Sueño de amor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Lo escribí para usted, tras despertar de un sueño de amor

Los sueños de amor son colección de los enamorados. Se entiende que significan citas nocturnas y encuentros tan anhelados, huellas indelebles que quedan cual constancia del paso de dos locos y ocurrentes que desafían el cortinaj de las horas, miradas silenciosas y palabras pronunciadas en algún puente de cristal. Los sueños de amor son exclusivos de quienes se saben uno con el otro, libres y plenos, con identidad propia y con las llaves de paraísos infinitos. Como que tienen el permiso de Dios. Pertenecen a los enamorados que pasean en una estación y en otra, en primavera y en invierno, en verano y en otoño, cuando uno vive y duerme en el mundo y en las estrellas, en el cielo y en las piedras que cubren los riachuelos, en el paraíso y en las nubes. Son, a veces, las olas impetuosas que besan la arena y los riscos con frenesí, tras sus jornadas marítimas, y, en ocasiones, el viento suave que canta, toca y arrulla las flores y las hojas. Se trata, parece, de pedazos de historias que llegan a la orilla con un tanto de uno y mucho de otro, ecos de capítulos que dos comparten a cierta hora, una mañana o una tarde, o quizá una noche, sí, trozos de un idilio consumido en algún instante del ayer, fragmentos de un romance que ambos reservan para el futuro, una mañana, al amanecer, o, tal vez, una tarde lluviosa o una noche estrellada y silenciosa. Un sueño de amor es un encuentro, casual o planeado, entre usted y yo, un alma y otra que se reconocen en un solo palpitar; es un poema sin final, la letra, el color y la música que expresan sentimientos que brotan del interior y que no pueden explicarse de otra manera. Un sueño de amor es la cita diaria, en las noches prodigiosas -tan nuestras-, entre usted y yo, con el encanto de mirarnos con la alegría y la emoción de la primera vez, ante el resplandor de los luceros que cuelgan de la bóveda celeste para alumbrar la banca que elegimos y el camino que seguimos. Un sueño de amor, seguido uno de otro, es el encuentro entre usted y yo, con la invitación a vivir una historia inolvidable y maravillosa, ahora y mañana, durante nuestra estancia en el mundo, y posteriormente, en la travesía y la estancia en un jardín infinito y sin fronteras. Un sueño de amor somos usted y yo, inseparables, dichosos, con la ilusión de vivir el mejor guión de una historia inagotable.

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De usted

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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De usted, identifico su nombre, sus apellidos y su rostro… oh, y también su alegría, sus palabras, sus silencios y sus ocurrencias. De usted, no olvido que es mi musa cuando la descubro en las rutas del arte, en mis expediciones en busca de inspiración, en las horas y en los días de encuentro conmigo y con las letras. De usted sé, por lo que defino en la lectura de sus rasgos, que su belleza y su encanto no son improvisados, que provienen de su interior y que tienen mucha similitud con la orquídea, el tulipán y la estrella. De usted, no desconozco que ha dado mucho de sí a la gente que ama y que, a veces, por lo mismo, carece de espacio y tiempo para sus aficiones. De usted, no ignoro que cada mañana, al despertar, su amabilidad y su sonrisa brotan y se manifiestan como las gotas de los manantiales, diáfanas y amigables, con un no sé qué que invita a tomar sus manos y cantar, girar dichosos e incansables, sin importar que sea en el césped bañado por la lluvia o sobre una alfombra de hojas amarillas, doradas, naranjas y rojizas que el viento de la tarde barre y dispersa con nostalgia por tener que desbaratarlas. De usted, sospecho que, desde la infancia, ya era dama, y tan próximo estoy de comprobarlo, al observarla, al descubrirme en su mirada, al sentirla en mi ayer, en mi presente y en mi mañana, mezclada con mi nombre, que confieso, entre mi asombo y mi locura, que me siento caballero y príncipe cuando actúa con naturalidad y es tan princesa de mi historia. De usted, defino la inspiración de mi arte, de mis letras, y la sé mi musa. De usted, rescato las letras del abecedario, enamoradas entre sí, y escribo un texto poético, una obra en la que percibo su fragancia y me percato de su presencia. De usted, simplemente, acepto y confieso que tengo el alma con sus pedazos, fragmentos suyos que palpo en mí, en mis sentimientos y en mi razón, en la locura que significa amarla. De usted, admiiro que Dios, al decorar el mundo, le haya dedicado las pinceladas que pasó sobre el mar jade y turquesa, en los copos blanquecinos, en la lluvia de gotas de cristal y en los arcoíris que juegan en el paisaje. De usted, es la tinta con que escribo en mis libretas, el perfume de las hojas de los libros y el deleite que siento al amar, al vivir, al saberme temporal e infinito. De usted, sencillamente, está hecha cada una de mis letras, los trazos de mis palabras escritas, la esencia de mis obras. De usted.

