Al descubrirme en usted

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Al mirarla un día, otro y muchos más, a cualquier hora -las de la mañana, las de la tarde, las de la noche, las de la madrugada-, me enamoré de usted, prometí amarla siempre y cubrir su vida con flores y poemas. Entendí, al descubrirme en usted, que nunca la engañaría porque nadie, en el amor, se daña a sí mismo; al contrario, a partir de entonces inicia la travesía a los detalles y a los sueños, a las realidades y a las ilusiones. a la compañía y a la felicidad, y no importa que la caminata sea en el mundo o en el paraíso, en el terruño pasajero o en la morada infinita, porque un amor como el que le ofrezco nunca se agota ni muere. Al coincidir con usted, supe, desde la primera vez que la vi, que algún día y a determinada hora, en cierta fecha, podría fijarme en su mirada de espejo, definirme en sus bellas luces y dedicarle mi vida de artista y de ser humano, con todo lo que soy, desde la esencia hasta la arcilla. Al saberla yo y sentirme usted, comprendí que somos uno y otro sin perder identidad, en un pulso mágico y etéreo, que es principio del amor sin final. Al descubrirme en usted, aprendí que el amor es la encomienda, el motivo, el detalle, el secreto, el delirio, la llave a un vergel que inicia en uno y se extiende al infinito. Es, parece, un regalo de la vida, un tesoro que palpita en uno y en la creación incesante, un pedazo de usted y de mí, el abrazo y la sonrisa, indudablemente, de Dios.

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Un pedazo de esencia, un trozo de arcilla

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Las letras, como todo el arte, provienen de las profundidades del ser, tienen algo de etéreo y de humano, son inspiración y reflejan la belleza y los sentimientos más nobles; aunque, a veces, por cierto, las utilicemos para expresar descontentos y situaciones complejas del mundo. Hemos olvidado -acaso por la inmediatez, posiblemente por la superficialidad y el apego a las apariencias, probablemente por el anhelo patético y casi exclusivo de obtener riqueza y poder, quizá por la creciente estulticia individual y colectiva, seguramente por dar gusto masivo y seguir modas y tendencias, o tal vez por eso y por algo más- escribir con el alma, con lo mejor de nosotros, y ahora, contagiados de ese mal moderno, hasta nosotros, los creadores, parecemos ignorar que la vida y sus encantos no son mercancía en serie que satisface apetitos, sino arte, el lenguaje que palpita en el interior y, por lo mismo, está conectado al pulso infinito. El arte es la voz del alma, de la naturaleza, del universo, de la creación, de Dios. En la hora presente, algunas hordas humanas -las que más gritan, las que todo lo vulgarizan, las que pretenden enmendar las planas a la vida, las que ambicionan controlar y las masificadas- se han dedicado a romper el arte, a desarticular las letras y las palabras, y a sustituirlas por expresiones que parecen baratijas. Las generaciones actuales ya no leen -argumentan en los medios de comunicación, en las editoriales, en las oficinas de prensa, en las instituciones públicas y privadas, en todos los ambientes-; hay que darles, en consecuencia, imágenes, publicaciones digeridas, ideas fáciles, mensajes estúpidos y vinculados a sus apetitos primarios. Y así, contribuimos a la pereza mental de las personas, hombres y mujeres que serán vaciados espiritual y mentalmente por una inteligencia artificial e indiferente, diseñada para controlar, despojar, manipular y explotar. No sabemos pensar. Permitimos que robaran nuestros principios, valores y sentimientos. Hemos dejado de hacer arte. La inspiración ha sido desgarrada. Escribir, como toda expresión artística, requiere entrega, pasión, creatividad, esfuerzo, disciplina, inspiración, originalidad, dedicación, trabajo. Parece que hemos olvidado imaginar, vivir y soñar. Creemos, erróneamente, que experimentar la vida tan fugaz es entregarnos a apetitos, perder el tiempo en ambientes superfluos y pasajeros, evadir compromisos, responsabilidades y trabajo. Escribir una obra artística significa dejar un pedazo de sí, constancia del equilibrio entre los sentimientos y los pensamientos. Escribir un cuento, una novela, un relato, un poema, es, en el arte, presentar diferentes senderos y estilos de vida, es elegir un rumbo y un destino, es protagonizar tantas biografías e historias, es aprender, es entregar a los lectores trozos de cielo y de mundo. Las letras, como todo el arte, son el lenguaje del alma, de la mente, de la creación, de la vida. Quienes escriben y leen, saben a lo que refiero, y no desconocen, igualmente, que algo tiene de esencia y de arcilla, de infinito y de temporal, de Dios y de humano. Escribir, en el arte, es algo más que una pose; es, simplemente, participar en el excelso e interminable proceso de la creación. Escribir no es imitar las producciones en serie ni recurrir a la tentación de malbaratar el arte, simplemente por complacer a las mayorías; es, sencillamente, asimilar y explicar mucho de lo infinito y tanto de lo temporal, descubrir y presentar al alma y al humano, y aprender a vivir en un plano y en otro.

