Nuestro amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es tuyo y mío, con el secreto de lo que significa para nosotros

Nuestro amor es expresión de sentimientos que brotan del alma como un manantial diáfano o una fuente de polvo de estrellas, y no se basa, por lo mismo, en el uso de aparatos de comunicación. Nuestro amor es de detalles espontáneos, no de horarios forzosos. Nuestro amor es libre y pleno, no resultado de convenios y tratos. Nuestro amor es de tú a yo, de mí a ti, y por eso es fiel y no necesita intermediarios. Nuestro amor es regalo del cielo, no concesión de algunas personas. Nuestro amor son sentimientos sublimes y encanto, no apetitos pasajeros. Nuestro amor es cielo y mundo, vida y sueño, no muerte ni desolación. Nuestro amor es alegría e ilusión, no dolor ni tristeza. Nuestro amor es dulzura, ensueño e inmortalidad, no amargura, pesadilla o caducidad. Nuestro amor somos nosotros, tú y yo, los de siempre, en la materia y la esencia. Nuestro amor es tu alma y la mía, por fin en una, en un palpitar eterno.

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Tengo un sueño

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y ese sueño tan real, eres tú

Tengo un sueño que me acompaña desde que estaba en otro plano, antes de nacer aquí, en el mundo. Es una quimera, el delirio de una ilusión. Olvido, a veces, que estoy despierto por unos instantes dentro de la eternidad, que me encuentro en un paraje terreno y que mi estancia es temporal, quizá por sentirte tan cerca de mí y saberte el amor de mi historia y el color de mi cielo. Mi desvarío eres tú, con  el anhelo y la idea de compartir nuestros sueños y la vida, hasta que ambas expresiones se fundan en el engranaje del tiempo y en la fórmula de la inmortalidad. Ahora que te sé ángel y humano, dama y mujer, poema y música, me reconozco en ti, seguramente por ser caballero y hombre, cuaderno de apuntes y violín. Ambos somos tú y yo, nosotros. Es así como reconstruyo los antiguos recuerdos que se diluyeron en mi memoria, cuando tú y yo éramos los niños de un paraíso y alguien decretó colocarnos en el mundo para probar la fidelidad y la pureza de nuestro amor. Tengo un sueño , y eres tú, es nuestra historia, es mi poemario y es mi locura de artista enamorado. Eres mi sueño y el encanto de un amor que pulsa en mí, en ti, en nosotros, y en la servilleta de papel que te entrego a hurtadillas -tú lo sabes-, en la que escribo mis confesiones y expreso mis sentimientos cuando me miras y sonríes. Respiro tu perfume, siento tu presencia en mi rostro y en mi alma, llevo tu sabor y me sé tú cuando eres yo, y es así que compruebo que los sueños no son intangibles, que se cumplen si uno cree. Guardo en ti una parte de mí y conservo en mi interior un fragmento tuyo, no para coexistir los dos encadenados en una celda, sino con la intención de ser tú y yo en una caminata libre e inolvidable. Eres mi sueño y mi vida, mi temporalidad y mi eternidad, mi yo y mi tú. No me he quedado con residuos de mis sueños porque todos, te lo aseguro, se han cumplido, y ahora que moras en mí y habito en ti, entiendo que alguien muy especial que pulsa en las frondas, en las cortezas musgosas, en el océano y en las estrellas, los cumple al percibirlos auténticos y nobles. Comparto a tu lado, siempre contigo, un sueño de amor, el encanto de un romance, la dulzura de un idilio que coloca a uno y a otro, a ti y a mí, en la realidad de un mundo de sensaciones y en un cielo de sentimientos. Hacemos vida de nuestra más dulce entelequia y sueños de la realidad. Al mirarte en mí y sentirme en ti, descubro lo mucho que tenemos de nosotros y compruebo que la vida es tan sueño como uno lo desea y que las ilusiones se vuelven reales en la medida que se les construye. Veo en tu mirada la mía y así es como entiendo tu vida y tu naturaleza, y hago de las coincidencias nuestra fortaleza y de las diferencias el complemento que nos enriquece. Eres tú mi sueño, mi realidad, mi estancia temporal y mi condición inmortal. Somos ambos el sueño que tuvimos durante una infancia azul y dorada, cuando te sabías una niña patinadora y me sentía conquistador de incontables hazañas para ti. Todo, en una historia de amor, es sueño como vida. Intento aclarar que tengo un sueño que data de otros tiempos y que consiste en fundirnos en un crisol para ser tú y yo, nosotros, uno más otro, y de este modo hacer de la vida un concierto sin final, una obra inmortal, un mundo y un cielo.

