¿Estamos preparados?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

He mirado a aquellos que una mañana, una tarde o una noche lloran tristes y desconsolados ante un ataúd, acaso por el amor y la nostalgia que experimentan al reconocer y sentir la ausencia de quienes han partido a otras fronteras; pero también he observado, a hurtadillas y con pesar, a los que derraman lágrimas y se sienten rasgados por el dolor que proviene del arrepentimiento, la indiferencia, el rencor, el olvido y los remordimientos, con un “te amo”, “perdóname”, “gracias por todo”, que no fue pronunciado con oportunidad por la ceguera de la altivez, los sentimientos negativos, el descuido y la superficialidad. Los primeros, alivian su dolor y tristeza porque se sienten libres de los barrotes y las celdas que imponen el odio, el rechazo y el remordimiento. Los segundos, en tanto, aunque lo rehúsen, permanecen encadenados a su incapacidad de no haber demostrado amor, interés, respeto y atención a los que transitaron a otros planos. Me pregunto, ¿estamos preparados, espiritual y mentalmente, para despedir a quienes de improviso pasan por la transición, con el dulce recuerdo de las luces y sombras compartidas, o seremos iguales a aquellos que, al morir alguien, miran con congoja que forman parte de grilletes que los encadenarán y martirizarán toda la vida? ¿Somos de los que regalamos detalles a la gente, cuando vive, o de aquellos que movidos por el desconsuelo y el arrepentimiento llevan flores que se marchitan en el olvido y la frialdad de un sepulcro?

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Estamos muertos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Estamos muertos. Camino aquí y allá, a una hora y a otra, un día y muchos más, y descubro a mi alrededor gente entristecida, hombres y mujeres que han renunciado a la alegría, al amor, a las ilusiones, a la amabilidad, a los sueños, a la risa. Miro sepulcros, lápidas abandonadas y gélidas, en cada persona que en el sendero de su existencia cambió los sentimientos, la justicia, el respeto, la tolerancia, la dignidad, los ideales y la libertad por candados, barrotes y celdas, acaso sin percatarse de que convirtió en rehenes a su alma, el bien y la verdad, sus aspiraciones y lo más grandioso de un ser humano. Hemos muerto, pienso cuando, al andar por las calles y los espacios públicos, advierto tanto mal, egoísmo, amargura, grosería, odio, envidia, ambición desmedida y violencia en la gente. Descubro hombres y mujeres debajo de fosas y sepulcros hediondos, arrastrándose como gusanos, serpientes y topos, al saber que consumen los días de sus vidas, tan escasos en realidad, en acumular riquezas materiales ausentes de causas nobles, en satisfacer apetitos carentes de amor, en inclinarse ante la estulticia y las superficialidades. Estamos muertos. Algo sucedió a la humanidad que, desde hace tiempo, noto desolación y quebranto, conductas en serie, pasividad ante los asuntos trascendentes, conformismo, gritos e irresponsabilidad. En las multitudes transformadas en masa, más allá de que cuenten con títulos profesionales o que jamás hayan asistido a las escuelas, y de que tengan dinero y fortunas materiales o coexistan entre clases medias y pobres, leo biografías y epitafios similares, extraviados en llanuras, huecos y arena que no presentan las huellas de seres extraordinarios, capaces de desafiar las adversidades, dedicados a esparcir acciones nobles y detalles, dispuestos a retirar las piedras y las enramadas de los caminos e interesados en aportar al mundo algo bueno. Estamos muertos, parece, cuando los niños, adolescentes y jóvenes delatan, a través de sus sentimientos, palabras, actos y pensamientos, la educación y el ejemplo que recibieron en sus hogares. Algo pútrido escapa de nuestras tumbas prematuras cuando obstruimos la vida y respaldamos la muerte. Hemos cambiado tanto, que preferimos los antifaces, las máscaras, y no una mirada amable, una palabra de aliento, una mano que apoya, un detalle que sostiene, unos momentos de atención, una sonrisa. Andamos en muletas al presumir el automóvil y olvidar la maravilla de unas piernas sanas. Usamos prótesis al valorar más lo que muestra una pantalla que lo que enseñan y regalan la naturaleza y la vida. Permaneceremos adormecidos en sepulcros cavados en serie, idénticos, mientras no reaccionemos y decidamos rescatar lo que somos, las riquezas de nuestro interior, y vivir en armonía, con equilibrio, plenamente y con respeto, justicia, dignidad, sentimientos nobles, libertad e inteligencia. Estamos muertos, sencillamente porque no nos atrevemos a vivir la historia cautivante y extraordinaria que nos corresponde.

