Si un día no estás conmigo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Si un día no estás conmigo, acaso porque tuviste que partir a rutas distantes, mi prosa poética sentirá tu ausencia y sus letras, signos y palabras marchitarán, igual que las hojas que despiadadamente arranca el viento otoñal y dispersa en el bosque, en las calzadas de los parques y en el boulevard. Si alguna vez, por cierto motivo, partes de mi lado, volveré una tarde y muchas más a la banca de piedra, junto a la fuente, donde solíamos admirar la pinacoteca celeste, mecernos en la luna sonriente y contabilizar luceros. Si en cierta fecha indefinida, renuncias a mí simplemente porque te cansé o por no ser iguales, te extrañaré tanto que no dudo que a partir de entonces comenzaré a morir. Si una mañana o una tarde, una noche o una madrugada, me dejas, atrapado en la soledad y los recuerdos, pienso que al asomar al espejo, un tanto irreconocible y desmejorado, te identificaré en mí porque un amor como el nuestro no se desvanece ni muere con una despedida. Si en determinado momento, corres al tren y subes a uno de sus furgones, rumbo a un destino incierto, trataré de alcanzarte, y si en el camino mis fuerzas desfallecen, sentiré consuelo al voltear atrás y recordar los días y los años de nuestra historia. Si un día te encuentras en otro sitio, lejos de mí, te aseguro que construiré puentes y escalinatas con la intención de cruzar los abismos que separan al mundo del paraíso, transitar de la arcilla a la esencia, y reencontrarte en un jardín matizado de colores mágicos y envuelto en la delicia del perfume de los ángeles. Si un día no estás conmigo, te buscaré en mi alma, en mi memoria, en mis sentimientos, en mis ideales, en mis sueños, en mis pensamientos, en las huellas que dejamos.

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Entre montañas y pueblos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es un lienzo, una sinfonía, un poemario. Es, para los seres humanos, el regalo de la vida, el arte de Dios transformado en mural de intensa policromía, en poema y en formas, en canto y en notas magistrales, en fragancias y en texturas.

De pronto, el escenario natural se convierte, ante la mirada, en trozos de cielo, en fragancias y en suspiros del paraíso. Todo rima y es verso en la naturaleza, concierto y pintura que cautivan, forma y lenguaje que uno siente en sí y alrededor.

Abrazar un árbol, mezclar los pies con el barro y hundirlos en un riachuelo, equivale a fundirse con la creación, sentir el pulso de la naturaleza, experimentar las caricias de Dios y de la vida, escuchar sus voces y sus sigilos, ser uno con el todo.

Hemos caminado, el equipo de expedición y yo, durante horas, un día y otros más, entre bosques de coníferas, donde los abrazos y las caricias del viento helado sonrojan la cara, y uno, al encontrarse en la cima de alguna montaña, contempla los pliegues del escenario, como si alguien, al moldear el paisaje, hubiera creado figuras y siluetas caprichosas.

El espectáculo resulta imponente. A cierta hora, el cielo arde y se decora con tonalidades amarillas, doradas, naranjas y rojizas, como al inicio, mientras las aves, en parvadas, retornan a sus nidos, a sus refugios, en las frondas de los árboles y en los acantilados.

También hemos sentido la mirada del sol ardiente que, mezclado con las ráfagas de aire, impregnan en nuestros rostros y manos fragmentos de tierra y polvo, compañeros inseparables de huisaches, nopaleras, magueyes y cactus.

Las entrañas de la tierra, con sus hendiduras y salientes, aparecen con paredones rocosos y arrugados, donde se ocultan murciélagos y otras especies, e invitan a horadar y explorar las profundidades que nadie sospecha, donde los colores se desdibujan y se tornan negros y el oxígeno se confunde con gases.

Uno admira el paisaje y camina entre árboles, piedras, manantiales y hierba, al lado de lagos, con la mochila a la espalda y una canasta pletórica de aventuras e historias, porque si la existencia, por sí misma, es grandiosa e irrepetible, andar en las profundidades de los barrancos, escalar paredones escarpados de piedra, hundir los pies en el barro y en los ríos, llegar hasta la cima, descubrir parajes insospechados, observar la belleza de las flores minúsculas y de los helechos e introducirse a las entrañas de la tierra, regala el placer de adelantar, en pedazos, la hermosura y el prodigio de otros paraísos.

Estos días, he andado entre cumbres y desfiladeros, con los brazos, las manos y el rostro maquillados por el sol y rasguñados por ramas, insectos y varas. He retornado a parajes naturales, como lo hice en la niñez y en la adolescencia, e igual en los años juveniles, con la pasión de escribir y protagonizar capítulos intensos y agregarlos a la historia de mi vida.

Y si me es tan apasionante andar entre piedras, desfiladeros, hondonadas, cumbres, lagos, cascadas, bosques y riachuelos, o contemplar los amaneceres con sus fragancias y policromía, y, por añadidura, las horas del anochecer, bajo la pinacoteca celeste decorada con la luna e innumerables luceros, también me encanta andar en los pueblos, en las aldeas, en los caseríos, y entrar a las casas de adobe con tejabanes, a las cocinas con hornos rústicos y cazuelas de barro en las paredes, al lado de gente de campo, con sus historias, costumbres, leyendas y tradiciones.

Me encanta la gente de las montañas En las aldeas, mientras las mujeres elaboran platillos al más puro mexicanismo -en molcajetes, cazuelas y ollas de barro, metates y comales-, uno escucha, ausentes de superficialidades, pláticas amenas e historias legendarias, costumbres y remembranzas que los dibujan y retratan.

No soy magnate ni dispongo de tiempo ante la cantidad de proyectos y tareas que debo cumplir durante los años de mi existencia; al contrario, alguna vez perdí todo lo material y cada día enfrento el reto de inventar mi vida.

Por diferentes motivos, mi biografía contiene lapsos que me alejan de la estridencia, los aparadores y las luces de las ciudades, pautas que me llevan a parajes recónditos, escenarios insospechados, donde me refugio voluntariamente y experimento una e incontables aventuras.

Estos días me he ausentado y, por lo mismo, no he publicado los textos de mi autoría, que ahora escribo en mi cuaderno de notas, en hojas sueltas, en páginas que enumero; pero no olvido mis obras, mi arte, ni tampoco a mis lectores queridos.

Tengo la encomienda de escribir un libro turístico sobre algunos pueblos y ciertas regiones naturales, y necesito entregarme, en consecuencia, a esa responsabilidad y tarea,

Siempre, cuando exploro e investigo, regreso a los lugares, al lado de su gente y su naturaleza, con sus colores y fragancias, y más tarde, al concluir mi labor, me voy, busco el aislamiento, el silencio, acaso por ser hombre subterráneo y tratarse de mi esencia, probablemente por la necesidad y urgencia de reconstruirme, quizá por el anhelo de reencontrarme conmigo, tal vez por todo y por nada.

Me han acompañado dos fotógrafos excelentes y un amigo que ha dedicado los años de su vida al turismo; pero también he viajado aparte, acompañado de mi mochila e itinerario de trotamundos incansable.

Hoy, desde algún rincón de la ciudad, en mi destierro voluntario, asomo por una de las ventanas y, al contemplar las montañas azuladas por la lejanía, me parece escuchar el crujido de la hojarasca al pisarla, los rumores y los silencios de la fauna y la flora y el concierto de la vida incesante en cascadas, ríos, lagos, helechos, flores, hojas, cortezas, hongos y orquídeas.

Y aquí estoy, con mis letras y mi vida, entre recuerdos y vivencias, dispuesto a continuar con mi arte y mi historia, a pesar de las ruinas de una sociedad deshumanizada y los despojos de maldad, odio, tristeza y violencia que descubro en las calles, con personas distraídas en aparatos que sustituyen la compañía, los sentimientos y las ideas reales, más felices de ver un automóvil de lujo o una joya tras los cristales de un aparador, que la hoja dorada y seca que el viento arranca y mece suavemente hasta la alfombra amarilla, naranja, rosada y rojiza que, más tarde, a cierta hora, dispersa aquí y allá.

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Texto: Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Fotografía: Lázaro Alejandre Gutiérrez

Quien una mañana escribe “te amo”, en la arena de la playa

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… la miré aquella vez y supe que la amaría eternamente. Cuando un susurro interno me anticipó “es ella, es ella”, comprendí que dentro de mí escuché su voz que advirtió “soy yo, soy yo”. Entendí el secreto de ser uno y otro en el amor

Quien una mañana se anticipa al oleaje y traza en la arena de la playa la expresión “te amo”, conoce los secretos del alma y ha pronunciado en silencio el código para abrir las puertas del cielo. Quien se preocupa por uno y tiene la atención de recomendar una alimentación sana, un buen abrigo en temporada de frío, un paraguas o un impermeable durante la lluvia y un sueño dulce y tranquilo, es una bendición porque hace de cada momento un detalle, un paraíso, un destello. Quien es mujer y dama, también es suspiro y ángel, poema y música, luna y estrella, y merece a su lado un hombre y caballero, un ser humano capaz de serle fiel y tratarla con enamoramiento e ilusión. Quien abraza y provoca que uno perciba su esencia y escuche el lenguaje que brota desde el silencio y la profundidad de su alma, es la mujer a quien se ama fielmente, la dama a la que se le admira y respeta, la compañera de una aventura llamada vida y de un sueño que se entrega al arrullo de la eternidad. Quien es mujer, posee el encanto de una niña; pero si por añadidura es dama, resplandece y guarda los tesoros celestes. Quien una noche se anticipa a los luceros y a la luna con sonrisa de columpio y prende velas entre los sabores de una cena, es compañera de una historia sin final, doncella de un cuento real, amor que no se olvida y que se lleva siempre por ser tan bello y sublime. Es a quien se entrega un bouquet de rosas. Quien me ama, eres tú, la dama de quien hoy hablo y a la que defino en los rumores del mar y el viento, en las notas del violín, en los minutos temporales y en los círculos de la eternidad, en los latidos de mi corazón y en un lenguaje que proviene de ti y de mí. Quien una mañana nebulosa o una noche de llovizna escribe “te amo” en la arena de la playa o en alguno de los cristales de la ventana, eres tú.

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Me encanta vivir y soñar contigo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando dos seres coinciden en el sendero y uno y otro identifican sus nombres, disfrutan hasta su estatura y se sienten orgullosos al caminar juntos, felices al experimentar sus alegrías, tristes al sentir dolor en alguno e ilusionados al compartir la vida y soñar el cielo, hasta las estrellas vibran en el universo, se conmueve la creación e inicia una historia de amor subyugante. Cuando somos tú y yo -nosotros-, empieza nuestra historia. Cuando reconocemos nuestra esencia y aceptamos que el beso que hoy nos damos enamorados, mañana será el mismo de la ancianidad, y que las manos que ahora estrechamos con fuerza y ternura un día se transformaran en apoyo mutuo, se abren las puertas del amor eterno

Me encanta vivir y soñar contigo. En los sueños vivimos intensamente. En la vida soñamos con alegría y dulzura. Me deleita ser caballero de la dama que eres, caminar a tu lado, salpicarnos agua de la fuente, pisar un charco, mirar nuestros reflejos en los cristales de las tiendas, hacer alguna travesura, hurtar una flor para escribir tu nombre y el mío en los pétalos, tomar helado, beber café y arrojarnos las almohadas y los cojines hasta que revienten y las plumas se dispersen y cubran todo.

Igualmente, disfruto tu compañía en los instantes de silencio y en los momentos de risa y diálogo, acaso porque retornamos a la infancia consumida, probablemente por recordar la unión de días distantes en un paraíso apenas recordado, quizá por reconocer que tu alma y la mía son una, tal vez por todo.

Estar contigo, a la hora de entregarme a mi arte, es sentirte, percibir tu esencia e inspirarme. Me acompañas y envuelves durante las horas de creación artística, como la musa que eres y la niña que fuiste cuando soplabas a los dientes de león y disfrutabas observar sus filamentos mecerse en el aire.

Iluminas los días de mi existencia con tus ocurrencias y travesuras, tu sonrisa permanente, tus detalles femeninos, tu ruta interior, tus ojos, tus labios, tus manos, tus besos y tu perfume. Todo me gusta de ti. Eres la estatura de mi ser, la medida de mi vida, el destino de mi amor.

Gritamos, callamos, hablamos, musitamos. Escuchamos los murmullos del oleaje, los susurros del viento que arrastra fragancias, los suspiros de la vida, las voces de nuestras almas y los rumores de las estrellas, el universo y la creación.

No somos, aunque otros nos critiquen, de los que confunden el amor con momentos pasajeros que se condenan al olvido porque el nuestro, color de mi vida y matiz de mi cielo, es un sentimiento auténtico, fiel, puro e inagotable que brota del interior y sólo experimentamos quienes somos de una arcilla especial.

Amar, en nuestro caso, es ante todo dar gracias a Dios por la bendición del reencuentro en este mundo y la oportunidad de fundirnos en los sentimientos más sublimes, caminar juntos hacia la morada sin final y compartir una historia extraordinaria e inagotable.

Tú y yo somos resultado de las ecuaciones de Dios, fórmula guardada en los arcones celestes y amor de nuestros sueños y realidades. Con nuestras respectivas identidades, me sientes en ti y yo te percibo en mí.

Es un privilegio ser tu amante de la pluma y excursionar contigo durante nuestra jornada existencial. Juntos hemos aprendido que el amor es de entrega mutua y tiempo completo. Se trata de sentimientos que forman un estilo de vida y trazan el sendero a destinos grandiosos e inexplorados por la mayoría de la gente.

Observo tu figura, tu naturaleza femenina, tu mirada, tu alegría, tu código de vida, y no encuentro decoraciones falsas en ti ni rumbos artificiales e inciertos que indiquen que yo, al amarte tanto, pueda convertirme en pasajero de una estación y huésped de una noche; al contrario, descubro, a tu lado, mi historia, un destino compartido, la coronación de nuestras almas, la entrada magistral a un palacio.

Mi amor por ti es inextinguible. Siempre presumo que igual que la primera vez, siento emoción, alegría e ilusión cuando te expreso mi amor y confieso a tu oído que me cautivas y me siento enamorado de ti. Esto, parece, es prueba de que nuestro amor siempre se renovará como los amaneceres de la eternidad. Y quien no crea, que me defina cuando te miro.

Aquí y allá, en los rincones del mundo y en los escenarios sutiles, en nuestro interior y en el palpitar de la creación, me deleita volar contigo y sentir que el amor que recibo de ti y te entrego cada instante, no es el vapor que dispersa el ferrocarril que recorre estaciones aburridas, fugaces y desoladas, ni el barco que navega hacia un puerto y otro, sino el hálito de algo superior que pulsa en ti y en mí. Me encanta vivir y soñar contigo.

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