El arte… el arte abre las otras puertas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El bolígrafo que desliza suavemente sobre las hojas de papel, es el pincel que traza y pinta colores y formas en el lienzo, el arco que acaricia las cuerdas del violín, el martillo y el cincel que esculpen la piedra yerta. En cada movimiento percibo rasgos similares, algo que es tan propio de los artistas y sus obras. Existe, parece, una correspondencia sutil en el arte, como si cada expresión -las letras, la pintura, la música y otras- perteneciera al mismo linaje, a una casa solariega, a una hermandad luminosa e infinita que emula los amores y las pasiones de Dios. Entiendo que el arte no es del mundo, pero lo envuelve al provenir de cielos inmortales que están en uno y en todo. Es para los humanos, a quienes presenta, sintetiza y asimila la creación, la vida, las ilusiones, los sueños y las realidades. Son burbujas que exploran y regalan lo que los sentidos materiales no captan. Enseñan a la humanidad lo que a veces, por sus distracciones, no mira ni escucha. Al dibujar letras y palabras con el lápiz o el bolígrafo, o al oprimir teclas para registrarlas en una pantalla, en un aparato, el escritor es el pintor que crea algún cuadro y el músico que cubre el ambiente con los rumores y silencios de un paraíso mágico. El arte es un mundo infinito, rico e inacabable. Creo que al formar el mundo, Dios hizo incontables paréntesis y dejó espacios, trozos ausentes de sonidos y matices, listas con faltantes, para que sus discípulos, los artistas, los completemos con los materiales que cargamos desde tierras lejanas y tiempos distantes. Dejó palabras incompletas, paisajes a medios tonos, silencios y piedras informes con el objetivo de que los escritores y poetas, inspirados, regalemos las historias y los versos más cautivantes, los pintores obsequien colores, los músicos repartan conciertos supremos y los escultores ofrezcan formas cautivantes. Nadie debe apagar las voces de los escritores y poetas, borrar la policromía y los trazos de los pintores, callar el lenguaje de los instrumentos musicales y destruir las formas cinceladas y fundidas, porque equivaldría, en consecuencia, a derrumbar la entrada a otros recintos, a profundidades hasta ahora insondables, donde se encuentran vetas, tesoros grandiosos, secretos y la fórmula de la inmortalidad. Hay quienes denigran, escupen y encadenan al arte porque saben que tiene alas y luz, y transporta, por lo mismo, a la libertad, a la plenitud. Otros, en tanto, con capacidad y talento de artistas, se transforman y solo aparecen cuando hay butacas ocupadas, reflectores y cámaras, como si las obras fueran mercancía fabricada en serie. El arte es superior porque viene del alma, del ser, y emula el poder de la creación, retrata el sí y el no de la vida, explica lo que casi nadie entendería de otra manera, y acerca, definitivamente, a paraísos, mundos e infiernos, como para que todos conozcan cada sitio y elijan la esencia y las flores o los cardos. El arte es clave, signo, llave. Abre las puertas del alma, del cielo, del mundo.

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Fragmento de cielo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Seguí el lenguaje de tu pulso, las huellas de tus sandalias, el aroma de tu piel, la ruta de tu ser y los rumores de tu silencio, hasta que descubrí los destellos del cielo

En tus manos, cuando tocan las mías y me acarician, siento la textura de las flores del paraíso y la suavidad de los pétalos al deslizar las gotas del rocío. Imagino la dulzura de una mañana de primavera y presiento el sabor del cielo con cada beso que me entregas. Grabo nuestra imagen al fundirme en tu mirada, en la profundidad de tus ojos, seguramente porque me regala los colores de la paleta de Dios. Noto, cuando hablas o susurras a mis oídos, que el viento sopla y me transmite los rumores de la vida, del océano, de nuestras almas, de la lluvia y de la creación. Admiro, al ser tú y yo, el esplendor de un amanecer en la playa, la magia de una llovizna de verano, el prodigio de un bosque alfombrado de hojarasca y el encanto de un manto de copos. Te abrazo en silencio, prolongadamente, hasta navegar en la profundidad de nuestras almas que reconocen la luz y la ruta a un plano que se percibe eterno. Encuentro en cada detalle tuyo, en tus guiños, en tu mirada, en tus palabras, en tus ósculos, un rincón de la inmortalidad, un trozo de Dios. Oigo los tañidos de un mundo distante y cercano a la vez, los murmullos de tu silencio y el mío, la música de nuestras voces al hablar y al callar. Me sorprende tanto que en ti -en tu mirada, en tus detalles, en tus palabras, en tus besos, en tus caricias- palpite un tanto de cielo, un fragmento de mí, un trozo del encanto de una flor y un eco que me recuerda lo que amo y siento tan tuyo y mío.