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Me ama…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, mi musa, que eres detalle y poema, amor y cielo

Me ama porque cotidianamente me regala el encanto de su sonrisa, la luz de su mirada y el sabor de sus labios. Me ama porque aquella temporada, cuando yo era fragmento, me rescató del naufragio y unió mis trozos con la ilusión de devolverme los colores de la alegría y la vida. Me ama porque su delicadeza femenina es un obsequio a mis sentidos, a mi existencia y a mis sentimientos. Me ama porque es detalle y ternura, realidad e ilusión, sueño y vida, ella y yo, nosotros. Me ama porque es mujer y dama, ángel y musa, día y noche. Me ama por sus atenciones, sus juegos y risas, sus ocurrencias, su apoyo y confianza, su fidelidad, su código de valores, sus felicitaciones y regaños, sus palabras y susurros. Me ama porque mecemos nuestros sueños, esperanzas e ilusiones en la luna cuando asoma entre la cortina de la noche con su cara de columpio. Me ama porque la encuentro aquí y allá, en un espacio y en otro, en todas las páginas de nuestra historia. Me ama porque venimos de un plano mágico y vamos a un mundo prodigioso. Me ama porque al asomar al espejo de la vida, al reflejo del lago custodiado de árboles y flores, me descubre a su lado. Me ama cuando estamos en el mundo y al abrazarnos desde el silencio y la profundidad de nuestras almas. Me ama porque todos los días está conmigo, aunque muchas veces, por la distancia o sus ocupaciones, se encuentre lejos. Me ama porque siempre estamos juntos en la excursión de nuestras vidas y me acompaña en todas las estaciones por la ruta que lleva al cielo.

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Obras y detalles

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Para ti, que con tus detalles cotidianos me demuestras el amor más fiel y puro, y traes a mis sentidos los regalos de tu ser y del cielo

Ella preguntó: si soy capaz de crear para ti las pinturas más bellas y sublimes, ¿por qué no me sorprendes un día con la dulzura de tus palabras? Él respondió: todos los días te demuestro mis sentimientos con actos y detalles. Vivo el amor contigo. Mi lenguaje son las obras, lo que hago diariamente para ti y nuestro amor. Quizá lo pequeño, por ser detalle, no se percibe de inmediato y hasta parece insignificante; pero es el idioma de quienes sentimos algo grandioso por alguien, es la forma de demostrar con hechos el amor hacia el alma gemela. Ella lo abrazó sonriente y dijo: es verdad. Los actos y los detalles son lenguaje del cielo. Un poemario, por hermoso que sea, no serviría si careciera del respaldo que dan las acciones. Las palabras son poema y flores hermosas, ornamentos del romanticismo; pero los actos y detalles dan color, vida y sentido al amor.

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Poemas y detalles

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…y no olvido que esos días, como hoy, mirarla me resultaba un deleite, un embeleso, la alegría e ilusión de sentirme enamorado. Todavía ahora, cuando la veo, me cautiva tanto que corro hasta mi refugio, a la morada de Dios, con la idea de agradecerle el privilegio que me ha dado de amar a una de sus niñas consentidas