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De frente

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me encanta mirarte hasta cuando no te encuentras a mi lado. Esta emoción da idea de la locura que experimento al estar contigo. Es una ilusión que no cesa, un encanto que se vuelve delirio, una admiración constante. Me sé tú. Te sabes yo. Nos sabemos nosotros

…Tal vez es la causa por la que al sentarnos, a la hora de beber café, es un deleite mirarnos de frente. Cuando te observo, reconozco en tu figura y en tu rostro un yo muy tuyo, algo de mí que quedó impregnado en tu esencia, en ti, en tus labios, en tu mirada, hasta que me percato de que conservo un tú demasiado mío en el alma, en mi piel. En ti hay algo de mí, un tanto de mi fragancia, mucho de nosotros. En mí, detecto trozos de ti, fragmentos de nuestros juegos y encuentros. Al abrazarte, al regalarte un guiño, al besarte, me siento yo con mucho de ti. Ahora entiendo el motivo por el que al descubrirte por primera vez, fue mi alma la que me habló con tu voz para avisarme “es ella, la niña de tus sueños e ilusiones, la musa que te inspira, el suspiro y la vida que anhelas, la dama que buscaste desde el principio, el amor de ayer, hoy y siempre porque la eternidad es un círculo sin inicio ni final. Háblale. No la pierdas”. Supe, entonces, que se trataba de tu voz que decía “soy yo, tu musa, tu amor, tu dama. Mi alma es la tuya. Tu alma es la mía”. Verdaderamente entendí que mi voz interior era la tuya y que en mí había bastante de ti, y por eso decidí hablarte con nuestro lenguaje de dos niños que alguna ocasión fueron tú y yo. Cuando me siento frente a ti, tengo la sensación de que me miro feliz y enamorado, quizá porque al ser tú, eres yo. Este es, probablemente, el misterio del amor cuando se transforma en estilo y delirio, en sueño y vida, en temporalidad e inmortalidad: eres yo, soy tú. He aprendido a definir el encanto de sentarme frente a ti para saberme tú y yo y así amarte más cada instante, con la alegría de la primera vez, cuando confesé lo mucho que me cautivas y el amor que me inspiras. Créeme que un día, sin darme cuenta, aprendí el deleite de sentarme frente a ti para disfrutar tu sonrisa y descubrirme en ti.

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El encanto de tu nombre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…es eso, al pronunciar tu nombre, sentir tu presencia y saberme enamorado de ti; tocar a la puerta de tu morada, encontrarme contigo y reconocer tu alma y la mía; jugar a la vida, a los sueños, al amor, como lo hicimos desde el principio de la creación… es eso, insisto, repetirlo sutilmente o gritarlo y fundirlo en los rumores del viento, el susurro del mar y los murmullos de la creación para que todos los días lo repitan el aire que mueve tu cabello y acaricia tu rostro, las olas que besan la arena en la playa y el universo que palpita en ti, en mí, en cada expresión bella y sublime… es eso, parece, convertirlo en poema y escuchar los ecos de Dios, cuando te nombró mientras pintaba tus ojos y tu sonrisa 