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Inolvidable para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Siempre entendí que se trataba de ella, la pequeña que presentí durante mi infancia dorada y sustraje de mis sueños, la niña consentida de Dios, la musa que inspira mis obras y que al amarla, al saberla real, provoca que la admire, que sienta asombro hasta de mi enamoramiento y que hoy viva la locura de un amor que me lleva a las estrellas, al polvo cósmico, a la luz eterna. Prometí amarla y ser inolvidable para ella. Si lo soy y un día, una tarde o una noche, ella o yo cruzamos el umbral, la frontera entre el mundo y la morada celeste, no dudo que en algún instante, si acaso existe el tiempo en el palacio de Dios, su alma y la mía se reconocerán de inmediato para unirse en un romance sin final…

Quiero ser inolvidable para ti, no por el perfil de mi rostro, sino por la brillantez de mis ojos cuando te miro, por la dulzura de mis palabras al hablarte, por la alegría de mi sonrisa al estar contigo, por el sabor de mis labios al besarte. Quiero ser inolvidable para ti, no por la ropa que porto ni por la loción que utilizo, sino por el aroma de mi piel, los abrazos de amor y consuelo que te doy y lo que mis manos hacen por ti cuando ríes o sufres. Quiero ser inolvidable para ti, por los caminos que recorremos, los puentes que cruzamos y los sitios que visitamos; pero también, no lo niego, por las huellas que dejamos, la ruta que trazamos, los capítulos que compartimos. Quiero ser inolvidable para ti, por las horas que robamos a las manecillas del reloj, por los días que hacemos nuestros y restamos a los almanaques, por los años en el mundo y las promesas de un amor más pleno en la eternidad. Quiero ser inolvidable para ti, no por las superficialidades que están de moda, sino por mi amor fiel, por esta locura que me provoca admirarte tanto y sentirte como un tú muy mío sin arrebatar tu identidad ni ensombrecer tu vuelo. Quiero ser inolvidable para ti, por mis poemas y detalles, por nuestros sueños y realidades, por las ilusiones que atrapamos en burbujas que solemos reventar, cuando jugamos, para tornarlas en vivencias. Quiero ser inolvidable para ti, por la oración de cada día, por el asombro de un amor extraordinario, por los actos cotidianos, por el sí y el no de la vida. Quiero ser inolvidable para ti, de tal manera que sientas emoción, alegría e ilusión cuando exprese suavemente en tu oído, mientras te entrego un poema y un bouquet de flores perfumadas y de dulce policromía: “me cautivas. Estoy enamorado de ti. No espero a alguien más porque mi alma te ha reconocido. Eres tú. Te amo fielmente”. Quiero ser inolvidable para ti, al grado de que sientas el cielo durante los días de tu existencia en este plano y las cosas del mundo, el universo y la creación se confabulen a nuestro favor, hasta abrir las compuertas de un cielo que inicia en nuestras almas y se proyecta al infinito cual ensueño interminable. Quiero ser inolvidable para ti, por la historia que protagonizamos y compartimos, por los sueños e ilusiones, por las vivencias, por nuestros juegos, por los momentos de silencio, por lo sencillo y complejo, por la risa y las lágrimas, por las luces y sombras, por el tesoro que prometimos entregar a Dios. Quiero ser inolvidable para ti, lo confieso, para que el día que retornemos a la morada de las almas, la tuya y la mía se reconozcan y permanezcan abrazadas y felices en el arrullo de la eternidad.

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El último día

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El último día es inesperado. Llega sorpresivamente. No toca a la puerta ni hace visitas de cortesía. Simplemente, llega en el minuto de la noche, en el instante de la madrugada, una mañana o una tarde, cuando uno se acostumbra a la vida.