En el amor, el poema es decoración de los sentimientos, atavío de la historia más bella y subyugante, ornamento que uno construye todos los días, cada momento, para dedicarlo a quien siente como un yo muy tuyo y un tú demasiado mío. Tienen belleza y encanto las palabras que se escriben los enamorados; pero son eso, letras que se toman de las manos con la idea de expresar un suspiro y otro que hechizan y prenden el firmamento y las almas de quienes se aman y portan la señal. Amar con el adorno de las palabras es un deleite, un gusto; sin embargo, el romance se vuelve cielo al hacer de cada instante un detalle, un motivo, un evento irrepetible. Mis poemas, al escribirlos, son tuyos porque me los inspiras al sentirte en mí, al morar en ti, al hacer de este amor un arte que viene del interior y de lo alto, de la magia de vivir encantados y felices; no obstante, serían insulsos y carecerían de sentido si no los acompañara de esos pequeños actos y detalles que acumulados, resplandecen en las historias que reúnen a dos. Obtengo, al escribir, la dicha de tu amor, la sonrisa de tu rostro, la emoción de quien al leer las palabras que inspiró, se descubre hermosa e interminable porque tiene para sí la eternidad. Al escribirte y decorar el amor que siento por ti, también lo vivo contigo, porque de eso se trata, de hacer de cada instante y minuto el encanto de la existencia, la experiencia de pasear por el mundo y el anhelo y sueño de recrearnos en el cielo, y no importa si es en un bote de remos o en un yate, en una cabaña o en un palacio, una mañana nevada, una tarde lluviosa o una noche cálida. No serían mis poemas diamantes del collar que tejo para ti ante la ausencia de una sonrisa, un beso, un guiño o un detalle. Cuando escribo, soy artista, pero también ser humano, hombre que pretende, a través de sus letras y actos, entregarte el amor más fiel que te prometí desde la hora en que confesé sentirme cautivado y enamorado de ti.

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Algo especial hay en ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Él hizo del amor que le tenía un poema, una obra maestra; ella, en tanto, transformó sus sentimientos en detalles, en hechos dulces, en esos actos que engrandecen a un hombre y a una mujer y hacen algo maravilloso e inolvidable de su historia. Ella y él acordaron que su amor no tendría fin, y así se convirtieron en lucero, en gota de lluvia, en manantial, en copo de nieve. Una fue dama y otro su caballero. Juntos, construyeron su amor con palabras y acciones, hasta que un día se fundieron con el palpitar de la creación y descubrieron que el cielo ya estaba en su interior

Algo especial hay en ti que cuando te abrazo en silencio, tengo la sensación de que las puertas del cielo se abren para nosotros. Siento, entonces, que floto en una corriente de tonalidades sutiles; además, percibo los rumores de nuestras almas mientras vuelan libres y plenas. Tienes guardado algún secreto en los escondrijos de tu ser, una fórmula inconfesable que traes desde el principio, algo que forma parte de ti, porque de otra manera no serías tú con tu sonrisa, tus ocurrencias, tu luminosidad y tu cara de niña consentida. Te reconozco al mirarte, al escuchar tu voz, al respirarte. Sé que eres tú al escribir o pronunciar tu nombre. Cada vez que te observo, quedo embelesado porque me gustan tus ojos que me reflejan cuando asomo. Delineo tus labios cuando hablas o callas, y también al regalarme un beso que me entrega tu sabor. Me encantan tus manos porque al estrecharlas, siento que son las mías. Tienes algún encanto que te transforma en dama y propicia que yo me sienta caballero. Me demuestras tus sentimientos con la dulzura de tu sonrisa, con lo que haces por mí porque más que decorar nuestro amor con palabras hermosas, lo construyes con detalles y hechos. La arquitectura de los sentimientos que diariamente me entregas, está cimentada con actos auténticos y tiernos. Algo mágico hay en ti porque al abrazarte y cerrar los ojos, me parece mirar las estrellas en un firmamento sin final, escuchar los murmullos de las cascadas y la lluvia, percibir el susurro de la creación y respirar las fragancias, tan parecidas a la tuya, en la buhardilla de Dios. Si no fueras especial, no me parecerías inolvidable. Estoy convencido de que cuando alguien, como tú, es mujer y dama, ser humano delicado y femenino, y actúa en base a un código especial, es la persona que uno debe amar y hacer feliz. Algo especial hay en ti que cuando te abrazo prolongadamente y en silencio, escucho una voz interior que me dice que eres tú y que mi amor fiel y puro es para ti.

