Y un día…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y un día, sin darme cuenta, volví a mi infancia. Abrí la puerta de la casa solariega y entré. Reconocí mis juguetes, la ropa que usaba, las corbatas de moño que mi madre me ponía y hasta el peine que utilizaba para recorrer mi cabello castaño con limón o jitomate, los libros y la colección de timbres que solía comprar mi padre cuando me consentía; aunque también descubrí, en una habitación y en otras más, las cosas, el calzado y la ropa de mis hermanos. Caminé en total silencio, reflexivo, emocionado por la oportunidad de retornar a mi niñez azul y dorada, y triste por los rostros, las historias y los años irrepetibles que se agotaron y escaparon inesperadamente, cuando más felices parecíamos. Un día, a cierta hora, regresé a casa, al hogar, a mi familia, y sin que ellos lo notaran, miré a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y a otro niño, yo, que me sumergía en las profundidades de mi ser e imaginaba capítulos e historias. Me reuní conmigo, sí, me palpé y me vi, me acompañé, musité a mis oídos, y conviví con mi familia en completo sigilo. Nací, inesperadamente, en mi casa, con mi familia, con la gente que siempre ha permanecido vinculada a mi alma. Volví como lo hace la gota de agua que se sumerge en la tierra y brota al lado de otras en el manantial. Me observé en la mesa del comedor, quizá en el desayuno o tal vez en la comida, y presencié mis juegos y momentos de soledad. Atestigüé mi sufrimiento a la hora de ir al colegio y mi alegría al asistir con mis padres y mis hermanos al parque y a los paseos que organizábamos los fines de semana. En aquella casa amurallada y enorme de mi niñez, coincidí conmigo a una hora y a otra, e identifiqué a mi padre bondadoso e inteligente, con sus relatos inagotables y sus inventos, y a mi madre amorosa, con sus platillos, sus plantas y su amabilidad, y a mis hermanos -hombres y mujeres-, a mi lado, jugando a la vida. Escuché los rumores y silencios de aquella casona con sus jardines y rincones insospechados, o acaso los murmullos de la gente que tanto he amado, o probablemente el lenguaje del tiempo, o quizá la tempestad y el viento que balanceaban el follaje y las ramas de los árboles corpulentos, o tal vez los susurros de Dios que siempre estuvo presente. Regresé, igual que el hijo que un día se marcha con la promesa de volver, feliz y profundamente emocionado y sorprendido; pero ellos y yo no me miraron, y yo sí, y de esa manera los seguí y participé calladamente en sus reuniones familiares, en sus paseos, en sus instantes de trabajo, en sus horas de alegría y melancolía, con el sí y el no de la vida. Cada noche desperté y visité las habitaciones, la sala, el comedor, la cocina, la biblioteca y todos los espacios, e intenté dialogar con mi padre, con mi madre, con mis hermanos, conmigo, y no sentimos mi presencia intangible. Una noche, mientras cenábamos, sentí que una fuerza superior e indescriptible me jalaba hacia un remolino y la escena familiar empequeñeció inevitablemente hasta desvanecer. Comprendí que ya no pertenecía al pasado y que el ayer me identificaba infinitamente con otras almas. Caí en un estado de somnolencia. Al despertar, asomé al espejo y descubrí mi figura retratada, actual. Sonreí con la convicción de que mi familia y yo fuimos intensamente dichosos en mi época infantil y no dudé que otro día, a cierta hora, tendré oportunidad de encontrarme conmigo adolescente o joven, y con la gente que tanto he amado durante mi jornada terrena y antes porque el ser es insustancial y no conoce ropaje ni limitaciones temporales. Entendí que la vida, en este mundo, es momentánea y se fuga entre un suspiro y otro. Ahora sé que la estancia en el plano material es simplemente un paseo breve que uno disfruta plenamente o desperdicia en crueldades, mediocridad, barreras y temores. Si un día, como lo hice con mi infancia, tengo oportunidad de retornar a casa y mirarme en la etapa presente de mi existencia, deseo sonreír al saberme feliz y pleno con quienes tanto amo.

