Del consultorio a la tortería

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

“No se preocupen por la alimentación y el hospedaje porque aquí, en Morelia, yo los apoyaré en ese sentido hasta que concluyan su formación profesional”, prometió Gerardo a sus hermanos recién llegados de Zamora, ciudad enclavada al occidente del estado de Michoacán, y así, sin imaginarlo, definió la ruta de su existencia al transitar de médico recién egresado a propietario de un establecimiento de hamburguesas, hot dogs y tortas.

Ya no rasga la piel humana con el bisturí ni expide recetas médicas, como fue su sueño juvenil, cuando se visualizaba como el mejor cirujano; ahora, y desde hace algunas décadas, corta el pan con celeridad y maestría para preparar sus productos.

Afable, siempre con alguna broma a sus clientes, en su mayoría estudiantes universitarios, ha atraído a sus clientes desde 1987, cuando el dueño de Pic´s le traspasó el establecimiento, ya que él, Gerardo, Gerardo Luna Vázquez, era alumno de Medicina en aquella época y trabajaba, como podía, ante los horarios absorbentes de la carrera profesional, en la preparación de tortas de jamón, queso de puerco, milanesa y salchicha, entre otras.

Niño travieso e inquieto, a quien su padre alguna vez rompió el palo de una escoba al golpearlo como escarmiento, fue bautizado por su abuelo como “El judío”, ya que el hombre relacionaba a la gente de ese pueblo, el de Hashem, con los negocios.

Gerardo, a quien su padre llamó Lalo desde muy pequeño, colocaba una mesa afuera de su casa, en la calle, con la intención de vender dulces, papas a la zamorana, frituras, pepinos y toda clase de mercancía accesible a los niños.

Conocido por los estudiantes como don Lalo o don Pic´s, en alusión a su negocio, el hombre reconoce que los disgustos, mortificaciones y problemas hay que arrojarlos al carretón de la basura antes de llegar al negocio, principalmente si es de preparación de alimentos, como el suyo, porque los clientes merecen atención y buen trato, “disfrutar su almuerzo, comida o cena, hacer un manjar de un platillo que en otro lugar podría parecer una simple torta”.

Más del 80 por ciento de sus clientes son estudiantes de Leyes, Medicina y otras carreras profesionales, y el resto, en tanto, personas que regresan porque les agradan la calidad y el servicio, por comer algo de lo que ofrece la lista de especialidades o por la nostalgia que uno lleva, a veces, del ayer, de las horas juveniles, cuando la fórmula de la escuela, las fiestas, los paseos y las ilusiones formaba parte de lo cotidiano.

Don Pic´s admite que los precios de sus productos son accesibles. “Siempre damos prioridad a la atención, la calidad, los precios y el servicio, pues cada cliente es especial para nosotros”,  señala mientras abre un paréntesis dentro de sus actividades imparables.

El hombre bromista se transforma, inesperadamente, no en don Lalo ni en don Pic´s, sino en el médico que recuerda que desde los nueve años de edad participó como ayudante de socorrista en la Cruz Roja de Zamora, donde se involucró, como le gustaba, con el tema de la salud, y así fue como un día, otro y muchos más estudió, en los instantes juveniles, en la facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Tercero de 10 hermanos, don Pic´s conoció los rasgos del hambre y las aspiraciones e ilusiones estudiantiles, los días juveniles que alguna vez han de fugarse para dejar, a cambio, remembranzas, vivencias, claroscuros cual es la vida, y por eso, quizá, es que desde 1987 ha ayudado a los muchachos con menos recursos económicos, quienes posteriormente regresan a pagarle algún adeudo, la pequeña diferencia que quedaron a deber.

La vida le ha enseñado que todo regresa, igual que las cosas que devuelve el oleaje en la desolación de una playa o las hojas que arrastra el viento una tarde otoñal, y es así como ante la caminata de los años y por diversas circunstancia dentro de la trama existencial, de pronto ha habido quien le ha ofrecido apoyo cuando más lo ha necesitado, y es que no pocos de sus clientes de antaño, a los que apoyó y sonrió cuando tenían hambre y necesidades, ahora son personajes dentro de las empresas y la función pública. “Un día, cuando me atropellaron, un abogado reconocido me proporcionó todo el apoyo que necesité, y cuando le pregunté cuánto le debía por sus honorarios, respondió: de ninguna manera, don Lalo. Usted me ayudó cuando era estudiante y tenía hambre. Este apoyo profesional es muestra de mi agradecimiento”.

Sus bromas nunca ofenden ni son obscenas; al contrario, “trato de que ellos, los muchachos, disfruten su estancia en Pic´s y que si tienen presiones por exámenes y otras cuestiones académicas, al menos descubran que la vida siempre ofrece una oportunidad para reír y experimentarla con sabiduría”, explica.

El viento de la tarde otoñal mueve las hojas de las plantas que asoman de los balcones y las maceteras de las casas que se prolongan en el Callejón del Romance, esquina donde se encuentra Pic´s, con sus mesas en el empedrado, al aire libre, que ofrece la vista al acueducto barroco y la Calzada Fray Antonio de San Miguel, del siglo XVIII.

A sus 52 años de edad, don Pic´s, como le llaman todos, asegura que tiene muchos proyectos y que en su itinerario no figura la ociosidad. Al marcharse, camina hacia su motocicleta, acompañado de Laica, su perra de 16 años edad, que con dificultad da un paso y otro más, porque todo, en la vida, afirma don Lalo, ha de concluir; por eso, “como me ha enseñado la tortería, hay que disfrutar cada instante al máximo, sin causar daño a los demás y sí, en cambio, con el propósito de dejar una huella positiva, por insignificante que parezca”.

Pic´s se localiza en Madero Oriente 993, a unos metros del acueducto, el Callejón del Romance y el Jardín de Villalongín, en el centro histórico de Morelia, y da servicio de 8:30 a 18:00 horas y de 19:00 a 22:00 horas, de lunes a viernes. Los domingos permanece abierto de 19: a 22:00 horas. Las especialidades son hamburguesas, hot dogs, tortas, limonadas y malteadas.

Este artículo fue publicado inicialmente en el periódico Provincia de Michoacán

Callejón del Romance, rincón para enamorados y turistas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Tomados de las manos, mientras el concierto vespertino de los pájaros escapa de las buganvilias y enredaderas que trepan y descuelgan de los muros de cantera, los enamorados contemplan los espacios románticos, los rincones cautivantes, y miran sus siluetas retratadas en algunas baldosas donde quedó estancada el agua que acaso, durante la mañana lluviosa, escurrió de los balcones, como algo fugaz, propio de los caminantes.

Horas efímeras las del paseo por el Callejón del Romance, en el centro de Morelia, que resulta un capítulo inolvidable porque allí, entre casas que despiden la fragancia del tiempo y la historia, quizá ellos, los enamorados, se juran amor eterno.

Tal vez atrapados en el embelesamiento del lugar o quizá mecidos en el columpio de sus sentimientos, coinciden con los otros, los turistas, quienes al revisar los expedientes de Morelia, recuerdan que antiguamente, en el ocaso del siglo XIX, la pintoresca callejuela que recorren fue conocida como Callejón de la Bolsa.

Era, en aquellos días porfirianos, un rincón próximo a la garita, a la entrada de la ciudad de Morelia, la capital del estado de Michoacán, en la que se encontraba, por cierto, el sitio de donde partía el tranvía que pasaba por las mansiones céntricas y llegaba hasta el cementerio.

Por cierto, en la garita todavía existen restos de los antiguos orificios donde los otros, los centinelas de la ciudad, colocaban trancas a determinada hora de la noche con la intención de resguardar la seguridad de los moradores. Cualquier forastero que intentara ingresar al caserío, era interrogado. Otros tiempos, en verdad.

El entonces Callejón de la Bolsa, totalmente estrecho y carente de empedrado, era paso de arrieros y hombres de la campiña que comercializaban carbón, leña, animales, leche y verduras, entre otros productos. Hay que recordar que muy próximo a ese sitio, convertido actualmente en atractivo turístico, se encuentra el antiguo barrio de San Juan de los Mexicanos.

La estrecha callejuela de tierra conducía al viejo rastro y a los mesones, donde arrieros y viajeros pernoctaban y contaban con espacio para asegurar sus animales como asnos, burros y caballos.

Relata la tradición que al inicio del Callejón de la Bolsa, que más tarde fue conocido popularmente como del Socialismo, existía una finca que era la única del pasaje que contaba con agua y electricidad, donde estaba instalada una fábrica de jabones.

Consta en las referencias que las casas del callejón eran de adobe y tejados, con pisos de tierra, donde moraban las familias de los trabajadores de la fábrica de jabones, hasta que un día el establecimiento industrial concluyó actividades y las propiedades quedaron abandonadas; no obstante, en el discurrir de la vigésima centuria, el Gobierno Federal las expropió y rentó a diversas familias, quienes finalmente las adquirieron.

Fue en los minutos de la inolvidable e irrepetible década de los 60, exactamente en 1965, cuando el sitio registró una remodelación sustancial al colocar cantera a las fachadas de los inmuebles y baldosas en el piso, instalar faroles y construir fuentes y otros elementos arquitectónicos.

A partir de entonces, las autoridades le asignaron el nombre oficial de Callejón del Romance. El camino pintoresco hace alusión a los versos “Romance a mi ciudad”, compuestos por Lucas Ortiz Benítez, los cuales están inscritos en los muros de las moradas.

La fuente, próxima a unos escalones de piedra, refleja los trazos de las casas con rostros de cantera, mientras las otras, las que se encuentran empotradas en los muros aledaños, presumen sus conchas y los peces, también de piedra, que expulsan agua. El murmullo de las fuentes arrulla y embelesa a hombres y mujeres que deciden dedicar algunos instantes de sus existencias a la caminata por el Callejón del Romance.

Y si 19 construcciones del antiguo Callejón de la Bolsa figuran en el Catálogo de Monumentos Históricos de Morelia, seguramente ellos, los enamorados y los turistas, lo reconocen como del Romance y sienten a cada paso el pulso de una tarde mágica y encantadora dentro de una ciudad fundada en 1541 y que en la hora contemporánea coexiste entre las cosas de antaño y la modernidad.