Solamente, si usted quisiera

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Al pronunciar su nombre, suavemente, me pregunto si le gustaría que, con las mismas letras, le escribiera algo, un poema, un texto, un te amo, para que me sienta, como antes y siempre, en usted, y me descubr en su mirada de espejo y en su pulso, en su esencia y en su textura. Al recordarla, casi me atrevo a interrogarla con el objetivo de proponerle ser su aurora y su ocaso, su día y su noche, para acompañarla y nunca renunciar a usted. Si me aceptara como su amanecer, tenga la certeza de que sería el sol que asomaría a su ventanal con la idea de anunciarle que la vida inicia otra vez con nuevas tonalidades, el perfume de la flor que con delicadeza se impregne en su piel, la policromía intensa del paisaje que maquille su rostro, la abeja que endulce sus horas, el pájaro y la mariposa que la lleven, en un vuelo encantador e irrepetible, por las rutas de la vida y de las ilusiones. Y si usted quisiera, sería su noche para, así, inspirarme y escribirle poemas. Me volvería luciérnaga capaz de alumbrar su andar y estrella interesada en guiar su caminata a los sueños. Si usted quisiera, simplemente me volvería la mañana y la noche de su existencia, La dibujaría, la pintaría, la diluiría en las notas musicales y en mis letras, para tenerla conmigo en mi arte, en mis motivos, en mis detalles. Solamente, si usted quisiera.

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La flor que se deshoja, silenciosamente, entre las páginas de un libro

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La flor que un día lejano fue regalo e ilusión, es el poema que se conserva en una caja -la de los recuerdos, dulces o amargos-, o entre las páginas de un libro con aroma a papel, tinta, perfumes y un viejo romance. Los pétalos que se desprenden de la flor guardada en el armario, son pedazos de amor que tuvieron fragancias, colores y texturas. Las flores secas que se atesoraron cierta vez, tras provocar ilusiones y suspiros, con la idea de un amor bello y sin final, agonizan en la desolación, mientras algún corazón se apaga silenciosamente. Los pétalos secos que uno, al cambiar las páginas de un libro, descubre en el naufragio, huelen a idilios añejos, a alegrías pasajeras, a ilusiones y a sueños que duermen profundamente. La flor que, en otra fecha, alguien obsequió, es, simplemente, un pedazo de amor que quedó en el camino y que se deshoja irremediablemente.

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Vete de mi lado

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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-No te quiero a mi lado. La vida humana es tan breve, que apenas uno dispone de tiempo para hacer algo grandioso, dejar huellas indelebles y evolucionar. Te equivocas conmigo. No dispongo de días para atenderte. Vete lejos, al destierro, sin causar daño. No pretendo alojarte en mí- advertí, enérgicamente, al coronavirus que, desde hace tiempo, me espía y pretende sorprenderme en la esquina, en las calles, en el parque, en cualquier sitio insospechado.

Desde su diseño y creación, en laboratorios de científicos mercenarios, patrocinados por una élite perversa que intenta apoderarse de la humanidad y del mundo, en un debut grotesco que, en 2020 y 2021, asesinó y afectó a millones de personas, el coronavirus ha intentado acercase a mí, coquetearme y tender redes mortales; pero no me simpatiza y no lo deseo a mi lado ni cerca de mi familia ni de la gente que tiene derecho a la vida. Es una porquería que se encuentra al nivel de quienes lo diseñaron, inventaron y dispersaron en la geografía mundial.

-No. Definitivamente no te quiero. Eres un criminal e invasor que, disfrazado de forastero, sirves a intereses mezquinos. Tu presencia no es grata. Regresa con quienes te inventaron y diles que aquí, en el planeta que desean saquear, todavía existimos hombres y mujeres que no nos doblegamos ni nos amedrentamos ante los fantasmas y las sombras que otros, en la oscuridad, crean con la intención e aterrorizar y convertirnos en simples marionetas sin alegría, sentimientos, ideas y sueños- le expreso, racional, al coronavirus, y le cierro las puertas y las ventanas para dejarlo sin opción de asomarse.

Y así sigo, con mi familia, mis amistades y la gente que me rodea, protagonizando una historia que anhelo sea grandiosa e inolvidable, en busca cotidiana de la fabricación de una biografía plena e irrepetible que derrame amor, bien, conocimiento, mientras el coronavirus permanece escondido en los rincones, en los pasillos, en cualquier lugar, para atacar el menor descuido. Es traidor y despiadado.

-Siento tu presencia. Sé que nuevamente te dispersaron en el ambiente. Vuelves a atacar con uno de los tantos rostros que tienes. Tu nueva versión pretende llevar, nuevamente, a incontables personas a la cremación, a la sepultura, donde yo te depositaré si intentas tocar a mi puerta- advierto al coronavirus-. Y conste que no es amenaza ni declaración de guerra. Ni siquiera te necesito para valorar y entender la vida porque la amo incondicionalmente. Sencillamente, tú tienes el descaro de acosar, invadir y enfermar a hombres y mujeres de cualquier edad, sin respeto, brutal como eres, igual que tus patrones. ¿Ya olvidaste que dos años antes te sentía venir? Retírate de nuestro camino. Nosotros elegimos un destino luminoso, un sendero grandioso; tú, en cambio, acechas, cobarde y escondido, en los caminos inciertos de la vida.

No ignoro que, en sus primeras versiones, en su presentación estelar, atentó contra las otras generaciones, las de las personas mayores, y a muchos los asfixió sádicamente y los hizo sufrir. Rompió familias. Destruyó sueños, ilusiones y proyectos. Desdibujó sonrisas. Alteró estados de ánimo, sentimientos, planes, anhelos, creatividad y pensamientos. Causó mayor cantidad de dolor, mal, estragos y desgracias que las bombas, evidentemente con el apoyo y la participación de una élite dominante y sus mercenarios y servidores los científicos, los medios de comunicaciión masivos y los líderes, entre otros.

-¿Acaso crees que permitiré que raptes la alegría, el bienestar, la salud y la vida de mi familia y de la gente que amo? ¿Pretendas que me rinda y te diga, oh, señor, ganaste la batalla, diles a tus creadores que me anoten en sus estadísticas y que de hoy en adelante he perdido la voluntad? No eres mi invitado. Tu presencia no es grata.

Escucho sus pasos y su respiración en la azotea, en el jardín, en cada espacio, acaso porque desea robar mis suspiros, probablemente en un intento de romperme y quebrantar a mi familia, quizá con la intención de que renuncie a la inspiración artística y a la tinta y al papel, tal vez por ser su función y su tarea destruir. Está hecho para causar sufrimiento.

Me persigue, como a ti, a ellos y a ustedes. Está atento a mis sentimientos, a mis palabras, a mis acciones, a mis pensamientos. Busca poros y ranuras para entrar exabrupto; pero desconoce -al fin consecuencia de la invención de seres humanos transformados en deidades- que la Mente Infinita, a la que pertenece mi alma, actúa y desvanece sus conspiraciones.

-No estoy distraído ni enajenado con la seducción de las redes, la estulticia y las superficialidades, y eso, coronavirus, no te agrada y disgusta a tus creadores. Aléjate de mi familia y de mí. No molestes a la humanidad. Somos libres y tenemos derecho a la felicidad y a realizarnos plenamente. Retorna a quienes te fabricaron. ¿Te gustaría permanecer sepultado y escuchar, en la profundidad de la tierra, el susurro del viento, el canto de la lluvia, o sospechar que afuera, en la superficie terrena, la naturaleza pinta sus paisajes con los tonos más bellos y que las flores, perfumadas, se expresan incansables? ¿Quieres ser polvo mientras la vida renace cada instante y palpita incesante al ritmo de la esencia infinita?

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He guardado las letras de mis poemas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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He guardado las letras de mis poemas con la idea de entregártelos en otra fecha, algún día -el menos esperado, quizá-, cuando aparezcas de nuevo en mis sueños y en las andanzas de mi vida. He desarticulado cada palabra de mis textos poéticos con la intención de conservarlos como fiel recuerdo y vivir de nuevo, al leerlos, la emoción y la ilusión de sentirme tan enamorado. He desmantelado de los cuadernos y de las libretas las historias que compartimos para que nadie hurgue, cuando no estemos, lo que es tan nuestro. He atesorado las páginas que escribí, inspirado en ti, como las abuelas al colocar, en sitios especiales de sus roperos, los objetos tan queridos. He desbaratado palabras, textos, poemas y cartas, acaso sin darme cuenta de que, al guardar las letras, los acentos y los signos de puntuación, me llevo pedazos de nosotros. He recogido del camino las flores que cultivé para ti porque deseo, en otro plano, entregarte el jardín cautivante que te prometí, un paraíso como el que uno suele imaginar cuando se enamora. He reservado, para otro instante, los rumores y los silencios, las confesiones y los secretos y los encuentros y los desencuentros de la historia que es tan nuestra y que llevamos en nosotros. He recolectado, en mis encuentros conmigo, tus perfumes y tu sonrisa, tus memorias y tus olvidos, tus anhelos y tus motivos. He desarmado las páginas escritas que ahora, ante el delirio de las horas y de los días, son hojas secas que el viento desprende de los árboles y que se asolean, solitarias, en las calzadas de los parques. He apartado de la historia, nuestros capítulos, los relatos y los idilios que tienen tu nombre y el mío, enlazados en instantes de felicidad, para que nadie los altere ni haga creer a otros que el amor no existe. He guardado las letras de mis poemas, no porque ahora no te ame, sino con la intención de conservar eternamente lo que es tan nuestro.

