Toneladas de basura política

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Millones de boletas serán depositadas en las urnas electorales el próximo domingo 7 de junio de 2015, mientras incontables toneladas de lonas, papel, mantas, plástico y otros materiales –basura, al fin- se añadirán a la contaminación e irán a los basureros o rondarán por calles, avenidas y terrenos baldíos cual fantasmas que recordarán campañas políticas de ínfimo nivel para una sociedad adocenada, complaciente, pasiva y manipulada que no asimila las lecciones históricas.

En gran parte de la República Mexicana, como es el caso de Michoacán, verbigracia, la mayoría de las campañas, salpicadas de ataques y ausencia de propuestas, no despertaron entusiasmo en la población. Las declaraciones mediáticas, la llamada guerra sucia, el desorden y la soberbia suplieron la creatividad, la inteligencia y las propuestas; además, esbozaron, en parte, el estilo de gobernar y legislar de cada uno y, por lo mismo, de quienes resulten electos. No habrá algo novedoso en los ejercicios gubernamentales y legislativos.

Los rostros “nuevos”, bien maquillados, para no mencionar el término photoshop, no dejan de ser recomendados de la clase política, y quienes enfrentarán, en la Cámara de Diputados, las presiones y trampas de aquellos que conocen las rutas y el sabor del poder. Carentes de experiencia y contacto con las mayorías, a las que supuestamente representarán, tendrán que someterse a los dictados de la élite gobernante, e incluso uno de sus primeros retos será aprobar el presupuesto federal de egresos e ingresos de 2016. Claro, los resultados son previsibles: mayor cantidad de gastos para los requerimientos presidenciales y programas que coadyuven a mantener a los gobernantes en el poder, y menos cultura, educación, medicinas, equilibrio ecológico y desarrollo para la población.

Con relación a las caras ya conocidas, habrá que revisar minuciosamente, en el lapso de los próximos días, sus trayectorias, su comportamiento dentro de los cargos que ejercieron en el pasado, sus bienes patrimoniales, su desempeño en las campañas y hasta sus propuestas, si es que las tienen. Nadie cambia con un nuevo aspecto en el semblante. Recordemos que las risas dibujadas de manera permanente, no siempre han representado resultados favorables para Michoacán y México.

Ante la ausencia de compromisos y propuestas que verdaderamente respondan a los planteamientos y problemas del México de la hora contemporánea, aunado a la abundancia de críticas, descalificaciones y golpes, es fácil trazar el mapa económico, social y político de las entidades y el país en general. Todo, parece, continuará igual para millones de mexicanos que empobrecen y atestiguan el enriquecimiento y fortalecimiento de la clase gobernante cada vez más aferrada a las delicias del poder, igual que las sanguijuelas tan proclives a depredar y vivir de los demás.

¿Acaso alguien prevé un proceso de transformaciones para Michoacán en lo particular y México en lo general? ¿En alguna región del país alguno de los candidatos políticos motivó a las masas y las exhortó a sumarse a un proyecto integral de desarrollo? ¿Se notó entusiasmo?

La propaganda no es respuesta a los problemas y necesidades de México. Sólo es eso, mercadotecnia -y de pésimo ingenio, por cierto- que muestra, al estilo Televisa y TV Azteca, rostros retocados y frases sin sentido. Claro, coexistimos en una nación como de telenovela, pero así lo elegimos porque es lo que nos convence y satisface, a pesar de que conozcamos los resultados de las licencias que concedemos a los políticos.

No obstante las campañas de bajo nivel que se desarrollaron en todo el territorio nacional, el domingo 7 de junio de 2015, millones de mexicanos acudirán a las urnas a emitir su voto. Por alguien tendrán que sufragar. Lo razonable será que los ciudadanos cumplan su derecho y responsabilidad como mexicanos, ya que no acudir a las casillas o tachar todas opciones con el argumento de que demostrarán rechazo o descontento hacia la clase política mexicana, solamente causará risa a la élite del poder y favorecerá a quienes trabajan día y noche en los subterráneos para comprometer el voto, comprarlo u obligar a la gente, en algunos sitios, a sufragar por ciertos aspirantes políticos.