La hora postrera de la existencia puede llegar en cualquier momento, cuando uno duerme profundamente o durante los momentos de la jornada. Llega el segundo en que la gente se queda en alguna estación y ya no prosigue en el viaje.

Los furgones del tren se llenan y se vacían porque los pasajeros, hombres y mujeres, ascienden y descienden constantemente. Las vías parecen unirse en el horizonte, pero no se tocan porque son paralelas que conducen a un destino y otro, forman parte de una ruta.

El último día es inevitable. Los días de la vida son tan frágiles, que no hay oportunidad de preparar el equipaje. Las maletas se quedan como prueba de lo que uno hizo en el mundo. Conservan los aromas y recuerdos de cada ser humano, sus obras buenas y malas, los sentimientos que dibujaron su sonrisa o marcaron su amargura; evocan sus actos y palabras, guardan las huellas de los caminantes y son constancia de una vida y otra.

A la gente, mientras vive, se le insiste en que los días son breves y hay que aprovecharlos; sin embargo, los confunden y la mayoría se dedica a talar su verdadero amor, su alegría, su evolución, en vez de plantar y crear un edén en el sendero que recorre.

Vivir no significa dedicar los días a hablar estupideces, embrutecerse con el alcohol y las drogas o coleccionar apetitos pasajeros. Eso lo hace cualquiera. No tiene mérito. Ni siquiera contribuye a disfrutar la estancia en el mundo. No se confundan.

La vida se disfruta cuando uno entiende que cualquier instante puede ser el último y trata, en consecuencia, de experimentar los días y los años en armonía, con equilibrio, plenamente, con la dicha de dar de sí, dejar huellas indelebles, amar fielmente y descubrir lo bello en cada detalle.

Cada instante puede marcar el minuto final. Nadie se atemorice. Sólo se tata de cambiar la vestidura, hacer un paréntesis dentro de la eternidad, preparar el viaje interminable. Hay que vivir felices y en paz, con una ruta definida, dispuestos a entregar lo mejor de sí, con un amor tan grande que ilumine el universo.

Nadie debe esperar a poseer una fortuna o una historia encantadora porque sus sueños podrían no cumplirse. El momento de vivir es ahora. Cada instante es para vivir con sentido. Nadie debería de retirarse del mundo sin antes darse oportunidad de ser dichosos, cumplir sus sueños y purificar sus seres con sentimientos, ideas, palabras y actos nobles. Eviten esos ceños fruncidos. La arrogancia es basura.

Por favor, sonrían, sean amables, den de sí a los demás, no arrebaten, jamás sean la sombra de alguien ni actúen con crueldad o ventaja. Alguien muy inteligente pronosticó que este mundo apenas durará una centuria y que habrá que anticiparse y buscar, por lo mismo, un sitio para vivir; sin embargo, quiero aclarar que no es necesario escudriñar el universo para descubrir otros parajes, ya que uno, a través del amor, las virtudes y los sentimientos, tiene capacidad para hacer de este plano un paraíso bello y por añadidura encontrar la senda hacia moradas sublimes.

Recuerden que el último día podría ser hoy, mañana o dentro de unas semanas, algunos meses o varios años; no obstante, la fecha es impostergable para cada ser humano, motivo, creo, para hacer a un lado los pretextos, las horas ruines, el ocio, los vicios y la ausencia de sentimientos y valores.

No partan sin antes haber sonreído y expresar a los demás lo tanto que los aman. No se vayan sin cumplir sus sueños limpiamente. Nunca se retiren de la vida sin darse oportunidad de hacer el bien, limpiar el camino y entregar de sí lo mejor porque el amor y las cosas no solamente son para uno, sino para bien de los demás. No lo olviden.

Sean ustedes quienes eviten el sufrimiento de los niños que deambulan en las calles o que son maltratados. Devuélvanles la alegría y recuérdenles que siempre habrá quienes los aconsejen, cuiden y acompañen. No engañen ni se aprovechen de la debilidad, confianza e ingenuidad de los demás. Ámense y protéjanse unos a otros.

Me gustaría que cada uno, en su minuto final, pudiera cerrar los ojos y dar el último suspiro con la satisfacción de haber protagonizado una historia ejemplar, bella e inolvidable. La fortuna material, los lujos, la superficialidad y los placeres fugaces no son ingredientes que aseguren la felicidad.

