fecha cercana o distante, no regresa más ni alivia la sed de los árboles, la vegetación y la tierra. Agoniza el repuesto de mi bolígrafo. Entre un suspiro y otro, destila las gotas postreras de tinta al yo trazar, en el cuaderno de notas, mis letras y mis palabras, mi arte escrito que vuelvo sentimientos, vivencias, sueños, ilusiones, pensamientos e ideales. Cada vez más débil, pero ausente de muletas y vendajes, la tinta apenas completa el texto que escribo; habla y enmudece, cae y se levanta, pinta y deja huecos, pausas, espacios, que promueven su despedida. Es como la vida humana que, en su hermosa primavera, traza y pinta colores, plasma sueños e ilusiones, imprime su energía y su ánimo, para, más tarde, en el verano intenso, sentir, pensar y actuar con fuerza y madurez, hasta que, al llegar la noche, aparecen, con frecuencia, el cansancio, los síntomas que anticipan la culminación de la existencia. Hoy, al consumirse la tinta de mi bolígrafo, tengo mucho que agradecerle y tanto que aprender de sus lecciones. Un día de antaño, la tinta fue precisa y firme, y otro más, también, durable y fuerte; pero, en este plano, la estancia es temporal. Se acabó la tinta. Resulta extraordinario y maravilloso que lo que parecía un simple cartucho de tinta, haya contribuido a mi labor artística y que las gotas que destiló, en un instante y en otro, fueran para una causa noble y se aplicaran al bien, a la reflexión y al amor. Apenas escribí las letras y las palabras que forman este texto y la tinta, compañera de tantas jornadas de creación e inspiración artística, cumplió su encomienda, como quien después de vivir tanto, muere en paz y con la satisfacción de llevar consigo una historia digna, noble, épica, buena y honesta. La tinta se ha terminado, como acaba una vida o se extingue el día al encontrarse, en su cita diaria, el cielo y el océano, en el horizonte, y resplandecer con sus matices amarillos, morados, naranjas y rojizos. La tinta del bolígrafo se acabó, como a una hora, en el mundo, termina la vida.

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Princesa, la inolvidable Princesa

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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In memoriam

Era parte de la familia. La amábamos y consentíamos tanto que, ahora, al proyectarse su dolorosa y triste ausencia en cada rincón de la casa, en el jardín, en los sitios que le encantaban y en los que asoleaba diariamente, sentimos un vacío profundo, un hueco que lastima, una falta que no se sustituye, porque ella, Princesa, era irrepetible, bella, sensible, amorosa e inolvidable.

Princesa fue, desde que nació hasta el día postrero de su existencia, una doncella elegante y distinguida, siempre cercana a nosotros, a mi familia y a mí, con muestras de cariño y lealtad, digna, respetuosa, imperial. Vivió 14 años con nosotros, casi década y media de nuestras existencias, tiempo suficiente para protagonizar y compartir una historia, con sus claroscuros. Nos lleva en su memoria y siempre estará en la nuestra. Tenía nombre y apellidos -los nuestros-, y se sabía de casa. En su infancia, en la otra orilla de su vida, conoció a mi madre, que era como ella, un ser cargado de luz.

Realmente, Princesa, la grandiosa e inolvidable Princesa, vivía en casa de una de mis hermanas, al lado de mi sobrino -vecinos míos-, y siempre acompañó a la familia, incluso en los destierros y en las mudanzas, en las alegrías y en las tristezas, en los movimientos y en las pausas, en las alegrías y en las tristezas, en las risas y en el llanto, en las compañías y en las soledades.

Supo, y entristeció mucho, cuando mi madre pasó por la transición aquella mañana del 7 septiembre de 2010, y no se separó de la habitación, dos años más tarde, cuando el marido de mi hermana permaneció desahuciado en una de las habitaciones de la casa. Fue su fiel guardián.

Al nacer mi sobrina, hija de mi hermana menor, Princesa la acompañó durante varios días, como si la cuidara, hasta que ellas regresaron a su casa. Y así era, fiel, amorosa y protectora con toda la familia. Vivió intensamente, disfrutó cada instante de su existencia y trascendió cotidianamente, hasta, finalmente, unirse a la gran luz.

Hace aproximadamente un mes -oh, quién iba a saber que pronto transitaría a un plano superior-, enfermé por un descuido intestinal. Los dolores eran tan intensos, que creí que terminaría en el hospital. Estaba en casa de mi hermana, quien me atendía con esmero y amor, preocupada por lo que me sucedía.

