Una mujer, una dama, una madre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Una mujer es un encanto; una dama, un estilo, una flor, un deleite; una madre, el paraíso en el mundo, el cielo infinito, el regazo amoroso. Una mujer es belleza, talento e inteligencia; una dama, en tanto, lo posee todo, y es esencia y arcilla; una madre, por añadidura, consagra su existencia a sus hijos y los enseña a volar libres y plenos, en un espacio dedicado al bien y a la verdad. Una mujer es la flor que exhala su perfume y regala sus colores y texturas para alegrar a la gente, a las criaturas del mundo; una dama es la orquidea y el tulipán que evocan el vergel infinito; una madre es la rosa con sus pétalos mágicos, y también el tallo con espinas que a veces desgarra y la raíz que busca nutrientes con el objetivo de compartirlos a sus descendientes. Una mujer es bella y maravillosa; una dama, música y poema; una madre, simplemente, el calor y la sonrisa de Dios. Una mujer es un ser humano grandioso en femenino, lo mismo si se le descubre en minúscula que en mayúscula; una dama es un ángel inolvidable; una madre es eso, una criatura a la que Dios encomienda el prodigio de la vida. Todas -mujeres, damas y madres- son admirables y merecen amor y respeto. Hoy, sencillamente, mis letras pronuncian el concepto de madre, acaso por tratarse de una fecha de celebración, probablemente por recordar a la mía y a todas las de mi familia y a las que he encontrado durante mi caminata, quizá por el significado tan especial y sublime que tienen, seguramente por ser las criaturas amadas y consentidas de Dios, tal vez por eso y más.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

https://seniorenumdiewelt.wordpress.com/2021/05/10/una-mujer-una-dama-una-madre/

https://nedhamsonsecondlineviewofthenews.com/2021/05/10/una-mujer-una-dama-una-madre-senioren-um-die-welt-a-woman-a-lady-a-mother/

De algún paraíso

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

De algún paraíso viene usted, de un edén, quizá, que visité una noche, mientras dormía y soñaba, del que traje pedazos, trozos en los que había flores y olía al perfume que tanto le encanta, fragancia impregnada, parece, con las esencias celestes de la inmortalidad. De algún rincón de mi alma procede usted, creo yo, porque de otra manera no me explicaría cómo es que la siento en mí. De alguna ruta llegó usted, por aquí o por allá, o tal vez ya la traía en mí, o, en todo caso, siempre caminó a mi lado. De algún vergel es usted, probablemente donde habitan las musas, cada una ya con el rostro, el perfil y el nombre del artista al que ha de acompañar. He escuchado que las musas son ángeles a los que Dios da forma de damas -sí, muy en femenino-, con la idea de que uno se inspire profundamente y lo emule, en minúsculas, en el interminable proceso creativo; sin embargo, confieso que desde hace tiempo me siento enamorado de usted. Me atrevo a declararle mis sentimientos para que transite del plano de mi musa de la inspiración de mi arte y mis letras, a la dama de mi vida, al ángel de mi alma. De algún paraíso viene usted.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Excursión interior

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Basta sumergirse en las profundidades del ser. entre sus compañías y sus soledades, sus murmullos y sus silencios, para descubrir la maravilla incesante de la vida y sentir la corriente etérea que proviene de una inteligencia suprema, de una fuente infinita, conectada al alma, vinculada a todo. Uno, tras su búsqueda, coincide con el bien el y el mal, donde no existen ayer, hoy y mañana por ser un siempre incomprensible y la luz inextinguible que da todo al caminante sincero. Cada uno es responsable de su frecuencia vibratoria. Existe libertad de elegir el bien, la luz, o el mal, la oscuridad, con las consecuencias implícitas en cada una, Uno, después de todo, diseña y fabrica su cielo o su infierno. Al sentir las caricias del viento que balancea las ramas de los árboles y mece las hojas, al percibir el encanto de los colores de la naturaleza y al percibir la belleza y los perfumes del cielo y las estrellas, uno agradece tanto bien y abre las puertas del ser. Con asombro y totalmente cautivado, admiro desde lo más minúsculo hasta lo de mayor dimensión, y agradezco a la inteligencia suprema e infinita ser parte de su amor eterno. ¿Existe mejor oración que sumergirse en las profundidades del alma, fundirse con el pulso de la creación y descubrir a Dios para admirarlo en su plenitud y agradecer tanta bendición, y regresar al mundo a derramar el bien?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Una noche antes de mi cumpleaños