Pronunciar tu nombre, equivale a interpretar los rumores del viento, leer el más dulce y subyugante de los poemas y deletrear las palabras de mayor belleza inscritas en el cielo. Tu nombre es algo mágico que siento y vivo. Es la razón, tal vez, por la que no podría repetir otro nombre con el amor, la ilusión y el encanto que me provoca el tuyo cuando lo escribo, lo leo, lo escucho y lo digo. Tu nombre de ángel es mi sueño y mi vida, mi juego y mi inspiración, el sí y el no de la existencia y la creación. Confieso que por no esperar a alguien más en mi morada, me resultaría imposible mencionar otro nombre. Escribir tu nombre, significa componer una obra magistral, sentirte yo y saberme tú, navegar juntos desde el día que Dios sopló a los mares y llegar a un destino sin final, reconocerte mi musa. Musitar o gritar tu nombre, es confesar un amor de cielo y epopeya y protagonizar contigo una historia feliz e interminable en el mundo y en un paraíso eterno que ya lo he dicho, principia en el alma y se proyecta a mansiones infinitas. Emitir tu nombre, aunque en ese minuto no te encuentres a mi lado, es amarte, admirar y reconocer tu sensibilidad femenina, percibir tu alma en la mía, convertirte en la dama de un caballero, contemplar el resplandor de tu ser, escucharte en las rutas del interior y sentir tus abrazos desde el silencio y la profundidad del universo. En verdad me sería complicado pronunciar otro nombre como lo hago con el tuyo, quizá porque lo escribo, leo, escucho y susurro todos los días, al amanecer y al anochecer, cuando siento enamorarme más de ti y experimento asombro por ser quien eres. El encanto de tu nombre consiste en que eres tú y me siento yo, en que es música celeste, en que es código de un amor auténtico, fiel, inquebrantable y sublime que alguna vez, si es que es válido el concepto de tiempo en otros planos, Dios repitió mientras pintaba tus ojos de espejo y tu rostro de muñeca que hoy, en la extraña e intensa locura de los sentimientos, descubro en mí. Plasmar o expresar tu nombre, es sentirte conmigo y saberme amado. Tu nombre se parece tanto al mío cuando tomo tus manos y me miro en ti y me recuerda tanto el lenguaje etéreo y prodigioso de otro plano, que al pronunciarlo te amo y te siento mundo y cielo.

