Se sentían tan hermosos…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Él y ella se sentían tan hermosos, que tras asomar un día, otro y muchos más al espejo, a los cristales y a los charcos, enamoraron de sí, sintieron embeleso al definir sus imágenes y rindieron culto a su apariencia. Evitaban hablar de la caminata del tiempo porque temían descubrir en sus rostros, en sus miradas, en su piel y en su cabello, alguna mañana, al despertar, o una noche, al dormir, las huellas de los días y los años. Anhelaban la cáscara y la inmediatez de su existencia porque aprendieron, y así les enseñaron, a ser maniquíes de aparador, muñecos de boutique, huéspedes de posadas transitorias. Demostraron, al interesarles más el calzado que las huellas y preferir los reflectores a la fuente de luz, que la belleza física no siempre es compatible con la inteligencia y las virtudes. Atendieron tanto la forma y descuidaron en exceso la esencia, que se transformaron en antítesis de la razón y los valores. Estaban enamorados de un sueño llamado belleza cuya sanación, parece, es el tiempo. Deslumbraron con la belleza temporal y sepultaron la hermosura de su interior.

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Asombro

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

También descubrí que cuando uno realmente se enamora de alguien, vive en continuo asombro porque todo, en esa persona, es bello y supremo. Es como estar sentado al lado de Dios, disfrutar juntos un álbum y de pronto escucharlo: “mira, ella es la mujer que soñaste en la niñez. Corre a buscarla en los parajes del mundo, en un lugar y otro, y cuando la descubras ante ti, no dudes mirarla de frente, abrazarla en silencio, fundir tu alma en la de ella, amarla especialmente y hacerla muy feliz. Vivan su historia y tracen su ruta para retornar a la morada que he preparado para ustedes…”

Experimento asombro al pronunciar tu nombre, mirar tus ojos, respirar tu perfume y hacer de ti un poema. Admiro saber que existes y puedo abrazarte, pasear contigo y acariciar tu rostro. Me embelesas, al amanecer, tras retornar de mis sueños nocturnos, donde floto y juego contigo, porque me percato de que no te inventé, que estás conmigo, que eres yo, que soy tú. Siento emoción al estar contigo, al dialogar o permanecer en silencio. Me maravilla saber que Dios, al crearte, te hizo especial, como te imaginé y definí desde la infancia, y te cubrió con el encanto femenino que uno descubre, al enamorarse, en una estrella, las gotas de lluvia, una flor o la nieve. Me conmueve saber que somos un destino, una locura, un amor. Siento emoción al comprobar que somos personajes de un mundo mágico, de una historia sin final, de una epopeya. Me fascina e impresiona verme todos los días enamorado de ti. Vivo asombrado porque créeme que diariamente te siento en mí y pienso en ti, con la idea de correr a tu encuentro para abrazarte en silencio, mirarte a los ojos y ya lo sabes, expresarte mi amor fiel como lo hice la primera vez, feliz e ilusionado, con la promesa de hacer de los detalles, los sueños, las ilusiones y el cielo un estilo de vida y un regalo para los dos.

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