Agustín Carstens y la desgracia de México

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La economía de México es tan endeble, que la inesperada renuncia de Agustín Carstens Carstens como gobernador del Banco de México, programada para dentro de siete meses, en julio de 2017, tambaleó el mercado accionario del país y ejerció mayor presión sobre el peso, fenómeno digno de análisis y preocupación porque denota un país que se desmorona ante la corrupción e impunidad de autoridades y políticos y el conformismo y la pasividad de millones de personas.

Acaso coincidencia o tal vez con intención perversa porque alguien tiene interés en extinguir a México para más tarde tomar el control y beneficiarse con sus recursos naturales y minerales, el responsable de la política monetaria nacional, sí, el mismo que permitió que durante la administración de Enrique Peña Nieto el endeudamiento público haya alcanzado niveles alarmantes que representan alrededor del 50 por ciento del Producto Interno Bruto, hizo su anuncio irresponsablemente, en plena coincidencia con el día en que el mandatario nacional dirigió un mensaje a la sociedad con motivo de sus cuatro años de gestión.

Más allá de que el anuncio burló toda formalidad y violó leyes e incluso las reglas del Banco de México, pareció diseñado y ejecutado como un golpe maestro, precisamente con la finalidad de acentuar la crisis financiera del país. ¿Para quién trabaja, en realidad, este señor?

Dicen los analistas que nadie como él para controlar los niveles inflacionarios del país, pero se trata de estadísticas suscritas en el papel, las computadoras, los informes oficiales y los discursos políticos, ya que habría que salir a las calles, a los mercados, a las colonias populares, para preguntar a trabajadores y amas de casa si en verdad este año el índice fue de 2.8 por ciento. Se sentirán burlados porque en la práctica los aumentos de precios en la canasta básica y en diversos productos y servicios, se han incrementado considerablemente.

No obstante, hay que recordar que el señor Carstens sirve a intereses ajenos a los de las mayorías. Está al servicio de la élite gobernante, de los dueños del dinero y el poder, de quienes controlan la economía y el destino del mundo, ¿o acaso alguna vez se ha interesado por la microeconomía? Le pagan para que atienda otas funciones totalmente ajenas a la ralidad de los mexicanos. Sí, le pagan con el dinero que los mexicanos aportan a través de sus impuestos, a los mismos que considera estadística, cifra, número.

El hombre posee información relevante con la que beneficia al grupo que representa, pero jamás, y eso debe quedar muy claro, a las millones de familias que cada día notan que sus percepciones económicas resultan insuficientes para vivir dignamente.

Si Carstens peleó con el presidente Enrique Peña Nieto o con el secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade Kuribreña, debería de pensar como adulto y funcionario responsable de la política monetaria de México, no actuar igual que un mozalbete goloso que abandona a sus camaradas y se marcha con otra pandilla.

Tal vez fue, pensarían algunos, porque ganó el premio como gerente general del Banco de Pagos Internacionales al coadyuvar a destruir al país, o quizá, sospecharían otros, por la ambición e interés de conseguir mayores percepciones y hacer más obeso su currículum.

¿Será que pretende evadir su responsabilidad y huir ante los problemas que se avecinan para México y que no podrá enfrentar con declaraciones, pronósticos cambiantes, precisiones y medidas antipopulares con su muy peculiar estilo y soberbia?

En el fondo, tan ensoberbecido señor debe reconocer que no es divinidad ni Nobel de Economía, como parece creerse, sino un funcionario con relaciones importantes en el mundo financiero, con experiencia y con información privilegiada; además, el próximo año resultará sombrío para México, con altos riesgos sociales y el debilitamiento del mandatario nacional ante la cercanía del proceso electoral de 2018. Se anticipó para salvar su imagen de héroe, sus ingresos y su desarrollo profesional.

Nadie creería que el hombre, al recibir la noticia de que fue electo gerente general del Banco de Pagos Internacionales, llegó abatido a su casa, con el dilema de aceptar el cargo o quedarse con los mexicanos, y que no durmió esa noche. Obviamente, el tipo lo celebró con sus excesos.

Por otra parte, ¿que puede esperarse de un hombre que nunca ha demostrado compromiso con las mayorías y que de pronto, igual que una “chacha” -perdón por el tono despectivo-, decide marcharse del trabajo y no cumplir su contrato. Quiere salir por el traspatio, pero debería de juzgársele. Hay que obligarlo a que rinda un informe claro, preciso y real, y se sujete a un proceso de transparencia.

Abandonó la responsabilidad que asumió hasta 2021, como si una firma fuera cualquier garabato. Algunos analistas coinciden en que existen reglas en el Banco de México y que, por lo mismo, debió entregar su renuncia formal al mandatario mexicano para que éste, a su vez, la presentara ante el Poder Legislativo, cuyos integrantes, es cierto, hubieran aprovechado la coyuntura para exhibirse y actuar en perjuicio de México y sus habitantes.

Es innegable que Agustín Carstens tiene excelentes relaciones con directivos y personalidades de bancos centrales del mundo y personajes del ámbito financiero, y claro, también experiencia; sin embargo, su renuncia manda señales negativas a los mexicanos porque da la impresión de que se puede actuar irresponsablemente sin consecuencias contra quienes actúan en perjuicio del país y no cumplen los compromisos que establecen.

Más allá de la corrupción alarmante, el ejercicio de impunidad, las injusticias, el desempleo abierto, la miseria creciente, el endeudamiento, los servicios de salud humillantes, la delincuencia, el desorden social y la falta de oportunidades de desarrollo, los mexicanos también enfrentan encarecimiento del dinero a través del financiamiento, inflación, devaluación del peso mexicano frente al dólar y la sombra de un racista y extremista llamado Donald Trump, quien asumirá la presidencia de Estados Unidos de Norteamérica en enero de 2017 y cuyos efectos, al obtener el triunfo electoral, resultaron funestos para México.

México enfrenta adversidades que colocan en riesgo su equilibrio económico y financiero, pero también la estabilidad social y la seguridad nacional, como para que un funcionario vedete, soberbio y con intereses a los de la nación, contribuya a echar paladas de estiércol a la podredumbre.

¿Qué heredó Carstens  México? ¿Una supuesta inflación controlada, cuando la realidad, en las calles, indica lo contrario a sus números? ¿Un peso fortalecido? ¿Desarrollo, cuando ahora el dinero financiado es más caro? ¿Inversionistas, cuando se trata de especuladores que juegan de acuerdo con sus intereses?

Evidentemente, el pueblo mexicano está más preocupado e interesado en los chismes del deporte y la televisión, en las modas, en la proximidad de las celebraciones navideñas y en las redes sociales, en memes y whats app, que en la realidad devastadora que se avecina.

