Por usted

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

¿Es que, por usted, he perdido la razón? ¿Es que, por usted, alguna vez decidí modificar mi ruta y mi destino, hasta seguir, juntos, el mismo sendero? ¿Es que, por usted, mis letras aceptaron compartir las novelas y los cuentos -oh, mi arte tan amado- con palabras románticas, con textos poéticos, con alfabetos que se convierten en flores y en gotas de lluvia y de cristal al dedicárselos? ¿Es que, por usted, renuncié a mi soledad natural y ahora la sé mi musa y la siento conmigo? ¿Es que, por usted, asomé y abrí la puerta y las ventanas, y recibí los abrazos de las ilusiones, las caricias del amor y las miradas de un idilio inolvidable? ¿Es que, por usted, cuando escribo algún poema, le entrego un soneto, una canción, un concierto? ¿Es que, por usted, al escribirle tanto, mis signos se convierten en trazos, en dibujos, en pinturas que la descubren en paraísos irrepetibles y hermosos? ¿Es que, por usted, al pintarla en el lienzo, le obsequio, finalmente, una página con letras, signos y palabras que expresan, sinfónicamente, el enamoramiento y el amor durante nuestra jornada terrena y la promesa de un cielo infinito? ¿Es que, por usted, al percibirla tan dama, me sé caballero? ¿Es que, por usted, al saberla mujer, confundo las fragancias de las orquídeas y de los tulipanes con los perfumes que le encantan, y me siento en el paraíso? ¿Es que, por usted, ya no temo, como otros, a la temporalidad, poque ahora, a su lado, reconozco que ya vivo en el infinito?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y si eso es el arte, ¿qué es la vida?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y sí, el arte tiene mucho de esencia y es algo prodigioso que se lleva dentro por ser un regalo de Dios. Es un estilo de vida, un ministerio, una locura, un motivo -siempre lo he pensado así y lo repito aquí y allá-, acaso porque un artista es la criatura a la que Dios encomienda prender estrellas y faroles en el cielo y en el mundo para que la gente siga la ruta a sus paraisos cautivantes e insospechados, probablemente por tratarse de una pasión que no muere con la arcilla, quizá por ser el leitmotiv de la vida de los creadores, tal vez por tantas razones ignoradas y presentidas, al mismo tiempo. Y si uno, en el arte, escribe las palabras del cielo, los poemas de la vida, en el lenguaje que Dios dicta, o si pinta y esculpe los colores y las formas del paraíso, o si compone y reproduce las notas de la creación, que millones de hombres y mujeres, pertenecientes, en el mundo, a una generación y a otra, disfrutan tanto, ¿qué es la existencia? Más allá de los deleites y del encanto del arte, corresponde a todos vivir plenamente, en armonía y con equilibrio. Los minutos y los años de la vida son páginas en blanco para patinar sobre su textura, dibujar formas, plasmar colores y escribir historias cotidianas, no hojas cuadriculadas que es preciso llenar, ante la prisa, la locura y las presiones de las manecillas del reloj o la estulticia de las superficialidades, el mal y la ignorancia, con cifras, datos y números insensibles, tan lejanos e indiferentes al bien, a la verdad, al amor, a la nobleza. El artista suele regalar tesoros que enaltecen al ser y lo llevan a rumbos supremos, aunque a veces esconda sus angustias y dolores en la intimidad de su biografía, seguramente por ser el mensajero de Dios que, al socavar, al horadar, al buscar las manifestaciones etéreas en las cumbres y en las profundidades, muchas veces retorna desgarrado y roto; sin embargo, a los otros, a los hombres y a las mujeres que coexisten en el planeta, en un mundo que fue edén y transita a estados inferiores, toca enmendarse, restaurar su condición y aprender a vivir con el lenguaje más bello y puro -el del amor, el de la felicidad, el del bien, el de la verdad, el de los sentimientos, el de la razón-, con los matices de mayor hermosura y plenitud y con los acordes armoniosos que evitan pedazos de temporalidad e insignificancia y sí, al contrario, son puente a una existencia dichosa e infinita.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Arte e inspiración