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Asomé al espejo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Una noche asomé al espejo y no definí mi imagen. Estaba muerto. Sorprendido, me pregunté qué había hecho de mi vida. ¿Dónde estaban los días de mi existencia? ¿En qué parte quedaron mis correrías infantiles y juveniles? ¿Dónde los años que me prometieron formarían parte de mi jornada terrena? Al no verme, entendí que todo, en el mundo, se sucede con celeridad y es temporal. Transitamos de una estación a otra y definitivamente, cuando menos lo esperamos, llegamos a un destino y debemos abandonar el furgón y renunciar al viaje. Desolado, busqué los rostros familiares, mi nombre con sus apellidos, las cosas que hice, mi casa y hasta mis cuentas bancarias y mis documentos personales; sin embargo, nadie me recordaba ni había indicios de mi tránsito por el plano material. Ni siquiera encontré mi tumba. Cabizbajo, me senté en una banca de hierro, en un parque, donde escuché los murmullos infantiles y contemplé la convivencia familiar, el gusto de los enamorados y el color de las flores. Al agacharme, descubrí en la tierra un pequeño charco, demasiado insignificante para la gente que paseaba, de tal manera que reflejaba la inmensidad del cielo azul. Reflexioné, entonces, en cómo algo tan minúsculo tenía capacidad de proyectar la belleza y la grandiosidad celeste. Miré a la gente, unos leyendo el periódico, algunos abrazados, otros en los juegos mecánicos, en las bancas o caminando, y todos consumiendo los minutos de sus existencias. Casi nadie contabiliza los momentos de la vida porque pasan imperceptibles; no obstante, comprendí que amplio porcentaje de hombres y mujeres desperdician los años de sus existencias en apetitos pasajeros, banalidades, estulticia, modas y superficialidades, generalmente con mayor interés en el calzado que en el sendero y en las huellas, más proclives al destello de un automóvil que a una caminata inolvidable. Les interesa mucho el yate y suelen desdeñar el bote de remos que quizá les entregaría una aventura inolvidable. Es que ahora, ausente de cuerpo, sé que la vida se compone de momentos y que cada instante debe experimentarse en armonía y equilibrio, con total plenitud. La familia, el ser que uno elige como un gran amor y las verdaderas amistades, son un tesoro invaluable. La gente merece respeto. Felices aquellos que no juzgan ni hieren a los demás. Dichosos quienes más que exhibir manos con el brillo del oro y los diamantes, poseen huellas de sus actos nobles. El amor, la honestidad, la nobleza de sentimientos, el bien y la verdad provocan que las almas resplandezcan. Los rostros engreídos, la ambición desmedida, las manos que arrebatan, no pertenecen a los seres humanos más dichosos. Hay que reír sin mofarse de los demás. Muchas veces, en lo sencillo están lo bello y la riqueza. El cielo se alcanza no con la opulencia material ni con una colección de apetitos carnales; se conquista con sentimientos, ideas, actos y palabras positivos. Si tuviera oportunidad de retornar a la vida e iniciar mis años primaverales, correría hacia mis padres y los abrazaría con amor; lo mismo haría con mis hermanos. Lejos de atesorar mis juguetes, los compartiría. Cumpliría con el estudio, las tares y los exámenes, en la escuela; pero no me sentiría tan tenso porque después de todo se trata de un ciclo y las verdaderas pruebas de la vida no son a través de altas calificaciones, sino de la capacidad de respuesta que se tenga ante cada situación. No me aterrarían esos profesores endiosados y denunciaría a los malos compañeros, a los que suelen abusar de los débiles y pequeños. Ayudaría en las labores de casa, pero también jugaría y me divertiría intensamente. Desde los primeros años tendría conciencia de la brevedad de la existencia y trataría, por lo mismo, de enojarme menos, amar más, reír mucho, dar de mí a los demás y trazar rutas con mi ejemplo y mis huellas. No perdería los años en la obsesión miserable de acumular una fortuna, pero viviría dignamente. No fijaría mis metas y resultados en los rostros adustos y las actitudes burdas, sino en mí, en mi capacidad de respuesta y evolución. Me enamoraría fielmente y cultivaría un amor auténtico y dulce. Fabricaría sueños que envolvería en burbujas de cristal para posteriormente reventarlas con alegría e ilusión y hacerlas realidad. No desperdiciaría el tiempo en amargura, odio, envidia y resentimiento. No encadenaría mi vida al miedo y la tristeza. Sería cariñoso y sensible. Derrumbaría muros y aniquilaría la discordia, el coraje, la soberbia y el desprecio a los demás por sus creencias religiosas, su raza y sus ideologías. A uno, a otro y a muchos seres humanos más les estrecharía las manos para formar un gran círculo y sentirnos hermanos. Sería un niño feliz, un adolescente alegre, un joven pleno, un hombre maduro íntegro y un anciano dichoso, bueno y sabio. Haría feliz a la gente que me rodeara. Me convertiría en el hijo, el hermano, el padre y el abuelo ejemplar e inolvidable. Tendría amigos y no enemigos. Evitaría vivir endeudado. Recordaría que el amor, las cosas y la fortuna no solamente son para uno y los seres amados, sino para el bien que se pueda hacer a los demás. Construiría puentes y escalinatas, derrumbaría fronteras y murallas, buscaría los rumores del silencio y también me uniría a los susurros de la vida. Aprendería desde el amanecer de mis días que la vida merece experimentarse con nobleza, armonía, equilibrio y plenitud. No tendría ansiedades ni temores. Protagonizaría la historia humana más noble, intensa, sublime, bella e inolvidable; sin embargo, una noche asomé al espejo y no descubrí mi imagen porque ya era tarde y estaba muerto. Antes de desvanecerme, grite: “¡La estancia en el mundo es breve! ¡Vivan!”

