Estación intermedia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Somos vida y sueño. Venimos de un mundo prodigioso y vamos a un plano mágico. Estamos temporalmente en una estación intermedia, en un puente, en algún paraje de la senda. Este es el paisaje de nuestro itinerario. Es nuestra realidad. Aquí estamos, en medio de la vida, ante cumbres y precipicios, cada uno con el equipo de experiencias pasadas, con las provisiones que dispusimos para la travesía presente, con las luces y las sombras de lo que somos y de los ciclos que protagonizamos. De cada uno es responsabilidad definir el destino y la ruta, construir puentes y escaleras, ir a la cima, donde aparecen los amaneceres, o descender e internarse en la penumbra de los abismos. Durante la caminata, cada ser humano tiene oportunidad de enfrentar experiencias, asimilar lecciones, medirse y evolucionar, o permanecer atado a los grilletes de la mediocridad o del mal y resbalar irremediablemente. Las estaciones intermedias son eso, la mitad o el final del camino, con tiempo para corregir el sentido de la vida. Son definición y paso hacia un destino. La bitácora de viaje se escribe cada día, y hay unas muy intensas, plenas e interesantes, y otras, en cambio, mediocres, negativas y rutinarias. La bitácora describe los capítulos y detalles que se experimentan durante el paseo; aunque también revela, al final, la personalidad y el destino del viajero.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright