Televisoras mexicanas, ¿nodrizas de millones de hogares?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sí, me refiero a México

En la medida que una sociedad se masifica, es más cómodo y sencillo manipularla, aplicar la estrategia del engaño, dividirla o unirla con algún objetivo, jugar con sus intereses nacionales, acecharla, hostigarla, ejercer el poder aplastante y gobernar con corrupción, terror e injusticia.

Obviamente, para desnudar a los habitantes de un país, es preciso diseñar un plan maestro e implementar estrategias y la ley de la gradualidad, con la que los dueños del poder y las “oportunidades históricas”, un día, otro y muchos más desmantelan instituciones, estructuras sociales, costumbres, tradiciones, educación, riqueza y soberanía nacional.

En esa partida tramposa, no importan las consecuencias. Si hay que sacrificar niños, mujeres, ancianos, jóvenes, hombres, simplemente se deben considerar víctimas, número, estadística. Qué importa, entonces, que mueran o sufran tantas personas si es a cambio del bienestar de la clase política mexicana y sus cómplices los empresarios que hacen negocios sucios.

En este juego perverso, la clase política, respaldada por un grupo reducido de familias que en conjunto poseen fortunas superiores a las reservas del país, establece alianza con las televisoras nacionales -nodrizas de incontables generaciones-, las cuales “normalizan” las situaciones negativas e insanas, ridiculizan a la familia y a las instituciones -véanse los bufones, los cortes comerciales y las telenovelas, verbigracia-, promueven superficialidades y promiscuidad, disfrazan la realidad mexicana con maniquíes de aparador, establecen e imponen conceptos y modelos de vida artificiales y estúpidos, aplastan los valores y hasta fomentan la discordia, la vulgaridad, la estulticia, la confusión y la violencia.

Quien se altere y se sienta ofendido, solamente debe sacrificar algunas horas de su existencia, como diariamente lo hacen millones de mexicanos, para comprobar que la televisión, con el internet mal empleado, contribuyen al atraso y desmantelamiento de México.

La gente, multiplicada por millones, está fascinada con tales modelos de vida que llenan su terrible vacío e insignificancia existencial a través de la idea de que vale si posee un automóvil, una residencia con piscina, vacaciones constantes, perfumes y ropa de marcas prestigiosas, calzado que provoca envidia y no deja huellas y consumismo irracional. Todo se paga a crédito, se empeña la vida o se obtiene una posición socioeconómica aparente. Todos ambicionan la corona y desean la tajada de pastel, y en eso trabajan las camarillas de sinvergüenzas que han saqueado al país y pisoteado leyes, reglas, dignidad humana y vidas.

Es legítimo formar un patrimonio y hasta poseer riqueza; sin embargo, es reprobable construirla a partir de los beneficios tramposos del poder, la corrupción, el engaño y el abuso.

La tragedia de innumerables mexicanos de la hora contemporánea es que se encuentran inmersos en el miedo, la hipocresía, el conformismo, la traición y la pepena de vidas ajenas. Millones de ellos, atrapados en las mazmorras de la pobreza material, y otros tantos ya con formación académica y ciertos niveles de bienestar económico, sienten, piensan, actúan y hablan igual. Sólo cambian los estilos, pero en el fondo son los mismos.

Ni las instituciones universitarias, con sus maestros y doctores, han asumido su responsabilidad histórica y social. Están aletargados. Resulta más cómodo refugiarse en las aulas para criticar frente a los alumnos o en las tertulias de café los crecientes y alarmantes niveles de corrupción, impunidad, subdesarrollo e inseguridad que cotidianamente derrumban los pilares de México. Algunas instituciones se salvan, pero no todas. Igual acontece con los académicos, sobre todo con aquellos que emulan a los grandes corruptos de la política y los negocios turbios, al hostigar a los alumnos por medio de los exámenes “difíciles de aprobar”, los trabajos casi para intelectuales que ni ellos elaborarían a la altura de sus exigencias  y las calificaciones reprobatorias porque “el 10 es para el maestro y conmigo es muy difícil pasar, a menos que…”

En México, amplio porcentaje de familias están distraídas en marcadores deportivos, bromas en doble sentido por parte de los bufones consentidos de las televisoras, memes, telenovelas fuera de la realidad, chismes y boberías.