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y abrí la ventana para mirar los días pasados, actuales y futuros de mi existencia. Observé las estrellas distantes y plateadas, en el cielo ennegrecido por la noche, e imaginé paraísos, otras dimensiones, auroras y ocasos en mundos paralelos y lejanos; percibí, igualmente, las fragancias de las flores y las plantas adormecidas, sentí las caricias y los rasguños del aire y escuché los murmullos y los silencios de la vida que transita indiferente y sin pausas. Me vi solo, como llegamos y dejamos este mundo, con las cosas y las imágenes rotas que quedan atrás. Contemplé mi biografía, mi figura con mi nombre y mis apellidos, la historia de mi existencia, y reí y lloré, enmudecí y hablé. agradecí y bendije. Todos los acontecimientos de mi existencia, desde mi nacimiento presente hasta esta noche previa a mi cumpleaños, transitaron frente a mí. Mi historia, lo que soy, lo que he hecho de mí, todo navega a rutas insospechadas. Siento en mí el pasado, el hoy y el porvenir. Ahora entiendo cada interrogante y respuesta. Me siento profundamente bendecido por el padre y la madre que elegí en otro plano, a quienes no renunciaría, y también por toda mi familia tan querida y por la gente que me ha acompañado en estas jornadas. Sé que no es el mejor período en la historia humana; no obstante, pretendo hacer de cada día, en la existencia actual, un capítulo extraordinario, inolvidable y maravilloso. Tengo el pentagrama de mi vida en mis manos; deseo continuar escribiendo signos en las páginas blancas y pautadas, hasta crear la más cautivante, bella, sublime y magistral de las sinfonías. Un día antes de mi cumpleaños, repaso la historia de mi vida, agradezco a Dios tanta bendición, expreso mi amor eterno a los seres que forman parte de mi círculo principal y a la gente que me rodea, con la esperanza de que haya más amaneceres y pueda, modestamente, convertirme en manantial que derrame bien a los demás.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Nací en marzo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Estoy feliz. Me siento intensamente bendecido y dichoso. Nací en marzo, cuando las abejas, las libélulas y las mariposas posan sobre las flores que brotan de la tierra con la fórmula de sus colores y sus perfumes mágicos, cautivantes a los sentidos y tan parecidos al encanto del vergel. Mi cuna data de marzo de cierta fecha -¿importan el día, el año, la edad?-, en algún minuto y una hora que el tiempo raptó al sentirse dueño de las manecillas del reloj, mientras el sol y la lluvia de primavera, en el hemisferio norte, fabricaban arcoíris para provocar alegría y sonrisas. Desembarqué en marzo, procedente de algún paraíso etéreo, con la idea de reencontrarme, abrazar a los otros -oh, mi grandioso tesoro-, protagonizar una historia, fundir la esencia en la arcilla y probarnos en un paseo terreno, en una jornada mundana, hasta descubrir la ruta y preparar el regreso a casa. Nací en marzo, cuando en el hemisferio sur las hojas otoñales eran mecidas por el viento al soplar inagotable y melancólico. Llegué al puerto de la existencia, en marzo -en marzo de cierto año-, donde ya me esperaban mis padres, amorosos y nobles, contentos ante el prodigio de la vida, y, lo mejor de todo, agradecidos con Dios por la oportunidad del reencuentro. Nací en marzo, alguno de esos días que posee el mes -el tercero del año-, en un tiempo, con una familia y en un sitio que no cambiaría. Vengo de un marzo distante y cercano, espectacular y normal, con los besos de primavera y los abrazos de otoño al coincidir, en algún punto de encuentro, los hemisferios norte y sur, enamorados al obsequiarse, mutuamente, las tonalidades de las flores y los matices de las hojas, el calor y el viento, los perfumes de uno y otro. Nací en marzo, en marzo de cualquier año -el día 30, si hay que ser exactos-; sin embargo, estoy agradecido con Dios por cada instante que vivo, por la oportunidad de ser yo y el privilegio de formar parte de una historia con las almas que tanto amo. Sé que nací en marzo y tengo la fortuna de desconocer la fecha de mi partida, quizá porque es maravilloso y preferible despertar, cada mañana, o dormir, en la noche, con el milagro de la vida, y agradecer, siempre, por un instante más y la oportunidad de amar, reír, abrazar, compartir, aprender, dar de sí, caminar y hacer el bien. Nací en marzo, pero en realidad me renuevo cada momento con mi agradecimiento a la fuente infinita que me ha dado tanta dicha, a pesar de sus claroscuros.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Venimos de un mundo feliz y mágico

