Vergonzosa y aberrante verdad histórica

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La verdad histórica de la Procuraduría General de la República respecto al caso Ayotzinapa, como tantas de las farsas que durante décadas han mostrado los gobernantes mexicanos para cubrir las atrocidades que el sistema político comete en perjuicio de quienes le estorban, es una afrenta para la sociedad de un país que padece las consecuencias de la corrupción, impunidad y descomposición.

Con la participación del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, respaldado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las declaraciones oficiales -la mentira histórica- pierden sentido y descubren la podredumbre que existe en todos los niveles de gobierno.

Una vez más, quedaron al descubierto la manipulación oficial y su incapacidad de gobernar, aplicar las leyes correctamente, realizar una investigación profesional y garantizar la seguridad, el orden y la justicia.

Más allá de la repetición de las conclusiones que obtuvo el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, expuestas en diversos espacios dentro de los medios de comunicación, es importante referir que los vergonzosos señalamientos que colocan en una situación difícil a la administración del presidente Enrique Peña Nieto, de por sí sumido en una imagen bastante negativa, deben motivar a replantear el actual modelo y aplicar transformaciones estructurales en la Procuraduría General de la República y en la forma de hacer justicia en México.

A los ciudadanos comunes, a los que solamente se enteran del enriquecimiento de funcionarios y políticos, derroche de recursos públicos y viajes con comitivas quizá deseosas de pertenecer a la nobleza europea, sí, a los que se trasladan en transporte colectivo en vez de helicóptero, les aterran, sin duda, actuaciones cínicas, mediocres y perversas como las del Gobierno Federal en las investigaciones relacionadas con el caso Ayotzinapa, porque si en un tema tan delicado y expuesto a la mirada internacional su desempeño fue fraudulento, ¿qué sucederá cuando se trate de hacer justicia a una persona o un grupo que no llame la atención pública?

Imagine el lector si ahora, con mayores presiones por parte de ciertos sectores de la población mexicana y la comunidad internacional, el Gobierno Federal miente, distorsiona la realidad, ¿qué habrá ocultado, verbigracia, durante las matanzas estudiantiles de 1968 y 1971?

La podredumbre quedó al descubierto. Independientemente del juego de policías y ladrones, de justicieros y luchas entre chicos buenos y malos, uno se pregunta, en medio de la descomposición social que ya contamina todos los ámbitos del país, ¿cuántas verdades históricas, como la de Ayotzinapa, existirán? ¿Serán verdades históricas a medias? ¿Acaso se trata de mentiras históricas? Habría que revisar los archivos y expedientes de la historia mexicana.

La calificación reprobatoria no es exclusiva para gobernantes, autoridades y políticos; también es extensiva a la sociedad mexicana por permitir que hombres y mujeres sin capacidad ni escrúpulos, conduzcan el destino de sus municipios, de sus entidades y de su nación como si se tratara de un botín que hay que repartir entre comparsas. Y mientras la población no cambie sustancialmente, México seguirá como un juguete que se autodestruya e invente sus verdades históricas para consolarse, manipular, justificar sus acciones, engañar y controlar. Esa es la verdad histórica de México, por el momento.

De tristeza y preocupación a nota diplomática y aclaraciones oficiales

Por los comentarios del Papa Francisco
Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Resulta que las autoridades mexicanas sienten tristeza y preocupación ante los comentarios del Papa Francisco a su amigo Gustavo Vera, en una comunicación privada, respecto a evitar la mexicanización en Argentina, en franca referencia al narcotráfico.

Llama la atención la actitud del gobierno mexicano porque para temas preocupantes, como el caso Ayotzinapa, por ejemplo, se mostró demasiado lerdo en sus respuestas y conclusiones, mientras los comentarios papales a un amigo acerca de la realidad que enfrenta México por el narcotráfico, su reacción fue casi inmediata, lo que deja entrever que existe mayor preocupación e interés en las apariencias, en las superficialidades -en el síndrome del espejo, para ser claros-, que en los problemas reales y de fondo que afectan a millones de personas. Hasta el gobierno argentino, a través del jefe del gabinete, Jorge Capitanich, consideró poco relevantes los comentarios del pontífice.

Que el Papa Francisco comente la realidad mexicana, tal vez pueda parecer de mal gusto e incomode a muchos; pero el hecho de que la Federación se sienta triste y preocupada, al grado de enviar una nota diplomática a El Vaticano, en vez de enfrentar y resolver los grandes problemas nacionales, es caricaturesco e inquietante. Mortifica el comportamiento de las autoridades mexicanas porque solamente reaccionan cuando los señalamientos provienen del exterior, y ni así responden a las demandas de la sociedad.

El canciller de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade Kuribreña, declaró públicamente el asunto relacionado con la nota diplomática a El Vaticano, evidentemente con el argumento de los grandes esfuerzos que ha emprendido el gobierno mexicano en materia de lucha contra el narcotráfico, para posteriormente aclarar que se trata de abrir un espacio de diálogo con la intención de conocer los temas que preocupan y cómo se pueden superar juntos. Increíble que un funcionario de primer nivel piense y hable así.

¿Acaso con una nota diplomática a El Vaticano, las autoridades mexicanas creen que pueden modificar la realidad que afecta a una nación completa y que es conocida por toda la comunidad internacional? La palabra la tienen los mexicanos, no quienes siguen empeñados más en pulir el espejo que en limpiar el cochambre y la suciedad de la casa.