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Definición de artista

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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¿Definición de artista? Es el segador que retira abrojos de las páginas y de los cuadernos en los que ha de escribir sus historias interminables, sus novelas magistrales y sus poemas emotivos; es el jornalero que, previo a su encuentro con las musas, con los dictados de cielos insospechados, corta espinas y mala hierba con la idea de pintar los rostros, los jardines y las cosas del mundo y del paraíso, de la realidad y de los sueños; es el caminante original e inagotable, creativo y ocurrente, que perfuma los pentagramas en los ha de anotar los signos y las melodías más sublines que cautivarán a las almas y los sentidos; es el peón de Dios que prepara los materiales yertos que ha de esculpir. Es el diseñador, el artífice, el decorador de los senderos y las rutas para llegar al destino, a lo sublime, a lo que pulsa en la esencia y en el barro. Es el jardinero que cultiva flores, plantas, árboles y frutos, en la tierra nativa, durante el viaje, y quien una mañana o una tarde mágica, o quizá hasta una noche prodigiosa -de esas que no se olvidan por su significado tan especial-, anticipa, en fragmentos, el edén infinito, con el objetivo de que hombres y mujeres comprendan y sientan que no son marionetas, sino algo más, tan majestuoso e inmortal como lo es el infinito. Es el creador, el que aporta, el que fabrica y decora estrellas que alguien, el maestro de los artistas, coloca en la oscuridad de la noche para alumbrar el universo y recordar que somos luz.

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Al saberla mi musa

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Al saberla mujer, al percibir su encanto de dama y al sentirla mi musa, recuperé mi esencia y mi armadura de caballero y construí un puente de herraje y piedra con la idea de acudir a su encuentro, puntual y de frente, con un poema escrito en la página de un cuaderno y con la promesa cumplida de un puñado de pétalos fragantes y tersos para alfombrar su camino. Al descubrirme en su mirada, completo y feliz, comprendí que estaba dentro de usted, y que si yo la sentía en mí, significaba que ambos, desde el principio, cuando Dios pintó la primera flor y colgó estrellas en su pinacoteca celeste, ya éramos uno y otro, un escritor y una musa, una dama y un caballero, un hombre y una mujer -los de entonces, los de siempre-, con un destino grandioso, aquí, en el mundo, y allá, en un paraíso interminable. Entendí, al reencontarla en mi sendero, que estaba frente a usted y que, al tratarse de una mujer, la definiría, una y otra vez, en mi historia cotidiana, en mi existencia pasajera, en mi amor irrenunciable, en mi arcilla, en mis sentidos; al ser dama -la más bella-. siempre la conservaría en mí, en mi interior, como una luz inextinguible que es amada y protegida por un caballero; y al concebirla mi musa, jugaríamos a la vida y al amor, entre remansos y escondrijos, en sueños y en realidades, y, así, intensamente emocionado y con gran inspiración, escribiría las letras más cautivantes, románticas y sublimes. Al contemplarla tan dama, me supe el artista más caballero.

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Y ya no estaban…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Intenté felicitarlo, correr a su lado para abrazarlo; pero sus espacios, en la biblioteca, en el comedor, en la sala, en los rincones de la casa, estaban ausentes y nadie respondía al pronunciar su nombre. Lloré, entonces, entristecido, al recordar que mi padre, mi amado e inquieto padre, ya no se encontraba en el mundo, y mayor fue mi desconsuelo al saber que ella, mi madre, mi madre querida e inolvidable, tampoco estaba conmigo, al menos en la arcilla que soy ahora. Pretendí sorprenderlo esta mañana tan especial en que muchos hombres y mujeres, en minúsculas y en mayúsculas, celebran al padre tras haber festejado, semanas antes, a la madre, y si a ella no la descubrí, amable y sonriente, entre sus plantas y sus flores, en el jardín, a él tampoco lo encontré inmerso en sus lecturas, en su arte y en sus inventos, ni los miré, como antes, sentados a la mesa, en la sala, en nuestras convivencias, ni tampoco en los paseos que realizábamos, felices y agradecidos. Creí, al no encontrarlo, en esta fecha dedicada al padre, que el tiempo y la vida lo desmantelaron; pero no es así porque ni uno ni la otra, por su naturaleza, desperdician su caminata en la gente. Son indiferentes a lo que cada hombre y mujer eligen. Simplemente, mi padre cumplió su ciclo en este plano, como lo hizo mi madre tantos años después, y los siento en mí cuando recorro y exploro las rutas de mi interior, los senderos y los destinos de mi alma. Hoy, sencillamente, desperté con el anhelo y la ilusión de reunirme con mis hermanos, en complicidad y sigilo con mi madre, como lo hacíamos en la infancia, y luego en la adolescencia y en la juventud, con el objetivo de llegar hasta la habitación y abrazar y felicitar, una y otra vez, a mi padre, y expresarle el más puro amor, mi gratitud y mi admiración. Abrazaría a mi padre esta mañana, como lo hubiera hecho, semanas antes, con mi madre. Recuerdo que ellos siempre aseguraban que nosotros, sus hijos, les regalábamos tanto amor y respeto, que para ellos, simplemente, todos los días eran del padre y de la madre. Físicamente ya no están aquí, en la Tierra, pero espiritualmente, por ser esencia, percibo sus latidos y su presencia en mi interior, en mi ser, en mi alma, en las gotas de lluvia, en las caricias del viento, en los abrazos del sol, en los copos que se acumulan, en las flores sonrientes, en el pulso de la vida, en el polvo de estrellas, en el éter que fluye prodigiosamente y envuelve todo. Me fundó en la corriente etérea y los percibo conmigo, y así, emocionado, les doy un abrazo de luz con todo mi amor y mi agradecimiento, con la certeza de que el infinito es un regalo maraviloso de la creación. Hoy, definitivamente ya no fue posible sorprender a mi padre con cajas de aviones de dos alas, a escala, como los que voló en sus días juveniles, acompañados de calzado, ropa, libros y lociones, como otro día, apenas hace algunas semanas, a mi madre le hubiera obsequiado zapatos, algún vestido y hasta un suéter y perfumes; sin embargo, ahora, al escuchar las voces y los silencios de mi ser interno, descubrí la presencia de ambos, y eso me indica que Dios reserva para nosotros una existencia infinita de beatitud y paz. Después de todo, los regalos materiales, tan agradables y bonitos, quedan en envolturas, en recuerdos y en tarjetas que algunos conservan en baúles y roperos; pero la bencidión y la fortuna de un padre, una madre y una familia tan especiales y maravillosos, con una historia irrepetible, mágica e inolvidable, pertenecen al alma, no tienen precio y son para vivirlas eternamente. Agradezco a Dios tan excelso regalo. Gracias a mi padre y a mi madre por tanto.

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Y es que el arte, parece, es eso

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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…Y es que el arte es el lenguaje de Dios, su oficio, su esencia y su forma, la expresión magistral y sublime de su creación. Es un artista que crea. Es, parece, la primera flor que cultivó, alguna vez, en los jardines de un paraíso infinito. Siempre elige a algunos hombres y mujeres con la intención de que recorran el mundo y regalen flores transformadas en letras, poemas, matices, formas, notas, y, así, recordarles a las almas que forman parte de la más hermosa y magistral de sus obras… Creo, por lo mismo, que no solamente se trata de sembrar flores que decoren espacios fugazmente. Es importante enriquecer la tierra, removerla, depositar las semillas con amor y cuidado, proporcionar el agua y los nutrientes indispensables, multiplicar para bien, y, una vez que las plantas brotan y las flores expresan sus más exquisitos y ricos perfumes, texturas y colores, hay que acariciarlas, hablarles dulcemente, cuidarlas, escuchar sus rumores y sus sigilos, acaso por ser manifestación de Dios, quizá por tratarse de criaturas que sienten y sonríen, tal vez por los enigmas que trae la vida. El jardinero cuida las flores y hasta aporta sus habilidades para que tengan un sentido real. Lo mismo ocurre con el artista, quien no únicamente recibe la encomienda de escribir, pintar, esculpir o componer y ejecutar música o crear la obra más grandiosa; también comparte la responsabilidad de sumar a su estética, a las fórmulas de los sentimientos, la belleza y la razón, un mensaje, un código que, como el viento al agitar las flores, los dientes de león y el follaje, remueva conciencias, despierte a la arcilla empeñada en permanecer en mazmorras lóbregas e invite a participar en la luz, sí, en el bien y en la verdad, para así trascender y fundirse con el polvo estelar.

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Y si eso es el arte, ¿qué es la vida?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y sí, el arte tiene mucho de esencia y es algo prodigioso que se lleva dentro por ser un regalo de Dios. Es un estilo de vida, un ministerio, una locura, un motivo -siempre lo he pensado así y lo repito aquí y allá-, acaso porque un artista es la criatura a la que Dios encomienda prender estrellas y faroles en el cielo y en el mundo para que la gente siga la ruta a sus paraisos cautivantes e insospechados, probablemente por tratarse de una pasión que no muere con la arcilla, quizá por ser el leitmotiv de la vida de los creadores, tal vez por tantas razones ignoradas y presentidas, al mismo tiempo. Y si uno, en el arte, escribe las palabras del cielo, los poemas de la vida, en el lenguaje que Dios dicta, o si pinta y esculpe los colores y las formas del paraíso, o si compone y reproduce las notas de la creación, que millones de hombres y mujeres, pertenecientes, en el mundo, a una generación y a otra, disfrutan tanto, ¿qué es la existencia? Más allá de los deleites y del encanto del arte, corresponde a todos vivir plenamente, en armonía y con equilibrio. Los minutos y los años de la vida son páginas en blanco para patinar sobre su textura, dibujar formas, plasmar colores y escribir historias cotidianas, no hojas cuadriculadas que es preciso llenar, ante la prisa, la locura y las presiones de las manecillas del reloj o la estulticia de las superficialidades, el mal y la ignorancia, con cifras, datos y números insensibles, tan lejanos e indiferentes al bien, a la verdad, al amor, a la nobleza. El artista suele regalar tesoros que enaltecen al ser y lo llevan a rumbos supremos, aunque a veces esconda sus angustias y dolores en la intimidad de su biografía, seguramente por ser el mensajero de Dios que, al socavar, al horadar, al buscar las manifestaciones etéreas en las cumbres y en las profundidades, muchas veces retorna desgarrado y roto; sin embargo, a los otros, a los hombres y a las mujeres que coexisten en el planeta, en un mundo que fue edén y transita a estados inferiores, toca enmendarse, restaurar su condición y aprender a vivir con el lenguaje más bello y puro -el del amor, el de la felicidad, el del bien, el de la verdad, el de los sentimientos, el de la razón-, con los matices de mayor hermosura y plenitud y con los acordes armoniosos que evitan pedazos de temporalidad e insignificancia y sí, al contrario, son puente a una existencia dichosa e infinita.

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Se dedican a la belleza

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Son escultoras y pintoras. Su material y su lienzo son el cuerpo, la piel, los rostros. Les encantan las apariencias, la belleza, los matices y las fragancias. Sus aliados son los espejos, las cremas, los maquillajes, los cepillos, los peines. Emulan a Dios, en su taller de artista, cuando diseñan y elaboran vestidos, ropa femenina, prendas tan parecidas a las flores cuando adornan las plantas. Hasta uno, al visitarlas y admirar su hermosura, se siente en algún recinto del paraíso. Sustraen perfumes de las fórmulas del cielo y de los jardines. Agregan tacones, estilos, tendencias, motivos y policromía a su calzado. Lo saben, naturalmente, desde el cunero hasta antes del sepulcro, en la infancia y en la ancianidad, en la juventud y en la madurez, porque son mujeres y no descuidan su encanto natural, al que agregan sus propios estilos, unas veces con elegancia y otras, en cambio, con sencillez, cada una de acuerdo con sus posibilidades. De las uñas hacen obras pictóricas en miniatura, y los ojos, en tanto, los convierten en miradas cautivantes, en ventanas con cortinas, tapices y decoración que embelesan; además, no olvidan los labios ni las mejillas. Aretes, collares, anillos, pulseras y bolsas son sus favoritos. Les encanta asomar a los aparadores, a los cristales, a las vitrinas de joyerías, boutiques y calzado aunque sea, en ocasiones, solo para mirar. Insisto en que son mujeres. Sí. Son mujeres y seres humanos, y viven de día y de noche su belleza, su encanto, su naturaleza. Y más cautivan, en minúsculas y en mayúsculas, cuando su hermosura es extensión de un alma resplandeciente y de una mente brillante, de tal manera que los sentimientos excelsos y las ideas enaltecen los rasgos y las formas que lucen con la magia femenina. Y es que las uñas decoradas con elegancia, serían absolutamente superfluas si no supieran dar lo mejor de sí a otros. De otra manera, creo, solo aparecerían envueltas en máscaras, en disfraces, en cáscaras. Hay quienes aseguran que la apariencia física, cuando es tan vacía, tanto en masculino como en femenino, resulta inversamente proporcional a la inteligencia, a los sentimientos nobles y a los valores; no obstante, son de admirar quienes viven su naturaleza de mujer, lucen su belleza y, por añadidura, cultivan el bien y la verdad cada momento de sus existencias. Qué sublime es coincidir con alguien así.

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Las flores que recolecto

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Cada flor es un rostro que tiene un encanto, una belleza, un motivo. Las flores que recolecto y le entrego, poseen una mirada, como la suya, y, quizá -ahora lo sospecho-, hasta un perfume igual al que usted exhala. En una y en otra flor, descubro los colores de la vida, el nombre de usted y hasta sus alegrías y tristezas. En las flores que le regalo, habrá algunas, probablemente, que quedarán atrapadas en páginas con dobleces -hojas, al fin-, hasta marchitarse al lado de las letras y las palabras que le escribo, cual testimonio de que un día y muchos más, multiplicados al infinito, le entregué mi delirio, la locura de un amor irrenunciable, pleno e inquebrantable. Al mirar las flores por las que deslizan las gotas del rocío, evoco sus lágrimas cuando ríe o llora, y mayores deseos siento, entonces, de correr a su lado para abrazarla desde la profundidad de nuestras almas. Las flores de mi jardin y las bosque son para usted. Las hay blancas, rosas, violetas, amarillas, rojas y de tantos matices que, a veces, pienso que Dios derramó, intencionalmente, su paleta de colores con la idea de adelantar uno de sus paraísos a aquellos que, como usted y yo, sentimos admiración y deleite por sus criaturas. Las flores aparecen aquí y allá, en minúsculas y en mayúsculas, en femenino y en masculino, decoradas con hojas y sostenidas en tallos que, en ocasiones, espinan y rasgan la piel y la ropa porque las cuidan. Busco flores sonrientes para usted, orquídeas y tulipanes, gladiolas y lilís, girasoles y rosas, acacias y dientes de león, begonias y claveles, lirios y hortensias, dalias y crisantemos, y qué importa si las acomodo en el canasto en nones o en pares, si en cada uno descubro su aroma y el mío, nuestras sonrisas y el amor inextinguible, a pesar e que la textura se arrugue una mañana o una tarde. En cada flor descubro su mirada, su perfume, su textura. Quiero preguntarle si me permite diseñar y crear una alfombra de pétalos para que su caminata por la vida sea un paseo inolvidable y bello que le recuerde, en cierto momento, los jardines del paraíso. De ser así, me gustaría saber si le agradaría tener mucho de mí como yo tanto de usted.

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Una mujer, una dama, una madre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Una mujer es un encanto; una dama, un estilo, una flor, un deleite; una madre, el paraíso en el mundo, el cielo infinito, el regazo amoroso. Una mujer es belleza, talento e inteligencia; una dama, en tanto, lo posee todo, y es esencia y arcilla; una madre, por añadidura, consagra su existencia a sus hijos y los enseña a volar libres y plenos, en un espacio dedicado al bien y a la verdad. Una mujer es la flor que exhala su perfume y regala sus colores y texturas para alegrar a la gente, a las criaturas del mundo; una dama es la orquidea y el tulipán que evocan el vergel infinito; una madre es la rosa con sus pétalos mágicos, y también el tallo con espinas que a veces desgarra y la raíz que busca nutrientes con el objetivo de compartirlos a sus descendientes. Una mujer es bella y maravillosa; una dama, música y poema; una madre, simplemente, el calor y la sonrisa de Dios. Una mujer es un ser humano grandioso en femenino, lo mismo si se le descubre en minúscula que en mayúscula; una dama es un ángel inolvidable; una madre es eso, una criatura a la que Dios encomienda el prodigio de la vida. Todas -mujeres, damas y madres- son admirables y merecen amor y respeto. Hoy, sencillamente, mis letras pronuncian el concepto de madre, acaso por tratarse de una fecha de celebración, probablemente por recordar a la mía y a todas las de mi familia y a las que he encontrado durante mi caminata, quizá por el significado tan especial y sublime que tienen, seguramente por ser las criaturas amadas y consentidas de Dios, tal vez por eso y más.

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