Busquen el vuelo libre y pleno, la justicia, el amor a los demás, la tolerancia, el bien, la honestidad, los valores, la verdad. Traten de sumar y multiplicar lo bueno y eviten restarlo y dividirlo. Los pequeños detalles hacen la grandeza.

Dediquen sus días a sus familias, a ustedes, a la gente que les rodea, a la humanidad, al servicio de la creación. Construyan puentes para no resbalar a los abismos y armen escaleras con la intención de llegar a la cima, pero no dejen heridos en el camino ni provoquen llanto, tristeza y luto en los demás.

Sean dichosos, vivan en armonía y en paz, construyan, generen vida. El último día es inevitable. Desconocemos la fecha en que llegará. Vivamos con la misión de ser luz para alumbrar el mundo y el universo.

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No es repetir la frase

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No son palabras ni promesas. Es un sueño convertido en vida. Es una vida de ensueño. Es quitar las barreras del tiempo y el espacio para admirar el paisaje, la ruta, el destino sin final. Es invitarte a ser yo, es desear convertirme en ti, sin la ausencia de nuestras libertades e identidad. Es alcanzar las estrellas con la mirada, sentir la brisa a la orilla del mar, agarrar la arena mundana y permitir que cada grano regrese a su lugar, hasta juntos abrazarnos, recostarnos en algún paraje y contemplar arrobados y en silencio la belleza y profundad del cielo luminoso que ya pulsa en ambos

Al decir te amo, no es repetir la frase tan bella y sublime que innumerables hombres y mujeres, en el mundo, confunden y manipulan para transportarla a los maniquíes de una boutique, a las vitrinas y los cristales blindados de una joyería o a la posada de un rato o una noche; al expresarlo, traigo las flores que Dios pintó en su buhardilla, las fragancias que despierta la lluvia a la orilla de un lago que refleja el verdor de los abetos y el azul del cielo, la sonrisa de la inocencia y los rumores de la vida. No es ausencia de palabras ni acortar el camino para llegar a ti cuando digo te amo, porque simplemente se trata de algo más bello y sublime. Gritar o susurrar la frase, como lo hacen tantos seres humanos, pierde sentido cuando sólo se repite sin conocer su significado o se acompaña de algo material para obtener un beneficio a cambio. Ir de la mano por la playa, sentir la brisa y contemplar juntos los pliegues jade y turquesa del océano y decir te amo, causa tanta alegría como permanecer una tarde de verano o de otoño en la banca de un jardín, al lado de una fuente mágica, y obsequiar un globo, una paleta o el resplandor de una sonrisa, el sabor de un beso o el regalo de una mirada dulce, porque se trata de un sentimiento y un tesoro que rompe fronteras y no le importan los lujos ni las carencias. Es la frase que pronunció Dios al momento de decretar el bien, la verdad y la belleza. Es un “te amo” que ilumina las almas, el mundo, el universo, el firmamento, la creación. Te amo es, cuando lo musito a tus oídos o lo pronuncias con tu cara de niña risueña, compartirte un tanto y un todo de mí, sentir un caudal de ti, vivir en unidad, armonía y plenitud sin perder libertad e identidad. Oigo y leo, al andar por los parajes del mundo, a la gente que mancilla la expresión “te amo”, simplemente porque creen que se trata de un sentimiento que conlleva a horas de placer sin compromiso, el trato escrito o no de una unión o permanecer juntos sin dar un sentido real a un regalo tan prodigioso. Me encanta decir te amo cuando estoy contigo o que me lo expreses a hurtadillas o con tus detalles porque ese sentimiento viene del interior, de lo alto, de ti y de mí, de la vida, del universo, de Dios. Al decir te amo, es sentirme tú y que experimentes lo mismo hacia mí, precisamente con la idea de entregarnos la fórmula mágica que llevamos en lo más insondable de nuestras almas, fusionarnos para ser luz, seguir la ruta a destinos grandiosos, cuidarnos mutuamente y compartir aquí y allá, en este plano y en otros, la dicha de una historia de ensueño, maravillosa, feliz, subyugante, extraordinaria e inolvidable, hasta despertar un día, juntos, en la cuna de la eternidad.

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Confesión

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Le compuse un poema, la describí en mis conciertos incansables, la pinté en el lienzo, y decidí, al sentir su aliento de musa, llevarla de paseo al cielo y quedarnos en alguno de sus parajes

Dicen que los artistas no somos de este mundo, que venimos un rato de otras fronteras, quizá de los sueños, de las quimeras o de planos inimaginables, porque transformamos las estrellas y los cometas en poemas, el oleaje del océano y las tormentas en conciertos y sinfonías, el trinar de las aves y los rumores del viento en canciones, las fragancias y la policromía de las flores en cuadros y murales, y la dureza del mármol yerto en formas cautivantes. Piensan algunos que nosotros, los artistas, somos bohemios incorregibles, seres que hablamos con las musas, soñadores que volamos libremente con la imaginación allende las nubes de colores tenues, para traer textos, poemas, relatos, pinturas, sonidos, formas, belleza; sin embargo, pocos saben, en verdad, que si traspasamos las murallas del cielo o nos sumergimos en nuestras propias profundidades, es para alumbrar y colocar luceros en la pinacoteca celeste, faroles en las calzadas empedradas y pletóricas de árboles, bancas y fuentes. Hacemos vibrar a los seres humanos y les ofrecemos, a través de nuestras creaciones, los regalos de Dios. Desconocen que nuestras obras son las piedras y el herraje tejido que forman el puente hacia la altura, donde termina el mundo y concluye el firmamento porque inicia la inmortalidad, principian el día y la noche interminables. Ignoran que Dios presta a los artistas su bolígrafo, su libreta de anotaciones, sus pinceles y su lienzo, sus instrumentos musicales, su marro y su cincel, con sus fórmulas inmortales y secretas, y como regalo una musa, para crear obras sublimes. Somos sus aprendices, sus discípulos, sus artistas. Si no fuera así, ¿quién haría del amor un canto, una pintura, un concierto o un poema? ¿Quién convertiría el amor y la vida en letra, en música, en color, en forma? ¿Alguien más podría transformar la realidad en sueños, fantasías, juegos e ilusiones? Si tú, color de mi vida, eres mi musa, entiendo que al inspirarme, al salpicar la tinta de mis letras y las pinturas de mi paleta en ti, al rozarte con los detalles de mi marro y cincel, al escuchar los fragmentos de mi violín, notarás que parte de mi creación es tuya porque tu esencia, tu perfume y tu aliento están impregnados en mí, en mis obras, en mi palpitar. Somos tú y yo en los textos que escribo, en el arte y las ideas que concibo, en la inspiración que recibo. Nadie entiende que los artistas, cuando amamos, poseemos capacidad de hacer de nuestros sentimientos un verso, un texto poético, una partitura, un lienzo… Sí, trozo de ángel, los artistas podemos entrar al cielo libremente, en compañía, si lo deseamos, de nuestras musas.

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Declaración de amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al darme cuenta de la intensidad del amor que me inspira y descubrirme en su rostro, en su alma, me prometí hacerla feliz, provocar su sonrisa y abrazarla siempre. Como me percaté de que las palabras no me alcanzarían para amarla eternamente, las coloqué en una canasta con flores y recurrí a los hechos, a los detalles, a las vivencias. Así es como armamos nuestra historia, con letras y actos tan sutiles que enamoren todos los días y hagan de la vida y la eternidad un sueño hermoso

Temo no disponer de palabras suficientes para traducir y expresar mis sentimientos en el lenguaje del romanticismo, en el poemario que me inspiras, en mis declaraciones cotidianas de amor. Mi desasosiego es tal, que busco un vocablo exquisito para ti.

Elijo las letras del abecedario que prometen formar palabras capaces de tocar a la puerta de tus sentimientos y saltar la cerca que divide los jardines del mundo y el cielo, precisamente para transformar nuestro amor en poema y tus sueños e ilusiones en realidad de tu existencia. Deseo que vibres y sientas alegría y emoción.

Abro el cofre del vocabulario, las páginas del diccionario, para seleccionar las palabras más bellas y subyugantes del lenguaje. Enlazo unas y otras con la idea de entregarte cada día una burbuja mágica, un detalle, una sorpresa, y este día, en especial, declararte mi amor como la primera vez. Es una fecha significativa no porque celebremos algo específico, sino por la alegría y fortuna de vivir un amor inquebrantable.

