Y un día, a cierta hora, al voltear atrás

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y un día, a cierta hora de la tarde, al voltear atrás y a los lados, me di cuenta de que los de antes ya no estaban conmigo. Apenas era el verano de mi existencia y ya sentía el dolor de las ausencias. Terribles han de ser, en todo caso, las noches otoñales y las madrugadas de invierno, en las soledades y en las miserias, ya sin el ambiente canoro que seguramente, en tales circunstancias, se han de añorar y requerir con urgencia, entre dolores y suspiros. Estos días tan extraños, en los que la gente muere cualquier fecha, en un conflicto global, los faltantes resultan más constantes y los dolores se vuelven cotidianos. Faltan unos y muchos, en mayúsculas y en minúsculas, en femenino y en masculino, porque alguien, y otros más, planea apoderarse del mundo, de sus riquezas y de las voluntades humanas. El agua, el oxígeno, los alimentos y el espacio, parecen insuficienes, escasos e inaccesibles para las multitudes que hoy disfrutan el poder endeble del crédito para construir apariencias, como se sienten, igual de prohibidos, los valores, la justicia, la dignidad humana, la libertad, el bien, los sueños, las ilusiones, la familia, los proyectos, la salud, el conocimiento y la vida. Todo -personas, creencias, valores, costumbres, familia, ideales, sentimientos, ideas, cosas- es confinado en las mazmorras del olvido, en los sótanos de la desmemoria, para formar, principalmente con las generaciones jóvenes, un mundo en serie, insano, vacío e inhumano. Los privilegios materiales pertenecen, según parece, a quienes ostentan el poder económico y político, respaldado por mercenarios de la ciencia, los medios de la comunicación, la fuerza armada, las redes sociales y los llamados intelectuales. Y una tarde, al pasar la mañana de colores y fragancias y el mediodía, muy próxima al anochecer -los minutos y las horas parecen insignificantes cuando pasa la vida ante uno y los demás con su acostumbrada prisa-, comprobé que la gente, la de entonces, la de antaño, se estaba yendo a otras rutas, a destinos y espacios distantes. Corrí, alarmado, a un domicilio y a otro, en busca de nombres, apellidos y rostros familiares, con la esperanza de que, al tocar a las puertas, al asomar por las ventanas, aparecieran caras con identidades conocidades, de esas que uno guarda en las profundidades del alma y de laa memoria, por lo que significan en la vida, por los recuerdos de otras épocas, por las alegrías y las tristezas compartidas y por tanto que derrama cada ser humano. Desconocemos, la mayoróa. el último minuto, la fecha postrera de nuestras existencias, motivo por el que me apura reencontrarme, por cualquier medio, con quienes me han acompañado durante mi jornada, reconocerlos por formar parte de mi biografía, abrazarlos y expresarles mis afectos, mi gratitud y mi confianza de que habrá otros días felices en este mundo y en otros planos, hasta alcanzar la fórmula de la inmortalidad. Y un día, tal vez hoy o ayer, a cierta hora de la tarde, al voltear atrás y a los lados, me percaté de que no somos tantos los que seguimos en la caminata, en la excursión terrena, a pesar de que haya mucha gente, y que, como generación veraniega u otoñal, llevamos con nosotros una historia, la experiencia de aquellos años, como un regalo que recibimos de la fuente infinita. Y un día, al voltear a trás y mirar a los lados…