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Venimos de un mundo feliz y mágico, un paraíso que alguna vez olvidamos y sepultamos en nuestras profundidades, donde Dios se renueva y disuelve todos los días, si acaso existe el tiempo, en amaneceres y en atardeceres dorados, en mañanas decoradas con flores y en noches ornamentadas con luceros que cuelgan en la pinacoteca celeste, en fragancias y en texturas de delicado y fino encanto. Venimos de fronteras que parecen tan lejanas y, simplemente, se encuentran en nosotros, donde los susurros son prolongados e interminables sigilos enigmáticos y los silencios parecen murmullos sin final. Venimos de algún sitio prodigioso, un lugar cautivante, donde la vida fluye y es inagotable. Venimos, parece, de un resplandor que no se extingue, de un amor que no muere, de una corriente etérea que derrama luz y vida. Venimos de aquí y de allá, de ayer y de mañana, desde profundidades insondables que hoy, confundidos, desechamos y cambiamos por la inmediatez y las cosas que halagan los sentidos por un rato y hacen creer que somos poderosos, que poseemos tanto y que valemos lo que hemos perdido. Venimos de nosotros mismos, de una esencia que naufraga en la desmemoria y a la que es imposible renunciar, desprender de su linaje y abandonar la fuente de su origen, aunque nos empeñemos en malbaratarla. Venimos del bien y del mal, de la vida y de la muerte, de la aurora y del ocaso, donde cada pescador elige aquello que vibra consigo y desea para construir su destino.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Los motivos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te amé cuando te sentí flor y supe que en verdad lo eras, al palpar tu textura y percibir tu esencia. Te amé al soñarte, al asomar a mis historias nocturnas, y descubrirte en la vida, al despertar, en las mañanas y durante los mediodías y las tardes. Te amé desde aquella noche mágica y especial en que imaginé que tú y yo, juntos, podríamos contemplar los luceros que Dios pintó en el lienzo celeste, y luego, al retirarte, miré el polvo de estrella que te rodeaba y desprendías al caminar. Te amé desde la mañana en que asomé al espejo y descubrí, ante mí, tu reflejo. Te amé ese momento en que, al escribir mi nombre, leí el tuyo. Te amé cuando te supe mujer y dama, ángel y musa, esencia y arcilla. Te amé con tus alegrías y tus tristezas, con nuestros encuentros y desencuentros, cerca y lejos, mientras el tiempo, en el mundo, se nos escapaba, en medio de los juegos del amor y la vida que compartíamos y disfrutábamos tanto. Te amé en todo momento, como hoy, durante aquel ayer y el otro mañana, al mismo tiempo que ensayábamos nuestra historia, la epopeya de un romance matizado de colores e impregnado de perfumes. Te amé, no lo niego, al sentirme con una dosis de ti y saberte con otra de mí. Te amé, es cierto, en pasado, y también, no lo niego, en presente y en futuro, simplemente por ser tú, por tratarse de mí, por ambos. Los motivos son detalles que atraen, cautivan y enamoran, y tú eres mi razón.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

¿De qué estamos hechos?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿De qué estamos hechos? ¿Acaso de amor, bondad, sentimientos nobles y alegrías, o de odio, tristeza, maldad y temor? ¿De qué?, insisto. ¿Probablemente de alientos y suspiros, de corrientes etéreas, de pedazos de cielo y migajas de trigo, o de cauces secos y ranurados, abrojos y parásitos? ¿Es todo?, pregunto. ¿Quizá de tapices de piel, de engranajes orgánicos, de miradas, de sensaciones? ¿Tal vez de recuerdos, de ecos perdidos en un ayer, de momentos presentes, de imágenes futuras? ¿Estamos compuestos de sueños, de vivencias, de recuerdos, de desmemoria? ¿O somos nada, vacío insondable, polvo disuelto? ¿De qué estamos hechos? ¿De bien, de mal, de ambos? ¿Dioses?, ¿ángeles?, ¿demonios?, ¿simplemente humanos? ¿Todo y nada? ¿Qué somos? ¿Cuál es nuestra fórmula? ¿Agua, fuego, tierra, viento, algo más? ¿De qué estamos hechos?, interrogo de nuevo ante la urgencia de dar respuesta a mi ser inquieto. Pienso que somos principio y fin, eternidad, fuente, luz, esencia, envueltos en arcilla, en barro de apariencias temporales, y que cada uno, de acuerdo con su nivel evolutivo, con la frecuencia vibratoria que emana, es cielo, mundo o infierno, y define, en consecuencia, su ruta, su destino. No somos causalidad ni resultado de ecuaciones torpes, y menos producto de un idilio pasajero y caprichoso. Sencillamente, tú, yo, ella, él, ustedes, ellos, nosotros, somos extraordinarios, almas luminosas que transitamos momentáneamente, en el mundo, de una estación a otra, con oportunidad de hacer del viaje una excursión grandiosa e inolvidable, a pesar de los días soleados y de las noches de tempestad. No es natural morir en el abandono de sentimientos. La vida es algo más, y nosotros también.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