Planteo, finalmente, una pregunta. Claro, sólo es una interrogante que no pretende hacer alusión a alguien. Se trata de resolver inquietudes que surgen durante las cavilaciones: ¿a quién se le tendrá mayor confianza, al perro que ladra y muerde para ganarse el hueso, las croquetas, sin importarle la clase de amo al que sirve, o al sabueso fiel a la casa donde mora y reibe beneficios?

Encuentro Peña Nieto-Trump, ofensa para México

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Todavía no superaba la crítica de académicos e intelectuales, e incluso de la comunidad internacional, por el plagio, en el 29 por ciento de su tesis profesional, de al menos 10 obras de diferentes autores, acto irresponsablemente justificado por la Universidad Panamericana, cuando el enardecimiento surgió en las redes sociales y en diferentes ámbitos sociales, hasta condenarlo y exhibirlo por su falta de respeto y sensibilidad hacia los mexicanos.

Si se hubiera tratado de un accionista de Coca Cola, Mc Donalds o Walmart, la visita del antipático y deleznable candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos de Norteamérica, quizá sólo habría generado sospechas y rumores sobre los proyectos expansionistas de los gringos; pero fue él, Enrique Peña Nieto, el presidente de más de 120 millones de mexicanos, quien lo invitó a la residencia oficial de Los Pinos, en la Ciudad de México.

¿Acaso el otrora Enrique Peña Nieto que tanto cautivó a millones de mexicanas, paga cantidades escandalosas de los impuestos de la gente que verdaderamente produce, a sus pésimos asesores, o actúa por cuenta propia con todo el poder que le otorgó la sociedad a través de la investidura presidencial?

En primer término, más allá de las torpezas cometidas durante los primeros cuatro años de su gestión, muchas muy graves y criticables, Enrique Peña Nieto debe respetar a los mexicanos y su representación ante los mismos, ya que resulta ilógico e inadmisible que lejos de invitar a un mandatario, a un jefe de Estado, haya abierto las puertas de Los Pinos a un candidato en declive que solamente lo utilizó para demostrar su poderío e influencia, debilitar la figura presidencial de quien erróneamente lo recibió, enardecer a la comunidad mexicana y fortalecer su odio y racismo.

El abominable y mal intencionado Donald Trump, enemigo número uno de México, como negociante que es, supo canalizar para su provecho la invitación que erróneamente le extendió Enrique Peña Nieto, para robustecer su candidatura y aumentar el odio contra los mexicanos, precisamente en Arizona, donde el racismo está muy acentuado y habló acerca de su política migratoria.

Sólo hay que analizar las posturas de Trump frente a Peña Nieto para comprender el desprecio que siente por el mandatario y, en consecuencia, por el pueblo mexicano. Proyectó lo que hará con México en caso de conseguir su objetivo de conquistar el voto y ganar las elecciones presidenciales. ¿Cómo es posible que un mandatario nacional se rebaje y coloque al nivel de un patán -entiéndase Donald Trump- que hasta ese momento era un candidato en decadencia? ¿Tanta necesidad había de llamarlo, humillarse ante él y permitirle que manejara la agenda a su antojo?

Desde hace más de un año, Donald Trump se ha dedicado a agredir y ofender a los mexicanos, llamándoles desde delincuentes hasta portadores de enfermedades contagiosas, independientemente de amenazar constantemente, como un padrastro despiadado o un policía asesino, la cancelación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica y construir una barda fronteriza de la que aseguró México pagará el 100 de la obra, entre otras estupideces que ya anticipan un escenario desolador y peligroso si los políticos y habitantes de este país continúan solapando abusos de una nación con una sociedad decadente y enferma -por fortuna, no todos-, que en el siglo XIX robó más de la mitad del territorio mexicano.

Las reuniones privadas, “a puerta cerrada”, son como los antifaces y las máscaras, guardan misterios y con frecuencia terror en el sentido de que uno desconoce lo que hay detrás, y en este caso, el del encuentro Peña Nieto-Trump, lo que en realidad hablaron, trataron y acordaron es desconocido. Esto significa que si Enrique Peña Nieto aseguró, tal vez como las promesas de que su administración ya no aplicaría más “gasolinazos”, que México no pagará la construcción de la barda fronteriza con Estados Unidos de Norteamérica, y el otro, el enloquecido y feroz Donald Trump, afirmó que el costo total de la obra lo cubrirán los mexicanos, ¿a cuál de los dos hay que creer o cómo se deben interpretar sus declaraciones?

Donald Trump debió disculparse con los mexicanos por el agravio tan grande que ha cometido. ¿Ese hombre que contrariamente a los mexicanos asesinos y contagiosos que llama él, y es capaz de cometer atrocidades, se atrevería a insultar de la misma manera a los chinos, norcoreanos y europeos con el mismo tono e intensidad? ¿Imagina el lector las consecuencias mundiales que representarían sus sandeces?

Es innegable que los mexicanos y los migrantes se sienten irritados con el presidente Enrique Peña Nieto, ánimo al que seguramente se suma el de los demócratas que fueron testigos de la oxigenación que se le dio al monstruoso Donald Trump en México.

Obviamente, en una sociedad corrompida y deshumanizada, a los hombres del poder, a los de las “oportunidades” históricas, no les interesa que la figura presidencial, y por lo tanto todos los mexicanos, haya sido denigrada por un degenerado estúpido y mesiánico, con intereses fascistas y mezquinos, quien de resultar electo presidente de los estadounidenses, sin duda construirá su muro absurdo, mientras en México se le abrirán las puertas de la casa para que los gringos exploten la riqueza petrolera, precisamente ahora que el país tiene una reforma energética que “beneficiará” a millones de familias y a las empresas que generan empleo.

Si el mandatario nacional o sus asesores y colaboradores no tienen visión para prever lo que sucederá con México en caso de que Donald Trump ocupe la presidencia de Estados Unidos de Norteamérica, la sociedad mexicana debe reaccionar para que su líder no asuma el síndrome de Moctezuma o las porquerías de Antonio de Santa Anna, por mencionar dos personajes y omitir nombres más cercanos de personajes que son paladines de la clase política mexicana.

El tema no es de cafetín. México se encuentra de frente ante el desfiladero de la historia y si sus gobernantes no reaccionan y se sujetan a intereses de grupos, es momento de actuar para recobrar la dignidad perdida desde hace mucho tiempo, ¿o estarán resignados a continuar bajo el yugo de Estados Unidos de Norteamérica?

La tesis y el plagio

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Mis padres me enseñaron, hace años, que quien es infiel en los temas de apariencia insignificante, en los detalles pequeños, en las cosas minúsculas, también lo es en los asuntos formales e importantes de la vida, y hoy, al leer las noticias, los análisis, las declaraciones de unos y otros sobre el presunto plagio de párrafos completos de libros que hace un cuarto de siglo cometió el presidente Enrique Peña Nieto para incluirlos en su tesis profesional, compruebo una vez más que tenían razón, sobre todo porque el hombre que tanto cautivó a las mexicanas por su aspecto físico y provocó, por lo mismo, el voto glandular, se ha involucrado en escándalos relacionados con actos de corrupción.

Una periodista, Carmen Aristegui Flores, anunció previamente que daría a conocer una noticia sobre los antecedentes del mandatario nacional, declaración que desbordó el ánimo, la morbosidad y el masoquismo de la sociedad mexicana, hasta que desilusionó a incontables hombres y mujeres que esperaban, sin duda, información acerca de otro escándalo presidencial, quizá la adquisición sospechosa de nuevas mansiones o tal vez números de cuentas bancarias e inversiones millonarias.

Acostumbrados a la corrupción que practican desde burócratas de cuarta categoría y policías hasta funcionarios y políticos del más alto nivel, amplio porcentaje de mexicanos mostraron indiferencia al hecho, el cual, de haberse registrado en alguna nación desarrollada de Europa, habría desencadenado en juicio social e incluso la renuncia del personaje a su cargo.

Es un hecho que la noticia se difundió y el asunto se encuentra sobre la mesa. Más que pretender coartar la libertad de expresión y alegar que no fue tomada en cuenta por el equipo informativo de Carmen Aristegui Flores, la Universidad Panamericana tendrá que renunciar a sus declaraciones distractoras, asumir su responsabilidad y analizar con objetividad la tesis que hace 25 años presentó Enrique Peña Nieto con la intención de obtener el título de licenciado en Derecho, y determinar si efectivamente, como se le acusa, el 29 por ciento de su contenido forma parte del plagio a por lo menos una decena de obras de diferentes autores, o si hubo dolo, ignorancia o mala interpretación por parte de los comunicadores. La institución universitaria tiene el reto de actuar con honestidad porque mentir o distorsionar la realidad, en caso de que el presunto plagio fuera real, colocaría en riesgo su honorabilidad y prestigio académico.

Por otra parte, el vocero de la Presidencia se adelantó al argumentar que se trata de errores de estilo. Error de estilo se refiere, en todo caso, a cuestiones gramaticales, a la estructura de las oraciones, no a la ausencia de comillas y citas de autores y obras. Y claro que si la acusación se encuentra sustentada con la verdad, es motivo de actualidad y discusión porque si bien es cierto la tesis fue redactada hace dos décadas y media, resulta que su autor es en la actualidad presidente de más de 120 millones de mexicanos.

En este contexto de ataques y contradicciones, el director de tesis de Enrique Peña Nieto declaró que seguramente las comillas fueron eliminadas durante el proceso de captura e impresión de la misma, argumento totalmente burdo y ofensivo para la inteligencia de no pocos mexicanos.

De resultar verídica la informacón periodística de Carmen Aristegui, sería lamentable que el presidente mexicano, respaldado en su reforma educativa, pretendiera evaluar a los profesores, cuando él recurrió, para obtener su título profesional, a la trampa del plagio, noticia, por cierto, que tuvo mayor impacto en naciones desarrolladas que en México, donde la corrupción, impunidad, simulación e injusticias se practican cotidianamente a niveles preocupantes.

Es innegable que los mexicanos de la hora contemporánea son testigos de la descomposición que ya afecta a todos los sectores y de los escándalos, errores y acciones opacas por parte del mandatario nacional, quien hasta antes del asunto de la tesis y el plagio, apenas contaba con el 23 por ciento de credibilidad por parte de la población, según la encuesta realizada por el periódico Reforma.

Sin duda, la gestión presidencial de Enrique Peña Nieto se ha caracterizado por escándalos, inestabilidad económica y social, represión, imposiciones, banalidades, corrupción, impunidad, rezagos e injusticias, contrastantes con sus denominadas reformas estructurales que definitivamente no han presentado los resultados que se ofrecieron ni cuentan con el respaldo colectivo.

Si el multicitado plagio en la tesis resulta verídico, significará que se trata de un personaje que ha hecho de la mentira un estilo de vida y uno entenderá fácilmente, en consecuencia, la causa por la que un día promete no incrementar los precios de los combustibles y al poco tiempo, bajo argumentos nada creíbles, su administración realiza ajustes en perjuicio de los mexicanos; aunque si la Universidad Panamericana demuestra lo contrario de manera objetiva y responsable, habrá que replantear el tema y pensar que alguien, más allá del personaje público, mueve los hilos del poder. Seguramente en el lapso de los próximos días conoceremos la veracidad o falsedad en la noticia difundida por Carmen Aristegui Flores y su equipo de colaboradores

 

 

Secretaría de la Función Pública y la relación entre patrones y sirvientes

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando un funcionario se transforma en sirviente de quien le regaló el cargo con todos los beneficios económicos y políticos que implica, se convierte también en una persona despreciable, capaz de emprender cualquier acción denigrante para agradar a quien considera su patrón, como es el caso del mediocre secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade Martínez.

Actuó como se esperaba, ya que fue su amigo, el presidente Enrique Peña Nieto, quien le obsequió el nombramiento y en un acto de mofa para alrededor de 120 millones de mexicanos, le encomendó que lo investigara y de paso a su esposa, Angélica Rivera Hurtado, y al otro compañero, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, respecto a las residencias, valuadas en dólares, que adquirieron por parte de sus camaradas favorecidos con licitaciones millonarias cuando encabezaron el gobierno del Estado de México y actualmente, la Federación.

En un proceso que duró medio año, con investigaciones más estudiantiles que profesionales, Virgilio Andrade y su equipo prepararon el escenario para finalmente difundir la noticia que el público encolerizado esperaba, los sospechosos son exonerados porque no hubo conflictos de interés ni actos de corrupción; aunque las acciones de los presuntos acusados, como sus disculpas públicas o la devolución de la mansión, no son congruentes.

Realmente, el amigo presidencial que transitó de funcionario público a fámulo y bufón de la corte política tan amante de los espejos, la nobleza europea, los viajes al extranjero y el glamour, causa repulsión y es merecedor no solamente de un juicio, sino de que se le cese del cargo que ocupa por inepto y pase a la historia como uno de los personajes oscuros e irresponsables de la grotesca política mexicana que tanto ha dañado a la nación.