Si ellos, los candidatos políticos, fueron incapaces de ofrecer alternativas viables, proyectos integrales, planteamientos inteligentes, dentro de unos días corresponderá a la sociedad mexicana la oportunidad y el turno de demostrar que ya superó su estado de somnolencia y que emitirá su voto por las opciones menos dañinas. Así, los candidatos electos tendrán el respaldo popular, pero también millones de manos que los señalarán en caso de que intenten traicionar la confianza mayoritaria, enriquecerse a través del ejercicio de los cargos públicos y destruir al país, como lo han hecho generaciones de políticos a través de las décadas. Millones de boletas serán depositadas en las urnas e incontables toneladas de propaganda se convertirán en basura que podrían sumarse al muladar de lo que todos estamos haciendo de México. Cada uno tiene la decisión.

Y lo que falta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Como las cremas y los maquillajes que se aplican en exceso para disimular las arrugas prematuras o los jeroglíficos cincelados por el tiempo, el photoshop se convirtió en el cosmético que ha pretendido suplir creatividad, ideas y propuestas por rostros joviales y sonrientes de candidatos políticos dedicados a atacar y descalificar a sus adversarios.

Al photoshop se añadieron banderas agitadas mecánicamente por jóvenes aburridos y sudados que se mezclan con limosneros, voceadores, “tragafuego”, limpiadores de parabrisas y vendedores ambulantes en los principales cruceros y avenidas de las ciudades; pero también canciones y corridos cuyas letras insisten en que los aspirantes políticos en referencia son los mejores y obtendrán el triunfo mayoritario en las urnas, a los que se unieron ocurrencias que parecen diseñadas, por lo absurdas y grotescas, por bufones de la radio y televisión, por comediantes que se especializan en entretener a las masas con estulticia. La diferencia es que las elecciones representan, se supone, un mecanismo democrático para que la población elija a sus gobernantes y legisladores; los chistes, las canciones sin contenido y las chocarrerías son para otro momento.

La mayoría de los candidatos políticos no convencen. Muchas de lo que denominan propuestas son, en realidad, listas que citan los problemas que aquejan a Michoacán y México. Sus respuestas a las demandas ciudadanas reflejan escasa creatividad y total desinterés en involucrarse en la solución de la problemática que hunde al estado y al país. Es más fácil declarar que se atenderán temas de empleo, salud, vivienda, inversiones, justicia y seguridad que presentar compromisos responsables y planteamientos inteligentes y viables.

No pocos de los candidatos semejan auténticos gladiadores en arenas donde la única regla que impera es la de los golpes. Entre más contundentes son sus agresiones, mejor para ellos. Los costos económicos y sociales no les interesan. Al adversario no se le pretende derrotar a través de propuestas convincentes, realistas y viables,, sino por medio de declaraciones mediáticas, amenazas, críticas y condena.

Tantos intereses millonarios deben existir en el ejercicio de la política y la función pública, que existen personajes que corrompen y engañan para obtener el voto, y otros que se atreven a acabar con sus competidores.

Al término de los debates, los candidatos suelen asegurar que ganaron y que ya cuentan con el apoyo mayoritario de la población; pero la comedia es tan pobre que el ciudadano que aún conserva dignidad y capacidad de análisis, se siente preocupado por la mejor elección.

Con autoridades electorales ambiguas y endebles, y dentro de un entorno de acoso e inseguridad, muchos candidatos prometen sueños, ofrecen emprender hazañas que no llevaron a cabo durante sus cargos públicos anteriores, critican a los aspirantes y partidos políticos adversarios sin reparar en el daño que la mayoría ha causado desde hace décadas en perjuicio de la entidad y el país.

Obviamente, son de entenderse los abusos, conductas y engaños de no pocos candidatos políticos si tomamos en cuenta el nivel de desarrollo de amplio porcentaje de electores, quienes tienen un pie en las comedias y telenovelas y otro en el futbol y el chismorreo de las redes sociales. Como que los gobernantes, autoridades y políticos mexicanos reflejan el nivel evolutivo de la sociedad. En otras naciones, los corruptos ya estarían en las cárceles y los mediocres desempleados.

Hace aproximadamente tres años, una joven exclamó ante nosotros, sus amigos, “y lo que falta por vivir”. Su expresión, digna de una persona joven e ilusionada, bien podría aplicarse a las campañas que se desarrollan en Michoacán y diferentes rincones de la República Mexicana porque parece que aún no presenciamos todos los números programados para la carpa política correspondiente a 2015. Estamos a la expectativa de lo que falta por venir.

Atiborrada de propaganda, información contrapuesta e imprecisa, contradicciones, descalificaciones y sospechas, la ciudadanía deberá emitir su voto el domingo 7 de junio de 2015 y alguien tendrá que asumir las diputaciones federales, pero también las alcaldías, gubernaturas y legislaturas locales en algunos estados como es el caso específico de Michoacán.

Resulta preocupante escuchar en un lugar y en otro a la gente que declara que no acudirá a las urnas o que ya en las casillas, tachará todas las opciones como muestra del descontento y rechazo hacia la clase política mexicana. Están en su derecho de hacerlo, pero hasta cierto grado cederán la oportunidad para que los candidatos que “acarreen” votantes o los obliguen o comprometan a sufragar a su favor, obtengan el triunfo electoral.

Esta ocasión, ante la falta de opciones convincentes entre la mayoría de los candidatos políticos que se disputan los votos en todo el país, los mexicanos tendrán que analizar bien los perfiles y elegir a quienes consideren más aptos y honestos. Evidentemente, la responsabilidad ciudadana no concluirá en las urnas porque en lo sucesivo habrá que vigilar la actuación de la clase política tan acostumbrada a manosear los recursos públicos y las oportunidades de enriquecimiento.

Si los aspirantes políticos no convencen y algunos, incluso, hasta son acusados de conductas graves, corresponderá a todos los sectores de la sociedad, una vez que resulten electos, exigirles resultados y evitar que despilfarren el dinero público y jueguen con las leyes y circunstancias a su favor, como si se tratara de su mejor partida en un tablero en el que sus patrimonios personales y familiares se multiplican contra la miseria y desgracia de millones de personas.

Más banderas y photoshop que propuestas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Aburridos, acalorados y menos convincentes que las edecanes que bailan afuera de los almacenes de colchones, llanteras y bares para atraer clientes, los jóvenes permanecen en las esquinas de las avenidas, en los cruceros, donde mecánicamente agitan banderas y reparten folletos con propaganda de diferentes candidatos políticos.

Las avenidas y calles de Morelia, la capital de Michoacán, se han convertido en escenarios circenses invadidos por muchachos que se confunden con hombres que limpian parabrisas, voceadores, repartidores de volantes, limosneros y vendedores ambulantes; pero no convencen porque los folletos y las banderas exhiben lo mismo de siempre, logotipos de partidos, fotografías y nombres de candidatos políticos, algún eslogan y ciertas “propuestas” que parecen más la enumeración de los problemas que afectan al estado.

Tal vez los rostros adustos y agotados por los días repetidos de calor, junto con las banderas que son agitadas sin ritmo ni vigor, reflejan la situación real de los michoacanos, la ausencia de propuestas serias y viables por parte de la mayoría de los candidatos políticos y el juego de críticas y descalificaciones ante la ausencia de planteamientos responsables que exigen compromisos y trabajo honesto.

Cualquier automovilista que frene al cambiar la luz del semáforo a rojo y permanezca en alguna avenida durante un par de minutos, contemplará el triste escenario de jóvenes -hombres y mujeres- que mueven las banderas de un lado a otro sin entusiasmo o muestran carteles y mantas con nombres de personajes que no pocas veces los ciudadanos no conocen o les recuerdan gestiones públicas nada gratas. De inmediato se percibe una gran pobreza en el contenido del material con el que tratan de convencer a los ciudadanos para que voten por determinados aspirantes a la gubernatura, a las alcaldías y a las legislaturas federal y local.

Transcurren los días de campañas políticas sin que la mayoría de ellos, los candidatos, muestren interés en acercarse a los diferentes sectores de la sociedad para dialogar de frente y conocer con detalle las aspiraciones, los problemas y las necesidades colectivas, acaso porque resulta más cómodo negociar y cubrir las apariencias con declaraciones mediáticas.

Los candidatos pelean y se descalifican ante la complicidad o pereza de las autoridades en materia electoral. Los medios de comunicación publican declaraciones que en poco o nada ayudan a los ciudadanos a formarse criterios sobre los aspirantes políticos a los diferentes cargos. Se aproximan las elecciones. Más que propuestas y razonamientos, abundan las banderas agitadas por jóvenes cansados y acalorados, los folletos y volantes que destacan más el photoshop que las propuestas, las pelucas que colocan a unos y a otros como bufones y espectadores. Uno se inquieta y pregunta si los michoacanos están conformes con las migajas que les ofrecen los señores del poder.

El debate

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Tal vez los seis aspirantes a la gubernatura de Michoacán, o sus asesores, no han entendido que la sociedad está harta de campañas con acusaciones y descalificaciones, en las que todos, casi en estado mesiánico, aseguran ser salvadores de la entidad y contar con fórmulas para combatir miseria, inseguridad, rezagos educativos, desempleo y enfermedades, lo cual, si así fuera, habría que preguntarles por qué no lo hicieron antes, desde los cargos que cada uno ocupó.

La población no necesita que le repitan que unos y otros partidos han saqueado a Michoacán y el país porque es una práctica descarada y criminal que se comente diariamente, en todos los ámbitos, desde hace muchos años. Quienes llegan al poder, pocas veces emprenden tareas grandiosas de beneficio colectivo. La población quiere escuchar compromisos, planteamientos responsables y serios, convocatorias para cerrar las puertas a lo que le causa daño.

Anticipadamente, todos se proclaman triunfadores y poseedores de la verdad. Resulta que ahora todo cambió, como si atrás no quedaran los rastros de corrupción e injusticias cometidos por políticos y funcionarios de diferentes partidos. El rostro deforme de México recuerda el paso de incontables generaciones de políticos que se han enriquecido en perjuicio de millones de mexicanos.

Evidentemente, los candidatos, sus asesores y aquellos que les “aconsejan” al oído, deben salir a las calles, convivir con la gente que cotidianamente estudia y trabaja, palpar la realidad que lamentablemente prevalece en colonias urbanas y comunidades. Parece que solamente transitan en lujosos vehículos de sus casas a los clubes sociales y a sus oficinas, porque existe una realidad lacerante en la que millones de personas coexisten en la pobreza. Olvidaron, acaso, que los cinturones de miseria representan un riesgo para la estabilidad social, pues se trata de multitudes irritadas que tienen poco o nada que perder durante un estallido.

Hasta el momento, las campañas han sido mediocres, con más descalificaciones y juicios que compromisos y propuestas viables, y así quedó demostrado durante el primer debate e indudablemente, de continuar tal tendencia, los candidatos serán consumidos por el tiempo y la sociedad elegirá a alguno con la incertidumbre de si su decisión fue correcta.

Evidentemente, los seis candidatos tienen inteligencia y seguramente capacidad. Deben hacer a un lado a quienes les han orientado erróneamente y demostrar que son capaces de sumar a todos los michoacanos con el propósito de enfrentar los retos y propiciar el desarrollo en base a un proyecto común e integral de estado.

No convencen y eso, hay que admitirlo, representa un riesgo, porque debilita la responsabilidad ciudadana de ejercer el voto. Resulta preocupante cuando uno, al andar en un lugar y en otro y hablar con personas de diferentes estratos sociales, escucha sus opiniones respecto a los diferentes candidatos y expresan, en consecuencia, que no acudirán a las urnas o que tacharán todas las opciones como muestra de descontento. Eso resulta insano e irresponsable, ya que alguno de los candidatos deberá resultar electo gobernador, y lo mismo sucede con los aspirantes a alcaldes y legisladores locales y federales. Los ciudadanos deben ser responsables y ejercer su derecho y compromiso de elegir a sus gobernantes y representantes. Solamente así tendrán legitimidad para reprocharles en caso de que traicionen la confianza de la población.

Los michoacanos esperan no un ser humano con actitudes mesiánicas, sino una persona, hombre o mujer, con capacidad, interés y compromiso real de gobernar con honestidad y justicia social, con resultados palpables y beneficios colectivos. Lo mismo esperan de alcaldes y legisladores. Michoacán y sus habitantes lo merecen después de casi década y media de corrupción, impunidad e injusticias.

Campañas políticas y teatro burlesque

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando la inteligencia es rebasada y sustituida por modas y ocurrencias, en días de campañas electorales, las propuestas y soluciones a los grandes problemas ceden espacio a la estulticia, lo grotesco, las acusaciones y la ausencia de compromisos y formalidad.

En un escenario real de ingobernabilidad, corrupción a gran escala, injusticias, represión, inseguridad, miseria, falta de oportunidades de desarrollo integral, ausencia de un auténtico proyecto de nación, rezagos preocupantes, autoritarismo e impunidad, el actual proceso electoral parece ser muy ad hoc a los bajos niveles que México ha alcanzado como país.

Si bien es innegable que todavía existen candidatos bien intencionados y comprometidos con la honestidad, el desarrollo, la justicia, el respeto y la verdad, resulta evidente que amplio porcentaje de aspirantes políticos son los mismos de siempre, los que han corrompido las instituciones, provocado inseguridad, saqueado al país desde las arcas públicas, levantado la mano en contra de millones de familias. Sólo han modificado su imagen física e incluido algunos lemas; pero se trata, en esencia, de los personajes que tanto daño han causado a los mexicanos desde alcaldías, legislaturas y cargos en los poderes Ejecutivo y Judicial.

La falta de imaginación, seriedad y propuestas se hace palpable cuando uno mira, cual carpa de circo o teatro burlesque, a no pocos candidatos políticos descalificándose, criticando el trabajo de unos y otros, difundiendo rumores, y lo ridículo, para llegar a la sensibilidad de las mayorías y resultar favorecidos con el voto, bailando, desnudándose y cantando. A tal grado están prostituyendo la política, claro, más de lo que ya se encuentra.

Una canción “pegajosa”, un baile populachero, un chiste o un espectáculo nudista no resolverán, definitivamente, los graves problemas que enfrentan los mexicanos en todos los aspectos. Sólo son para atraer a los rebaños humanos, a la gente que no piensa, a los que empeñan el presente y futuro de sus hijos por un saludo hipócrita o una dádiva, a los que piensan con satisfacción que un día expresarán “a esa diputada yo la miré desnuda”, a los que ríen y se distraen con las migajas que les ofrecen cínicamente mientras la nación se desmorona.

Hay una colección de aspirantes políticos en el territorio nacional que utilizan, durante campañas, sus alias, los apodos con los que la gente los conoce, y hasta eligen por un momento los disfraces del armario, la ropa de cantantes y bailarines, de bufones que hacen cualquier cosa a cambio de obtener los beneficios de quienes sufragan sin razonar.

Si tales personajes son capaces de sustituir planteamientos serios, fórmulas inteligentes para corregir el rumbo del país desde alcaldías, legislaturas o gubernaturas, por actos más de carpa que acordes a las exigencias y a los retos de la hora contemporánea, ¿qué harán cuando ejerzan sus funciones y se sientan atraídos y seducidos por el brillo del dinero y el poder? ¿Será de confianza quien hoy se desnuda para captar la atención de las multitudes y obtener votos, o aquellos que parece que cantan y bailan en cantinas?

Definitivamente, las familias mexicanas no necesitan espectáculos nudistas ni canciones y bailes de burdel; requieren propuestas, soluciones, trabajo honesto, acciones con resultados de beneficio colectivo.

A los políticos y funcionarios públicos hay que exigirles honestidad y resultados positivos en todos los temas de trascendencia para México, no brindarles aplausos por actos que se representan mejor en los teatros. Por favor, no hay que engrandecerlos desde los palcos; es preferible obligarlos a que trabajen honesta y responsablemente. Los mexicanos desean una nación honesta, justa y próspera, no un país en ruinas ni con personajes que utilizan el poder para su beneficio personal y de grupo.

Primeros días de campañas políticas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Descalificaciones, triunfalismos anticipados, acusaciones, apasionamiento excesivo, movilizaciones, expectativas que rebasan la realidad y ausencia de compromisos serios y propuestas inteligentes han definido, en sus primeros días, los esbozos de las campañas políticas en Michoacán, precisamente en una etapa en la que incontables familias en ese estado ya están hartas de abusos de poder, corrupción, delitos, injusticias, promesas incumplidas, adormecimiento de las autoridades, falta de oportunidades reales de desarrollo e impunidad.

Tal vez los asesores de los aspirantes políticos, los que les hablan al oído, quienes diseñan las estrategias, viven una realidad económica diferente a la que enfrentan la mayoría de los michoacanos y creen que sus consejos son acordes a las urgencias de la hora contemporánea, ya que no es lo mismo ir todas las mañanas al club, al vapor, al restaurante, a alabar a los que ostentan el poder o criticar a los opositores y tratar de componer la situación de un estado desde una mesa de café o envueltos en toallas, que caminar por las calles de las colonias populares, por las rancherías desoladas, por los pueblos empobrecidos, donde la gente carece de satisfactores mínimos, y no porque prefiera la holgazanería, sino por la falta de oportunidades de progreso.

La realidad de Michoacán es diferente y necesita, en consecuencia, propuestas y acciones reales, no promesas ni campañas de bajo perfil, como si se tratara de obras de teatro que se ejecutan por compromiso u obligación y concluyen en cuanto desciende el telón pesado y oscuro, cubierto por el polvo y rasgado por el descuido, sin que salgan nuevamente los actores a recibir aplausos por temor a ser agredidos por el público defraudado e irascible.

Han sido 13 años -casi todo el lapso del siglo XXI- de corrupción, mentiras, riesgos e injusticias sin que se aplique la ley a quienes han dañado a los michoacanos. Las condiciones actuales de Michoacán exigen la participación de hombres y mujeres comprometidos con la verdad, el trabajo, la justicia, el bien común, la honestidad y el desarrollo integral, no discursos incendiarios ni declaraciones mediáticas o encuestas que confunden a la gente.

Y si la sociedad, al menos los sectores más conscientes de la realidad, no está convencida con las actitudes de descalificaciones y hostigamiento porque exige propuestas y compromisos, e indudablemente se siente defraudada, hay otros factores que influyen negativamente y le dan la razón al pensar que los políticos solamente se interesan en cometer excesos, como el caso reciente de Angélica Rivera, la esposa del presidente Enrique Peña Nieto, quien junto con sus hijas, hijastras y amigas realizó un viaje a Estados Unidos de Norteamérica con la intención de visitar las boutiques más caras de Beverly Hills y preguntar por vestidos con valor hasta de 20 mil dólares, cuando millones de mexicanos carecen de unos cuantos pesos para satisfacer sus necesidades básicas, dar de comer a sus hijos o comprarles algún medicamento.

Si el sueldo del mandatario nacional es, como lo estipuló el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2015, de 248 mil 674 pesos mensuales, ¿cómo es posible que una joven de su familia pretenda adquirir un vestido para su graduación con un valor que supera los ingresos familiares? De tener el presidente Peña Nieto otros ingresos económicos, ¿dónde están las declaraciones ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público? Indudablemente se trata de recursos que aportan los mexicanos a través de sus impuestos. Y lo más sospechoso es que al siguiente día de la aparición del video que dio fe de las actitudes superficiales y derrochadoras de la familia presidencial, fue eliminado de youtube, lo cual denota el afán de autoritarismo que prevalece en México.

Tales conductas, por no citar otros ejemplos como la visita a Inglaterra con más de 200 invitados o la utilización del helicóptero, entre otros, contribuyen a denigrar el de por sí mediano trabajo de los candidatos, y no solamente de los priistas, sino de panistas, perredistas y otros, porque la población está fastidiada de la clase política mexicana en general, independientemente del partido del que provenga, precisamente por los excesos que comete en detrimento del país.

Por el bien de Michoacán y México, habría que esperar que los aspirantes políticos que contienden durante las actuales campañas, recapaciten y verdaderamente se comprometan con las familias que coexisten, ya lo sabemos, entre la miseria, la inseguridad, la corrupción, las injusticias y la desesperación.

Las autoridades se asustan, mienten y actúan miserablemente cuando aparecen grupos opositores que legítimamente o no defienden sus derechos y exhiben la incapacidad oficial; sin embargo, al no actuar responsablemente ante la sociedad, como lo juraron al asumir sus funciones, se convierten en cómplices de los grandes problemas. No entienden, o son omisos, que los signos de malestar social están creciendo y que una vez que se rompa el equilibrio social, es decir cuando tú quiebres tu negocio o te despidan del empleo y no tengas dinero para alimentar a tus hijos, comprarles medicamentos que salven sus vidas o darles una educación digna, y a tus familiares, amigos y vecinos les suceda lo mismo, nada halagüeño se desencadenará para el estado y la nación. Hoy, los candidatos enfrentan la oportunidad histórica de convertirse en actores del cambio y la justicia que reclaman millones de personas o sellar complicidad con la cadena de la clase política que tanto daño ha causado a los michoacanos y mexicanos en general.

Los hombres del bastón

Con dedicatoria

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los tullidos, enfermos, ancianos e invidentes utilizan bastones y hasta andaderas para sostenerse de pie y caminar lentamente, y se comprende porque de no hacerlo podrían resbalar y accidentarse con consecuencias fatales para sus vidas; sin embargo, aquellos políticos que usan muletas, en el sentido figurado, para descalificar y hacer a un lado a sus adversarios, ganar la simpatía y el respaldo de las mayorías y obtener, finalmente, el triunfo electoral, despiertan sospechas porque al parecer son incapaces de presentar propuestas inteligentes a la ciudadanía harta de abusos, corrupción, impunidad e injusticias, y muy proclives, en cambio, a los discursos incendiarios, a la demagogia.

Ahora que ya iniciaron campañas electorales en México y algunas entidades, como Michoacán, verbigracia, para gobernador, alcaldes y legisladores, no es raro que diversos sectores de la sociedad escuchen, al micrófono o en declaraciones mediáticas, a los principales candidatos atacándose, criticando lo que no hicieron sus adversarios políticos, recalcando las torpezas y errores de otras gestiones, cuando en todos los casos se han registrado actos de corrupción e ineptitud. Por algo México se encuentra en ruinas, en una situación alarmante que los hombres del poder intentan sofocar para confundir y engañar a la comunidad internacional.

Resulta lamentable que los espacios públicos y los medios de comunicación se intoxiquen tan rápido de palabras apasionadas por el arrebato, la crítica destructiva y el odio, cuando los mexicanos desean escuchar compromisos reales, propuestas razonables, promesas responsables. Lo demás -las fallas, la corrupción, el nepotismo, la impunidad, el cinismo, las injusticias, los rezagos, el engaño- ya lo conoce la sociedad mexicana, quien desea otra clase de gobernantes. Es estéril que los políticos resalten los errores y la corrupción de sus contrincantes, cuando es del conocimiento general la clase de gobernantes y funcionarios públicos que tiene el país en sus diferentes niveles.

Es oportuno recordarles a los candidatos políticos de los diferentes partidos que el pueblo mexicano ya está harto de tantas palabras y nulos resultados. El país necesita hombres y mujeres auténticos, comprometidos con sus funciones públicas, responsables en el cumplimiento de sus propuestas, interesados en los problemas nacionales y en su solución, gente que ofrezca verdaderas alternativas de desarrollo integral, más que arlequines que se monten en zancos o utilicen bastones para apoyarse y obtener el respaldo mayoritario en las urnas. Habrá que estar preparados para soportar la avalancha de ataques, críticas y descalificaciones por parte de los aspirantes políticos, claro, ausentes de propuestas y compromiso en muchos de los casos; pero por alguien habrá que votar para exigir resultados, y esa tarea es responsabilidad de todos.