Trozos de vida… La banca y las botas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, con quien comparto instantes de una historia de amor maravillosa e inolvidable

Como dos niños juguetones e inquietos, esta mañana decidimos sumar horas especiales a la historia que compartimos. Desayunamos, conversamos, reímos, entramos a las tiendas y caminamos por la plaza, igual que dos locos enamorados a los que la gente, ensimismada en sus asuntos cotidianos y rutinarios, observa con asombro y envidia, como si el amor y la alegría fueran atributos extintos o mercancía de precio inaccesible, cuando se trata, tú y yo lo sabemos, de sentimientos que comparten dos almas enamoradas y dispuestas a acompañarse durante la jornada terrena y en la inmensidad celeste. Aprendimos, por el amor que une nuestros corazones, a no permitir que los segundos huyan sin marcar la felicidad que experimentamos. Ocupamos una banca. Miré tus botas y pregunté, entusiasmado, como si fueran mías, sobre su origen, y tú, contenta y emocionada, relataste con detalles la historia de su compra. Miramos la forma, el color café que tanto te gusta, la textura, el material, y de algo tan sencillo tejimos un diálogo encantador e inolvidable. Eso es, parece, amar e interesarse en los asuntos y las cosas de la persona a la que uno, embelesado, siente en el pulso del corazón. No es cuestión de poses ni de intereses, sino de sentirlo en verdad, porque un amor como el nuestro no admite falsedades, sino entrega y la llave al cofre de los sentimientos excelsos, a la alegría y al enamoramiento. Sentados en la banca, entre los aparadores y las luces de las tiendas, confirmamos esta mañana que es tan bello interesarse en los asuntos de la persona que uno ama, como lo es darle el más tierno de los besos y escribir juntos una historia de interminable felicidad. Esta noche, al dormir, seguramente experimentaremos el arrullo de un día emocionante en el que tú y yo plasmamos algo especial para no olvidarlo nunca, pequeños detalles que se transforman en una historia grandiosa de amor.