Perceptiva y atenta a todos los acontecimientos familiares, Princesa supo e inmediato que me sentía demasiado mal. Renunció a su paseo nocturno con la intención de permanecer a mi lado, hasta que, en determinado momento, saltó a mis piernas, en el sillón de la sala, con la idea de recargarse en mi abdomen, como para transmitirme su energía sanadora.

Oh, creo que no he dicho que Princesa era un felino, una gata que fue intensamente feliz. Diariamente, cuando salía de mi casa, la encontraba en el jardín. Esperaba el instante adecuado para saludarme. Aquel acto de nobleza y amor, significaba mucho para mí. Tocaba a la puerta de la casa de mi hermana, que es mi vecina, y Princesa entraba plena y soberana, con la grandeza y la sencillez de su linaje. A mi regreso de mis actividades cotidianas, ya me esperaba. Surgía del follaje de un árbol o salía de algún jardín vecino, e incluso debajo de los automóviles, donde se reunía con otros felinos, simplemente para saludarme y expresarme su más puro amor.

Ya no está con nosotros. Así es como uno, con el tiempo, va quedando solo, con vivencias y recuerdos, con sueños y anhelos. Era compañera fiel e inseparable, y lo mismo me amó cuando vestí formalmente que informal, porque buscaba no las apariencias ni lo que pudiera uno darle, sino la esencia, el amor real, la transmisión de sentimientos. Y eso la hacía especial e irrepetible. La extrañamos. Duele su ausencia. Estoy seguro de que a ella no le hubiera gustado vernos sufrir. Lo entendemos, pero lastima que ya no esté con nosotros. Cumplió su ciclo.

Princesa era tan noble de sentimientos, pura, sensible y cargada de amor y energía, que hubiera expuesto su vida por nosotros, por cualquier miembro de la familia y por mí. Me atreveré a confesar y declarar que, en mi caso, me regalaba más momentos de amor, compañía, detalles y atención, que tantas personas, cercanas y lejanas, que fingen cariño. Hay personas excelentes y muy buenas, pero también aquellas que transitan por la vida con máscaras y vestuario que no es de su talla. El amor y los sentimientos de Princesa fueron auténticos. Se presentó, ante la vida y con nosotros, de frente, como era.

Con Princesa, aprendí a entender el reino animal y a amarlo más. Hay seres que, por sus sentimientos, por sus reacciones y por sus actos, demuestran el material del que están hechos, como nuestra amada Princesa, con textura de felino y esencia resplandeciente. Princesa, que siempre estuvo cerca e la luz por su valor interno y por lo que significó para nosotros, que fuimos testigos de su naturaleza y de sus motivos, ahora es más sublime.

Estos días, tras su muerte, me he enterado, por conversaciones con los vecinos más próximos, que visitaba diferentes hogares, donde los moradores le ofrecían agua y alimento. Era libre y plena. Le encantaba su casa y la disfrutaba mucho; pero también su soledad y su compañía, en la calle y en los hogares, con los niños y con otros gatos.

Fue una vecina que ama a los animales y da todo por protegerlos y salvarlos -Rosi-, quien hace media semana, al salir de su casa, alrededor de las ocho de la mañana, descubrió que un perro blanco atacó sorpresivamente a Princesa, cuando disfrutaba el sol y el viento en la calle, hasta dejarla mortalmente herida, independientemente de que algo más le sucedió previamente, de acuerdo con el veterinario que la atendió con profesionalismo.

Todavía una noche antes de su transición, al retirarme de la casa de mi hermana -la última que vi a Princesa físicamente-, la hermosa gata asomó con la finalidad de despedirme y cerciorarse de que iba a mi morada. Fue una despedida temporal, lo sé muy bien. Sentí su amor profundo y real. ¿Puede existir amor más grande, puro y sublime? Eso es, simplemente, estar cerca de Dios, en esencia y ganarse el cielo, y no importa si se es humano, helecho, flor, hoja, abeja o gato.

Los seres humanos somos ciegos y torpes, mutilados y soberbios, al grado de sentirnos eje de la vida, del universo, de la creación. Incluso, pensamos que nuestro nivel es superior al de las plantas y los animales. Tan pesada y, a la vez, ligera y superflua es la carga que llevamos, que, arrogantes, no recordamos nuestro origen y creemos que somos ricos con las piedras brillantes que arrebatamos o encontramos en el camino.

No volví a ver más a Princesa. Pasó por la transición la madrugada del viernes 18 de marzo de 2022. Sedada, luchó dignamente en la clínica veterinaria; pero su estado de salud y su edad no la favorecieron. Y cumplió su ciclo. Llegó y se marchó digna, cautivante, valerosa, imperial y sencilla, como quien ha cumplido su encomienda.