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La inspiración es tan amorosa, detallista y sorpresiva, que suele tocar a la puerta con la idea de visitarme y permanecer conmigo, diariamente, a cualquier hora, en la mañana y en la noche, en la madrugada y en la tarde, con lluvia o con viento, con calor o con frío, en la arena y en la nieve, como una enamorada feliz y plena que regala, fielmente, el más bello y cautivante arreglo de flores. Y cuando llega de improviso, a veces no cargo la libreta de apuntes ni el equipo móvil o de cómputo, situación apremiante que me obliga a escuchar e interpretar su lenguaje y escribir en una bolsa, en un trozo de papel, en alguna publicidad, en un boleto. Así es como el arte y la inspiración me abrazan en cualquier momento y construyo algunas de mis obras.. En el arte, la inspiración habla, lo despierta a uno, se encuentra presente en los sueños y en la vida, en el descanso y en las labores, en las comidas y en los viajes, ente el sí y el no de la existencia y en el palpitar del alma, de la creación, de la temporalidad y del infinito. Cada línea, al escribirla, tiene un motivo, una historia, como lo poseen, igualmente, los signos en el pentagrama, los matices en el lienzo y las formas en el material yerto. Así se construyen algunos fragmentos de arte y hasta obras completas.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Sencillez de una libreta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Entre una estación y otra, en un rincón y en algunos más, durante ciertas esperas breves y prolongadas, construyo mi arte, escribo inmerso en mí, al mismo tiempo que la gente que me rodea permanece fascinada en las redes sociales, en sus mensajes cotidianos, en un mundo paralelo y digital que parece su destino y realidad. Me miran las personas, hombres y mujeres sonrientes que han añadido a sus vidas, a sus formas, a sus momentos, aparatos móviles que no abandonan. Piensan, tal vez, que soy alguien que diseña letras y traza palabras con ciertos significados -sentimientos e ideas, al fin- en páginas interminables de cuadernos, medios y herramientas que a la mayoría parecen caducos, inservibles y primitivos. Sospechan, creo, que naufrago en los extravíos de la razón, en los apuntes de una libreta frágil y sencilla, de esas marcas que los centros comerciales rematan como saldos de mercancía estática durante ciertas temporadas del año. Observan que el bolígrafo escribe innumerables letras, palabras, acentos, puntuaciones y signos. Piensan, seguramente, que vengo de otro tiempo y que soy, en consecuencia, prófugo de minutos, horas, días, meses y años inscritos en calendarios amarillentos; pero no es así porque conozco los rostros y las siluetas de la modernidad. Ignoran, por su propia inmediatez, que, más tarde o al siguiente día, recurro a un equipo moderno y transcribo mis apuntes y los publico. Así es como fabrico, generalmente, mis letras y mis obras, con pedazos de cotidianidad y trozos de ideas y sentimientos plasmados en una libreta de apariencia humilde.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Memoricé las letras del abecedario

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Memoricé las letras del abecedario, acaso sin imaginar que el aprendizaje era necesario para enamorarme profundamente de sus siluetas y de sus voces, y, así, dibujarlas en la libreta, en el cuaderno, en la pantalla, risueñas, con su música y sus colores, hasta transformarlas en poemas, en los textos que te regalo algunas mañanas, tras consumirse las madrugadas o cercanas al mediodía, y ciertas tardes, próximas a la noche. Aprendí a trazar letras, a enlazarlas cual enamoradas, y a pronunciar, al fundirlas en el crisol, las palabras, con sus puntuaciones y sus acentos, probablemente sin saber que más tarde las escribiría para ti, con mis amores canoros y mis ocurrencias de artista. Ensayé, una y otra vez, el lenguaje y el código de las letras y las palabras, con sus ritmos y sus pausas, quizá cuando aún era incapaz de escribir tu nombre y tus apellidos que ya presentía en mí. Me volví artista de las letras, tal vez, creo yo, para escribir con exactitud: te amo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y pregunto, ¿quién eres?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Quién eres, si no una envoltura hermosa con textura de orquídea y rostro de mujer? ¿Quién eres, si no una mirada en femenino? ¿Quién eres -me pregunto cada noche, mientras escribo mis obras-, si no la musa de mi inspiración? ¿Quién eres -insisto-, si no una luz que ilumina el maquillaje natural de tu arcilla? ¿Quién eres, si no la dama de un caballero que solo aprendió a escribir, amar y vivir? ¿Quién eres -me cuestiono asombrado-, si no mis letras y mis suspiros, mis horas y mis años, mi finitud y mi eternidad? ¿Quién eres -perdona tanta interrogante-, si no la locura de este amor? ¿Quién eres, que te siento a la entrada y en el interior de mi alma? ¿Quién eres -interrumpo tus actividades cotidianas para que contestes-, si no el tú que siento en mi yo? ¿Quién eres, cuando duermo, en la noche, mientras en sueños te miro, con tu cara de niña, patinar sobre la nieve? ¿Quién eres, si te descubro en los aromas y en los colores de primavera, en los arcoíris y en las gotas de verano, en el aliento y en la hojarasca de otoño y en los copos de invierno, aquí y allá, a toda hora, en las mañanas y en las noches, en las tardes y en las madrugadas, al mediodía y no sé a qué hora? ¿Quién eres, si apenas ayer jugábamos al amor y a la vida en un paraíso escondido, en nosotros mismos, en nuestro refugio? ¿Quién eres, si no mi poema, mi yo desde ti, mi tú desde mí, uno y otro en el mundo y en el infinito, ambos en versiones humana y etérea, en un amor que no se extingue y se siente y escribe en tu nombre, en el mío, en los dos, al amar, reír y volar libre y plenamente?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