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La idea

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La idea, al escribir, es transformar las letras en flores y las palabras en jardines para regalar perfumes deliciosos y colores encantadores y cautivantes. La idea, al escribir, es componer música, aliarme con el lenguaje del viento y las voces del océano, simplemente con el propósito de repartir historias, diseñar rutas y caminar juntos. La idea, al escribir, es decirle a alguien, en especial, que mi amor es fiel e inextinguible porque viene del alma y va al infinito, donde pertenecen los sentimientos más bellos. La idea, al escribir, es cultivar sentimientos, dulzura y pensamientos. La idea, al escribir, es demostrar que las guerras no se ganan con armas que destruyen y matan, sino con amor, justicia, bien, conocimiento, tolerancia, libertad, armonía y respeto. La idea, al escribir, es hilvanar letras en las páginas del cuaderno y dejar huellas indelebles, al deslizar el lápiz o el bolígrafo sobre el papel, para que otros, los que vienen atrás, las sigan sin miedos ni rencores. La idea, al escribir, es volver a ser niños y rescatar la inocencia perdida. La idea, al escribir, es obsequiar ecos y frangmentos de un paraíso mágico y pedazos de mí para que todos sepan que existen otras fronteras y que me sientan su hermano. La idea, al escribir, es presentarles una historia, un relato, y muchos más, con el objetivo de que los vivan y se atrevan a protagonizar biografías grandiosas. La idea, al escribir, es solicitarle a Dios un pedazo de eternidad, tomar algunos suspiros de la vida, y diluirlos en al aire, en la lluvia, en la nieve, para que la gente recupere su esencia y una mañana, una tarde, una noche o una madrugada, a cierta hora, retorne feliz y plena a la morada. La idea, al escribir, creo yo, es invitar a todos a participar en la historia más hermosa y sublime.