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Con todo el tiempo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Contigo, mi sueño es vida y mi realidad prodigio

Ahora que hay tiempo, tomemos nuestras manos para sentir la ternura de una caricia que trae consigo la calidez y la sonrisa de Dios. No renunciemos, este momento, a probar la dulzura de un beso con tu sabor y el mío, impregnado con los ingredientes de un amor fiel y la fórmula del cielo. Instantes, los actuales, para fundir nuestras miradas y sabernos uno al descubrir el reflejo del otro. Los minutos se transforman en horas, días y años de temporalidad que dejan cicatrices en la piel; sin embargo, no perdamos un momento más para expresar con palabras sutiles y detalles cotidianos la dimensión de un amor que ya no tiene fronteras por desbordarse en las profundidades de nuestras almas y del océano y por reposar en las cumbres y en la morada infinita. Estamos aquí, contigo y conmigo juntos, en un paraje que es del mundo y en la ruta que conduce a un jardín sin final. Gocemos esta vida para asegurar la otra con los colores y las fragancias del amor, la alegría y el bien. No olvidemos que al protagonizar juntos cada capítulo existencial, formaremos el libro de nuestras vidas y de un amor inquebrantable, entre el ensueño prodigioso de la eternidad y los suspiros de la creación. Ahora que hay tiempo, me pregunto si a esta hora te expresé mi admiración y dije que te amo, y si sabes que eres  mi sueño y mi vida, mi finitud y mi inmortalidad, mi tú y mi yo.

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El encanto de un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te intuí en mi infancia. Era bello soñar y sentirte, imaginar que un día o una noche especial por fin mi alma reconocería la tuya y me descubriría en tu mirada, te percibiría en el ambiente y me aproximaría a ti. Siempre esperé ese momento de ensueño. Sentí hasta la profundidad de nuestros abrazos en el silencio universal, escuché tu voz entre los rumores de la creación, percibí tu palpitar en el mío. Ahora sé que alguien, desde la esencia y la luz, abrió la puerta para nuestro reencuentro, sí, porque lo más maravilloso y subyugante es que tú y yo ya habíamos jugado al amor y a la vida una y otra vez, en las moradas del ser, donde el principio y el final sólo son círculo. El encanto de nuestro amor consiste en su autenticidad, en que es tan fiel como espontáneo y puro, en su libertad y plenitud, en sus burbujas de realidades y sueños, en sus detalles, alegría e ilusiones, en su magia y en estar planeado para hoy y siempre, en nuestras almas, en las noches estrelladas y en el plano celeste

El encanto de un amor se mece en el arrullo de la noche, entre luceros, cometas y polvo de estrellas, antes de expresarse en una mirada, en un beso o en una palabra, acaso porque se trata de un sentimiento puro y de algo más, quizá por venir del cielo, tal vez por pertenecer a seres privilegiados. La dulzura de un amor es más que letras del tintero plasmadas en una hoja de papel o una hora de encuentro fugaz, probablemente por ser motivo, detalle y prodigio. La magia de un amor se encuentra en un abrazo, una sonrisa o un acto especial. La historia de un amor se escribe cada instante con tus manos y las mías, con nuestros nombres y apellidos, con tu yo y mi tú, con las letras del abecedario y las cosas de la vida. El deleite de un amor se siente en un ósculo, una caricia o el silencio de dos almas que se saben unidad. La fortaleza de un amor es la suma de nuestras coincidencias; su riqueza, en cambio, es la unión de tu diversidad y la mía. La fórmula de un amor consiste en no abandonarse, en estar presente, en abrazar durante los minutos de desconsuelo y en las horas de alegría, en soñar y volar. La locura de un amor es intuirse desde la infancia, recorrer las estaciones y un día, una tarde o una noche encontrarse en algún rincón, de tal manera que al convertirse uno y otro en compañeros de viaje, en un alma palpitante, recuerden los juegos de un paraíso eterno, caminen hacia el palacio sin final y en el intermedio, aquí, en el mundo, sean intensamente felices, se abracen en el silencio, corran y giren durante las horas de lluvia, admiren las estrellas, graben sus nombres en la arena de la playa, tomen sus manos y contemplen el amanecer y la constelación, vuelen libres y plenos, compartan capítulos con el sí y el no de la vida, rían y ya en la ancianidad, en las horas postreras de la existencia, se miren con el asombro y el enamoramiento de los otros días, con la certeza de que el paseo no concluirá al no abrir más los ojos porque la caída de la última hoja significará que despertarán en la fuente de la luz, en el principio eterno, entre pétalos fragantes, ríos etéreos y gotas de cristal. El encanto de un amor es, simplemente, tú y yo contagiados por el sentimiento más resplandeciente, por la sonrisa de Dios, por lo que da color, sentido y armonía a la vida.