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La certeza y el minuto postrero

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Para ti

Tengo la certeza de que cuando ande entre las tardes otoñales y las noches invernales de mi existencia, aún tendré ánimo y fortaleza para enamorarme de ti al despertar, cada mañana, o al dormir, y sorprenderme, como lo hago ahora, de tu esencia, de la magia femenina en tu forma de hacer las cosas, de tu mirada y hasta del perfume que exhalan tu piel y tu ropa. Estoy seguro de que durante las horas postreras de mi vida, repasaré y experimentaré con alegría los días que me dedicas, las ilusiones que diseñamos y envolvemos en globos de colores para después reventarlos y hacerlos realidad, los guiños a hurtadillas, los juegos que tanto provocan nuestra risa, los paseos, los instantes de silencio y los minutos de charla, los momentos en que dices que me amas y hasta cuando lo callas. Otras estaciones vendrán a mí y me orillarán al sueño, al ocaso de una estancia feliz en el mundo, quizá porque uno, cuando ama, no resbala al naufragio y siente, en algún segundo, los labios que dan el último beso, los abrazos que en silencio comunican con un alma paralela. las lágrimas que derraman los ojos alguna vez transformados en poesía y en perlas. Mi convicción es de que tú y yo -nosotros- llegaremos al puerto más recóndito de la vida, acaso con bastón o tal vez con arrugas y canas, para abordar la barca a otras rutas, a un destino superior que Dios reserva a quienes se aman. Anhelo que así sea y que la alegría e ilusión que hoy sentimos, mañana sean la paz, el consuelo, la gratitud, el recuerdo y el amor inmortal que embarguen nuestras almas y las fundan en la eternidad. Estoy convencido de que los poemas que hoy me inspiras y te dedico, los besos que transmiten nuestro sabor, los abrazos que sentimos desde la profundad y el silencio de tu alma y la mía, los detalles que me regalas y la historia que compartimos, siempre palpitarán en nuestro interior y nos mantendrán inseparables. Imagino los días de mañana, no porque haya dejado de disfrutar los de la hora presente, sino por la emoción que siento al comprobar, cuando los miro, que tus manos serán las que me acaricien y las mías, en tanto, las que muevan la silla para que te sientes y reposes o las que te cobijen al dormir. Guardo en mi memoria la primavera dorada, cuando te sentía en mí e intuía que algún día, en cierto rincón del mundo, volvería a coincidir contigo, y reservo para nuestra felicidad el amor que ahora, en el verano, disfrutamos como quien pasea al cielo; además, atesoro para el otoño y el invierno horas de dulzura y encanto, no como final de una obra, sino por lo que significarán, el prefacio de un sueño inmortal. No dudo que alguna noche fría y nebulosa o una madrugada de tempestad, a tu lado, escriba para ti el último poema, te abrace y te dé el beso postrero, platique una anécdota repetida y te invite a leer nuestra historia, descubrir atrás las huellas que dejamos juntos y la ruta hacia el destino grandioso que nos espera. Ahora que paseamos por el verano de nuestras existencias, tengo la idea de que protagonizamos y compartimos una historia intensa, sublime, bella e inolvidable y que preparamos para la noche de la vida una estación de sentimientos y ternura que conectará y llevará a ambos a casa, donde el amor decorará el firmamento con las estrellas que hoy alumbran el universo y que Dios prende con su aliento.

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Hoy y mañana

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hoy y mañana, en el amor, es siempre, es eternamente a tu lado

Quiero escabullir de las carátulas, los péndulos y las manecillas del reloj, y regalar los instrumentos de medición, con la idea de eliminar el tiempo y la distancia entre tú y yo, cuando se interponen por alguna causa, y así, un día, al despertar, encontrarme contigo en la eternidad. Sé que la estancia en el mundo implica días y años, fechas, capítulos, una jornada y una historia. Quizá es uno de los motivos por los que me enamoro y asombro de ti todos los días y por lo que anhelo percibirte en mi alma y sentirme en la tuya, tratarte como mi niña consentida, tomar tus manos y salir al mundo a explorar y disfrutar sus rincones, abrazarte en silencio y prolongadamente, reír mucho y consolarte si por algún motivo experimentas dolor o tristeza, propiciar que duermas feliz y despiertes alegre e ilusionada. No dudo que durante las horas de la ancianidad, experimentaremos asombro por entregarnos un amor fiel e inquebrantable. El amor, recuérdalo bien, no tiene edad. No sabemos si tú o yo, siempre juntos, necesitaremos un apoyo, un consuelo o una mirada que transmita paz, comprensión y ternura y nos ayude a dormir tranquilos, de tal manera que si hoy jugamos y reímos, seguramente mañana, al anochecer, uno y otro seremos quienes con igual encanto nos cobijaremos si tememos frío. Hoy protagonizamos la historia plena que otro día recordaremos con emoción y nostalgia. Las diferencias entre hoy y mañana serán, tal vez, la edad y los capítulos innumerables que compartiremos, con la ilusión de que cada momento sólo es eco de un mundo mágico y de ensueño, destello de un día interminable, promesa de la locura de un amor. Hoy y mañana, en el amor, es siempre, es eternamente a tu lado.

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Nadie sabe que mi secreto, en el amor, es enamorarme de ti todos los días

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me era urgente dar sentido y dirección a mi vida, colocar flores en el sendero, trazar y seguir una ruta, tocar a la puerta del cielo y protagonizar con alguien especial una historia intensa, extraordinaria e inolvidable, de tal manera que cuando te descubrí frente a mí, te reconocí y algo mágico aconteció en mí porque me enamoré tanto de ti que un día, de manera imperceptible, ya pisaba las escalinatas y las alfombras de un palacio que me pareció subyugante y de ensueño. Me vi a tu lado, en los parajes de Dios, enamorado de ti

Nadie sabe que mi secreto, en el amor, es enamorarme de ti todos los días, despertar con la emoción de saber que existes, vivir con la alegría de que tú y yo somos nosotros, caminar con la ilusión de que en algún momento acudiré a tu encuentro y disfrutaré algunos minutos o determinada cantidad de horas o días -qué importa el tiempo cuando uno aspira a la eternidad- para definirme en tus ojos, respirar tu perfume, besar tus labios y admirar tu semblante femenino, tu sonrisa de niña consentida, tu figura de muñeca juguetona, tu rostro iluminado por la luz de tu interior. Todos desconocen que cada noche, al dormir, me acerco a tu almohada y te invito a mis sueños para tomar tus manos, volar juntos, sentir y disfrutar el viento de la libertad,  jugar, arrojarnos a los remolinos del mar y el universo y fundirnos en un cielo que empieza en ti y en mí. La gente ignora que el amor que siento por ti es inagotable porque lo renuevo cada instante. Creo que nadie imagina que es un privilegio insertarte en mi historia de amor y que no me importan las arrugas ni las canas que al final de la jornada, cuando descienda el telón de la noche, dejarán la caminata de las manecillas, porque te amo por ser quien eres, por los tesoros que yacen en la morada de tu ser, en la mansión de tu alma. Nadie imagina realmente que el beso que ahora te doy con el ímpetu de un enamorado, sin duda mañana será el de mayor dulzura y el que compense las horas postreras. Si quienes me conocen imaginaran que mi fórmula consiste en incluir tu vida en la mía y sentirme parte de la tuya, descubrirían el secreto del amor. La fidelidad principia cuando uno, por el amor que le tiene a la otra parte de sí, ya no espera a alguien más en su morada. El amor comienza un día, acaso sin percatarse, cuando los triunfos, alegrías, ilusiones, fracasos, tristezas y desencanto de la otra persona ya forman parte de uno. Tu historia es la mía. Mi historia es la tuya. El amor es real cuando uno abraza, besa y funde sus lágrimas de felicidad o limpia las de tristeza y dolor. El amor es auténtico cuando transcurren las horas, los días y los años, y uno continúa unido a otro ser con la misma emoción, alegría e ilusión de la primera vez y expresa “me cautivas y estoy enamorado de ti. Te amo”. Mi secreto consiste en enamorarme de ti todos los días con la locura que experimenté cuando te miré por primera ocasión y confesé el embeleso y el amor que me inspiraste. Nadie sabe, insisto, en que todos los días bendigo nuestro amor, pienso en ti con emoción y me siento enamorado. Mi secreto, en el amor, es enamorarme de ti todos los días.

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Declaración de amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al darme cuenta de la intensidad del amor que me inspira y descubrirme en su rostro, en su alma, me prometí hacerla feliz, provocar su sonrisa y abrazarla siempre. Como me percaté de que las palabras no me alcanzarían para amarla eternamente, las coloqué en una canasta con flores y recurrí a los hechos, a los detalles, a las vivencias. Así es como armamos nuestra historia, con letras y actos tan sutiles que enamoren todos los días y hagan de la vida y la eternidad un sueño hermoso

Temo no disponer de palabras suficientes para traducir y expresar mis sentimientos en el lenguaje del romanticismo, en el poemario que me inspiras, en mis declaraciones cotidianas de amor. Mi desasosiego es tal, que busco un vocablo exquisito para ti.

Elijo las letras del abecedario que prometen formar palabras capaces de tocar a la puerta de tus sentimientos y saltar la cerca que divide los jardines del mundo y el cielo, precisamente para transformar nuestro amor en poema y tus sueños e ilusiones en realidad de tu existencia. Deseo que vibres y sientas alegría y emoción.

Abro el cofre del vocabulario, las páginas del diccionario, para seleccionar las palabras más bellas y subyugantes del lenguaje. Enlazo unas y otras con la idea de entregarte cada día una burbuja mágica, un detalle, una sorpresa, y este día, en especial, declararte mi amor como la primera vez. Es una fecha significativa no porque celebremos algo específico, sino por la alegría y fortuna de vivir un amor inquebrantable.

Mido el telón de la noche con la intención de desplegar mi texto. Disperso el polvo y los destellos de las estrellas con el objetivo de escribir la declaración de amor más hermosa, cautivante y pura.

Observo los colores de la naturaleza, percibo los rumores de la vida, distingo las siluetas del universo y escucho la voz de Dios con la finalidad de desprender sus significados, traducirlos y colocarlos ante ti. La de hoy es una declaración de amor.

A una mujer se le regala una flor como símbolo de su delicadeza, un verso que le recuerde lo mucho que uno la ama, la luna para que mire su reflejo y se columpie y una estrella cual promesa de llevarla al cielo.

No quiero equivocarme con el tropel de mis palabras. Sucede que los dos parecemos criaturas de otro tiempo y lugar, dama y caballero casi extintos, y a ambos nos encantan la dulzura del romanticismo, las velas y la música de violín en la terraza, la brisa y el rumor del mar nocturno, los trazos de la pinacoteca celeste, el perfume y la textura de las flores y el sabor del queso, el pan y el vino.

Guardé mi vocabulario para este momento porque creo, por ser quien eres, te enamora y te gusta escuchar la interpretación de mis sentimientos. El suave murmullo del viento y la música me invitan a abrazarte, mirar tus ojos y besar tu frente para que sea nuestro silencio el que hable y confiese este amor.

Estoy enamorado de ti por tus ojos y tus labios, por tu sonrisa y tu ternura, por tu encanto de ser tan femenina, por tus virtudes y tus modales de dama, por los destellos de tu alma, por lo que hablas y por lo que hacen tus manos, por tu cabello y tu fragancia, por tu código y tu inteligencia, por tu historia, por sentirte en mí, por todo lo que vales y el amor, los detalles y el tiempo que me dedicas.

La declaración más bella y dulce es aquella que ofrece un amor auténtico, eterno, fiel y puro, capaz de emprender la mayor de las proezas y conquistar el mundo para llegar al cielo.

Invento las palabras que aún no se han pronunciado para confesarte que estoy enamorado de ti y que con emoción, alegría e ilusión, como la primera vez, admito que me cautivas y te amo.

Nosotros -tú y yo- sabemos que las letras forman palabras, sentimientos e ideas, y que no necesitamos, por lo mismo, inscribir el amor en un contrato. El amor es libre y pleno, se vive, se siente, se escribe cada día como parte de una historia de ensueño.

Abrazados aún, me fusiono en el mar de tu mirada para llegar hasta tu morada, al santuario de tu alma, y declararte, como todos los días, el amor más hermoso, especial, subyugante, fiel, puro e inolvidable.

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Emociones

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es una emoción que no acaba, una alegría que no expira, un amor que no se agota ni envejece. Son la servilleta y la flor, el texto, el poemario y el bouquet, el arreglo, con nuestro aliento y perfume. Son el mundo y el cielo. Es la locura de un amor. Somos tú y yo

Tengo un delirio, una costumbre, un secreto que creí inconfesable y que esta mañana, por la emoción que siento, deletrearé a tu oído, igual que el rumor de la fuente y la lluvia cuando una tarde romántica transmiten su locura a los enamorados.

Este día confieso que aquella hora distante, cuando por fin coincidimos en algún rincón del mundo, no me equivoqué al reconocer la señal que de inmediato descubrí en ti y provocó que una voz -la de mi interior- insistiera: “es ella, la otra parte de ti, tu compañera de juegos en los patios del cielo, el rostro femenino de tu alma, la musa que te inspirará y a quien siempre has amado. Es tu amor inmortal”.

Ahora quiero expresar al mundo, a la gente que conoce o intuye mi desvarío por ti, que de todos los encantos cotidianos, hay dos que me fascinan, acaso por el hechizo que ejerce construirlos, quizá porque me acercan más al pulso de tu ser, tal vez por saber que se tata de emociones que tú y yo conocemos y nos identifican.

Me encanta construir palabras y sentimientos, promesas y recuentos, sueños y sorpresas, alegría e ilusiones, sonrisas, detalles y vivencias, material que reúno en páginas de níveo encanto y transformo en encuentro de letras, en jardín del abecedario, para entregarte las obras que me inspiras.

Obtengo, al fundir letras en el crisol de mis sentimientos y la razón, palabras que preparo para ti, musa de mi amor y mis obras, para dejar constancia de nuestra historia y de los momentos de ensueño que compartimos.

Al inspirarme en ti y entregarte mis sentimientos en obras de arte, en poemas, en la dulzura de la prosa, experimento tanta emoción como cuando me entero que los lees y te cubren de embeleso.

Nunca antes había entregado mi amor a alguien, y menos escrito una y otra vez a una mujer acerca de los sentimientos que me inspira. Jamás me había enamorado, creo yo, porque te estaba esperando y reservé para ti lo mejor.

Gozo plenamente cuando termino un poema o un texto, inspirado en ti, y lo lees con alegría e ilusión, con la emoción de una niña que es sorprendida con un regalo, con la dulzura y el encanto de una dama que se sabe amada y consentida.

Escribir los sentimientos que me inspiras, es un deleite, como lo es, también, elegir las orquídeas, los tulipanes, las rosas y las flores que alguien -el artífice que entiende mi anhelo de expresarte mi amor e interpreta mis secretos- convierte en versos, en música, en lienzo.

Letras y flores forman parte de mis emociones al volverlas detalles, motivos, instantes, destino. Disfruto desde el minuto de su creación hasta la hora en que te entrego mi amor fundido en arte, en creación literaria, o en colores, fragancias y textura.

Imagino tu admiración, sonrisa, alegría e ilusión al leer, a una hora y a otra, los textos que me inspiras, o al recibir, aquí y allá, los bouquets y arreglos florales con los matices del amor y la mezcla de tu perfume y el mío, porque de lo contrario, pregunto, si no se tratara de las fragancias de ambos, ¿cuál será la razón por la que los pétalos exhalan nuestro aliento?

No sabe la gente que me observa con el bolígrafo en la mano y la libreta de apuntes, que soy el escritor que compone poemas a su musa bienamada; tampoco imagina la mayoría, al mirarme con el florista, la emoción que siento al enviarte un ramo, un bouquet, con un sobre que encierra una promesa, un detalle, una palabra de amor.

Admito que siento emoción, alegría e ilusión al escribirte un texto y al regalarte un ramo. Una servilleta con algunas letras, es una flor; las páginas que me inspiras, te escribo y te dedico, son un ramo, un bouquet, un arreglo con nuestro aliento y perfume, tal vez, razón de mis emociones.

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Días que no se olvidan

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Ya no distingo el tiempo cuando estoy contigo. He perdido la noción del espacio porque eres la dimensión de mi existencia, la métrica del delirio de este amor

Hay días que cuentan mucho y no se olvidan, quizá por contemplar todo como un encanto y un prodigio, acaso por la alegría del momento o la belleza y el significado de un lugar, probablemente por la evolución que motiva a mirar y sentir con el alma, seguramente por compartir la historia existencial con alguien muy especial, o tal vez por todo. Un día te reencontré en mi vida y supe, entonces, que si ya era dichoso, contigo se desbordarían mis sentimientos hasta abrir la compuerta de tu ser y navegar a destinos recónditos y tan cercanos a la vez, donde el brillo de las luciérnagas es el color de las mariposas, el resplandor de los luceros y la luz de tus ojos al asomar tu ser y reflejar mi rostro. Hay días que permanecen en la memoria, en las remembranzas, por ser su parecido al nacimiento de la primera estrella en el universo. Fechas, lugares y momentos que se alojan en uno por la alegría que provocan. Instantes que uno desearía perpetuar. Contigo, la vida me parece una colección de locuras, una travesía a mundos insospechados, un  cúmulo de aventuras memorables, porque la nuestra es una historia que no tiene final. Lo hemos comprobado una y otra vez. Hay minutos y horas que uno guarda en la memoria, pero contigo no pretendo almacenar ni marcar fechas porque todos los días son especiales. A tu lado deseo que cada segundo sea inmortal, que el tiempo se desvanezca, porque en el amor las fronteras no existen. Hay días que la gente conserva en un relicario, en un álbum de fotografías, en la memoria, por lo que representan, hasta que el tiempo consume todo y transforma los recuerdos en olvido, y yo no quiero eso para nosotros, color de mi vida, porque deseo que la locura de este amor principie cada momento con la emoción, alegría e ilusión de la primera vez.

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Huellas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Inspirado en ti

En el amor, uno admira estrellas una noche anónima, en una banca de hierro, a la orilla del mar inconmensurable, al lado de una fuente mágica y de ensueño, en un columpio o entre velas y burbujas que envuelven ilusiones; también construye puentes de cristal y piedra para que la travesía resulte feliz, segura e inolvidable. Una hoja dorada y quebradiza, con la inscripción “te amo” en tinta sepia, vale tanto como el bouquet más elegante de intenso colorido y fragancias exquisitas o un viaje en yate. Uno, en el amor, deja huellas que al paso del tiempo se convierten en detalles y fragmentos de una historia subyugante y esplendorosa. En el amor, se construye o destruye, se es fiel o infiel, se hace de cada instante un motivo de alegría o una causa de sufrimiento, se transforman los días en capítulos intensos o se colocan barrotes en las celdas de la monotonía. Uno, en el amor, da lo mejor de sí y cada aurora y ocaso significan una oportunidad para entregar una sonrisa, un abrazo, una flor, un chocolate, un beso, una servilleta de papel con un mensaje dulce. En el amor, los detalles son hojas de un follaje hermoso e inagotable, gotas diáfanas de lluvia, granos de arena, estrellas fundidas en la galería nocturna. Uno, en el amor, nunca engaña ni traiciona porque sabe que ya no espera a alguien más, que el alma a la que se une merece respeto y que la felicidad consiste en compartir una vida y la esperanza e ilusión de una eternidad prometida. Los asuntos cotidianos y los problemas, en el amor, no provocan su desmantelamiento, sino su fortaleza. En el amor, las coincidencias fortalecen y las diferencias complementan y enriquecen. Uno, en el amor, siente emoción, alegría e ilusión cada día, como la primera vez. En el amor, uno tiene oportunidad de componer una obra magistral o presentar, al final, notas discordantes. Uno, en el amor, reconoce que por algún motivo Dios le regaló una estrella del cielo y, por lo mismo, tiene la dicha de cuidarla y acrecentar su brillantez. En el amor, lo sabes, somos tú y yo.

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Hojas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Y si recojo una hoja y te pido que la guardes entre las páginas de un libro? ¿Y si al paso del tiempo la buscas y descubres los trazos de tu nombre y el mío y el guión de la historia que compartimos?

Cada mañana, al caminar entre la arboleda y por las veredas naturales que los días invernales pintan con tonos melancólicos, descubro alfombras de hojas yertas -amarillas, doradas, naranjas y rojizas- que dispersa el viento helado e invitan a que corra con la emoción de un niño enamorado y las atrape para ti. En cada una pretendo escribir “me cautivas”, “me encantas”, “estoy enamorado de ti”, “te amo”. Tengo la idea de grabar en su textura los detalles que quiero para ti, el poemario que me inspiras, los regalos que te reservo, las promesas que te ofrezco, los secretos que susurro a tus oídos. Sé que al entregarte cada día una hoja con un mensaje y una promesa de amor, las depositarás entre las páginas de tus libros cual fiel recuerdo y testimonio de los capítulos que compartimos. Tengo la certeza de que durante los días de la ancianidad, darás vuelta a las páginas quebradizas de los libros y descubrirás en cada hoja la alegría y los suspiros de un enamorado que te dedicó su vida y su obra con la promesa de hacer de su historia la más esplendorosa y sublime. Sentirás mi pulso en las hojas y percibirás alegrías, besos, fragancias, ilusiones, sueños y realidades. Recordarás, entonces, aquella hora mágica en que coincidimos en medio del mundo, la noche de nuestro reencuentro de ensueño, mi declaración de amor, los momentos de juegos y risa, los abrazos de ternura y consuelo, las lágrimas de alegría y tristeza, la historia de dos seres convertida en la traducción especial de un “tú y yo”. Esas hojas inertes que hoy descubro a mi paso, son las que recogeré una mañana y una tarde durante mi vida para escribir mis confesiones de amor, entregártelas y pedir que las deposites entre las páginas de tus libros, en el cofre de tus secretos, en el baúl de tus recuerdos. Estoy seguro de que alguna noche de lluvia, cuando tu alma y la mía moren en otro plano, alguien hojeará tus libros y preguntará con asombro y emoción, “¿quiénes fueron los protagonistas de tan grandiosa historia de amor?” Entonces asomará por el ventanal, mirará las gotas deslizar por los cristales y experimentará tal estremecimiento, que la noche se iluminará con los destellos de las estrellas en las que guardamos nuestras promesas. Hoy tomo una hoja con la esperanza e ilusión de que cuando la mires, leas nuestros nombres y el guión de la historia que protagonizamos.

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Es una emoción que no cesa…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es consentir a quien tiene tu rostro y tus ojos, amar al ángel que lleva tu nombre. Es unir tu alma a la mía

Es una emoción que no cesa, una locura que se desborda, un sueño que escapa de un mundo mágico. Es el asombro permanente, la emoción que dilata la mirada, el secreto que se pronuncia una noche de luceros, el suspiro que se da al nacer la flor y aparecer la primera estrella, el abrazo que ama y el que consuela, el beso dulce que jamás se olvida por ser tan hermoso y puro. Es convertir un gajo de luna en columpio. Es hundir los pies en la arena, jugar, reír, dialogar, perseguirse, mojarse una tarde de lluvia. Es compartir un postre, asomarse a las tiendas y probarse la ropa, cometer alguna travesura, divertirse aunque los ceños fruncidos intenten asfixiar la dicha. Es cantar, beber café, arrancar un poema del rumor del océano, arrojarse cojines, soñar y despeinarse. Es arrojarse gotas del agua que resguarda la fuente, compartir instantes de murmullos y silencio, abrir y cerrar los ojos. Es el guiño que confiesa un secreto muy bello, el beso que se manda a hurtadillas. Es sentirse arrobado y amar diferente. Es vivir y soñar. Es nacer cada instante. Es la ilusión que desbarata la monotonía y las tristezas, el encanto de mirar al cielo y dar gracias por tanta maravilla. Es decir sí a la idea de compartir un espacio en el alma y protagonizar una historia irrepetible, excelsa e inolvidable. Es planear un viaje, gozar un paseo, trazar una ruta. Es una locura, parece, como la del escritor al componer el poema más sublime, la del pintor al deslizar el pincel sobre el lienzo y plasmar la imagen de sus fantasías, la del músico al atrapar notas hasta transformarlas en sonidos cautivantes. Es ensueño, alegría, enamoramiento, suspiro, emoción e ilusiones. Es acercarme a ti, tomar tus manos, mirar tus ojos, pronunciar suavemente tu nombre y declararte mi amor.