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Quizá

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Tal vez. Quizá, la ilusión de un gran amor motive a conquistar el mundo, emprender una hazaña, cumplir sueños que parecen irrealizables, sorprender y traducir ese hondo sentimiento en la entrega puntual y sincera de un bouquet policromado y fragante, un perfume encantador o, simplemente, una carta, una fotografía, un beso, una mirada profunda, un abrazo, una flor, la hoja de un árbol con un mensaje breve o un detalle sencillo. Puede ser. Una noche romántica, alguien puede, y es válido, prometer la luna, el universo, las estrellas, o solamente mecerse en el columpio de la ensoñación y reír mientras pasan los minutos inexorables y caen la gotas de la lluvia. Las voces y las pausas, los rumores y los silencios, en el amor, dicen y significan tanto. Probablemente es así. Sin duda, quien se enamora, tiene libertad de soñar y pedir incontables deseos, contabilizar los árboles en un bosque o bautizar los luceros. No importa si un amanecer y muchos más, él y ella, en su incorregible locura, salen a la playa y cuentan los granos de arena para depositar en cada uno la huella de su amor. Existen locuras, motivos y libertades en el amor. Un poema, en cambio, es imposible comprarlo con la intención de obsequiar sus letras, porque no es mercancía y requiere la inspiración del artista. No se le compara con las piedras preciosas ni está subordinado a caprichos o pedidos. Es espontáneo. No cualquier persona lo escribe y lo regala. Las letras que se enlazan, como enamoradas dulces y fieles, vienen del alma y no están a la venta. Aquel que escribe un poema a quien ama, un texto cautivante y sublime con todas las razones de un idilio, es porque, definitivamente, se siente profundamente enamorado. Tal vez. Quizá, aquel que es capaz de sentir inspiración con quien percibe en su alma y le obsequia un poema, sabe que el amor lleva a la inmortalidad. No hay duda.

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Los amo tanto

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y alguna vez -no recuerdo si fue una mañana, una tarde o una noche de lluvia-, sentí el deseo y la necesidad de salir, correr a su lado, tomarnos las manos, formar un círculo y expresarnos, desde las profundidades y los rumores y los silencios de nuestras almas, el amor y el agradecimiento que nos tenemos, simplemente por la bendición de ser hermanos y compartir una historia terrena con el anhelo de conquistar la luz inmortal…

Los amo tanto. Somos hermanos. Desde los primeros años, los de la primavera, en el amanecer de nuestras existencias, fuimos compañeros de juegos y travesuras en un hogar maravilloso, con un padre y una madre amables, buenos, educados y amorosos. La familia, el hogar, la casa, eran nuestro pequeño mundo, un pedazo o un reflejo, quizá, de un paraíso encantador e infinito que siempre, por ventura, hemos llevado en lo más profundo del alma.

Convivimos intensamente. Fuimos gladiadores, aventureros, comerciantes, exploradores, padres, madres, hijos, hermanos, competidores, artistas, cocineros, profesores, magos, príncipes, mendigos, cantantes, atletas, músicos y todo lo que, en la imaginación y en los juegos infantiles, uno puede concebir, en un ambiente de armonía y de inocencia; aunque es innegable que, en ocasiones, surgía alguna diferencia,, cierta rivalidad, y enojábamos unos con otros, con el anhelo secreto, la esperanza y la ilusión de que pronto borraríamos, para dicha nuestra, las líneas desagradables del guión. Todo volvía a la normalidad. La gente que nos conocía, entonces, decía que éramos una familia amorosa y unida.

Compartimos una historia irrepetible, sigular e inolvidable, con todas sus luces y sombras, porque eso es la vida, en el mundo, una dualidad. Es innegable que fuimos bendecidos. Y así, la adolescencia fue una extensión de la niñez, con la suma de los rasgos de otra estación, hasta llegar a la juventud y a la edad madura..

Juntos, cada uno con su identidad y sus libertades, somos -los cinco- protagonistas de una historia que ahora, como siempre, nos identifica y enriquece, y, sin duda, lo sé, se proyectará hacia el porvenir, a otros días y planos, hasta que nuestra evolución nos lleve al infinito.

Amamos y recordamos, con amor, respeto, admiración, humildad y agradecimiento, al padre y a la madre que, en este plano, nos heredaron su ejemplo y sus principios. No podríamos traicionarlos. Honramos su memoria al seguir, a través de nuestros sentimientos, ideales, pensamientos, acciones y palabras, el legado que dejaron para nosotros. Y no hablo de dinero porque eso se queda atrás y un día se pierde todo, sino de sus valores, del tesoro etéreo que ya traían en ellos por ser más esencia que arcilla. Eso es lo que nos queda y lo que perdurará.

