Como la primera vez

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Admito que cada día, al acudir a tu encuentro, experimento la misma emoción e ilusión que sentí durante nuestra primera cita, cuando expresé, ante tu asombro, “me encantas” y “te amo”.

No he perdido la costumbre de mirarte a los ojos para descubrirme retratado y contemplar, totalmente embelesado, el resplandor de tu alma y la belleza de tu rostro sonriente y tierno.

Tampoco he desperdiciado la oportunidad de guiñarte el ojo a hurtadillas, tomar tus manos repentinamente, estrecharte en mis brazos o darte el más delicado de los besos. Todo es como la primera vez, con asombro, alegría y emoción. Reconozco que hasta peinar mi cabello y aplicar el perfume en mi piel, es un proceso idéntico al de la primera ocasión que fui a tu lado. Parecía un adolescente feliz y enamorado, como me siento hoy.

Estoy convencido de que el amor se renueva cada instante cuando uno transforma la relación sentimental en oportunidad de saltar la barda del paraíso, no al capturarlo o reprimirlo, ni tampoco al condenarlo a la rutina y la monotonía.

Guardo en mi memoria los capítulos que hemos compartido, lo confieso; sin embargo, no los archivo en el desván empolvado ni sostengo la alegría y las ilusiones que nos unen a través de recuerdos estáticos, porque cada día renuevo nuestro amor con experiencias reales.

Igualmente, juego contigo sin temor a convertirnos, por momentos, en un par de chiquillos locos y traviesos, y cómo reímos cuando olvidamos las formalidades y los prejuicios del mundo.

El amor se vive cada instante, no se platica ni imagina, porque se alimenta de hechos, detalles y vivencias. Cuando agota reunirse con la persona amada, con la otra parte de uno, y se prefiere la compañía de alguien más, los más bellos sentimientos, si alguna vez existieron, comienzan a agonizar.

Amar no es coleccionar horas y noches de pasión sin sentimientos para después pasar a otras manos. Se trata de algo sublime, comparado, quizá, con el canto de los ángeles o la mirada del cielo.

Mientras camino a tu lado, feliz e ilusionado, aquí y allá, en un sitio y en otro, me preguntan cuál es la fórmula para eternizar el amor. Sonrío y contesto que acudir a cada encuentro como la primera vez, con alegría, emoción e ilusiones, para que al expresar “me encantas” y te “amo”, siempre asombre, cautive y enamore, aunque hayan transcurrido décadas desde que tales sentimientos se expresaran en lo que fue preámbulo de una historia maravillosa, sublime e intensa.

Oh, las historias de amor más irrepetibles, hermosas e inolvidables se escriben todos los días, cada instante, con detalles, sonrisas, cariños, miradas, juegos, palabras, silencio y hechos; pero yo, fielmente enamorado de ti, le agrego otro ingrediente, el de acudir a cada encuentro contigo como lo hice durante la primera cita, con asombro, alegría, emoción e ilusiones, insisto, acaso porque estar a tu lado, tomados de la manos y mirándonos con ternura, equivale a permanecer sentados en la banca de la inmortalidad.