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Hubo un antes y un después

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Hubo un antes y un después, un tiempo y una historia previos a coincidir con usted, y un instante y otros más, posteriores a nuestro encuentro. Existen muchos antes que, acumulados, parecen llenar una vida, cubrir una biografía; pero un día, a cierta hora, aparecen los rasgos de uno e incontables después, que dan un sentido más certero, un motivo jstificable y pleno al viaje. Y usted apareció en mi historia, en mi vida, tras muchos ayeres en los que la presentía y ya la extrañaba, con la posibilidad de innumerables presentes y mañanas a su lado, en el amor en una barca que navega hacia el infinito. Hubo un antaño desprovisto de su imagen, ausente de su presencia, con síntomas graduales y periódicos de que algo, en la corriente etérea, floraba latente, fluía y me recordaba que había dejado pedazos de mi esencia en la de usted, con la promesa, más tarde, de un reencuentro, en cierta fecha, en un rincón del mundo. Existió un pasado, un antes, cuando andaba solo por mis rutas y suspiraba por usted, por el amor que le tengo, hasta que en otro momento, en un después, la reconocí y supuse, entonces, que Dios debe amarme tanto al reintegrarme el regalo que guardó para mí en su regazo. Hubo un antes y un después, cuando la amé en un paraíso y ahora que es mi delirio, mi poema, mi musa, mi dama, en este mundo. Entre la esencia y la arcilla que nos envuelve, distingo un pretérito, un ayer, un antes, con su simple perfume, su encanto y su recuerdo, y un hoy, un mañana, con su grata presencia y los espacios para compartir una historia. Hubo un antes y un después, a partir de aquel encuentro y de la locura de un amor que usted me inspira.

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Quién que es…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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¿Quién que es no se ha sentido cautivado, una noche, al contemplar un lago rodeado de abetos y descubrir en la pinacoteca celeste los faroles y los luceros estelares que asoman enamorados al espejo actuático que duerme arrullado por los rumores y los sigilos de las horas? ¿Quién que es no ha experimentado la locura de correr, una tarde de lluvia, en el parque, solo o acompado, y sentir las gotas deslizar en su rostro y empapar su cabello, su ropa y su calzado? ¿Quién que es no ha sentido embeleso al percibir las fragancias de los tulipanes, las orquídeas y las rosas, una mañana primaveral, al internarse en algún jardín con rasgos de paraíso? ¿Quién que es, al admirar el oleaje en su interminable ir y venir y distinguir, en la lejanía, al sol y al horizonte, refugiados entre matices amarillos, maranjas y rojizos, en su romance y en su ósculo vespertino, antes del anochecer, no ha reaccionado con un suspiro que se propaga en el universo? ¿Quién que es, al nacer no trae un pedazo de cielo y al vivir elige, antes de la muerte, su destino en un paraíso o en un infierno? ¿Quién que es no ha reído y llorado, en sus alegrías y tristezas, con el consuelo de no saberse solo? ¿Quién que es no está incluido en los guiones y en las partituras de Dios, en los susurros y en las pausas del viento, en el palpitar de la creación?

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Cuando digo que usted da sentido a mi vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Cuando digo que usted da sentido a mi vida, no me refiero, como algunos supondrían, quizá, que andaba sin rumbo en mis caminos o extraviado en rumbos y destinos inciertos; significa que es maravilloso coincidir con alguien en el mundo -un amor, un alma gemela, la otra parte de uno- y elegir, juntos, las sendas con flores, las hondonadas apacibles, los campos serpeteados por ríos de agua cristalina, sin duda en un acuerdo de sortear abismos, escalar cumbres y llegar al cielo infinito. Cuando escribo que usted ordena mi existencia, no lo hago con la intención de que algunos entiendan que realiza mis tareas cotidianas; es con la finalidad de que la gente sepa que me acompaña y permanece no atrás ni adelante de mí, sino a mi lado. Cuando manifiesto que usted es mi musa, es porque me inspira profundamente y, pregunto, ¿quién no se siente cautivado y enamorado de alguien que no tiene reemplazo? Cuando declaro que usted es una dama, sencillamente es porque a su lado me pruebo y me mido como caballero. Cuando expreso que usted es el amor de mi vida y de mi infinito, es poque ya la siento en mí, en mi alma, y no espero a alguien más.