En busca de un poema

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Cómo escribir el más cautivante y bello de los textos y un poema admirable, encantador y asombroso, si no es desde la profundidad y el silencio del alma -en el cielo inimaginable-, donde el artista, entregado a su delirio e inspiración, navega inagotable y recoge letras, palabras, signos? ¿De qué manera se construyen los textos, las obras literarias, la poesía, si no es impregnando en cada pétalo la fragancia de los sentimientos y las ideas, hasta emular un jardín como los del paraíso? ¿A qué hora escribe el artista, si no es raptando instantes al reloj, deleitando a las manecillas con cantos y narraciones e invitando al tiempo a ser cómplice en el arduo y maravilloso proceso de la creación? ¿En qué momento escribe el artista, si no es en las horas y los días de su existencia, mientras las primaveras cantan y pintan los escenarios de colores, los veranos regalan las gotas diáfanas de sus tempestades, los otoños deshojan los árboles y decoran las alfombras de la naturaleza seca y los inviernos ornamentan de blanco los abetos y los techos? ¿Existe otra fórmula más eficiente, al componer un texto, un verso, que limpiar la casa, deshojar los capítulos de superficialidad y arrojarlos a la basura, con el objetivo de sustituirlos por un ambiente de bien y entrega a lo sublime? ¿Cómo traer hasta el cuaderno, la libreta o el equipo, las letras, los signos, las palabras, si no se es capaz de escalar y conquistar las escarpas y las cumbres, descender a abismos insondables, trazar rutas a cielos inconmensurables y a mundos insospechados y tender puentes a sueños y realidades? Los ladrones, tan acostumbrados a raptar obras literarias -nombres hay muchos, disfrazados en la celebridad y ocultos en el anonimato-, construyen, al entregarse a su rapiña, los barrotes y las celdas donde finalmente permanecerán encerrados, mientras aquellos que han enloquecido por lo baladí, las luces artificiales de los aparadores y la locura de las apariencias, y no equilibran su esencia y su arcilla y olvidan el bien y la verdad, desdeñan el encanto y la magia de viajar, por medio de las letras y las palabras, hasta los mares, la lluvia y la morada de Dios. Renuncian a su encuentro consigo. ¿Cómo escribe el novelista?, ¿cómo el poeta?. ¿cómo el artista? Algo hay de cielo y mundo en él, en ella, que va y viene con sus letras, con sus obras, con la intención de construir bancas, fuentes, calzadas con jardines, miradores, torres y palacios que ofrezcan un paréntesis a los caminantes con la finalidad de que recuerden que las estrellas, los granos de arena, los pétalos de las flores, las hojas de los árboles, los helechos y las gotas de los ríos y las cascadas son pedazos de historias y poesía, trozos del infinito, igual que ellos y todo lo que palpita en su interior y afuera. Es una invitación a regresar a casa, al alma, sin olvidar la vida en el mundo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Inspiración