Mido el telón de la noche con la intención de desplegar mi texto. Disperso el polvo y los destellos de las estrellas con el objetivo de escribir la declaración de amor más hermosa, cautivante y pura.

Observo los colores de la naturaleza, percibo los rumores de la vida, distingo las siluetas del universo y escucho la voz de Dios con la finalidad de desprender sus significados, traducirlos y colocarlos ante ti. La de hoy es una declaración de amor.

A una mujer se le regala una flor como símbolo de su delicadeza, un verso que le recuerde lo mucho que uno la ama, la luna para que mire su reflejo y se columpie y una estrella cual promesa de llevarla al cielo.

No quiero equivocarme con el tropel de mis palabras. Sucede que los dos parecemos criaturas de otro tiempo y lugar, dama y caballero casi extintos, y a ambos nos encantan la dulzura del romanticismo, las velas y la música de violín en la terraza, la brisa y el rumor del mar nocturno, los trazos de la pinacoteca celeste, el perfume y la textura de las flores y el sabor del queso, el pan y el vino.

Guardé mi vocabulario para este momento porque creo, por ser quien eres, te enamora y te gusta escuchar la interpretación de mis sentimientos. El suave murmullo del viento y la música me invitan a abrazarte, mirar tus ojos y besar tu frente para que sea nuestro silencio el que hable y confiese este amor.

Estoy enamorado de ti por tus ojos y tus labios, por tu sonrisa y tu ternura, por tu encanto de ser tan femenina, por tus virtudes y tus modales de dama, por los destellos de tu alma, por lo que hablas y por lo que hacen tus manos, por tu cabello y tu fragancia, por tu código y tu inteligencia, por tu historia, por sentirte en mí, por todo lo que vales y el amor, los detalles y el tiempo que me dedicas.

La declaración más bella y dulce es aquella que ofrece un amor auténtico, eterno, fiel y puro, capaz de emprender la mayor de las proezas y conquistar el mundo para llegar al cielo.

Invento las palabras que aún no se han pronunciado para confesarte que estoy enamorado de ti y que con emoción, alegría e ilusión, como la primera vez, admito que me cautivas y te amo.

Nosotros -tú y yo- sabemos que las letras forman palabras, sentimientos e ideas, y que no necesitamos, por lo mismo, inscribir el amor en un contrato. El amor es libre y pleno, se vive, se siente, se escribe cada día como parte de una historia de ensueño.

Abrazados aún, me fusiono en el mar de tu mirada para llegar hasta tu morada, al santuario de tu alma, y declararte, como todos los días, el amor más hermoso, especial, subyugante, fiel, puro e inolvidable.

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Las ecuaciones de Dios

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las ecuaciones de Dios no fallan. La acumulación de detalles forma el milagro de la grandeza, y uno lo mira aquí y allá, en el mundo y el universo, cuando una gota de lluvia, otra y muchas más se precipitan y conforman represas que dan vida y reflejan en cada trozo la hermosura e inmensidad del cielo, o las estrellas que cada noche aparecen en la pinacoteca del cosmos y cautivan a quienes las admiran por ser parte de un bordado etéreo y prodigioso que se siente en las profundidades del alma desde antes del nacimiento. La nieve que se extiende blanca y resplandeciente en el bosque, reunió incontables copos de incomparable belleza, igual que aconteció con los agujas de los pinos y las hojas de los árboles. Todo da idea de que la suma de algo tan pequeño, resultará finalmente algo fastuoso e imponente. El mar, con toda su fuerza y majestuosidad, no lo sería sin la aglomeración de partículas de agua salada que se maquilla de jade y turquesa en las mañanas o de amarillo, dorado y rojizo ante la proximidad del ocaso. La asistencia de signos en las partituras, conducen a la ejecución de un concierto o una sinfonía subyugante. La reunión de las letras del abecedario, estimula al trazo de palabras que componen obras magistrales. El golpe del cincel, un día y muchos más, da como resultado la escultura en el mármol otrora yerto. Los instantes se acumulan, igual que la arena en las playas o los desiertos, hasta formar años y centurias. La creación, parece, está constituida de detalles. Las ecuaciones de Dios tienen un mensaje relacionado con los detalles, los cuales, acumulados, construyen la magnificencia, principalmente si se desarrollan dentro del amor, el bien, la verdad y los sentimientos positivos. Si uno hiciera de los pequeños detalles un acto cotidiano, un estilo de vida, quizá daría un sentido especial y mágico a sus días, hasta descubrir sendas inesperadas, quizá moradas sublimes o tal vez el milagro de ser uno parte minúscula de un proceso creativo que no cesa por tratarse del palpitar de la inmortalidad.

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La locura de este amor…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No sé qué me pasa, lo confieso; pero admito que jamás había sentido tanto amor y embeleso por alguien. Bien sabes que me refiero a ti

La locura de este amor me envuelve y provoca que ahora desee saltar las cercas de los años para llegar a la infancia dorada y jugar contigo, correr tanto que caigamos los dos al suelo para contemplar las siluetas fantasiosas de las nubes fugaces y soñar que tomamos nuestras manos con la intención de permanecer juntos cada instante. La alegría de este amor es causa de que te busque a una hora y a otra de ayer, hoy y mañana, para mirarnos a los ojos enamorados, tiernamente, como dos chiquillos traviesos e inquietos que ríen sin parar. La emoción de este amor, insisto, es motivo de ensoñación, mensajes escritos en servilletas de papel, promesas envueltas en pétalos fragantes de rosas blancas, aretes y cuentas de estrellas, cartas y poemas inspirados en ti. La ilusión de este amor es razón por la que pretendo retroceder a los muchos días del ayer, cuando Dios pintó la creación, con la finalidad de unir mis labios a los tuyos y así propiciar que en el presente y futuro, aquí, en el mundo, y allá, en la eternidad, reconozcas mi sabor y fragancia. La belleza de este amor me lleva hasta tu alma, que es la mía, sólo para expresarte mis sentimientos más sublimes e invitarte a pasear una mañana, cenar y admirar las estrellas una noche y al siguiente día consentirte mucho, preparar uno de los platillos que más te gustan y una bebida refrescante, sentarme a tu lado y contar los segundos y minutos inexorables. La locura de este amor me invita a unir los latidos de nuestros corazones y hacerte tan feliz, musa mía, que el mundo sólo sea preámbulo de una historia compartida en el resplandor del cielo.

Lo que he querido para ti…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

He querido ser el hombre que llene los años de tu existencia con detalles, palabras bellas, capítulos diferentes e historias intensas, no tu rutina ni nota discordante; he deseado dar lo mejor de mí y cada día sorprenderte, no quedar atrapado en las celdas de la costumbre; he anhelado formar parte de tu vida e incluirte en la mía, no pasar frente a ti como forastero de una noche o pasajero de algún furgón anónimo y fugaz; he pretendido jugar contigo, reír mucho a tu lado y compartir la brevedad del mundo con sus auroras y ocasos, la excelsitud del cielo con su inmortalidad, no transformarme en motivo de tu desaliento y tus tristezas. He aspirado consentirte, tomar tus manos, besarte con dulzura y juntos caminar por el sendero más esplendoroso, no conducirte a terrenos desolados y yertos. He intentado abrazarte para que percibas mis sentimientos y sepas que te consolaré cuando lo necesites; besarte, con la intención de que nunca olvides que quienes se aman, comparten una bendición mágica y sublime que los transportará a la eternidad; mirar tus ojos, para reflejarnos y entender que tú y yo somos uno, y que siempre estaré contigo. He querido tomar tus manos con la finalidad de que sientas mis caricias y la firmeza que te sostendrá en los momentos cruentos de tu existencia. Si he tratado de estar contigo, es para unir mi alma a la tuya, consentirte y alegrar tu vida. He tratado de convertirte en mi musa para transformarme en tu amante de las letras y así destilar las notas y palabras más bellas de la creación, como si fueran murmullos arrancados del universo, susurros pronunciados por Dios. Si te he entregado mi amor, es porque así lo siento y para que sepas que en el universo existe tu otra parte y que no estás sola, que Dios se acordó de ti al colocarme en tu corazón.