Es una emoción que no cesa…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es consentir a quien tiene tu rostro y tus ojos, amar al ángel que lleva tu nombre. Es unir tu alma a la mía

Es una emoción que no cesa, una locura que se desborda, un sueño que escapa de un mundo mágico. Es el asombro permanente, la emoción que dilata la mirada, el secreto que se pronuncia una noche de luceros, el suspiro que se da al nacer la flor y aparecer la primera estrella, el abrazo que ama y el que consuela, el beso dulce que jamás se olvida por ser tan hermoso y puro. Es convertir un gajo de luna en columpio. Es hundir los pies en la arena, jugar, reír, dialogar, perseguirse, mojarse una tarde de lluvia. Es compartir un postre, asomarse a las tiendas y probarse la ropa, cometer alguna travesura, divertirse aunque los ceños fruncidos intenten asfixiar la dicha. Es cantar, beber café, arrancar un poema del rumor del océano, arrojarse cojines, soñar y despeinarse. Es arrojarse gotas del agua que resguarda la fuente, compartir instantes de murmullos y silencio, abrir y cerrar los ojos. Es el guiño que confiesa un secreto muy bello, el beso que se manda a hurtadillas. Es sentirse arrobado y amar diferente. Es vivir y soñar. Es nacer cada instante. Es la ilusión que desbarata la monotonía y las tristezas, el encanto de mirar al cielo y dar gracias por tanta maravilla. Es decir sí a la idea de compartir un espacio en el alma y protagonizar una historia irrepetible, excelsa e inolvidable. Es planear un viaje, gozar un paseo, trazar una ruta. Es una locura, parece, como la del escritor al componer el poema más sublime, la del pintor al deslizar el pincel sobre el lienzo y plasmar la imagen de sus fantasías, la del músico al atrapar notas hasta transformarlas en sonidos cautivantes. Es ensueño, alegría, enamoramiento, suspiro, emoción e ilusiones. Es acercarme a ti, tomar tus manos, mirar tus ojos, pronunciar suavemente tu nombre y declararte mi amor.