Una sociedad que en la última década del siglo XX creyó en el “chupacabras” y que hoy, en 2018, padece las consecuencias brutales de un voto hormonal e irracional por una supuesta belleza física y la fascinación de un matrimonio de telenovela, casi imperial, que únicamente dejó entrever la miseria humana de las multitudes, no despertará mientras no reaccione y siga concediendo su amor y confianza a la madrastra que la amamanta -la televisión- y a su padrastro ambivalente, lascivo y bipolar -internet-, pareja que se filtró con astucia a los hogares mexicanos.

Resulta preocupante que no existan puntos de referencia y que quienes sienten, piensan, hablan, escriben y actúan distinto, enfrenten el riesgo de ser asesinados brutalmente, sometidos por el poder y hasta juzgados por la propia sociedad a la que defienden.

Afortunadamente, el otro rostro de México es que también coexisten hombres y mujeres interesados en rescatar los valores de la nación. molestos con la irracionalidad de las mayorías que solapan gobernantes sucios, televisoras corruptas y perversas, desórdenes, injusticias, burocracia, crímenes, desempleo, miseria, enfermedades, subdesarrollo, inseguridad y falta de oportunidades.

Esas minorías, desde niños, adolescentes y jóvenes, hasta personas de edad madura y ancianos, sienten mortificación, vergüenza, coraje, asco e impotencia ante lo que la clase política mexicana, en complicidad con televisoras mercenarias, grupos de empresarios deshonestos y toda clase de delincuentes, están haciendo en contra y perjuicio de México; no obstante, en la balanza nacional, un grupo mayúsculo que habla diferentes lenguajes dentro de un mismo idioma, se encuentra entretenido en la trama interminable de las telenovelas, en el doble sentido de los bufones, en la falsedad de los noticieros, en los rostros y cuerpos de aparador que exhiben los programas televisivos, en las estupideces y vulgaridades de locutores y conductores, en expectativas y marcadores deportivos, en memes y claro, en la realidad impuesta por los poderosos -asaltos, crímenes, abusos, injusticias, inflación, desempleo, burocracia, injusticias y caos, entre otros-, para distraerlos, perturbar la tranquilidad social y desmantelar la riqueza y soberanía nacional. Con todo esto, ¿seguiremos consintiendo que la televisión siga amamantando los hogares mexicanos?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Preocupación de una encomienda

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me preocupa que en un entorno cargado de abusos, apariencias, corrupción, delincuencia, deshonestidad, injusticias, mentiras, perversidad y simulaciones, niños, adolescentes y jóvenes deambulen en la intimidad de los equipos digitales, entre un destello y otro de internet -me refiero a las páginas nocivas y hasta los juegos que idiotizan-, o en las entrañas de la nodriza en que desde hace décadas se ha convertido la televisión, mientras sus padres, distraídos en encuentros y marcadores deportivos, chismes, telenovelas, memes, programas de bufones y reuniones de café, desatienden sus responsabilidades y creen que cumplen su encomienda con la aportación de dinero y bienes materiales, sencillamente porque tienen la idea de que merecen ser felices y aprovechar la brevedad de la existencia. En mis andanzas cotidianas, descubro con tristeza y mortificación a incontables mujeres entretenidas en los whats app de sus celulares, sonrientes, mientras ellos, sus hijos, les hablan y preguntan sin obtener atención ni respuesta, y hasta se muestran irascibles, en algunos casos, si los pequeños insisten en distraerlas; a los señores que no disimulan su júbilo al presenciar con alcohol y botanas un encuentro deportivo, al lado de sus amigos y compañeros, o mirar con lascivia a la joven que se encuentra a su lado, cuando ni siquiera conviven con sus familias ni conocen sus sentimientos e ideales; a los profesores mediocres que de alguna manera están más interesados, como tantos burócratas, en almorzar, planear sus días de descanso y cobrar, que en enseñar con los libros y el ejemplo; a los políticos y funcionarios que se enriquecen ilícitamente y desprecian a la población en vez de enfrentar los problemas que desmoronan a la nación y destruyen a las familias. Otros, ante las preocupaciones, el nerviosismo, las prisas, la ignorancia, el desinterés o las mortificaciones, ceden sus derechos maternos y paternos a la televisión, las páginas de internet y los juegos cibernéticos, hasta ser suplantados y consentir la formación de adefesios en sus hogares, en perjuicio de sus familias y de la humanidad, y si existe duda, hay que voltear aquí y allá, en todos los rincones del mundo, para comprobarlo. Me preocupa, en verdad, que un meme, el chiste de un payaso de televisión, un romance cibernético o un chisme tengan mayor atención, peso y valor, en innumerables casos, que la atención que merece un hijo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

 

 