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El encanto de las ilusiones

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…de pronto notamos que a nuestro alrededor flotaban burbujas y rodaban esferas de colores. Estábamos tan contentos que, acaso sin percibirlo, se multiplicaban conforme mayores eran nuestros sueños e ilusiones. Mayor alegría experimentamos al descubrir que se trataba de los dibujos de Dios, los colores del cielo, para hacer realidad y vivir intensamente el encanto de nuestros sentimientos

Los sueños, fantasías e ilusiones son burbujas que flotan alrededor de nosotros, cuando somos tan felices y hasta la constelación, el agua que brota de las fuentes, la banca cubierta de hojarasca y la lluvia son motivo de alegría, juegos y risa. Son imágenes que se repiten en todo y contribuyen a hacer del amor una locura, un encanto, una aventura inagotable, un delirio. Las lleva uno a otros planos, mientras duerme, y las vive con intensidad aquí, en el mundo, con la esperanza de prolongarlas mañana, al siguiente día y siempre, allende las fronteras del tiempo y el espacio. Son los dibujos con los que Dios deleita a los seres humanos que consiente, a aquellos que se atreven a retirar máscaras y atuendos para descubrirse a sí mismos y amar plenamente y ser, en consecuencia, muy dichosos. Son oasis, pausa, inciso y paréntesis de los seres que intentan apartarse de lo burdo para elegir un estilo de vida prodigioso y superior. Acompañan a la realidad. Los sueños, fantasías e ilusiones caminan de la mano de la realidad y la equilibran, le dan un sentido bello. Los días de la existencia conducirían a los extravíos de la razón sin esos globos de colores que marcan el equilibrio, arrancan sonrisas y dan esperanza y descanso. Se trata, parece, de esferas de colores que devuelven las imágenes sonrientes a través de sus reflejos hechizantes. Uno las debe cuidar y limpiar todos los días para evitar que se rayen o se fracturen y transformen en trozos inservibles. Tienen similitud con los detalles. Los sueños y las ilusiones deberían de ser inquebrantables, plataforma para vivir la historia más bella, intensa, sublime, maravillosa e inolvidable porque tienen el encanto y la magia de transformar las figuras en realidades. Lamentablemente, no pocos seres humanos -hombres y mujeres- opacan y rompen las esferas de sus sueños e ilusiones ante la ausencia de amor, proyectos de vida, entusiasmo, alegría y deseos de enfrentar las adversidades y luchar por conquistarlos. Las paladas de egoísmo, discordia, celos, rutina, infidelidad, falta de respeto, discusiones, problemas y superficialidades, sepultan el esplendor de ese regalo del cielo. Dentro de la realidad cotidiana, uno debería de andar entre burbujas y reventarlas aquí y allá, en todas partes, para vivir su exquisitez. Al andar contigo por las rutas de la vida, miro con emoción incontables burbujas que flotan a nuestro alrededor e innumerables esferas que ruedan mientras caminamos, quizá como obsequio de Dios para recordarnos que cada instante tenemos oportunidad de ser felices y materializar nuestros sueños, amor e ilusiones y convertirlos en puente para cruzar el mundo, el universo, y llegar al palacio que alguna vez trazamos sobre la arena de la playa, cuando imaginamos los jardines del cielo.

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Las ecuaciones de Dios

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las ecuaciones de Dios no fallan. La acumulación de detalles forma el milagro de la grandeza, y uno lo mira aquí y allá, en el mundo y el universo, cuando una gota de lluvia, otra y muchas más se precipitan y conforman represas que dan vida y reflejan en cada trozo la hermosura e inmensidad del cielo, o las estrellas que cada noche aparecen en la pinacoteca del cosmos y cautivan a quienes las admiran por ser parte de un bordado etéreo y prodigioso que se siente en las profundidades del alma desde antes del nacimiento. La nieve que se extiende blanca y resplandeciente en el bosque, reunió incontables copos de incomparable belleza, igual que aconteció con los agujas de los pinos y las hojas de los árboles. Todo da idea de que la suma de algo tan pequeño, resultará finalmente algo fastuoso e imponente. El mar, con toda su fuerza y majestuosidad, no lo sería sin la aglomeración de partículas de agua salada que se maquilla de jade y turquesa en las mañanas o de amarillo, dorado y rojizo ante la proximidad del ocaso. La asistencia de signos en las partituras, conducen a la ejecución de un concierto o una sinfonía subyugante. La reunión de las letras del abecedario, estimula al trazo de palabras que componen obras magistrales. El golpe del cincel, un día y muchos más, da como resultado la escultura en el mármol otrora yerto. Los instantes se acumulan, igual que la arena en las playas o los desiertos, hasta formar años y centurias. La creación, parece, está constituida de detalles. Las ecuaciones de Dios tienen un mensaje relacionado con los detalles, los cuales, acumulados, construyen la magnificencia, principalmente si se desarrollan dentro del amor, el bien, la verdad y los sentimientos positivos. Si uno hiciera de los pequeños detalles un acto cotidiano, un estilo de vida, quizá daría un sentido especial y mágico a sus días, hasta descubrir sendas inesperadas, quizá moradas sublimes o tal vez el milagro de ser uno parte minúscula de un proceso creativo que no cesa por tratarse del palpitar de la inmortalidad.