Durante 14 años, tuvimos a nuestro lado un ser maravilloso, con textura de gato y esencia de luz, como bendición y regalo, prueba que demuestra que los seres angelicales son reales. Fue un honor y un privilegio tenerla entre nosotros. En verdad, lo confieso, Princesa me enseñó mucho.

Esa tarde, cuando el veterinario entregó el cuerpo yerto, mis hermanas envolvieron a Pincesa en una sábana y salieron de casa, la mayor con su hijo y la menor con su hija, y caminaron por la calle que tanto disfrutó durante sus últimos años de vida. Se trasladaron al cerro que colinda con los fraccionamientos y buscaron un paraje abrupto, entre árboles y plantas, con la idea de sepultarla. Su cuerpo yace en el cerro, desde el que se admiran la naturaleza exuberante y la ciudad que se extiende, antigua y moderna, son sus silencios y rumores, quizá con los colores de la vida, probablemente con el vuelo de las aves, tal vez con el resplandor del amanecer y los luceros de la noche, acaso con los ecos de un mundo que solo es estación, puente a otras fronteras, al que venimos a soñar y a vivir. Mi hermana la recibió, hace 14 años, cuando apenas tenía un mes de edad, y la cargaba en una canasta pequeña, hasta que creció y la seguía como quien, juguetona e inocente, va detrás o al lado de su madre; pero en el ocaso de su existencia, la devolvió a la naturaleza, a la vida palpitante.

Hoy -y no me parece congruente hablar de temporalidad en el infinito-, una criatura sublime ha retornado, digna y magistral, al origen, a la morada, al hogar, y la sentimos en nuestras almas porque tuvimos el privilegio de contarla entre los seres humanos de nuestra familia. Y no, no he perdido la razón ni me siento confundido por la nostalgia; sencillamente, me consta que así es.

Gracias, Princesa. Te percibimos desde la profundidad de nuestras almas, donde, tú lo sabes, la temporalidad se diluye y aparece, bello y prodigioso, el infinito. Te sentimos con nosotros. Al retornar a la morada inmortal, al hogar, seremos, como tú, las gotas que forman el grandioso manantial etéreo.

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De eso, creo, estamos hechos

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Soy de tantos aromas y matices, vengo de innumerables auroras y ocasos, tengo demasiados linajes e historias, con pasados y presentes, con mañanas certeros e inciertos que ya se sienten, que, en verdad, no podría, en una guerra, apoyar a unos y despreciar a otros, porque significaría romperme, traicionar mis códigos y mis significados, y quedar yerto, aquí y allá, en un lugar y en otro. Me resulta imposible, acaso por mi esencia, probablemente por mi textura, quizá por la sustancia etérea y la materia que me componen, tal vez por eso y más, dividirme y crear rivalidades entre mis trozos. No me atrevo a pelear dentro ni fuera de mí. Al agredir a otros, atentaría contra mí. Me forjé con la herencia que traigo en mi memoria, con los capítulos que he protagonizado, con todo lo que uno trae, con lo que siembra y con lo que cosecha; en consecuencia, soy incapaz de empujar a otros al precipicio o de tenderles acertijos y trampas. Estoy hecho de pedazos e hilvanado con orígenes de tantos parajes y rincones, con una corriente etérea que me impide causar daño. Es preferible, en una guerra, amar que odiar, dar que arrebatar, compartir que acaparar, sonreír que mostrar un rostro arrogante y despiadado. Quiero el amor, el bien, el progreso y la paz en el mundo. De eso, creo, estamos hechos.

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Y si mañana, cuando amanezca otra vez, descubre usted que no fue un sueño…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y si mañana, cuando amanezca otra vez, ¿descubre usted que nuestra historia no fue un sueño ni terminó al despertar? ¿Y si se convence de que, en un amor como el nuestro, el guión no tiene final y sí, en cambio, posee continuidad y se renueva cada instante? ¿Y si le platico a usted que el amor viste distintos colores en cada estación, siempre con tallas a nuestra medida y con los estilos que compartimos y deseamos? ¿Y si, tras mucho soñar, despertamos en un paraíso con flores, como las que, a hurtadillas, dejo cada mañana en su almohada impregnada de su exquisito perfume y de su encantadora presencia? ¿Y si, al abrir la ventana y asomar al jardín, mira las hojas del árbol y se da cuenta de que, en cada una, hay una palabra escrita, letras que se abrazan, como usted y yo al contemplar una noche estrellada o al mojarnos una tarde de lluvia, hasta formar el más bello y romántico de los poemas? ¿Y si esta noche, al dormir, usted se sumerge en las profundidades de su alma, y yo, igual, con la intención de reunirnos en los sueños y, juntos, despertar, al amanecer, para jugar a la vida y al amor? ¿Y si, después de leer mis textos, se encuentra e identifica en cada letra y palabra que le escribo? ¿Y si mañana, al despertar, usted se da cuenta de que los sueños son estaciones, paréntesis, descansos, regalos de Dios, para seguir viviendo en el mundo y en algún paraíso que se intuye desde el interior? ¿Y si mañana, al despertar, asoma al espejo y me descubre en su mirada?