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cada noche -no sé dónde-, espero a la luna con su sonrisa de columpio, para mecerme y escribir poemas e historias, letras y palabras que trazo con amor y pasión. Todas las noches, desde algún lugar secreto, miro la pinacoteca celeste y acudo puntual a mi cita con las estrellas, con los luceros que alumbran mi vida, mi historia, mis papeles. En las noches, cuando todos duermen profundamente, despierto y escucho, en la soledad, los rumores del silencio, y percibo, igualmente, el sigilo de cada murmullo, como si, transformados en filamentos etéreos, sus voces provinieran de las honduras de mi alma y de las arterias del cielo. Esta y las otras noches, he contemplado la geometría del universo, las siluetas del mundo y mi figura que deambula, aquí y allá, quizá en espera del amanecer. La noche me abraza y me enseña a no temerle, a entender sus signos y que es la otra parte del día, y que tiene, por lo mismo, su encanto y reserva sorpresas para nosotros, los caminantes, en cada estación. Me columpio en la luna sonriente y brinco a las estrellas, salto a otros mundos, recorro y exploro rutas sidéreas, hasta que descubro que me encuentro en mí, en océanos muy profundos, de donde extraigo las letras que escribo a una y otra hora. Cada noche, al entregarme al arte, recojo ideas, letras, palabras, que anoto en en mi libreta de apuntes, en cualquier sitio, con la intención de regalar poemas e historias. Todas las noches, escapo un rato del mundo, paso por rendijas estrechas y secretas, y me introduzco a grutas que resguardan fórmulas y tesoros que uno toma y plasma, ya de regreso, en hojas de papel, en espacios que parecen vacíos y que uno, como artista, llena y cubre de vida, en un acto de emulación a quien un día, a cierta hora -si acaso existe el tiempo-, dio lenguaje y significado a todas las expresiones que concibió, esculpió y pintó. Cada noche, llevo conmigo mi mochila de explorador, donde guardo los pedazos de inspiración que recolecto durante mi caminata.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

No estaban en el manuscrito

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No estaban en el manuscrito. Busqué, primero, en la papelera de mi escritorio, en los cajones, en el suelo; más tarde, desesperado, hurgué en el cesto de la basura. En la novela que escribía entonces –Los señores Pérez o la otra infancia-, se percibía la ausencia de dos hojas -cuatro páginas- que esa mañana, inspirado, había escrito. En ese momento de mis años juveniles, me había parecido que se trataba de cuartillas muy interesantes dentro del relato. Me urgía localizarlas. Tenía que integrarlas a la obra. Tampoco estaban en los anaqueles pletóricos de libros. Algo faltaba en la acumulación de cuartillas escritas a una hora y a otra, en las mañanas, las tardes, las noches y las madrugadas, sin tregua., en un rincón, en un espacio y en muchos más.

Tengo la costumbre de destruir , en pedazos minúsculos, los documentos y papeles que no utilizo. Las cuatro páginas de mi novela, junto con otras hojas, se encontraban confinadas en la papelera, confundidas con otros fragmentos, igual que la gente, en las ciudades, al caminar en un sentido y en muchos más en las avenidas y calles transitadas, en busca de todo y nada. revuelta, masificada, confundida y extraviada entre tanto número en serie.

Eran las hijas ausentes, las integrantes de una familia entristecida por los faltantes. Mi deber, como artista y escritor, era rescatarlas, en pedazos, con la intención de restaurarlas, curar sus heridas y fracturas, o definitivamente renunciar a su aliento, a la creatividad y pasión con que las formé y conformarme, más tarde, ese día o el siguiente, con el intento componer de algo parecido.

Tres años antes, mi padre, poco antes de pasar por la transición, me había narrado una historia que en su niñez le relataron algunas personas ancianas, con la idea de que yo, su “muy inquieto hijo”, como solía llamarme, la escribiera y consiguiera su publicación. Él ya no estaba presente en casa, en el mundo, y yo, su hijo y discípulo, no podía fallar en mi promesa.

Coloqué todos los papeles diminutos en el suelo. Estaban adoloridos por las fracturas que les causé al romperlos. Conservaban rasgos de mis letras rotas. El piso se convirtió, inesperadamente, en mesa de salvamento y curación, en cama hospitalaria para criaturas deformes y lastimadas, en campamento y en sala de curación y restablecimiento,

Me convertí, sin planearlo, en médico de mi manuscrito. Paciente, disciplinado, controlé mi ansiedad por los minutos consumidos, por las horas irrepetibles que transitaron, hasta que, finalmente, emocionado, miré el paisaje con dos hojas recién operadas en la sala improvisada de cirugía.