El día que me vaya

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El día que me vaya, las estrellas seguirán asomando en la espesura de la noche, acaso con la idea de recordar que existen otros mundos y fronteras celestes, probablemente para demostrar que la vida es incesante y no termina aquí, quizá con una luz con mayor intensidad, tal vez por eso y más. El día que me vaya, las gotas del rocío continuarán deslizando sobre los pétalos de las flores que tanto amé, indudablemente como lección de que los sentimientos son inextinguibles y se demuestran todos los días con las caricias de los detalles. El día que me vaya, el libro de mi biografía dará vuelta a la página final. a la hoja postrera, y se cerrará, seguramente, con el perfume de lo bueno y lo malo que hice, con los nombres y apellidos de la gente que tanto amé y con mis mañanas, tardes y noches que parecían inagotables y secretas. El día que me vaya, retornaré a casa, al hogar, donde reencontraré a aquellos que compartieron una historia conmigo, y esperaré a quienes permanezcan temporalmente en el mundo, para juntos, todos, volver a ser luz. El día que me vaya, los pájaros cantarán, igual que siempre, acompañados de los rumores y silencios del aire y de la vida. El día que me vaya, será la cáscara, el cuerpo, la piel, lo que ya no exista ante la falta de porvenir y el exceso de temporalidad; no obstante, estaré presente en esencia, en la luz que alumbra las almas, porque amo tanto a la gente que elegí como familia y seres cercanos, que los cuidaré y partiré con ellos. El día que me vaya, quiero dejar todo en orden y borrar mis desencuentros, si acaso los hubo, y estar en armonía y en paz. El día que me vaya, deseo muchas lágrimas de alegría, abrazos entre los que aún se encuentren presentes y pactos de hermandad y amor. El día que me vaya, se apagarán mis poemas, mis letras quedarán en hojas y en ciertos cuadernos, en libros impresos y en borradores, y, no lo dudo, en la memoria y en el recuerdo de algunos. El día que me vaya, tocaré a la puerta de Dios con el objetivo de darle las gracias por lo bueno y lo malo que viví en el mundo, por la gente que me acercó y por la historia que me regaló.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Repaso

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Un caballero no olvida el detalle de sorprender a su dama con una canasta pletórica de flores y la promesa de hacer de cada instante un motivo de alegría

Hoy recorro, felizmente, las rutas del amor, entre paisajes al natural y otros de luces y cristal, donde te miro conmigo, me veo contigo, en el sutil encanto de dos miradas que son una. Abro las páginas de nuestra historia y, en cada línea escrita, con sus mayúsculas y sus minúsculas, sus acentos y su puntuación, doy lectura a tus capítulos y a los míos, a lo que somos y hemos construido, hasta comprobar que tenemos un ayer compartido, poseemos un hoy que hacemos prodigioso y aseguramos, por lo mismo, un mañana sin final. Repaso, a tu lado, igual que dos patinadores sobre hielo -ella y él, tú y yo-, las horas y los días, los callejones y los remansos, los sueños y las vivencias de un amor que descubre nuestros rostros en notas de colores, en matices, supongo, parecidos a los que Dios utiliza cuando pinta los sentimientos que nos regala. Rescato de fechas lejanas momentos irrepetibles, instantes dichosos, que ilusionan, dan alegría e invitan a convertirlos en cimientos y puentes a un hoy esplendoroso y mágico, cautivante e inolvidable, entre tú y yo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright