Fragmento para un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres detalle, soplo de una fórmula del cielo, poema de amor

Los detalles podrían, en todo caso, parecer trozos, pequeños fragmentos, cosas cotidianas e intrascendentes; no obstante, forman la grandeza de un amor, la historia de una vida, el destello y los enigmas de la creación. En un idilio, la fórmula consiste en los detalles. La lluvia es acumulación de gotas, la playa está formada por granos de arena, los paisajes nevados se componen de copos, la pinacoteca celeste es una estrella y muchas más. Esa es la grandeza que Dios coloca en cada trozo de vida. En tu amor y el mío, el secreto consiste en regalarnos detalles, en ser uno con dos identidades, en volar libres e inseparables, en soñar y vivir, en ser tú y yo en este mundo y en otros planos, en abrazarnos y ser felices. El detalle de nuestro amor eres tú, soy yo, somos nosotros. Pienso que somos eco y trozo de algo sutil que viene de un paraíso y está en nosotros, en ti y en mí, como las partículas de agua que brotan de la intimidad de la tierra, en un manantial, hasta formar ríos y cascadas que se funden en un océano donde eres yo y soy tú. Somos eso, esencia y forma, día y noche, cercanía y distancia, barro y luz, complemento y sendero, destello y fuente, detalle y todo. Eso, creo, es el amor.

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Rumores y silencio

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Abro los ojos, beso tu frente y te abrazo con tanta emoción, que en ocasiones, encontrándome en el mundo, creo estar en el cielo

Beso tu frente, cierro los ojos y te abrazo prolongadamente, hasta fundir nuestras almas en un crisol y sumergirnos en el silencio, donde rumores sutiles hablan y confían secretos indecibles. Cuando los detalles, las palabras y los hechos resultan insuficientes para declarar cada día un amor inagotable que se siente, se vive y se sueña hasta convertirse en delirio, estilo, medida y destino, uno recurre al sigilo para escuchar el pulso de la creación, el universo, el mundo y los corazones. Hoy, al abrazarte en silencio, el susurro de la lluvia, el bisbiseo del aire, el murmullo del océano y el trinar de las aves se diluyen en notas que se mezclan con los coros de las estrellas, el polvo cósmico y el canto de los ángeles. Es música de ensueño que viene, parece, del interior y del cielo, de aquí y de allá, de ti y de mí, de arpas, violines, liras y pianos mágicos. Al abrazarte en el sigilo de una mañana primaveral, una tarde veraniega, una noche otoñal o una madrugada de invierno, escuchamos a Dios que musita a nuestros oídos para confiarnos la fórmula de la inmortalidad y recordar que mientras el amor que ambos experimentamos sea auténtico y fiel, compartiremos la dicha de ser intensamente felices, protagonizar una historia maravillosa e inolvidable en el mundo y aspirar, por cierto, al regreso a la morada, al círculo que desconoce el principio y el fin porque todo es hoy y aquí, y si se sospecha existe en el interior, es porque se trata de la antesala de un paraíso inconmensurable. El silencio es tal, que parece que permanecemos unidos una noche interminable en un desierto, en las montañas donde caen copos de nieve o en las profundidades del mar, donde uno, al fundir su alma con otra, escucha y descifra el lenguaje de Dios y la vida. Las ráfagas penetran en uno y la paz es inmensa. Al retornar, escuchamos los rumores de la llovizna, el canto de la fuente, el lenguaje del océano, los murmullos de las cascadas y los ríos, los gritos de la vida y la creación que parecen repetir nuestros nombres y deleitarse con la magia de un amor que inicia todos los días como si fuera la primera vez. Abro los ojos, beso tu frente y te abrazo con tanta emoción, que en ocasiones, encontrándome en el mundo, creo estar en el cielo.

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Destello de cielo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Si descubrí, al mirarte, una luz que proviene del cielo, ¿cómo debo llamarte? ¿Cómo se ama, pregunto, a quien trae algo del resplandor que pulsa en los jardines y recintos de la inmortalidad?

Me consta. Es verdad, lo confieso: en el mundo existen seres prodigiosos, envueltos en burbujas de cristal, en gotas de lluvia, en polvo de luceros, en partículas de mar. Son música, canto, poema, color, forma. Embelesan por su esencia sutil, por ser de otra arcilla, por su estilo de vida, por las huellas que dejan en el sendero. Vuelan, junto con los colibríes, libélulas y mariposas, entre flores policromadas, sobre cascadas y en bosques encantados; por eso creo tienen similitud con los ángeles. Parecen fragmentos de nieve, pétalos fragantes, trozos de paraíso. Uno, tras la caminata de una mañana primaveral, una tarde veraniega o una noche de otoño o invierno, coincide de pronto con una criatura especial y entonces, asombrado, agradece el regalo que aparece en el sueño llamado vida. Admito que es real. Al amanecer, en las tardes y al anochecer, he asomado a tu mirada para descubrir la brillantez que proviene de tu interior y comprobar que es tu esencia la fuente de tal resplandor que me recuerda el crepúsculo en el horizonte, cuando el océano y el cielo se funden en el más subyugante de los besos. En tu luminosidad distingo la fragua que Dios, al formar el universo, utilizó para fundir las estrellas que decoran el firmamento. Como que traes la flama que alumbra la buhardilla donde suele dedicarse al proceso mágico de la creación, o quizá me equivoco y alguna vez, al consentirte, transmitió a tu alma la llama que regala a algunos seres especiales con la intención de que alumbren los caminos del mundo. La luz que proviene de tu interior es la misma que aparece cada noche en la luna y los astros, en nuestros corazones cuando laten, en el sol que anuncia la aurora, en los capullos que revientan para dar forma a las expresiones más bellas, al rocío de la mañana, a tus ojos. Ahora que descubrí, al mirarte, el fulgor que viene de lo alto. ¿cómo te llamaré?, ¿de qué manera te amaré? ¿Cómo se ama a quien es flama del cielo, llama del desván de Dios, fuego que ilumina el alma? Acepto que me transformaré en centinela, en fiel guardián, para cuidar la luz que te ilumina; pero también anhelo vivir la locura de un amor grandioso, a tu lado, con la intención de ser lámpara humilde que nunca se apague. Deseo unirme a ti para juntos ser destello que como constancia del delirio de un amor inextinguible, cruce el firmamento durante su ruta a la morada que palpita en nosotros, en ti y en mí, en todo lo que parece obra sustraída de una fuente bella e inagotable. ¿Qué clase de amor se da a un destello de cielo?

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