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Mis citas con las letras

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Acudo, puntual, a mi cita, a mi encuentro cotidiano con las letras, en la esquina del cuaderno de notas, al centro de la pantalla, en cualquier parte, sin importar el minuto, la hora y la fecha, porque, en un idilio, como el mío con el abecedario, sus puntuaciones y sus signos, es preciso entregarse por completo. Así, entre soledades y compañías, rumores y silencios, tareas y descansos, ausencias y presencias, cargas y liviandades, me fundo en las letras, armo palabras, compongo obras, textos que son pedazos de mí, expresiones de mi inspiración, fragmentos de lo que siento y pienso. No quisiera marcharme, una noche o una mañana, una tarde o una madrugada, con impuntualidades en mis encuentros con el arte, porque, entonces, sería un escritor infiel, un caminante que no deja huellas a su paso. En el arte, las citas suelen presentarse inesperadamente, sin agendar ni programar, quizá porque es libre y toca a los sueños, acompaña día y noche, en la vida y en la muerte, en la temporalidad y en el infinito. Me despierta la inspiración, me llaman las letras y las palabras, me acompaña el arte. Desde el amanecer, entre una inspiración y otra, en medio de mis tareas, alrededor y dentro de cualquier actividad, me presento entero ante las letras, el papel y la tinta, en un acto de amor puro que concibe textos y obras. Acudo, puntual, a mis citas irrenunciables con el arte, a mis momentos de amor las letras.

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La tinta del bolígrafo

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La tinta de mi bolígrafo se agota, como se va mi vida, igual que el cauce de un río que, tras mucho andar, una mañana o una tarde, en alguna fecha cercana o distante, no regresa más ni alivia la sed de los árboles, la vegetación y la tierra. Agoniza el repuesto de mi bolígrafo. Entre un suspiro y otro, destila las gotas postreras de tinta al yo trazar, en el cuaderno de notas, mis letras y mis palabras, mi arte escrito que vuelvo sentimientos, vivencias, sueños, ilusiones, pensamientos e ideales. Cada vez más débil, pero ausente de muletas y vendajes, la tinta apenas completa el texto que escribo; habla y enmudece, cae y se levanta, pinta y deja huecos, pausas, espacios, que promueven su despedida. Es como la vida humana que, en su hermosa primavera, traza y pinta colores, plasma sueños e ilusiones, imprime su energía y su ánimo, para, más tarde, en el verano intenso, sentir, pensar y actuar con fuerza y madurez, hasta que, al llegar la noche, aparecen, con frecuencia, el cansancio, los síntomas que anticipan la culminación de la existencia. Hoy, al consumirse la tinta de mi bolígrafo, tengo mucho que agradecerle y tanto que aprender de sus lecciones. Un día de antaño, la tinta fue precisa y firme, y otro más, también, durable y fuerte; pero, en este plano, la estancia es temporal. Se acabó la tinta. Resulta extraordinario y maravilloso que lo que parecía un simple cartucho de tinta, haya contribuido a mi labor artística y que las gotas que destiló, en un instante y en otro, fueran para una causa noble y se aplicaran al bien, a la reflexión y al amor. Apenas escribí las letras y las palabras que forman este texto y la tinta, compañera de tantas jornadas de creación e inspiración artística, cumplió su encomienda, como quien después de vivir tanto, muere en paz y con la satisfacción de llevar consigo una historia digna, noble, épica, buena y honesta. La tinta se ha terminado, como acaba una vida o se extingue el día al encontrarse, en su cita diaria, el cielo y el océano, en el horizonte, y resplandecer con sus matices amarillos, morados, naranjas y rojizos. La tinta del bolígrafo se acabó, como a una hora, en el mundo, termina la vida.

