Las letras, en el arte

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Las letras, en el arte, son el bosque del que se desprenden hojas con mensajes inscritos desde algún rincón del paraíso. Las palabras que surgen de la inspiración, las traen los murmullos y los silencios de la creación. Las expresiones literarias, en las páginas de los libros, son, simplemente, la voz de Dios que relata guiones que aún no convierte en historias de personajes reales, notas y recados que encomienda a los artistas, a los escritores, cuando se ocupa en otros quehaceres. El arte de las letras, parece tener mucho de gotas de lluvia, envueltas en nubes grisáceas o en los colores de los arcoíris; pero también es el mar que se funde en el horizonte y besa el último crepúsculo para reflejar sus tonalidades amarillas, naranjas, rojizas y violetas. En el arte, las letras y las palabras que se escriben son, definitivamente, el tablero con los códigos del infinito, el bien y la sabiduría sin final, la vida que pulsa en cada expresión. Las páginas literarias enseñan, llevan a espacios recónditos, muestran la creación e invitan a experimentar incontables vidas en una sola existencia. La tarea de escribir es el destino y el privilegio del artista, quien permanece atento a las voces y a los sigilos del alma y del universo. El arte de escribir es para aquellos que saben comunicarse con la vida, consigo, con la creación palpitante, con la esencia inmortal.

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Mi otra lectura

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Tras la lluvia, salgo, feliz y agradecido, al bosque, a la montaña, al parque con sus calzadas, a los rincones y a las calles, con la intención de admirar el cielo nublado, las frondas de los árboles y los troncos humedecidos, la corriente ondulada del río, las rocas, los helechos y la tierra ennegrecida, para así dar lectura a la naturaleza, a la vida que palpita en mí y en cada expresión. Estoy acostumbrado a escribir y a leer documentos y libros, y soy, por lo mismo, artista de las letras con aroma a papel y a tinta; pero me encanta andar descalzo y hundir los pies en el fondo arenoso de los riachuelos, en el barro, hasta sentir el pulso de la creación que, milagrosamente, se conecta a mi ser. Interpreto los mensajes de la vida en cada forma, en todas las expresiones que me rodean, y percibo la esencia de todo El mar jade y esmeralda, forma pliegues que van y vienen, mientras el sol, al amanecer y al atardecer, antes de la noche, lo prende, junto con el cielo, de tonalidades amarillas, naranjas, rojizas y violetas, hasta que aparecen las estrellas y la luna que alumbran a los enamorados, inspiran a los poetas y guían a los navegantes. Mucha gente cree que dedico cada instante de mi existencia a mi arte de las letras y que, paralelamente, estoy atrapado entre las páginas de los libros, pasión que me emociona y es mi encomienda; sin embargo, la mayoría desconoce que tengo otras aficiones y lecturas y que aprendo mucho de la creación, de la naturaleza, de la vida, de cada rostro y sonrisa, de las miradas y de los detalles, de las conductas y de los motivos. Leo rostros adustos, felices, enojados, tristes e ilusionados. Descifro mensajes en las manos que arrebatan o que dan, en las que construyen y en las que todo lo destruyen. En cada signo descubro un camino, una razón, un sentido. En el campo, en los espacios públicos, en cualquier parte del mundo, escudriño los mensajes abiertos y ocultos, obtengo una enseñanza y, en tal medida, me acerco al conocimiento. Aprendo de los murmullos y de los silencios, de las caídas y de los ascensos, de la esencia y de la arcilla. En todo hay un sentido, un aprendizaje, una lección. La infancia y la vejez enseñan tanto, cono la aurora y el ocaso. Al regresar de mis jornadas, me descubro con una canasta pletórica de experiencia. Y así es como aprendo, construyo los días y los años de mi existencia y preparo la senda a rutas y destinos infinitos. La vida es maravillosa y es preciso experimentarla cada instante. Yo lo hago e intento, desde lo más profundo de mi ser, disfrutarla en armonía, con equilibrio y plenamente, hasta que, con la flor perfumada y tersa, con el lucero que alumbra desde otras fronteras, con el bien y la sonrisa, descubro la mirada de Dios y siento las caricias y el amor de la creación. Las cosas de la vida son, en verdad, mi otra lectura.

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Los papeles hablan

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Los papeles hablan. Permanecen envueltos en silencios y en rumores. Contienen lecturas que uno, a veces, no comprende, mensajes que de pronto aparecen y de inmediato se diluyen al mezclarse con las letras y los signos a los que pertenecen. Son hojas que expresan sentimientos e ideas. A mí me ha ocurrido. Conozco los libros y los documentos desde la infancia, cuando, a veces, dejaba los juguetes en el armario y mi mirada, mi atención y mi mente se concentraban en cada línea escrita. Por cierto, desde hace años, consulto páginas amarillentas y quebradizas, escritos apenas legibles, palabras que dicen mucho y que callan tanto. La gente que me conoce, dice que huelo a tinta y a papel. Todos reconocen mi perfume. Escribo y leo. Soy escritor, artista de las letras; pero también leo documentos y libros sobre diferentes temas. Me encuento entre libros añejos y nuevos. Últimamente, rescaté, en copias, más de trescientos documentos y registros de mis antepasados, para lo cual, admito, fue primordial conocer la genealogía e historia familiar. No fue tarea sencilla. Es una labor a la que he dedicado una parte significativa de mi existencia. Estoy acostumbrado al olor a tinta y a papeles viejos. Conozco la sensación de tocar hojas quebradizas que un día lejano dieron sentido a tantas vidas humanas y que, más tarde, ante la caminata de las horas y de los años, se convirtieron en páginas con datos irreconocibles, escritos a mano, para dejar constancia del paso de la gente, personas que tuvieron identidad. He consultado libros de antaño en archivos, cementerios, oficinas y templos. Tras leer, en letra manuscrita, nombres, apellidos, fechas y acontecimientos de hace cien o doscientos años, me he dado cuenta de que, entre un suspiro y otro, la gente muere y se acaban sus anhelos, sus realidades, sus sueños, sus historias, y llegan otras generaciones que, también, en algún momento, cederán su espacio a más personas. Por eso es que, ahora, mientras revisaba tantos registros de antaño, las letras susurraron a mis oídos: «ellos vivieron el período que les correspondió. Protagonizaron sus biografías. Partieron a otras fronteras. Se probaron un día y muchos más. Nacieron, crecieron y pasaron por todas las etapas existenciales, desde el cunero, la niñez, la adolescencia, la madurez, la ancianidad y el minuto postrero, con sus luces y sombras, y tuvieron, como tú, anhelos, ideales, sueños, ilusiones, sentimientos, motivos y pensamientos. Ya no están. Ahora te corresponde vivir y escribir, en los hechos, una vida grandiosa y ejemplar. No olvides experimentar cada instante en armonía, con equilibrio, plenamente y con intensdad. Los registros que lees, corresponden a otra gente, a personas de tiempos distantes; a ti te toca vivir lo tuy, con lo bueno y lo malo. Vive».

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He guardado las letras de mis poemas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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He guardado las letras de mis poemas con la idea de entregártelos en otra fecha, algún día -el menos esperado, quizá-, cuando aparezcas de nuevo en mis sueños y en las andanzas de mi vida. He desarticulado cada palabra de mis textos poéticos con la intención de conservarlos como fiel recuerdo y vivir de nuevo, al leerlos, la emoción y la ilusión de sentirme tan enamorado. He desmantelado de los cuadernos y de las libretas las historias que compartimos para que nadie hurgue, cuando no estemos, lo que es tan nuestro. He atesorado las páginas que escribí, inspirado en ti, como las abuelas al colocar, en sitios especiales de sus roperos, los objetos tan queridos. He desbaratado palabras, textos, poemas y cartas, acaso sin darme cuenta de que, al guardar las letras, los acentos y los signos de puntuación, me llevo pedazos de nosotros. He recogido del camino las flores que cultivé para ti porque deseo, en otro plano, entregarte el jardín cautivante que te prometí, un paraíso como el que uno suele imaginar cuando se enamora. He reservado, para otro instante, los rumores y los silencios, las confesiones y los secretos y los encuentros y los desencuentros de la historia que es tan nuestra y que llevamos en nosotros. He recolectado, en mis encuentros conmigo, tus perfumes y tu sonrisa, tus memorias y tus olvidos, tus anhelos y tus motivos. He desarmado las páginas escritas que ahora, ante el delirio de las horas y de los días, son hojas secas que el viento desprende de los árboles y que se asolean, solitarias, en las calzadas de los parques. He apartado de la historia, nuestros capítulos, los relatos y los idilios que tienen tu nombre y el mío, enlazados en instantes de felicidad, para que nadie los altere ni haga creer a otros que el amor no existe. He guardado las letras de mis poemas, no porque ahora no te ame, sino con la intención de conservar eternamente lo que es tan nuestro.

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Mis citas con las letras

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Acudo, puntual, a mi cita, a mi encuentro cotidiano con las letras, en la esquina del cuaderno de notas, al centro de la pantalla, en cualquier parte, sin importar el minuto, la hora y la fecha, porque, en un idilio, como el mío con el abecedario, sus puntuaciones y sus signos, es preciso entregarse por completo. Así, entre soledades y compañías, rumores y silencios, tareas y descansos, ausencias y presencias, cargas y liviandades, me fundo en las letras, armo palabras, compongo obras, textos que son pedazos de mí, expresiones de mi inspiración, fragmentos de lo que siento y pienso. No quisiera marcharme, una noche o una mañana, una tarde o una madrugada, con impuntualidades en mis encuentros con el arte, porque, entonces, sería un escritor infiel, un caminante que no deja huellas a su paso. En el arte, las citas suelen presentarse inesperadamente, sin agendar ni programar, quizá porque es libre y toca a los sueños, acompaña día y noche, en la vida y en la muerte, en la temporalidad y en el infinito. Me despierta la inspiración, me llaman las letras y las palabras, me acompaña el arte. Desde el amanecer, entre una inspiración y otra, en medio de mis tareas, alrededor y dentro de cualquier actividad, me presento entero ante las letras, el papel y la tinta, en un acto de amor puro que concibe textos y obras. Acudo, puntual, a mis citas irrenunciables con el arte, a mis momentos de amor las letras.

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La tinta del bolígrafo

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La tinta de mi bolígrafo se agota, como se va mi vida, igual que el cauce de un río que, tras mucho andar, una mañana o una tarde, en alguna fecha cercana o distante, no regresa más ni alivia la sed de los árboles, la vegetación y la tierra. Agoniza el repuesto de mi bolígrafo. Entre un suspiro y otro, destila las gotas postreras de tinta al yo trazar, en el cuaderno de notas, mis letras y mis palabras, mi arte escrito que vuelvo sentimientos, vivencias, sueños, ilusiones, pensamientos e ideales. Cada vez más débil, pero ausente de muletas y vendajes, la tinta apenas completa el texto que escribo; habla y enmudece, cae y se levanta, pinta y deja huecos, pausas, espacios, que promueven su despedida. Es como la vida humana que, en su hermosa primavera, traza y pinta colores, plasma sueños e ilusiones, imprime su energía y su ánimo, para, más tarde, en el verano intenso, sentir, pensar y actuar con fuerza y madurez, hasta que, al llegar la noche, aparecen, con frecuencia, el cansancio, los síntomas que anticipan la culminación de la existencia. Hoy, al consumirse la tinta de mi bolígrafo, tengo mucho que agradecerle y tanto que aprender de sus lecciones. Un día de antaño, la tinta fue precisa y firme, y otro más, también, durable y fuerte; pero, en este plano, la estancia es temporal. Se acabó la tinta. Resulta extraordinario y maravilloso que lo que parecía un simple cartucho de tinta, haya contribuido a mi labor artística y que las gotas que destiló, en un instante y en otro, fueran para una causa noble y se aplicaran al bien, a la reflexión y al amor. Apenas escribí las letras y las palabras que forman este texto y la tinta, compañera de tantas jornadas de creación e inspiración artística, cumplió su encomienda, como quien después de vivir tanto, muere en paz y con la satisfacción de llevar consigo una historia digna, noble, épica, buena y honesta. La tinta se ha terminado, como acaba una vida o se extingue el día al encontrarse, en su cita diaria, el cielo y el océano, en el horizonte, y resplandecer con sus matices amarillos, morados, naranjas y rojizos. La tinta del bolígrafo se acabó, como a una hora, en el mundo, termina la vida.

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Las letras, las letras

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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A las letras, el artista las acaricia, las consiente y las enamora desde temprano, al amanecer, durante el día y la tarde. hasta el anochecer y, quizá, en la madrugada, cuando, despierto o en las profundidades del sueño, las musas flotan en el ambiente, en la buhardilla, entre el autor, el papel y la tinta. A las letras se les busca en el abecedario, entre signos y puntuaciones, para que se abracen unas con otras y formen palabras, textos. poemas, cuentos, novelas, relatos. A las letras, el escritor les da un motivo, una razón, un sentido, para que expliquen los significados de la vida, transmitan sentimientos y comuniquen ideas. Las letras pueden ser crueles con los lectores, despiadadas en sus temas e historias, o dulces, bellas, amables y románticas. Enseñan tanto. Las letras son moldeadas por el autor al inspirarse y escribir un poema, un cuento o una novela. Unas y otras se atraen, se buscan, se reconocen. Forman palabras cargadas de sentimientos y de raciocinios. A las letras, cuando uno las llama, se les impregnan los perfumes y los suspiros del alma, los anhelos y las realidades de la arcilla. Son espirituales y materiales. Pueden llegar al alma o mover a la gente. Las letras, al escribirlas el artista, son notas musicales con sonidos y silencios. Tocan a la puerta del alma, entran a la mente, y hacen de sus líneas el cielo inmortal o el terruño de barro. Son las gotas de agua diáfana que, reunidas, forman cascadas, manantiales, ríos, lagos y mares, y se traducen, finalmente, en obras de arte, en literatura que ofrece senderos y destinos insospechados, a pesar de sus luces y sombras. A las letras, si uno las desea transformar en arte, hay que buscarlas cotidianamente, saludarlas, pasear a su lado, hablarles, explorar con ellas los palpitares de la vida y trazarlas correctamente, en instantes de lluvia y en momentos de calor, al nevar o al soplar el viento, en las auroras, cuando las mañanas pintan colores y dispersan perfumes, y en las noches desoladas y oscuras o decoradas con luceros. Las letras son fieles si uno las ama o indiferentes si se les desatiende. Conducen al paraíso o inventan lo más terrible del infierno. Dan idea de lo que, de otra manera, no podría expresarse. Las letras, al amarlas el escritor, conciben palabras, textos que mueven los sentimientos y llegan a los pensamientos e incluso a las acciones. Las letras, las letras.

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Te encontré

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Te encontré en las letras que trazo, en las palabras que escribo, en las anotaciones, en los relatos, en las historias y en los poemas que compongo. Te descubrí hasta en la puntuación y en los acentos de mi prosa, en mis locuras y en mis razones, resguardada en expresiones que delatan, también, mis sentimientos e ideas, mis detalles y motivos. Te vi, a hurtadillas, en mis apuntes, entre papeles y tinta, en páginas interminables -electrónicas y de papel-, con tu aliento mágico que sopla con el aire y que recibo con la lluvia en burbujas de inspiraciones. Te miré en mis letras, abrazada de las palabras, y entendí, en consecuencia, que siempre estarás conmigo, simplemente porque una musa jamás abandona a su escritor ni un artista renuncia a quien le inspira sentimientos y razones, al escribir y al soñar, al andar y al vivir.

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Cada letra, cada palabra, cada texto

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Cada letra es un pétalo, una flor, una hoja, un pedazo de árbol, un fragmento de tantas palabras que se escriben y a veces se pronuncian y en ocasiones se callan, igual que el viento que, al soplar, envuelve su aliento en murmullos o lo encapsula en silencios. Cada palabra forma parte de la narración o del poema, del cuento que arrulla a los niños o de las novelas que emocionan a los lectores, de los versos que enamoran y dan paz y armonía. Cada texto, en el arte, es un deleite, un regalo que se entrega, una noche o a cualquier hora, a alguien muy amado y especial, a los lectores, a la gente que se deleita al recibirlo. Cada letra abraza a la que uno traza al lado y, juntas, fabrican cuentos, novelas, relatos, poemas, como las gotas de lluvia al acumularse y formar charcos que reflejan la profundidad del cielo, las siluetas de los árboles y de las montañas, los rostros y los paisajes, incluso lo que parece resultar inalcanzable. No hay trucos ni engaños en las palabras que uno escribe porque vienen de los sentimientos y de las ideas, a veces con la esencia de paraísos y en ocasiones con la arcilla del mundo, en una inspiración que no termina nunca y con una labor incansable. Cada letra pura la escribe uno lejos de los escaparates, de las cámaras y de los reflectores, porque, al crear palabras, al integrarse a las páginas, al ser, simplemente, textos, derraman su encanto y su magia, un prodigio que viene de las almas y de un infinito que palpita incesante y provoca la vida, el aire, lo bello, el agua, el amor, lo sublime. Cada letra que se junta, arma palabras que obsequian lo más prodigioso, los destellos y los suspiros que parecen venir de Dios, de la creación, de la naturaleza, del alma. Cada letra, cada palabra, cada texto.

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Y mientras unos se ocupan de la guerra, la vida regala colores, formas y sabores

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La humanidad está rota. Mutila la naturaleza y trata de enmendar los guiones de la vida. A pesar de todo, la mirada del sol, desde el amanecer hasta antes del ocaso, alumbra las flores que regalan sus matices y sus perfumes a quienes se deleitan con sus formas y sus texturas. La gente se odia. Pelea y se mata cruelmente; pero la lluvia y los ríos apagan la sed, palpitan al ritmo de la creación infinita y limpian la escoria que queda sobre el planeta y que cubre los poros y asfixia la intimidad de la naturaleza. Tantas personas se aglomeran, consumen y no aportan ni compensan el bienestar que disfrutan, en contraste con la vida que abre sus puertas y ventanas a buenos y malos. Hombres y mujeres contaminan la tierra, la envenenan y la intoxican, y sigue obsequiando frutos con sabores deliciosos y nutrientes invaluables. El ser humano atentó, recientemente, contra sí mismo al incendiar una selva, asesinar innumerables animales y crear, en laboratorios, una enfermedad que dispersó estratégicamente, una y otra vez, en distintas regiones del mundo, con la idea de eliminar ancianos, enfermos y mucha gente, y ahora, aún sin reponerse, se encuentra inmerso en una guerra; no obstante, hay quienes escriben y leen poesía y novelas, pintan y admiran lienzos con paisajes bellos, interpretan y escuchan melodías verdaderamente magistrales, aman, hacen el bien, defienden la paz, practican virtudes, promueven la libertad y luchan por la dignidad, la justicia y la igualdad, en alianza con la vida incesante que palpita en todas las expresiones. La humanidad está en guerra, pero el mundo y la naturaleza siguen en armonía y en equilibrio con la vida, a pesar de tantas alteraciones y mutilaciones, con una sonrisa y un abrazo infinito a quienes decidan asomar y descubrir su reflejo en los espejos más bellos y sublimes.

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