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La fórmula

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… mi fórmula consiste en amarla con alegría y emoción, como si cada día fuera el primero y último de nuestra historia. La amo tanto…

Dicen, en el mundo, que el amor es temporal y algún día se extingue. Hay quienes piensan que es un estado de ánimo propio de la juventud, los artistas y los ilusos, acaso por estar confundidos y suponer que el romanticismo es un atuendo que difícilmente se consigue en las tiendas donde los maniquíes aparecen asomados en aparadores, entre reflectores y tonalidades, o quizá porque resulta complicado mantener un estilo de vida auténtico y fiel, con detalles y sonrisas todos los días, promesas y fantasías, sueños y realidades, vivencias e ilusiones. No todos están dispuestos a enamorarse de alguien por su esencia, por la brillantez de su interior, y menos llegar juntos hasta la hora postrera, cuando las arrugas, el agotamiento, las canas y las enfermedades desvanecen los otrora rasgos de belleza pasajera. Prefieren naufragar y que las olas los conduzcan a parajes lejanos, a otras siluetas, a caras lozanas, a cuerpos juveniles. Muchos se sienten atraídos por los rostros y las formas, y huyen cuando asoman el cabello plateado y la rugosidad, el cansancio y la amnesia, o al necesitar la otra persona un abrazo consolador, una mano que la sostenga y un pañuelo que seque sus lágrimas en los instantes cruentos. Algunos detienen mi caminata con el objetivo de preguntar cuál es la fórmula para que el amor no muera. Sonrío, pienso en ti y respondo: “es primordial vivir enamorado. En mi caso, todos los días expreso a mi musa que con la emoción, alegría e ilusión de la primera vez, me siento cautivado por ella, que estoy profundamente enamorado y que la amo. Al identificar su nombre con el de un ángel o llamarle trozo de cielo, principio de eternidad y color de mi vida, la incluyo en los días de mi existencia terrena y en la eternidad. Le soy fiel y se lo reitero cuando le recuerdo que al mirarla por primera ocasión, comprendí que no habría cita para alguien más. Constantemente le repito que siempre tendrá mi amor, admiración, consentimiento y respeto. Trato de cubrir su camino de detalles y me transformo en el caballero capaz de inventar, diseñar y fabricar la silla más hermosa para una dama. Destaco mi asombro ante sus cualidades femeninas, su código de vida, sus principios. La admiro. Muchas veces me he preguntado cómo arrancar un suspiro a la eternidad para regalarlo a nuestros corazones y que comprueben que el amor nunca muere cuando es auténtico y fiel. Tal es mi amor por ella. Trato de ser aurora en sus ocasos y noche en sus días para así complementarnos y enriquecer nuestras existencias. Sonreímos y jugamos mucho. Volamos libres y plenos, envueltos en el amor y ausentes de contratos y grilletes. Evitamos los disfraces y buscamos las horas de alegría y los instantes de silencio. Queremos ser felices aquí, durante nuestra estancia mundana, y allá, donde el silencio son los rumores del alma y de Dios, y los susurros del cielo provienen de las mansiones del ser. ¿Un consejo más? Claro, la amo con tal alegría e ilusión como si cada día fuera el primero y último de nuestra historia”. Por cierto, ¿recuerdas mi emoción cuando te declaré mi amor? Parecía un niño feliz y emocionado, seguramente porque el amor auténtico y puro conserva los matices del alma y el cielo. Y sí, con aquella exaltación confieso nuevamente que estoy enamorado de ti, me embelesas y te amo.