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Enteros y fracciones en el amor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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El amor, el amor… es un entero que incluye la presencia de uno y de alguien más… El amor es el poema, la rima, el canto, la letra de una historia inolvidable y maravillosa, el delirio de una existencia y de otra. Es un entero dentro de las matemáticas y la trama de la vida. Es parece, el acto y el lenguaje de Dios, y viene de su esencia, de sus motivos, de sus detalles. No obstante, en la hora contemporánea, abundan hombres y mujeres, aquí y allá, en innumerables rincones del mundo, que, hechizados por el encanto de las superficialidades y su hondo vacío, han fraccionado y cuadriculado el amor. Ya segmentado, lo que llaman amor, en el mercado de ofertas, se desdeña o se remata, al grado de que algunos están con las personas por el dinero, la fama, los viajes, los lujos y las cosas, mientras otros, también con una porción del antiguo entero, aprisionan en las manos el placer fugaz y carente de sentimientos y destino. Hay quienes dicen que aman, pero se trata de una costumbre, manía o comodidad, porque existen otros que están con la gente por temor a la soledad. Como propiedad privada, el amor es fraccionado, ya no es entero ni integral. La gente está confundida. Muchos hombres y mujeres lo han desnudado y colocado, posteriormente, pelambre y ropaje irreconocible, hasta volverlo mercancía en serie y de desecho. Gradualmente, el amor despide esas historias románticas y conmovedoras que verdaderamente cautivaban y acercaban al paraíso. Ahora, no pocos seres humanos piensan: “estoy contigo mientras satisfagas mis apetitos, me sirvas y representes un valor utilitario”. Las coincidencias, en uno y en otro, al amarse, los forrtalecen; las diferencias, al conciliarse y no rivalizar ni resultar antagónicas, los enriquecen. Quien conserve, en el minuto presente, un amor entero, posee una bendición y una fortuna, un destino y una razón, un mundo y un paraíso, una esencia y una textura.

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¿Paraíso o infierno?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Me asombra que tantos seres humanos anhelen, crean y sueñen un paraíso infinito tras su muerte física, en un ambiente de descanso y paz, al mismo tiempo que aquí, en el mundo, destruyen la naturaleza, contaminan, arrebatan, rivalizan, odian, ambicionan poder y riqueza sin fines nobles, critican, son violentos, se mofan y participan o respaldan guerras contra aquellos que no sienten ni piensan igual que ellos. Me parece contradictorio, estúpido y falso desear un cielo, un vergel, para reposo eterno del alma, mientras se colocan trampas mortales en contra de los más débiles, se les quita todo a los desposeídos y se consumen los días de la existencia con superficialidad, indiferencia al sufrimiento de otros, carencia de valores, ausencia de sentimientos nobles y estulticia. ¿Qué clase de criatura es ese porcentaje tan amplio de la humanidad que idealiza un paraíso tras su muerte física y hace de la Tierra, su único hogar temporal, un infierno? ¿Es lógico desear la vida, el bienestar, la salud y la felicidad, mientras se mata, se provocan enfermedades, se propicia el mal y se embiste a otros con dolor y tristeza? ¿Es razonable aspirar y soñar un cielo maravilloso, sublime e infinito, cuando la casa terrena es enlodada? ¿Qué clase de personas son aquellas que desean para sí un palacio y, antes de poseerlo, ensucian y destruyen la casa que habitan temporalmente?

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Simplemente, una invitación

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Sí, simplemente es una invitación a usted

¿Y si hoy, antes de la lluvia del atardecer y de los arcoíris que el sol y las gotas suelen pintar entre el cielo y el mundo -acaso para unir la esencia con la arcilla, quizá con la intención de regalarnos momentos fugaces y eternidad, tal vez con el objetivo de recordar que estamos aquí y allá-, usted y yo arrullamos las letras, con sus acentos y sus signos, para descifrar sus sentidos y mecernos suavemente en los columpios de nuestros días y de los años temporales y dentro del palpitar del infinito que canta incesante? ¿Y si, juntos, colocamos las palabras en un remanso apacible y desentrañamos y vivimos sus significados? ¿Y si desprendemos del poemario sus sentidos, sus detalles, sus motivos, para deleite nuestro? ¿Y si este día, previo al amanecer, acordamos despertar de nuestros sueños y jugar aquí, en el mundo, ahora y mañana, al amor y a la vida, antes de retornar a paraísos sin final? ¿Y si emulamos al viento que arranca hojas de los árboles, en otoño, y usted y yo tomamos colores de las estrellas y del universo con la idea de alegrar y matizar nuestros encuentros y desencuentros, los encantos y los desencantos que compartimos? ¿Y si del arte, que es mi vida, y también la suya al ser mi Musa, sustraigo letras para componerle un poema, notas que arranquen del piano y del violín melodías sublimes, tonalidades que iluminen lo que somos, lo que es tan nuestro, lo que pulsa en usted y en mí? ¿Y si la noche nos alcanza en el camino y decidimos pernoctar en nuestros sueños y vivencias, en los minutos imparables? ¿Y si mañana, al despertar, descubre hojarasca en sus pies y en sus sandalias, percibe mi fragancia en usted y me convierto en su primer sentimiento del día, como quien amanece en la eternidad? ¿Y si, simplemente, damos un paseo?

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El matorral y la lluvia

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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-¿Por qué insistes en formar charcos y represas? -preguntó el matorral a la lluvia.

La lluvia, sonriente, contestó:

– Contribuyo a mantener los ciclos y el ritmo de la vida. Es mi encomienda.

El matorral, cubierto de polvo, sostenido por tallos insensibles y ásperos, abundantes en espinas con veneno, tenía la costumbre de agredir, desafiar, mofarse y discutir. Criticó a la lluvia, quien explicó:

-Mira y disfruta el esplendor de la vida a tu alrededor. Los árboles, las plantas y las flores coexisten en remansos apacibles, desde los que regalan sus colores, sus fragancias, sus sabores y sus formas. Beben el agua con sus nutrientes y conviven en armonía y en equilibrio. Son plenos. Unas especies obsequian la delicia de los sabores del paraíso, mientras otras, en tanto, decoran el paisaje con sus matices y sus perfumes. Todas las criaturas dan lo mejor de sí y contribuyen a la evolución de la naturaleza y la vida, igual que la corriente diáfana del río que serpentea la comarca y las abejas, los pájaros y las mariposas que revolotean despreocupados y ufanos.

El matorral sonrió burlón, con interés de molestar e interrumpir a la lluvia que dedicaba minutos y horas en formar sus motivos, sus detalles, sus encantos. Le molestaba tanta minuciosidad.

-Pierdes tiempo en formar charcos y represas. ¿Por qué dedicar tanto esfuerzo si, finalmente, se evaporarán, las otras criaturas la beberán y se esfumará?

-No soy presuntuosa porque la sencillez me hace auténtica, libre, rica y feliz, matorral. Podría asegurar que me extrañarás durante las estaciones de mi ausencia y que, seguramente, en ciertos momentos, padecerás sed y experimentarás la sensación de la muerte; sin embargo, mi misión es contribuir a dar vida, no a maldecir. Si requiero demasiado tiempo en construir represas naturales y charcos, es porque lo extraordionario y grandioso está compuesto de detalles pequeños. Nunca lo olvides, amigo mío: la acumulación de veneno, intoxica y mata; el conjunto de obras buenas, eniquece y da vida. Todo se construye a través de la aportación paciente de detalles pequeños.

Los árboles, las plantas y las flores, agradecidos con la lluvia, permanecían callados, atentos a sus enseñanzas. Sabían que el matorral, de infausto aspecto, destilaba odio y veneno. Sus espinas rasgaban y sus hojas envenenaban.

Tras una mañana de trabajo, la lluvia, finalmente, concluyó su tarea y se retiró a otras comarcas, no sin antes hablar con el matorral que la acosaba y espiaba:

-Matorral, he terminado mi labor. Me retiraré, pero te aconsejo, amigo mío, que asomes al charco que formé junto a ti, no solo para que te nutras, sino con el objetivo de que te descubras de frente, definas tus rasgos y tu semblante, sustituyas tus gestos amargos por una apariencia feliz, dadivosa y amable de todo ser que proviene de la esencia y de la fuente infinita.

-¡No lo creo! -replicó el matorral.

-Al descubrir tu imagen, notarás en el reflejo que a tu alrededor hay otras criaturas -árboles, plantas, flores- que coexisten libres y plenas, agradecidas y justas, dispuestas a dar lo mejor de sí y a decorar el paisaje con los colores, las formas, los sabores y las fragancias del paraíso.

Irascible, el matorral contestó:

-¿He de ocuparme en dar de mí, en desprenderme de lo que soy y tengo? No, lluvia. Mi odio me impide compartir. Solamente conozco el mal y soy capaz de espinar, herir y envenenar. Alejáte de mí.

Ya convertida en llovizna fugaz, la visitante agregó:

-Y cuando te descubras dichoso en el reflejo del charco, con la decisión de eliminar tu maldad, quizá te darás cuenta de que a tu alrededor coexisten seres maravillosos y que arriba se extiende un cielo inagotable, bello y cautivante, que de día te regalará la luz, las tonalidades de la vida, mientras en la noche, en cambio, te obsequiará las estrellas como faroles y la oscuridad para que tengas oportunidad de descansar e internarte en ti, en tu ser, hasta que percibas el palpitar de la creación, te encuentres y tu esencia recuerde que el bien atrae la inmortalidad.

Y la lluvia, envuelta en su ambiente prodigioso, marchó a otras rutas.

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El encanto y la magia de las palabras

SANTIAGO GALICIA ROON SERRALLONGA

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A usted

La magia de las letras consiste, quizá, en impregnarlas con un tanto de usted y de mí, de tal manera que, en las páginas del cuaderno de notas o del libro, otros descubran y sientan, al leerlas, la locura de un amor convertido en poema. El encanto de las palabras se basa, tal vez, en resumirla a usted, con todo lo que es y significa, cuando hablo de mí, y en sintetizarme al definirla. Somos uno y otro. El encanto de los textos, impresos o no, se debe, en parte, a que se trata de vivencias y de sueños, de ilusiones y de suspiros. de pausas y de capítulos. El sortilegio de nuestros poemarios se debe, creo, a que uno o cualquiera, al leerlos, adivina el nombre de usted y el mío. Cuando trazo una letra y completo palabras, sentimientos e ideas, inspirados en usted, los signos se transforman en música que sustraigo de nuestras profundidades y del infinito, en caricias que el viento arrastra de parajes lejanos y rincones secretos, en colores y en fragancias que las orquídeas, los tulipanes, las rosas y los crisantemos regalan al mirarnos, simplemente, dichosos y sonrientes. El encanto y la magia de las palabras, al escribirlas, se fundamenta, principalmente, en que son tan fieles a usted que no están dispuestas a abandonarla ni a ir con alguien más.

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El beso de una dama

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Disculpe que la interrumpa. Es que al descubrirla a usted, frente a mi mirada, me resulta imposible resistir el impulso de preguntarle cómo es el beso de una dama. Es, quizá, simple curiosidad, o tal vez, creo, el deseo de recibir un ósculo de usted, con algo del mundo y del cielo, mezcla digna de la fórmula del amor. El beso de una dama es, parece, fragmento y sabor del paraíso, trozo de dos -hay un caballero para ella-, eco celeste. Una dama, pienso, besa con ternura, simplemente como la flor blanca y enamorada que comparte la pureza de su esencia; aunque en ocasiones sea igual a la hierba silvestre que el viento agita al soplar desde algún rincón secreto. El beso de una dama -intuyo- trae consigo los sabores del paraíso, los condimentos del infinito, la sazón de la arcilla y de la esencia. El beso de una dama no traiciona ni se malbarata en fracturas para uno y otro; es, sencillamente, un acto fiel, algo que ella obsequia a alguien especial, a un caballero que dispersa pétalos de flores a su paso. Es un suspiro que se da, un poema aún no escrito, una nota musical. El beso de una dama es la corriente diáfana en un remanso apacible y el mar impetuoso una mañana, una tarde o una noche de tormenta. El beso de una dama es, supongo, la receta de Dios que ella trae al mundo, con sabor a corriente etérea y a barro, con el encanto del amor.

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