Uní, primero, todos los fragmentos minúsculos de papel, similares a las piezas de un rompecabezas que sigilosamente reta la paciencia e inteligencia de los individuos que se atreven a probar su capacidad mental y de observación; pero se trata, igualmente, de la caminata del tiempo imperturbable que esculpe jeroglíficos y signos en los rostros.

Tras armar cada hoja, me sentí vencedor de una prueba en la que el único competidor era yo, y así coloqué, una y otra vez, cinta adhesiva, hasta que rescaté cuatro cuartillas de mi novela, emocionado y feliz, cual médico que salva las vidas de un paciente y de otro que esperan la hora infausta en sus lechos arrinconados y cubiertos de sombras y recuerdos.

Me apresuré a reproducir el texto, recién vendado, en otras hojas que incorporé al manuscrito de la novela, obra que no publiqué y que ahora, al recordarla, rescataré del silencioso y triste asilo en que reposa, en el archivo olvidado, con la idea de reencontrarme con su esencia, disfrutar su perfume de papel y tinta añejos, revisarla y publicarla.

Solo es, la de hoy, una evocación de las hojas rotas, una añoranza, quizá, de aquellos años juveniles, de las horas primaverales, cuando los seres humanos no dependíamos tanto de aparatos y resolvíamos los problemas enfrentándolos con creatividad, observación, inteligencia y esfuerzo. Únicamente eran dos hojas -cuatro páginas- que no estaban en el manuscrito.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Un poema

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La musa inspira al artista, pero si éste la busca en el éter, en el cielo, en el mar, en el mundo, en los sueños, en la vida, en el todo y la nada, para enamorarse de ella y entregarle sus obras, innegablemente descubre y siente el amor que trasciende las fronteras del espacio y las murallas del tiempo, detiene las manecillas del reloj y se abren las compuertas del infinito con la alegría e ilusión que sólo conocen aquellos que atraen la mirada de Dios 

Un poema, cuando es de amor, se escribe con los sentimientos, con los teclados y las octavas del universo, con la pasión del arte que desmorona fronteras y abre caminos. Un poema, cuando es de amor, se diseña y construye una noche estrellada y silenciosa, entre papeles, retratos y velas consumidas por las flamas de las horas, o una madrugada desolada y de tempestad, cuando la gente duerme arrullada. Un poema, cuando es de amor, se compone una mañana, cerca de las gotas del rocío que deslizan suavemente en los pétalos de exquisita fragancia y textura, o una tarde en alguna banca, junto a los rumores de la fuente y las frondas acariciadas por el viento otoñal, en un paisaje alfombrado de hojas amarillas, doradas, naranjas y rojizas que crujen ante los pasos del caminante y los enamorados. Un poema, cuando es de amor, se plasma en cualquier parte porque es una joya que brota del alma, que viene del cielo y que va a los sentimientos. Un poema, cuando es de amor, no se dedica a cualquiera porque tiene destinatario, y no importa que un día quede atrapado entre las hojas de un libro o en el baúl de recuerdos, porque siempre será constancia de una historia mutua, de una unión inolvidable, de un encuentro, un rumbo y un destino. Un poema, cuando es de amor, poda las tristezas, tala las sombras y sesga cualquier dolor, porque presenta, por sencillo que sea, un jardín de belleza incomparable. Un poema, cuando es de amor, es inspirado por alguien, por una musa, y no tiene precio por tratarse de una perla que forma parte del collar que lleva a fronteras y parajes inagotables. Un poema, cuando es de amor, no se entrega a cambio de una noche cualquiera, en una posada, para más tarde seguir la caminata en busca de otra estación, porque se escribe inspirado por los sentimientos más excelsos, por el palpitar que sólo experimentan aquellos que tienen la dicha de enamorarse fielmente. Un poema, cuando es de amor, lo escribo para ti con la idea de abrazarnos prolongadamente y en silencio, leerlo suavemente y sentir la brisa del cielo, escuchar las voces del universo, percibir el palpitar de la vida y sabernos felices. Un poema, cuando es de amor, lo escribo para ti con el enamoramiento, la alegría y la ilusión de cada instante. Un poema, cuando es de amor, está dedicado e inspirado en ti.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright