Sin prisa, febrero se marcha

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sin prisa -he comprobado que la vida tiene un orden y un sentido cuando se le entiende y se le respeta-, goza su estancia en la temporada 2021. No volverá más durante este año, motivo por el que ha experimentado plenamente, desde que llegó, cada minuto. Sabe que los momentos, dulces o amargos, alegres o tristes, buenos o malos, son irrepetibles. Es febrero, el más pequeño de la familia, a pesar de ser el segundo hermano desde que inicia el año. No tiene maletas. En realidad, no tendría sentido cargar objetos que pertenecen al mundo y que, en consecuencia, no le servirán durante el viaje. Tampoco se apresura ni se siente melancólico ni nervioso. Conoce su encomienda y su destino. Llegarán la hora y el día en que mire de frente, en la estación, a marzo, su otro hermano, como alguna vez, al nacer, cruzó con enero, el primogénito de la familia. Son asuntos de ellos, los meses, quienes conocen sus deberes y sus locuras. Febrero no pretenderá vivir más de lo que le corresponde, ni peleará con marzo, y menos se atreverá a ofender a enero. No ambicionaré el espacio que ya ocupó. Permanece en su campamento. Hay que saludarlo y disfrutar su compañía, vivirlo en armonía y con equilibrio, antes de que se marche y se convierta en ayer, en historia, en recuerdo, y nosotros, en tanto, en cosas rotas y desprovistas de sentido.

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A mis lectores, a mis compañeros blogueros y a mis seguidores

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A todos mis amigos lectores, compañeros blogueros y seguidores:

Hoy, al finalizar 2020 e iniciar 2021, quiero agradecerles sus atenciones, sus comentarios, sus detalles y su respeto hacia mis textos y publicaciones, los cuales escribo y comparto con mucho gusto. Gracias por estar presentes.

Aprovecho la oportunidad para reiterarles mi amistad y mi compromiso de dar lo mejor de mí para ofrecerles calidad. A todos les doy las gracias por estar conmigo. Tienen mi amistad y respeto.

Más allá de creencias, ideologías y fronteras, reciban bendiciones. Les deseo lo mejor de la vida. Y anhelo, en verdad, que sumemos y multipliquemos cosas buenas con el objetivo de cambiar la dirección del mundo hacia algo más bello y pleno..

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Se va 2020

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Se va 2020. Es su día. Es su tarde. Es su noche. Sí. Hay que entenderlo, es su noche postrera. Nos mira, a los humanos, desde su ocaso, en el horizonte, alegre y nostálgico -no lo sabemos-, o indiferente a nosotros, a lo que sentimos, quizá delirante, o tal vez silencioso y tranquilo. Saluda desde su ancianidad, si es que envejecen los hijos del tiempo. Se sabe célebre e inolvidable, pero no le conmueven la fama, las emotividades y las cosas del mundo. Hay a quienes urge que se marche lejos, mientras otros, en tanto, desean tenderle una trampa, capturarlo y triturar cada uno de sus instantes, todos sus días, sí, quieren castigarlo y, al final, exhibir su rostro adolorido en la horca; pero es inocente, libre de culpa e indigno de condena por no ser autor ni ejecutor de las fechorías que se le imputan. Se cruzan, en la estación, 2020 y 2021. Algunos piensan que se trata del sepulcro frente al cunero, probablemente por la incapacidad de saber que los días, marcados por estaciones, son una prolongación, un acontecimiento ininterrumpido. Apenas se abrazan y saludan, cada uno con su nombre y su apellido, con las luces y las sombras que, sin sospecharlo, les matizan los seres humanos. Se marcha 2020, sin prisas ni remordimientos, aunque lo crean prófugo, con sus estaciones de primavera, verano, otoño e invierno, y sus amaneceres y anocheceres, incluidos los mediodías, las tardes y las madrugadas. Se desvanece 2020. Carga sus maletas sin faltantes, con el confeti y la serpentina de las fiestas y las lágrimas y las flores marchitas de los dolores. Unos piensan que 2020 se lleva mucho de nosotros -a nuestra gente, selvas, animales, oxígeno, planes, alegrías, ilusiones, salud, vida, familias, valores-, y otros aseguran que enseñó demasiado. Muchos lo culpan. Varios lo exoneran. Otros más lloran por los días que vienen. Y no fue el año culpable de los males. Ninguna fecha planea el mal. 2020 llegó viajero y se hospedó en un mundo que ya tenía historia. Y así se va, ligero. Nosotros -hombres y mujeres-, permanecemos aquí, en el mundo, con las listas de ausencias y los huecos que dejaron quienes verdaderamente se marcharon del escenario terreno. Aquí estamos, en medio de la vida y la historia, con la posibilidad de enfrentar, con la razón, los desafíos, las pruebas y los retos que se presentan, o amilanarnos y caer, igual que lo hemos consentido desde hace décadas, en la indiferencia, el egoísmo y la pasividad. Esta noche -puntualmente a las 12-, 2020 se habrá marchado y se encontrará con nosotros 2021, igual que el otro, su antecesor, y de cada persona y sociedad dependerá, como siempre, fabricar su dicha o construir su desgracia. Somos nosotros, no las fechas, quienes generamos lo bueno y lo malo de la vida. Si deseamos vivir en un mundo de paraísos, cultivemos flores, dibujemos sonrisas, pintemos colores, amemos, hagamos el bien y demos lo mejor de nosotros a los demás. Merecemos realizarnos plenamente, volar libres, vivir en armonía y con equilibrio, condiciones que no dependerán de los calendarios, sino de cada hombre y mujer. Hoy, abrazo a cada uno, en minúsculas y en mayúsculas, en femenino y en masculino, en todos los idiomas y en las diferentes razas y creencias, con la idea de abrir mi alma y transmitirles mis sentimientos más nobles y el anhelo de que se encuentren a sí mismos, abracen a sus familias, valoren la salud y la vida. 2021 y los siguientes años, esculpirán, a su paso, los signos del tiempo en cada persona. Dependerá de nosotros, empezar desde ahora a dibujarnos sonrientes, dichosos, saludables, enteros, resplandecientes de la luz del bien y la verdad. No permitamos que otros, con intenciones perversas, nos desdibujen y abandonen en la arena desértica del mal y la desmemoria. Rescatemos nuestra esencia. Es la luz. Los números de un año o cierta fecha no marcarán nuestro destino feliz o infausto. Somos nosotros -tú, yo, ustedes, ellos, todos- quienes tenemos la decisión y el poder de liberarnos de las ataduras que otros han colocado en nuestros sentimientos, ideales, planes y pensamientos. 2021 y los años que vienen, indiferentes como su silencio, deben quedar inscritos en la historia como el despertar de la humanidad. Gracias a cada uno de ustedes por estar presente y ser quien es. A todos les deseo lo mejor de la vida.