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Princesa, la inolvidable Princesa

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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In memoriam

Era parte de la familia. La amábamos y consentíamos tanto que, ahora, al proyectarse su dolorosa y triste ausencia en cada rincón de la casa, en el jardín, en los sitios que le encantaban y en los que asoleaba diariamente, sentimos un vacío profundo, un hueco que lastima, una falta que no se sustituye, porque ella, Princesa, era irrepetible, bella, sensible, amorosa e inolvidable.

Princesa fue, desde que nació hasta el día postrero de su existencia, una doncella elegante y distinguida, siempre cercana a nosotros, a mi familia y a mí, con muestras de cariño y lealtad, digna, respetuosa, imperial. Vivió 14 años con nosotros, casi década y media de nuestras existencias, tiempo suficiente para protagonizar y compartir una historia, con sus claroscuros. Nos lleva en su memoria y siempre estará en la nuestra. Tenía nombre y apellidos -los nuestros-, y se sabía de casa. En su infancia, en la otra orilla de su vida, conoció a mi madre, que era como ella, un ser cargado de luz.

Realmente, Princesa, la grandiosa e inolvidable Princesa, vivía en casa de una de mis hermanas, al lado de mi sobrino -vecinos míos-, y siempre acompañó a la familia, incluso en los destierros y en las mudanzas, en las alegrías y en las tristezas, en los movimientos y en las pausas, en las alegrías y en las tristezas, en las risas y en el llanto, en las compañías y en las soledades.

Supo, y entristeció mucho, cuando mi madre pasó por la transición aquella mañana del 7 septiembre de 2010, y no se separó de la habitación, dos años más tarde, cuando el marido de mi hermana permaneció desahuciado en una de las habitaciones de la casa. Fue su fiel guardián.

Al nacer mi sobrina, hija de mi hermana menor, Princesa la acompañó durante varios días, como si la cuidara, hasta que ellas regresaron a su casa. Y así era, fiel, amorosa y protectora con toda la familia. Vivió intensamente, disfrutó cada instante de su existencia y trascendió cotidianamente, hasta, finalmente, unirse a la gran luz.

Hace aproximadamente un mes -oh, quién iba a saber que pronto transitaría a un plano superior-, enfermé por un descuido intestinal. Los dolores eran tan intensos, que creí que terminaría en el hospital. Estaba en casa de mi hermana, quien me atendía con esmero y amor, preocupada por lo que me sucedía.

Perceptiva y atenta a todos los acontecimientos familiares, Princesa supo e inmediato que me sentía demasiado mal. Renunció a su paseo nocturno con la intención de permanecer a mi lado, hasta que, en determinado momento, saltó a mis piernas, en el sillón de la sala, con la idea de recargarse en mi abdomen, como para transmitirme su energía sanadora.

Oh, creo que no he dicho que Princesa era un felino, una gata que fue intensamente feliz. Diariamente, cuando salía de mi casa, la encontraba en el jardín. Esperaba el instante adecuado para saludarme. Aquel acto de nobleza y amor, significaba mucho para mí. Tocaba a la puerta de la casa de mi hermana, que es mi vecina, y Princesa entraba plena y soberana, con la grandeza y la sencillez de su linaje. A mi regreso de mis actividades cotidianas, ya me esperaba. Surgía del follaje de un árbol o salía de algún jardín vecino, e incluso debajo de los automóviles, donde se reunía con otros felinos, simplemente para saludarme y expresarme su más puro amor.

Ya no está con nosotros. Así es como uno, con el tiempo, va quedando solo, con vivencias y recuerdos, con sueños y anhelos. Era compañera fiel e inseparable, y lo mismo me amó cuando vestí formalmente que informal, porque buscaba no las apariencias ni lo que pudiera uno darle, sino la esencia, el amor real, la transmisión de sentimientos. Y eso la hacía especial e irrepetible. La extrañamos. Duele su ausencia. Estoy seguro de que a ella no le hubiera gustado vernos sufrir. Lo entendemos, pero lastima que ya no esté con nosotros. Cumplió su ciclo.

Princesa era tan noble de sentimientos, pura, sensible y cargada de amor y energía, que hubiera expuesto su vida por nosotros, por cualquier miembro de la familia y por mí. Me atreveré a confesar y declarar que, en mi caso, me regalaba más momentos de amor, compañía, detalles y atención, que tantas personas, cercanas y lejanas, que fingen cariño. Hay personas excelentes y muy buenas, pero también aquellas que transitan por la vida con máscaras y vestuario que no es de su talla. El amor y los sentimientos de Princesa fueron auténticos. Se presentó, ante la vida y con nosotros, de frente, como era.

Con Princesa, aprendí a entender el reino animal y a amarlo más. Hay seres que, por sus sentimientos, por sus reacciones y por sus actos, demuestran el material del que están hechos, como nuestra amada Princesa, con textura de felino y esencia resplandeciente. Princesa, que siempre estuvo cerca e la luz por su valor interno y por lo que significó para nosotros, que fuimos testigos de su naturaleza y de sus motivos, ahora es más sublime.

Estos días, tras su muerte, me he enterado, por conversaciones con los vecinos más próximos, que visitaba diferentes hogares, donde los moradores le ofrecían agua y alimento. Era libre y plena. Le encantaba su casa y la disfrutaba mucho; pero también su soledad y su compañía, en la calle y en los hogares, con los niños y con otros gatos.

Fue una vecina que ama a los animales y da todo por protegerlos y salvarlos -Rosi-, quien hace media semana, al salir de su casa, alrededor de las ocho de la mañana, descubrió que un perro blanco atacó sorpresivamente a Princesa, cuando disfrutaba el sol y el viento en la calle, hasta dejarla mortalmente herida, independientemente de que algo más le sucedió previamente, de acuerdo con el veterinario que la atendió con profesionalismo.

Todavía una noche antes de su transición, al retirarme de la casa de mi hermana -la última que vi a Princesa físicamente-, la hermosa gata asomó con la finalidad de despedirme y cerciorarse de que iba a mi morada. Fue una despedida temporal, lo sé muy bien. Sentí su amor profundo y real. ¿Puede existir amor más grande, puro y sublime? Eso es, simplemente, estar cerca de Dios, en esencia y ganarse el cielo, y no importa si se es humano, helecho, flor, hoja, abeja o gato.

Los seres humanos somos ciegos y torpes, mutilados y soberbios, al grado de sentirnos eje de la vida, del universo, de la creación. Incluso, pensamos que nuestro nivel es superior al de las plantas y los animales. Tan pesada y, a la vez, ligera y superflua es la carga que llevamos, que, arrogantes, no recordamos nuestro origen y creemos que somos ricos con las piedras brillantes que arrebatamos o encontramos en el camino.

No volví a ver más a Princesa. Pasó por la transición la madrugada del viernes 18 de marzo de 2022. Sedada, luchó dignamente en la clínica veterinaria; pero su estado de salud y su edad no la favorecieron. Y cumplió su ciclo. Llegó y se marchó digna, cautivante, valerosa, imperial y sencilla, como quien ha cumplido su encomienda.

Durante 14 años, tuvimos a nuestro lado un ser maravilloso, con textura de gato y esencia de luz, como bendición y regalo, prueba que demuestra que los seres angelicales son reales. Fue un honor y un privilegio tenerla entre nosotros. En verdad, lo confieso, Princesa me enseñó mucho.

Esa tarde, cuando el veterinario entregó el cuerpo yerto, mis hermanas envolvieron a Pincesa en una sábana y salieron de casa, la mayor con su hijo y la menor con su hija, y caminaron por la calle que tanto disfrutó durante sus últimos años de vida. Se trasladaron al cerro que colinda con los fraccionamientos y buscaron un paraje abrupto, entre árboles y plantas, con la idea de sepultarla. Su cuerpo yace en el cerro, desde el que se admiran la naturaleza exuberante y la ciudad que se extiende, antigua y moderna, son sus silencios y rumores, quizá con los colores de la vida, probablemente con el vuelo de las aves, tal vez con el resplandor del amanecer y los luceros de la noche, acaso con los ecos de un mundo que solo es estación, puente a otras fronteras, al que venimos a soñar y a vivir. Mi hermana la recibió, hace 14 años, cuando apenas tenía un mes de edad, y la cargaba en una canasta pequeña, hasta que creció y la seguía como quien, juguetona e inocente, va detrás o al lado de su madre; pero en el ocaso de su existencia, la devolvió a la naturaleza, a la vida palpitante.