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Te encontré

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Te encontré en las letras que trazo, en las palabras que escribo, en las anotaciones, en los relatos, en las historias y en los poemas que compongo. Te descubrí hasta en la puntuación y en los acentos de mi prosa, en mis locuras y en mis razones, resguardada en expresiones que delatan, también, mis sentimientos e ideas, mis detalles y motivos. Te vi, a hurtadillas, en mis apuntes, entre papeles y tinta, en páginas interminables -electrónicas y de papel-, con tu aliento mágico que sopla con el aire y que recibo con la lluvia en burbujas de inspiraciones. Te miré en mis letras, abrazada de las palabras, y entendí, en consecuencia, que siempre estarás conmigo, simplemente porque una musa jamás abandona a su escritor ni un artista renuncia a quien le inspira sentimientos y razones, al escribir y al soñar, al andar y al vivir.

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Esencia de mujer

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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¿Qué opino de las mujeres? Caray, mi madre fue mujer, una dama que, en casa, en el hogar maravilloso e irrepetible, me inculcó, con hechos, amor, ilusiones, sueños, amabilidad, sentimientos nobles, educación, respeto, ideales, principios y rectitud.

¿Qué pienso de las mujeres? Oh, entre mis hermanos hay dos mujeres, cada una con su identidad y con sus motivos, ejemplares e inolvidables para mí por palpitar en mi interior, por ser parte de mi linaje y de la historia prodigiosa que compartimos, por toda la riqueza y por el significado que descubro en ellas.

¿Que hablo de las mujeres? Si les expresara que mis descendientes, tesoros míos, son mujeres que siento en mi alma y me enorgullecen por su esencia, por sus valores, por sus sentimientos y por sus ideales, la humanidad y todas las criaturas entenderían lo mucho que las amo y, quizá, al confesarlo, el infinito regalaría más luceros y crearía mayor cantidad de paraísos inmortales.

¿Que he olvidado a las mujeres? Cómo no recordarlas si en mí pulsan mis antepasadas y mis contemporáneas. Tengo sobrinas encantadoras y ejemplares, amorosas y maravillosas, irrepetibles y genuinas. No renunciaría a ellas

¿Que no hablo con las mujeres? Ah, mantengo comunicación con las mujeres dignas y virtuosas de mi familia, e igualmente con las que, aquí y allá, a una hora y a otra, he encontrado en mis rutas, en cada capítulo de mi historia, en mi biografía.

¿Que no amo a las mujeres? Sepan ustedes que, como artista de las letras, me inspira una musa, a quien dedico mi amor irrenunciable, para unos real y para otros, en cambio, destello de mi imaginación. Las musas hablan al alma y a los sentidos.

¿Qué significan las mujeres? Aquí estoy, en medio del mundo, gracias a una mujer. Me rodean las mujeres. Me dan risa y me causan lástima y vergüenza quienes aseguran que todos los hombres están dedicados a aprovecharse de las mujeres. En verdad existen hombres, en el mundo, que se vuelven caballeros ante las damas. ¿Puede haber mejor concepto y poema a una mujer que la admiración y el respeto que uno le dedica cada día?

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En tiempos de guerra

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Con esperanza y por la paz mundial

