Tengo un sueño

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y ese sueño tan real, eres tú

Tengo un sueño que me acompaña desde que estaba en otro plano, antes de nacer aquí, en el mundo. Es una quimera, el delirio de una ilusión. Olvido, a veces, que estoy despierto por unos instantes dentro de la eternidad, que me encuentro en un paraje terreno y que mi estancia es temporal, quizá por sentirte tan cerca de mí y saberte el amor de mi historia y el color de mi cielo. Mi desvarío eres tú, con  el anhelo y la idea de compartir nuestros sueños y la vida, hasta que ambas expresiones se fundan en el engranaje del tiempo y en la fórmula de la inmortalidad. Ahora que te sé ángel y humano, dama y mujer, poema y música, me reconozco en ti, seguramente por ser caballero y hombre, cuaderno de apuntes y violín. Ambos somos tú y yo, nosotros. Es así como reconstruyo los antiguos recuerdos que se diluyeron en mi memoria, cuando tú y yo éramos los niños de un paraíso y alguien decretó colocarnos en el mundo para probar la fidelidad y la pureza de nuestro amor. Tengo un sueño , y eres tú, es nuestra historia, es mi poemario y es mi locura de artista enamorado. Eres mi sueño y el encanto de un amor que pulsa en mí, en ti, en nosotros, y en la servilleta de papel que te entrego a hurtadillas -tú lo sabes-, en la que escribo mis confesiones y expreso mis sentimientos cuando me miras y sonríes. Respiro tu perfume, siento tu presencia en mi rostro y en mi alma, llevo tu sabor y me sé tú cuando eres yo, y es así que compruebo que los sueños no son intangibles, que se cumplen si uno cree. Guardo en ti una parte de mí y conservo en mi interior un fragmento tuyo, no para coexistir los dos encadenados en una celda, sino con la intención de ser tú y yo en una caminata libre e inolvidable. Eres mi sueño y mi vida, mi temporalidad y mi eternidad, mi yo y mi tú. No me he quedado con residuos de mis sueños porque todos, te lo aseguro, se han cumplido, y ahora que moras en mí y habito en ti, entiendo que alguien muy especial que pulsa en las frondas, en las cortezas musgosas, en el océano y en las estrellas, los cumple al percibirlos auténticos y nobles. Comparto a tu lado, siempre contigo, un sueño de amor, el encanto de un romance, la dulzura de un idilio que coloca a uno y a otro, a ti y a mí, en la realidad de un mundo de sensaciones y en un cielo de sentimientos. Hacemos vida de nuestra más dulce entelequia y sueños de la realidad. Al mirarte en mí y sentirme en ti, descubro lo mucho que tenemos de nosotros y compruebo que la vida es tan sueño como uno lo desea y que las ilusiones se vuelven reales en la medida que se les construye. Veo en tu mirada la mía y así es como entiendo tu vida y tu naturaleza, y hago de las coincidencias nuestra fortaleza y de las diferencias el complemento que nos enriquece. Eres tú mi sueño, mi realidad, mi estancia temporal y mi condición inmortal. Somos ambos el sueño que tuvimos durante una infancia azul y dorada, cuando te sabías una niña patinadora y me sentía conquistador de incontables hazañas para ti. Todo, en una historia de amor, es sueño como vida. Intento aclarar que tengo un sueño que data de otros tiempos y que consiste en fundirnos en un crisol para ser tú y yo, nosotros, uno más otro, y de este modo hacer de la vida un concierto sin final, una obra inmortal, un mundo y un cielo.

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Imposible callarlo…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Lo admito y no puedo callarlo… te amo

Imposible callarlo… te amo. Te siento cuando estás presente y al no encontrarte conmigo, al abrazarte y al percibir las caricias del viento, al escuchar tu voz y al captar los rumores del silencio y los susurros de la vida y del universo, al admirar juntos el oleaje y la inmensidad del mar y de pronto abrazarte para recostarnos sobre la arena y contemplar la grandeza y profundidad del cielo custodiado por nubes de incontables figuras pasajeras. Imposible callarlo… te amo. Te amo cuando estás conmigo y al encontrarte lejos por alguna causa, y te soy fiel al pensar en ti y en todos los momentos de mi existencia. Imposible callarlo… te amo. Te amo en los encuentros y en las ausencias, en el día y en la noche, en tus detalles y al reflejarte en los lagos y en los aparadores de las tiendas. Insisto en que es imposible callarlo, no lo puedo evitar, es difícil ocultarlo… te amo. Te encuentro en mí cuando me busco y al andar en el camino, al sentirme tú, al saberte yo, en el mundo y en el cielo. Imposible callarlo… te amo. Te defino una noche estrellada, una tarde de lluvia, una mañana soleada, una madrugada de nieve. Te descubro en todas las estaciones. Estás en mí, pero también en la policromía de las rosas, en el perfume de las orquídeas, en la belleza y el encanto de los tulipanes. Imposible callarlo… te amo. Somos tú y yo. Te siento en mí y me sé en ti. Imposible callarlo… te amo. Dios existe y es muy bueno porque contigo me ha regalado la dicha del amor, el encanto de la felicidad y el privilegio de la eternidad. Imposible callarlo… te amo.

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Fórmula del cielo o preludio de amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres yo, soy tú, somos nosotros. Es nuestra historia

Alguna vez, parece, Dios pintó tus ojos con las tonalidades de su paleta y los alumbró con la luz de tu alma, como si hubiera deseado colocar en tu semblante una marca, la señal de sus criaturas consentidas, el lenguaje de los seres elegidos. No se conformó, al crearte, con la delicadeza de tus manos y tu silueta de mujer, porque te hizo dama para dejar en cada detalle y movimiento tu huella femenina. Guardó en tu esencia, en tus sentimientos y en tu memoria la fórmula de niña y princesa, el encanto de mujer y dama, la sutileza de ángel y musa. Escogió de los rumores celestes, las notas más bellas, los susurros del silencio, la música de la creación y la vida, para convertir tu voz canora en poema, en canto, en concierto. Llamó al viento para que jugara con tu cabello de muñeca y sopló hasta que despertaste de un sueño denominado eternidad. Inscribió tu nombre en una estrella para inmortalizarlo en la pinacoteca del universo. Notó que había creado aquella mañana, en su buhardilla, un trozo de cielo, un fragmento de su alma, un pedazo de ternura. Aquella ocasión, creo, también modeló mi figura y deslizó sus pinceles sobre mí, hasta que sopló, como lo hizo contigo, y desperté, igual que tú, de ese sueño inmortal en la morada, donde ambos jugábamos y permanecíamos fundidos en un palpitar sin final. Nuestra historia ya estaba escrita; sin embargo, permitió que tú y yo, nosotros, los de siempre, enmendáramos los capítulos y añadiéramos páginas a nuestra historia, con la idea, parece, de hacerla grandiosa, sublime, inmortal e inolvidable. Emocionado, Dios me confesó al oído que tú tienes mucho de mí y yo un tanto de ti, de tal manera que somos uno y otro con diferente identidad y el mismo pulso en un alma que no morirá porque contiene un soplo de eternidad. Guardó Dios sus secretos de amor en tu alma y en la mía, con la promesa de que algún instante, en cierta estación, coincidiríamos con la idea de compartir un destino, una historia, un romance. Recibí de Dios la encomienda de amarte con el alma, fielmente, como si cada momento iniciara nuestro encuentro y me enamorara de ti a toda hora, siempre con alegría, emoción, asombro e ilusión, como lo hago desde la primera vez, cuando dije a tu oído “me cautivas. Me siento profundamente enamorado de ti. Te amo”. Es un enamoramiento que no cesa, una locura que no se apaga, una luz que no se extingue. Tú convertida en mí y yo transformado en ti. Es un amor que viene de lo alto, que proviene del interior, que nos mantiene en los parajes de la temporalidad y lleva a ambos al oleaje de la inmortalidad. Con un amor así, poseemos la llave del cielo. Hemos compartido incontables capítulos, prefacio, es verdad, de los días y la eternidad que están por venir. Amar significa fundir dos almas con tu esencia y la mía, volar juntos, navegar inseparables, ser mundo y paraíso, canto y suspiro, silencio y voz, nieve y tormenta, cascada y río. Veo mi reflejo en tu mirada cuando me encuentro a tu lado y al no estar contigo, te percibo en mí aquí allá, me siento en ti, y lo más asombroso es que somos tú y yo, con un rostro y otro más, mecidos en el arrullo de un alma, en una morada donde el amor es la luz, el destino y el principio sin final. El nuestro es un amor inextinguible porque nació en el cielo, en el alma, en ti y en mí, en la primera flor. Sólo un amor como el nuestro se vuelve inmortal y exhala los perfumes del infinito, irradia la luminosidad de los luceros y regala las caricias del viento que llega de rutas  distantes. Tú y yo, nosotros, es el secreto de un amor vuelto locura. Intenso, alegre e ilusionado, te siento en mí, en la hoja dorada que arranca el viento una tarde otoñal, en el copo de nieve que derrama el invierno una madrugada sobre los abetos, en el rocío de la mañana que a una hora primaveral desliza en los pétalos de la flor, en las gotas de lluvia que se precipitan un día de primavera, acaso porque somos eco y promesa, probablemente por ser el amor código de la alegría e inmortalidad, quizá por definir en ti algo de mí y volverme un tú que abrazo desde el silencio y la profundidad de nuestras almas, tal vez por formar parte del preludio y la fórmula del cielo.

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Es amor…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres tú

Es amor cuando uno siente alegría e ilusión de enamorarse todos los días. Es amor desde el instante en que la capacidad de asombro no cesa, la vida parece el encanto de un sueño y las burbujas de cristal que encierran tantas ilusiones, semejan los capítulos de la existencia. Es amor cuando uno, a su lado, experimenta admiración y respeto. Es amor al ser fiel, al saber uno que ya no espera a alguien más, al enamorarse de la belleza del rostro y de la hermosura del alma, al sentirse cautivado por sus detalles femeninos. Es amor al acompañarle en sus horas de dolor y tristeza, secar sus lágrimas y darle fortaleza. Es amor al compartir y disfrutar su sonrisa, la amenidad de su conversación y hasta sus momentos de silencio, como un contagio que colecciona un día, otro y muchos más la dicha de volar a su lado, correr por el parque durante una tarde de lluvia, remar en un lago tranquilo que refleja la profundidad del cielo y el verdor de los abetos que lo rodean o admirar la decoración celeste una noche romántica. Es amor cuando uno le tiene confianza y siente orgullo por ser quien es. Es amor cuando se le toma de la mano, se pronuncia su nombre y se le integra a una gran historia. Es amor cuando se le acompaña en los minutos de alegría y tristeza. Es amor cuando con ella se siente que el mundo es cielo, que el paraíso inicia en el alma y que algo hay en la jornada terrena que recuerda la morada infinita. Es amor cuando tu nombre y el mío se perciben en los susurros de Dios, en los rumores del viento y en el perfume de las flores y la tierra humedecida por la lluvia. Es amor cuando tú y yo, enamorados, ya somos uno, poseemos un guión escrito desde la eternidad y nuestro interior, andamos de una estación a otra y reconocemos que venimos de un plano mágico. Es amor cuando eres yo y soy tú, cada uno con su identidad y su vuelo libre y pleno, y con sorpresa descubrimos que somos regalo del cielo.

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Una nota bella y el encanto de una vida y un sueño llamados amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me cautivan tus detalles porque me comunican un amor genuino y fiel que traspasa las manecillas del reloj y mi estancia en este mundo, quizá porque contigo me siento en el cielo; pero a veces, no te miento, necesito algunas palabras dulces, como las que sueles expresarme en ciertas horas de alegría, enamoramiento e ilusión, seguramente por aliviar y compensar mis días de soledad e indicarme que es verdad tu compañía que percibo en mi alma cuando no estamos juntos

Una palabra tuya es una nota bella en un concierto matinal o en una sinfonía nocturna, el susurro del viento que llega de mundos distantes, los murmullos del oleaje que empapa la arena y arrastra secretos y trozos del fondo del océano, los rumores de los sueños y la vida, el poema que se dice una tarde de romance. Tu mirada es la luz de un paraíso que intuyo excelso, un espejo de dulce encanto que refleja la beatitud y hermosura que debe existir en la morada de donde venimos. Y tus caricias, en tanto, las siento como la textura de una flor cuando las gotas del rocío deslizan suavemente sobre sus pétalos y desprenden aromas celestes y mágicos que cautivan los sentidos. Ojos tan bonitos los tuyos, con pestañas de niña consentida e inolvidable, y labios que me regalan el sabor del cielo y la esencia de tu alma. Ya no hay nada que describir con las palabras cuando el amor es el encanto que te arrulla conmigo aquí, en la finitud del mundo, y allá, en la casa, en el palacio, en la morada infinita, donde siempre nos sabremos tú y yo, nosotros.

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Fragmento de cielo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Seguí el lenguaje de tu pulso, las huellas de tus sandalias, el aroma de tu piel, la ruta de tu ser y los rumores de tu silencio, hasta que descubrí los destellos del cielo

En tus manos, cuando tocan las mías y me acarician, siento la textura de las flores del paraíso y la suavidad de los pétalos al deslizar las gotas del rocío. Imagino la dulzura de una mañana de primavera y presiento el sabor del cielo con cada beso que me entregas. Grabo nuestra imagen al fundirme en tu mirada, en la profundidad de tus ojos, seguramente porque me regala los colores de la paleta de Dios. Noto, cuando hablas o susurras a mis oídos, que el viento sopla y me transmite los rumores de la vida, del océano, de nuestras almas, de la lluvia y de la creación. Admiro, al ser tú y yo, el esplendor de un amanecer en la playa, la magia de una llovizna de verano, el prodigio de un bosque alfombrado de hojarasca y el encanto de un manto de copos. Te abrazo en silencio, prolongadamente, hasta navegar en la profundidad de nuestras almas que reconocen la luz y la ruta a un plano que se percibe eterno. Encuentro en cada detalle tuyo, en tus guiños, en tu mirada, en tus palabras, en tus ósculos, un rincón de la inmortalidad, un trozo de Dios. Oigo los tañidos de un mundo distante y cercano a la vez, los murmullos de tu silencio y el mío, la música de nuestras voces al hablar y al callar. Me sorprende tanto que en ti -en tu mirada, en tus detalles, en tus palabras, en tus besos, en tus caricias- palpite un tanto de cielo, un fragmento de mí, un trozo del encanto de una flor y un eco que me recuerda lo que amo y siento tan tuyo y mío.

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Quien comparte un amor, posee la llave del cielo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hablo de ti y de mí

Quien comparte un amor, ha salvado la vida y tiene la promesa de ser luz inagotable. Quien tiene un amor, no está muerto porque ya encontró la sonrisa de Dios y posee la llave del cielo. Quien ama, ha concluido su peregrinaje en el destierro y se prepara para llegar a su morada. Quien se siente enamorado, despierta feliz y pleno todas las mañanas y duerme tranquilo cada noche, siempre envuelto en ilusiones y sueños prodigiosos y realidades mágicas. Quien se asombra del amor que siente, ya es otro, es alguien que emprende el vuelo libre y pleno. Quien se sabe amado, recibe los abrazos, las caricias y los besos de la brisa, del viento, del sol y de la lluvia. Quien protagoniza una historia de amor, conoce el ambiente de las estrellas una noche subyugante, el crepitar de las velas durante una cena romántica y la caminata por la playa un amanecer y otro. Quien protagoniza capítulos de amor, ya tiene una historia en el mundo y su continuación bella en otros planos. Quien hace de su amor un ministerio, una locura, un sí y un no, un poema, un delirio y una medida sin final, encuentra reposo al saberse tú y yo. Quien hace del amor un poema, una melodía, una pintura, entrega un detalle en una servilleta, escribe un “te quiero” en la arena y no le importa si la envoltura del regalo es periódico o papel fino. Quien es amado, se descubre a sí mismo en otra mirada, se escucha en una voz que es y no la suya, se siente de este mundo y de uno que parece demasiado cercano y muy lejano. Quien ama, ya no espera a alguien más porque su casa tiene huésped. Quien entrega su amor, despierta de un sueño y comienza la vida. Quien hace del amor un estilo de vida, guarda un tesoro, abre la puerta del paraíso y se vuelve inmortal. Quien coincide con el amor, puede decir, como tú y yo, “te identifico en mi nombre, me reconoces en tus apellidos. Soy tú al mirarme, eres yo al definirte. Somos uno y dos en el palpitar y en los rumores del universo”. Quien comparte un amor, insisto, no está solo porque ya es él o ella, el otro y uno.

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Con las letras del abecedario

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Si no existieran las letras del abecedario para escribir y dedicarte el más dulce de los poemas, sustraería el barro y la textura de las flores y las plantas con la intención de pintarte conmigo en un paraíso de ensueño

Con las letras del abecedario construyo el poema que te dedico cada mañana, cuando abres el ventanal de tu mirada a los colores de la vida y escuchas alegre y enamorada la sinfonía de la naturaleza y la voz canora del universo.

Una y otra vez, atraídos por el embeleso de sus formas y sus sonidos, los signos componen palabras bellas que asiento en la historia prodigiosa que compartimos, en los días que andamos juntos, en las horas que transcurren aquí y allá, al abrazarnos en la profundidad y el silencio de nuestras almas, al besarnos con la dulzura y el encanto de un amor, al soñar y vivir, al reír y llorar, al sentirte yo y saberme tú.

Ahora sé que venimos al mundo a amarnos, a ser felices, a aprender del sí y el no de la vida. Reconozco, por lo mismo, que la historia existencial y el amor se arman con hechos igual que el poemario más subyugante se compone de palabras hermosas.

No dudo, musa mía, que con la letra a, la primera del abecedario, escribo amor, alma, ángel, alegría, arte, asombro y amanecer. La trazo en mi cuaderno de notas cuando te expreso mi amor y me invita, aunque sea el símbolo de un sonido, a vivir con los conceptos que puedo armar de acuerdo con la frecuencia de mi ser.

También aparece la b para recordar que se inserta en la bondad, el bien y la belleza, y que si a continuación asoma la c es para anotar cualidad, cielo, creación y cautivante, como la d, al reflejarse, señala a Dios, a la dama que eres, los detalles, la dicha y la magia de dar.

Otras ocasiones llega la e cual encanto, eternidad, enamoramiento, epopeya y embeleso, antecediendo siempre a la f que muestra la felicidad, la fe, la familia -oh, excelso tesoro-, la fragancia y la fidelidad, mientras la g, en el mismo sendero, ilumina el cuaderno de la vida con gratitud.

Elijo la letra h cuando pretendo expresar tu hermosura y el concepto de la honestidad, y la i, en tanto, al destacar la inteligencia y el infinito, hundirnos en las profundidades de la imaginación y envolver y reventar ilusiones en burbujas de cristal.

Tengo, en ocasiones, la letra j, que libero al invitarte a jugar al amor y a la vida. El juego inicia con esa letra, como sucede con la jovialidad. ¿Te das cuenta, amada mía, del tesoro que tenemos? Sólo es cuestión de seleccionar lo que anhelamos y soñamos.

Opto por la k cuando me refiero a la palabra keter, que significa corona, precisamente con la idea de colocar en un sitio supremo el valor de los sentimientos que compartimos, sin olvidar, verbigracia, a la l que me permite experimentar y escribir luz, libro y locura de un amor.

Mientras reviso las formas y los caminos del abecedario, coincido con la m que si bien evoca a nuestras madres -algo de los más sublime, regalo de Dios-, describe las maravillas, a la mujer, a ti, mi musa con tu mirada.

Anhelo sentir la textura de la n porque simboliza la niñez, la naturaleza, la nieve, la noche y las nubes. La ñ, por ser escasa y pequeña, opta por tomar las manos de otras letras y aparecer en la niñez y los sueños.

Escribo la letra o, tan dulce y tierna como el ósculo que tú y yo nos regalamos una noche de otoño, o igual que la p que evoca a nuestros padres -otros tesoros que Dios nos concedió-, y también la proeza, el poemario, el puente y el paraíso.

Integro a la lista la letra q porque me sugiere los sentimientos que me inspiras cuando te digo que te quiero; sin embargo, inserto la r al suspirar por la idea de nuestro romance y ver tu rostro y disfrutar tu risa. Es la s la letra y el sonido con el que inician los conceptos silencio, soledad, sueños, suspiros, susurros, sabiduría.

Giro a otro sentido para abrir la puerta del abecedario y trazar la letra t, con la que principian tú, tuyo y ternura, similar a la u que se introduce entre la palabra sueños o la v que delinea la verdad, las virtudes y la vida.

No niego que si la w y la x no inician las palabras del amor, son respetuosas y no interfieren en nuestra alegría ni en la ruta que seguimos; mas con la y sabes que escribo yo y con la z, que coloco al final, te informo que me siento feliz por este amor tan nuestro.

Ahora, color de mi destino, ambos sabemos que en el arcón del abecedario se encuentran las letras que tú yo podemos armar para escribir y vivir una historia de ensueño en el mundo y proyectarla al infinito. Sólo es cuestión de saber elegir.

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Un espacio para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Tú me entiendes. Sabes que cada palabra que te dedico, está envuelta en la dulzura y el encanto de un amor fiel que a veces es locura, ilusión, realidad y juego, tal vez porque alguien, en la esencia de tu alma y la mía, en los rincones del infinito, concede los sueños que uno le pide

Tras la lluvia de la tarde, asomo a los charcos y te miro retratada con tu sonrisa de niña traviesa e inquieta, acaso porque siempre descubro en un rincón y en otro la dulzura y el encanto de tu rostro y tu ser. En la fuente de ensueño, cubierta de agua y hojarasca, contemplo el reflejo del cielo, las nubes rizadas y el color de tus ojos y tus labios, probablemente por tu belleza que me asombra cada día, al amanecer y al anochecer. Otras veces, al sentir las caricias del viento, en la banca de hierro o de piedra donde te espero, creo que eres tú, quizá porque te percibo conmigo aunque algunas veces te encuentres ausente por alguna razón. Mis labios te besan y mis manos acarician tu rostro y deslizan por tu cabello, seguramente porque te amo tanto. Admiro las estrellas que decoran el firmamento, el ósculo y la entrega del océano y el cielo al prenderse de tonos amarillos, dorados, naranjas y rojizos, el color turquesa de los pliegues marinos y la maravilla de las flores al nacer y de las burbujas del agua al brotar de la intimidad de la tierra, en los manantiales, tal vez porque me recuerdan que estoy vivo y que cada instante en el mundo es para los dos y que el palpitar de la vida y el universo es nuestro. Entiendo que si conservo tu sabor y tu fragancia es porque te soy fiel, me encantas y llevas, igualmente, mi esencia y mi perfume. Imagino que si te siento a mi lado, es porque tienes un tanto de mí y yo mucho de ti. Grabo en mis sentimientos y memoria las notas de tu voz, el sabor de tus besos, la dulzura de tu mirada, el canto de voz y el pulso de tu corazón porque siempre hay un lugar para ti. No espero a alguien más porque habitas en la morada de mi alma. Ahora te confirmo que si en mí existe un espacio para ti, es porque eres tú la musa de mis obras, la compañera de mi historia, la niña de mis sueños, el color de mi vida y el amor de mi eternidad.

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El encanto de un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te intuí en mi infancia. Era bello soñar y sentirte, imaginar que un día o una noche especial por fin mi alma reconocería la tuya y me descubriría en tu mirada, te percibiría en el ambiente y me aproximaría a ti. Siempre esperé ese momento de ensueño. Sentí hasta la profundidad de nuestros abrazos en el silencio universal, escuché tu voz entre los rumores de la creación, percibí tu palpitar en el mío. Ahora sé que alguien, desde la esencia y la luz, abrió la puerta para nuestro reencuentro, sí, porque lo más maravilloso y subyugante es que tú y yo ya habíamos jugado al amor y a la vida una y otra vez, en las moradas del ser, donde el principio y el final sólo son círculo. El encanto de nuestro amor consiste en su autenticidad, en que es tan fiel como espontáneo y puro, en su libertad y plenitud, en sus burbujas de realidades y sueños, en sus detalles, alegría e ilusiones, en su magia y en estar planeado para hoy y siempre, en nuestras almas, en las noches estrelladas y en el plano celeste

El encanto de un amor se mece en el arrullo de la noche, entre luceros, cometas y polvo de estrellas, antes de expresarse en una mirada, en un beso o en una palabra, acaso porque se trata de un sentimiento puro y de algo más, quizá por venir del cielo, tal vez por pertenecer a seres privilegiados. La dulzura de un amor es más que letras del tintero plasmadas en una hoja de papel o una hora de encuentro fugaz, probablemente por ser motivo, detalle y prodigio. La magia de un amor se encuentra en un abrazo, una sonrisa o un acto especial. La historia de un amor se escribe cada instante con tus manos y las mías, con nuestros nombres y apellidos, con tu yo y mi tú, con las letras del abecedario y las cosas de la vida. El deleite de un amor se siente en un ósculo, una caricia o el silencio de dos almas que se saben unidad. La fortaleza de un amor es la suma de nuestras coincidencias; su riqueza, en cambio, es la unión de tu diversidad y la mía. La fórmula de un amor consiste en no abandonarse, en estar presente, en abrazar durante los minutos de desconsuelo y en las horas de alegría, en soñar y volar. La locura de un amor es intuirse desde la infancia, recorrer las estaciones y un día, una tarde o una noche encontrarse en algún rincón, de tal manera que al convertirse uno y otro en compañeros de viaje, en un alma palpitante, recuerden los juegos de un paraíso eterno, caminen hacia el palacio sin final y en el intermedio, aquí, en el mundo, sean intensamente felices, se abracen en el silencio, corran y giren durante las horas de lluvia, admiren las estrellas, graben sus nombres en la arena de la playa, tomen sus manos y contemplen el amanecer y la constelación, vuelen libres y plenos, compartan capítulos con el sí y el no de la vida, rían y ya en la ancianidad, en las horas postreras de la existencia, se miren con el asombro y el enamoramiento de los otros días, con la certeza de que el paseo no concluirá al no abrir más los ojos porque la caída de la última hoja significará que despertarán en la fuente de la luz, en el principio eterno, entre pétalos fragantes, ríos etéreos y gotas de cristal. El encanto de un amor es, simplemente, tú y yo contagiados por el sentimiento más resplandeciente, por la sonrisa de Dios, por lo que da color, sentido y armonía a la vida.

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