Hoy -y no me parece congruente hablar de temporalidad en el infinito-, una criatura sublime ha retornado, digna y magistral, al origen, a la morada, al hogar, y la sentimos en nuestras almas porque tuvimos el privilegio de contarla entre los seres humanos de nuestra familia. Y no, no he perdido la razón ni me siento confundido por la nostalgia; sencillamente, me consta que así es.

Gracias, Princesa. Te percibimos desde la profundidad de nuestras almas, donde, tú lo sabes, la temporalidad se diluye y aparece, bello y prodigioso, el infinito. Te sentimos con nosotros. Al retornar a la morada inmortal, al hogar, seremos, como tú, las gotas que forman el grandioso manantial etéreo.

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De eso, creo, estamos hechos

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Soy de tantos aromas y matices, vengo de innumerables auroras y ocasos, tengo demasiados linajes e historias, con pasados y presentes, con mañanas certeros e inciertos que ya se sienten, que, en verdad, no podría, en una guerra, apoyar a unos y despreciar a otros, porque significaría romperme, traicionar mis códigos y mis significados, y quedar yerto, aquí y allá, en un lugar y en otro. Me resulta imposible, acaso por mi esencia, probablemente por mi textura, quizá por la sustancia etérea y la materia que me componen, tal vez por eso y más, dividirme y crear rivalidades entre mis trozos. No me atrevo a pelear dentro ni fuera de mí. Al agredir a otros, atentaría contra mí. Me forjé con la herencia que traigo en mi memoria, con los capítulos que he protagonizado, con todo lo que uno trae, con lo que siembra y con lo que cosecha; en consecuencia, soy incapaz de empujar a otros al precipicio o de tenderles acertijos y trampas. Estoy hecho de pedazos e hilvanado con orígenes de tantos parajes y rincones, con una corriente etérea que me impide causar daño. Es preferible, en una guerra, amar que odiar, dar que arrebatar, compartir que acaparar, sonreír que mostrar un rostro arrogante y despiadado. Quiero el amor, el bien, el progreso y la paz en el mundo. De eso, creo, estamos hechos.

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Y si mañana, cuando amanezca otra vez, descubre usted que no fue un sueño…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y si mañana, cuando amanezca otra vez, ¿descubre usted que nuestra historia no fue un sueño ni terminó al despertar? ¿Y si se convence de que, en un amor como el nuestro, el guión no tiene final y sí, en cambio, posee continuidad y se renueva cada instante? ¿Y si le platico a usted que el amor viste distintos colores en cada estación, siempre con tallas a nuestra medida y con los estilos que compartimos y deseamos? ¿Y si, tras mucho soñar, despertamos en un paraíso con flores, como las que, a hurtadillas, dejo cada mañana en su almohada impregnada de su exquisito perfume y de su encantadora presencia? ¿Y si, al abrir la ventana y asomar al jardín, mira las hojas del árbol y se da cuenta de que, en cada una, hay una palabra escrita, letras que se abrazan, como usted y yo al contemplar una noche estrellada o al mojarnos una tarde de lluvia, hasta formar el más bello y romántico de los poemas? ¿Y si esta noche, al dormir, usted se sumerge en las profundidades de su alma, y yo, igual, con la intención de reunirnos en los sueños y, juntos, despertar, al amanecer, para jugar a la vida y al amor? ¿Y si, después de leer mis textos, se encuentra e identifica en cada letra y palabra que le escribo? ¿Y si mañana, al despertar, usted se da cuenta de que los sueños son estaciones, paréntesis, descansos, regalos de Dios, para seguir viviendo en el mundo y en algún paraíso que se intuye desde el interior? ¿Y si mañana, al despertar, asoma al espejo y me descubre en su mirada?

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Te encontré

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Te encontré en las letras que trazo, en las palabras que escribo, en las anotaciones, en los relatos, en las historias y en los poemas que compongo. Te descubrí hasta en la puntuación y en los acentos de mi prosa, en mis locuras y en mis razones, resguardada en expresiones que delatan, también, mis sentimientos e ideas, mis detalles y motivos. Te vi, a hurtadillas, en mis apuntes, entre papeles y tinta, en páginas interminables -electrónicas y de papel-, con tu aliento mágico que sopla con el aire y que recibo con la lluvia en burbujas de inspiraciones. Te miré en mis letras, abrazada de las palabras, y entendí, en consecuencia, que siempre estarás conmigo, simplemente porque una musa jamás abandona a su escritor ni un artista renuncia a quien le inspira sentimientos y razones, al escribir y al soñar, al andar y al vivir.

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