Nadie niega que cumplió con su encomienda, la que le ordenó el presidente Enrique Peña Nieto. No existen motivos para asombrarse, pues hay que empezar por criticar la distorsión que tienen los mexicanos al considerarlo empleado del mandatario nacional, cuando se supone lo es de la sociedad que es la que mantiene sus lujos por medio de los impuestos que aporta con tanto esfuerzo en un país que se desmorona y es conducido por gran cantidad de personajes corruptos e ineptos.

Acaso por sus antecedentes culturales e históricos, a no pocos mexicanos parece agradarles presenciar espectáculos de carpas grotescas por parte de sus autoridades y políticos, a quienes alaban y aplauden a pesar de que los defrauden y engañen; pero en el caso de las investigaciones relacionadas con la adquisición millonaria de las residencias en Lomas de Chapultepec, Ixtapan de la Sal y Malinalco, el mediocre funcionario de la Función Pública en el país, actuó y concluyó el asunto como lo supusimos hace más de medio año, liberando a su amigo y patrón de toda mácula. Así que más que resultar sorprendidos, los mexicanos deben exigir que no se cierre el caso y se sancione el cinismo de ese funcionario.

Virgilio Andrade y sus asesores, los que cobran sueldos altísimos por hablarle al oído, creen que todos los mexicanos están entregados a las estulticias de Televisa, TV Azteca y otros medios de comunicación mercenarios y masificadores; pero resulta que su estrategia en el asunto de las mansiones presidenciales y del secretario de Hacienda, fue absurda e inadecuada, al grado que provocaron mayor irritación social.

Supuestamente, los legisladores son representantes de los mexicanos; sin embargo, basta con revisar la historia para comprobar que la mayoría, independientemente de los partidos políticos, han utilizado esos cargos con el objetivo de beneficiarse económicamente. Su actuación ha sido, en innumerables casos, errónea, corrupta y perversa. ¿Serán ellos quienes revisen los asuntos de las costosas residencias y la relación con los agraciados con las licitaciones millonarias? ¿Investigarán la oscura actuación del amigo y escudero del presidente Enrique Peña Nieto? Si ellos, los legisladores, han traicionado una y otra vez a la sociedad mexicana, ¿por qué no hacerlo de nuevo con el sirviente y los amigos presidenciales?

Hoy, en un país donde más de la mitad de los habitantes son pobres, prevalecen la inseguridad, se practica la corrupción a niveles extremos como si se tratara de una competencia siniestra, no existe justicia, se pisotean las leyes y se tiende a la represión y al totalitarismo, se percibe descontento contra la clase gobernante; pero el caso de las mansiones de las Lomas de Chapultepec, Ixtapan de la Sal y Malinalco, junto con los constructores y proveedores beneficiados con contratos millonarios, indudablemente será un expediente que arrojarán al cesto de la basura para que se lo lleve el camión recolector y finalmente lo mezcle con otros desperdicios.

Después de todo, considerable número de mexicanos no tienen memoria y están acostumbrados a coexistir en un país invadido de cáncer, con autoridades, políticos y líderes corruptos, mediocres, demagogos y farsantes, y tan es así que continúan premiándolos en las urnas, quizá por mantenerse entretenidos en los espectáculos futbolísticos y “telenoveleros”. Así, el territorio nacional continuará siendo campo fértil para que haya mayor número de casos como las residencias ya referidas, Grupo Higa y otros amigos favorecidos con licitaciones millonarias, y más criados que emulen a Virgilio Andrade Martínez, el funcionario público que históricamente liberó de cualquier sospecha a su camarada y patrón, el mandatario nacional, junto con la esposa y el otro secretario en materia fiscal. No puede ser de otra manera. Ese rostro sonriente, casi burlón, presentó resultados basados en una investigación más motivada por la simpatía, los intereses y la emotividad, que por el método científico y la formalidad.

¿Y nosotros?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Textualmente, declaró que “la apreciación del dólar ha generado cierto escozor en la gente” y que, no obstante, “también es positivo, le da a nuestro país condiciones de mayor competitividad, lo hace más atractivo y atrae turismo”. No, no lo dijo un aficionado a la economía que comenta superficialmente las noticias y pretende solucionar los problemas nacionales desde la mesa habitual de un café; lo expresó recientemente el mandatario del país, el presidente Enrique Peña Nieto.

Si el debilitamiento del peso frente al dólar ha causado desazón entre amplios sectores de la sociedad mexicana, no es un síntoma que deba minimizarse. Se trata, sin duda, del descontento social provocado por la incapacidad gubernamental para mantener estabilidad económica más allá de factores externos y de los problemas que representa la caída de la moneda ante el fortalecimiento del dólar.

El hecho de que el peso se devalúe, implica que innumerables productos, incluidos los alimentos, incrementarán sus precios irremediablemente, ya que México depende, en gran medida, de refacciones, insumos y materias primas procedentes del extranjero. Hasta los productos agrícolas registrarán aumentos porque forzosamente son transportados en camiones de carga. Así que el escozor que experimenta la gente -término que sustituyó la palabra millones-, es justificable. Se entiende porque el debilitamiento del peso impactará en la economía familiar.

Resulta lógico que millones de mexicanos se sientan disgustados con sus autoridades, principalmente porque están más interesadas en la macroeconomía que en la estabilidad económica y social de las familias. Parecen despreocupadas por el fortalecimiento y desarrollo de las empresas pequeñas y medianas, y demasiado proclives a maquillar la realidad nacional ante la comunidad extranjera. Colocan exceso de maquillaje al país para prostituirlo y coquetear a los extranjeros.

Es innegable que el fortalecimiento del dólar frente al peso, contribuye a que mayor número de turistas extranjeros visiten el país; pero tal situación no es para mostrar optimismo porque el incremento en la afluencia de visitantes extranjeros, en caso de que se dé, será, en todo caso, propiciado por la situación coyuntural en el cambio de moneda.

Paralelamente, el hecho de declarar que la devaluación del peso mexicano resulta atractiva para los turistas e inversionistas, es como adoptar una actitud de remate frente a las ruinas en que todos, autoridades, políticos y sociedad, hemos convertido a México.

Si bien es cierto que la del mandatario nacional fue una declaración un tanto irresponsable que finalmente pretende justificar los fracasos de la política económica, es innegable que al transformarse el peso mexicano en basura, en símbolo de una realidad lacerante para millones de familias, los únicos beneficiados serán aquellos que poseen residencias y bienes, los inversionistas que aprovecharán oportunidades como quien adquiere baratijas y los viajeros que pagarán menos por divertirse.

Mientras unos aprovecharán y se enriquecerán por medio de las oportunidades coyunturales e históricas derivadas de la devaluación del peso mexicano, las mayorías pagarán las consecuencias de coexistir en un país donde la política económica es un desastre. Ellos multiplicarán sus fortunas, ¿y nosotros?

Fiestas pomposas y fuga del penal, reflejo de la realidad mexicana

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Nada más contrastante y fiel a la compleja realidad mexicana, que la pomposa visita de Estado del presidente Enrique Peña Nieto y su séquito de 391 -¡casi 400!- acompañantes a las fiestas que con motivo de la toma de la Bastilla se celebrarán en Francia, con la reciente fuga del líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, del penal de alta seguridad en Almoloya de Juárez, Estado de México.

México arde mientras el presidente y aproximadamente cuatro centenares de personas, de las que al menos 159 viajan con cargo al Gobierno Federal, participarán en la fiesta francesa, asistirán a actos de protocolo y firmarán más de 60 acuerdos bilaterales que sin duda quedarán como muchos otros, en las fotografías, los archiveros y los cestos de basura.

Cuán simbólico y reflejo de la lacerante realidad es presenciar a los señores del poder atentos a fiestas y paseos onerosos para el país, versus la nueva huída del Chapo de un penal de alta seguridad, escenario que demuestra la ambigüedad y farsa del poder en México, pero también los niveles de corrupción. Evidentemente, las dos noticias se registran en un escenario nacional de corrupción, descontento, impunidad, desempleo, miseria e inseguridad.

Definitivamente, ambas noticias demuestran cuáles son las prioridades de los gobernantes y, adicionalmente, los arreglos y la corrupción en un país que se desmorona. Se trata del juego de policías y ladrones, pero una clase de gendarmes sin credibilidad que en ocasiones causan más daños y temor que los delincuentes.

En mi artículo reciente, “Estamos de fiesta, vamos a Francia”, comenté que habría que recordar bien la fecha del viaje de la onerosa comitiva mexicana a la nación europea, pero jamás imaginé que coincidiría con la fuga del Chapo de un penal de alta seguridad, lo cual, hay que insistir, es reflejo de la situación que prevalece en México. Por un lado vemos dispendio y superficialidad de la élite política, y por el otro, en tanto, una mano que atenta contra el desarrollo, la paz y la seguridad de los mexicanos.

Aunque el mandatario mexicano haya declarado, en Francia, que la fuga del Chapo es una afrenta y le indigna, el hecho delata la alta corrupción que prevalece en México y la incapacidad del gobierno para restablecer el orden y la seguridad en beneficio de millones de habitantes. Ordenó la reaprehensión de Joaquín Guzmán Loera, quien demostró mayor astucia que las autoridades y que aquí, en este país, la corrupción es capaz de solucionar cualquier asunto, por imposible que parezca; pero no se trata de lamentarse ni de dictar órdenes, sino de responder con aciertos y resultados a las demandas de la sociedad mexicana.

Nadie desconoce que la noticia relacionada con la fuga del Chapo, se difundió a nivel nacional y mundial y la imagen de México y su gobierno nuevamente quedó enlodada. Las declaraciones, los enojos y las instrucciones para capturar al líder del Cártel de Sinaloa, parecen mediáticas, expresadas más con intención de convencer al mundo de una imagen que ya nadie cree, que con el interés de enfrentar los problemas y devolverle a México la oportunidad de crecer, superar sus rezagos, eliminar sus problemas y caminar hacia el progreso integral.

Coincidencia o no, la fuga de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, desenmascara a las autoridades, a los políticos y gobernantes mexicanos que hoy andan de gira en Francia, en el marco de las celebraciones de la toma de la Bastilla, y coloca al descubierto, sobre la mesa, la corrupción, impunidad e incompetencia de quienes ostentan el poder. Esto sí es como de telenovela.

Domadores

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Estas son las definiciones de domador que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: “persona que doma animales” y “persona que trabaja en un espectáculo exhibiendo fieras domadas”. Claro, en México, gracias al Partido Verde Ecologista y a quienes apoyaron su iniciativa tan controvertida, los domadores circenses forman parte de una clase casi extinta.

Hace días, cuando el presidente de la República Mexicana, Enrique Peña Nieto, asistió a la instalación del Consejo del Sistema Nacional de Transparencia y resaltó que la democracia posee dos nuevos pilares como son el Sistema Nacional Anticorrupción y la Reforma de Transparencia, llamaron la atención sus palabras y el significado de las mismas. Manifestó que el Estado mexicano y la sociedad están domando la condición humana relacionada con corrupción.

Si partimos del hecho de que los seres humanos son duales y, por lo mismo, presentan luces y sombras, rasgos positivos y negativos, de inmediato llegaremos a la conclusión de que si la corrupción, más cercana a las bestias que sólo viven para saciar sus apetitos e instintos, es una condición de las personas, también lo es la honestidad.

La visión presidencial parece fatalista porque si me refiero a un borracho o un drogadicto y aseguro que su debilidad ante los vicios es parte de la condición humana, estoy justificando su estado de brutalidad y colocando a la gente en niveles ínfimos y con limitaciones, ya que el dominio de sí mismo y la superación también forman parte de su naturaleza. Ya imagino lo que pensarían mis amigos de mí al hacer tales declaraciones que sólo comprobarían la mediocridad del vicio en el que seguramente también me encontraría inmerso.

En ocasiones, los políticos no calculan el peso de las palabras. A las fieras se les doma y controla, es cierto, pero siempre representarán un riesgo latente. En el caso de la corrupción, definitivamente no hay que domarla, sino castigarla severamente y eliminarla del país, no con circos mediáticos ni “arreglos” privados, sino encarcelando a quienes cometen tales actos que atentan contra los mexicanos y quitándoles sus propiedades y cuentas que generalmente se encuentran a nombre de sus esposas, novias, familiares y otros. No hacerlo, equivale a burlarse de México y fomentar las prácticas nocivas de corrupción.

La corrupción no se doma, se castiga y se erradica, a pesar de que sea propia de la ambición humana. Efectivamente, como lo declaró en el acto, no faltará el caricaturista que pretenda criticar sus palabras; sin embargo, con todo el respeto que merece la investidura presidencial que debe ir más allá de gente pasajera, resulta trágico justificar la corrupción por el hecho de que forme parte de la condición humana, cuando la honestidad y los valores también lo son. El pueblo mexicano merece respeto.

Por otra parte, si se trata de domar fieras, hay que empezar con las que están en casa. El enriquecimiento inexplicable de autoridades y políticos, las mansiones, los viajes costosos, los lujos, la ausencia de austeridad, el nepotismo, el tráfico de influencias, las licitaciones perversas y todas las acciones públicas encaminadas a la corrupción, provienen de las más altas esferas del poder y llegan hasta los puestos bajos de burócratas, inspectores y policías. Es allí donde hay que empezar no a domar la corrupción, sino a castigarla, así sea un presidente, secretario, gobernador, ministro de Justicia o legislador.

Mientras no se castiguen la corrupción e impunidad, los actos protocolarios y discursos sólo serán eso, un circo, y un espectáculo sin domadores porque el Partido Verde Ecologista y sus aliados, en su afán de ganar la simpatía de los votantes, los extinguieron en vez de regular esa actividad.

En fin, la mayoría coincidimos en que resulta perentorio combatir la corrupción, pero no con autoridades parciales ni con una sociedad adormilada, a quienes ahora se les compara con domadores, sino con cárcel y confiscación de sus bienes, independientemente de que se encuentren a nombre de familiares y otras personas. Habrá que tomarle la palabra al mandatario nacional, eso sí, en el combate a la corrupción e impunidad, y aprovechar su discurso para exigir honestidad y resultados a todos los políticos y servidores públicos, desde Los Pinos, Congreso de la Unión, dependencias federales, Supremo Tribunal de Justicia y gobiernos estatales, entre otros, hasta policías, ministerios públicos, inspectores, burócratas y verificadores.

¿Y la magia de las reformas estructurales?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Miembro de una casta de políticos que se han beneficiado con el ejercicio del poder versus el empobrecimiento y las injusticias en perjuicio de millones de familias, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, afirmó recientemente que los mexicanos tendrán que ajustarse a una nueva realidad, palabras ambiguas que lo mismo sugieren mayor cantidad de impuestos, incrementos a las tarifas oficiales, desempleo masivo, inflación, devaluaciones, fuga de inversiones productivas y hasta terrorismo fiscal, porque el señor ministro, tan escrupuloso y severo con los contribuyentes y “preocupado” por la obesidad de los consumidores de bebidas endulzantes, no habló claro y, además, suelen fallar sus perspectivas económicas.

El hecho de anunciar que los mexicanos deberán ajustarse a una nueva realidad y que la Federación aplicará recortes presupuestales con la intención de reducir el gasto gubernamental por varios años, después de informar lo que todos sabemos, el panorama económico mundial -a alguien hay que culpar para justificar los fracasos en el manejo de las finanzas públicas-, Videgaray Caso recibió el saludo cálido de algunos participantes de The Real State Show 2015 que organizó la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios, en el Centro Banamex.

Más allá de los niveles alarmantes de corrupción que existen en México comparados con los preocupantes índices de desigualdad social que arrastra a millones de personas al descontento y a la pobreza acentuada, el titular de Hacienda expuso a especialistas que el entorno mundial se distingue por tres fenómenos que complican la economía nacional: descenso abrupto y permanente en los precios del petróleo, inminente aumento en las tasas de interés por parte de Estados Unidos de Norteamérica -nuestro “socio” comercial- y una tendencia baja en el crecimiento internacional.

Caray, Luis Videgaray Caso habló respecto al entorno internacional que repercute negativamente en México, nación que enfrenta un reto ante variables que se combinan desfavorablemente en perjuicio de la economía; pero omitió, evidentemente, los temas relacionados al enriquecimiento exagerado de funcionarios públicos y políticos, al favoritismo y los negocios con contratistas que reciben beneficios millonarios, a las percepciones y los gastos excesivos de las autoridades, a los cargos onerosos y dependencias que no sirven para nada, a los programas que a nadie benefician y al despilfarro del sector oficial, entre otros asuntos que realmente preocupan e interesan a los mexicanos.

Si los mexicanos tuvieran otra clase de gobernantes, el mensaje de Luis Videgaray Caso hubiera sido creíble e incluso generado confianza y solidaridad social; pero nadie confía en funcionarios públicos y políticos que han demostrado abusos y que exponen mensajes de doble moral, que hablan de reaccionar con responsabilidad y, paralelamente, poseen mansiones como la llamada casa blanca cuyo costo representa más de tres mil años de salarios mínimos. Millones de personas carecen de recursos para obtener satisfactores mínimos básicos, y estos señores, los dueños del poder, se atreven a advertir ambiguamente, cual amenaza velada, que la gente en este país tendrá que ajustarse a la nueva realidad.

Claro, es la nueva realidad propiciada por las condiciones económicas del entorno internacional, pero en un país debilitado, en ruina, totalmente saqueado durante décadas por familias que han abusado del poder y se han enriquecido sin importarles el daño contra millones de habitantes.

Hace algunas décadas, en 1977, un presidente corrupto, cínico y demagogo como fue José López Portillo y Pacheco, declaró públicamente que las naciones se dividían entre las que poseían riqueza petrolera y las que carecían de la misma, y aseguró que México la tenía. Quien estúpidamente nacionalizó la banca y alguna vez declaró que defendería el peso como un perro, presumía en 1980 que el país exportaba diariamente más de dos millones de barriles de crudo y ocupaba sexto lugar mundial en ese rubro, y por eso expresó en uno de sus discursos que los mexicanos tendrían que aprender a administrar la abundancia. Obviamente, al concluir su mandato, México se encontraba en la ruina económica, con un peso devaluado en más del 200 por ciento. Información de aquella época refiere que durante el sexenio de López Portillo, los altos precios del petróleo representaron más de 100 mil millones de dólares extras al Gobierno Federal. ¿Dónde quedaron? Nación empobrecida, políticos multimillonarios.

Si en aquella época, bajo un entorno mundial favorable para los precios del petróleo y con un presidente que juró defender el peso como perro y manifestó que los mexicanos tendrían que aprender a administrar la opulencia, el país se encontró ante un panorama de desastre económico, ¿qué sucederá ahora que el valor del crudo registra descensos abruptos y con gobernantes que sólo desean adquirir residencias multimillonarias y realizar viajes hasta con la realeza europea como si eso los fuera a transformar en personajes de alcurnia? Millones de mexicanos, como antes, sufrirán las consecuencias negativas; pero habría que preguntar de dónde surgirá el político canino que defienda la moneda nacional.

Por lo pronto, Videgaray Caso indicó, por si alguien lo había olvidado, que este año se aplicará una reducción al gasto por 124 mil millones de pesos, mientras en 2016 habrá que llevar a cabo un ajuste adicional por 135 mil millones de pesos.

Si las medidas federales se aplicaran con justicia, equilibrio y transparencia, seguramente México estaría preparado para enfrentar los retos; pero si las autoridades fallan hasta en sus perspectivas anuales de crecimiento económico y con frecuencia efectúan ajustes a la baja, ¿qué se prevé ante una situación tan riesgosa que definitivamente no han sabido manejar y ya las rebasó?

Los candidatos a diputados federales que hoy muestran sus nuevos semblantes y hablan de transformaciones, lucha contra la corrupción y temas en los que no se distinguieron con anterioridad, serán responsables de analizar y discutir el presupuesto de ingresos y egresos de la Federación para 2016. Uno los mira, en gran porcentaje, inmersos en sus campañas de descalificaciones y propuestas tan pobres, cuando las tienen, que se pregunta si no actuarán como los legisladores que aprobaron las denominadas reformas estructurales del presidente Enrique Peña Nieto. Todos deben levantar las manos para aprobar lo que ordena la élite del poder, y reciben dádivas o la amenaza de frustrar sus “carreras” políticas.

Habría que preguntar dónde quedaron el encanto y la magia de las reformas estructurales tan defendidas por el presidente Enrique Peña Nieto y la clase gobernante, como la energética que iba a cambiar el rostro de México y representar ahorro en la economía familiar y atracción de inversiones productivas que generarían empleos y riqueza. Parecía que nuevamente el pueblo mexicano iba a aprender a administrar su opulencia; aunque con el mensaje reciente e impreciso del secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, todo indica que la sociedad debe prepararse para coexistir en su entorno lacerante y mirar con irritación e impotencia el desfile de grandes señores, dueños de residencias, en helicópteros y escoltados por hombres enormes, armados y capaces de reprimir a cualquier ciudadano que se oponga a las decisiones y políticas gubernamentales.

No obstante, la actual coyuntura representa una oportunidad para que el presidente Enrique Peña Nieto y la clase política mexicana demuestren que su compromiso es con México y que pueden, en consecuencia, conducir el rumbo nacional sin seguir lastimando a millones de familias, muchas de las cuales, por cierto, ya apoyan la idea de la revocación de quienes ostentan el poder, lo cual es peligroso por todo lo que significa en un país desesperado y en la miseria.

Fórmula perfecta: familias de las “oportunidades” históricas versus sociedad adormilada

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La fórmula parece perfecta para transformarse en parte de las familias que disfrutan las “oportunidades” históricas que le arrancan a México: durante sus gestiones favorecen a empresarios con contratos millonarios para posteriormente resultar beneficiados con residencias lujosas, práctica de la que nadie debe sorprenderse en un país donde la corrupción es ejercicio cotidiano, desde el policía extorsionador y el automovilista con documentos irregulares y el maestro que para pasar a sus alumnos les sugiere una aventura amorosa o una botella de licor, hasta aquellos que decretaron una estatización y favorecieron a sus descendientes o que aprovechan gestiones públicas para enriquecerse con recursos nacionales.

México es, sin duda, uno de los países más corruptos e injustos del mundo, donde las desigualdades sociales resultan evidentes. La miseria es lacerante, los abusos y excesos de poder son práctica cotidiana, el autoritarismo y la represión aumentan alarmantemente, el descontento social se generaliza. Una minoría se enriquece exageradamente, mientras las mayorías empobrecen.

Resulta que ahora, según la revista Proceso, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, sí, el funcionario que realiza giras a diferentes regiones del país y se reúne con hombres y mujeres procedentes de polígonos de pobreza y violencia en actos más similares al esquema de los reality show, es dueño, a través de su esposa, de dos lujosas residencias en Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México, adquiridas bajo idéntica fórmula a la que aplicaron, en su momento, su jefe, el presidente Enrique Peña Nieto, y su compañero de gabinete, el titular de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso.

Y no hay que espantarse porque indudablemente existen más funcionarios y políticos, no solamente a nivel federal, sino estatal y municipal, que actúan de acuerdo con la moda de corrupción e impunidad que dicta la élite gobernante desde hace décadas en la República Mexicana.

Resulta incongruente y hasta con cierto grado de cinismo y ofensa, que tales funcionarios manifiesten públicamente, por medio de discursos y declaraciones mediáticas, que las autoridades están trabajando arduamente, con compromiso y responsabilidad, para erradicar del país las injusticias, las arbitrariedades, la corrupción, los delitos, las diferencias sociales, la impunidad, las prácticas nocivas, los grupos que tanto daño causan, cuando abusan del poder y se benefician con el dinero que proviene de los mexicanos.

De no ser verídicos el reportaje de Proceso ni los que han publicado medios de comunicación mexicanos y extranjeros respecto a las residencias del mandatario nacional y los funcionarios mencionados, junto con todo lo que implican sus adquisiciones, tendrán que probarlo con documentos y evidencias reales; pero aún así siempre resultará insultante poseer mansiones de valor incalculable versus el pauperismo de millones de personas y las casas de interés social que venden a los trabajadores con la cuarta parte de sus salarios y 30 años de pagos, las cuales son de pésima calidad y tan minúsculas que cabrían, incluso, en alguna de las alcobas principales en las Lomas de Chapultepec, Malinalco, el Pedregal de San Ángel o cualquier otra zona exclusiva.

La lucha contra la corrupción no prosperará mientras los mexicanos la practiquen desde sus niveles más bajos, en sus asuntos cotidianos, y permanezcan más distraídos en el teatro futbolero y telenovelero, en los chismes de actores y cantantes, en las redes sociales y el whats app, en las modas, en lo que ocurre con las vidas de sus vecinos y en esas cosas intrascendentes que acumuladas, consumen gran parte de los días de la existencia.

Independientemente del tema relacionado con las residencias del presidente Enrique Peña Nieto y los colaboradores de su gabinete, aunado al involucramiento y la sospecha de personajes favorecidos con licitaciones y obras públicas, lo cual es demasiado grave y preocupante por lo que implica, se trata de funcionarios que han demostrado incapacidad para gobernar y mantener estabilidad, desarrollo integral, justicia, seguridad y respeto a las libertades.

Con tales antecedentes, uno se pregunta qué regalos no otorgarán a los políticos y altos funcionarios los inversionistas que resulten favorecidos con los contratos derivados de las tan defendidas reformas presidenciales, como la energética, por citar una. Las utilidades serán excesivas y las dádivas también. El nuestro es un México ajeno a más de 100 millones de habitantes porque solamente el grupo que ostenta el poder obtiene privilegios.

Entre funcionarios públicos y políticos de diferentes partidos se acusan de corrupción y otros delitos, pero no pocos se encuentran involucrados en actos de ilegalidad. Seguramente ninguno actuará, de poder hacerlo, en contra del otro.

Resulta lógico que ahora, al escuchar los mensajes presidenciales y de secretarios, gobernadores, legisladores y toda clase de políticos y funcionarios públicos, uno no solamente experimente coraje, repulsión e impotencia; también surge un conflicto interno al sospechar que sus palabras son resultado exclusivo de la desfachatez y el engaño, de simulaciones y programas endebles, de un sistema más proclive a la represión, el autoritarismo y la corrupción que a la justicia social y el desarrollo integral de los mexicanos.

¿Cómo escuchar con respeto los discursos de tales políticos si ellos han actuado, parece, deshonestamente ante decenas de millones de mexicanos que depositaron su confianza en ellos? ¿Cómo reaccionar cuando el presidente de la República anuncie obras millonarias o resalte sus reformas ante la comunidad internacional y los inversionistas? ¿Habrá más contratistas agradecidos? ¿Qué argumentar cuando el secretario de Hacienda y Crédito Público resalte el cumplimiento de las obligaciones fiscales? ¿Y qué contestar a los discursos y declaraciones del secretario de Gobernación? ¿Hay razón para creerles a otros funcionarios y políticos? ¿Qué calidad humana tienen tantos legisladores que con frecuencia votan contra México? Si los principales actores de la política mexicana se conducen bajo fórmulas que despiertan sospechas y no han tenido capacidad de gobernar adecuadamente a los mexicanos, ¿cuáles serán las aspiraciones y los estilos de vida de quienes les siguen en estatus?

Al caminar y mirar a un lado y otro, uno palpa miseria, corrupción, injusticias, abusos, represión e impunidad. Unos, los que pertenecen a la élite del poder, cometen toda clase de excesos y saquean a la nación; otros, los miembros de la sociedad, permanecen adormilados y distraídos, totalmente atrincherados en los grandes corrales humanos. ¿Existen perspectivas de progreso para un país con el perfil de México? Habrá que preguntar a cada uno de sus habitantes.

Primeros días de campañas políticas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Descalificaciones, triunfalismos anticipados, acusaciones, apasionamiento excesivo, movilizaciones, expectativas que rebasan la realidad y ausencia de compromisos serios y propuestas inteligentes han definido, en sus primeros días, los esbozos de las campañas políticas en Michoacán, precisamente en una etapa en la que incontables familias en ese estado ya están hartas de abusos de poder, corrupción, delitos, injusticias, promesas incumplidas, adormecimiento de las autoridades, falta de oportunidades reales de desarrollo e impunidad.

Tal vez los asesores de los aspirantes políticos, los que les hablan al oído, quienes diseñan las estrategias, viven una realidad económica diferente a la que enfrentan la mayoría de los michoacanos y creen que sus consejos son acordes a las urgencias de la hora contemporánea, ya que no es lo mismo ir todas las mañanas al club, al vapor, al restaurante, a alabar a los que ostentan el poder o criticar a los opositores y tratar de componer la situación de un estado desde una mesa de café o envueltos en toallas, que caminar por las calles de las colonias populares, por las rancherías desoladas, por los pueblos empobrecidos, donde la gente carece de satisfactores mínimos, y no porque prefiera la holgazanería, sino por la falta de oportunidades de progreso.

La realidad de Michoacán es diferente y necesita, en consecuencia, propuestas y acciones reales, no promesas ni campañas de bajo perfil, como si se tratara de obras de teatro que se ejecutan por compromiso u obligación y concluyen en cuanto desciende el telón pesado y oscuro, cubierto por el polvo y rasgado por el descuido, sin que salgan nuevamente los actores a recibir aplausos por temor a ser agredidos por el público defraudado e irascible.

Han sido 13 años -casi todo el lapso del siglo XXI- de corrupción, mentiras, riesgos e injusticias sin que se aplique la ley a quienes han dañado a los michoacanos. Las condiciones actuales de Michoacán exigen la participación de hombres y mujeres comprometidos con la verdad, el trabajo, la justicia, el bien común, la honestidad y el desarrollo integral, no discursos incendiarios ni declaraciones mediáticas o encuestas que confunden a la gente.

Y si la sociedad, al menos los sectores más conscientes de la realidad, no está convencida con las actitudes de descalificaciones y hostigamiento porque exige propuestas y compromisos, e indudablemente se siente defraudada, hay otros factores que influyen negativamente y le dan la razón al pensar que los políticos solamente se interesan en cometer excesos, como el caso reciente de Angélica Rivera, la esposa del presidente Enrique Peña Nieto, quien junto con sus hijas, hijastras y amigas realizó un viaje a Estados Unidos de Norteamérica con la intención de visitar las boutiques más caras de Beverly Hills y preguntar por vestidos con valor hasta de 20 mil dólares, cuando millones de mexicanos carecen de unos cuantos pesos para satisfacer sus necesidades básicas, dar de comer a sus hijos o comprarles algún medicamento.

Si el sueldo del mandatario nacional es, como lo estipuló el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2015, de 248 mil 674 pesos mensuales, ¿cómo es posible que una joven de su familia pretenda adquirir un vestido para su graduación con un valor que supera los ingresos familiares? De tener el presidente Peña Nieto otros ingresos económicos, ¿dónde están las declaraciones ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público? Indudablemente se trata de recursos que aportan los mexicanos a través de sus impuestos. Y lo más sospechoso es que al siguiente día de la aparición del video que dio fe de las actitudes superficiales y derrochadoras de la familia presidencial, fue eliminado de youtube, lo cual denota el afán de autoritarismo que prevalece en México.

Tales conductas, por no citar otros ejemplos como la visita a Inglaterra con más de 200 invitados o la utilización del helicóptero, entre otros, contribuyen a denigrar el de por sí mediano trabajo de los candidatos, y no solamente de los priistas, sino de panistas, perredistas y otros, porque la población está fastidiada de la clase política mexicana en general, independientemente del partido del que provenga, precisamente por los excesos que comete en detrimento del país.

Por el bien de Michoacán y México, habría que esperar que los aspirantes políticos que contienden durante las actuales campañas, recapaciten y verdaderamente se comprometan con las familias que coexisten, ya lo sabemos, entre la miseria, la inseguridad, la corrupción, las injusticias y la desesperación.

Las autoridades se asustan, mienten y actúan miserablemente cuando aparecen grupos opositores que legítimamente o no defienden sus derechos y exhiben la incapacidad oficial; sin embargo, al no actuar responsablemente ante la sociedad, como lo juraron al asumir sus funciones, se convierten en cómplices de los grandes problemas. No entienden, o son omisos, que los signos de malestar social están creciendo y que una vez que se rompa el equilibrio social, es decir cuando tú quiebres tu negocio o te despidan del empleo y no tengas dinero para alimentar a tus hijos, comprarles medicamentos que salven sus vidas o darles una educación digna, y a tus familiares, amigos y vecinos les suceda lo mismo, nada halagüeño se desencadenará para el estado y la nación. Hoy, los candidatos enfrentan la oportunidad histórica de convertirse en actores del cambio y la justicia que reclaman millones de personas o sellar complicidad con la cadena de la clase política que tanto daño ha causado a los michoacanos y mexicanos en general.