¿Dinero? ¿Riqueza material? ¿Lujos? No. Su herencia fue mayor. Somos inmensamente ricos por la historia que hemos compartido desde nuestros nacimientos hasta el minuto presente, por el padre y la madre que tuvimos, por los juegos y las travesuras, por la educación que recibimos, por la unidad familiar, por el hogar tan bello e inolvidable, por saber que el paso por el mundo solamente es la caminata temporal por una estación de las tantas que hay antes de cruzar el umbral de la inmortalidad.

Somos uno con diferentes rostros e identidades, pero en esencia no desconocemos que venimos de la misma fuente, de un origen grandioso, de la luz que engrandece e inmortaliza las almas. Y eso, lo admito y lo sé, es un tesoro invaluable que no se compra con riquezas materiales.

Somos hermanos. Reímos y lloramos, coexistimos entre las luces y las sombras, protagonizamos innumerables historias, estuvimos unidos en los instantes de dolor y tristeza y en los momentos de alegría y plenitud. Pertenecemos al mismo libreto, a la estirpe a la que nunca renunciaremos y que siempre llevaremos en nosotros. Deseamos multiplicar el encanto, el milagro, la bendición, el detalle sublime y la fortuna de ser hermanos y, por añadidura, llevar en la memoria los capítulos mutuos y al padre y a la madre insustituibles y magistrales que, alguna vez, aquí, en el mundo, estuvieron con nosotros, y que, indudablemente, permanecen en nuestras esencias.

Los amo tanto. No los cambiaría. Simplemente, lo confieso, somos hermanos, y eso, amigos míos, es una distinción de la luz, de la vida, una bendición que he de agradecer cada día hasta el instante postrero de mi existencia terrena, con la convicción de que, en esencia, estaremos vinculados en el pulso infinito del que formamos parte. Los amo tanto. Somos hermanos.

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Amaneceres lluviosos y nublados

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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En la infancia, me encantaban los amaneceres lluviosos y nublados. Me parecían encantadores y mágicos, y más si la llovizna se prolongaba durante horas. El inmenso y primoroso jardín de la casa solariega, despedía fragancias exquisitan que embelesaban. Olía a árboles, flores, helechos, plantas y frutos empapados, a piedras y a tierra mojadas, a vida palpitante en cada expresión natural. La esencia y las formas de la creación fluían en el ambiente. Me parecía maravilloso aquel espectáculo. Era, pensaba, un milagro de la vida. Me causaba asombro mirar las gotas cristalinas que deslizaban en cada hoja del follaje y en los cristales de las ventanas. Las nubes, espesas y grises, flotaban tan bajo, que imaginaba que podía tocarlas e introducirme en sus capas misteriosas y prodigiosas. Creía, en aquella niñez azul y dorada, que el cielo descendía al mundo para sentirlo, descubrir sus tesoros infinitos y soñar y vivir en una felicidad eterna al lado de la gente que tanto amaba. Imaginaba tantas historias como gotas de lluvia se precipitaban. Ahora que lo recuerdo, este día nebuloso y de llovizna, confieso que me sentía inmensamente agradecido y cautivado, al grado, incluso, de que me gustaba y disfrutaba más contemplar el ambiente, que permanecer cautivo en el aula de clases. Me preguntaba, desde mi razonamiento infantil, por qué, si Dios me regalaba pedazos de cielo y de paraíso, debía soportar los castigos, desprecios, enojos y gritos de la profesora -una maestra agresiva que no dominaba sus impulsos negativos- y el acoso de mis compañeros, en un colegio de esos que hoy se exhiben en las películas de misterio, suspenso y terror. Me sabía, entonces, entre el cielo y el infierno. Aprendí, en consecuencia, que, en todo detalle y manifestación natural, podría reencontrarme conmigo, con el principio de la creación, sin olvidar que el mundo es transitorio y que uno, durante su paso, debe aprender, evolucionar y aportar lo mejor de sí para bien de la vida.

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Perfume de escritor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Alguien dijo, una vez, que huelo a papel, a libro, y a tinta, a bolígrafo, a páginas impresas, mezcla que forma, inevitablemente, el encanto de una fragancia, especial que no tiene precio porque se trata, simplemente, de perfume de escritor. Y es que, a pesar de que conozco y manejo la tecnología de la hora contemporánea, soy un artista de las letras, muy romántico, proclive a escribir mis textos en un cuaderno o en una libreta, antes de transcribirlos en la computadora y publicarlos. En ocasiones, por la dinámica cotidiana, me resulta imposible tomar el bolígrafo y escribir sobre una hoja de papel; entonces recurro, directamente, a los equipos modernos y me entrego al arte. He escrito fragmentos de mis obras en servilletas, pedazos de cartón, trozos de papel, boletos y comprobantes de pago de las tiendas, porque la inspiración toca a la puerta en el momento inesperado, y se marcha cuando uno la desatiende y le es infiel. El perfume de escritor no solamente implica el ejercicio de trazar letras y tener contacto con el papel y la tinta, práctica que, sin duda, algunos podrían aprovechar como una oportunidad de pose y de lucimiento; significa entregarse al proceso de la creación de obras, a la composición de novelas, cuentos, historias, relatos, poemas y textos cautivantes e insíradores. Oler a libro, a papel, a tinta, equivale a transpirar letras y palabras, sentimientos e ideas, narraciones e historias, y derribar muros y fronteras, abrir las puertas y los ventanales, explorar caminos y acercar el mundo a paraísos insospechados. El perfume de escritor es una esencia que no se consigue fácilmente por ser escasa y selectiva. La fragancia del arte no se impregna en los impostores, acaso por estar reservada y ser exclusiva para quienes aman la encomienda de crear obras, como lo hacen la naturaleza y, siempre, Dios.

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Las sonrisas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Las sonrisas son orquídeas, tulipanes y rosas que no se marchitan, flores que aparecen en una estación y en otra y dejan sus fragancias a la gente buena, a los enamorados, a los artistas, a los que se quieren tanto, a los poetas inspirados, a los pintores de sueños e ilusiones, a los escritores incansables que construyen historias maravillosas. Las sonrisas forman palabras dulces que, una mañana, una tarde o una noche, se convierten en poemas, en textos cautivantes y tiernos, en versos sublimes y bellos. Las sonrisas genuinas, acompañadas de palabras amables, son, parece, pétalos tersos que abrazan y besan desde las profundidades del alma. Me encantan esas sonrisas que se presienten auténticas, ausentes de sombras y de prácticas malas. Como que traen los rasgos de la vida y la mirada de la creación que pulsa en cada expresión. Las sonrisas atentas y cordiales, son un puente entre las almas y significan, a veces, más que las palabras que no siempre se entienden. Quiero coleccionar sonrisas y regalar racimos de flores para que todos, hombres y mujeres, cultiven el jardín más hermoso y su mundo temporal, que simplemente es una estación inmersa en la ruta hacia el infinito, atraigan el bien. Pienso que debe ser motivo de dicha y encanto, regalar tantas flores a la gente que uno ama, a las personas que encuentra en el camino, a los seres que cotidianamente transitan por las rutas de la vida. Prefiero, con mi sonrisa y mi trato amable, ser el jardinero que siembra flores, que el segador que se dedica a arrancarlas. Necesito que tú, ella, él, ustedes, también se dediquen a regalar sonrisas agradables que surjan del interior, para así, juntos, hacer de este mundo un paraíso.

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Y si un día

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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A mis descendientes, a mi familia, a mis amigos

Y si un día ya no estoy aquí, contigo, quiero que, en vez de llorar, leas los textos que escribí, para que así me sientas cerca y sepas que te estoy hablando. Y si, en algún momento de tu existencia, percibes mi ausencia, hojea las páginas con fragancia a papel y tinta y deja que su perfume te envuelva, hasta que coincidamos en alguno de sus parajes y, juntos, caminemos por los senderos y las rutas que se encuentran en cada letra, las cuales, por contener tanto de mí, te regalarán mis abrazos y mis consejos con el amor que te tengo. Y si, en alguna hora insospechada, cae la noche y me desvanezco, cierra tus ojos y sumérgete en las profundidades de tu ser, en tu esencia, donde te estaré esperando con la intención de mostrarte el oleaje que lleva a la fuente infinita. Y si en alguna fecha incierta, al amanecer, ya no me miras ni me escuchas, no olvides que mis voces y silencios se mezclarán con el lenguaje de la naturaleza, con los códigos de la vida, con los signos de la creación. Y si alguna vez, tras concluir mi presente ciclo en el mundo, no me sientes, toca los pétalos de las flores -orquídeas, tulipanes, rosas- y, al percibir su textura, experimentarás mi cercanía y sabrás que nunca te abandonaré. Y si cierto instante sufres por las ocasiones que dejamos de convivir, desecha el arrepentimiento, la tristeza y el dolor porque cada uno, en la caminata de la vida por el mundo, tiene sus motivos, sus sendas y sus razones; pero en la esencia -y tú lo sabes-, nos amamos y compartiremos, una vez superados los destierros que nos ponen a prueba y hacen crecer, la dicha de una existencia plena e infinita. Y si una tarde, mientras llueve torrencialmente, sopla el viento y los relámpagos desgarran las nubes plomadas y ennegrecidas, sientes que te desmoronas, no llores ni sufras por lo que ya pasó y forma, en consecuencia, parte de tu historia; fortalece tu ser, sé grandioso e irrepetible, derrama el bien y la verdad, y nunca actúes con maldad ni con injusticia, para que así, al llegar a la hoja postrera del libro de tu existencia, mires atrás, feliz y satisfecho, las huellas que dejaste en el camino y los puentes y las rutas que diseñaste y construiste durante tu andar por las estaciones de la vida. Y si en determinado instante piensas que todo ha acabado, no dudes en abrir las ventanas de tu ser y de tu casa, mirar a tu alrededor y recordar que la vida es incesante. Y si un día crees que ya no estoy contigo, siénteme, en tu interior, a través de tu alma, de tu esencia inmortal, y, afuera, en los rumores del viento, en la lluvia, en los colores de las flores y en el oleaje del mar. Prometo, por así saberlo, que nuestras almas siempre permanecerán inseparables y dichosas. Y si un día.

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Las letras, en el arte

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Las letras, en el arte, son el bosque del que se desprenden hojas con mensajes inscritos desde algún rincón del paraíso. Las palabras que surgen de la inspiración, las traen los murmullos y los silencios de la creación. Las expresiones literarias, en las páginas de los libros, son, simplemente, la voz de Dios que relata guiones que aún no convierte en historias de personajes reales, notas y recados que encomienda a los artistas, a los escritores, cuando se ocupa en otros quehaceres. El arte de las letras, parece tener mucho de gotas de lluvia, envueltas en nubes grisáceas o en los colores de los arcoíris; pero también es el mar que se funde en el horizonte y besa el último crepúsculo para reflejar sus tonalidades amarillas, naranjas, rojizas y violetas. En el arte, las letras y las palabras que se escriben son, definitivamente, el tablero con los códigos del infinito, el bien y la sabiduría sin final, la vida que pulsa en cada expresión. Las páginas literarias enseñan, llevan a espacios recónditos, muestran la creación e invitan a experimentar incontables vidas en una sola existencia. La tarea de escribir es el destino y el privilegio del artista, quien permanece atento a las voces y a los sigilos del alma y del universo. El arte de escribir es para aquellos que saben comunicarse con la vida, consigo, con la creación palpitante, con la esencia inmortal.

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