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El minuto que reservo para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El minuto que reservo para ti se acumula a nuestra historia, te pertenece y puedes conservarlo como quien guarda una flor muy querida entre las páginas de un libro o las cartas de un romance que no se olvida; la eternidad que anhelo para ambos, la construimos cada instante y no dudo que al tocar la aldaba, alguien abrirá el portón e invitará a pasear y recrearnos en jardines insospechados, sonreír y mecernos en un columpio inagotable, donde los sueños e ilusiones serán completamente vida, y la realidad, en tanto, las quimeras que diseñamos

Reservo mi locura para los días que estoy contigo, acaso porque al mirar los cristales de los aparadores descubrimos el reflejo de dos figuras sonrientes, quizá por sentirnos inseparables dentro de un cuento de ensueño o tal vez por experimentar emoción al volar juntos y recibir el aire de la libertad. Reímos como dos pequeños que deciden recorrer el mundo por primera vez y todo, a su alrededor, es emoción, asombro, alegría e ilusión. Guardo el delirio de este amor para nuestras horas de encuentro y los días de juegos, ocurrencias y risa. Nos agrada experimentar en cada minuto de convivencia el hechizo y la magia de un capítulo diferente, especial e intenso porque así es nuestra historia, el guión que diseñamos. Conservo nuestros capítulos pasados en un relicario, en una caja mágica, donde guardaré los del futuro; mas disfruto la hora presente a tu lado, precisamente para agregarla cada día a la historia que compartimos. Resguardo tu mirada, tus labios, tu fragancia, tu cabello, tus manos y tu voz, igual que un niño que custodia sus juguetes más queridos, seguramente por el significado que tiene para mí cuando te nombro “tesoro del cielo”. Si por alguna causa no estoy a tu lado, abro el pequeño baúl para percibir tu perfume, escuchar tu voz y sentir tu compañía; si sufres o entristeces, extraigo abrazos y besos, instantes de alegría, palabras de amor y consuelo. De alguna manera atesoro la fórmula mágica para fundir esmeraldas, diamantes y perlas que inserto en el universo con el objetivo de que cada noche pletórica de luceros sea romántica e inolvidable, y tejo lienzos con la idea de colocarlos en la altura para que cuando retornes del embeleso de tus sueños, descubras la excelsitud y profundidad de un cielo especial. Deposito tu nombre en mi corazón para que mis latidos lo repitan cada segundo e impregno tu rostro en mis ojos con la finalidad de que siempre aparezcas retratada en mi mirada. Atrapo con mi red los instantes que compartimos, los días y las horas juntos, la historia que protagonizamos; sin embargo, no corto tus alas porque me encanta volar a tu lado, percibir las ráfagas de la libertad, navegar plenamente y sentir que las olas mecen nuestra embarcación. Un amor como el nuestro, tú lo sabes, nunca ha necesitado convenios ni grilletes porque es fiel y libre. Cada día reservo para ti lo mejor de mí porque estoy convencido de que si no hubiera un asiento para una dama, habría que fabricarlo; si no existiera la lluvia, tendría que inventarla para mojarnos y pisar los charcos. Los detalles no se acumulan para una fecha especial que podría no llegar; se entregan con la alegría y emoción que provocan el deleite de una flor de textura exquisita, un bouquet fragante, una sonrisa, un poema, una palabra, un guiño o un paseo. En el amor, las sorpresas no se almacenan para utilizarlas en algún momento especial. El encanto consiste en hacer magia cada instante, en no cansarse jamás de un romance especial, en iniciar cada día el embeleso del amor como si se tratara de la primera vez. A tu lado he aprendido a dar color y fragancia a las flores, contemplar el firmamento y descubrir sus ventanas, bautizar cada árbol y hoja con un nombre, sonreír y hacer de los días que para la mayoría son comunes, una historia de alegría, ocurrencias y bendiciones con episodios inagotables, supremos e inolvidables porque estar contigo es sentir la brisa del cielo.

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