Días inolvidables

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Esas horas inolvidables y los años irrepetibles a tu lado, quiero llevarlos conmigo, en ti, contigo, en mí, para agregarlos a nuestra historia y construir un puente que conecte los instantes del mundo con el palpitar de la eternidad

Eres de cristal o de estrella, con nombre de ángel y mirada de espejo que me cautiva y recuerda, con la alegría y emoción de la primera vez, que te amo. Te admiro. Me siento asombrado hasta por el embeleso que me inspiras

Quiero recolectar nuestros días, los minutos de alegría y las horas de juegos y risa, los instantes de silencio, las etapas de paseo y hasta los momentos de quietud y embeleso, las charlas, los detalles, las miradas tiernas, los besos dulces y las cosas que dan sentido a este enamoramiento tan tuyo y mío, para reunirlos en un álbum, en una historia, en burbujas, en un destino. Pienso que los años y los ratos de amor y felicidad son recuperables e indestructibles, aunque a veces parezca que el tiempo los arrebata y desdeña para pedir al viento que los disperse y al olvido que los sepulte. Surgen del interior, y uno, al sentirlos, los repite y los vive. Es la razón, parece, por la que el amor se conecta a los días que siguen, a una eternidad que ya se presiente, al explorar sus rutas, en el interior, en el alma, en ti y en mí. Deseo que los días inolvidables siempre sean nuestros y no queden en el destierro. Uno, cuando se enamora, enlaza, quizá sin percatarse, la vida del mundo con el horizonte sin final, con la eternidad de un cielo que abre sus puertas a aquellos que sueñan y creen en el encanto y la magia de un amor inolvidable, el tuyo y el mío. Quiero, insisto, que nuestros días sean inolvidables.

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