En tiempos de guerra, deseo cultivar flores perfumadas y de hermosos colores para que la gente no olvide la magia del amor, los detalles, el bien y la dulzura. En tiempos de guerra, quiero salir a las calles con el objetivo de abrazar a la gente y pedir a los adultos que no preparen, en sus hogares, más soldados que solo reciben órdenes de matar y sepultan sus sentimientos, dignidad, pensamientos y libertad en la sangre que escurre por el dolor y en la inocencia robada. En tiempos de guerra, deseo colocar mis manos en los rostros atemorizados, en la gente que se siente enferma, en las personas que tienen hambre, para consolarlos y darles una esperanza. En tiempos de guerra, no apoyo a unos ni a otros porque los conflictos bélicos, lejos de dejar triunfadores, solo ofrecen un deplorable y triste espectáculo de perdedores, un paisaje de gente rota, mutilada e incompleta. En tiempos de guerra, anhelo plantear a hombres y mujeres, en el mundo, que hagan un paréntesis, una tregua, con la finalidad de que se desnuden, que hagan a un lado la tonalidad de sus pieles y sus rasgos, que destierren sus intereses personales y de grupo, y que se encuentren a sí mismos, en la morada del alma, hasta que se sientan a sí mismos y perciban que todos -nosotros y muchos más- palpitamos al ritmo de una mente infinita que nos convierte en hermanos. En tiempos de guerra, veo a mi alrededor que el odio y la violencia se extienden e intoxican los hogares, las escuelas, los centros laborales, las calles, todas partes, como si se tratara de una competencia irracional o de una moda carente de razón y sentido. En tiempos de guerra, deseo promover el amor, la paz, la dignidad humana, el bien, los sentimientos nobles, la libertad, los ideales, la justicia, los pensamientos equilibrados, la armonía y el respeto. En tiempos de guerra, me atrevo a decir que es hora de despertar y probarnos, exigir pacíficamente que cesen las hostilidades entre unos y otros. En tiempos de guerra, les digo que es irracional que un grupúsculo decida, por sus apetitos e intereses, destruir el planeta, a la humanidad y todo signo de vida. En tiempos de guerra, insisto, debemos cultivar más flores y plantas bellas que espinas, con la intención de contrarrestar el mal y demostrar que el bien, fortalecido con la unidad, es superior a cualquier arma. En tiempos de guerra, quisiera dormir profundamente y despertar a la siguiente mañana con una sensación de armonía y paz en mi interior y afuera, en el mundo; sin embargo, no podría descansar tranquilo, en la comodidad de una habitación, mientras otros, aquí y allá, sufren y mueren injustamente. En tiempos de guerra.

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Un poema silencioso, un texto callado

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Hay silencios que, a veces, parecen sepulturas, hondos vacíos que callan todo, carentes de epitafios y de nombres; pero también existen sigilos que dicen tanto, a pesar de la inexistencia de palabras. Hoy recurro a tales silencios, y lo hago con la intención de que hasta usted lleguen y los escuche desde su interior. Son pausas, este día, en las que, al no trazar letras, al evitar sonidos, compongo un poema inspirado en usted, un texto inusual que le confiese mi plan de cultivar orquídeas, rosas y tulipanes para regalarle, cada amanecer, pétalos cargados de gotas del rocío, suspiros y una historia irrepetible con la locura de un amor que no se puede ocultar. Hay silencios que de improviso aparecen cuando uno escribe, espacios que quedan al descubierto, en los que caben su nombre y el mío, con todo lo que sentimos. Se trata de páginas que uno prefiere que queden en blanco, ausentes de palabras, con el propósito de que hablen al oído, que susurren y que el viento, al arrastrarlas, las lleve hasta la habitación donde usted vive, sueña y duerme. Son expresiones sigilosas, mensajes desprovistos de líneas y de sonidos, simplemente porque, en ocasiones, callar dice todo. Hay silencios que provocan que uno, en la buhardilla de escritor, en el taller de artista, decida que las páginas naveguen a otras rutas, como este día lo hago al sentirme inspirado por usted. Los silencios, cuando vienen del interior, ofrecen mensajes libres de ornamentos y de antifaces, acaso por pertenecer al alma, quizá por ser tan puros, tal vez por su significado. A usted le dedico un poema silencioso, un texto callado, con la idea de decirle tanto.

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Las flores que cultivo

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Cultivé flores en el jardín de la casa, en las macetas, en el bosque, y pronto descubrí que se multiplicaban, envueltas en el prodigio y en el encanto de la vida, igual que mis poemas y mis textos, inspirados en usted. Con cada palabra pronunciada dulcemente, abrieron una mañana y otra, cubiertas por el rocío, tan enamoradas como yo de usted. Al mirarla yo a usted, los colores de las flores -lilis, orquídeas, rosas, tulipanes- pintan nuestras miradas y les dan un sentido, una dirección, un motivo. La textura de los pétalos, la fragancia que desprenden, la elegancia de sus siluetas y la belleza de sus rostros, me recuerdan siempre el parecido con usted, con usted que es de arcilla y de esencia, con usted que es flor y tallo, con usted que cada mañana y en las noches, en las madrugadas y en las tardes, me abraza al entregarle los suspiros de las gardenias. Las flores que hoy le entrego, son criaturas minúsculas que, al acomodarlas en algún sitio especial, le recuerdan el amor que le tengo. Son trozos de mis poemas, de mis textos, de mi vida, que buscan un camino, una puerta a sus sentimientos, una respuesta al amor que le tengo.

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