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El péndulo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los segundos y los minutos son, parece, niños que anhelan crecer y transformarse en adolescentes, en horas que suspiran por mirarse retratadas en la juventud de las mañanas y enamorarse entre sí para sumar y multiplicar su descendencia, en días y en meses, y recorrer las estaciones de primavera y verano, otoño e invierno, hasta madurar en años, en décadas, y una fecha incierta, casi sin darse cuenta, provocar los suspiros postreros de quienes miran con asombro las carátulas del tiempo y la caminata impostergable de las manecillas tan capaces de echar a andar los engranajes, el péndulo y la música enigmática de los relojes. Tal poderío y libertad tienen los instantes, los momentos, que parecen fugaces y, no obstante, construyen años, centurias y milenios. Y así, una mañana nebulosa y fría o una noche desolada y silenciosa, la gente acude al espejo para contemplar su realidad presente, y descubre, con sospecha, que el segador corta la lozanía y la existencia. Dicen algunos que el tiempo es fugaz, pero resulta innegable que, antes de partir, esculpe signos de su paso, o acaso no existe y definitivamente solo es una medida en este plano para contabilizar los años de vida y organizar las labores. Veo a los niños ansiosos de crecer y a los ancianos que añoran sus días lozanos de antaño y caminan como midiendo cada paso y sintiendo la carga del tiempo, y me pregunto acongojado, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿quién soy? Igual que el viento que, dicen, se siente y es imposible atraparlo, presencio el tránsito infatigable de los días y los años que me acompañan en los furgones de cada estación. ¿Son los años que me acompañan y me encadenan, o soy quien posee la facultad y el poder de romper candados y barrotes para vivir en armonía, con equilibrio y libre y plenamente cada instante huidizo, con la idea de hacer de mi existencia una historia maravillosa e inolvidable y prolongarla, después de mi breve estancia en el mundo, a otros destinos del infinito? No importa mi edad. No soy joven ni anciano. Tengo ayer e historia, y por delante contemplo el paisaje hermoso de páginas en blanco que me esperan con la finalidad de protagonizar capítulos épicos. El momento actual es lo que tengo para vivir y pronto, casi imperceptiblemente, se desvanece y se transforma en ayer. Si deseo convertir mi historia en un apunte bello y magistral, apenas dispongo del tiempo y el espacio para hacerlo, a pesar de la frecuencia con que escucho las campanas del reloj y su péndulo que se columpia placentero e indiferente a mi vida.

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