¿El amor acaba?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No es, como dicen, que el amor acaba; es que tú, un día, una tarde o una noche cualquiera, cavas una fosa para sepultarlo y finiquitar lo que trataste, acaso sin percibirlo ni desearlo, como contrato o pertenencia.

Tampoco es que el amor haya resbalado a los desfiladeros de la monotonía y la rutina por sí solo; es porque durante el camino olvidaste sembrar diversidad, momentos, sonrisas, puentes de comunicación, detalles, intensidad, confianza e ilusiones.

Quizá descuidaste tu labor de jardinero y pronto, sin esperarlo, los abrojos asfixiaron los colores y perfumes de las flores que crecían ufanas. Las mariposas y los pájaros volaron a otros bosques y vergeles.

El amor no acaba, como cree la mayoría; uno, con su descuido, lo encarcela en mazmorras oscuras, terribles y lóbregas, y al final lo conduce al patíbulo.

Cuando uno consiente, por alguna causa, que la campiña multiforme se transforme en pastizal, depreda y el paisaje muestra rasgos del desierto más estéril. Entonces el amor se denigra y concluye.

El amor acaba, es verdad, cuando tú lo desdeñas y el detalle lo conviertes en costumbre y no en asombro ni en motivo de alegría e ilusión.

Nunca pienses que el amor es un cerillo que se prende y al cabo del tiempo se carboniza y extingue la flama; es un sentimiento que no se apagará mientras fluyan gotas y burbujas de la intimidad del ser.

Cierto, el amor no enferma ni agoniza mientras no se le vuelva objeto, costumbre o mercancía. Hay que cuidar que no pierda el equilibrio porque correría el riesgo de resbalar.

Los mares, lagos y ríos contienen vida en sus entrañas. El agua, al nacer en los manantiales, no renuncia a la vida ante la barbarie de quienes la contaminan y desperdician; fluye y da vida a lo que acaricia y besa.

Recuerda que al amor no se le mide por envejecimiento porque no es cabello, órgano, piel o hueso; se trata de un sentimiento que no caduca ni muere, a menos que tú lo elijas.

Uno es libre de retirarse de otra persona porque el amor, cuando es de pareja, se comparte y no puede, por lo mismo, ser unilateral; pero el sentimiento, si es auténtico en algún caso, no muere si no se le abandona.

Muchos, en todo el mundo, tienen la convicción de que el amor muere, y cuando se enamoran, temen que inicie la cuenta regresiva hacia un precipicio fatal que convertirá sus sentimientos en recuerdo y finalmente en olvido. Desconocen que uno es quien mantiene el amor con vida o lo aniquila.

No es, como dicen, que el amor acaba con el paso del tiempo; eres tú quien al poseerlo -oh, los conceptos de esa palabra pueden ocasionar conflictos graves- lo destruyes porque lo tratas igual que una cosa, como artículo de aparador, cuando es un sendero con un paisaje edénico que conduce a rutas plenas e infinitas que dan sentido a tu existencia y engrandecen tu alma.