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Momentos de la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los días del ayer, se consumieron entre un minuto y otro; ahora son experiencia, capítulos que se desvanecen conforme anida el olvido en sus esquinas y ranuras, vestigio de tu existencia, y sólo quedan como evocación de recuerdos y suspiros que, luminosos o sombríos, forman parte de tu historia. Si no te sientes seguro de la permanencia o sucesión del momento presente o del que se aproxima, mayor es la incertidumbre ante la noche que viene o la mañana que se anunciará por tu ventanal porque desconoces, en verdad, si hoy, al oscurecer, admirarás la belleza de las estrellas que cuelgan y titilan en la galería del universo o si despertarás al amanecer con la alegría y sonrisa de quien percibe los colores, las fragancias y los rumores de la vida. El momento presente es tan fugaz, que apenas te percatas que con cada segundo ganas la oportunidad de andar por rutas que conducen a la cima o la pierdes al preferir caminos inciertos. Tú decides. No esperes iluso cortar las flores cuando apenas miras la belleza e ingenuidad de sus botones. La vida inicia cada instante. El roble fue semilla y arbusto antes de desarrollar y alcanzar su esplendor. Ese quercus robur tenía almacenado en su memoria el conocimiento de sus características y grandeza, y nunca ignoró, por lo mismo, que quizá enfrentaría noches heladas, tardes de tempestad, mañanas níveas, días calurosos, plagas, incendios, sequías o tala. Ningún miedo obstaculizó su crecimiento. Creció con la sencillez de quien se sabe grande y elegido para una misión; por eso, cada instante fue significativo. No te atores en tristes naufragios ni te hundas en el agua estancada porque al no correr, al abandonarse en lo más oscuro de un recodo, pierde su cutis diáfano y ya no refleja, como antaño, las nubes rizadas que transitan felices y pasajeras cual preámbulo de la profundidad de un cielo azul. Tampoco caigas en la estulticia de la moda de la hora contemporánea que dicta ambicionar sin medida, arrebatar, disfrutar sin responsabilidad el momento, coleccionar placeres insulsos sin tener el privilegio de amar, negarse la dicha de dar, bajo el argumento de que la vida es breve y hay que aprovecharla. Eso es estúpido. Observa a quienes optan por tal estilo. De no ser sus conquistas materiales, sus fortunas y su poder, ¿descubres signos de grandeza en ellos? Tras sus risas escandalosas, sus pasiones desenfrenadas y su andar sin itinerario, ¿demuestran su alegría y son felices? La vida se experimenta cada instante en armonía consigo y con los demás, con el universo y la creación; también se practica con equilibrio y plenamente. Sé feliz. No dañes. No importa si en el camino quedó tu riqueza bajo toneladas de escombros si a cambio salvaste una vida humana. Qué valen los juicios ajenos, la condena social, si amaste con fidelidad, si hiciste de tu casa un hogar, si caminaste hacia la morada, si te regalaste el privilegio de disfrutar cada minuto y si en vez de desperdiciar la brevedad de tu tiempo en hablar de los demás, en dañar, arrebatar y engañar, lo consumiste en tu obra existencial. Mira atrás y revisa tus huellas, tu historial. Escudriña cada día de tu vida. Ahora analiza tu presente. No te engañes. Haz a un lado la ropa elegante que portas, los automóviles que luces y deslumbran la debilidad de tu ser, la mansión donde vives y hasta los viajes, títulos, placeres, poder y cosas que maquillan tu aspecto y visten tu desnudez. Sí. Momentáneamente quita de ti toda decoración artificial. Si te enseñaron a ser muñeca de aparador o maniquí de boutique y quedaste atrapado en las redes de las apariencias, mírate al espejo y pregúntate en cuántos años aparecerán los jeroglíficos del tiempo en la lozanía de tu rostro. Ubícate en tu realidad. Todos los seres humanos tenemos derecho a ser felices, poseer riqueza, gozar la vida y desenvolvernos en el papel que hemos elegido; sin embargo, nunca pierdas el rumbo a destinos firmes. Recuerda que si bien es cierto la apariencia, la fortuna y los placeres de la vida forman parte de la condición humana en el mundo, cuando se vuelven obsesión y prioridad, y pierden su sentido, parecen inversamente proporcionales a la inteligencia y los valores. ¿Cuál es tu misión en la vida? ¿Vestir la ropa más cara y elegante para mirar a hurtadillas tu perfil y provocar que otros te envidien? ¿Conducir el auto más fino? ¿Ejercer poder y acumular riqueza en exceso mientras a tu alrededor millones padecen hambre, injusticias y enfermedades? Claro, es válido y hermoso lucir la figura física, situarse en condiciones económicas que proporcionen comodidad; sin embargo, encuentro mayores tesoros y alegría en aquellos que ríen ante cualquier condición de la vida, que renuncian a su calzado para que otros caminen, que comparten su bocado a quienes desconocen el condimento de una mesa completa. Muchos esperan la proximidad de la etapa existencial que soñaron e imaginaron, la realización de algún acontecimiento, y creen que entonces serán dichosos; sin embargo, la mayoría se queda con sus fantasías, no luchan o al contrario, destacan en lo que se propusieron, y finalmente no son tan felices y plenos como lo deseaban porque desconocen que la vida es dual y tiene un sí y un no, luces y sombras, y que la verdadera maestría se demuestra al pasar cada día ante las pruebas buenas y malas. No esperes, para ser dichoso, que el destino se apiade y toque a la puerta de tu existencia con la intención de ofrecerte una historia de ensueño, prodigiosa e inolvidable. Vive a partir de este momento. Sé feliz en el yate lujoso o en la lancha modesta, y navega hasta conseguir lo que deseas. Los días dulces y amargos te pertenecen porque los desees o no, los esperes o los rechaces, los vives; trata de protagonizar tu historia y elegir las rutas más luminosas y sublimes. No esperes el momento futuro para ser feliz porque pudiera ser el instante postrero de tu existencia. Aprovecha los días que te quedan. Realízate como ser humano, construye tu historia y conquista tus sueños espirituales, físicos, intelectuales o materiales; pero empieza ahora, inicia a partir de este segundo que pasa, con sus luces y sombras, y no olvides obsequiarte la oportunidad de amar, reír, hacer el bien, cultivar valores y transformarte en una obra maestra.

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Belleza de un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Definí la belleza de tu mirada, de tu perfil y de tus labios; no obstante, cuando descubrí que tu calzado, tu vestido y tu maquillaje son atuendos temporales de la caminata y que tienes mayor interés en las huellas que dejas, en la ruta que sigues y en el destino que anhelas, entendí que tu nombre de ángel es el que escuché desde el principio, es el que descifré en mi alma, es el que percibí en los latidos de mi corazón y en los rumores de la creación, es el del amor que me funde en ti, en la vida y en el infinito

Me encantas cuando eres niña y emocionas, entre un aparador y otro, al descubrir las zapatillas de princesa, el calzado con detalles de mujer que te pruebas aquí y allá, modelos que luces y presumes en tu andar femenino sobre la alfombra y frente al espejo, unas veces como si flotaras y otras, en cambio, muy en la tierra; pero más me cautiva saber que si te fascinan las sandalias, prefieres las huellas y el camino. Inspirado en ti, admiro el color, la profundidad y el reflejo de tus ojos, la belleza de tus pestañas y el contorno de tus cejas y labios; sin embargo, me embelesan tu forma de mirar, tu voz y el sabor de tus besos. Admiro el maquillaje discreto de tu rostro, el barniz que suavemente aplicas sobre tus labios, y más cuando el viento agita tu cabello hasta tocar y cubrir parte de tu piel; no obstante, me arroban el destello de tu mirada y el resplandor de tu ser. Noto en tus manos la delicadeza de una dama y siento la dulzura y el encanto de un amor fiel y puro; aunque es un deleite, también, reconocer su ruta dadivosa, identificarlas por su itinerario de trabajo, interpretarlas como eslabón de misión humana. Guardo en mi memoria tu alegría y tu risa cuando paseamos, juegas conmigo a la vida, al amarme y al regalarme un guiño, una caricia o un beso; mas quedo asombrado al compartir la ruta hacia el silencio interior, a tu alma y a la mía, a la morada sin final. Imaginar nuestra historia es una fantasía que disfruto una noche o una madrugada de insomnio, en mi taller de artista, mientras la tempestad y los relámpagos envuelven las horas pasajeras; aunque compartir la trama existencial, fundir tu alma y la mía hasta sentirlas tú y yo, transformarnos en pasajeros de una estación, otra y muchas más en un viaje hacia regiones insondables del ser y del infinito, es la coronación de un amor real. Es un deleite soñarte, andar juntos entre  burbujas y quimeras; sin embargo, me parece dichoso, en los lapsos de vida, sentirte real, a mi lado, en mí, contemplar las estrellas, recibir la lluvia y empaparnos, escuchar el crujido de los copos de nieve y las hojas doradas al caminar y proyectarte conmigo en una escala al infinito porque eres destino y talla de mi alma. Estar a tu lado mientras duermes, significa que sueñas y estamos juntos, pero también denota que confías en mí y que vivimos. Tu nombre me encanta cuando lo escribo o lo pronuncio, y mayor es mi asombro y dicha al traducir su significado de ángel y sentirte real. Otrora, desde mi infancia dorada, te soñé, te sentí conmigo, te definí, hasta que un día, el de nuestro reencuentro, descubrí que eres real. Me encanta cuando paseamos, bebemos café, tomamos helado, reímos, jugamos, pisamos charcos, arrojamos agua de la fuente y protagonizamos capítulos de nuestro guión con las luces y sombras de la existencia; aunque también me agrada y emociona comprobar que somos pasajeros inseparables a otros puertos y fronteras. Adoro cada momento a tu lado, al soñarte y al vivir contigo; pero me sorprende este amor tan tuyo y mío que alguien, desde el soplo de nuestras esencias y en un recinto excelso y prodigioso, decretó para los dos.

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Detalle especial

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los detalles parecen insignificantes en un mundo fascinado por el espejismo de las apariencias; no obstante, las estrellas que decoran el firmamento, la arena de la playa, las gotas de la lluvia, los copos de nieve, el polvo de la creación y la dulzura de un amor cotidiano y eterno, son particularidades que al atraerse, forman la hermosura y grandeza de un resplendor inmortal. Eres detalle y motivo de mi alma y mis días

Acaso por la emoción diaria de sentirte en mí y definirte en los trozos de mi alma que tienen un tanto de ti, en mis ojos que ya miran con tu estilo y el mío, o quizá por el anhelo de dispersar pétalos y burbujas en tu sendero y cubrir tu sueño con abrazos en el silencio de nuestras almas y besarte con la dulzura de un amor inmortal, hoy te entrego una flor, otra y muchas más que recolecté en el camino, mientras pensaba en ti, cada una con un detalle y una sorpresa especial que deposité en su perfume, en su textura, en sus colores. Cuando sientas embeleso por su aroma, percibe las fragancias de la vida, mi perfume y la esencia de un paraíso que late en ti, en mí, en el universo. Al tocar su textura, siente mis caricias y las manos de Dios, quien todos los días moldea la belleza de tu rostro y lo ilumina con la luz de tu ser. En cuanto observes su policromía, disfruta las tonalidades del amor, la vida y la alegría. Te regalo el bouquet que formé esta mañana, cuando andaba en la campiña, entre árboles y sentimientos, suspiros y flores, sueños y cascadas, ríos diáfanos e ilusiones. Eres mi motivo. En cada flor reuní el encanto de dos vidas y sueños compartidos, la sorpresa de una estancia maravillosa y un destino prodigioso, la delicia de un viaje entre una estación y otra, los detalles y regalos que se entregan cotidianamente con una sonrisa, un poema, un beso y una caricia de amor.

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