Barco al garete

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando uno planea y organiza un viaje prolongado en autobús, avión o barco, investiga, analiza y decide aspectos relevantes como atención, costo, garantías, itinerario, servicio y trayectoria de la línea transportadora.
Nadie con capacidad de elección contrata una empresa desprestigiada ni carente de estrategia y rumbo, y menos cuando existe el antecedente de que el camino es escabroso y habrá riesgos y tormentas.
Si el operador o capitán y su equipo son éticos, profesionales y experimentados y los pasajeros, en tanto, colaboran en el proyecto común, indudablemente sortearán los peligros y llegarán fortalecidos al destino trazado. Si alguna de las partes no colabora ni participa, seguramente habrá abusos, confrontaciones, deslealtad, engaños y traiciones, hasta atrasarse, sufrir percances o perecer en un accidente terrible.
Quizá la analogía resulta de pésimo gusto y hasta burda; sin embargo, los mexicanos se convirtieron en los pasajeros de un camión de maquinaria desfasada y costosa, y por añadidura carrocería de engañoso atractivo, con rumbo caprichoso, tambaleante y opuesto al de la mayoría de la gente que viaja sentada y parada. Es el mismo vehículo de antaño, pero con nueva presentación y la ambición de apoderarse del camino, el destino y las personas.
Hoy, a pesar de lo que argumenten los defensores de las autollamadas reformas estructurales del presidente Enrique Peña Nieto, México carece de rumbo y padece acentuados y preocupantes problemas financieros, sociales, educativos, de seguridad y todo tipo porque amplio porcentaje de quienes componen la élite política, se han dedicado a actuar con deshonestidad e impunidad, menos a gobernar para las mayorías que cada día enfrentan desempleo, falta de oportunidades, burocracia, miseria, enfermedades, inflación, quiebra de empresas, violaciones a los derechos humanos, represión, mentiras, saqueos, impuestos y medidas fiscales exageradas y complejas, asesinatos, cinismo oficial, nepotismo, corrupción y peligro.
El escenario nacional es de descomposición total. Si uno voltea al ámbito federal, el panorama es aterrador: corrupción, incapacidad para gobernar, empecinamiento en seguir políticas nefastas que solamente benefician a determinados grupos, deshonestidad en el manejo de los recursos públicos, licitaciones que favorecen y enriquecen a ciertos personajes cuyas acciones y transacciones despiertan sospechas, funcionarios y políticos acaudalados, fraudes, ausencia de respuesta a los planteamientos de la hora contemporánea y a las demandas sociales, autoritarismo y una serie de prácticas que cada día desmoronan al país.
Si uno fragmenta el mapa de la República Mexicana y contempla estados como el de Michoacán, verbigracia, recogerá pedazos cubiertos de sangre y con destino incierto. En la última administración estatal que concluirá este año, seguida de otras igual de mediocres y nefastas, los michoacanos han tenido tres gobernadores y gran cantidad de funcionarios de primer nivel en áreas de justicia, finanzas, promoción económica, política social y otros rubros de importancia. No hay rumbo. La deuda financiera es multimillonaria, determinado número de obras requirieron gran cantidad de recursos y son inexistentes, no hay dinero para pagar a proveedores, las dependencias estatales se encuentran saturadas de recomendados con puestos de asesores y secretarios técnicos que no sirven para nada que no sea percibir sueldos exagerados, los anuncios extraordinarios sólo han quedado en los discursos, falta estrategia en todo, la legislación es mediocre, prevalece la inseguridad en las calles, se pisotean los derechos humanos y todos miran el desmoronamiento de una de las entidades mexicanas más ricas del país en recursos naturales y minerales y acervo cultural e histórico.
En esa entidad, la de Michoacán, este año se desarrollarán campañas y elecciones para renovar alcaldías, diputaciones y gubernatura. Habrá que permanecer atentos para corroborar si ellos, los michoacanos, aprendieron la lección y eligen un autobús, avión o barco con rumbo y equipo ético y profesional, o si optan por continuar en los camiones destartalados cuyos choferes secuestran a sus pasajeros y los conducen a destinos inciertos e indeseados, mientras los payasos y merolicos distraen para finalmente obtener dinero.
A nivel federal, también es fundamental elegir, en su momento, a quienes operarán el barco, sí, al capitán y a sus colaboradores, porque no es posible convertir un crucero en lanchón al garete en canales de aguas pútridas. Los mexicanos deben probar sus niveles de evolución y darse la oportunidad de elegir el rumbo y la clase de compañía transportadora que desean porque no es posible seguir contratando camiones de segunda categoría con choferes deshonestos y cínicos.